¿Quién es un cubano “croquetero” castrista?





Ustedes pensarán que yo tengo un trauma muy grande con ese “artefacto comestible” inventado por la maldad, el odio, el ensañamiento, la burla y las barrigas llenas castristas para engañar los ruidosos “sonajeros” en que se convirtieron los estómagos de los cubanos por culpa de la eterna miseria a que nos obligó la estúpida, inoperante, ineficaz, troglodita, cochina e improductiva dictadura de Fidel Castro.
Y sí, tengo un trauma y bien, no me escondo para decirlo, todavía me estremezco al recordar los malos ratos que pasé tratando de despegarme la mierda aquella del cielo de la boca, con los ojos botados “para afuera”, el socio dándome trompadas en la espalda pa’ que me bajara o saliera aquel masacote de harina, el aire que me faltaba, la vida que se me iba, y aun así, en plenos estertores por la supervivencia, yo, más caga’o que estoico, aferrado a mi último cachito de pan con el bodrio croquetero porque, en la vida real, y aquí entre nosotros, el hambre era tanta que no se sabía si era peor morirse atragantado que por inanición. Estoy hablando de los años 90s fundamentalmente.
La croqueta de subproductos castrista fue creada a imagen y semejanza de la dictadura socialista-leninista de los hermanos Castro. Si algún estudioso de la sociología, la filosofía, la política y las dictaduras del proletariado quiere entender qué carajo es el castrismo que se coma una croqueta de esas que estoy seguro que, si no se embucha con el espanto, va a escribir tres o cuatro libros así, de un sólo tirón.
En esencia este “ente masticable” estaba elaborado con mucha harina, el 99,9 por ciento de su cuerpo, y un 0,1 por ciento de un famoso subproducto que, a quien se atreva a decirme con exactitud qué coño era, y a qué sabía, le voy a donar toda mi fortuna.
Seamos serios…
Yo estoy seguro que Ramiro Valdez jamás se comió una de esas croquetas.
Me acuerdo que las freían en “aceite” reciclado y te las daban metidas dentro de un papel de…, en algunos lugares las vendían dentro de un pan medio crudo y con un agüita de tomate por encima para darle algo de color…, puro folclor comunista.
Pero bueno, qué lástima, hubiera sido bueno pa’ que este hijo de puta supiera qué cosa es la famosa revolución que con sus asquerosas garras y afilados colmillos defiende a capa y espada, digo, a garrote, torturas, cárceles, violencia y represión, mucha represión contra los cubanos.
He dicho todo esto para ponernos en contexto y poder entender por qué un cubano que defiende a la dictadura de Fidel y Raúl Castro es un cubano croquetero castrista.
Cuando yo era muchacho recuerdo que si alguien era muy mentiroso decían que era un tremendo croquetero: ¡Viste eso, tremenda croqueta que metió fulano! Me imagino que el símil estaba dado porque al final la croqueta es de carne pero no es carne.
Para empezar los cubanos defensores del castrismo están apoyando, con su ciega u oportunista actitud, no importa, a una gran farsa como lo es la revolución con minúscula de Fidel Castro. Fidel Castro fue en sí mismo la mentira más grande dicha al pueblo de Cuba y que ha sido sostenida, contra viento y marea, por casi 60 años de padecimientos, sufrimientos, dolor y muerte de muchos, pero muchísimos cubanos.
Un cubano castrista es un “pegoste” en el cielo y en la tierra de la boca, es una amalgama de falsas ideas, bajos principios, actitudes traicioneras, un depredador muy oportunista, carente de sentido común, repetidor de palabras ajenas, pendejo, sumiso, imitador de muecas y aspavientos, gritón, siempre se quiere parecer o ser otro (seremos como el Che, yo soy Fidel, etc.), envidioso, escalador, pandillero, perro, sinvergüenza, “moco pega’o”, boquisucio, arrastrado, cegato del ojo, pendenciero, chivato, informante, tracatán del poderoso, sin un discurso coherente, sin libertad, ignominioso, agresivo, falta de respeto, mal educado, comunista y sin sabor, totalmente desabrido, nada más parecido a la croqueta de subproductos fidelista inventada para hacerle creer al pueblo de Cuba que: “con la revolución todo, contra la revolución, nada…”.
Por cierto tengo encarna’o ahí a un mediocre cantantico croquetero castrista que está loco porque yo le responda las porquerías que deja al pie de mis comentarios pero, por mucho que insista, que lloriquee y que suplique, se va a coger el culo con la puerta…
Ricardo Santiago.




Diferencias entre un cubano y un cubano “croquetero” castrista.





Hace unos días publiqué una idea, de la que estoy absolutamente convencido, que dice: Existe una gran diferencia entre un cubano y un cubano castrista…
Para empezar hay que reconocer, nos guste o no, que “cubanos somos todos”, que todo aquel que nació en Cuba, bajo las leyes del “carnet de identidad de la revolución”, es cubano por “derechos”, “deberes”, “obligaciones” y porque la dictadura castro-comunista no reconoce que Usted pueda o quiera rechazar la nacionalidad cubana, es decir, se nace cubano y mientras se esté en Cuba, hay que morirse como cubano.
Esta infernal medida no es más que una de las armas que tiene la dictadura de los Castro para extorsionar, estafar, controlar y vigilar a los cubanos que viven en el exterior cuando visitan Cuba. Una vez que Usted entra al territorio nacional lo hace bajo las leyes del código penal castrista-leninista-militante-cuc aunque tenga pasaporte norteamericano, español, canadiense o de la mismísima casa de las quimbambas. Dicho en buen cubano significa que: Si te haces el gracioso dentro de Cuba te aplican el socialismo con todo el peso de la ley y no hay “rubio” que te pueda defender ni aunque lo haga en inglés.
Por tanto, para redondear esta idea, cubano es todo aquel que, por suerte o por desgracia, nació en Cuba…, así de simple.
Para mí fue una suerte y…
Fidel Castro no sólo dividió, destrozó, laceró y humilló a la familia cubana con sus políticas y su ideología del odio, la prepotencia, la intolerancia, la incomprensión, el oportunismo, la chivatería y el miedo, Fidel Castro descuartizó al pueblo cubano y lo fraccionó, a la fuerza, en revolucionarios y contrarrevolucionarios, dos categorías insoportablemente inconsistentes en un país donde las personas de sólo mirarse se llamaban “amigos”.
Nosotros tuvimos mucha culpa al permitirlo…
Porque al final, y en definitiva, el cubano era eso, un tipo afable, jovial, bueno, cariñoso, amigo de los amigos, hombre a to’, dicharachero, profundo, patriota, compartidor, respetuoso, cívico y con un alto sentido de la cubanía.
La revolución “hijeputiense” que nos impuso la Tropicola de Birán acabó con todos esos sentimientos, con todas esas extraordinarias cualidades nuestras que, con mucha sabiduría y amor, fueron destacadas y fomentadas por grandes almas como el Padre Varela y José Martí, entre otros.
Pero llegó el comandante, mandó a parar y todo aquello que un día fuimos se fue al carajo a golpes de gritería, histeria revolucionaria, chusmeria, trincheras, cantimploras, botas rusas, delaciones, masividad, mea donde tú quieras si eres comunista y, con los alaridos de viva Fidel y viva la revolución, se fue apagando la cubanía, la de verdad, esa maravilla por la que tantos hombres y mujeres, cubanos muy decentes, ofrendaron sus vidas y sus sueños.
A mí me gusta y soy un fiel defensor de la cubanía. Los intelectuales, los teóricos, los inteligentes, los especialistas en la materia y los historiadores harán con mucha sabiduría y prestancia exquisitas y sofisticadas definiciones de la cubanía que todos deberíamos estudiar, entender y aprehender. Pero como he dicho otras veces, muchas, para mí la cubanía, más que un concepto científico, es el arroz blanco con unos buenos frijoles negros dormidos, la conga santiaguera, el agua tibia, un buen danzón bailado sobre un ladrillito, “pasa pa’ que tomes café”, el boniatillo con coco, el “buche” de ron, la lealtad, “si caminas como cocinas me como hasta la raspita”, el socito del barrio, la puerta de la casa abierta, el que se meta con este se mete conmigo, el sol, los aguaceros, los truenos y la risa, esa carcajada de oreja a oreja que un día tuvimos y que la maldad, el adulterio de la razón y las mentiras del castrismo nos apagaron para siempre.
Por eso para mí un cubano es todo aquel que defienda esa pureza, esa jovialidad, ese respeto, esa decencia y esa dignidad que siempre nos caracterizó por encima de la mierda castrista que tanto daño le ha causado al pueblo cubano y a la nación cubana.
Los otros, los que también nacieron en Cuba, viven en Cuba o fuera de ella, pero defienden de cualquier forma a la dictadura de Raúl Castro, esos son los cubanos croqueteros castristas y, en un próximo comentario, explicaremos por qué.
Ricardo Santiago.




Mariela Castro: Una arpía revolucionaria y comunista.





A esta tipa hay que estarla “tocando” a cada rato, zarandearla, decirle tres o cuatro cosas bien dichas, de frente, crudas, en su cara, porque, en la práctica de la vida cotidiana, del sol que sale y se esconde, del arroz con chícharo y el jabón de lavar Batey, yo nunca en mi vida había visto a un ser tan desvergonzado, oportunista, hipócrita, mediocre y vulgar como a esta “dama” castrista desquiciada por los dólares y las comodidades del rubio imperio abusador y egoísta del Norte.
Es una lástima y una vergüenza que este adefesio sea mujer. Mariela Castro no representa para nada a la mujer cubana. No es la imagen de nuestras féminas ni por como habla, ni por como viste, ni como camina, ni como piensa, ni como come, ni como nada…, es sólo la hija del General sin batallas y sin historias, convertido por obra y gracia de la consanguinidad en dictador de Cuba, y por eso ella está ahí, en primera plana, haciendo y deshaciendo a su antojo y gozando de una impunidad que la protege para hablar porquerías, sentirse representante de los cubanos, tomar agua fría con hielo y hasta para meter las manos y agarrar lo que no es suyo sin que nadie se atreva a decirle nada.
Esta hija del castrismo, literalmente hablando, se supone que sea únicamente la directora de una institución “humanista” inventada para defender a una minoría en un país donde todo, absolutamente todo, dicho por la Ley, la Constitución Socialista, por el Partido Comunista y porque a Fidel Castro le salió de sus apestosos “güevos”, tiene que ser mayoría “si no te joden y te pasan por encima”.
Mariela Castro es una de las dos únicas descendientes directas del apellido Castro, no hay más. La otra, la hermana, dicen que es una alcohólica y un ser anodino, a mi no me consta, en realidad es una persona que sale poco y no habla nunca, como si un ratoncito le hubiera comido la lengua, un cero a la izquierda, pero ojo, cómplice igual de sus parlanchines hermanos y primos porque nunca se ha negado a disfrutar de comodidades, recursos y prebendas que sabe muy bien sólo le pertenecen al pueblo cubano.
Pero regresando al tema de la Hidra castrista con cara de cortesana pompeyana. Por estos días Mariela Castro protagoniza un nuevo escándalo de los que nos tiene acostumbrados. Se ha hecho ver por usar una vez más, y ténganlo por seguro que no será la última, su lengua viperina, sucia, asquerosa, cochina, mal educada y estúpida. Ofende cuando se le pregunta lo que no quiere oír y agrede como solución a la encrucijada en que ella misma se ha metido por querer defender una ideología que el mundo entero sabe que es pura mentira y una reverendísima mierda.
Mariela Castro es el castrismo a pulso. Formada y educada en las mesas bien servidas del castro-comunismo familiar, en los roperos repletos con las modas europeas, en viajes de placer y caprichitos cumplidos de “la linda muñequita de papá”, cree que el mojón es carne, perdónenme la expresión, y se atraca, se embute, se atraganta, se harta con toda la bazofia ideológica de un sistema social que sólo ha llevado a Cuba y a su pueblo a la destrucción, la miseria, el hambre y la muerte.
Mariela Castro no puede dialogar, no puede responder con coherencia y respeto porque no tiene argumentos, no puede justificar la crisis física y espiritual de un país y un pueblo que es demasiado visible a la vista, que el mundo conoce porque ha visto las imágenes de las casas destruidas, los niños jugando descalzos, los ancianos muriendo y viviendo de tristezas, el abandono constructivo, la falta total de esperanzas, la represión policial contra opositores pacíficos y el desastre nacional mientras todos los castristas de la cúpula dictatorial viven en regias mansiones con piscinas, remodeladas y reconstruidas a su gusto, con agua calientica, jardines medio colgantes y hasta con el copón bendito.
A un castrista si le dices la verdad te muerde, no tiene otra salida, salta y mata porque en sus putrefactos cerebros predomina más la conservación de los placeres del “mundo trivial” que el sacrificio que ellos exigen para que los demás se partan el lomo trabajando y así le puedan llevar un plato de comida decente a sus hijos.
De esta tipa no se puede esperar otra cosa.
Ricardo Santiago




Los Castro han convertido a Cuba en una cueva de ratas y prófugos de la justicia.





Las arpías “revolucionarias”, los estafadores sin escrúpulos, los asesinos de la inocencia, los “guerrilleros” clandestinos de la izquierda atemorizada, fulanito “la bomba” explosiva, las vacas locas y desvergonzadas, el francotirador de los suspiros, los habladores de porquería internacionales y cuanto rastrojo humano tiene que enfrentar a la justicia en cualquier parte del mundo, entonces, como solución a sus desmanes y a su cobardía, huyen a Cuba, se esconden en La Habana, y todos, felices y muy contentos, amparados y bien recibidos por los Castro, por su pandilla de encubridores, sus meretrices de la ponzoña y sus maquilladores de delincuentes escurridizos.
La Tropicola de Birán, es decir, Fidel Castro, desde muy temprana fecha como principios de la década de los 60s del siglo pasado, inició en Cuba todo un programa de “protección de testigos” y albergó en suelo cubano a cuanta crápula necesitaba esconderse de la justicia internacional, sobre todo de la de Estados Unidos.
Su prepotencia, y su empeño por destacarse a nivel internacional en el enfrentamiento frontal y público contra la potencia más poderosa de la tierra, le hizo creer que podía convertir a nuestro país en santuario de “los más buscados por el FBI”, de etarras descontrolados y de gatillo alegre, de guerrilleros citadinos con más muertos que vivos, de revoltosos de rosca izquierda, de narcotraficantes sin vergüenza, de asaltadores de caminos y a muchos tramposos de programas de salud con disparatadas y dudosas cuentas millonarias.
Sin permiso de los cubanos los Castro hicieron de nuestra patria querida un redil de sátrapas, delincuentes, asesinos y vagabundos internacionales. Muchas notificaciones y denuncias recibieron de parte de agencias, organismos, instituciones y personas alertando o pidiendo la extradición de este o aquel peligroso y connotado bandido con cara de yo no fui, pero siempre, a modo de justificación, les daban la misma “inocente” respuesta: “Noooooo, nosotros no los hemos visto… ¿Tu los has visto Raulín?”.
La perfidia castrista no conoce límites. La ilegalidad y la impunidad con que actúan estos sujetos es extremadamente peligrosa, lo mismo esconden en el territorio nacional cubano un cohete con ojivas nucleares, que les mandan armas camufladas entre sacos de azúcar a un narra arrebatado y esquizofrénico, que le abren las puertas de su casa a un ladrón de bancos, a Superman si se vuelve comunista o le dicen a Nicolás Maduro que: “Cuando la caña se te ponga a tres trozos echa pa’cá que el cuartico esta igualito…”.
Raúl Castro es un real estate sin licencia, un acogedor ilegal de bandidos que actúa de espaldas al pueblo de Cuba. Fiel a la política de su hermano, el polvo-muerto o el muerto-polvo, como más les guste, de recibir y amparar a la “mojonera” del socialismo del Siglo XXI, allana los caminos para recibir, en breve, al monigote número uno de Las Américas, al tiranuelo Nicolás Maduro.
En la vida real no les queda otra, ellos lo inventaron y ahora se lo tienen que comer con papas.
Nicolás Maduro, el saltimbanqui venezolano, tiene, urge, amerita, le corresponde, precisa, merece enfrentar la justicia de su pueblo, debe pagar por los asesinatos cometidos por su tiranía contra los niños, jóvenes, hombres y mujeres venezolanos, por su mediocridad y su servilismo hacia sus patrones cubanos, por cada disparate, palabra pronunciada, risita burlona y pasillitos salseros que ha manifestado en público, así como responder y devolver todo lo robado y saqueado al tesoro nacional venezolano aunque, en el camino al patíbulo, tenga que escuchar el grito popular de: “Ahorquen a ese desgraciado mastodonte…”.
Los cubanos debemos cerrar filas y denunciar la injusticia, tenemos que evitar que esa pandilla de facinerosos castristas siga permitiendo que Cubita la triste sea el veraneo y el “relax” de toda esa crápula maloliente, de que asesinos, ladrones, descarados, sinvergüenzas y dictadorzuelos mal encajados se refugien en nuestro país para no enfrentar la justicia de sus pueblos o sencillamente: “Para que el médico me vea este granito que tengo aquí que me duele mucho…”.
No cubanos, no lo permitamos, de Cuba deben irse todos esos delincuentes empezando por los Castro, démosle su propia medicina con aquello de que “se vaya la escoria” y pongamos un stop a tanta desvergüenza porque, entre otras muchas, pero muchísimas cosas, “La Habana no aguanta más…”.
Ricardo Santiago.




Nicolás Maduro: La marioneta más “cara” en la historia de Venezuela.





Sí, el tipo tiene cara de energúmeno, apariencia de mastodonte desencajado, un grande por gusto, un “hablador” profesional de disparates, de incongruencias y sandeces “revolucionarias”, un títere sin cosquillas y con el buche lleno, portavoz ambidiestro de las voces del más allá y del más acá, asesino lujurioso de la esperanza, un guatacón empedernido y un personaje de aspecto baboso, repulsivo, libidinoso y, sobre todas las cosas, anti-popular.
Nicolás Maduro es todo eso, incluso muchas cosas más que escapan al manejo “decente” de mis adjetivos y a mi real conocimiento de la vida de este paria convertido en “presidente” gracias a su docilidad y sus excelentes condiciones para dejarse manejar a cambio de una “cajita con comida” y una “jabita” con útiles de aseo personal, digo, porque así es como les paga la dictadura castristas a sus hueleculos y a sus esbirros “pisabonito”.
Pero no nos engañemos, nadie llega a donde este sujeto lo ha hecho por ser tan, pero tan, pero tan bobo, tan imbécil, tan fronterizo o gañan, no, alguna neurona “útil” tiene que revolotearle por alguna parte de su espantoso cuerpo para dejarse utilizar, tan descarada y desvergonzadamente, por una dictadura extranjera y no recibir a cambio los buenos dividendos que producen el saqueo y el robo al tesoro nacional venezolano, tiene que ser así porque lo “otro” sería demasiado.
Un tonto-listo que hace cuanto le dicen sus amos isleños, sus edecanes de la maldad ideológica, el esbirro mayor Ramiro Valdéz y el pajarito cantor del Amazonas. Yo estoy seguro que hasta los disparates que vocifera en público este mequetrefe se los dictan sus asesores del socialismo porque, en la vida real, nadie puede ser tan comemierda y además engullirla por carretillas y carretones.
¿Y la mujercita que tiene? ¿Qué me dicen de ese ejemplar con cara de mala hembra to’ el rato? A mi juicio esta desagradable criatura, que no representa para nada a la mujer venezolana, es el verdadero cerebro del “matrimonio dictatorial”.
Pero bueno, Dios los cría y el diablo los junta. Volviendo al tema del títere con media cabeza que es en definitiva el centro de mi “estudio”. A mí Nicolás Maduro siempre me ha parecido uno de los personajes que aparecen en Pinocho, la obra maestra del genial Carlo Collodi.
Según este maestro de las letras los niños que no van a la escuela se convierten en burros, es decir, por no estudiar y no ser buenos con sus padres pasan de la palabra al rebuzno, de las matemáticas a la zanahoria y del abrazo paterno-filial a la soledad de los establos y a la carga pesada, pa’rriba y pa’bajo, como castigo por la ignorancia y el desamor.
La única diferencia con el personaje del cuento infantil es que Nicolás Maduro asistió, por orden expresa de su comandante, el parlanchín al que tuvieron que mandar a callar en público, a una de esas “escuelitas” inventadas por Fidel Castro para, según la Tropicola de Birán, formar y “preparar” a los cuadros de dirección del partido comunista y de donde salieron graduados unos cuantos sátrapas mundiales, algunos narco-guerrilleros de aquí cerquita, “mueleros” titulados con honores, ladrones y estafadores de los erarios públicos nacionales y aspirantes a dictadores del proletariado.
En Cuba Nicolás Maduro también se ganó un Hada Madrina con traje de General. Yo no dudo que hasta haya participado en el complot para enfermar para toda la eternidad al Aló Presidente y, a cambio de lealtad incondicional a la varita mágica verde olivo, sentarse en la silla de Miraflores y tirar sus pasillitos “salseros” con su partener desabrida pero extremadamente ambiciosa y traicionera.
Nicolás Maduro ya tiene la soga al cuello, cada minuto que pasa el heroico pueblo venezolano le da un “jaloncito” de dignidad y la lengua y los ojos se le salen pa’ fuera como a un caballo desboca’o. Ha ordenado masacrar y asesinar siguiendo las orientaciones de sus titiriteros y, aunque su Hada Madrina, ahora disfrazada de Real Estate, le ha prometido casa en La Habana, Cuba, este infeliz monigote no sabe que para el castrismo, cuando sus muñecones les dejan de ser útiles, les dan candela hasta por el culo.
Vivir pa’ ver Nicolás…
Ricardo Santiago.




Están matando a Venezuela: ¿Dónde están la ONU, la OEA y la decencia de este mundo?





La alianza del mal, protagonizada por los Castros de Cuba y sus marionetas del Palacio de Miraflores, ESTAN MASACRANDO AL PUEBLO VENEZOLANO, así de sencillo, dicho en lenguaje fácilmente entendible y sin tapujos, incluso hasta fácil de traducir a cualquier idioma.
El imperialismo castro-comunista, en un asqueroso, pero muy peligroso pataleteo para aferrarse al poder en la Patria de Simón Bolívar, dispara a mansalva contra el cansado pueblo venezolano y mata a niños y jóvenes que lo único que piden es paz, democracia, comida, libertad y que se vayan Maduro y todos sus secuaces para casa del carajo y los dejen respirar y construir un país nuevo… SIN CHAVISO, SIN CASTRISMO y sin SOCIALISMO.
Las imágenes que se trasmiten desde Caracas y otras ciudades de Venezuela son espeluznantes y desgarradoras. Mucho dolor, coraje, angustia, determinación, fe, decisión, empuje, ira, y valor en los rostros de millones que marchan contra la jauría chavista aterrorizada, amedrentada, acobardada, desprestigiada y escudada en una “legalidad” ilegal que les da permiso para asesinar en nombre de un gobierno que, desde hace mucho tiempo, dejó de ser democrático y se convirtió en una repugnante dictadura.
Pero todo cuanto digo el mundo entero lo sabe. Las noticias sobre la realidad venezolana “vuelan” a todos los rincones de este “apagado” planeta, se trasmiten por montones, por oleadas de imágenes, por todos los medios de comunicación inventados y por existir, porque es muy difícil estarse quietos ante el crimen que, desde el poder que ostentan, cometen estos degenerados y malnacidos contra la inocencia y la pureza de un justo reclamo popular.
Yo estoy seguro que “hasta el infinito y más allá” han llegado las imágenes de los niños y jóvenes asesinados por la Guardia Nacional del dictador Nicolás Maduro, bueno, dictador es un término que a esta marioneta le queda grande, porque en la vida real el sólo está ahí para poner esa jeta regordeta que tiene y no hacer muy evidente que, quienes tienen realmente el control allí, son los “generales y doctores” de Raúl Castro.
A mí que nadie me joda con el cuento de que no sabía, que no me enteré, que yo pensé que estaban jugando, en fin, todas las justificaciones que usan los insensibles y oportunistas de este mundo para no denunciar y cerrar filas contra el oprobio, la traición, la ignominia y el genocidio cometidos por una élite contra el pueblo.
Si Venezuela es dirigida por un gobierno que se hace llamar socialista, y el socialismo según ellos es el paraíso sobre la tierra: ¿Por qué millones y millones de venezolanos, más de la mitad de la población del país, está pidiendo, a gritos desesperados, un cambio de gobierno y de sistema social?
¿No es esta suficiente razón para declarar ilegal el gobierno de Nicolás Maduro?
Quienes tengan poder que lo hagan, supongo, me imagino, que para esto también, una vez, se unieron las naciones en un gran edificio de la ciudad de New York, mientras tanto yo, como ciudadano simple, común, pero con vergüenza, rechazo y denuncio la ilegitimidad de esa narco-dictadura y les exijo que se vayan…
Quien no lo sepa, quien desconozca lo que está pasando en Venezuela, YO SE LO DIGO: Raúl Castro y sus muñecones del PSUV están intentando acallar al pueblo venezolano con una feroz represión y con todos los medios que existen para matar, están inundando las calles de ese hermoso país con la sangre de sus hijos y con el llanto de miles y miles de madres que no respiran y no tienen consuelo ante tamaña injusticia porque ven salir a sus hijos y no saben si van a regresar.
Me dirijo directamente a los políticos, presidentes de países del mundo democrático, organizaciones mundiales y regionales de cualquier tipo, a la poderosa prensa internacional, a las redes sociales, a los artistas, intelectuales, deportistas, en fin, a todas las personas decentes de este mundo para que hagan suyo el dolor del pueblo querido de Venezuela y cerremos filas contra esta crápula de narco-mafiosos empoderados que actúan hoy con total impunidad.
Venezuela y su pueblo nos necesitan: HAGAMOS JUSTICIA…
Ricardo Santiago.




Una vez más el fantasma de Fidel Castro asedia a Venezuela.





Los venezolanos están tan asqueados de la injerencia de la dictadura cubana en su país, de los castro-comunistas pendenciando para sostener al monigote seudo-dictador que los oprime, de los sicarios políticos de la vanguardia revolucionaria de Fidel Castro “repartiendo orientaciones” y de todo el ejercicio de matar los cuerpos y las ideas puesto en práctica por los tiranos de La Habana en Venezuela, que cuando oyen mencionar el gentilicio “cubano” se estremecen y sienten unos enormes deseos de vomitar. Los comprendo.
La violencia desatada por la dictadura cubana hoy contra Venezuela, porque en la vida real son los máximos responsables de todos estos crímenes, es la expresión de la intolerancia comunista para no reconocer que el pueblo no los quiere, que están cansados del desastre político, económico y social al que los han llevado y que en abrumadora mayoría piden desesperadamente un cambio radical y una solución a la grave crisis generalizada que vive, incuestionablemente, uno de los países más ricos del mundo.
Y es ahí donde radica el problema fundamental: ¿Por qué Fidel Castro nunca tiró sus pérfidas garras sobre Haití, Guyana, El Salvador, Belice y otros países pobres de la región?
Venezuela siempre fue la manzana apetecida del comeencubo de la libertad porque, en la vida real, este genio de la lámpara, o mejor dicho, del quinqué de luzbrillante, sabía que la subsistencia de su dictadura cubana, y de sus dineros personales, sobre todo de estos últimos, dependían directamente del control que lograra ejercer sobre la política y la economía venezolanas.
En menos de quince años, óiganlo bien, quince años, la Tropicola de Birán, secundado por el pajarito cantor del Amazonas, se chuparon toda el agua del Salto Ángel, el petróleo del Orinoco, la bendita empresa privada nacional y la democracia que los venezolanos construyeron en más de quince décadas, desbaratando una de las economías más prósperas de toda la región y dividiendo a muerte, como sólo los buenos revolucionarios del socialismo sin fin saben hacerlo, a un pueblo hermano en chavismo y en oposición.
El disminuido de Hugo Chávez jamás habría sido presidente de Venezuela sin el apoyo, la mano negra, el calzo o las “nalgaditas” de la poderosa maquinaria propagandística, de inteligencia y el apoyo financiero de Fidel Castro. Lo que ningún venezolano entendió, incluyendo a este militar extremadamente parlante de “Aló Presidente”, fue que el Cachito de Birán prestaba uno y cobraba veintidós.
Los tiranos si tienen que matar matan, no les queda otra.
¿Es muy difícil para estos hijos de puta entender la voluntad del pueblo venezolano y tienen que mandar sus “avispas negras”, sus “cotorronas pornochacumbeleras” y cuanta mierda les sale de sus podridos cerebros?
Yo denuncio públicamente que el crimen contra el pueblo venezolano está pensado, organizado y dirigido desde La Habana, para eso fue, hace sólo unos días, “Platero” a Cuba, a que le metieran bien la zanahoria por el c….
La represión que hoy vemos en las calles contra los jóvenes, los hombres y las mujeres que marchan pidiendo a gritos, como única arma, la renuncia de Nicolás Maduro y su corte de narco-enriquecidos, empezó desde el justo momento en que Fidel Castro logró echar sus satánicas redes sobre este hermano país, desde que posicionó a sus “aceres políticos” para controlar “el buen desenvolvimiento” de la vida en Venezuela y que hoy, muertos los protagonistas de este diabólico plan, continúan sus herederos ponzoñosos como la marioneta aburrada de Miraflores y sus alocadas meretrices habaneras.
El fantasma de Fidel Castro asedia con ferocidad a Venezuela…
Ricardo Santiago.




¿Tenemos miedo los cubanos?





Una amiga sincera, muy querida, y “desastrosamente” apasionada, me pellizca las entrañas y me pregunta si es que los cubanos tenemos miedo, comparándonos con las excelsas muestras de valentía demostradas por los hermanos venezolanos al enfrentarse a la dictadura castro-maduro-dólar-cuc-“narquista” en las calles de toda Venezuela.
Yo digo que el miedo protege y mata. El miedo es un fantasma que se oculta en nuestro interior, se apodera de nosotros, nos domina, nos transforma y nos limita para vivir una vida que de por sí ya es bastante agresiva y abusadora.
De los cobardes se ha escrito mucho y se ha dicho casi todo.
Yo, muchas veces, y ante determinadas situaciones, he sentido y siento miedo, mucho, no lo voy a negar ni a justificarme con guaperías tercermundistas de última hora.
El miedo es al ser humano como una mordida al pan con croqueta, a la croqueta que vendían en Cuba y se pegaba en el cielo de la boca y había que meterse el dedo para despegarla porque si no te ahogabas, eso a mí me producía terror, la verdad. Croquetas de subproductos decía el gobierno para justificar su mala calidad.
Fidel Castro implantó en Cuba un Estado de terror mucho más complejo y enredado que la simple croqueta “asesina”. El miedo comunista subyace en la conciencia del pueblo porque fue inoculado en nuestros cuerpos despacito, con sutilezas, oportunistamente, con amenazas de fusilamientos, presidio, escarnio público, torturas, destierro y el copón bendito, un plan siniestro muy bien elaborado que la mayoría de los cubanos no vimos venir y que cuando nos dimos cuenta ya era demasiado tarde, la mayoría de nosotros hablábamos bajito, muy bajito.
El castro-comunismo no escatimó esfuerzos ni recursos para tender sobre los cubanos una sábana de oscuridad y represión, Sus edecanes se especializaron en métodos de exterminio de la razón mucho más sofisticados que el ejercido sobre el pueblo alemán por la Gestapo hitleriana. Los de La Habana crearon en el individuo la autocensura, el miedo a expresarse, a exigir sus derechos y a manifestarse, dicho de otra manera, obligaron al cubano a convertirse en la gatica de María Ramos.
La autocensura es, a mi juicio, la mayor expresión del miedo que siente una persona en cualquier sociedad.
Peor a que te maten es morirte de miedo.
De niños tuvimos miedo a los abusadores, a la oscuridad, a que no pasara el carrito del helado, a las alimañas del patio o los rincones del techo, a los cuentos de aparecidos con sus lucecitas brillantes en medio de los apagones, a la chancleta de mami, a los juguetes sin cuerda, a los truenos y a los castigos de: “no vas a salir a jugar”.
De jóvenes temblamos ante la posibilidad de hacer el ridículo, de no estar a la moda, a las burlas de los amigos, al amor mal correspondido, a no saber por dónde…, a que se nos rompiera el pantalón por el fondillo, a suspender los exámenes y que mamá se enterara, al guapetón del barrio, al helado derretido y a la vida.
De adultos se nos complicó el panorama, quienes no superaron las fases anteriores se jodieron y le sumaron a estas el pánico a no tener trabajo, a que los hijos torcieran el camino, al desamor, a la perfidia, a no poder pagar las cuentas, al desprestigio, al eterno cansancio y a la muerte.
Las personas cobardes son fácilmente manipulables, son lastimosamente infelices. Un cobarde siempre se suma al bando de los que tienen el poder, los adula y venera como única forma de ocultar su alma miserable y sus “flojas” piernas. Un miedoso puede ser muy dañino porque es obediente a su amo y como tal actúa, grita, delata, ejecuta, blasfema y lame lo que tenga que lamer.
Los comunistas son cobardes por naturaleza, la guapería en ellos no es otra cosa que la fuerza ejercida desde el poder y con todos los recursos para lastimar. Se manifiestan en manada aunque en el fondo no son más que un simple rebaño. La prueba está en que Fidel Castro jamás estuvo en la primera línea de combate en ninguna de las acciones en las que “participó” antes de 1959 o después, otros pusieron las heridas, el dolor, el sufrimiento, la muerte y además sirvieron para magnificar el nombre del tirano.
Los cubanos tenemos miedo pero no somos cobardes. Por casi 60 años una de las tiranías más cobarde de la historia contemporánea nos ha secuestrado “el valor” y la paciencia, nos ha amordazado con látigos y amenazas aunque ya son muchos los que se están cagando, literalmente, en esa dictadura.
Los cubanos tenemos que dejar de sentir miedo, empezando por nosotros, los que vivimos en el exilio.
Ricardo Santiago.




¡Que levanten la mano quienes estén de acuerdo…!





Y ahí mismo los cubanos nos pusimos la soga al cuello, nos dejamos tapar la boca, los ojos, la nariz y permitimos que la dictadura castro-comunista nos “organizara” hasta las ganas de pensar y los deseos de ir al baño.
La esencia de toda dictadura es el control, la uniformidad, la imposición del terror, el caos de la lógica, la sinrazón, el café claro, el vértigo pa’ los lados, el odio gratuito y la unanimidad bochornosa, festinada, disparatada, cruel y “tumultuosa”.
En Cuba hay que levantar la mano por y para cualquier cosa. Los comunistas son los tipos que más se reúnen en el mundo, que más reuniones organizan y que con más frecuencia lo hacen. Es como una cadena “pedorraica” que necesitan jalar constantemente para remover la bazofia que se les acumula por tanto bla, bla, bla y ble, ble, ble que no los conduce a nada y siempre los deja en el mismo sitio, bueno, error, los empuja pa’tra porque nunca van a aprender que una sociedad próspera sólo se construye con libertades ciudadanas, respeto a la ley, a la democracia, al civismo, a la decencia, incentivando la propiedad privada, los tamalitos de Olga y el prú oriental.
Los comunistas son los tipos que más valor y que mayor connotación “científico-técnica”, “pedagógica” y “chivantrológica” le han dado a los vocablos reunión, asamblea, encuentro, coloquio, mitin, simposio, tertulia, peña, congreso, diálogo, conferencia, charla, debate y por ahí pa’llá todo lo que ustedes quieran agregar. En Cuba no habrá qué comer, y es algo muy triste, pero cualquiera de los “manjares” anteriores, de las “exquisiteces” antes mencionadas, hum, hasta para repugnarse, asquearse y estar vomitando siete días seguidos y, por supuesto, con sus noches incluidas.
Dice mi amiga la cínica que lo más jodido de los comunistas y sus reuniones es que, si sacamos bien la cuenta de la cantidad de estos sujetos que participan diariamente en los mítines revolucionarios y las tiramos contra los cubanos que están realmente en la producción, es decir, en la concreta, nos daremos cuenta que por cada trabajador, cada obrero, cada campesino hay cinco o seis comuñangas descarao’s de esos metidos en cualquier asamblea, con aire acondicionado, con meriendita incluida, discutiendo cómo organizarle el trabajo al proletariado para que este sea más eficiente.
Estos comunistas de la “ricura con sabrosura” en la vida real han cogido la cara pa’ sentarse. Esta vez estoy cien por ciento de acuerdo con la cínica.
Pero bien, continuando con mi charla, perdón, debate, digo, discurso, no, no, no que me asustarás… En Cuba yo recuerdo que las reuniones, asambleas, etc., no eran una “cosa” así como así, es decir, sencillas, no, todas llevaban apellidos y es aquí donde nos encontramos con la verdadera exquisitez de la masturbación ideológica del socialismo, la “letrinización” del ideario fidelista, lo sublime de los retorcijones partidistas, el encanto de los uñeros políticos y la peste a pata vanguardista más grande y bochornosa que uno se pueda imaginar.
En Cuba, y ahora desde la distancia me doy cuenta de la ridiculez y la manipulación de que éramos objeto, nos “reunían” para rectificación de errores del socialismo, para méritos y deméritos del hombre nuevo, para seleccionar vanguardias y destacados, rendición de cuentas, informes de balance, releer la última “reflexión” del comandante, planificación económica, para reafirmar que la calle es de los revolucionarios, solidaridad con los pueblos del mundo, profundización del socialismo y para analizar a este compañero de aquí que el muy cochino se tiró tremendo peo cuando Fidel estaba hablando, y eso si que no compañeros, esas actitudes no las podemos tolerar nosotros los revolucionarios porque nuestra revolución es lo más puro que existe y no vamos a permitir que nos la manchen con esos extraños olores del capitalismo, no, que no, que no… (Aplausos prolongados, gritos de viva Fidel y viva la revolución).
¡Ah bueno! ¿Da asco verdad? ¡Qué les puedo contar queridos amiguitos…! Esa es la revolución de las Pthirus pubis.
En fin, que estamos rodeados, por eso, para terminar mi ponencia en el día de hoy, quería someter a votación los que piensan que estos comunistas de porquería se reúnen tanto pa’ no tener que trabajar y pa’ “vivir del cuento” como lo han estado haciendo en nuestra querida Cubita la reunida por casi 60 años, los que estén de acuerdo por favor levanten la mano…
Ricardo Santiago.




Cuba: Un país feudal en pleno Siglo XXI.





La dictadura que impera ilegalmente en Cuba ha hecho retroceder y ha destruido tanto a la nación cubana, en el orden económico, político y social, que los cubanos, en vez de tocar el progreso con las manos, vivimos en una especie de feudalismo cochambroso donde hasta aceptamos medio risueños pagar los diezmos, los “veintemos”, los “treintemos”, los “cuarentemos” y, sin mucho inconveniente, convertirnos en siervos, perdón, en revolucionarios De Leva así… sin chistar.
En la vida real Cuba es un gran feudo. Raúl Castro, respaldado por su “temible” ejército de chivatones, tracatanes y edecanes del lupanar actúa como amo y jerarca de todo cuanto se mueve o se está quieto sobre nuestra querida tierra. Lo único que le falta a este degenerado “señor” es ejercer su derecho a “desvirgar” a las fieles doncellas en su primera noche de bodas. Dice mi amiga la cínica que ese comentario, esa idea, de sólo pensarlo, le da tremendo asco y mucha repugnancia
Por lo demás es el clásico mandamás medieval ejerciendo sus caprichos sobre sus súbditos y promoviendo o eliminando a quien a él le dé la gana, cuando quiere y como quiere al compas de: “Damisela encantadora, Damisela por ti yo muero…”.
Lo heredó de su hermano el desenfrenado ideológico, el tarambana político, la piedra en el tenis de las revoluciones, el verdadero inventor del feudalismo tropical, el que no creyó ni en la madre que lo parió y se burló de todos los cubanos a plena luz del día. Dicen las malas lenguas que lo hacía hasta del propio “Raulín”, que más de una vez lo humilló en público, lo hizo llorar y se mofó de su aspecto lampiño y medio afeminado, en fin, que lo cogía pa’ sus cosas cuando le salía de sus abusadoras nalgas.
En Cuba no existe, en la práctica real, un sistema económico-social coherente, productivo, que conduzca a la nación al desarrollo y al progreso.
Bueno, en realidad, yo pienso que si, y esta es una visión muy personal: En Cuba predomina el sistema del caos, el maniguiti, la cogioca, el “mira pa’rriba, saliva…”, y todo para un sólo lugar, pues por más que la tiranía castrista trate de disimular su desvergüenza, el robo, la hecatombe económica y el desparpajo mortuorio autodenominándose la revolución del pueblo y para el pueblo asediada por el imperialismo, veremos que ni comunismo, ni socialismo, ni capitalismo ni la madre que los parió, feudalismo patriarcal y dinástico a pulso, impuesto a la cañona, a la trompá y al si te gusta bien y si no también.
Si alguien duda de cuanto digo preguntémosle entonces a los miles de cubanos fusilados, ejecutados, torturados, desaparecidos, encarcelados o desterrados por el sólo hecho de pensar o querer una Cuba verdaderamente libre, democrática y con prosperidad económica para todos.
No pretendo convencer a nadie, pero para mí resulta demasiado evidente, demasiado real, visible, palpable y demostrable. Estos dictadores y esbirros no se esconden, incluso pienso que lo hacen ex profeso, como una burla, que les gusta demostrar que son un “gobierno” de mando, obedece o te coge el cocuyé, de machos con pantalones sin ojales, de octogenarios “aviagrados” hasta la saciedad que le pasan por encima a cualquiera, a quien sea, incluyendo a sus propios lame botas a quienes desguazan si tienen que hacerlo por tal de preservar la rigidez de sus “castillos”.
Ahora Raúl Castro está preparando al próximo “Castrado feudal” para dirigir la finca de los tomates y las azucenas. A posicionado en los puestos claves de su pirámide feudal, sin contemplaciones y aunque no posean la preparación necesaria o los conocimientos suficientes, a cuanto conde-general, duque-coronel o marques de la tracataneria repugnante le sirva para garantizar el sonido de las monedas dentro de las bolsas imperiales. No quiere dejar ni el más mínimo cabo suelto para que continúe en práctica la ley del embudo: ¿Y el pueblo? “…que se joda, si total, si han aguantado hasta aquí, que lo hagan un poco más…”.
Pero error de cálculo, una vez más se equivocan estos malditos feudalistas reaccionarios de fastuosos trajes verde-olivo. Los cubanos dignos no somos sus siervos, no queremos seguir con la cabeza baja esperando y esperando por: “hasta que se seque el Almendares”, ya somos muchos los que alzamos la voz y las manos contra el descaro que han implantado en nuestra tierra y muchos más los que queremos verlos salir de sus “palacios” con el rabo entre las patas, con la pestilencia de sus diarreas incontenibles, lloriqueando y suplicando perdón, derechitos al patíbulo por tantos y tantos crímenes cometidos contra el pueblo cubano.
Ricardo Santiago.