¿Es gratis la asistencia sanitaria en Cuba?



Nadie en el mundo quiere enfermarse, que le dé un dolor o que le ataque un virus.
Nadie en su sano juicio quiere estar ingresado en un hospital, asistir a cualquier entidad sanitaria por una urgencia o sencillamente hacerse análisis de sangre, pipi o caca.
Pero enfermarse en Cuba, tener que ir a un hospital en Cubita la linda, Cubita la hermosa, hacerse un simple análisis de cualquier “elemento” en un Policlínico cubano o tener que adquirir algún medicamento para los males del alma y el cuerpo, estoy seguro que mucho, pero muchísimo menos.
En Cuba cuando las personas se enferman se enferman dos veces. Una del “mal que nos aqueja” en sí y la otra del estrés que provoca ingresar en un hospital y enfrentar la medicina de “campaña” a la que ha obligado esa dictadura virulenta a todos los cubanos. Una verdadera medicina de tiempo de guerra, con hospitales destruidos, escasez de lo más elemental para el sana, sana, culito de rana y un alto por ciento de improvisación por parte de los especialistas que quieren devolverle un poquito de vida al cuerpo de los cubanos.
Aun con la gran campaña orquestada por Fidel Castro, y mantenida por la propaganda castrista, desde hace más de 50 años, de que nuestro país es una potencia médica mundial, la realidad objetiva, la concreta, la Dipirona que está en falta, es que el cubano de Cuba, el hombre y la mujer humilde de pueblo, cuando se enferman, cuando tienen la más mínima dolencia, miran al cielo y suplican porque en Cuba, en la “potencia sanitaria del comandante en jefe”, se entra a un hospital por una cosa y se puede salir con muchísimas otras.
Este es uno de los temas más sensibles sobre el que se puede escribir. Duele hacerlo. Y lo hago desde la razón y la experiencia que viví cuando mi madre enfermó y la hospitalizaron en el Hospital Clínico Quirúrgico de 26, en la capital cubana.
Historias y vivencias como la mía existen muchas, montones, cada cubano tendrá su opinión porque es muy difícil salir ileso, a nivel del alma, digo, cuando se ha tenido a un familiar, a un amigo querido o simplemente a un conocido ingresado en un hospital cubano de los que dicen ser gratis y “para el pueblo”.
Los ojos son para ver, el cerebro pa’ pensar y la vergüenza para no tener que mordernos la puñetera lengua…
La asistencia médica en Cuba es, según el castrismo, “gratuita”. Digo asistencia médica porque la salud es otra cosa y esta, en nuestro país, sale más cara que el carajo. Estar totalmente sano en Cuba es una realidad virtual.
Ahora reitero una pregunta que formulé en un artículo anterior: ¿En una ciudad como La Habana, que quintuplicó su población desde 1959 a la fecha, cuántos hospitales ha construido realmente la dictadura castrista para el pueblo? Me gustaría que alguien me ayudara a nombrarlos.
Como no soy un especialista en este tema, en realidad de muy pocos o ninguno, trataré de referirme de forma general a los que considero más importantes desde mi punto de vista: la salud física y la salud mental.
“La salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psíquico y social. Afecta la forma en cómo pensamos, sentimos y actuamos cuando lidiamos con la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con otras personas y tomamos decisiones…”
Es obvio que en Cuba, para gran parte de los cubanos, este aspecto está bien jodido, no puede existir una buena salud mental cuando se tiene que sobrevivir diariamente, en el exacto sentido de la palabra, desgastándonos en la búsqueda de lo más elemental como son los alimentos para nuestras familias y nuestros hijos.
Salvar la vida en Cuba es una tarea titánica, enfermiza y muy dolorosa. Un reto a la salud humana de la que no escapa nadie pues el cubano no ha terminado de meterse el último bocado de “algo” en la boca y ya está pensando, o tirándose a la calle, para conseguir el próximo.
No es justo, así cualquiera se enferma, y la verdad “verdadera” sobre este tema sólo la tiene el pueblo de Cuba, ese pueblo al que se niegan oír y sólo utilizan para orquestar y hacer sonar las campanas ideológicas de un socialismo “bueno” para venderle al mundo que Cuba es una potencia médica mundial a la par de Estados Unidos y Canadá, por citar solo dos ejemplos.
Solo el cubano de a pie sabe de qué estoy hablando.
Continuará…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Evo, la manzana, los “Adanes” y el “paraíso” castrista.



Cada vez que veo a un representante de las minorías oprimidas, maltratadas, abusadas y olvidadas llegar al poder esgrimiendo el discurso del socialismo, la izquierda internacional, el antiimperialismo y la muela virulenta contra el capitalismo y los Estados Unidos a mí se me ponen los pelos de punta.
Y es que ese cuento lo hemos visto repetirse unas cuantas veces, es decir, los “Adanes” del castrismo gritando festinadamente “a favor” de los pobres, la histeria en contra del orden establecido, los apasionamientos proletarios, camaroncito duro sácame de este apuro, el poder del pueblo ese sí es poder y esto es socialismo y lo demás es bobería, para luego sumir a esos pueblos en la más absoluta pobreza, en una inflación que vuela por las nubes, una deuda que si te digo no me lo vas a creer, insalubridad, hambre, desesperación y a quienes la implantaron, a quienes llegaron al poder engañando y mintiendo con que lo hacían en nombre de los trabajadores y para transformar la sociedad en algo justo y sublime, convertidos ellos, sus familias y allegados, en desvergonzados multimillonarios con enormes fortunas extraídas de los erarios públicos de sus respectivos países.
En la vida real hace tiempo estoy por comentar sobre este triste personaje del panorama social-bullanguero-marxista latinoamericano, el tal Evo Morales, un masca la tuerca, perdón, masca la coca devenido en presidente por obra y gracia del castro-chavismo, sus acólitos y el petróleo venezolano. Confieso que no lo había hecho porque me dominaba una rara sensación que iba desde la lástima, la incredulidad, el desprecio hasta el asco.
Quiero dejar bien claro que yo apoyo incondicionalmente la lucha de las minorías, cualquiera que estas sean, mientras sus reclamos sean coherentes, lúcidos, inteligentes y legales.
Pero es que lo de este sujeto no tiene nombre en la historia, sus estupideces trascienden los límites de la razón y se pierden en los mares de la vergüenza ajena, así de simple.
Yo digo que se puede ser mediocre en algunos aspectos de la vida porque no siempre se tiene la inteligencia necesaria para afrontar determinadas situaciones, pero lo que si no es admisible es que la mediocridad domine totalmente nuestra capacidad para no permitirnos saber cuándo es preciso callarnos la boca para no hacer el ridículo.
El castrismo, si nos fijamos bien, lo que hizo fue promover, en su afán por expandir esa ideología de mierda por toda América Latina, a personajillos medio limitados mentalmente, monigotes fáciles de manipular y ningunear y así hacerle creer al mundo que el socialismo del Siglo XXI era una realidad existente y una elección de los pueblos que quieren un “mejor” porvenir.
El caso que nos ocupa es el clásico ejemplo de manipulación extrema para convertir a un don nadie en presidente de un país. Para nadie es un secreto que el aparato de inteligencia cubano estuvo metido de lleno en la fabricación de este “líder” indígena, un hombre con más sustancia alucinógena en su cerebro que materia gris y a quien el comandante pajarito cantor de Venezuela ridiculizaba constantemente en público provocando que, hoy por hoy, por esas y otras muchas cosas más, a este infeliz nadie lo tome en serio.
No me voy a detener en cada una de las barrabasadas de la vida y obra de este aspirante al choteo del siglo, con el pollo y los homosexuales basta, pero si me voy a referir a cómo se ha prestado para el concubinato con los Castro de Cuba idiotizado por la creencia de que el “paraíso” socialista existe y formando un eje del mal enfrentados a toda la lógica y el progreso de la humanidad.
Evo Morales ha devenido en un dictadorzuelo que solo persigue la reelección en un puesto que le queda grande. Un cargo para el que nunca estuvo preparado pero donde ha visto que puede hacer mucho más que “mascar” pues ha llenado su “barriga” con todos los manjares que detenta el poder.
Evo Morales mordió la “fruta prohibida”, se empachó “eternamente” y necesita unas cuantas cucharadas de Novatropín.
El pueblo boliviano esta hastiado de este hombrecillo. La corrupción en el país los ahoga, el famoso socialismo del Siglo XXI los ha llevado a ninguna parte y necesitan un cambio urgente, alguien con ideas nuevas que no sea tan servil, tan entreguista a los dictadores de La Habana y que entienda que la democracia se logra con la participación de todos, de absolutamente todos.
¡Hágase la luz para Bolivia y su gente!
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

¿Por qué Raúl Castro y sus “castricos” le tienen tanto miedo a la verdad?



Si según el castrismo esa revolución que ellos mismos se han inventado es un derroche de virtud, de transparencia, de igualdad, de bienestar, de solidaridad, de altruismo, de sacrificio y austeridad de sus dirigentes, de poseer valores superiores en un mundo podrido por el dinero donde los hombres valen por lo que tienen y no por lo que son: ¿Por qué tantos cubanos se han ido o se quieren ir de Cuba?
Sí, porque a revolucionarios, progresistas e izquierdistas a estos mequetrefes del terror no hay quien les gane, aunque la verdad más verdadera, la de la vida real, la de dos más dos son cuatro, es que estos hijos de puta por delante son todo “sacrificio” y por detrás están forrados con el oro y la plata que le han robado al pueblo cubano.
Otra cosa que dicen, y no se miden y la repiten hasta la saciedad, es que el pueblo los apoya y que defiende “su” revolución con sangre, sudor y lágrimas.
Entonces, si todo cuanto cacarean es verdad: ¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Qué quieren esconder realmente tras ese infranqueable muro de desinformación? ¿Por qué no convocan a elecciones libres? ¿Por qué no permiten que Internet llegue a todos los hogares cubanos? ¿Por qué reprimen?
Cada uno tendrá sus propias respuestas, incluso los castro-comunistas y sus acólitos se rajarán y se gastarán en justificaciones, reflexiones, “análisis” y uno que otro viva Fidel, abajo la gusanera o al imperialismo no le tenemos miedo… ¡Vaya Usted a saber!
Pero Raúl Castro y los “históricos” que quedan saben que son odiados por un alto por ciento de cubanos, otro alto porcentaje les temen, los adulan y les rinden pleitesía para ver qué se les pega y solo una mínima, pero muy mínima parte del pueblo los respeta y admira. Yo no me atrevo a dar números porque en Cuba hay tanta doble moral que uno no sabe dónde empieza el son y dónde termina la marimba.
Los castristas tienen miedo, están aterrados, “cagaletrizan” la vida porque saben que desde hace muchos años esa revolución de mierda se convirtió en una dictadura reaccionaria, explotadora, abusiva, mediocre, inoperante, abstracta, maldita y el pueblo cubano esta hastiado de ellos.
Por eso se aferran tanto al poder, no lo quieren soltar porque saben que de hacerlo tendrán que rendir cuentas ante la justicia por todas las muertes, robos, estafas, adulterios, extorsiones, asesinatos, engaños, vejaciones y vicisitudes que la han causado a Cuba y a los cubanos.
El pataleo tormentoso y salpicón que tienen formado, amenazando y agrediendo a todo el que los critique, es muestra de cuanto digo. El odio visceral que manifiestan contra quienes les decimos las verdades en la cara, y no nos escondemos para enjuiciarlos por sus crimines y atropellos, es cada vez más feroz, despiadado y es muestra de que están “apendeja’os”, como se dice en buen cubano, pues saben que tienen que morirse de viejos para que el pueblo no los “ñampiti” a patadas por el culo.
Por eso el castrismo hace lo que sea para no “caerse”, aplica desde las tradicionales formas de represión ejercidas desde el poder y la fuerza hasta el uso de un montón de imbéciles útiles que tienen dentro y fuera de Cuba que los ayudan con sus llanticos, perretas nauseabundas, amenazas, chismes y bretes.
Los de adentro están jodidos porque no quieren entender que cuando el barco se hunda (y ojalá sea pronto) los capos comunistas los abandonarán y los echarán a su suerte ¡pobres diablos!, aquí incluyo a tracatanes oficiales, represores del MININT, militantes comunistas, chivatones, artistas oficialistas y a “Chucha y su Comité…”
Los que viven en el exterior son a mi juicio los más detestables. A estos tipejos por más vueltas que le doy no acabo de entenderlos, ellos resolvieron el tema del “aire acondicionado y el bistec” y ahora se dedican a sostener con sus loas el mismo sistema del cual una vez huyeron para que no dijeran aquí murió, sino aquí corrió…
Los castristas tienen miedo, se están ensuciando en los pantalones porque la verdad sobre ellos ya no es un fantasma, está tomando cuerpo y está recorriendo el mundo como…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

El “futuro” de los ancianos en la Cuba castrista es doloroso e incierto.



El problema, la situación, la quinta esencia, la vértebra “rota” de uno de los más grandes dilemas del Siglo XXI no es si el “futuro” de los ancianos es una realidad que aqueja a todos los países y a todos los sistemas sociales debido al envejecimiento de la población mundial, no, la gran diferencia, el gran contraste y la mayor crueldad es que en Cuba, en Cubita la bella, “en la Patria socialista tierra de Fidel”, Fidel Castro prometió, a voz en cuello, que los ancianos en Cuba jamás serian abandonados y que la revolución se ocuparía de ellos en reciprocidad al sacrificio que hicieron para “construir” la sociedad más justa que ha existido sobre la faz de la tierra.
Mentiras, falsedades, promesas insostenibles, divagaciones de una mente enferma, cacas etéreas en forma de ideas, embustes, teques y subidones de presión sin Meprobamato para que los cubanos doblegáramos nuestras conciencias a favor de la terquedad de un hombre que, a todas luces, era un sádico, un embaucador y un traicionero.
Porque al final de este repugnante e interminable cuento los cubanos, y mucho menos los ancianos cubanos, hemos visto por algún lugar la Patria socialista, la sociedad más justa, la renombrada faz de la tierra, que se ocuparan de ellos y ni la cabeza de un guanajo. La verdad más tormentosa es que, si el pueblo de Cuba se está “comiendo un cable”, los veteranos, los hombres y mujeres de la tercera edad, los puros o la memoria viva de la nación, como a mí me gusta reconocerlos, no tienen ni siquiera eso para comer.
Muchos compatriotas dicen que están así por su propia culpa, por apoyar incondicionalmente en su momento al tirano, a un desquiciado que los exprimió todo cuanto pudo y los utilizó, como le dio su real gana, para llevar a cabo sus fechorías, construir un país de postalita sustentado por la propaganda comunista e incluso hasta para asesinar a muchas personas tanto en Cuba como en otras partes del mundo también.
Y yo digo que este es un tema muy complejo, que hasta cierto punto este razonamiento tiene su lógica, pasa que la vida, la de vivir, no es una ciencia exacta, tiene sus movidas un poco ilógicas y donde muchas veces dos más dos no es igual a cuatro.
El tema es que los cubanos fuimos y somos un pueblo sometido a la más brutal manipulación que se ha vivido en toda la historia de la humanidad. A nosotros los cubanos, desde inicio mismo de los 60s del siglo pasado, nos adoctrinaron masivamente en las aberraciones más inhumanas que alguien se pueda imaginar, fuimos capaces de cometer hasta los más grandes absurdos en nombre de una revolución inexistente, nos convertimos en cómplices de los más grandes atropellos contra otros y contra nosotros mismos, aceptamos ciegamente y sin protestar las mayores humillaciones y, lo peor, lo que a mi juicio constituye el logro más grande de esa revolución dictatorial de los Castro and Son S.A., lo hicimos aplaudiendo, festejando, coreando, vitoreando, desfilando, golpeando, asesinando, reprimiendo y cantando: “Adelante cubanos que Cuba premiará nuestro heroísmo
pues somos soldados
que vamos a la Patria liberar…”.
Muchos logramos quitarnos la venda de los ojos, “el cepo y la tortura”, el cuero del mayoral, los grilletes del cuerpo y, sistemática y progresivamente, desde los mismísimos años 60s, nos largamos de aquel infierno en busca de libertad. Pero otros, muchos, que por diversas razones quedaron allí, incluso con el deseo reprimido de abandonar tamaño sufrimiento, hoy están a merced de “la vida que les toca” porque no tienen otro remedio, rumiando sus propias tristezas y cagándose en la madre de todos los Castro como único alivio para sus desgracias.
Y es que son muchas las razones por las cuales los seres humanos, a veces, nos petrificamos. Conozco casos que, con todos los papeles en mano para viajar, no se decidieron a dar “el salto” por temor a toda esa creencia mierdera, infundada e inoculada por el castrismo durante años de años, de que el capitalismo es lo más malo que hay y: “Si te vas aquí no entras más…”.
Esta es la vida que les queda a los ancianos cubanos en Cuba. Al margen de los gritos que dieron, o los aplausos que les entregaron a esos hijos de puta, hoy son las victimas más desfavorecidas en aquel país porque, incluso, muchos de ellos no tienen a nadie, y lo único que les queda es esperar por un “futuro” que no les va a llegar porque a “Papá Estado” ya no les sirven para nada.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Recuerdos de Cuba No. 4. Prohibido olvidar. “Caballo”.



Caballo, el viejo que fabricaba jarritos de latas de leche condensada vacías, para luego venderlos y así “ganarse” unos pesitos, un día lo sacaron a la fuerza de su destartalada “casa”, lo agarraron y lo condujeron a rastras entre tres policías de la PNR, dos hombres vestidos con batas blancas, me imagino eran médicos o algo, y lo metieron a empellones en un patrullero que salió a to’ meter por la avenida hacia abajo.
Después de ese día a Caballo nunca lo volvimos a ver.
La Presidenta del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra se encargó de decir a todos los vecinos que a Caballo se lo habían llevado porque se recibían muchas quejas debido a la “bulla” que hacía el “compañero” al martillar sobre el metal y que esto alteraba la tranquilidad ciudadana.
Pero la pura verdad es que esa no era la primera vez que a Caballo se lo llevaba la policía. Caballo era un hombre que gritaba constantemente que Fidel Castro era un hijo de puta y que esa revolución era una farsa para robarle a la gente el sudor de su trabajo.
Caballo vivía solo. Era un hombre triste, perdido, cargaba en sus ojos un pesar que muy pocos lograron entender a qué se debía y por eso en torno a su vida se tejieron un montón de historias, desde que había matado a un hombre por causa de una mujer, hasta que estaba loco y por eso andaba y vivía como un desahuciado sin remedio.
A los muchachos del barrio no nos dejaban acercarnos a su viejo portón porque, según los militantes, los “integrados”, el compañero de vigilancia y los revolucionarios de la cuadra: “Si ese viejo descara’o los agarra puede hacerles mucho daño”.
Yo era un niño y como es natural nunca entendí que esa era otra de las formas que tiene la revolución castrista de matar en vida a una persona que, por alguna razón, les resulta incómoda. Es la llamada condena a muerte, lenta y silenciosa, que han sufrido miles de cubanos por no doblegarse a los caprichos de un régimen monstruoso, criminal y abusador,
Porque en la vida real Caballo era un hombre bueno. En la “época del capitalismo”, con mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio, logró prosperar y llegó a ser propietario de su propio negocio, una tienda que administraba con mucho celo y a la que dedicó toda su vida pues sabía era el sustento y la prosperidad de su familia. Sí, porque Caballo tenia esposa y dos hijos, hijos a los que logró enviar a la Universidad y a quienes convirtió en un hombre y en una mujer que, por esas extrañas vueltas que da el destino, se integraron a la revolución de Fidel Castro y le transformaron la alegría a Caballo en una tristeza y en un reconcomio mortal.
La desgracia a Caballo le llegó a finales de los 60s cuando la dictadura castrista decidió, a Pépe, la nacionalización de la pequeña propiedad en Cuba pues, según el propio Fidel Castro, estas pasarían a manos del pueblo.
Cuando Caballo llegó aquella fatídica mañana a abrir las puertas de su tienda se encontró con que unos policías la habían violentado y “tomado” posesión revolucionaria, en nombre del pueblo cubano, de todo cuanto había dentro, que nombraron a un miliciano como “administrador” quien le informó, muy circunspecto, que si quería podía incorporarse como un simple trabajador pues la revolución era demasiado benévola y no dejaba a nadie desamparado.
Yo digo que estas son las cosas de la vida que vuelven loco a un hombre, le cambian el juicio, los colores y la chicha por limona’.
A Caballo se le unió el cielo con la tierra, se le nublaron las entendederas al comprender que había perdido para siempre el sacrificio de toda su vida y en un acto de ciega desesperación le partió pa’rriba, como un espartano, a aquellos “portavoces” de una de las más grandes mariconadas del socialismo castro-comunista.
Dicen quienes lo vieron que parecía un león repartiendo zarpazos, que le daban con las culatas de los fusiles y le apuntaban con las pistolas para que se rindiera y Caballo que no entendía, gritaba que lo mataran.
Producto de un culatazo que le dieron en la cabeza Caballo perdió el sentido, fue así como único pudieron doblegarlo, lo llevaron a prisión y lo sometieron a continuos electroshocks en el Hospital Siquiátrico de Mazorra.
Después de eso, como es lógico, Caballo nunca volvió a ser el hombre que un día fue. La familia lo abandonó, la esposa lo dejó y sus hijos estaban demasiado “integrados” al proceso revolucionario como para reconocer que el “loco” que fabricaba jarritos era su padre, la sangre de su sangre.
Caballo murió en la más “desoladora” soledad y en el más triste abandonado.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

El daño causado por el castrismo a los cubanos es demencial y malvado.





Yo digo que la dictadura castrista se ha especializado en hacerle daño a los cubanos. La realidad más real es que somos un montón de generaciones las que hemos sufrido, padecido, soportado, aguantado y resistido, durante casi 60 años, a un régimen, y a una partida de sinvergüenzas, decidiendo, como les sale de las entrañas, el destino de millones de nosotros sin que nadie les ponga un freno, con la complicidad de algunas democracias mundiales y el visto bueno de muchas “personalidades” con famas adquiridas o fabricadas.
Nosotros los cubanos, como bien dice la sabiduría popular, nos ganamos la Lotería el 1 de Enero de 1959, pasa que el premio gordo era una revolución engañifa, estafadora, embaucadora y traía consigo a un tremendo descara’o que, con el bonche y la jarana, el arroz con leche ahuma’o, con Estela es un granito de canela y que el imperialismo es lo más malo que se ha inventado, nos envolvió como caramelitos rompequijá y nos soltó en la puerta de un colegio para ver si sobrevivíamos a la gula desaforada de unos niños, perdón, de unos pioneritos seremos como el Che.
Yo mismo fui uno de esos pioneritos. De aquella época recuerdo, como si fuera ahora, y de pensarlo se me ponen los pelos de punta, el terror que me provocaban los matutinos y las actividades políticas en la escuela.
Una práctica habitual de la pedagogía revolucionaria, socialista y fidelista, era parar, frente a todos los alumnos, a cualquier estudiante por algo que, según los maestros, no estuviera acorde con las “ideas” de la revolución. A estos “sembradores de pinos nuevos” lo mismo les daba que no hicieras la tarea, que tuvieras el pelo un poquito largo, que tus pantalones fueran algo estrechos o las sayas de las niñas “provocativamente” cortas.
Nunca podré olvidar esa sensación “guillotinesca” que me producía la mirada de la Directora escudriñándonos desde la tribuna y el temor a ser señalado y conducido al “cadalso” para un escarmiento político-ejemplar. Ahora, con los años, he comprendido que la inocencia, el exceso de inocencia e indefensión, puede provocar que, literalmente, nos caguemos en los pantalones.
Y es este el punto donde quería llegar. Mi generación, nací en 1962, como las posteriores, fuimos y son víctimas del abuso sistemático, el daño, la maldad, el acoso, la depredación, la manipulación, el engaño, la mentira y las felonías de una dictadura que se especializó en estrujarnos y lavarnos tanto el cerebro que muchos terminamos largándonos de aquel “lavatín” infernal y otros, los más afectados, quedaron mutilados para siempre y gritando yo soy Fidel, o gracias Comandante por todo lo que nos has dado, aun viviendo fuera de Cuba.
Pero no se puede hablar del daño causado por esos hijos de puta si no somos capaces de enumerarlos. Los cubanos perdimos nuestra identidad en 1959, el castrismo transformó de un bayonetazo la rica tradición cultural de nuestra nación y nos puso a cavar trincheras, marchar como unos desaforados, tirar tiros pa’llá y pa’llá, gritar consignas y oír discursos interminables, apoyar leyes y “reformas” revolucionarias, cambiar el traje por los uniformes y lo peor, lo más terrible y angustioso de todo cuanto hicimos, corear como verdugos idiotizados paredón, paredón, paredón.
Nuestra estupidez, nuestra ignorancia y nuestra complicidad le costó y le cuesta la vida a cientos de miles de compatriotas.
Es mucho el daño infligido por la tiranía castrista al pueblo de Cuba, perfectas “mariconadas socialistas” implantadas para someter y doblegar el espíritu de una nación y para que hombres, mujeres y niños no tengan tiempo siquiera de entender qué carajo es realmente la libertad.
La escasez injustificada, el racionamiento eterno, el excesivo control sobre la vida de los ciudadanos, la desinformación constante y planificada, los apagones, la mesa redonda, el adoctrinamiento, el partido único, la falta de agua, jabón, desodorante y papel higiénico, el picadillo “enriquecido”, la sed, la represión y la autorrepresión, el ascensor que ni sube ni baja, la masa cárnica, cinco huevos por persona al mes, la leche a los niños hasta los siete años, el quinqué de luz brillante, con la revolución todo contra la revolución nada, las largas colas, los desfiles y mítines de repudio, la chivatería, la adulonería, la croqueta de subproducto, la imposibilidad de elegir lo que queremos, la censura, una señora que resbaló y se cayó en medio de una fosa séptica, las elecciones al poder popular y, la peor de todas, la más terrible y perjudicial, dañina e infernal, el mismo apellido y la misma doctrina “mojonera” castrista clavada entre pecho y espalda de los cubanos sin darnos un tiempo para respirar.
Ricardo Santiago.


Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Corrupción castrista: Por Ignacio Giménez




Reproducimos en Por Eso Me Fui De Cuba este magnífico texto de nuestro hermano Ignacio Gimenez.

Un monopolio cubano vende a otro país. Crea tres sociedades, las tres de propiedad castrista. Vamos a llamarlas: “CUBA”, “TERCER PAÍS” y “PARAÍSO FISCAL”.

“CUBA” vende un barco cargado de producto a “PARAÍSO FISCAL” por un millón de dólares, y “PARAÍSO FISCAL” se lo vende a “TERCER PAÍS” por dos millones de dólares. Recuerden que las tres empresas son de los mismos…

A “CUBA”, producir lo que vende le cuesta realmente un millón de dólares, y como se lo vende a “PARAÍSO FISCAL” por ese mismo precio, no obtiene beneficio y no está sometida a pago de tributos.

“TERCER PAÍS” compra el contenido del barco a “PARAÍSO FISCAL” por dos millones de dólares, para dar salida al producto por ese mismo precio. Como compró y vendió al mismo precio, no obtiene beneficio y tampoco está sometida a pago de tributos.

“PARAÍSO FISCAL” compró por un millón de dólares a “CUBA” y vendió a “TERCER PAÍS” por dos millones. ¡¡¡Ganó un millón!!! …Pero está radicada en un paraíso a nombre de testaferros, por lo que tampoco tributa. Beneficio redondo.

Esta práctica corrupta es conocida como “transfer pricing” y es penalmente punible. La tiranía la lleva ejecutando miles de veces, pero no se podía demostrar hasta ahora. La cacería comenzó.

Ignacio Gimenez.




Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

El castrismo, el abuso infantil y la muerte espiritual de toda una nación.




Muchos amigos se oponen a que se nombre a Fidel Castro, o se publique su imagen en las redes sociales, u otros espacios, argumentando que esta es otra manera de “recordar” al tirano, que lo mejor es ignorarlo para olvidarlo más rápido y que así se difumine y se pierda en la memoria de los cubanos “como algo que fue y nunca debió haber sido…”.
Otros dicen que es porque les da un asco tremendo y cada vez que ven una imagen del Caraechichi de Birán esta les provoca tremendas arqueadas y muchos deseos de vomitar porque les recuerda la desastrosa vida que tuvieron que vivir en un país donde se comía socialismo a todas horas y se cagaba marchando vamos hacia un ideal…
Y no faltan los que se quejan porque no se quieren meter en política y que lo mejor es dejar a ese señor que descanse en paz y nosotros seguir adelante con nuestras vidas porque en definitiva el daño está hecho y los recuerdos matan mucho más rápido que las esperanzas.
Lo jodido de todo esto es a que ninguno de estos “amigos”, a los cuales respeto pero les digo que yo sí me meto en política, y me meto hasta el cuello, los he visto quejarse ante la repugnante y desquiciada frasecita, muy de moda en Cuba en los últimos tiempos, de Yo soy Fidel, un letrerito repetido en cuanta superficie lo admita y hasta pintorreteado en los rostros de los niños cubanos abusando, como es tradición en el castrismo, de la ingenuidad infantil e intentando convertir a ese hijo de puta maldito en un símbolo patrio o en lugar de peregrinación para almas descarriadas.
La realidad amigos míos es que para combatir la desgracia, enfrentarla y derrotarla, hay que nombrarla, graficarla y hasta si es posible “videotizarla”, es importante y necesario hacerlo para que el mundo sepa que ese hombre, Fidel Castro, al que convirtieron en un líder mundial a base de exageraciones telenoveladas, aplausos delirantes e injustificados, cánticos propulsores de la guataconería, yo tengo la manito quebrada, no tiene huesitos ni nada, idolatrías del pim, pam, pum y pleitesías babosas por cualquiera de sus payasadas, no era más que un dictador, un tirano, un traidor, un criminal, un delincuente, un chapucero, un autosuficiente insuficiente, un vendepatria, una escoria, un contrarrevolucionario, un ladrón, un manipulador y un cobarde.
Por supuesto que su pensamiento, “obra y vida”, como dicen los historiadores castristas, además de sus seguidores, aduladores, plañideras eternas y reencarnaciones oportunistas también deben ser incluidos en esta verdadera batalla entre “ideas” para demostrarle al mundo que, al final, al margen de toda la manipulación de las huestes castristas, Fidel Castro fue y es la mentira perfecta.
La indiferencia y el olvido, como sugieren algunos de estos amigos “hastiados”, es un arma de doble filo que, sumada a la mala memoria de muchos de nosotros, puede convertirse, en algún momento de nuestras vidas, en una estocada traicionera y muy peligrosa de quienes se esconden “detrás de la fachada” para perpetuar una ideología que solo les permite justificar y legalizar sus malas intenciones.
Desde el mismísimo 1 de Enero de 1959 Fidel Castro nos lavó el cerebro con sus peroratas y sus promesas del pan con mantequilla, el deporte derecho del pueblo y la salud y la educación gratuitas para todos. Generaciones enteras de cubanos fuimos utilizados, desde las más tempranas edades, para los planes más mezquinos y para satisfacer las egolatrías más asquerosas de este sujeto por convertirse en el emperador mundial del enfrentamiento a los Estados Unidos. Una guerrita estúpida que muchos apoyaron “por detrás” para satisfacer su morbo ideológico pero que en realidad quienes la sufrieron y la sufren, quienes la padecieron y la padecen, no es otro que el humilde, ultrajado y sacrificado pueblo de Cuba.
Yo digo que sí, que a Fidel Castro hay que nombrarlo, sentenciarlo y desprestigiarlo todos los días, a todas horas y en cada minuto de nuestra existencia, y cuando digo esto no lo digo solo por el daño irreparable que nos causó a millones de cubanos que hoy peinamos canas, lo digo también porque sus continuadores, los rauleros y los pachanguistas de esa infortunada revolución, siguen utilizando a nuestros niños, a nuestras inocentes criaturas, para continuar la misma mierda abusadora de hace casi 60 años pero ahora disfrazada con el “inocente” cartelito de yo soy Fidel.
Ricardo Santiago.




Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

La dictadura castrista y sus “jinetes del martirologio” revolucionario.




Desde mucho antes del 1 de Enero de 1959 el castrismo ideó un plan macabro para crear un sinnúmero de “héroes y mártires” que le sirvieran para exaltar la gesta revolucionaria porque, según el principal slogan propagandístico de sus “ideólogos” de ocasión, fueron hombres y mujeres buenos que ofrendaron sus vidas para salvar la Patria, a la revolución y a Fidel.
Así, con ese cuento y esa manipulación de la historia, incluyeron en la lista del panteón sagrado de los mártires a quienes murieron por reinstaurar la democracia en nuestro país y a todo aquel que a ellos les convenía para exacerbar los ánimos revolucionarios en el pueblo o sencillamente para tapar sus propios crímenes pues ellos mismos, por una razón u otra, los habían eliminado.
Yo siempre me he preguntado qué hubieran hecho Frank País, Abel Santamaría, las hermanas Giralt, quienes murieron en el asalto al Cuartel Moncada, en el desembarco del Granma, en la Sierra Maestra y hasta el propio Camilo Cienfuegos, devoto confeso de Fidel Castro, si hubieran visto con sus propios ojos la asquerosa y vil traición de los hermanos Castro y en la mierda en que convirtieron todo ese teque de la revolución, la democracia, las elecciones libres, la Constitución de 1940 y la paz, la prosperidad y el progreso para el pueblo cubano.
Pero la historia lo ha demostrado, los dictadores necesitan mártires y si no los tienen ellos mismos los fabrican.
Un dictador que se respete lo primero que hace es “matar” a sus adversarios, oponentes y descontentos, desde los que están en el bando contrario hasta los que militan entre sus seguidores. A los tiranos no les gustan los personajes que les hagan sombras y, de una forma u otra, los eliminan pues no admiten que nadie, absolutamente nadie, se interponga entre ellos, el poder y una ruleta en el güiro, un puntico en el centro…
Es por eso que la historia de Cuba, posterior a 1959, está repleta de muertos, desaparecidos y “olvidados” en vida a cuyos decesos nunca se les ha podido encontrar una explicación lógica.
Yo si digo que Fidel Castro, tan soberbio como la madre que lo parió, fue un perfecto especialista en hacer desaparecer a todo aquel que pensara que la vida es un carnaval, perdón, que él estaba equivocado y lo contradijera en los muchos disparates a los que arrastró a millones de cubanos. La lista es inmensa y en ella se puede incluir a militares, artistas, científicos, economistas, deportistas, políticos y ciudadanos comunes.
Al final de este interminable cuento la revolución dictatorial castrista se convirtió en una sofisticada fábrica para producir mártires, héroes, vanguardias y destacados que usó y usa, según le convenga, para llenar el país de historias rimbombantes, hazañas envidiables, sacrificios sobrehumanos y una devoción ilimitada y estúpida a un líder que no tuvo ni el más mínimo escrúpulo en utilizarlos como pantomimas patrioteras mientras les fueron útiles.
Dice mi amiga la cínica que es lógico, que con ese invento de los Comités de Defensa de la Revolución, CDR, uno por cada cuadra, a los que había que ponerle el nombre de un mártir para que el pueblo se sintiera “identificado” y vigilante, los hijos de puta Castro tuvieron que desarrollar una producción en serie de los “caídos” defendiendo la “causa” y así satisfacer la gran demanda nacional de nombres para los susodichos órganos represivos impuestos a quemarropa en la vida de todos los cubanos.
A la lista de los CDR con nombres de mártires de la patria también tenemos que añadirle los Círculos Infantiles, las Escuelas Primarias, Secundarias, Preuniversitarios, Universidades, Policlínicos, Hospitales, Fabricas, Centros Recreativos, Centros de Investigaciones y cuanta mierda exista en Cuba a la que se le pueda colgar un cartelito y así convertirla en “sagrada” por ingresar al honorable Panteón del martirologio castrista.
Yo digo que Cuba, según el castrismo y sus seguidores, debe ingresar al Libro de Records Guinnes por ser el país con mayor producción de mártires y héroes por millones de habitantes.
La triste realidad de esta historia, y no la ven solo aquellos que no quieren verla, es que los Castro utilizan hasta los muertos para satisfacer sus necesidades de perpetuidad, han convertido a Cuba en un país de almas errantes a las cuales no dejan descansar en paz porque las utilizan para sus fines demagógicos, propagandísticos y proselitistas en nombre de una revolución que solo los beneficia a ellos y a sus familias.
Y a los “héroes”, a los que quedan vivos y no salen trastornados en la contienda, los utilizan y los desechan cuando, los pobres infelices, dejan de ser noticia o de interés para las masas.
Pregúntenle a Cardoso Villavicencio o, dentro de un tiempito muy corto, a cualquiera de los cinco espías.
Ricardo Santiago.




Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Cuba: La perpetuidad de un absurdo frente a la indiferencia del mundo.




El problema de nosotros los cubanos es la persistencia que hemos tenido en permitir que se mantenga nuestra mayor desgracia. Es como si le hubiéramos agarrado el gusto a la miseria, al atraso, al subdesarrollo, al hambre y a la tristeza. Yo digo que al final ese cartelito nos va a costar Dios y ayuda quitárnoslo de encima y que el mundo lúcido nos vuelva a mirar como personas responsables que quieren un país que funcione con coherencia, sentido común y decencia ciudadana.
De un país de arcoíris nos convertimos en una nación gris, insulsa, pedigüeña y destartalada. Nos dejamos encasquetar una “pañoleta” en 1959 y nos hemos pasado estos últimos 59 largos, larguísimos años andando por la vida como pioneritos errantes dispuestos, todo el tiempo, a: para decir el lema, uno, dos y tres…
Dice mi amiga la cínica que tal parece que le agarramos el gusto a la muela, al teque y al bla, bla, bla…, de tal manera, que nos creímos el cuento de que con consignas, peroratas superfluas y discursitos enardecimos, que no dicen nada ni van a ningún lugar, podíamos hacer crecer los boniatos en los campos, los panes en las panaderías, la leche en las vaquerías, el quimbombó que resbala pa’ la yuca seca, los peces en el mar y echar a andar las fábricas para autoabastecernos de lo necesario y no convertirnos en un pueblo que tiene que mendigar donaciones por el mundo o admitir, a estas alturas del partido, que vengan dos o tres, haciéndose los “inteligentes”, a querer enseñarnos a nosotros, fíjense bien, a nosotros, a cultivar mangos y guayabas.
Lo último que nos falta es que también nos digan qué hacer para que crezca nuestra hermosa PALMA REAL en nuestros campos, por cierto, hablando como los locos: ¿Alguien ha visto alguna vez una palma real chiquita o a Mariela Castro llevando a sus hijos a la escuela en bicicleta?
Pero bien, “guayaba” fue la que nos comimos los cubanos cuando aceptamos a estos degenerados castristas con sus cuentos de la dictadura del proletariado, la igualdad social, la abundancia en el socialismo, el quítate tú pa’ ponerme yo y el progreso del comunismo. Yo a veces me pregunto qué estábamos comiendo cuando nos dejamos engatusar, arrastrar y convencer por ese vil sujeto que pregonaba histéricamente en público que debíamos combatir a muerte al imperialismo yanquee, y a toda su “parentela”, y en la intimidad se embuchaba de Coca Cola como un trastornado disfrutando todos, “toiticos”, toiticos, los placeres del capitalismo más feroz.
Y es que hay que ser muy tonto para creer que un país puede funcionar con la rigidez mental que proporciona el castrismo. Ninguna nación y ningún pueblo de este planeta pueden prosperar si se dejan imponer una ideología tan retrógrada, absurda, disfuncional, necia, represiva y mierdera como es la ideología castrista.
Los cubanos hemos sido testigos de cómo un país puede sobrevivir a base del penúltimo suspiro y de la idiotez colectiva como principal alimento y preferimos desgastarnos en ir a desfilar a donde sea, hacer extensas colas para adquirir lo más inverosímil o tapar el sol con un dedo que sacudirnos de encima ese monstruo que ha ennegrecido a nuestra patria y que inventa cada día nuevas estrategias para no dejarse “tumbar”.
El castrismo, al final de este largo e interminable cuento, ha devenido en una ideología “mística”, mucha “espiritualidad” y muchas “aspiraciones” pero en la práctica, en la concreta, en la vida real y en el pan con “guayabidad” nos ha dejado a los cubanos petrificados en el tiempo, observando desde detrás de la barrera cómo el mundo avanza a pasos gigantes hacia la era digital, la inteligencia artificial, la globalización del conocimiento y, lo más importante, la producción de alimentos.
Desgraciadamente los cubanos decidimos seguir pedaleando hacia atrás con todos los peligros que ello implica, coreando para decir el lema y hacerle el juego a la dictadura enfrentándonos entre nosotros mismos que sacudirnos de encima a esos hijos de puta y, todos a la vez, tirar pa’lante que, estoy seguro, segurito, segurito, que vamos a llegar a un mundo mejor así, al chasquido de los dedos.
Ricardo Santiago.




Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •