El odio de los Castro contra los cubanos es una anomalía sangrienta.



Existe otro daño descomunal, otra aberración, otra masacre existencial, otra abominación, otra mariconada virulenta y otro alboroto hormonal de la dictadura de los Castro contra el pueblo de Cuba, de la que muy pocos hablan, tienen conciencia o, siquiera, saben que existe.
Me refiero, específicamente, de cómo fidel castro, en ese diabólico placer que sentía por “estrangular” a los cubanos con cualquier instrumento que estuviera a su alcance, nos apartó y nos prohibió, so pena de ser condenados al ostracismo eterno, de acercarnos al buen arte, a la buena música, a la excelsa literatura y a la modernidad en general que se suscitó en el mundo “civilizado” desde inicios de los 60s del siglo pasado.
Consecuentemente con los horrores que nos impuso el castrismo, esta fue otra política de Estado, prohibir el consumo a los cubanos, menos a ellos, a la élite de esa cochina pandilla, de todo cuanto emergiera de los países capitalistas, fundamentalmente de los Estados Unidos, aunque fuera una simple canción que hablara de dos tontos enamorados, una pieza instrumental de exquisita factura, un artista de voz angelical o la obra de un escritor sin pelos en la lengua y en la mente.
fidel castro siempre supo que toda batalla en el campo de las ideas, en el orden de la espiritualidad y la sublime belleza de las almas creadoras, el castrismo siempre la iba a perder pues una mal sana ideología como esa, una mentira tan burda y un engaño tan escalofriante como es el socialismo de los pueblos pobres y sus tiranos ricos, muy ricos, jamás podrá enfrentarse a los hombres cuando gozan de verdadera libertad para expresar lo que piensan y cómo lo piensan.
Las primeras manifestaciones de esta castrante política dictatorial contra los cubanos fue hacer desaparecer del escenario público, de los anaqueles de venta y, sobre todo, de la memoria del pueblo, a todo aquel artista nacional que manifestara su desacuerdo con la revolución populista y triunfalista de 1959, que abandonara el país por no comulgar con el castrismo y sus lacayos, que se manifestara públicamente contra el socialismo o que se negara a integrarse “al proceso” pues esa era condición sine qua non de todo aquel que quisiera vivir y trabajar en Cuba.
Tengo una experiencia personal muy triste que no olvidaré jamás. En el año 2002 conseguí, en el mercado informal de los CDs “quema’os” de La Habana, un disco de Orlando Contreras. Recuerdo que cuando mi padre lo escuchó rompió a llorar y cuando le pregunté me dijo: “Hacia más de cuarenta años que no oía al cabrón ese…, era uno de mis preferidos en mi juventud”.
Muchos de estos grandes artistas fueron condenados, obligados a cumplir prisión, trabajos forzados y destierro “obligatorio” porque sencillamente se negaron a vestirse de milicianos y hacer el ridículo como vemos hoy a los locutores de la televisión estatal disfrazarse de paramilitares en las fechas señaladas por el castrismo.
Este es un pasaje que la dignidad nacional no debe olvidar para que no se repita y para que se juzgue, en su momento, por tribunales honestos e imparciales, a quienes inventaron esos fascistas métodos de asesinar la espiritualidad y a quienes hoy la siguen esgrimiendo contra Cuba y los cubanos.
Pero hay otra vertiente de este horrible capítulo de la historia nacional y fue cómo fidel castro y su comparsa politiquera de bolcheviques tropicales sacaron a Cuba del circuito internacional de presentación de artistas internacionales que tenían a La Habana como punto obligado en sus giras por todo el mundo.
Para nadie es un secreto que antes de 1959 Cuba era destino de muchos cantantes, músicos, actores, artistas plásticos y creadores en general que llegaban a nuestra Patria a exponer su arte y su trabajo. Nuestro país también estaba muy adelantado en este sentido, algo que no siempre se juzga con total justicia.
fidel castro y su revolución de las botas rusas acabó con esa tradición pues la censura revolucionaria se ensañó con todo aquel artista que no cantara “aquí se queda la clara, la entrañable…”, que no filmara al “excelso líder” en su “batalla diaria” para derrotar al imperialismo o que se negara a pintar a su hermanito, plañidero y segundón, con una flor en una mano, un abanico en la otra y bailando la danza de Tutú corneta.
Con tanto “patriotismo” sofisticado los cubanos no pudimos apreciar en nuestro país, en vivo, a artistas como los Beatles, Michael Jackson, Barbra Streisand o Elton John, por solo citar unos poquísimos ejemplos, que sí hubieran actuado en Cuba de no existir ese oprobioso régimen de indignidad, incultura y criminalidad espiritual.
Continuará…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 111
  •  
  •  
  •  
    111
    Shares

Hoy hace exactamente diez años que salí de Cuba.



Hoy hace exactamente diez años que salí de Cuba hacia el exilio. Lo hice, como he dicho muchas veces, por ahogo, tristeza y un poco de cobardía.
El exilio para los cubanos es meta, es necesidad y es esperanza.
La dictadura, la tiranía, el régimen que impera en mi país, por casi 60 años, ha destrozado las aspiraciones de vida de todo el pueblo con su sistemática represión, su abominable adoctrinamiento, su chantaje emocional al más puro estilo nazi-fascista-stalinista, imponiendo un hambre fría, calculada y repartida de a poquito y en carretones, politizando la sociedad hasta los límites de la indecencia y, lo que es peor, castrando totalmente las libertades individuales de los seres humanos.
El exilio para los cubanos, desgraciadamente, se ha convertido en vida de vivir, en la única forma que hemos encontrado para “respirar” sin ser asfixiados por un sistema diabólico que enrarece el aire y lo vicia de “buches amargos”…
En mi caso fue una decisión muy calculada por muchos motivos, dejaba a mi madre muy enferma. Cuando la abracé por última vez, sentados en aquel muro de la calle Línea, ambos supimos que nunca más nos volveríamos a ver. Ese es un dolor que llevo dentro de mí, en silencio, que me acompaña día tras día y que solo Dios sabe la angustia y el desconsuelo que provocan.
Perdí también a mi Patria física, me la arrebataron, me condenaron a una “salida definitiva” sin la opción de recuperar cuanto había logrado obtener pues me obligaron a entregarlo todo como condición para que me dieran el “visto bueno” y me dejaran montar en aquel avión de la línea aérea propiedad de la dictadura que me supo a nostalgia punzante desde el primer momento.
Me despojaron de todo menos de la memoria. Los gendarmes de la dictadura castrista nunca van a entender que la posesión más importante que tiene un hombre son sus recuerdos, y yo los traje todos conmigo…
Me fui también para que mis hijos tuvieran un futuro diferente al que en Cuba, con la opresión de esa cruel dictadura de los Castro, no encontrarían jamás. Quería, por sobre todas las cosas, que ellos tuvieran la posibilidad de encauzar sus vidas sin ser chantajeados por doctrinas tan fascistas como, para poner un ejemplo, “la Universidad solo para los revolucionarios”.
También, coincidentemente, con este de hoy, publico el artículo número quinientos en mi Blog Por Eso Me Fui De Cuba, un rincón personal, muy personal, mi alter ego valiente y un espacio necesario para recordarme que nunca debo perder el camino de regreso a casa, bueno, a esa casa grande, “alegre y bonita” que me vio nacer y donde viví, sin saberlo, la mayor parte de mi vida.
El exilio es duro, el mío duro y frio, muy frio. El exilio es angustia eterna cuando sabe a destierro porque uno aprende a que la vida que se logra, en estos lugares, la pudimos tener, y mejor, en nuestra Cuba amada, en aquellas calles que pudieron estar repletas de sol, de olor a tamales, de vida, de alegrías, de expectativas, de hombres y mujeres felices, de prosperidad para todos, de esperanzas y de que cada cubano pudiera ser libre para elegir lo que le diera la gana.
Mi Blog Por Eso Me Fui De Cuba me ha devuelto “los olores y los sabores” de mi Patria querida multiplicados en los muchos amigos que me acompañan y que son mejores que yo.
Hoy hace exactamente diez años que salí de Cuba y nunca más he regresado, no he vuelto y es mi culpa…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 326
  •  
  •  
  •  
    326
    Shares

Los hermanos Pinzones, perdón, Castro Espín.



“Los hermanos Pinzones eran unos mari… (neros), que vinieron con Colón que era un viejo…”.
Pues así mismo, como les cuento, este par de parásitos, vividores, chupa-chupas y oportunistas de rancio linaje dictatorial se creen los nuevos “descubridores” de Cuba. Estos hermanos Pinzones, perdón, Castro Espín, se sueñan acompañantes del Gran Almirante genovés en la “alocada” empresa por llegar a las Indias y los muy hijos de puta no pasan de ser siniestros polizontes de un rutero P-1 que cubre el trayecto Vedado-San Agustín. Triste y socialista agonía por la que tiene que pasar el pueblo cubano cuando tiene que trasladarse de un lugar a otro y que no es más que el resultado de la ineficiencia, la incapacidad, la ineptitud y la mediocridad de quien se creyó, por más de 50 años, el gran almirante de todos los cubanos: “¡Almirante, Almirante lo único que tenemos para comer es arroz y una cotorra…”!
Yo estoy casi convencido de que fidel castro se creía eterno. El fulano era tan, pero tan gandío que parece que pensó que eso de la muerte era para los demás porque él estaba apadrinado por el mismísimo señor de las tinieblas y 51 y pa’lante. Me juego lo que sea.
Aunque por un giro lógico del destino “nuestro” Cristóbal Colón de las cochiqueras de Birán tuvo que delegar la responsabilidad de la “conducción” de La Niña, La Pinta y La Santa María en su casi nulo e insulso hermano, dando paso a que fueran los hijos de “Rodrigo de Triana”, es decir, de Raúl Castro, quienes realmente asumieran el protagonismo en el manejo de las naos rumbo al “nuevo mundo”, perdón, al extraño y disparatado concepto de comunismo-familiar-capitalista-militar-de-estado que han implantado en Cubita la bella estos degenerados y desagradables delincuentes.
Pregunto: ¿Existe algún alto oficial, mediano o cualquier miembro del MINFAR o del MININT, que se atreva enfrentarse a Alejandro Castro Espín y decirle que es un militar de mentiritas, un cabo de la guardia siento un tiro, es decir, un hijito de papá, un advenedizo, un enchufado, un botellero y un farsante?
Vuelvo a preguntar: ¿Existe algún funcionario de la dictadura o el partido comunista que sea capaz de decirle a Mariela Castro Espín en su cara que es una mentirosa, una aprovechada, una don nadie, una fresca y una oportunista?
¡Ja, Ja, Ja, qué risa me da!
La única verdad en esta historia sin fin es que el nuevo poder en Cuba está tinto en sangre. Los “vigías” de la dictadura castrista gritan hoy: ¡Tierra, tierra, tierra a la vista!, y se reparten las riquezas de la nación cubana como otrora hicieran los colonizadores de la “isla más hermosa que ojos humanos han visto”. Exterminan al pueblo, lo desangran con sacrificios eternos, cinturones apretados porque la cosa esta mala y a cambio nos venden promesas de un futuro mejor cuando a todas luces, y a la vista pública, repletan sus cofres y los envían al “viejo mundo” igualitico a lo que sus antecesores hicieron con el oro, la plata y las riquezas de los pueblos de América.
Estos advenedizos castristas han destruido a Cuba y la han convertido en un terraplén de desolación, derrumbes, miseria y muerte. Aun así no les parece suficiente y la siguen exprimiendo y estrangulando hasta sacarle el tuétano de los huesos, y para que entiendan lo que digo y no me acusen de exagerado, dramático o “traidor a la Patria” solo hago esta inocente pregunta: ¿Ya los niños en Cuba, después de cumplir los 7 años de edad, tienen la posibilidad de tomarse un vaso de leche, aunque sea uno?
El pueblo cubano con estos sinvergüenzas, explotadores, colonizadores modernos y mensajeros del infierno está condenado eternamente a trabajo forzado, a sucumbir en las canteras y en las minas donde dejan el alma, las aspiraciones y los sueños a cambio de un salario que es, ahora mismo, el más bajo, el más ridículo y el de mayor desproporción en todo el planeta Tierra: ¡Tierra a la vista!
Los hermanos Pinzones, perdón, los hermanos Castro Espín, son los timoneles de las tres, las cuatro, las cinco o las miles de carabelas en que se han convertido las esperanzas del pueblo cubano. Mientras los hombres y las mujeres humildes de nuestro país sufren la crisis más larga y sostenida de la historia contemporánea estos “hijitos de castro” disponen de casas renovadas a to’ meter, de facilidades de vida y de comodidades que son inalcanzables, innombrables e insospechadas para el cubano de a pie.
Por cierto: ¿Se han fijado en el dedito amenazante de estos mari… (neros)?
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 152
  •  
  •  
  •  
    152
    Shares

El “machismo” del dictador Raúl Castro.



La dictadura que hoy preside con todo “honor” Raúl Castro es endemoniadamente machista aunque, por muchos años, muchísimos, la han querido disfrazar con el manto de que en Cuba existe la “igualdad plena de la mujer”.
Pero puras mentiras, la mujer cubana, por muchas razones, se ha convertido en la víctima fundamental de un régimen que ha promovido el desorden, la violencia de género, la falta de respeto, la indolencia y el maltrato físico y espiritual.
Todos deberíamos exigir que se imparta una asignatura en las escuelas, en todos los niveles de enseñanza, con carácter obligatorio, donde los varones aprendan a ser caballeros y las hembras a exigir y valorar la caballerosidad.
Un hombre, genitalmente hablando, no siempre es un caballero, es más no están reñidas las excelsas cualidades de un caballero a los genitales de varón. No todos los homosexuales son “maricones” ni todos los hombres son machos-cabríos con la melena alborota’. Existen homosexuales muy hombres y hombres, “muy varones”, verdaderas ratas de alcantarilla con las piernas flojitas y la lengua suelta cantidad.
La caballerosidad es una condición, una especialidad de la vida mucho más difícil de vencer, como valor humano, que cualquier maestría en física cuántica, matemática aplicada, teoría de la literatura o la de un “intelectual comprometido” que quiere vivir en los marañones de la estancia. La caballerosidad es un nivel superior que sólo se alcanza cuando somos capaces de derrotar la vulgaridad, la indecencia, la apatía, el oportunismo, el machismo, el feminismo y la intolerancia. Así de fácil.
Asusta, estremece, desordena, aterroriza y “acojona” ver la pérdida de los valores más elementales de un caballero en las sociedades contemporáneas, cualquiera, sin importar ideologías, posiciones económicas, filiaciones religiosas y, fundamentalmente, en los malévolos regímenes socialistas donde el pueblo solo se parece al pueblo y quienes los dirigen se dan un “aire” a los hombres más ricos del mundo.
La igualdad entre un hombre y una mujer sólo es real si los hombres somos verdaderos caballeros en nuestro comportamiento, respetuosos de la belleza implícita en cada fémina, considerados de la necesidad de compartir la vida con nuestras compañeras en su justa proporción, amantes amantísimos de todo cuanto emane de ellas y fieles responsables de provocarles felicidad la vida entera.
He aprendido con los años, y los chichones que nos fía la vida, que la primera libertad de los seres humanos se logra cuando somos capaces de entender que el respeto es sinónimo de evolución, crecimiento, libertad y vida.
Es por eso que las dictaduras comunistas promueven la vulgaridad, la violencia, la traición y el machismo en su forma más atroz.
El machismo es a las dictaduras como el paredón de fusilamiento, las cárceles, los desaparecidos, los desterrados y las torturas físicas y mentales a los tiranos, dictadores, edecanes y promotores del socialismo.
Una de las grandes crueldades de las dictaduras comunistas es convertir a las mujeres en practicantes y defensoras de su machismo.
En Cuba, los cubanos, sabemos bastante de eso porque lo vivimos en carne propia.
fidel castro y “sus mujeres fieles y seguidoras”, ideológicamente hablando, se lanzaron a “defender a la mujer cubana” buscando una “igualdad” que cayó en el más estúpido absurdo y en un mortal igualitarismo dentro de una sociedad que nunca dejó de discriminarlas.
Así, según las nuevas “feministas” de la revolución con minúscula, la mujer debía y tenía que participar con los hombres, de tú a tú, hombro con hombro y piernas con piernas, en las tareas de la construcción del socialismo y reventarse el alma, las manos y el cuerpo contra bolsas de cemento, pilas de ladrillos, surcos enormes e infinitos sembrados de caña de azúcar, fusiles fríos y responsables de matar la vida, camiones con cargas inútiles y cuanta mierda pesada existiera para engrandecer la moral socialista y la consolidación de una revolución que no era otra cosa que una dictadura enfilada contra ellas mismas.
Hay mujeres a las que les gusta realizar tareas fuertes y eso es respetable, pasa que una cosa es la elección y otra la obligación. ¿Cuántas mujeres conocimos trabajando en la construcción (micro-brigadas) como la única forma de poder acceder a un mísero y mal hecho apartamento para sus hijos? ¿A cuántas madres vimos agotarse innecesariamente en labores agrícolas para hacer méritos y ganarse el cupón para comprar refrigeradores u otros efectos electrodomésticos necesarios e imprescindibles para sus hijos?
Repito: La mujer cubana es una de las víctimas fundamentales de esa maldita dictadura castrista. La madre cubana es quien mejor entiende del oprobio que nos impuso esa revolución porque carga en sus manos y en su alma el dolor, las angustias, las frustraciones y el hambre de sus hijos.
Quienes quieran entender realmente qué significan TERRORISMO DE ESTADO y GENOCIDIO CONTRA TODO UN PUEBLO que le pregunten a cualquier madre cubana.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 171
  •  
  •  
  •  
    171
    Shares

Las muchas muertes de fidel castro: “El monstruo de Birán”. (II)



De puro milagro fidel castro no ordenó que a su muerte lo embalsamaran y construyeran en la zona de Birán, bien camuflada entre las matas de guao y las enredaderas de flor de peo, una pirámide al estilo de las de Keops, Kefrén o Micerino para que su cuerpo y su alma “descansaran en paz”, por los siglos de los siglos, escondidos entre laberintos, pasadizos, trampas para pendencieros, el hechizo de la momia y, sobre todo, a buen cubierto de quienes, por todo el daño que le causó a Cuba, a los cubanos y a una buena parte del mundo, lo quieren arrastrar, humillar, mearle encima o bailarle sobre sus podridos “recuerdos” la rumba de Papá Montero.
Pero no, según la “nota oficial” leída por su polichinela hermano, por su insulso “brother”, el fulano eligió, o le eligieron, el fuego “purificador” para intentar limpiar esa mezquina vida repleta de virulentos disparates, atropellos, meteduras de pata, monólogos de ordeno y mando, márchame una pizza napolitana y dos refresquitos de esencia, injusticias y excentricidades. Aunque, según he leído, algunos entendidos dicen que esas llamas “calurosas” no fueron más que una premonición del lugar a donde el tipo iría a parar por todas las atrocidades que cometió.
Me pregunta mi amiga la cínica cuánto costaron las exequias fúnebres del Genocida de Birán, porque eso de pasear por todo el país el carromato militar con aquella cajita ridícula, los “honores” militares y el pueblo a todo lo largo y ancho de una carretera repleta de baches, “lloriqueando” porque ese sol no hay quien lo aguante, perdón…, por la “pérdida de nuestro amado líder”, sin trabajar ni producir para la economía del país, debió costarle al erario público nacional sus buenos milloncitos.
Pero bien, a fidel castro debemos y tenemos que “enterrarlo” todos los días, a toda hora y todos los segundos de nuestro tiempo. No importa que el muy degenerado este muerto, achicharrado y “cambolizado” en esa piedra abominable, fea y burlesca que sirve de “santísima-zurda” peregrinación a cuanto mentecato existe en este extraño mundo de proletarios uníos pero con los dólares constantes y sonantes en sus bolsillos pa’ no perder la marchita y el gustico por el desodorante de spray.
Lo cierto es que en torno a la existencia del mayor hijo de puta de la historia de Cuba se han tejido tantos rumores que, hoy por hoy, hasta existe el sádico cuchicheo de que el fulano sigue vivo y lo tienen recluido, a base de agua hervida, puré y compota, en una Quinta en Italia propiedad de la familia Castro-Espín.
Verdad o mentira, a estas alturas de la vida, después que los cubanos hemos sido testigos del tamaño secretismo, la doble moral y las mentiras en torno a la vida de esa pérfida rata, no debe sorprendernos nada, absolutamente nada, que provenga de esa manipuladora dictadura en cuanto al “invencible” se refiere.
Dice también mi amiga la cínica que ella cree que esto puede ser posible porque el tipo se puso tan feo y hablaba tanta mierda en público que a la élite del castrismo no le quedó más remedio que ocultarlo y fingir su muerte para que el pueblo cubano, y el mundo entero, no se burlaran del “Matarratas de Birán”, lo desprestigiaran o, lo que es peor, le cogieran asco.
Y yo, hablando como los locos, le hago esta inocente pregunta al castrismo: ¿Cuál será el verdadero destino que sufrirá el Cambolo de Santa Ifigenia cuando una verdadera democracia se instaure en Cuba?
Lo cierto es que fidel castro entró en La Habana, el 8 de Enero de 1959, con una metralleta de mentiras en una mano, un cuchillo para degollar en la otra, el Manifiesto Comunista en un bolsillo y gritándole a todos los cubanos, a voz en cuello, “quiti moni, bájate los pantalones…”.
El problema mayor fue que muy pocos se dieron cuenta, poquísimos, pues una de las primeras acciones de la “revolución triunfante” fue desatar una cacería de brujas contra todo aquel que le hiciera sombra a la hiena en jefe o a quienes formaban su camada más cercana.
fidel castro en realidad entró en La Habana, en aquella fatídica fecha, asesinando, traicionando, manipulando y esparciendo por toda nuestra Patria una muerte silenciosa, tapiñada, camuflada y disfrazada de una revolución social que decía encabezar y que le devolvería a Cuba la democracia, la Constitución de 1940 y el volver a ser un Estado de derechos.
Yo siempre he dicho que esta fue la primera muerte de fidel castro. El tipo empezó a morirse desde el primer día en que se erigió, él solito, Faraón de los Potreros de Birán contando con que sus mentiras nunca iban a ser descubiertas…
Continuará…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 190
  •  
  •  
  •  
    190
    Shares

Al pan, pan, al picadillo, picadillo y a la dictadura, dictadura…



Muchas personas en el mundo piensan, y dicen, que al final los cubanos tenemos lo que nos merecemos porque somos nosotros los únicos responsables de que el castrismo se haya mantenido en el poder por casi 60 años.
Y, hasta cierto punto, eso es innegable, esas personas no dejan de tener gran parte de la razón.
Pasa que la verdad sobre Cuba, la dictadura castrista, fidel castro, su incompetente hermano, los botines de Mariela y el pueblo cubano, son de los temas más difíciles de entender porque, en primer lugar, para acercarse a una parte de esa realidad y hacerla algo comprensible, hay que haber nacido allí, vivido allí, comido allí, crecido allí, estudiado allí y soñado allí.
En mi caso personal, para poner un ejemplo, mientras viví en Cuba se mezclaron en mí cuatro ingredientes letales que impiden que cualquier individuo sea capaz de luchar por su libertad en un país dominado por una tiranía: El miedo, la inercia, la apatía y el conformismo.
Lo reconozco públicamente.
No voy a entrar en justificaciones de víctima confundida ni en guaperías baratas de “revolucionarios” arrepentidos, lo más importante que puedo decir es que cualquier individuo que lleve sobre sus hombros una carga tan pesada jamás podrá lograr enfrentarse a un régimen que lo domina, lo explota, lo esclaviza y lo mata.
Yo recuerdo que en nuestro seno familiar había dos frases, casi sagradas, que nos inculcaban nuestros padres a la hora de soltarnos a la vida: “No te metas en problemas políticos y lo que hablamos aquí del gobierno no se repite en la calle ni delante de nadie…”
En una sociedad, cualquiera que sea, donde el individuo se convierte en su propio represor, quienes la controlan tienen el noventa por ciento de la batalla ganada. En Cuba esto es lo que básicamente ha sucedido, el cubano se transformó en policía de sí mismo y en gendarme inconsciente de una dictadura mal sana, criminal y buche amargo que nos caló hasta los huesos y nos puso a pedir el último, por casi 60 años, en la cola del pan con pasta y la guachipupa de fresa.
La vida en Cuba, para los cubanos del pueblo, se convirtió en un purgante revolucionario. Las doctrinas del Maestro fueron manipuladas por un “piquete” de oportunistas y desquiciados sinvergüenzas que tergiversaron la más pura nobleza del espíritu humano y nos impusieron el oscurantismo de una ideología que, en esencia, promociona la improductividad, la vagancia, la delación, la vulgaridad, el oportunismo, el chovinismo, la envidia, la traición y la lucha dentro de la misma clase.
Las escuelas en Cuba, desde los primeros cursos de la instrucción académica, se convirtieron en centros de adoctrinamiento castrista y de lavado de cerebro a favor de un hombre que, sin ninguna trascendencia histórica, a la altura de un Martí, un Gómez o un Maceo, pasó a convertirse en el “farolito rojo” de la patria al cual los cubanos teníamos que reverenciar, adorar y obedecer.
La ley primera de la “revolución” pasó a ser que quien no fuera revolucionario era un enemigo del pueblo y por tanto había que erradicarlo, acallarlo, desaparecerlo y hostigarlo porque en Cuba, tierra socialista patria de fidel, la calle era solo para los revolucionarios.
Subliminarmente el castrismo convirtió a la nación cubana en un campo de concentración para el espíritu de la libertad. Cientos de miles de hombres y mujeres fueron asesinados, fusilados, encarcelados, desaparecidos o desterrados por el mero hecho de no aceptar la imposición de un partido único, una constitución prostituida, un sistema de leyes arbitrario, un ególatra hablador de porquerías y un régimen antidemocrático, tiránico y dictatorial.
Adjunto a ese estado de terror, chantaje y muerte la dictadura de fidel castro implementó para los cubanos un plan de racionamiento alimentario, de escasez y desabastecimiento continuado, de necesidades elementales sin solución, de una burocracia insolvente y, lo peor de todo, de un enemigo fantasmagórico que nos acechaba constantemente y que era el único causante de todas nuestras desgracias.
¡Ay de quien no lo creyera así!
Con esos truenos los cubanos nos auto sumergimos en la lucha por la supervivencia. La aspiración a ser libres o a luchar por los más elementales derechos humanos dejó de existir porque nos pasábamos la vida cavando trincheras de piedras y de “ideas”, desyerbando surcos interminables, construyendo hoteles que nunca íbamos a poder disfrutar, marchando como comemierdas hacia un ideal, gritando que se vaya la escoria o aplaudiendo las sandeces y las bravuconadas del hombre que mas desgracias le provocó a los cubanos.
Lo del pan y el picadillo es otra historia.
Continuará…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 237
  •  
  •  
  •  
    237
    Shares

El horror de la familia cubana, víctima principal del genocidio castrista.



La familia es el componente de la sociedad en Cuba que más ha sufrido los embates de la mediocridad, la represión, la intolerancia, la escasez, el racionamiento material y espiritual, la incompetencia y el abandono de ese engendro “polichinela” que es la maquinaria dictatorial castro-comunista.
Para empezar, en Cuba, después del 1 de Enero de 1959, no existe el famoso “nido vacío”, más bien todo lo contrario. fidel castro, con su exacerbado “populismo” anti-popular de la “reforma urbana”, condenó a la familia cubana al hacinamiento, a la promiscuidad, al deterioro, a la desgracia y a las riñas familiares, socavando así la libertad espiritual y física de los seres humanos para experimentar la necesaria independencia una vez alcanzada la mayoría de edad o: “quien se casa, casa quiere…”.
Los cubanos convivimos hasta tres y cuatro generaciones en una misma casa. Es una realidad. El déficit habitacional en la isla, el deterioro progresivo de las edificaciones existentes, la falta de planes eficaces para la construcción de nuevas viviendas y la incompetencia de la dictadura y sus Instituciones, para solucionar este vital y sensible tema, han provocado que Cuba esté entre los países del mundo donde las personas vivan más “apretujadas” por metro cuadrado. Una vergüenza terrible e innecesaria.
Dice mi amiga la cínica que esta es también otra forma de controlar al pueblo y mantenerlo ocupado para que no “pensemos en grande”, el hambre y la falta de un techo son la ecuación perfecta para dominar y subyugar a una persona y mantenerla medio desquiciada la mayor parte del tiempo.
Para los cubanos la familia es sagrada. La madre más. Los hijos ni hablar.
Pero estos degenerados castro-comunistas se han “cagado” literalmente, y me perdonan la expresión, en todos nuestros valores como nación y han intentado convertirnos en seres desprovistos de amor filial e incidieron, desde el inicio del golpe de estado de la pandilla castrista, en la separación de la familia como forma de adoctrinar o controlar al pueblo cubano.
Mi familia es mi familia…, siempre les oí decir a los viejos de mi barrio: “Si te metes con mi familia te metes conmigo…”.
Muchas fueron las formas utilizadas por la tiranía de los Castro para mantener dividida a la familia cubana: Las movilizaciones militares, los improductivos “planes de producción agrícolas”, los ineficaces “planes de construcción de viviendas, industrias y para el turismo”, las escuelas al y en el campo, las misiones internacionalistas y lo peor: La represión, la miseria, la insolvencia, el excesivo control, el totalitarismo, la falta de libertades y el mismo apellido en el poder que son los máximos responsables de que más de tres millones de cubanos vivamos hoy en el exilio: “me voy con mi música a otra parte…”.
La separación de la familia por los planes militaristas y disparatados de fidel castro, desde la movilización de todos para “defender al país”, por su incompetente actuación cuando puso el mundo al borde de una guerra nuclear en 1962, hasta las ridículas maniobras militares “Bastión” de su inútil hermano, porque no existen amenazas reales para Cuba de ningún tipo, son muestras de que ese invento de la “guerra de todo el pueblo” ha sido una de las causas más terribles en la separación de padres e hijos, esposos, hermanos y etc., etc., etc.
En los primeros 30 años de este maldito régimen todo aquel que se iba al exilio perdía, por ley dictatorial, los vínculos con la familia que dejaba en Cuba. La causa fundamental era que quienes quedaban en la Isla eran obligados a repudiar al “apátrida cobarde” por sumarse a las filas del enemigo. Los “revolucionarios” no podíamos tener relaciones con quienes abandonaban la Patria y quienes lo hicieran eran expulsados de sus Centros de Trabajo o estudios, además de quedar marcados como escoria o gusanera imperialista. Terrible pero cierto.
¿Cuántas historias hemos oído de familiares muy cercanos que no pudieron hablarse por más de 20 años?
La destrucción de la familia cubana fue una estrategia de Estado, implementada por el régimen castrista, para controlar al pueblo cubano.
fidel castro dividió, separó, desintegró y calumnió a la familia cubana como le dio su real gana, otro crimen por el que el castrismo tendrá que rendir cuentas y algo que no debemos olvidar los cubanos para que nunca más se repita. Porque no existe ley, ni divina ni humana, que prohíba que el día que queramos abrazar a nuestra madre, hijos, hermanos y amigos, con independencia de cómo piensen o el lugar donde vivan, podamos hacerlo porque, sencillamente: “Mi familia es mi familia…”.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 164
  •  
  •  
  •  
    164
    Shares

El Cambolo de Santa Ifigenia es el mejor lugar para que orinen los perros.



Cuando yo me muera, “sin patria pero sin amo”, porque no será en la Cuba castrista, aunque no pierdo las esperanzas de ver a mi Patria libre de esa plaga, quiero que mis cenizas sean esparcidas en espacios legales y que no contaminen ni el medio ambiente ni a personas que no tengan ni hayan tenido que ver algo conmigo. Me parece lo justo. Joder en vida ya es demasiado fuerte como para también hacerlo cuando estemos hechos polvo o a dos metros bajo tierra.
Yo soy fan de los bolerones “del tiempo de antes”, me van esas historias de mujeres ingratas y hombres medio flojones que lloran por los rincones sin saber qué hacer ante el amor perdido, la traición o la esperanza…, esa es la pura verdad.
Y digo esto porque en la vida real creo que siempre estamos sufriendo un pedazo del tiempo por algo, o por alguien, y no hay nada como las canciones de la Guillot, de Vicentico Valdés, de Orlando Contreras o de Panchito Riset para estrujarnos el alma, la vergüenza y salvarnos de morir de tristeza.
Yo sufro todos los días por Cuba. Por el lugar donde nací y las historias que protagonicé o que me tocaron de cerca, por las calles que deambulé acompañado o solo, por no sentir ese sol, esa luz y los colores que no he vuelto a ver en ninguna otra parte del mundo. Sufro también por el mar “playero” y el diente de perro de mi juventud, por los tamales que no he vuelto a comer y, sobre todo, por personas que conocí y quise mucho y otras que sencillamente me ayudaron a armar este engendro protestón en que me he convertido con el paso del tiempo.
Porque al final para mí todo eso es la Patria, mi Patria. Sin entrar en complicaciones filosóficas, ni poéticas, ni nacionalistas y mucho menos chovinistas, amo a Cuba porque no existe otro lugar en este mundo donde yo haya vivido las pasiones, los desatinos y los horrores que tuve en la tierra donde nací, así de sencillo.
La Patria no se grita, a la Patria se le habla bajito, de cerquita y con palabras sin olvido.
He dicho todo esto para que algunas personas entiendan que YO NO HABLO MIERDA DE CUBA, que jamás lo haría, Dios me perdone. Mi “discurso” es, y que se entienda de una vez por todas, contra la tiranía de los Castro, sus edecanes, sus políticas dictatoriales, su ejército de guatacones, chivatos y, sobre todo, contra esa pérfida ideología que le dicen castro-comunismo.
Contra esos tipejos y su revolución de conveniencia no me cansaré de escribir nunca, no hay nada que pueda callarme, he decidido por convicción, por la memoria de mi madre y de mi padre, no descansar ni un solo día, no dejar de hacerlo “hasta que la muerte nos separe”. Es mi segundo trabajo, con el primero alimento a mi familia y con este a mi espíritu, a mi alma, a mis recuerdos y a la idea de que Cuba regrese al camino de la democracia y del progreso para todos los cubanos.
Porque no podemos dejar de enfrentarnos a la mal sanidad del castrismo, no debemos permitir que esos bandidos sigan actuando como los dueños de Cuba, como los amos de los cubanos, pudriendo un país que era una tacita de oro y que se ha convertido en una finca improductiva donde funcionan más los caprichos de una élite que la razón de todo un pueblo.
Fíjense si es así que fidel castro, en su infinita prepotencia, tuvo el descaro hasta de elegir el lugar donde quiso pasar “la eternidad”. Dispuso en vida de Cuba y vigila en muerte a los cubanos como si fuéramos una extensión de sus “posesiones”, como si la tierra que nos va a tragar a todos le perteneciera y le aprobara sus ridículas payasadas, sus perfidias y sus incoherentes decisiones.
El resto de los cubanos tienen que joderse, cada uno pa’l hueco que le toque y sin derecho a protestar, porque en Cuba morirse, para el cubano humilde, es también una salación, un martirio y un corre-corre.
Vuelvo y repito: El patriotismo es un sentimiento personal, cada hombre y mujer lo lleva en el alma como le da la gana, lo adora o lo estruja a su antojo y nadie tiene derecho a juzgarlo, no está ceñido a consignas patrioteras ni a lemas oportunistas dichos para satisfacer al sátrapa, al bandido y, en definitiva, a quien fuera el menos patriota y cubano de todos nosotros.
Tenemos que llevar los perros a mear en el Cambolo de Santa Ifigenia y, de paso, hacerlo nosotros también.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 225
  •  
  •  
  •  
    225
    Shares

Una confesión personal, lo siento por quienes se sientan ofendidos.



En esta vida que vivo, para lograr algo que me he propuesto, por suerte o por desgracia, siempre he tenido que tomar el camino más largo. En todo. Nunca he obtenido nada, absolutamente nada, con extrema facilidad.
Nacer y vivir en Cuba, después del 1 de Enero de 1959, fue para muchos de nosotros, yo digo que para la inmensa mayoría de los cubanos, un entrenamiento compulsivo a esa parte de la vida donde todo está prohibido, sancionado, vigilado, racionado, manipulado y donde se hace bien difícil llenar un espacio, “un breve espacio”, con algo de realización individual.
El problema fundamental de nuestra gran involución como nación nació precisamente con el desafortunado disparate del colectivismo social, de la chusmeria ideológica, de la masividad como tumulto, de la pérdida total de la espiritualidad y, entre otros disparates más, a la sumisión total a un pensamiento maquiavélico profesado por un sujeto que era un narcisista consumado, un mentiroso desfachatado, un incompetente desmesurado y un insuficiente desproporcionado.
Pasa que nos sumergimos o nos sumergieron tanto en la “ideología” de ese régimen mentiroso y embaucador que, sin darnos cuenta, nos fuimos transformando en un pueblo que cambió, so pretexto de “vencer” a un supuesto enemigo imperialista, las buenaventuras del progreso económico y el desarrollo social por el chovinismo patriotero, la improductividad nacional, el retroceso moral y las lavativas culeras de los venceremos o muerte.
Al final ni ganamos, ni vencimos a nadie y el hambre nacional ya va a cumplir 60 años.
Yo no creo que alguien con algo de sentido común se atreva a refutar cuanto digo. La Cuba que liberaron los mambises, que se erigió en democracia durante más de 50 años, con sus aciertos y desaciertos, como es lógico en cualquier sociedad que evoluciona, que fue la admiración de millones de personas en este mundo, que era destino de quienes querían prosperar y obligada referencia en toda una región, se vio empañada, estrangulada, empobrecida, borrada, destrozada y desaparecida por una pandilla de facinerosos que la exprime y la asfixia con la justificación de que lo hace por el bien de todos nosotros.
¡Malditos hijos de puta castristas!
De una nación que abría sus brazos para recibir inmigrantes de todas las nacionalidades nos transformamos en el mayor país, en toda la historia de la humanidad, que exporta a sus habitantes con la condición más terrible de todas, la de exiliados políticos.
Pero el exilio se nos hizo vulnerable y también se convirtió en la codicia del castro-comunismo. Los tentáculos de esa maquinaria infernal se abalanzaron con fiereza sobre quienes escapamos de esa ideología y nos inundaron con sus lacayos, sus represores, sus plañideras revolucionarias y sus amantes seducidas que buscan, con sus traiciones y delaciones, la anuencia de sus amos castristas para atiborrar el medallero de sus podridas almas.
Y no nos podemos engañar. Los gendarmes de la dictadura castrista en el exilio, en todo el exilio, hacen, de muchas maneras, peligrar nuestras vidas y convierten nuestros entornos en un campo de batalla silencioso donde la bestia, herida de muerte, acecha para clavar su ponzoña fétida y letal sobre la libertad y la democracia que tanto nos ha costado obtener.
Aun así, en medio de esta guerra horrible y desproporcionada, muchos nos hemos propuesto denunciar la maldad de un régimen dictatorial que tiene subyugada la esperanza de millones de cubanos, que no escatima esfuerzos en su brutal represión y que no se mide, porque se siente protegido por la opinión internacional, en limitar los derechos individuales, genuinos e inviolables de todo un pueblo.
En mi caso personal hagan cuanto hagan no me van a callar, no me van a amedrentar y no me van a limitar. Decidí asumir esta responsabilidad como cubano, como hombre, como padre, pero, fundamentalmente, como ser humano. Mientras tenga razón seguiré denunciando con “perseverancia”, como dice mi amiga Bárbara, a quienes provocan de muchas maneras dolor y sufrimiento al pueblo cubano, ya se ha convertido en una necesidad, en una obligación y en un deber.
Mientras tanto para protegerme, porque con estas alimañas no se puede andar a pecho descubierto, notifico constantemente a mi abogado de todas mis actividades, de las cosas que escribo y publico en mi Blog Por Eso Me Fui De Cuba y en mi “querido” Facebook, de cada una de las amenazas y ataques que recibo y que si algo “extraño” me pasa a mí, a mi familia o a alguna de mis propiedades, acuso directamente a la bestia castrista de daños, perjuicios o de cualquier “dolor”.
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 163
  •  
  •  
  •  
    163
    Shares

La desgracia de los cubanos y el pan triste de cada día…



Un pan decente, responsable y “comible” no es sólo un masacote de harina de trigo horneado a la buena de Dios o por expertas manos, es, esencialmente, una de las conquistas más importantes, sagradas y responsables del ser humano a través de la historia.
Yo digo que son tres los grandes inventos de la humanidad: el papel higiénico, la televisión y el pan.
Pasa que en Cuba estos tres “inventos”, después del 1 de Enero de 1959, se convirtieron en el patíbulo, la soga y el “empujoncito” del pueblo cubano. El papel higiénico porque no aparece ni en los centros espirituales, la televisión porque es pura porquería y propaganda ideológica a favor del régimen y el pan, bueno, el pan, porque es el amargo mascón nuestro de cada día.
Pero, en una sociedad que funcione correctamente, el pan es vida y es dignidad. Un hombre que siempre tiene un pedazo de pan para alimentar a su familia es un hombre casi feliz. Un hombre que carga en sus manos de trabajador honesto el pan para sus hijos tiene la bendición del Todopoderoso y duerme tranquilo y sin sobresaltos.
En Cuba los comunistas también acabaron con el pan… bueno, si acabaron con la Quinta y con los mangos cómo no iban a destrozar también el alimento más importante del hombre.
La vida ha demostrado que donde estos sujetos ponen sus manos se restan para siempre “los panes y los peces”.
Me contaba mi madre que antes de que fidel castro diera su golpe de estado “legal”, reconocido, aplaudido y bendecido por una buena parte de la opinión pública nacional e internacional, los cubanos consumían muy buen pan y en varias formas, colores y sabores. Había para escoger y para todos los gustos y bolsillos. Dicen que los mejores panes de La Habana los vendían en la esquina de Toyo y en 12 y 23 en el Vedado.
Después “que llegó fidel” el pan en Cuba se fue desflecando a la par que la vida de los cubanos. Yo recuerdo que de muchacho, estoy hablando de los 60s, los 70s y parte de los 80s del siglo pasado, la variedad de pan que nos vendían era exigua, si la memoria no me falla estaban el pan de flauta que costaba 0.15 centavos, el pan de molde que valía 0.20 centavos y muy esporádicamente el pan de gloria y el palitroque, de estos no recuerdo los precios.
Pero llegaron los años 90s y la caña se puso a tres trozos, mejor dicho, el pan por la libreta y a uno por persona. ¡Dios mío qué hambre pasé! Lo peor de la crisis del “periodo especial” fue “descubrir” que en Cuba, después de tanto bla, bla, bla del Conquistador de los Potreros de Birán, no se producía ni carajo, que dependíamos hasta para lo mínimo del “campo socialista” y que todo lo que habíamos “avanzado”, y por lo que tanto nos habíamos sacrificado generaciones enteras de cubanos, era pura mentira y en realidad estábamos enganchados a la teta de terceros, de cuartos y de quintos.
Los castro-comunistas, entre su necedad infinita, la improductividad generalizada y la mediocridad del altruismo socialista, se habían “almorzado” gratuitamente a la Patria con todos sus recursos económicos, las ayudas internacionales y nos habían sumido en la miseria más absoluta, en los “inventos gastronómicos” para intentar engañar los alborotos estomacales y las colas para comprar el mal confeccionado, horneado, “amargo” y miserable pan de la libreta, uno por persona al día.
Por supuesto que la dictadura castrista culpó a los americanos por este “despan”.
Yo fui uno de los tantos, tantísimos cubanos, que nos levantábamos temprano para ir a hacer la cola del pan y “alcanzar” antes de que se acabara la primera “horneada”.
Que me perdonen los “patriotas” pero cuando lograba comprarlo, en medio de la molotera y el empuja-empuja, siempre tuve la sensación de estar viviendo la vida de aquellas jóvenes konsomolas: Milenka, Sasha, Valentina, Olga o Sashenka, cortando aquel pan redondo y negro del cine soviético para ponerlo en la bolsita del valiente soldado que marchaba a la Gran Guerra Patria. No sé por qué.
A decir verdad “La Gran Guerra Patria” fue el hambre que pasamos los cubanos por culpa de la incapacidad, el descaro y la anormalidad administrativa de fidel castro. El pan nuestro de cada día se convirtió en la supervivencia triste de cada día aunque, para ser justo, yo muy pocas veces lo probé porque prefería dejárselo a mis hijos para la merienda de la escuela…
Ricardo Santiago.



Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 139
  •  
  •  
  •  
    139
    Shares