La censura del castrismo y los “bloqueos” de Facebook.




Es terrible pero es cierto. Los individuos que asumen la “filosofía” castrista como “proyecto de vida” llevan implícita en su conducta, entre otras muchas actitudes, la asquerosa “responsabilidad” de denunciar, informar, elevar a sus superiores, rendir partes sobre otros, pasar notas sobre segundos y terceros, chivatear a cualquiera, soplar tubos o lo que sea, lengüetear con habilidad mezquina y “trompetear” con un sonido mucho más chillón que el de una trompetica china.
Según los mamotretos oficialistas del castrismo no se concibe a un verdadero revolucionario, a un excelso militante, a un aguerrido soldado de la patria socialista, a un bolchevique trasplantado, a un fidelista por siempre o a un comunista de las “comunas” del matorral, que no tenga en su haber al menos una víctima por un chivatazo propio, por una confesión a puertas cerradas, por una cartica “inocente” y anónima o por una terrible delación hasta con peligro para la vida del denunciado.
El castrismo sabe que ha perdido la batalla en todos los frentes. Agoniza. El creciente descontento popular en Cuba solo es “controlado” por una represión que no tiene límites, que no se mide ni mide las consecuencias porque sabe que, increíblemente, aun goza de cierta aprobación, nadie entiende los motivos, de una parte de la opinión pública internacional.
De ahí que sigan “gozando la papeleta”, son tan prepotentes, tan “castigadores”, tan engreídos y tan hinchados de… que no quieren entender que el final les ha llegado porque esa mentira, ese desastre o esa miseria ya no hay forma humana de sostenerla.
El castrismo usa la censura como un cañón y a sus ejecutores como proyectiles. Disparan a mansalva contra todo lo que sea diferente, contra lo distinto y contra cualquier idea que intente siquiera sugerir, dejar caer, susurrar o insinuar que la mezcla entre el rojo y el negro (26 de Julio) siempre ha sido el color de la mierda.
Triste oficio el de estos captores de lo ajeno que, borrador en mano, andan por la vida taponeando una realidad que ya no puede esconder ni la madre que los parió, que se les ha escapado porque está a la vista de todos y solo no la “quieren” ver aquellos que, por temor, oportunismo o conveniencia, persisten en disfrazar esa vergüenza de socialismo, de revolución y de yo soy Fidel.
Facebook es otra víctima de la impotencia, de la terquedad, de la incongruencia, de la ceguera, de la insensatez y de la fetidez del castrismo.
Facebook usa algoritmos para protegerse de ciertas “publicaciones” que son indecentes o perjudiciales y se vale de los propios usuarios que denuncian estas desagradables y ofensivas imágenes o comentarios para bloquearlos.
Mucho tardó el castrismo en descubrir este recurso con el cual “censurar” en las redes sociales. Armado de un “poderoso” ejército que les ha dado por llamar los ciber-guerrilleros del pan con tomate, y es incuestionable porque mantenerlo no les cuesta un centavo, se dedican a perseguir, fustigar, denunciar y bloquear a cuanto mensajero de la libertad les espeta las verdades en la cara. Podemos asegurar que las redes sociales están hoy atravesando un “quinquenio gris” de la mano de los “denunciantes” del castrismo.
Es cierto, es muy difícil, la composición de esta ciber-guerrilla “mecánica” es enorme, está integrada por todos los “revolucionarios” en Cuba con acceso a Internet, más los “internacionalistas” en cada uno de los países donde trabajan y hasta por los “exiliados tristes” que, desde sus vidas en el capitalismo, mueren de melancolía porque la verdad sobre Cuba, que vuela libremente en los países donde residen, se sienten trastornados porque solo entienden como válidas las porquerías que “su revolución” les inoculó en el cerebro.
Entonces la fórmula es simple. Cualquier idea nuestra, comentario, artículo, crónica o imagen que publiquemos se enfrentará, así de simple, a cientos de miles de denuncias provenientes de una muy bien engrasada maquinaria que tiene como objetivo, como cobarde objetivo, como confesa y única misión, tapar el sol con un de’o.
Aun así no nos ganan.
Ricardo Santiago.




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El castrismo es un virus que ataca el cerebro y “desecha en menudos pedazos”.




La tragedia más terrible, espeluznante, horrorosa y espantosa que sufrimos los cubanos es que el castrismo no es una enfermedad que se cura tomando una medicina y ya, no, el castrismo es una maldición que se ha apoderado de nuestra Patria, que se nos ha metido hasta el tuétano y que no nos quiere soltar aun cuando es muy evidente, demasiado gráfica, vista hace fe, la destrucción que ha provocado y que continua infringiendo en la vida de los cubanos, en Cuba y en buena parte del mundo también.
El castrismo es un mal tan desagradable y persistente que en estos 58 años de agonía no hemos podido, de ninguna manera, quitárnoslo de encima.
El castrismo ha devenido en la mayor catástrofe, incluyendo las naturales, que ha sufrido el pueblo cubano, y Cuba como nación, desde 1492, cuando el Almirante Cristóbal puso sus intrépidos pies en una de nuestras hermosas playas, de arena fina, hasta el sol de hoy en que la pandilla de los “comandantes” de Birán tienen el poder secuestrado, ultrajado, mordido y masticado con el cuento de que “tumbaron a Batista” para restablecer la democracia en Cuba.
Y la verdad histórica es que a Batista lo tumbaron los americanos cuando le retiraron el apoyo “incondicional”, o alguien aun se cree la “fabula guerrillera” de los barbudos alzados, o alzados barbudos, da igual, los piojos se los estaban comiendo vivos, “rompiendo montes y ciudades y cambiando el curso de los ríos”.
En toda la historia de la humanidad ningún grupo de insurgentes mal armados, mal comidos, mal hablados, mal pensados y mal bañados ha podido derrotar a un Ejército Constitucional si es que este último no lo permite.
¡A otros con ese cuento!
El tema es que esta ha sido la mayor mentira inventada y sostenida por la historiografía oficialista castrista para inculcar en el pueblo cubano la imagen grandilocuente de la invencibilidad de Fidel Castro y de su revolución de rotundos disparates.
Lo que nunca estos mercaderes de la vida pasada se atreverán a decir es la cantidad de traiciones, mentiras, estafas, malversaciones y tergiversaciones de la realidad que han tenido que “documentar” para crear y mantener el mito del “rubí, las cinco palmas y una estrella”.
Y es que el sufrimiento de estos 58 años de castrismo supera con creces todo lo vivido en los más de 450 años que antecedieron la llegada al poder en Cuba de estos pichones de ñángaras con collares, crucifijos y con ideología trastocada.
Los cubanos, como una película repetida, también hemos visto, después del 1 de Enero de 1959, el exterminio de la raza casi igual al que provocó la conquista española, los azotes, el cepo, los barracones y la esclavitud, de la época colonial, cuando decidimos en masa seguir y apoyar las mentiras de Castro, las tiranías y los tiranos de nuestro corto período republicano pero encarnados en un solo apellido y, todo eso, sin que el país gozara, aunque fuera solo un año, de alguna prosperidad o solvencia económica igualitico a, por ejemplo, 1957.
¿Cuántas generaciones de cubanos han vivido racionadas, controladas y desabastecidas comiendo las porquerías más indecentes que ojos humanos han visto?
No quiero mencionar ni criticar los “manjares” de la revolución por decencia, respeto a los hermanos que siguen allí, vergüenza y un asco que todavía hoy me retuerce las tripas de solo pensarlo.
El castrismo llegó a Cuba como una pandemia secreta, como un gas toxico, muy toxico, como una fiebre contagiosa que fue pasando de cuerpo en cuerpo sin que nadie pudiera notarlo, advertirlo, como un brote diarreico que la mayoría achacaba a un alimento mal elaborado y como una plaga invisible que lo fue engullendo todo, absolutamente todo, primero a dentelladas cortas, buches amargos, mordiscos desesperados y tragos interminables hasta succionar las ideas de los hombres, devorar el aire que respiro, apagar la luz “que me ilumina”, desvencijar la naturaleza del verde retoño y devorar la vida de los cubanos completica, completica.
Continuará…
Ricardo Santiago.




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¿Quién cree el cuento de la revolución buena y el imperialismo malo?




¿Quién quiere visitar la tierra donde nació?
¿Quién quiere caminar de grande las calles que “subió” y “bajó” de chiquito?
¿Quién quiere reencontrarse con el barrio de toda la vida?
¿Quién quiere abrazar a los vecinos y amigos queridos?
¿Quién quiere sentir ese sol que raja las piedras?
¿A quién no le gustaría empaparse con un buen aguacero de Mayo?
¿Quién quiere volver a respirar el olor a mar que tanto refrescó nuestras noches a “oscuras”?
¿Quién quiere tomarse una cerveza bien fría hecha en Cuba?
¿A quién no le gustaría comerse un “machito” asa’o en púa en el patio con la familia?
¿Quién quiere visitar la Iglesia donde hicimos nuestras primeras promesas?
¿Quién quiere volver a ver pasar la mujer de Antonio?
¿Quién quiere “rumiar” por un segundo la vida vivida?
¿Quién quiere gritar?
¿Quién quiere abrazar, besar y estrechar manos casi que con desesperación?
¿Quién ha visto a mi amiga la cínica?
¿Quién quiere visitar la madrina o el padrino de nuestras “desesperaciones” cubanas?
¿Quién quiere comerse un durofrío de la Gallega?
¿Quién quiere pararse frente a la escuela donde estudió?
¿Quién quiere “embarrarse” comiéndose unos buenos mangos?
¿Quiénes quisieran volver a comer los tamalitos de Olga?
¿Quién quiere encontrarse con el primer amor pa’ ver si esta mejor que uno?
¿Quién quiere tomarse un “buche” con los socios del barrio en la esquina?
¿Quién quiere estar a solas unos minutos recordando la vida que vivimos?
¿Quién quiere llorar?
¿Quién sabe cuál es el mejor remedio pa’ matar los piojos?
¿Quién bailaría hasta el cansancio con el Órgano Oriental?
¿Quién quiere ponerle flores y el alma a sus muertos?
¿Quién quiere ayudar a los amigos queridos?
¿Quién se muere de nostalgia?
¿Quién se comería un tentempié y seguiría “echando”?
¿Quién ama hasta la locura el pedazo de Cuba que lleva dentro?
¿Quién quiere ver a todos los cubanos felices?
¿Quién quiere ir y encontrarse un país próspero, lleno de oportunidades y de soluciones?
¿Quién quiere una verdadera democracia en Cuba?
¿Quién quiere poder entrar y salir de su propio país sin tantos permisos y autorizaciones?
¿Quién quiere una sociedad donde no exista la vigilancia pa’ “vigilar?
¿Quién quiere un país donde no se reprima o se discrimine a las personas por tener ideas diferentes?
¿Quién quiere un país solo con pañoletas?
¿Quién quiere probar algo diferente para nuestra Cuba?
¿Quién quiere un país donde el trabajador reciba un salario justo?
¿Quién quiere que los niños cubanos solo tomen leche hasta los siete años?
¿Quién quiere ir a desfilar, ni participar en mítines de repudio ni ser comunista?
¿Quién realmente quiere ser como el Che?
¿Quién cree en el socialismo?
¿Quién sigue creyendo el cuento de la revolución buena y el imperialismo malo?
¿Quién quiere una libreta de abastecimiento?
¿Quién sabe lo que es la cobardía política?
¿Quiénes son Fidel?
¿Quién cree en la dictadura de los Castro?
¿Quién va a levantar la mano por unanimidad?
¿Quién quiere a Cuba libre de esa maldita tiranía?
Ricardo Santiago.



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El castrismo es un cadáver putrefacto que hiede, infecta y mata.




Es cierto, la revolución castrista, la que inventaron los Castro en Cuba, la que vistieron de socialismo para camuflar sus malas intenciones, la que dijeron que era para los humildes y así disimular sus propósitos dictatoriales, la que nos vendieron como del pueblo cuando no es más que una vulgar y descarada tiranía, esa, esa porquería de proyecto social, esa misma, esa que tanto defienden algunos incautos en pleno Siglo XXI, agoniza, se hunde, se desfleca, se “desmerenga” y se pudre.
De nada les vale que se jalen los pelos esa partí’a de tambucheros ideológicos, que griten histéricamente, que se arañen, que se rasguen las ropas, que se quiten los zapatos, fú, fú qué peste, que jimiqueen, que mami qué dolor, qué dolor qué pena, lo cierto es que el castrismo tiene sus días contados, uno, dos, tres…, zas, zas, zas…, sanseacabó.
Y es que estamos asistiendo al pataleteo continuado de una dictadura que quiere, a toda costa, “sobrevivir” a la destrucción que ellos mismos han creado, sí, así, como quien no quiere las cosas, como si ellos fueran las víctimas de este cuento interminable o como si no fueran los únicos causantes de la destrucción que sufren Cuba y los cubanos.
Los Castro, máximos responsables de la debacle de toda una nación, aunque no los únicos, se prostituyen desesperadamente al mejor postor para intentar sostener un poder que no tienen y que solo mantienen mediante la represión, la más feroz represión que puede aplicársele a las ideas, a los reclamos, a la justicia y a los hombres.
Cuba es un país fantasma, con un pueblo muy adoctrinado que aun en medio de la más absurda pobreza bajamos la cabeza, cerramos los ojos, nos tapamos los oídos y nos tragamos el llanto, la desilusión y la tristeza. Los cubanos no queremos admitir que nuestro país, ese que tanto decimos que amamos, necesita urgentemente un cambio total, radical y que enderecemos la lógica del funcionamiento sin los Castro, sin el castrismo, sin dictadores y sin sus segundones sopla tubos de copiosa cabellera o de tetas postizas.
La revolución castro-mierdera está desesperada, sus manipuladores altoparlantes están en estado de coma, sus defensores repiten la misma cantaleta pero sin la pasión de antes, se les está acabando la cuerda, es evidente que ya nadie cree en el 26 de Julio pero mantienen la gritería porque no les queda más remedio, han mentido tanto, han ofendido tanto, han calumniado tanto y han agredido tanto que ahora tienen que meterse el rabo entre las patas a sabiendas que sus amos los van a dejar embarcados como a Chacumbele, en el piquito de la piragua.
En Cuba, en las calles, dan golpes, abusan del poder que tienen, encarcelan a un cubano de pueblo porque reclama libertad y en las redes sociales denuncian todo lo que se mueve para que, quienes expresamos ideas diametralmente opuestas a las de ellos, seamos bloqueados y silenciados.
Yo digo que eso es agonía, agonía y de la mala, de la que mata, es la desesperación y la frustración de un régimen que le teme al dialogo, a la confrontación, a la verdad, a la justicia, a que le miren de frente, a que les llamemos a las cosas por su nombre y a las sombras, por eso los castristas siempre caminan por la acera del bobo.
Nunca olvidemos que la revolución castrista nació de una traición, de un espaldarazo a todo un pueblo, de una vil mentira y de un gran absurdo que destruyó la vida de millones de seres humanos que lo único que querían era un país donde reinara la justicia, la paz, la libertad y la democracia.
Ricardo Santiago.




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Ideas largas escritas con palabras cortas.




Aquí entre nosotros: Este tema del castrismo a mí me provoca más preguntas que respuestas.

¡No voy a responderle ni al cabecilla de la banda, así que los “demás” no insistan!

¡Échate pa’llá salación de los mil demonios! Eso se lo digo a un castrista…claro está…

Nos acusan de ser “enemigos” de Cuba, pero esas ratas nos necesitan para alimentar su odio y sus bolsillos.

No somos armas para derrotar al castrismo, es cierto, pero todos juntos segurito le hacemos un hueco así de grande…
Aquí entre nosotros: ¿Este Raúl Castro también es Comandante en Jefe de algo o…?

Me escribe un castrista, muy descompuesto, y me dice: “Ay, si te cojo…” El resto de su histérico “homenaje” no puedo publicarlo.

Ando con pasos cautelosos, el enemigo envenena los “mamoncillos” como antes lo hizo la bruja con la manzana.

La INERCIA NEURONAL, ese mal que aqueja a muchos cubanos, es el principal aliado de la dictadura castrista.

Aquí entre nosotros: Quiero mantener mi virginidad partidista intacta…

Me critican porque no doy “soluciones” y: ¿Alguien las tiene? Si yo las tuviera no me habría ido de Cuba.

Por lo menos a mi Facebook me ha hecho un daño tremendo…

Cada denuncia que hacemos contra el castrismo también es una solución al “problema” de Cuba.

Un castrista me grita: ¡Pequeño burgués!
Yo le respondo: ¡Pequeño comunista!

¡Qué clase de “encarne” el de ese castrista con mi Blog! Si sigue así le va a dar una cosa…

¡Esto es el colmo, los castristas suplicando por “recargas” al exilio! ¡Las cosas que hay que ver!

Por lo menos en las redes sociales a estas sabandijas les ganamos de “a calle”…no tienen argumentos.

Los castristas tienen que pasar urgente un curso de Historia de Cuba, el marxismo los tiene trastorna’os.

El mundo avanzó a pasos agigantados hacia la Internet, los teléfonos inteligentes y los automóviles computarizados, mientras Cuba se quedó en el Granma, en ETECSA y en los “almendrones”.

Según los castristas por decir verdades a la dictadura nos pagan mucho dinero: ¿A cómo se cotizan las ideas en Bolsa?

¡Qué mejor careta pa’ asustar en Halloween que la imagen del puñetero…!

El tipo está esperando a que yo “resbale”…, pero se va a joder, el día que me vaya lo haré igualitico a como entré…

El castrismo convirtió la chivatería en Cuba en una cuestión de “supervivencia”, de conveniencia y de descaro social.

“Denunciar” es un hábito tan común entre los castristas que lo mismo te “echan pa’lante” en el Comité que en Facebook.

Estoy seguro que quien mandó a que me bloquearan fue el Canciller de la bobería…

Mi lucha no es contra un castrista, es contra el castrismo, no pierdan el tiempo enviándome a soplones de a tres por medio.

Los cubanos, después de 1959, dejamos de ser individuos para convertirnos en “compañeros”.
Aunque muchos no lo crean “compañero” no es una mala palabra…

Ni el capitalismo es tan malo como lo pintan ni el socialismo es tan bueno como quieren hacernos creer.

La verdad que decimos es la mayor diferencia entre nosotros y el castrismo.

Según el castrismo la pobreza en Cuba es culpa del “bloqueo” imperialista. Y la pobreza extrema: ¿De quién es culpa?

Ricardo Santiago.




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La dictadura castrista está herida de muerte: ¡Empujémosla!




Yo siempre digo que lo más peligroso que tiene la dictadura castrista es la capacidad que ha desarrollado para “flotar” aun cuando tenga el “fanguillo” séptico al cuello y los pronósticos sean de hundimiento total.
En eso Fidel Castro fue un verdadero maestro, un maldito iluminado, un apaga, recoge y vámonos que convertía cada uno de sus continuados disparates, de sus sonados fracasos, de sus asquerosas pajas mentales, en un “logro” de la revolución y en una “derrota” para el imperialismo yanquee. Increíble pero cierto.
Así crecimos y nos formamos, nos hicimos hombres mirando cómo un país era capaz de sostenerse, día tras día y año tras año, sin producir lo más mínimo, sin crear valores para su propio desarrollo, sin fomentar una estrategia que nos permitiera avanzar o, sencillamente, sin querer utilizar el talento natural de una nación pródiga en cerebros bien dotados.
Cuba, con la revolución castrista, se convirtió en un estado absurdamente dependiente. La próspera economía cubana fue borrada de un plumazo, mejor dicho, de un escopetazo, para dar paso a la “revolución” de los subsidios, de las subvenciones, del regala’o, de la lástima, de las donaciones y de los “préstamos” mientras el Troglodita de Birán, con esa cara tan dura, con esos aires de “científico” sabelotodo, se esmeraba en hundirnos en sus mierdas de proyectos económicos, de ideas “sociales”, de planes de la calle, perdón, “estratégicos” y de papelazos “mundiales” que, Dios nos tenga confesados, aun hoy son el hazmerreir de las personas con sentido común en este mundo.
Son muchas, innumerables, extensas, “millonescas”, pila, burujón, puña’o, las barbaridades a las que nos arrastró ese camaján de las tinieblas y que todas terminaron en fracasos, en verdaderos desastres que, si los castristas tuvieran un mínimo de decencia, andarían con sus cabezas metidas, todo el tiempo, dentro de las mismas jabitas Cubalse en las que les reparten la “merienda” y no andarían por ahí, como ratas en celo, repartiendo el veneno “bubónico” que le inoculan sus “domadores”.
Y es que desde aceptar que los soviéticos instalaran en territorio nacional los cohetes con ojivas nucleares, alardear de que Cuba es un país libre de analfabetismo porque masificaron la lectura y la escritura, la extraña “nacionalización” de las propiedades y no indemnizar a sus legítimos dueños, pasar a manos de “administradores” revolucionarios el control de la industria del país, la designación solo de “personal confiable” en los cargos de dirección sin importar la preparación de los mismos, la Zafra de 1970, los planes agropecuarios, las guerras “internacionalistas, las intervenciones en los asuntos de otros Estados, la enemistad pordiosera y estúpida con los Estados Unidos, la batalla de ideas, la revolución energética y hasta las últimas declaraciones del Canciller de la bobería, Bruno Rodríguez Parrilla, todo, absolutamente todo lo que le sale a esa dictadura de las entrañas es pura bazofia, puro disparate y…, por cierto, hablando como los locos: ¿Al “flamante” Canciller Bruno le han salido tetas o son ideas mías?
Pero bien, la realidad más real es que el castrismo renace de cada disparate, con mayor fuerza, para cometer el siguiente. Cuando la lógica humana indica que se hunden en su propio estercolero estos malditos resurgen con mayor ímpetu, llevan casi 60 años sujetándose de la misma “tablita” porque saben que el pueblo cubano, adoctrinado a más no poder, les aplaudirá cualquier “chistecito” y asistirá “feliz” a desfilar, frente a la imagen del Apóstol, cada vez que a esa banda de forajidos les convenga.
La revolución disparatada de Fidel Castro, y es mi juicio, ha estado herida de muerte desde el mismísimo 1 de Enero de 1959. Solo la manipulación endemoniada, la tergiversación de la verdad, la mentira sostenida, la implantación de un Estado de terror y una doctrina impuesta a punta de bayonetas, le permitió, y le permite al castrismo, sostenerse en medio del mar de porquerías en que han convertido la vida en Cuba y la existencia de los cubanos.
Pero esta herida es ahora muy peligrosa. Los originales creadores del régimen demencial cubano o están muertos o son unos ancianos “tirando” con el casco y la mala idea. Ni el mismísimo Raúl Castro está ya para “inventar” lo inventado por su “querido” hermano y solo juega el papel de dominguín traicionero ayudando a consolidar en el poder a la “sangre nueva” que viene a “salvar” la revolución y al socialismo de nosotros los contrarrevolucionarios, los apátridas, los indeseables, los ex-cubanos y los pin, pon fuera…
¡Atención cubanos, este es el peligro real al que nos enfrentamos!
¡Abrid bien los ojos! El castrismo se transforma, cambia de careta y hará hasta lo imposible para mantenerse explotando a los cubanos con el mismo cuento de “Juan sin nada y hoy Juan con todo…”.
Ricardo Santiago.




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Cuba: La próxima mentira y el último derrumbe.





Aun resuenan en los oídos, de las personas decentes de este mundo, los “cantos ensordecedores” de los grillos, las chicharritas y las cigarras de las “tardes habaneras”. Por cierto, debemos alertar, poner el parche antes de que salga el hueco, hacer un llamado de atención y lanzar una advertencia para que se tenga mucho cuidado con la “luz” de los cocuyos no sea que… Dios me perdone.
Quiero aclarar que cuando digo Cuba me estoy refiriendo única y exclusivamente a esa dictadura usurpadora que se ha encargado de mancillar el nombre de nuestro país y de paso poner en ridículo, con sus imbecilidades, a todos los cubanos.
Pero bien, regresemos a lo que nos atañe, de la dictadura castro-comunista se puede esperar cualquier cosa, da igual si se trata de misiles atómicos emplazados en territorio nacional, que de diez millones de toneladas de azúcar producidas en una zafra, que de una invasión militar norteamericana, que del bloqueo económico a Cuba, que de las crisis mundiales que nos afectan, que del precio del petróleo, que del robo de cerebros, que la revolución es invencible, que los muñequitos rusos se jodieron to’ o cualquiera de las muchísimas mentiras que nos han dicho en estos 58 años, de corre pa’quí y corre pa’llá, donde hemos tenido que aguantar la esperanza con la puntica de los dedos porque, y esta es la única verdad que hemos vivido los cubanos después de 1959, esa revolución, esos Castro y esa dictadura, con todas sus “guindalejas”, lo único que han hecho es mentirle al pueblo descaradamente.
Y para que a ningún castrista le dé un patatús mis palabras, un me quiero arrancar los pelos, un me revuelco en la cochambre, un este tipo me tiene histérico o un maldita la hora en que naciste, solo les haré una simple, inofensiva, elemental y sencilla pregunta: ¿Dónde está toda esa prosperidad que Fidel Castro le prometió a los cubanos desde principio de los años 60s?
Porque hay que estar muy ciego o ser muy hijo de puta para no querer ver que todo ese cuento de la revolución, del socialismo y de los Castro no es más que una burda mentira, que la sistematicidad con que nos han engañado con falsas promesas, con apriétense un poquito los cinturones, con vamos a perfeccionar el socialismo, con vamos a erradicar los errores o sencillamente. con la mayor falacia de todas, de que el poder es del pueblo, la vida que hemos tenido que vivir los cubanos no ha pasado de ser una “pinochada” para engatusarnos, envolvernos y dormirnos mientras una familia, los Castro, se ha vuelto rica, muy rica, inmensamente rica.
Porque quién se atreve a dudar que la vida que llevan estos delincuentes dictatoriales, quienes disponen a su antojo de todo cuanto existe en Cuba, que hacen y deshacen con total impunidad, que se apropian o expropian como les da la gana, que crearon una Constitución y un sistema de leyes para justificar sus desmanes, que aterrorizan a todo un pueblo con la mayor represión que se ha inventado y que son capaces de hasta decidir quién puede entrar al país y quién no, es una vida de lujos, de excesos, de poder, de monarcas sin salario, de potentados o de grandes magnates.
Fidel Castro nos mintió descaradamente a todos los cubanos. Raúl Castro lo sigue haciendo y quienes le sucedan seguirán mintiendo porque es la única forma que tienen de mantener ese monopolio de la maldad sobre el destino de Cuba y los cubanos.
Mientras tanto el país se derrumba, se cae a pedazos, la economía está hecha una mierda, la salud pública empeora con cuanta plaga, bicho o epidemia nos azota, la esperanza de vida es pura tristeza, la violencia está a la orden del día, la delincuencia en aumento, el ejército de “desterrados” se desproporciona y los grillos cantan y la Luna se levanta, en fin, necesitaremos un “milagro” para componer lo descompuesto por estos asesinos.
Los cubanos hemos visto con “horror” el derrumbe de casi todo en estos 58 años, desde el “desmerengamiento” del “campo socialista” que, según los Castro, también es el causante de nuestras desgracias, el del socialismo del Siglo XXI porque tal disparate no tiene ni pies ni cabeza, la calcinación del Profeta de Birán que gracias a Dios se fue pa’ casa del carajo, hasta la destrucción total o parcial de miles de miles de edificios y viviendas, por el mal estado constructivo y la falta de mantenimiento, que ha dejado a la intemperie a cientos de miles de familias cubanas.
Muchos son los muertos, por causa de estos derrumbes, que también hay que sumar a la larga lista de los provocados por esa dictadura, cubanos que han perdido la vida aplastados por toneladas de escombros porque sencillamente esa historia de una Patria feliz, con opciones de vida para todos, no es más que una asquerosa mentira.
Esperemos que el próximo derrumbe sea el de la familia Castro y todos sus seguidores mira pa’rriba saliva, mira pa’bajo…
Ricardo Santiago.



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El cimarrón tira pa’l monte y el cubano se va al exilio…




La libertad de pensar, de soñar, de querer, de reír, de llorar, de gritar, de caerse y levantarse, de amar a quien uno quiere, de comer, de hacer dietas, de abrazar, de crear, de disentir, de jugar, de dormir, de trabajar, de mudarse, de burlarse y hasta de joder es tan necesaria que históricamente los seres humanos han hecho hasta lo imposible por tal de alcanzarla, aun a costa de su propia vida.
Yo digo que la libertad es un concepto muy personal. Existen tantas formas de “libertad” como tantos seres humanos quieran alcanzarla. La libertad es la disposición que tiene cada hombre o mujer para vivir la vida que le ha tocado e interactuar con ella, transformarla, cambiarla y sentirla. La libertad más que todo es un estado mental que se logra rompiendo las cadenas que nos atan al tedio, a la inercia, a la rutina, al desamor, a los miedos, al odio, al rencor, a la envidia, a las croquetas de subproductos y a la desesperación. Hay que tener los ojos bien abiertos, muchas ganas de querer y la conciencia de saber alcanzar nuestras metas sin dañar a los demás, solo así podremos empezar a ser libres.
El problema es que a nosotros los cubanos nos tergiversaron, mal fundieron, camuflaron y trastocaron el concepto de libertad por el ridículo panfleto de: Cuba jamás será colonia de los americanos.
Me explico: Para el castrismo, y esto fue lo que pretendieron inculcarnos a todos durante más de 58 años, la libertad es sencillamente que los Estados Unidos no se “apoderen” de Cuba. Según estos “albondigones” de la mala suerte los cubanos somos un pueblo “libre” porque el imperio del Norte no nos ha podido “doblegar”, no nos ha podido “derrotar” y no nos ha podido “vencer”.
Hay que ser muy, pero muy, pero muy recomemierda en esta vida, y en cualquier otra, para convertir algo tan bello, tan fundamental y tan necesario como la libertad de un pueblo en un concepto tan simplista, tan barriotero, tan patriotero, tan estúpido y tan gelatinoso como esa alpargata ideológica de la “invencibilidad” de la revolución.
Algunos me pondrán de ejemplo el antiimperialismo de José Martí y sus notables referencias a “las entrañas del monstruo”. Y es cierto, nuestro Apóstol, un hombre extraordinario, el amante perfecto de la libertad de Cuba, nos alertó con sabia pasión de las intenciones expansionistas de nuestro poderoso vecino del Norte.
Pasa que el imperialismo norteamericano de finales del siglo XIX, el que juzgó Martí con sus propios ojos, difiere muchísimo del que nos vendió el castrismo como el enemigo público número uno de Cuba y de los cubanos, enemigo por el cual tuvimos que cavar enormes e interminables trincheras de piedras y de ideas, a veces pienso cómo los cubanos no nos caímos de uno en fondo en todos esos huecos y tropezamos con esos interminables discursos y no nos partimos la siquitrilla y las entendederas. Tan es así que el odio al invasor, al inexistente invasor de nuestros últimos 60 años, terminó por darnos a todos un asco del carajo y a querer salir corriendo pa’allí, a donde el enemigo, en lo que fuera, en bandadas, a “donde las aguas son más salobres”.
Al final los cubanos nos convertimos en los cimarrones del Siglo XX. Fue tanto el látigo del mayoral que recibimos, fue tanto “el cepo y la tortura”, fueron tantas las cadenas que nos obligaron a cargar y a arrastrar y fue tanta la sed que nos hicieron pasar que decidimos cagarnos literalmente en esa “libertad” castrista y lanzarnos hacia lo desconocido porque, y esta es la verdad más grande que existe, nada puede ser más asfixiante que la mierda de vida que nos ofreció, nos vendió y nos impuso esa fatídica revolución de los Castro.
Y yo insisto en que la principal y más importante libertad que existe es la del individuo. Un hombre es libre cuando tiene la capacidad de decidir sobre su propia vida sin que doctrinas, ideologías, políticas y leyes le marquen el rumbo o le impongan cómo pensar y qué decir.
Si lo analizamos bien el castrismo lo único que hace es castrar, silenciar, secuestrar y prohibir la libertad a todos los cubanos. En Cuba nadie es libre. La sofisticada maquinaria de represión y vigilancia de la dictadura castrista se ha diseminado de tal forma por todos los estratos de la sociedad cubana que el cubano de hoy, para poner un solo ejemplo, puede gritar a todo pulmón, sin que nada le pase, “yo soy Fidel”, pero tiene que decir bajito, muy bajito, “que hambre tengo cojones…”, un susurro con el que tiene que atragantarse todos los días porque si alguien lo escucha… yo no quiero ni imaginarme…
Ricardo Santiago.




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¿Los cubanos contra el castrismo queremos justicia o venganza?




Hace unos días un “amigo” me cuestionaba porqué mi actitud anticastrista si, y cito sus propias palabras: “A ti la revolución no te quitó nada”.
Yo me imagino que este “amigo” es de los que escriben revolución con mayúsculas pero, como decía mi madre, aquí cada quien conoce sus limitaciones o sus excesos en ortografía…
Pero bien, regresando al tema que nos ocupa, esta es una pregunta muy polémica. La mayoría de los mortales que conozco, y me incluyo entre ellos, cargamos un fuerte sentido puritano y responderemos, con la mayor prontitud y nuestro mejor rostro de credulidad: “No, nosotros lo que queremos es que a esos hijos de puta se les juzgue con todo el peso de la ley y que paguen por sus crímenes y…”.
Aprovecho ahora para responder a este “amigo” bien preocupado por mi actitud y le digo que es verdad, que la revolución, con minúsculas, ni a mí ni a mi familia nos quitaron nada material, nosotros no perdimos grandes, ni medianas ni pequeñas propiedades, ni fuimos víctimas de las ilegales y fascistas nacionalizaciones revolucionarias de los 60s, ni éramos burgueses connotados afectados por la naciente dictadura del proletariado y ni perdimos siquiera altos estándares de vida porque mis padres, antes de 1959, eran simples trabajadores que vivían de un salario ganado con el sudor, no de la frente, de todo el cuerpo.
El tema es que esa revolución, y léase Fidel Castro, no solo erradicó en Cuba la propiedad privada con el cuento de que todo pasaba a manos del pueblo, nacionalizó empresas so pretexto de un patriotismo patriotero e intervino industrias con la cantaleta de que los quinquenios y la productividad del socialismo eran lo mejor para Cuba, sino que, y este fue a mi juicio el peor crimen de ese monstruo dictatorial, erradicó la conciencia individual de los cubanos e intentó someternos a una conciencia colectiva que, según él, hacía más “juego” con el nuevo orden mundial y con la política espinal de la revolución socialista.
Y es en este sentido donde, por lo menos a mí, y lo digo bien clarito, esa revolución con minúsculas me lo quitó todo, absolutamente todo.
Muchos cubanos no somos capaces de entender el daño antropológico que nos causó como nación esa mierda del ser social y la conciencia social, es decir, el colectivismo socialista, las masas, el proletariado, la lucha de clases, el pueblo enardecido, la fritura de harina, los trabajadores marchando hacia un ideal, pin pon fuera abajo la gusanera, la unidad y lucha de contrarios, de lo sublime a lo ridículo, el hombre de Maisinicú, la leche hervida y las pipas de cerveza.
El problema, la verdad medular del asunto, es que el hombre, primero que todo en esta vida, es un individuo. Cada ser humano tiene el derecho a elegir cómo pensar, qué pensar y cuándo pensar sin que nadie le imponga criterios y mucho menos ideologías.
Pero, si lo analizamos bien, este principio del derecho universal de los seres humanos es el principal enemigo, los fantasmas que me asustan y el coco macaco de esa revolución piltrafera, de sus ideólogos, de sus seguidores cieguitos, cieguitos Ichis, de sus querubines guerrilleros y de sus defensores a ultranza aun cuando saben que apoyan a un régimen que es una reverendísima mierda.
Los cubanos después de 1959 dejamos de ser individuos para convertirnos en “compañeros”. La revolución castrista nos prohibió el querer para nosotros mismos porque ese era un sentimiento pequeño burgués y un verdadero revolucionario jamás impone su individualidad. Nos quitaron la capacidad de ser y pensar para pretender que fuéramos como un argentino de imagen falseada y manipulada, nos limitaron las aspiraciones a las necesidades de la revolución, es decir, si hacen falta maestros, pues todos a ser maestros, si hacen falta médicos, pues todos a ser médicos, si hace falta cortar caña, pues todos a cortar caña, si hacen falta soldados, pues todos a combatir y si hacen falta putas, pues maldita revolución comunista que ha provocado la mayor destrucción física y moral de un país y su gente en toda la historia de la humanidad.
Entonces, y no sé cómo he podido apartarme del tema, en mi caso personal, y que aquí cada cual decida por sí mismo, la línea entre justicia y venganza en el caso de Cuba es muy fina, finísima, porque mientras los Castro y su monstruosa dictadura nos exigen un colectivismo chapucero, mediocre e improductivo, ellos y sus familias piensan como les sale de las nalgas, lo que les sale de las nalgas y cuando les sale de las nalgas.
Para un cubano que ha vivido toda una vida en este martirio la justicia no siempre basta.
Ricardo Santiago.




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Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: “Mi único miedo ha sido el sacrificio en vano.”




Agradezco sinceramente a Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa que haya aceptado participar en este proyecto de Por Eso Me Fui De Cuba.
Ezequiel Ignacio es un hombre sabio, certero en sus juicios, que transpira un amor muy grande cuando habla de Cuba y a su vez nos contagia con su seguridad, su bondad y su capacidad para el diálogo y el entendimiento.
Sus textos son una clase magistral para que, quienes queremos una Cuba libre y democrática, aclaremos nuestras ideas y nunca perdamos el rumbo.

1.- ¿Quién es Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: Ezequiel (Kelo) es el segundo hijo, de siete, del Reverendo Ezequiel Álvarez, de Remedios, Las Villas, Pastor de la Iglesia Presbiteriana de Cuba, y de Haydee Sosa, de Cárdenas, Matanzas, enfermera. Nacido en Cárdenas el 14 de Junio de 1946.

2,- ¿Por qué te fuiste de Cuba?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: Nosotros salimos de Cuba en Marzo de 1963. La decisión de salir fue de nuestros padres ya que para esa época solamente contaba con 16 años. Debido a la incipiente dictadura ellos decidieron llevarnos a donde “podíamos vivir en libertad”.

3.- ¿Cuánto te ha marcado esta decisión?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: Haber vivido una vida completa en un exilio forzado, “Sin Patria Pero Sin Amo”.

4.- Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: Porque luchar contra la injusticia y el abuso está en mi naturaleza.
En Cuba, en la Secundaria Básica Félix Varela, en Jagüey Grande, y en el preuniversitario de Colón, ya era parte de una resistencia estudiantil no organizada, en la provincia de Matanzas, donde resistimos las intenciones de la Unión de Jóvenes Comunistas de organizar dichos planteles.
En los años 70 milité en la Agrupación Abdala donde muchos jóvenes luchábamos contra la dictadura desde el exilio.
Hoy en día mantengo contacto, coopero y estoy al servicio de todas las organizaciones de oposición que se inclinen a aceptar mi aportación como cubano creyente en el proceso democrático. Y he publicado como autor contribuyente el blog de Somos+.
Mi ambición es ser útil en fomentar una cooperación entre todos, aún cuando cada cual mantenga su identidad de grupo, tal como es “La Asamblea de la Resistencia”.
Mi preocupación mayor, es ver cómo las críticas, las actitudes de protagonismo entre nosotros y la inhabilidad de postergar nuestras diferencias, para ser resueltas democráticamente en una patria libre, nos dificulta el camino que hemos escogido.
Mi pluma desde temprana edad ha estado al servicio de la democracia y la libertad en poesía y prosa.

5.- Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas, incluyendo a quienes defienden al castrismo: ¿Sientes algún temor?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: El miedo a represalias nunca ha pasado por mi mente. Mi único miedo ha sido el sacrificio en vano.

6.- ¿Extrañas a Cuba?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: Todos los días.

7.- ¿Cómo definirías al exilio cubano?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: El exilio no es una diáspora monolítica. Es una representación de todos los tiempos, las clases sociales y los motivos por abandonar la Patria.

8.- Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esta unión es posible?

Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa: La unidad es un mito en el cual perdemos nuestro tiempo. La unidad será el resultado obtenido por quienes prueben con hechos concretos la capacidad de una lucha positiva contra la dictadura.

Por Eso Me Fui De Cuba: Gracias una vez más Ezequiel Ignacio Álvarez Sosa por dedicarnos este tiempo. Te confieso públicamente mi admiración y mi respeto por ser ese cubano que todos necesitamos.
Muchas gracias.




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