El “sueño cubano”… se lo comió un chivo…




El sueño de los cubanos en Cuba no era verde, mucho menos verde-olivo, pero aun así se lo comió un chivo. Se lo zampó, se lo tragó y lo engulló completico el mismísimo 1 de Enero de 1959 acompañado con todas las libertades, las aspiraciones honestas, los derechos, los izquierdos, la pulcra decencia y la legalidad más elemental y racional de la Patria.
Es triste pero es cierto. Los cubanos no teníamos ninguna necesidad de ir a vivir la vida de otros o desear los sueños ajenos (sueño americano, por ejemplo). Ninguna necesidad. Estos malditos dictadores nos fueron empujando y empujando hasta obligarnos a buscar en otros lugares lo que teníamos y por derecho nos pertenecía en nuestra Cubita la bella.
Antes de 1959 muchas personas de este planeta pagaban para vivir el sueño cubano, así de simple.
La dictadura castro-comunista arremete contra los cubanos por cualquier motivo, ataca al pueblo sin misericordia y con la escusa de defender esa revolución de mierda que inventaron y que nos impusieron a base de mentiras, trampas, promesas mantequilleras y que ya, después de tanto ir, venir, inmolaciones y “cinturones apretados” nadie quiere y mucho, pero muchísimo menos, nadie cree en ella: “un poquito más de sacrificio querido pueblo que muy pronto saldremos de esta crisis y nadaremos en leche condensada y bisteces de palomilla…”.
El discurso de los castristas es acojonante, bochornoso, destructivo, maléfico, mitómano, inescrupuloso, cleptómano y pican, pican los mosquitos, con tremendo disimulo, unos pican en el cuello y…
Por casi 60 años los cubanos perdimos el sueño a diario, nos desvelamos, dejamos de fantasear con los peces de colores y hasta la vigilia se nos convirtió en una pesadilla real, horrible, de esas donde hay una rueda gigante llena de pinchos que nos persigue constantemente y nosotros corre que corre para salvarnos y la puñetera rueda que no para nunca, como una alucinación fosforescente, tan intermitente que nos ciega y nos pone a buscar ilusiones en otras latitudes y a querer tener quimeras ajenas cuando, en la vida real, en la práctica concreta, en nuestra propia tierra lo teníamos todo y eran otros los que querían dormir, soñar y pernoctar en ella.
Yo quiero insistir en una idea: Si Cuba funcionara como un país normal, que tenia potencial para hacerlo antes de 1959, pues superaba en todos los índices a superpotencias de hoy como Canadá, yo no me hubiera ido nunca de mi Patria. Los castro-comunistas desintegraron a golpes de estupideces los estándares de vida alcanzados por los cubanos y los convirtieron en atraso, miseria, subdesarrollo, depauperación y mendicidad. Una vergüenza para todos.
Y yo me pregunto: ¿Cómo pueden ser tan descarados, desvergonzados, embusteros e hipócritas de defender ese modelo económico y de represión?
¡Dios mío las miles de miles de imágenes sobre la destrucción de Cuba no mienten! ¡No es posible que la inmensa mayoría estemos equivocados! Sólo no ven la verdadera “obra de Fidel Castro” quienes sacan algún provecho de la miseria, la ruina y la destrucción de Cuba y los cubanos.
A país destrozado dictadores gandíos y revueltos…
Los comunistas descubrieron que el exilio es la fuente económica principal que necesitan para mantenerse y persistir en el poder, una verdadera industria sin humo en la que no tienen que invertir un solo centavo, sólo empujar a los cubanos a marcharse al exilio y esperar tranquilamente las remesas o las visitas familiares, una ecuación muy productiva donde siempre dos más dos les es igual a mil millones.
Pero como siempre se empeñan en la estupidez. El gobierno de Raúl Castro refuerza su “industria de la emigración-inmigración” con nuevos gravámenes económicos a la ya larga lista de abusos desmesurados y atropellos contra todo cubano que quiera legalizar documentos en consulados cubanos o simplemente salir del país. Otra acción desesperada por “sumar dólares a la causa” y por demostrar su desprecio por quienes un día decidimos abandonar ese barco infectado de ratas.




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“Se fue como un 20 de Mayo…”




¡Coño y que los cubanos no tenemos un 20 de Enero como este!
Nosotros no tenemos un día en que vemos salir a un presidente y jurar a otro con devoción y palabras finas en un acto bonito, solemne, patriótico y con decencia. A mí, la verdad, se me cae el corazón a pedazos porque se supone que el 20 de Mayo sea para los cubanos lo mismo que el día de ayer lo fue para los americanos.
Pero no, nuestra fecha del cambio presidencial sólo quedó para anunciar algo que parte raudo, veloz o patica pa’ que te quiero: “Se fue como un 20 de Mayo…”, y a seguir aguantando lo mismo con lo mismo, lo más grande con lo más chiquito, la desvergüenza de estos sujetos reflejadas perennemente en sus caras y haciéndose los desentendidos, como gaticas de María Ramos, aparentando que todo está bien y que el pueblo los ama, escondiendo a lo descara’o el secuestro de elecciones libres y un roba-roba de cualquier cosa que parece no tener fin y que ya, sin comerla ni beberla, forma parte de la razón de ser del cubano.
Pero: ¡qué bonito el acto, la ceremonia! Todo el mundo bien vestido, la marcialidad de los marines, la preocupación desmedida de los del Servicio Secreto, la alegría de unos y la tristeza de otros. Por cierto no vi ómnibus para transporte de personal ni camiones de catering con cajitas de comida para los “vanguardias”. Parece que los presentes estaban allí por voluntad propia. Lo digo como quien no quiere las cosas.
Pero bien, continuando con el tema, no es importante a estas alturas si el que se va lo hizo bien o mal o el que llega arreglará al país con su sabiduría, lo importante es el cambio, la elección libre, la opción de nuevas ideas para impulsar la única cosa de este mundo que no puede ni debe detenerse: LA VIDA.
Para mí, es decir, en mi modesta opinión, lo más importante de todo es la tranquilidad que debe sentir el pueblo norteamericano al saber que sus deseos son respetados, que tienen la sagrada potestad de cambiar al presidente de la nación y que este, por decencia y honorabilidad, no puede permanecer más de ocho años en el cargo, porque a decir verdad un presidente no es más que un funcionario público, sujeto al respeto de las leyes, la Constitución del país y la lógica del funcionamiento temporal para que la “dialéctica” fluya.
¡Ay vida mía! ¿Cuándo podremos ver en Cuba algo parecido a esto? Un presidente saliente estrechándole la mano al entrante, las primeras damas sonrientes y abrazándose, los marines, perdón, los milicianos con sus uniformes relucientes y los de seguridad personal vigilando que todo esté bien organizado y que no se forme el relajo y la molotera.
Yo me muero de tristeza. El pueblo cubano merece actos como estos cada cuatro años: ¿Se imaginan compatriotas? Pero la desvergüenza de estos hijos de puta es tan grande que saben que el mundo se transforma cíclicamente y ellos persisten en la “persistencia”, se quedan inamovibles en sus puestos de generales dimiculadores como si la silla presidencial fuera propiedad y no préstamo, actúan con tal cinismo que les importa un bledo saberse dictadores, tiranuelos de “cabo a rabo” y opresores de cualquier sentimiento democrático que pueda sentir un ser humano en esta tierra.
¡Ay Cuba!
Los pueblos tienen la bendita suerte y el sagrado deber de elegir a sus líderes, de sembrar esperanzas en el futuro y aplaudir o llorar sus decisiones, nosotros los cubanos en ese sentido estamos jodidos, muy jodidos, sólo nos toca llorar…




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La “invencibilidad” de Fidel Castro y los “tiritos” que nunca le dieron.




Existe la creencia, casi como un mito, entre los aspirantes a verdugos del proletariado, secuaces de la tiranía y adulones alimentados a base de cajitas con comida y una jabita con un jabón y un desodorante, que a Fidel Castro nadie lo pudo derrotar, ni los cubanos inteligentes, ni los indios ni los cowboys, ni las brujerías y mucho menos el imperio más poderoso de la historia con sus bombas atómicas y sus luces de bengala. Según ellos este “clon de vikingo tropical” salió ileso de cuanto atentado, intentos de asesinato, zancadillas, bofetones y patadas por el culo, quisieron propinarle sus enemigos.
Pero, como toda la propaganda castro-comunista, esto es falso. “Mentira quien te lo va a creer…” Esta es una de las invenciones más grandes de la maquinaria del bla, bla, bla, casi igualito a decir que la croqueta de subproducto socialista, la masa cárnica, el cerelac, el picadillo de soya, el sirope de naranja y la mortadela que se ponía verde eran los alimentos preferidos en la dieta de los cubanos. Así de simple.
Por cierto una pregunta tonta, a modo de curiosidad y que no tiene que ver con nada: ¿Los comunistas también se depilan? Pregunto porque… ¿de dónde van a sacar las máquinas de afeitar, dicen que en las jabitas no les ponen? No me hagan caso, a veces deliro.
Pero bien, siguiendo con el tema: A mí que no me jodan, pero por ahí debe existir alguien que, en sus buenos tiempos, le tuvo que propinar una buena patada en las nalgas a Fidel Castro, si no cómo explicar las aberraciones y las locuras de este sujeto…, cuenten, cuenten, desclasifiquen los archivos, si total, ya el tipo se murió y una anécdota más o una menos, a esta altura del partido, no le va a hacer daño.
Conjeturas, chismes e ilusiones personales a parte, Fidel Castro, a mi juicio, fue un derrotado y un perdedor, un gran perdedor.
Cuando estudiaba en la Universidad hizo de todo para “colarse” en cualquiera de los movimientos políticos de la época, todos le daban lo mismo, su problema era que lo aceptaran, le creyeran y confiaran en él. Nadie lo hacía porque el tipo era prepotente, matón y pandillero, jamás se enfrentaba solo contra nadie y no existe un testigo que pueda afirmar que lo vio fajarse como un hombre, de tú a tú, de frente, a los puños y sin miedo.
Eso sí, hablaba y arengaba donde quiera que podía, quería siempre demostrar que tenia la razón y que su verdad era la única que importaba, por eso la gente no lo soportaba. Cuentan que en uno de esos mítines un mulato alto y fuerte le grito: “Viva España, Fidel Castro no se baña…” y el “invencible” se hizo como el que no lo había oído para no tener que defender como un hombre su “pulcritud y su limpieza”.
Después inventó el traicionero, terrorista y vil asalto al Cuartel Moncada, 26 de Julio de 1953, en la provincia de Oriente, otro fracaso para este coleccionista de errores y meteduras del delicado, muchos muertos y él jamás apareció, se enfrentó o fue protagonista en la primera línea de combate.
El desembarco del yate Granma, 2 de Diciembre de 1956, en Playa Las Coloradas, Provincia de Oriente, con 82 expedicionarios a bordo para combatir al dictador Fulgencio Batista, otro fracaso, otra derrota para la lista de este “boyardo” en camiseta y alpargata. En este desenfreno murieron alrededor de 70 cubanos y él, una vez más, ileso, sin un rasguño, suave, fresco y bajito de sal.
Desde mi modesto punto de vista la invencibilidad de este sujeto radicaba en nunca estar en el momento adecuado en el lugar justo ni a la hora requerida. Por una “extraña” cualidad siempre lograba eludir “el plomo enemigo” y salvar su anatomía intacta, sin una heridita, sin siquiera una cortadita con una maquinita de afeitar, bueno, eso es lo único que nunca podremos demostrar porque no sabemos si este tipo, como buen comunista, se depilaba o no.
La lista es muy larga. Continuará…




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El General “dimicula” y el muerto se retuerce dentro de la piedra.




La palabra dimicular no existe en la lengua castellana, eso todo el mundo lo sabe, es un invento de alguien para justificar una jodedera, un bochinche o “abochornar” a algún desprevenido idiomático con una conjugación disparatada, loca y al final graciosa, muy graciosa. ¡Benditos los ojos que te vieron ir…!
Pero: aun cuando no exista yo pienso, es más, considero deberíamos darle algún significado que tenga que ver con los métodos, las acciones de las personas que ejercen el poder de forma dictatorial, abusivo y represivo (como es el caso de tu General y su “laberinto de generales”) o de las personas que, por diferentes y explicables motivos, apoyan a una dictadura sesentera, obsoleta y deudora como la del clan de los “brothers” Castros.
En síntesis, dimicular pasaría a ser algo así como: Acciones que emanan de un gobierno déspota, represivo y autoritario encabezado por un tiranuelo desmesuradamente vilipendiado, antidemocrático e ilegal o acción y efecto de vender el alma a cualquiera para lograr algún objetivo sin medir las consecuencias presentes y futuras.
Entonces podríamos decir con propiedad, y sin temor a equivocarnos que Raúl Castro dimicula a su antojo y a conciencia.
Este tiranuelo elegido a dedo y favorecido por la “hermandad del hermano” no constituye nada nuevo o diferente para el pueblo cubano, es un rezago burdo, criminal y virulento del fidelismo. Así debemos verlo y reconocerlo.
El General “dimiculador” es un continuador paquetero de las políticas de su antecesor. Es desecho grosero y violento porque no sabe sino “perretear” para mantenerse en el poder. A la represión mental e histórica contra el pueblo cubano, inventada y ejecutada por Fidel Castro, ha exacerbado la represión física hacia todo aquel que le parezca enemigo, no le importa si es un líder opositor, un disidente responsable, un cubano hastiado y hambriento, un turista desprevenido o sencillamente una sombra que lo asusta y le pone los nervios de punta.
Raúl Castro no sabe que esta histeria es la que lo va a llevar a la tumba. El fidelismo termina por la desesperación del raulismo de mantenerse en el poder a sangre y fuego.
A ojos vista Raúl Castro es un esbirro y un asesino. Un imitador de comunista por fuera y capitalista por dentro que no se esconde ni disimula su maldad ni su inoperancia. Está “administrando” a Cuba a base de represión y de pactos “silenciosos” con un presidente saliente, deseoso de pasar desesperadamente a la historia con y por cualquier cosa, de dejar un legado gris aunque implique la desgracia de todo un pueblo. Obama favorece a Castro y Castro desfavorece a los cubanos.
Raúl Castro es consciente de cuanto está haciendo. Dimicula con unos y con otros. Se sube a la montaña “rusa y americana” y se desliza esperando que los mancebos que la engrasan lo esperen en la meta y le sequen el sudor, las lágrimas y le “controlen” un pueblo agitado, cansado, hastiado y hambriento.
Raúl Castro dimicula y el de la piedra dimiculaba en sus buenos tiempos también. Presente y pasado de una misma historia que lejos de avanzar se regodea en el desastre, la maldad, la corrupción y el embudo.
Raúl Castro esta empeñado en defenestrar la memoria del hermano para que alguien le guiñe un ojo y ser figura y no muñecón. Quiere a toda costa ser protagonista inverso pero sólo consigue repulsión y rechazo porque su propia imagen llama al choteo y a la burla de los cubanos. Por eso el General dimicula, se cruza de brazos y manda a más y más esbirros a que le “arreglen la finca” y lo sostengan, aunque sea un tiempecito más, para dejar a uno de sus hijos, nietos o “sobrinos” en el tira-tira y encoje-encoje en que han convertido a nuestra patria.




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¡Advertencia! ¡Peligro! ¡Mire por donde camina!




Hay que tener mucho cuidado al acercarse al meteorito estrellado en el Cementerio de Santa Ifigenia, acaban de descubrir que contiene desechos radiactivos altamente tóxicos, muy perjudiciales para la salud, envenenan el espíritu y provocan que las personas se contagien con la ambición del poder y quieran convertirse, de la noche a la mañana, en presidentes de cualquier cosa.
Recientemente he visto a una colombiana declarando al pie de la piedra sideral sus intenciones de postularse a las elecciones presidenciales de su país, jimiqueaba y pataleteaba pidiendo a gritos que necesitaba de la fuerza del difunto para hacerlo y que estaba allí para que “la luz la iluminara”.
¿Habrá pagado los 3.00 cuc que le cobran a los extranjeros por ver de cerca el cambolo de las tinieblas?
De ser así no tendrá problemas con el contagio, los comunistas exigen “cooperación en fulas” para “sanear” el alma del difunto y que este se sienta a gusto, le “abra los caminos” a sus donantes y estos se puedan ir contentos, con su música a otra parte, y confiados de que van a lograr sus objetivos.
Pero pura mentira y estafa como todas las cosas de ese maldito gobierno.
Con respecto a esta aprendiz de bruja no voy a decir nada más, ni una sola palabra, sólo: ¡Dios mío ten “piedad” de los colombianos! ¡Apiádate de sus almas!, espabílalos y “no los dejes caer en la tentación de olvidar
o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido…”.
Lo que estos timadores y sinvergüenzas con aspiraciones presidenciales no saben es que han ido a bailar a casa del trompo. La radioactividad hechicera, en su egoísmo desmedido y sin fin, no le traspasa “ni muerto” su poderío y su fuerza ni a la madre que lo parió. El tipo se lo llevó todo consigo y el que de verdad lo quiera tiene que bajar a las entrañas de la tierra y pactar con el mismísimo diablo: “a ver si de casualidad el Luci quiere darle un poquito”.
Fidel Castro era un “gandío” político. La fórmula siniestra con que preparó sus brebajes ideológicos, su manera de “amansar” a las masas, la perversidad de sus ideas, el duro frio de fresa hecho con rojo aseptil y decir no soy comunista y serlo, son hoy el mayor secreto y el más preciado tesoro del Estado cubano.
Todas estas alquimias socialistas “reposan” impresas en alguno de los huecos estratégicos que se construyeron, como supuestos refugios antinucleares, para proteger al pueblo del ataque de los americanos que cierta vez nos iban a tirar unas cuantas bombas atómicas por gritones y come raspas: “ comandante en jefe ordene, si se tiran quedan, pa’ lo que sea Fidel, al imperialismo no le tenemos miedo, una vieja y un viejito montando cachumbambé, moriremos a tu lado comandante invencible…”.
Cuando yo era niño me sobrecogía la capacidad de Fidel Castro de aparecer aquí y allá opinando de todo, de cualquier tema, no importaba la complejidad o el necesario conocimiento del mismo, el tipo hablaba y daba instrucciones y un montón de personas rodeándolo, incluyendo a notables científicos y especialistas que asentían con la cabeza, aprobando la sabiduría de su líder y diciendo: Lo que usted diga mi comandante, Usted tiene razón mi comandante, Usted es un genio mi comandante…
Después de grande también me sobrecogía pero viendo los disparates a los que este infeliz sujeto sometió a los cubanos, a la miseria a la que nos condujo por su desmedida vocación de suficiente insuficiente, y fue entonces que entendí que quienes le rodeaban asentían por el terror y por el miedo a ser borrados de un plumazo de la faz de la tierra.
Del cambolo de las tinieblas de Santa Ifigenia sólo se puede recibir influencias malignas, quien quiera hacer el mal que vaya y se restriegue en su cementosa superficie, por supuesto pagando en dólares primero, pero que tenga la certeza que todo el mal que se hace se paga y que no hay nada como una simple gota de agua, día tras día, para horadar a la más abominable roca.




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La mediocridad de Fidel Castro fue la desgracia de los cubanos.




La dictadura castro-comunista promueve la mediocridad para poder controlar al pueblo con mayor facilidad. Es un sistema fascista de dominación mental y una herramienta muy efectiva para lograr la sumisión de las masas. Un tonto ideológico, un energúmeno social, un miliciano sin escopeta y un animal con ropas son entes muy fáciles de manipular.
La mediocridad es un cáncer que corroe a los seres humanos y contagia a las sociedades hasta convertirlas en una masa amorfa, estúpida y violenta. Es un mal virulento porque utiliza la masividad para propagarse y la brutalidad para manifestarse.
La mediocridad es la verdadera causa de la muerte de la nación cubana y sus valores más notables.
Las personas mediocres no razonan, son incapaces de generar por sí mismas una idea y están sujetas a ser dirigidas y programadas cual columna de ovejas camino a ser esquirladas o al matadero.
Una de la “cualidades” más notorias de Fidel Castro fue su habilidad para manipular. Con una tranquilidad pasmosa transformaba una acción disparatada en una “victoria” y convertía a un don nadie, fronterizo y orillero en ministro de cualquier cosa. Así, a golpes de emperador todopoderoso, gobernó a Cuba y humilló a cientos de miles de cubanos por más de 50 años. Un comunista para escalar puestos no necesita ser inteligente, sólo saber oler bien las nalgas adecuadas.
En Cuba los “méritos revolucionarios”, y la actitud políticamente correcta, prevalecen por encima de la capacidad intelectual de las personas. ¿Alguien se atreve a cuestionarlo?
Si analizamos bien este fenómeno podemos darnos cuenta, con mucha facilidad, que la revolución con minúscula del “team” Castro no es más que un invento de “proyecto social” muy mediocre, repleto de disparates y exhibicionista de una incompetencia total.
El 1 de Enero de 1959 Cuba era un país muy próspero no sólo económicamente. A unos elevados índices de desarrollo industrial, para una pequeña isla del Caribe, nuestro país contaba con un sistema de instrucción pública de los más competentes del mundo así como centros de enseñanzas con prestigio a nivel internacional. La diversidad de la enseñanza en Cuba, desde escuelas públicas, privadas, religiosas, militares e Institutos extranjeros, propiciaba que el cubano accediera a una de las instrucciones más avanzadas de toda la América Latina.
Pero a mi juicio lo más excelso de la instrucción en Cuba, antes de la llegada del comunismo, era la capacidad y la calidad de sus profesores y maestros. Son muchas las anécdotas y los ejemplos sobre distinguidos pedagogos que pasaron por las aulas y la conciencia de los cubanos, nombrarlos a todos sería interminable.
Por muchas razones los buenos maestros fueron desapareciendo y las aulas cubanas se llenaron de brigadistas, destacamento pedagógico, repetidores improvisados y por último, y para poner la tapa al pomo, maestros emergentes formados de corre-corre y deslumbrados con un montón de promesas inservibles.
¿Puede un país aspirar a la excelencia y a la decencia sin un buen programa de formación de maestros?
El magisterio es una vocación, yo diría más, un buen maestro nos abraza con palabras de amor mientras nos provoca una curiosidad incontrolable por querer saber más de lo necesario.
Fidel Castro propagó gratuitamente la mediocridad entre los cubanos. Este es el verdadero sentido de la enseñanza gratuita en Cuba. A conveniencia se convirtió en ejemplo de chusmeria, falta de respeto e intolerancia y creó las bases para que siguiéramos su ejemplo y le dijéramos “gusano” a quien pensara diferente a nosotros u ofendiéramos sin misericordia al vecino porque la “mariconeria no es de revolucionarios, es una enfermedad y una manifestación pequeño burguesa”.
A los cubanos estos sujetos, los castro-comunistas, nos jodieron por todas partes. Unos nos convertimos en mediocres por conveniencia y otros por sumisión. Gracias a Dios otros se salvaron. La mediocridad asumida provoca que las personas hablen y digan idioteces, la mediocridad inducida y asimilada que las personas las repitan como pregoneros de imbecilidades oportunas y útiles para el gobierno.
Empecé con una idea y terminé escribiendo sobre otra: ¿Qué es eso?
Continuará…




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Un cubano grande, monumental…




La grandeza de un hombre radica en su firmeza y en la defensa de su verdad y sus ideas, da igual si es un prócer, un mártir, un héroe o un ciudadano común.
“Caballo”, mi vecino, el hombre humilde que vivía cerca de mi casa, en La Habana, que fabricaba jarritos de metal con las latas de leche condensada vacías, por allá por los 70s del milenio pasado es, y después de muchos años lo entendí bien, un cubano grande, monumental.
Yo era un niño y cuando jugábamos cerca del portón de vieja madera que cerraba el paso a su precaria “casa”, nos gustaba contar la cantidad de martillazos que oíamos para ver quién de nosotros se cansaba primero.
“Caballo”, mi vecino, vivía solo, muy solo. Tenía familia pero pasaban de él porque “Caballo” siempre estaba hablando mal del gobierno de los Castros y diciendo, más bien gritando: “Estos tipos son unos comunistas de mierda”, y otras “barbaridades” que desentonaban con el ambiente “políticamente correcto” de la época.
Manifestar públicamente las cosas que decía de Fidel Castro, en los años 70s, en Cuba, sin mirar para ambos lados y sin taparse la boca, era un “suicidio político”, un escándalo social y una nota discordante en medio de tanta efervescencia revolucionaria, carteles alegóricos al proletariado invencible, a los vivas a la Revolución de humildes y para los humildes, a los abajo el imperialismo y al manoseado y casi sagrado comandante en jefe ordene.
“Caballo”, mi vecino, no creía en nada de eso, no participaba en las tareas revolucionarias y el día que lo llamaron para ingresar al Comité de Defensa de la Revolución, y hacer guardias necesarias porque el enemigo nos estaba causando mucho daño, los mandó a todos para casa del carajo y les gritó a todo pulmón: “Aquí el único enemigo son ustedes…”.
“Caballo”, en la “época del capitalismo”, fue dueño de una próspera ferretería gracias a su empeño y su visión emprendedora. Vendiendo tuercas y tornillos, como él mismo decía, logró consolidar una seria posición económica y construir una “familia de bien” enviando a sus hijos a estudiar a la Universidad. Todo le iba de maravillas hasta aquel fatídico año 68 en que la revolución con minúsculas decidió nacionalizar la pequeña propiedad privada en Cuba y “Caballo”, mi vecino, fue una de las primeras víctimas de esa disparatada Ley.
La ordenanza de los comunistas decía que la ferretería de “Caballo” pasaría a manos “del pueblo revolucionario”, que a partir de esos momentos sería administrada por un compañero vestido de miliciano y que si él quería podría quedarse trabajando, pero como un simple empleado, que la revolución había llegado para acabar con la explotación del hombre por el hombre y bla, bla, bla…
“Caballo”, mi vecino, se fajó a piñazo limpio con los “interventores” de la revolución, dicen que sólo pudieron doblegarlo con las puntas de las bayonetas, que sangrando y golpeado lo metieron a la fuerza en un carro patrullero y lo llevaron detenido para una estación de la policía. Cumplió dos años de presidio, según su causa judicial por problemas políticos, por negarse a acatar una ley sagrada de la patria y una orden de “nuestro comandante en jefe”.
Al salir de la cárcel no tenia familia, todos le dieron la espalda porque “Caballo”, mi vecino, aun mantenía que Fidel Castro era un hijo de puta. No lo pudieron doblegar. Así apareció en mi barrio, en aquella casucha desvencijada y dando martillazos sobre la hojalata para poder ganarse decentemente la vida.
A nosotros, los muchachos de la cuadra, no nos dejaban acercarnos a él, la presidenta del comité empezó a regar por el barrio que “ese hombre estaba loco” y, a fuerza de repetirlo, la gente terminó por creerlo de verdad. Dicen las malas lenguas que todo fue una operación orquestada por la Seguridad del Estado.
A “Caballo”, mi vecino, un día se lo llevaron a la fuerza para el Hospital Siquiátrico de La Habana (Mazorra). Nunca más supimos de él.
Años después me enteré que había muerto en aquel hospital, solo y abandonado, “de una penosa enfermedad”, pero no, yo digo que a “Caballo”, mi vecino, lo mataron la tristeza y los electroshocks revolucionarios que le dieron para intentar acallar su verdad. Tal vez si la “Reina de Inglaterra” se hubiera dignado a adquirir uno de sus jarritos de leche condensada la suerte de “Caballo”, mi vecino, un cubano grande, monumental, hubiera sido otra…




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Aunque te laves y te seques los pies… compañera Vidal. 2da Parte.




Este es uno de los temas más sensibles y complicados sobre los que se puede escribir y opinar.
Intentar definir el sentido de la emigración cubana, es decir, si los cubanos abandonamos nuestra patria por problemas económicos, homofóbicos, religiosos, por ser perseguidos políticos, porque odiamos el castro-comunismo, porque nos enamoramos de un extranjero o sencillamente porque somos unos aventureros y queremos conocer mundo, nos puede llevar a una discusión bizantina. No nos ponemos de acuerdo.
No se puede generalizar por lo que piensen y opinen unos cuantos, debemos respetar los criterios ajenos y entender que nuestro único enemigo es la dictadura castrista.
Yo pregunto: ¿Quién en Cuba no se sintió alguna vez perseguido, hostigado, abusado o vigilado por la dictadura castro-comunista, sus leyes irracionales o cualquier variante de sus esbirros?
Mi opinión es que en Cuba todos, absolutamente todos, e incluyo a extranjeros residentes, turistas y extraterrestres, somos vigilados, chequeados, observados, fisgoneados y cacheados constantemente por los órganos represivos de la dictadura rauliana porque para ellos todos somos “enemigos potenciales” y aplicamos para algo tan aberrante como la ley de peligrosidad.
Los Comités de Defensa de la Revolución, por sólo citar el más excelso de los ejemplos, son la mejor prueba de la persecución gubernamental a la que somos sometidos los cubanos, diariamente, y hasta dentro de nuestras casas, de forma ilegal, arbitraria y deshonesta.
Pero bien, yo, desde mi humilde opinión, considero que el cubano promedio se ha acostumbrado tanto a vivir con la inercia de ese sistema que muchas veces le cuesta trabajo entender que para el castro-comunismo todos somos un concepto político más que seres individuales con aspiraciones propias, necesidades, sueños y que cada persona es un mundo y no todos somos iguales.
Recuerden que hasta la cobardía en Cuba es política.
La lógica de la vida determina que no todos tenemos que comer lo mismo, vestirnos “uniformados”, orinar de igual manera o sencillamente “pensar”, con una venda puesta en los ojos, como siempre ha querido obligarnos a hacerlo ese gobierno.
Los cubanos, después del 1 de Enero de 1959, hemos tenido una vida “única”, diferente al resto del mundo y marcada por el más férreo control (de cualquier tipo) al que puede ser sometido un ser humano sobre la faz de la tierra. ¿Les pongo ejemplos? Creo no es necesario, eso todo el mundo lo sabe…
Los hermanos latinoamericanos están confundidos y ven en la Ley de Ajuste Cubano una manera de ser diferenciados y desfavorecidos, con respecto a nosotros, en sus intenciones de emigrar hacia los Estados Unidos intentando mejorar sus economías personales. La realidad es que esta ley se implementó porque, a principio de los 60s del siglo pasado, y en plena consolidación de la dictadura comunista de Fidel Castro, muchos cubanos emigraban hacia el norte por la persecución política a que eran sometidos por parte de las hordas castristas. Los años subsiguientes demostraron que esta persecución era una forma manifiesta de gobierno de estos comunistas desencajados y la Ley nunca perdió vigencia.
“El tema es muy sencillo”, Cuba ha permanecido con el mismo gobierno por casi 60 años, sólo los cubanos, quienes lo hemos vivido y sufrido en carne propia, sabemos qué significa esto, llevamos en nuestros cuerpos y en nuestras almas las marcas del látigo de una dictadura que no se detiene ante nada para mantener su prolongada existencia.
Dice mi amiga la cínica que los problemas económicos del cubano, desde el salario que es un instrumento de coacción, la canasta básica “dirigida”, la doctrina comunista obligatoria (pioneros por el…), la subsistencia diaria que es asfixiante y el suplicio constante por saber que nada te pertenece, son políticas de la dictadura dirigidas al control de la sociedad y los individuos: “AL FINAL LOS CUBANOS SOLO QUEREMOS PERMANECER EN UN LUGAR QUE NADIE NOS PUEDA ARREBATAR”.
Los cubanos, en el 99.9 por ciento, emigramos por problemas políticos, huimos de una dictadura…




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Aunque te laves y te seques los pies… compañera Vidal.




La Dictadura castro-comunista y sus “negociadores” están de pláceme. Al Konsomol tropical no le cabe un alpiste más en el c…
La extinta administración del Presidente Barack Obama les ha dado por la vena del gusto. Los ha intentado legitimar con un decreto de última hora que ha humedecido permanentemente los pies, el cuerpo y el alma de miles de cubanos con la intención de emigrar a los Estados Unidos amparados en el difunto acápite de “pies secos pies mojados” o el programa parole para profesionales médicos cubanos.
Ahora bien: ¿Ha actuado de buena fe el Presidente Obama?
Hum, Hum, Hum…
De la tiranía castro-mondonguera se puede esperar cualquier cosa, así que esto es, para ellos, más de lo mismo y consecuencia de políticas dictatoriales asumidas desde el 1 de Enero de 1959 del milenio pasado.
La “compañera” Josefina Vidal, funcionaria con un cargo rimbombante en la cancillería cubana y jefa de la delegación oficial de la dictadura para las conversaciones y firma de acuerdos migratorios con los americanos, este es un “paso de avance positivo porque elimina un escollo importante en el funcionamiento de las buenas relaciones entre ambos países” y no sé cuantas sandeces más (ver conferencia de prensa).
Para la “compañera” Vidal los cubanos se quieren ir de Cuba por culpa de la Ley de ajuste cubano y sus interpretaciones. Según ella esta Ley del Congreso Norteamericano es la única causante de que el pueblo cubano arriesgue la vida lanzándose al mar en condiciones de náufragos desesperados, atraviese continentes, cruce fronteras hostiles, se lance a la búsqueda de disparatadas conexiones para llegar a suelo estadounidense o abandone misiones “humanitarias” del gobierno socialista en terceros países.
Pero: ¿Esta “compañera” de que va? ¿Pensará que todos los cubanos somos tontos o tontos útiles?
Toda emigración ilegal supone un peligro para la vida, sea para donde sea, de la nacionalidad que sea o hacia la frontera que sea, así de simple.
Ahora me permito otra pregunta: ¿Es ilegal la emigración cubana hacia los Estados Unidos?
No soy un experto en la materia pero desde mi punto de vista tengo serias dudas.
Yo estoy seguro que si Corea del Norte tuviera fronteras o proximidad costera a 90 millas con Estados Unidos existiría una ley de ajuste norcoreano o si existiera una Ley de Ajuste Canadiense los canadienses no emigrarían en masa a suelo norteamericano. Por tanto compañera Josefina el asunto no es de leyes.
Los cubanos se quieren ir de Cuba porque tienen sobre ellos una dictadura militar que asfixia la economía, la vida, la prosperidad y el desarrollo individual de los seres humanos. NO EXISTE OTRA JUSTIFICACION.
Comparar la emigración cubana con el resto de países latinoamericanos, y hablar de igualdad para todos o tratamiento no diferenciado para nuestros compatriotas, es una aberración y una manipulación canallesca de su parte, compañera Vidal, entienda de una vez por todas, ya que parece que va a seguir hablando públicamente, que sólo los cubanos hemos padecido un Fidel y un Raúl Castro por casi 60 años. Ningún otro país de este hemisferio ha sufrido tanto despotismo y crueldad generando que sus habitantes prefieran morir intentando escapar que vivir bajo el paternalismo de “papá estado”.
A mí no me crea compañera Vidal, preguntémosle a los miles de cubanos que hoy, o desde ayer, han quedado en un limbo criminal y sin sentido por culpa, una vez más, de la perfidia y la insistencia del gobierno del cual usted es vocero, que están a la buena de Dios en países donde el problema cubano va con las políticas de coqueteo de esos gobiernos con la dictadura de La Habana o, desafortunadamente, en medio del mar bravío sin saber la “buena nueva” que les espera.
Para terminar compañera Vidal, nada de lo que ustedes hagan, suplicando legitimidad para la ilegalidad que representan, los salvará del juicio honesto y cívico de los pueblos. ¡Basta de culpar a otros del problema que ustedes han creado y son los únicos responsables!
Continuará…




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¿Para qué tanto bla, bla, bla si el pueblo lo que tiene es hambre?

blabla




Para nadie es un secreto que a Fidel Castro lo trastornaban los micrófonos, lo desencajaban, lo volvían loco, el tipo veía un “amplificador” y se despatarraba enseguida con su verborrea hilarante como si la vida se le fuera a acabar o lo sorprendiera un apagón de siete u ocho horas igualitos a la duración de sus discursos.
Como “gallito pico fino” y lengüilargo el difunto se le metió, sin permiso y a lo descara’o, en la casa a los cubanos. Con el habla que te habla y el grita que te grita, ofendiendo y agrediendo a quien no estuviera de acuerdo con él, se fue “colando” a la fuerza dentro del pueblo y cautivando a las masas que, en la inmensa mayoría, no entendían ni les importaba un carajo la mierda que vociferaba.
El cubano realmente pensaba en otra cosa, con la fuga del General Batista, la inmensa mayoría creyó que estábamos frente a un paso importante para restaurar en el país la democracia participativa, reivindicar la Constitución del 40 y a eso fue que apostaron.
Con las primeras concentraciones multitudinarias, los discursos que iban y venían, la maquinaria propagandística que daba sus primeros pasos, y el mismísimo Fidel Castro que no había quien lo “controlara” y le diera un buen tapabocas, la suerte de los cubanos quedó echada.
Los fidelistas idearon, moldearon y construyeron un fantasma “marinero”, de barras y estrellas, que portaba pistola y escopeta, que quería invadirnos a todas horas, e incautaron al pueblo con la creencia de que este enemigo superior, déspota y abusador, rubio y norteño, acechaba a Cuba con la intención de tragársela entera, por lo que: “Nuestro Comandante tiene la misión, la sagrada y celestial misión, de hablar donde sea y a la hora que sea, para protegernos a todos nosotros de esa fatídica obsesión imperialista. ¡Ah… y se te pica, ráscate!”
Y si, se tragaron al caimán, se almorzaron al cocodrilo, el “verde lagarto verde” fue engullido con lágrimas y todo. Cubita la bella se convirtió en el desayuno, el almuerzo, la cena y la merienda nocturna de un insaciable mastodonte que, a decir verdad, no era rubio, ni marine, ni norteño. De un sólo bocado nos desaparecieron en la densa y apestosa niebla estomacal del comunismo y nos defecaron vestidos de milicianos, cantando La Internacional, construyendo trincheras kilométricas y marchando de uno en uno, de dos en dos y de miles en miles al compás del fétido olor de unos chicharos desabridos, mal cocinados y una lata de carne rusa abierta con un cuchillo sin filo.
El comunismo necesita ser amplificado artificialmente y eso Fidel Castro lo sabía. Un sistema político como ese, que degenera la economía de un país, que lo vuelve improductivo hasta el punto del arroz sin leche, que transforma a las personas en zombis del cacareo y la doble moral, tiene que ser engrandecido aunque sea a base de disparates.
¡Que levante la mano el que se disparó un discurso de Fidel Castro completico sin cagarse en la madre que lo parió!
Mucha retórica y mucha paja mental en cada una de las “ideas” de este siniestro personaje. Nada de cuanto prometió a los cubanos fue capaz de cumplirlo, sólo multiplicó las desgracias y universalizó el desaliento, la desconfianza, el odio, la traición, la envidia, la intriga y la oscuridad entre los cubanos.
A mí, y me voy a permitir confesarlo públicamente, me traumatizan los micrófonos, me pongo muy nervioso cuando veo uno, dice mi amiga la cínica que es porque tengo miedo escénico y que eso algún día se me va a quitar, pero no, yo digo que no, cada vez que veo un artefacto de esos me da la sensación de que alguien “va a agarrar tribuna” y entonces empezará con la misma cantaleta de siempre, cuando lo importante aquí es producir alimentos porque los cubanos lo que tenemos es hambre… así de simple.




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