La histeria castrista en el lupanar del socialismo.





¡Ay mi Dios bendito!: Es increíble el efecto que producen las “buenas palabras” en la mentalidad quisquillo-revolucionaria de los castristas y en la de su ejército de defensores afincados en el capitalismo pero con el alma metida hasta las trancas en el socialismo.

Los castristas, vivan donde vivan, nunca van a aprender “de las bondades del alma” porque, para esta banda de rémoras anales, a todo aquel que no diga lo que ellos quieren oír, es decir, viva Raúl, yo soy Fidel, yo “canto” bonito o patria o muerte, hay que mentarle la madre.

Desgraciadamente es así, bueno, pensándolo mejor, afortunadamente, porque esta es la gran diferencia entre un cubano y un cubano croquetero castrista, las buenas palabras contra las malas palabras, la potencia contra la impotencia, la decencia contra la vulgaridad, el respeto contra la ofensa, el amor contra el odio y la libertad contra las cadenas que les entran por aquí y les salen por allá, a buen entendedor…

Mi pobre madre, que en la gloria del Señor esté, es blanco constante de la rabia de los pornochacumbeleros del comunismo habanero y de los que viven fuera también. La “pasión” gratuita que emanan mis opositores contra la autora de mis días y mis noches siempre me hace recordar algo que ella me dijo, hace muchos años, y que lo he cargado conmigo durante todo este tiempo de Por Eso Me Fui De Cuba: “Los comunistas ofenden porque es la única manera que tienen de llamar la atención, si no perretean de esa forma tan asquerosa a la gente se les olvida que existen…”

Mi amiga la cínica, por otra parte, me cuenta que ha gozado mucho con la reacción que ha desatado mi último escrito y, sobre todo, con la de cierto personajillo, testaferro de otros, vocinglero de este y aquel, que parece se puso al borde de un ataque de nervios y: “si no lo recogen pronto se cae y se parte el c…”

Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…

A mí, en la vida real, todas estas reacciones ni me van ni me vienen, es más, en cierto modo las agradezco porque me ayudan a entender mejor a ese enemigo contra el que tenemos que enfrentarnos los cubanos: la soberbia desesperada.

Si fuera a molestarme, actuar o responder cada uno de los ataques que estos individuos hacen contra mi persona, me pasaría la vida, el poco tiempo que “me queda libre”, aclarándoles que: “yo amo a mi mama”, “mi mama me ama”, “ma, me, mi, mo, mu, el burro sabe más que tú, que tú, que tú, que tú y que tú…”. Y no me refiero a Nicolás Maduro.

Yo siempre he dicho que, a los cubanos, la famosa instrucción “gratuita” de Fidel Castro, o sea, los lápices y las libretas “regaladas”, los libros de textos descuajeringados, la pizarra desteñida, las tizas que no pintan, ¡no veoooo maestraaaaa!, los pupitres con los clavos “a flor de piel”, la peste en los baños de las escuelas, los “profesores emergentes” y “la merienda escolar”, lo que mejor nos enseñó fue a gritar histéricamente y a faltarle el respeto a todo aquel que no se meneara bonito con las ideas de la Tropicola incandescente, por lo tanto la manoseada gratuidad castrista se convirtió en la mala educación y el desagradable vicio que tienen los croqueteros de defenderse agrediendo, pura neurastenia narcisista de su progenitor en jefe el papagayo de los cinco micrófonos.

Otra amiga querida me escribe y me dice que este personajillo, portavoz de otros, que, por cierto, cuando yo era un niño ya el fulano era un “cantantucho viejo”, es habitual repartidor de ofensas y mentadas de madre aquí en las redes sociales, que este sujeto no escatima en vulgaridades para “proteger a sus amores” pero que esta vez lo ha sentido “brutalmente” descompuesto, más de lo habitual, como si le hubieran metido un cohete norcoreano por el… A mí no me crean.

De todas formas yo a estos adeptos al ridículo no los escucho aunque sí los utilizo para ilustrar los horrores que nos ha dejado esa maldita dictadura de los hermanos Castro, porque, Señores, reaccionemos de una vez, lo peor que le puede pasar a un hombre es que le conviertan el alma en un lupanar, en una casa de la indecencia, en un cuarto pa’ matar jugada o en un bájate el blúmer de una ideología tan perversa como es el castrismo.
Ricardo Santiago.




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Repátriate a la Patria, repatria Patria a un repatriado que quiere Patria…





¡Coño un poco más e invento un trabalenguas político, ideológico, socialista y revolucionario!

¡Mal rayo me parta!

El problema es que este mundo está loco, crazy al tutti play, desquiciado, sofocante, disparatado y absurdo, bueno, al menos desde mi modesta, humilde e “intranquila” opinión, sí señor.

La “chifladera” mundial, es decir, la locura generalizada, la vemos manifestarse en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde la música “de moda”, la vulgaridad, el consumo de cualquier porquería, la imitación de los valores “perdidos”, la falsa imagen, la “oración” al dinero, el engaño, la violencia brutal y la edulcorada, el desamor, estoy partio del hambre, la muerte de la caballerosidad, la falta de respeto, la traición, la envidia y el odio hasta los cientos de miles de personas que son masacradas en diferentes partes del mundo en nombre de un “Dios”.

Yo digo, es más lo aseguro, que alguien, sin que nos diéramos cuenta, abrió la Caja de Pandora, parece que el CVP (custodio) que tiene la misión de cuidarla se quedó dormido y se le coló un hijoeputa, por cierto, tengo más o menos una idea de quién fue, y con toda la mala intención abrió la “maldita” tapa, nos desgració la vida y mandó a la humanidad para casa del carajo.

Así van las cosas, el mundo está patas arriba, los hombres nos matamos hasta por tonterías, las mujeres enseñan las tetas pa’ protestar, los niños mueren asesinados por el odio entre adultos, los gobiernos lucran con la identidad de género, “un perro” come caviar y un abuelo bosteza apretándose la barriga, el dinero compra el dinero, alguien mordió mi bocadito, soñar se ha convertido en un lujo, el arcoíris perdió dos colores y la inocencia, la magnífica ingenuidad que tanta belleza le dio a este planeta, la cogimos para limpiarnos el c…

La dictadura castrista fue una de las maldades que “salió” de la Caja de Pandora, de eso no me quedan dudas. Los cubanos tuvimos la mala suerte de que un viento “soplón” la empujó, la empujó y la empujó tanto, dicen que porque nadie la quería, y nos cayó derechito a nosotros y no nos ha querido dejar en paz por casi 60 años.

Independientemente de todo el horror, el atraso, las desgracias, la perfidia, la manipulación, el adoctrinamiento, la caca fuera de la taza, la cola pa’ coger el picadillo y la miseria que nos trajo esta plaga echada a perder, también, y a mi juicio fue uno de los peores “latigazos” que nos dieron estos croqueteros de ocasión, fue que convirtieron la vida de los cubanos en un gran, estentóreo, superlativo y gigantesco absurdo.

Si nos ponemos a pensar, es decir, si hacemos una “ligera” retrospectiva, como en el cine, y nos remontamos a ese 1 de Enero de 1959, ¡qué manera de equivocarnos!, de dejarnos manipular, de permitir que nos engañaran, de otorgar impunidad a los verdaderos enemigos de la nación cubana y de seguir ciegamente un “discurso” que, a todas luces, era una reverendísima mierda.

Pero bien, ya el daño está hecho y lamentarse no alivia la historia, de lo que se trata ahora es de denunciar, criticar, exponer y publicar todos los tejemanejes de esa pandilla de maleantes irreconciliables con la belleza que son los castristas y sus rémoras anales.

Yo nunca en mi vida he visto a un norteamericano, a un canadiense, a un sueco, a un español o a un francés que, después de vivir unos años en el extranjero, diga que se va a repatriar para su país. La lógica jurídica universal dice que usted puede regresar a su lugar de origen cuando y como le plazca.

Pero los cubanos no, los cubanos somos los únicos “ciudadanos” de este planeta que tenemos que “repatriarnos”, que tenemos que pasar por el bochornoso interrogatorio, cuando vamos a los consulados de Cuba en el exterior, y responder la “inocente” pregunta del funcionario castrista, con cara de comemierda, haciéndose el gracioso: “Bueno: ¿Y por qué quieres regresar a Cuba?”

Yo no voy a juzgar a quienes quieren “repatriarse” a Cuba, no es mi interés, es un derecho natural, pero si quiero decir que esta aberración jurídica de “Patria, Repatria” es un invento del castrismo porque, cuando una vez quisimos emigrar, esos hijos de puta nos obligaron a salir definitivamente del país robándonos todos nuestros bienes.

Yo también quisiera irme a vivir a Cuba, por muchas razones, pero mientras esté esa dictadura, esos Castro y su manada de imbéciles convirtiéndolo todo en un criminal absurdo de proporciones bíblicas, no, no y no…

Continuará…

Ricardo Santiago.




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El terrorismo islámico, el terrorismo-terrorismo y el terrorismo castrista.





Este es un tema muy delicado, escabroso, complejo y complicado. Se necesita mucho conocimiento de la historia, de las religiones y de la actitud humana para intentar un análisis y encontrar causas, consecuencias, qué y por qué suceden estas cosas tan horribles en pleno Siglo XXI.
Yo sólo me voy a limitar a manifestar mi impresión sobre estos terribles sucesos, otras personas, quienes de verdad saben de estos temas, harán su análisis y nos ayudarán a “entender” la razón por la cual estos cobardes acribillan vidas inocentes en nombre de “la madre que los parió”.
El mundo quiere avanzar pero algunos hombres no lo dejan, se empeñan en abrirle hoyos a la tierra y horadar la vida con la metralla cobarde camuflada en “mi religión es de paz”, “mi verdad es la más importante” o “estás conmigo o estas contra mí”.
Hay mucho dolor, mucha rabia clavada en la decencia humana, mucha impotencia ante la cobardía de quienes quieren destruir la vida enviando un mensaje “ideológico”, oscurantista, traicionero y de terror.
La ciudad de Manchester, el Manchester Arena, es la nueva víctima del terrorismo islámico. Otra. ¿Será la última?
Es muy difícil quedarse impávido ante el horror, la tragedia y la muerte causados por una acción tan cobarde donde murieron niños, mujeres, hombres y donde quedaron también numerosos heridos del cuerpo y el alma mirando al cielo y preguntando: ¡Por qué, Dios mío!
Yo digo que las personas cuerdas de este mundo tenemos que unirnos y acabar con este mal de raíz de una vez por todas. Los políticos, los servicios de inteligencia, los militares, los policías, las instituciones gubernamentales, la prensa y la humanidad entera debemos cerrar filas y cortar, a como dé lugar, la existencia de estos individuos que, desgraciadamente, están en todas partes, proliferan como las ratas y mutan de animal a hombre y de hombre a la “fe ciega por un dios” a cambio de “unas cuantas vírgenes” y un poco de “consuelo”.
En esta parte del mundo, es decir, en América, también se están cometiendo actos de extremo terror. La dictadura castro-chavista, enquistada y empoderada a la fuerza en nuestra querida Venezuela, masacra a la población civil, a personas indefensas que protestan pacíficamente exigiendo libertad para los presos políticos, llamando a elecciones democráticas porque no quieren más a Nicolás Maduro, a su tropa de delincuentes apandillados, y exigen alimentos, están pidiendo a gritos que el país cambie porque sencillamente se están muriendo de hambre.
El terrorismo de Estado que implementan hoy los eunucos chavistas, súbditos obedientes del castrismo cubano, es la consecuencia de la vieja idea de Fidel Castro de exportar su revolución, su socialismo y su mierda. Los cubanos llevamos casi 60 años padeciendo los más crueles actos de terrorismo aplicados por quienes ostentan el poder, las armas, dictaron las leyes a su antojo, moldearon las instituciones oficiales a su conveniencia y nos “gobiernan” con la crueldad de las prohibiciones, de las limitaciones, de la escasez y de las pesadas botas aprisionando nuestras gargantas.
No sólo se necesitan bombas asesinas y cobardes, puestas “al descuido” y en lugares públicos, para causar daño y provocar la muerte.
El socialismo y todas sus vertientes de medio pelo se emparentan profundamente con la ideología de los extremistas islámicos, son prácticamente lo mismo porque en esencia “la lucha” de todos estos mediocres de espíritu es contra el orden mundial aceptado por la mayoría de los habitantes de este planeta, pero que ellos quieren destruir mediante explosiones traicioneras o la represión y el asesinato silencioso de las ideas.
Aun así no lo consiguen, por más que se empeñan estos genízaros el mundo avanza, un poco más lento, es verdad, pero no detiene su paso porque el hombre, viva donde viva, esté donde esté y le hagan lo que le hagan, nunca va a perder la esperanza.
Oremos juntos y encendamos velas a las víctimas del terrorismo islámico en Manchester, a los hermanos asesinados por los militares del chavismo en varias ciudades venezolanas, a las víctimas de la represión, la intolerancia y la ignominia que ejerce la dictadura de Raúl Castro en Cuba y a los que mueren donde quiera que se manifieste la imposición de una idea mediante la fuerza, la violencia y el terror.
Ricardo Santiago.




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La dictadura castrista y los “bienes” del pueblo cubano.





Alguien me puede explicar, con seriedad por favor, porque me declaro totalmente analfabeto en esta materia, qué cosa son o significan o donde se pueden ver o adquirir o tocar los “bienes” del pueblo cubano.
Pregunto esto, y les juro que con total interés por entender, porque desde que yo empecé a ir a la escuela, allá en Cuba, a finales de la década de los 60s, siempre nos “enseñaron” que la revolución de Fidel Castro había triunfado para restablecer la justicia social, el orden económico y producir “bienes”, muchos bienes para todos los cubanos pues el gobierno anterior, es decir, la dictadura de Fulgencio Batista, había sumido a nuestra Patria en la más “absoluta miseria”.
Por mucho tiempo les confieso que me tragué ese cuento. Los maestros iban y venían, según yo iba pasando de grados, y la muela de “los bienes para el pueblo” se mantenía en el mismo lugar, en el mismo rinconcito de las aulas hacia donde todos mirábamos porque, con esa inocencia tan característica que se tiene en las edades en que uno juega y come bolas, nos imaginábamos que algún día ese “lugarcito sagrado de la patria”, repleto de consignas patrioteras e imágenes de próceres “viejos y nuevos”, ese pedacito “glorioso” de “nuestra revolución” por el que nuestros padres lo sacrificaron todo siguiendo las promesas de la Tropicola de Birán, se llenaría de un “algo” que a nosotros nos iba a dar mucha, pero mucha, pero muchísima alegría.
El problema es que pasaron los años, me hice adulto, alcancé la edad donde no se juega pero se sigue comiendo bolas, pues aun insistíamos en creer el cuento de la producción de bienes para el pueblo, y el rinconcito aquel, ahora trasladado a una esquina de mi casa, de mi centro de trabajo, del parque, de la cuadra, de la casa de la novia, de los amigos y del alma seguía igualito, igualito, igualito… “el cuartico esta igualito, como cuando te fuiste…”, vacio y como Penélope…
Yo digo que los cubanos necesitamos, cuando derrotemos a esa dictadura de porquería, crear un equipo multidisciplinario para estudiar, diseccionar y entender cómo pudimos estar tan ciegos para creer, confiar y seguir a un hombre que a todas luces era un enfermo, un mentiroso, un ególatra, un narcisista, un maniaco, un cobarde, un imbécil y un dictador, sí, porque desde que presentó los primeros síntomas de su desquiciada enfermedad con los fusilamientos masivos y sin juicios en el mismo 1959, hacer desaparecer a Camilo Cienfuegos y vendernos el cuento de “las flores en la palangana”, la idea de con la revolución todo contra la revolución nada, los terribles acontecimientos de la Crisis de Octubre, la creación de los campamentos de la UMAP para “enderezar” las almas torcidas, la “ofensiva revolucionaria” contra la pequeña propiedad privada en 1968, el disparate de la Zafra de 1970 y así sucesivamente hasta el último día de su maldita existencia con la puñetera “comedera” de moringa, debimos haberlo parado y haberle dado una buena patada en el culo para que el tipo se fuera con sus inventos: ¿A dónde? Sí, pregunto primero porque el mal que uno no desea para sí no debe desearlo para los demás, al menos eso fue lo que me enseñó mi mamá.
Pero bien, continuando con esta interminable y agotadora búsqueda de los “bienes” del pueblo cubano. La realidad es que lo único que nos trajo los delirios del Economista, del Planificador y del Administrador en jefe de los potreros de Birán fue una gran ineficacia productiva, un empiezo y no termino los más alocados proyectos, un corre-corre para cumplir con sus caprichos, la desaparición de la industria nacional, la corrupción como el segundo ministerio más importante del país, la debacle de la economía, una feroz dependencia económica del primero que nos enseñe los dientes, un exilio más gigantesco que la dictadura del proletariado, tristeza, destrucción física y moral, represión de todas las formas y colores, hambre y división, una increíble, absurda y muy dañina división entre los cubanos que nos convirtió, de la noche a la mañana, en gusanos o croqueteros, es decir, en “enemigos íntimos” irreconciliables.
Estoy como el sala’o ese que pierde unicornios a cada rato, sólo que en mi caso lo que no encuentro son los “bienes” del pueblo cubano, por favor, “si alguien tiene información”…
Ricardo Santiago.




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Silvio Rodríguez ha perdido otro unicornio: ¿Será que el tipo es tonto?





Este “Guajirito soy” tiene una edad en la que las personas ya han aprendido a quedarse calladas, silenciosas, mudas, ausentes y “tranquilas” cuando no tienen el valor necesario para reconocer la verdad y, todavía más, porque vivir es un constante ejercicio de aprendizaje, que en esta vida es mejor no opinar antes de que nuestras palabras se conviertan en frases ridículas, absurdas, cómplices de la maldad o “amigas” de los enemigos de la razón.
Silvio Rodríguez apoya abiertamente al régimen de Nicolás Maduro, al chavismo, y por consiguiente está a favor de la brutal represión que desata esa dictadura contra el pueblo venezolano, una feroz, desigual y cobarde masacre que ha causado muertos y heridos entre los cuales hay numerosos niños y jóvenes.
Las razones que tiene son las mismas que la del castrismo: la dictadura de Maduro es buena y la oposición es mala, según ellos muy mala. Es natural. A esta masa amorfa de personeros del castro-chavismo no les queda otra que juntar sus maldades para intentar “proteger” a un hombre-imbécil-hombre que cada día cava más hondo su propia tumba.
Yo siempre he creído que este cambio de actitud de Rodríguez, otrora símbolo, para muchas generaciones de cubanos, de una actitud abiertamente contestataria contra el régimen de Fidel Castro, se debe a un oscuro, tremebundo y espantoso chantaje que ejerce sobre este artista el G-2 cubano. Alguna “cosita” de proporciones bíblicas le tienen “guardada” en los anaqueles de los servicios secretos de la Patria para que el inteligente cantautor, indiscutiblemente uno de los más importantes de la canción hispanoamericana de todos los tiempos, se preste para defender lo indefendible y haga el ridículo ante la mirada atónita de miles y miles de personas que idolatran sus canciones. Es que se puede ser “entretenido” pero no tanto.
Indiscutiblemente la ascendencia que tiene que tener el aparato de inteligencia cubano sobre Silvio Rodríguez es superlativa, es que tiene que ser así, no queda otra para entender cómo el “poeta”, hombre sensible como nadie en este mundo, se preste para apoyar y defender la muerte que reparte impunemente el chavismo sobre el heroico pueblo venezolano.
Para nadie es un secreto que este juglar que aun hoy, y a pesar de su “cobardía política”, goza de un número importante de seguidores en todo el mundo, aparece últimamente más para “dictar” que para recitar, convirtiéndose en el testaferro ideológico por excelencia de la pandilla castrista y de sus secuaces los “duendecillos siniestros” del socialismo del Siglo XXI latinoamericano.
Triste encargo el tuyo Silvio. “Ojala” que reacciones y juegues tu papel como poeta, artista y hombre al lado de quienes están sufriendo los horrores de una dictadura cruel, ilegal y despiadada.
Silvio Rodríguez le envía una carta a su amigo chavista, publicada en una página oficialista del Gobierno Bolivariano de Venezuela, con fecha del 18 de Mayo del 2017, donde, entre muchas sandeces, se tilda a la oposición venezolana de “terrorismo de derecha”. Y yo le pregunto a Rodríguez y a su comparsa de chavistas “indocumentados”: ¿Y el terrorismo de izquierda? Porque quienes tienen y utilizan las armas, los artefactos de destrucción masiva, las máquinas acorazadas para reprimir y matar, la “ley” y la fuerza ejercida desde los poderes del Estado son los criminales Nicolás Maduro, Diosdado Cabellos, Padrino López y demás enchufados del régimen que no les queda otra porque saben que están hundidos hasta el cuello en ese inhumano conflicto.
Silvio: ¿A estos sujetos no les vas a escribir una “cartica” exigiéndoles que paren la represión, el asesinato y la masacre?
Venezuela vive hoy una guerra civil. El desastre económico, político y social venezolano no lo causó la oposición, no lo causaron los millones de hombres, mujeres, niños, ancianos, madres y pueblo que están en las calles negándose a reconocer la autoridad de ese desprestigiado gobierno, reclamando libertad para sus presos políticos, pidiendo se convoquen a elecciones libres y, sobre todo, están luchando por comida Silvio, están pidiendo alimentos porque ellos, sus padres, sus abuelos y sus hijos se están muriendo de hambre.
Silvio Rodríguez: La oposición venezolana hoy es mayoría, y la mayoría no se equivoca. Te invito a que hagamos una carta denunciando al régimen de Nicolás Maduro, sus tropelías, sus crímenes y asesinatos, existen suficientes pruebas gráficas para documentarla, si tú quieres, para aliviarte de trabajo, yo la redacto y sólo tienes que firmarla, pero hagámosla urgentemente para que no sigan matando a manifestantes pacíficos en las calles de Caracas.
Ricardo Santiago.




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¿Los castristas defienden su dictadura por amor, oportunismo o idiotez?





Esta pregunta parece muy fácil de responder pero se las trae.
Para empezar yo digo que los castristas, los revolucionarios de la “revolución”, los “fidelistas por siempre”, los aguerridos de “la punta del pie, la rodilla”, los milicianos de la “leche cortada”, los croqueteros imitadores de “Yo soy Fidel” y los comunistas “mariantonietanos” de Raúl Castro, el General Bijol, conforman el movimiento, el grupo, la masa, la guerrillita, el “te miro de medio lado” y el partido político que representa el mayor inmovilismo, la más absurda intolerancia, la más pérfida represión y el “frena burrito, frena” más fascista impuesto al pensamiento evolutivo de los seres humanos en el Siglo XX y el XXI.
Son como “cangrejitos salidos del mar” moviéndose en un mundo que cambia constantemente y que ellos se empeñan en mantener estático, como si siguieran viviendo en el 1 de Enero de 1959, al menos eso es lo que quieren hacernos creer. Sí, porque en la vida real todos estos hijos de puta gozan, en sus vidas privadas, de las más altas tecnologías, de las comodidades y los “excesos” del capitalismo salvaje así como de facilidades para la vida y “aparaticos” para tranquilizar los vapores del cuerpo y las lujurias del alma.
Yo estoy casi cien por ciento convencido de que nadie en este mundo defiende a una dictadura por amor, sea cual sea. Cualquier gobierno dictatorial dirigido por un hombre, o grupo de ellos, que se impongan en el poder mediante la fuerza y coaptando las libertades cívicas y constitucionales de los pueblos no pueden ser “amados” porque, vistos desde la decencia, la inteligencia y el sentido común, violan los más elementales derechos humanos, democráticos y lógicos de los hombres.
¿Alguien podría dudar entonces que Fidel Castro nos impuso a los cubanos, y que hoy mantiene ilegalmente su hermano Raúl, una dictadura?
Yo no.
En Cuba se ha dado un fenómeno interesante, en este largo período mal llamado revolución en que los Castro han dominado nuestras vidas, y es la radicalización de un grupo de fieles seguidores y “estibadores” del castrismo llamado los tontos útiles. Esta masa amorfa de individuos, según mi amiga la cínica, es fácilmente reconocible porque la mayoría, más del 97,3 por ciento de ellos, tienen la cara y el cerebro como un culo. Son entes paridos por un patria o muerte que se enredaron eternamente en esa frase y que ven en Fidel, Raúl y en esa revolución de mierda la salvación milagrosa porque, según ellos, les dieron salud, educación y unas cuantas porquerías más de forma “gratuita”.
Contra estos individuos es muy difícil enfrentarse, aunque gracias a Dios van quedando cada vez menos, la realidad es que hacen mucho daño, son los principales horcones, literalmente hablando, de esos delincuentes políticos, comunes, sociales, económicos y morales que “desfloran”, día tras día, la virginidad de los cubanos.
Los oportunistas del castrismo son otra cosa, para empezar son la mayoría de los adeptos a la revolución de la croqueta rauliana, son los que más gritan y los que más colora’os se ponen pa’ defender al régimen porque saben que en ello les va la javita del aseo personal, el acceso a internet “pa’ combatir al enemigo”, el cuño de “políticamente correctos” muy útil para abrir puertas en ese depravado sistema, los viajecitos al exterior pa’ conseguir algunos fulas, los cuc extras para comprar en la “chopi”, la semanita en la playa por el plan CTC y un montón de ridículas prebendas que, aunque usted no lo crea, son imprescindibles para soportar el asfixiante “pitcheo” de un “gobierno” que a todo le dice: No se puede.
Estos individuos, aunque son también muy peligrosos, no asustan tanto porque en el fondo son unos cambia casacas y hoy están en La Habana y pasa’o están en…
Hablar del daño que provocan estos mequetrefes y bandidos de la oportunidad es hablar de la dictadura en sí misma. Fidel Castro fue un oportunista de la pi a la pa que supo “colarnos” su veneno y sus locuras para construir una sociedad y un país totalmente dependiente de sus caprichos, generando en los cubanos una mentalidad tan sumisa que fuimos capaces de decir, por mucho tiempo: Esta es tu casa Fidel, Pa’ lo que sea Fidel, Comandante en jefe ordene, hasta el ridículo y bochornoso Yo soy Fidel, la última moda de los chicharroncitos que “quieren” seguir marchando hacia un ideal.
Si necesitan ejemplos de estos idiotas me avisan que aquí mismo en Facebook hay unos cuantos…
Ricardo Santiago.




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“Yo soy Fidel”: Un purgante muy, pero muy, pero muy malo de tragar…





¡Ay mamá, definitivamente el “gran amor” que “tienen” que sentir los cubanos por la Tropicola de Birán se ha convertido en un trago muy amargo! El más amargo de todos los “amargos”. Yo diría también que el más cansino, repugnante, ácido, “muequero” e hipócrita de este mundo.
Esta es ahora la “nueva moda” de la alta costura castrista, continuadora de la vieja costumbre comunista de imitar íconos fabricados, adornados y edulcorados, de prohibir la individualidad de los seres humanos para convertirlos en “modelos del mismo traje”, de que todos anden, hablen y piensen parejitos para tener que dar un sólo gaznatón cuando alguien se salga del guión revolucionario, en fin, para que los que quieran aparecer en el libro sagrado de la Patria socialista, les guste o no, tengan que colgarse, literalmente, el cartelito de “Yo soy Fidel” y caminar Rampa arriba y Rampa abajo aunque hagan el ridículo o el mundo se ría de ellos por imbéciles y comemierdas.
Este es y será el precio a pagar por “querer” ser “fidelistas por siempre” en un país donde es más importante parecerse que ser. Yo voy a ver con qué cara van a llegar mañana a Miami o a quién o a quiénes imitarán en el futuro.
Pero, para empezar: ¡Que le cuelguen a otro ese cartelito! ¡Solavaya!
A mí lo que más me jode de todo esto es que utilicen a niños y jóvenes para estas payasadas ideológicas, bueno, en realidad si llevan más de 50 años exigiéndole a los infantes cubanos que sean como el Che, que el tipo era cualquier cosa menos un modelo a seguir, pues que los obliguen ahora a perpetuar y multiplicar el desastre nacional queriendo ser como el Cambolo de Santa Ifigenia, El Bandolero Oriental, El Genio de la Guachipupa “dulce”, El Asesino de la Baba Sólida o El Hipnotizador del Caribe, es natural, a nadie lo tomó por sorpresa, los comunistas necesitarán de muchos culpables para, en el momento adecuado, culpar y justificar la debacle económica, política y social que sufre, “por los siglos de los siglos”, la nación cubana.
Es terrible pero es cierto.
Cuando Fidel Castro, a principios de Enero de 1959, arrancó desde Santiago de Cuba hacia La Habana con su marcha triunfalista, falsa y sobredimensionada, entre los muchos sentimientos que fue “arrollando” con esta comparsa de bandidos, pandilleros, barbudos rebeldes, amorales tira-tiros y energúmenos de tres batallas y medias, fue con la individualidad y la decencia de los cubanos. Esa “revolución” que nos han querido imponer como “la gran gesta liberadora” o “la única que logró la verdadera independencia” de Cuba, no ha significado otra cosa que la mayor involución, la más grande falsedad, el engaño más cruel, un terrible retroceso y el peor “baile de la chancleta” que ha sufrido un país en toda la historia de la humanidad.
¿Pero es que no resulta demasiado evidente este genocidio continuado? ¿Son necesarias más pruebas para demostrar el desastre cubano a todos los niveles? ¿Se necesitan más cubanos muertos de hambre y vivos con hambre para entender que subsistimos bajo una sangrienta dictadura?
Pero no, la fiesta de la jerigonza socialista continúa porque de lo que aquí se trata es de que el pueblo no piense, no razone, actúe con la misma “alegría inerte” que arrastra desde 1959, de que la multitud embrutecida acuda a la Plaza a desfilar el 1 de Mayo para demostrarle al mundo que Fidel Castro, aunque le dieron candela por los cuatro costados, está hoy más vivo que nunca, que los cubanos aman al difunto y, para que no le queden dudas a nadie, todos en Cuba quieren ser como él, pero ojo, atención, como era antes, por supuesto, mucho antes de la estupidez de la moringa, de las reflexiones ridículas, de la incoherencia senil o, como es lógico, antes de que lo convirtieran en un chicharroncito rompequija’.
Muchos creímos que con la muerte de Castro los cubanos tomaríamos conciencia de que Cuba no era otra cosa que un cacicazgo tropical y que si el perro no estaba tampoco las garrapatas, que este podía ser el punto de partida para liberarnos de toda la idiotez vivida y que las membrecías al Sindicato de la Bobería Socialista podían llegar a su fin y los cubanos empezar a ser como nosotros mismos…
Ricardo Santiago.




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La escasez, la miseria y el hambre, la gran pandemia del pueblo cubano.





En las últimas seis décadas los cubanos hemos sufrido escasez, hemos convivido con las miserias más inimaginables y el hambre, bueno, de esa es mejor ni hablar porque lo que hemos tenido que comer para sobrevivir, lo que hemos tenido que masticar para no quedarnos “callados”, supera muchas veces los límites de la paciencia y la lógica humana.
Los cubanos hemos sufrido estas “tres gracias dictatoriales”, lo que se dice sufrir, con sangre, sudor y lágrimas. Padecimos y padecemos esta pandemia de todas las formas y de todos los colores, de todos los tamaños y de todos los tiempos.
Aunque a usted le parezca que sí, a esta situación el ser humano no se adapta nunca, a la pituita estomacal es muy difícil acostumbrarse porque no hay Dios que cierre los ojos cuando la “orquesta está sonando el vals de los calamares desteñidos”.
Recuerdo las historias de mis padres y de los mayores del barrio cuando nos hablaban de la vida antes de 1959. Muchas veces nos volteábamos para reírnos por lo increíble o exagerado de las anécdotas y en silencio pensábamos: “estos viejos están locos”. Nos parecía exagerada e imposible una Cuba con tanta abundancia, maravillas y derroche.
Yo provengo de una familia clase trabajadora, mi padre era chofer y mi madre una simple secretaria, pero les veía un brillo diferente en los ojos cuando hablaban de las nueces y las avellanas, del chocolate malteado con un buen “sanguisi” de jamón y queso, de las cafeterías “americanas” y los Ten Cent, de las frutas de invierno en pleno verano tropical, de los supermercados repletos y para todos los poderes adquisitivos, de la fonda del chino y sus completas o el exquisito arroz frito, de las ofertas en Fin de Siglo y El Encanto, de la gastronomía excelsa y multinacional para satisfacer a los más exigentes degustadores y de las relajantes y divertidas noches habaneras con sus bares, cabarets, cines, teatros y una vida nocturna comparable a la de las mejores ciudades del mundo.
A mí no, a mí me tocó lo otro, a mí me tocó vivir el racionamiento alimentario y la ropa de cupón, el módulo de un pantalón, una camisa y un par de zapatos una vez al año vendidos por la libreta “de la ropa”, las cafeterías mono-ofertas con sus inconfundibles croquetas de subproductos socialistas, los tres juguetes, el dirigido, el básico y el opcional, la vida nocturna convertida en permanentes guardias revolucionarias para vigilar y delatar a quien se moviera “medio raro” y, lo peor de todo y de lo que nunca he podido recuperarme, me tocó vivir en una ciudad que se iba depauperando, consumiendo, agrietando y entristeciendo al igual que el alma de sus habitantes.
Mis anécdotas al contarlas, por desgracia, no producen ningún brillo en los ojos, más bien todo lo contrario. Tengo un amigo muy querido que por allá por los ochentas del siglo pasado, creo que estudiábamos en el pre-universitario o la universidad, empezó una relación amorosa con una muchacha hija de un importante arquitecto cubano, obviamente con “mejores recursos económicos” que él. Pues bien, para no hacer esta historia muy larga, un día la novia lo invita a comer en su casa y mi amigo muy triste me dice: “que no, que no puedo ir”, y nosotros que sí que “cómo vas a hacer tal desaire con lo enamorados que están ustedes”. En fin que después de tantos que sí, que no, que llueva el chaparrón, nos confesó que él no aceptaba la invitación porque no tenía medias (calcetines) que ponerse. El tema es que nosotros tampoco teníamos unas que le acomodaran y la cosa terminó en que le cortamos las mangas a una enguatada búlgara que vendían (por cupón) y que tenía unos puños muy bonitos, el único problema es que al ponérselas le quedaba medio pie desnudo pero: “no importa muchacho cuando te pongas los zapatos nadie lo va a notar”.
La comida transcurrió normal, todo iba de maravillas hasta que mi amigo quiso probar, “para ver a qué sabia el enemigo”, un trago de whisky que le ofreció su suegro y la bebida le cayó mal. La novia sugirió que lo recostaran un rato en su cama y cuando intentaron quitarle los zapatos mi amigo empezó a dar patadas a diestra, siniestra y a gritar como un loco que los zapatos no, ¡¡¡los zapatos noooo, por favoooor!!!
La novia muy asustada, pensando que algo muy grave le pasaba en los pies a mi amigo, pidió ayuda desesperada y entre ella, dos de sus hermanos y el resto de la familia como testigos estupefactos por el escándalo, lograron controlarlo, tranquilizarlo y descalzarlo…
Ricardo Santiago.




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El mayor “logro” de la dictadura cubana es la corrupción, “lo otro” es cuento.





Según mi criterio la “revolución cubana”, ese manoseado concepto que ha recorrido el mundo en boca de cuanto apasionado a la satería política habita en este mundo, dejó de existir en 1970 con el rotundo, estridente, desprestigiado y vergonzoso fracaso de la Zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar. Al menos en su parte visible porque, en la concreta, nunca fue revolución y mucho, pero muchísimo menos cubana.
Pero bien, digo que este desastroso hecho fue el punto final a la existencia de esta monstruosidad porque fue la primera vez que muchos cubanos, desde los propios dirigentes castristas hasta gran parte del pueblo, se dieron cuenta de que Fidel Castro era un desquiciado de mierda, un inepto, un inoperante, un papelasero y un mediocre que llevaría irremediablemente al país y a sus habitantes a la destrucción.
Cada uno de los inventos de la Tropicola de Birán, que según él convertirían a Cuba en una potencia del primer mundo con más mantequilla que Holanda, más carne de res que la Argentina, más tecnología que Japón y más rubios que Finlandia, implicaban la parálisis total de la economía, de la fuerza de trabajo nacional y de la infraestructura total del país para ponerlas en función de este o aquel caprichito de nuestro “Einstein” el jinetero tropical.
Las “luminosas” barbaridades de este perturbado se fueron sucediendo una detrás de la otra, cada vez más disparatadas y absurdas, todas compitiendo por el Guinnes a una insuficiencia que nos sumieron en una terrible crisis económica, social y política así como en una profunda dependencia de los países socialistas, la Unión Soviética, China y del petróleo venezolano, demostrando que al final nuestro “máximo líder”, el invencible, el indestructible, el genio, la croqueta universal y el comandante de los comandantes, no era un tipo ni tan serio, ni tan inteligente, ni tan Superman y ni tan nada, más bien todo lo contrario, jugaba y experimentaba a sus antojos con el cuento de que iba a erradicar el hambre en Cuba y, si le daban un chance, si el imperialismo no lo “bloqueara” tanto, la del planeta entero también, porque para eso su revolución había inventado el picadillo enriquecido, el filete de claria, la masa cárnica, el fricandel, el pollo por pescado, la libreta de abastecimiento, el pan con pasta, la guachipupa, la cerveza de pipa, los marañones de la estancia, la ideología estomacal, un pan por persona, la croqueta de subproducto, el cerelac, la moringa que se te ve la… y cuanta mierda usted no es capaz de imaginarse y mucho menos de tragarse.
Con tantas locuras, sandeces, mediocridad, desparpajo, corrupción, los estómagos pegados al espinazo y “tenemos a un gran estadista como líder, nuestro Comandante es un genio, pa’ lo que sea Fidel, pa’ lo que sea, Fidel seguro a los yanquis dale duro y con cada Comandante en Jefe Ordene que gritamos bien alto, “más alto que no se oye”, se multiplicó el relajo nacional, la robadera, la malversación y la corrupción porque total: esta es la dictadura del proletariado, todo se reparte a partes iguales y el vivo vive del bobo y el bobo… Hasta que el pueblo se convenció de que todo tenía un único dueño porque, en realidad, en la práctica de la vida y de las leyes, desde el país, sus industrias, sus riquezas naturales y hasta las personas llevábamos la marca Castro por los cuatro costados.
En todas las sociedades del mundo ha existido, existe y existirá este flagelo que es la corrupción, en unas más que en otras y en otras con más descaro que en ninguna, pasa que, según los dictadores que se han apoderado de nuestro país, el socialismo cubano es puro y sin manchas, libre de pecados, una luz en la oscuridad del capitalismo, la babita que se me sale por tener mi libretica de abastecimiento, y lo otro, el cuento de que hay cubanos durmiendo en las calles, con hambre, pidiendo limosnas, los niños sin zapatos, los hombres sin trabajo, los ancianos sin protección y las madres desesperadas porque no tienen cómo alimentar y vestir a sus hijos, no, eso no, esas son las mentiras del imperialismo y sus mercenarios.
La corrupción es un mal social reconocible y detectable, es la principal causa en la destrucción de la sociedad, la razón por la que los hombres pierden los valores, la decencia y el indicador más reconocible para demostrar la incompetencia de un gobierno y la necesidad de cambiarlo.
Ricardo Santiago.




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El día en que empecé a odiar al castrismo…





Yo digo que los sentimientos por el castrismo, más que cualquier cosa, son una actitud ante la vida, o se les idolatra con “loca pasión” o se les aborrece y se les detesta hasta la muerte, lo otro, el coqueteo de que si y que no, el quedarte calladito pa’ que te vean más bonito, es pura satería política de quienes se refugian en el pánico, o en el oportunismo, para estar a bien con Dios y con el Diablo.
El castrismo no es una ideología científica, ni práctica, ni siquiera es una teoría “elaborada para aclarar el pensamiento”, ni un concepto coherente “inventado” para ayudar en el desarrollo de la humanidad, ni una filosofía de vida, ni luz para ese espíritu, ni un manual para guiar al hombre a alcanzar metas superiores, ni un documento histórico, ni una avalancha de bondades, ni una doctrina política, ni los durofríos de fresa de la Gallega, ni apuntes para el crecimiento económico y mucho menos, pero muchísimo menos, un sentimiento humanista elaborado por un hombre, o un grupo de ellos, para llevar paz, bienestar y progreso a una nación o a sus humildes habitantes.
El castrismo, para empezar, es una reverendísima estafa, una mentira fría, amarga, calculada y burda, una consecuencia del ego y las locuras de un sujeto autosuficiente y mediocre, un disparate histórico consumado en una bella isla del Caribe, una plaga oportunista y parásita, el bochinche de la estupidez, la excrecencia de un pensamiento, la gritería hueca, despatarrada y vacía, las masturbaciones mentales de un hijo de puta, una manipulación de laboratorio, una croqueta de subproducto socialista, la involución de la lógica humana y la ceguera mental de mitad hombres, mitad serpientes, dispuestos a hacer el ridículo para defender al mayor y más cruel disparate del Siglo XX y el XXI.
Por el castrismo, devenido en “corriente alterna” a fuerza de imposición, chantajes, engaños, represión, adoctrinamiento y una dictadura sin fin, algunas personas profesan ciega idolatría, sumisión, obediencia, miedo, oportunismo, interés y una “absurda estupidez”.
Otras, entre las que me encuentro en la avanzada, sentimos desprecio, repulsión, rechazo, repugnancia y asco.
Fidel Castro siempre creyó, o le hicieron creer sus aduladores, tracatanes y huelepeos más cercanos, porque en la vida real no se puede ser tan comemierda o engreído, que el mundo giraba alrededor suyo, de ahí que el tipo cada vez que veía un micrófono, sin importarle de quien fuera, se trastornaba y pegaba a hablar una cantidad de sandeces, por horas y horas, que, en mi modesta opinión, terminaron por convertir a los cubanos en zombis de la bobería, del desodorante de pastica y del órgano oriental sonando la misma melodía una y otra vez.
Pero la barbarie que acompaña al castrismo no es cosa de risa, de juego o para tomarse a la ligera, no, todo lo contrario. Hay mucho dolor sembrado en el alma de los cubanos, muchas lágrimas de madres, padres, hermanos, abuelos, tíos, primos y amigos que ni siquiera han podido secarse porque nunca se ha hecho justicia a sus seres queridos, porque el sonido de los fusiles descargando la muerte sobre los paredones aun hoy retumba en nuestros oídos, porque los gritos desesperados de las madres pidiendo clemencia para sus hijos nunca fueron escuchados, porque la garganta bravía del mar tragándose al balsero desprotegido sigue ahí, ahí, ahí, porque los horrores vividos en la UMAP, en las prisiones políticas, en el destierro desesperado, en las golpizas a personas indefensas, en la represión a las ideas, a la libertad y, en fin, a la vida, aun siguen ahí, como el primer día.
Ahora en el tiempo, con un montón de años vividos aquí y allá, más reflexivo que desquiciado, me doy cuenta que no tengo un momento exacto en el cual empecé a odiar al castrismo, que desde los “cuentos” que hacían los viejos de mi barrio sobre “el tiempo de antes, de la vida que “vivimos” en las becas, en las escuelas al campo, en el servicio militar, de la cantidad de actos políticos en que se convirtió nuestra infancia y juventud, de la caterva de lemas, consignas y cancioncitas guerrilleras que tuvimos que aprendernos, del hambre de tres pares de cojones que pasamos, de los zapatos rotos y avergonzados, de los inventos que hacíamos para lucir “bonitos” y del tiempo perdido en una voluntariedad, en un altruismo y en un sacrificio inocuo, al castrismo lo odié a muerte sin siquiera darme cuenta que lo hacía…
Ricardo Santiago.




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