Mariela Castro, la homosexualidad y los “maricones” castristas.




Yo digo que existen cubanos con los que el castrismo se ha ensañado de mala manera, que los utilizó y los utiliza como le da la gana, que los perjudicó como a doncellas primerizas y los abandonó seducidos y sin derecho a protestar, que les ha lavado tanto el cerebro que se los dejó lisito, lisito y por eso es que le abren gratuitamente sus almas a la dictadura como diciendo: “todo lo que tengo es tuyito, tuyito”.
Aun con todo lo que estas personas sufren y sufrieron, con la cantidad de vejaciones que tuvieron que soportar, con el daño perenne que les causó ese régimen oprobioso, tiránico y homófobo, con la cantidad de patadas por el culo reales e imaginarias que les dieron a trocha y mocha, con el pasito e’ conga y con la barbarie sostenida por un grupo de pandilleros trogloditas contra todo un pueblo, esos sujetos, esos mismos, decidieron colocarse un trapo en los ojos pa’ no ver la verdad y, con el impulso y como una gallinita ciega, de paso aplaudir apasionados los “logros” de esa gran farsa que es la revolución castrista.
Increíblemente muchos de estos ejemplares viven en el exilio.
Yo digo que en la vida nos pueden coger de comemierda una vez, que existen miles de razones por las cuales un hombre cae en alguna trampa, se deja engatusar, lo pueden utilizar y hasta servirse de sus servicios con fines macabros, cualquiera tiene un mal día, pero cuando esto se repite y se convierte en un hábito, en una costumbre voluntaria, se deja de ser hombre y se transforma el ser humano en un recomemierda asqueroso, en un tracatán, tracatán, tan, tan, en una alimaña despreciable y en un depravado-rectilíneo-uniforme-agáchate-y-vuélvete-a-agachar.
En Cuba la banda castrista se especializó en utilizar a los cubanos con los fines más perversos que uno se pueda imaginar. Son muchos los ejemplos, muchos, desde obligarnos a creer los cuentos y las mentiras de Don Cambolo de Santa Ifigenia hasta chivatearnos como si nada entre primos y hermanos, separarnos “felices” de nuestros hijos porque vamos a cumplir misión, no ver a la “pura” porque nos vamos de “cara al campo” a sembrar boniatos, por cierto, hablando como los locos, La Habana es la única ciudad del mundo donde cuando usted camina saca unos boniatos giganteeeeesssss, en fin, donar nuestra sangre para “salvar vidas” y la dictadura vendiéndola como “pan caliente”, hacer guardias en el Comité para cuidar la bodega y que el enemigo imperialista no se robe la mierda que nos venden y “sube pa’rriba”, “baja pa’bajo” y de paso échate un tin pa’llá que la “pegasón” entre hombres hincha…
Primero fue Fidel Castro con su invento de “pioneros por el comunismo seremos…”. En esa trampa realmente caímos muchos porque éramos unas inocentes criaturas que solo queríamos aprender a leer y a escribir para no convertirnos en burros, pero junto a yo amo a mi mamá la “metodóloga” de educación nos coló el yo soy Fidel y ahí mismitico fue donde nos jodieron la existencia y la mayoría nos fuimos pa’l carajo de aquel infierno.
Después llegó Mariela Castro, un ser anodino, maquiavélico y oportunista, con el cuento de que su tio, a cualquiera se le muere un tio, jamás reprimió a los homosexuales, que el sujeto era un open mind de los buenos y que todo ese cuento de las UMAP, el machismo exacerbado de la dictadura, el ostracismo y la represión a las personas que sienten atracción por el mismo sexo son calumnias e inventos de la gusanera de Miami que siempre ha querido perjudicarnos y destruirnos: “Pero no nos dejemos intimidar por esa escoria queridos compañeros homosexuales de la revolución, mañana saldremos con nuestra conga por todo 23 para demostrarle al imperio que esta no es una revolución mariquita”.
Yo digo que la homosexualidad nada tiene que ver con la mariconeria, conozco a homosexuales muy hombres, o muy mujeres, que ya quisiéramos muchos, pero lo que sí es triste ver, lamentable y repugnante es cómo personas que fueron marginadas por sus preferencias sexuales, que sufrieron en carne propia el ultraje de una dictadura absolutamente homofóbica-machista, unen su voz hoy para, desde un exilio al que fueron empujados por “blandengues”, apoyar y defender a un régimen que los utiliza y continua despreciándolos. Si no me creen pregúntenle a Mariela Castro.
Ricardo Santiago.




Cuba: De todos los males el castrismo es el peor.




La gran tragedia de nosotros los cubanos es que nos enfrentamos a una mentira muy sólida. Una estafa construida por una maquinaria propagandística muy sofisticada que utilizó, para sus macabros fines de perpetuidad, lo mismo a enfermos mentales, personas marginales, obreros y campesinos entusiasmados, amas de casa ilusionadas, estudiantes con y sin pañoletas y a artistas comprometidos por la casa que le dieron, que a “galardonados” y reconocidos intelectuales de talla mundial con una sonrisa y un abrazo siempre dispuestos para el sátrapa y sus Odaliscas uniformadas.
Contra ese monolito de aberraciones, de falsedades bien estructuradas y erigidas sobre el dolor, la humillación y la muerte de muchos, pero muchísimos cubanos, la verdad, la más absoluta verdad, es que hay que tener los pantalones bien puestos.
En estos más de 58 años hemos sido testigos de la capacidad camaleónica de un régimen que se prostituye, carterita en mano y creyón de labios color rojo “castigo”, a cualquier atontado que quiera llenar, a cambio de nada, las arcas de una dictadura que se ha especializado en despilfarrar, en campañas propagandísticas para su beneficio, única y exclusivamente, la prosperidad y el desarrollo del pueblo cubano.
Porque que no me jodan los castristas con sus teques del bloqueo y el imperialismo: ¿Dónde mete la dictadura los miles de millones que entran al país por concepto de remesas, como pago por el trabajo de los “internacionalistas” y otras fuentes? ¿Cuántas mejoras se habrían logrado si el castrismo se hubiera concentrado de invertir decentemente en el desarrollo del país? ¿Cómo somos capaces de donar lo que necesitamos?
Ahora el nuevo responsable es el Presidente Donald Trump, es el objetivo al que hay que culpar, atacar y “mandar mensajitos” porque él, y solo él, según la propaganda del régimen, es el único responsable del hambre que están pasando los cubanos.
La dictadura es especialista en desvestir un Santo para intentar, imaginarse, querer y aparentar vestir otro. El problema real es que han sacrificado al pueblo, lo han timado, lo han hecho padecer todas las angustias, los dolores, las necesidades y los sin sabores más grandes de este mundo para que alguien salga por ahí diciendo que la “revolución cubana” es buena, caritativa y solidaria.
¡Una mentira! ¡Una farsa! ¡Un embuste! Lo que ese imbécil nunca dice es que la dictadura de los Castro se lo quita todo al pueblo para comprar la imagen de “altruismo” que ha regado por el mundo, que es el pueblo cubano quien padece realmente por cada grano de arroz, por cada saco de cemento, por cada onza de café, por cada ladrillo que esa tiranía le dona a otros países y que salen de la necesidad y las carencias de muchos cubanos que no tienen qué comer ni dónde vivir.
Pero, como yo siempre digo, el castrismo es como el cambolo sideral donde, dicen, sepultaron las cenizas del cabecilla en jefe, una mierda de monumento, la cosa más horrible y asquerosa del mundo pero que a todos ellos les “encanta” y van allí a llorar, a jimiquear, a abrazarlo si se lo permiten y a gritar yo soy Fidel.
Por cierto, hablando como los locos, si me siguen jodiendo voy a empezar a escribir Fidel con minúsculas igualitico que revolución.
Y esta es la realidad, el castrismo es el peor de los males, no existe nada que provoque más retroceso, involución, enemistad, carencias y muerte que un sistema que ha dejado a un país entero petrificado en el tiempo.
El 2018 tiene que ser un año diferente, los cubanos tenemos que proponernos que Cuba cambie hacia otro lugar, hacia cualquiera, las noticias que nos llegan de nuestro país son aterradoras, alarmantes, desesperantes.
El cubano de estos tiempos anda con la mirada perdida porque desde hace mucho algunos de nosotros perdimos el camino.
No tengamos miedo.
La dictadura no puede censurar a más de tres millones de cubanos exiliados.
No existe nada peor que el castrismo.
Busquemos un futuro diferente para nuestra Patria.
Empecemos uniendo nuestras voces, pongamos a un lado las diferencias, porque Cuba nos necesita.
El castrismo y los castristas se envalentonan contra unos pocos pero tiemblan ante muchos.
Ricardo Santiago.




Para la dictadura castrista LIBERTAD es una mala palabra.




En Cuba no existe una palabra, un término, un vocablo, una expresión o un deseo más perseguido, fustigado, acallado, reprimido, autorreprimido y condenado que LIBERTAD, “La libertad, la libertad, derecho de la humanidad…”, y en cualquiera de sus manifestaciones.
Algunos “científicos” dirán que la libertad es una sola, que se es libre o se es cautivo, que primero se mira pa’lante y después pa’tra, que la libertad es un estado mental, una opción y un derecho, pero, yo digo, que en el caso de Cuba, como en ningún otro país del mundo, los cubanos, los que vivimos de la avenida pa’lla, doblando la esquina y frente a casa de la Gallega, tenemos que pedir permiso para todo, es decir, desde comprar materiales para arreglar nuestras viviendas, mudarnos de una provincia a otra, comernos un bistecito de res, ver una novela de un canal de televisión de Miami, fregar con un detergente que haga espumita, quejarnos de que algo no funciona o criticar al “Presidente del CDR” hasta pa’ preguntar si en las próximas elecciones se puede votar por quien uno quiera.
Aun así, con tantas restricciones, tantos “autorizos”, tanta burocracia y tantos “jefes” firmando documentos, doblando papelitos, poniendo cuños que salpican tinta, de que venga mañana compañero a ver si le tengo una respuesta o que sí, que no, que llueva el chaparrón, hay cosas que para los cubanos, para el pueblo cubano humilde, por mucho que gritemos, nos esforcemos y nunca entendamos, están en veda permanente, en eterna prohibición so pena de muchos años de prisión o algo mucho peor.
¿Es el pueblo cubano un pueblo libre?
Por ejemplo, según Wikipedia, LIBERTAD “…es la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de la persona.”
El tema es que en Cuba, después del 1 de Enero de 1959, el Bolchevique de Birán, junto a su séquito de konsomoles tropicales, trastocó el concepto de conciencia y, con el cuento de la masividad y el relajo del proletariado al poder, queremos el poder, la conciencia dejó de ser posesión sagrada de cada individuo y pasó a formar parte de la revolución socialista, las tareas del Partido, las milicias obrero-campesinas, los trabajos voluntarios, el agua que no has de beber, el calzoncillo no tiene elástico, la Patria nos necesita y quienes se van son unos gusanos.
Hablando como los locos: Yo siempre he dicho que a Fidel Castro debieron fusilarlo solo por el hecho de ser tan imbécil, tan ofensivo y tan asqueroso cuando públicamente, y como una gracia revolucionaria, llamó a quienes se iban de Cuba gusanos.
Pero bien, esa es la verdadera esencia de esa revolución, pasa que ninguno de esos hijos de puta se atreve a hablar de eso.
El pensamiento del cubano, bajo el “estigma” de la revolución, también sufrió una transformación sustanciosa pues tanta marchadera, tantas guardias nocturnas, tanta vigiladera “al imperialismo” y al vecino, tantas donaciones de lo que no tenemos y tanto “agárrate los huevos” que esta semana viene pollo por pescado, los cubanos dejamos de pensar en alcanzar la prosperidad para pensar en cómo sobrevivir, subsistir y cuidarte pa’ que nadie te chivatee.
Y lo peor de todo es que el castrismo nos jodíó a los cubanos la voluntad. De una nación mambisa, de estudiantes en las calles reclamando sus derechos y de obreros en huelgas más productivas que una jornada laboral, pasamos a ser un pueblo que desfila, banderita en mano, gritando viva la revolución, de estudiantes que dan gracias a la dictadura porque les permite “estudiar gratis”, de enfermos que no tienen ni una aspirina pero dicen yo soy Fidel y de trabajadores que justifican sus desgracias con la consigna de que el bloqueo imperialista los tiene jodidos, jodidos cantidad.
Que el cubano por más de 58 años no pueda comer camarones y langostas, por poner un ejemplo grotesco pero real, más que una tomadura de pelo universal, es también una manifestación palpable, muy palpable, de la falta de libertad en Cuba.
En Cuba, con la dictadura castrista, LIBERTAD es una mala palabra, muy mala…
Ricardo Santiago.




Fidel Castro: La Mentira Perfecta.




Al castrismo y sus mitos artificiales tenemos que desenmascararlos con todo cuanto esté a nuestro alcance, sobre todo con la verdad de un pueblo que ha sufrido, padecido y soportado una dictadura que va a cumplir 60 años.
Porque al final en Cuba hemos vivido la revolución de las involuciones, un retroceso que va mucho más allá de lo económico pues destrozó la espiritualidad de hombres y mujeres que solo querían un país libre para vivir, crecer y educar a sus hijos.
Fidel Castro: La Mentira Perfecta, es un libro que pronto, muy pronto, saldrá a la venta. Es una compilación de artículos, algunos inéditos, donde desmitifico, con verdades absolutamente palpables, al hombre que mayor dolor provocó al pueblo cubano y más destrucción le causó a todo un país con su ego, su ambición, su manipulación y su mediocridad.
Ricardo Santiago.




“Recuerdos” de Cuba No.2. Prohibido olvidar.





Recuerdo que en Cuba, en el edificio donde yo vivía, había una vecina que era un personaje muy singular, único, diferente y, hasta cierto punto, excitante. Todos la conocíamos por la Gallega, de hecho nunca supe su verdadero nombre, pero lo que sí les puedo asegurar es que con la Madre Patria no tenía nada, pero absolutamente nada que ver.
La Gallega era, lo que se dice en buen cubano, una mujer muy “luchadora”. Zapateaba lo que fuera para mantener, alimentar a sus hijos y darle una educación más acorde con los principios y los conceptos de la “hombría”, que ella tenía, que formarlos en los valores revolucionarios y la moral socialista que tanto se predicaba por aquella época.
Según decía los hombres tienen que ser hombres desde chiquiticos, respetar a las mujeres, buscar el pan todos los días para su familia, no tenerle miedo a nada y no estarse, y me perdonan la expresión, con tanta mariconería y tanta chivatería de que si la revolución esto o la revolución lo otro.
A mí me encantaba oírla hablar, tenía una apreciación de la vida y unos conceptos de la familia y la amistad que, y lo confieso sin ningún pudor, eran mucho más responsables, integrales y consecuentes que toda esa mierda que nos decían en la escuela que debía tener el hombre nuevo de Fidel, de la Patria socialista y de los vanguardias de la Jornada Camilo y Che.
Una vez me confesó que terminó, a duras penas, el 9no grado en la Facultad Obrero-Campesina, que lo de ella nunca fue estudiar, que desde chiquita aprendió a trabajar duro en lo que fuera, primero para ayudar a su mamá, y después para mantener a su sus hijos.
En realidad la Gallega con sus “inventos” vivía en el límite de la legalidad. Muchas veces fue víctima de las delaciones de “alguien” en la cuadra, venia la policía y se la llevaba, le ponían una multa y cuando regresaba se paraba frente al edificio y se ponía a gritar, a voz en cuello, las más grandes ofensas contra quienes se dedicaban a chivatear, vigilar, pendenciar y meterse en la vida ajena: “Para estos hijos de puta lo único que es legal en este país es lo que ellos roban”.
Pero bien, de lo que va esta historia, la Gallega en realidad era famosa en el barrio por vender unos duro fríos de fresa que, aunque no sabían a fresa ni a nada, si refrescaban bastante en las tardes calurosas cuando regresábamos de la escuela. En realidad la “alquimia bendita” la lograba con una mezcla de rojo aseptil, para dar color, y azúcar, para dar sabor.
Pero un día parece que se le fue la mano con el rojo aseptil y uno de sus primeros clientes, el hijo de otra vecina que también era de “ampanga”, llegó a su casa con toda la boca y la cara colorada provocando la ira de la preocupada madre que inmediatamente salió a “discutir” a nuestra “próspera empresaria del frescor artificial”.
La que se formó fue tremenda, si los vecinos no llegan a interceder aquello termina en lo desagradable. Recuerdo que la madre gritaba: “¿Y ahora cómo yo le quito lo colora’o a este chiquito de la cara? ¡Eso pasa por vender esa mierda que no es fresa ni es na’!
Recuerdo la respuesta de la Gallega como si fuera ahora mismo porque todo el mundo hizo un silencio sepulcral y la gente se fue retirando del escenario de a poquito, como quien no hubiera escuchado nada: ¡Mira chica no me jodas tanto que aquí el gobierno nos vende el picadillo y no es de carne, el yogurt y no es de leche, las croquetas y no son de pollo, la jamonada y sabe Dios de qué cojones la hacen y yo nunca te he visto ir a formar un escándalo al Comité Central o a la Plaza de la Revolución!
Ricardo Santiago.




Richard Schirrmann: “Por culpa del castrismo no volví a ver a mi papá.”




Existen historias de cubanos que son muy desgarradoras, vidas que no debieron vivir y ausencias que tuvieron que soportar por no permitir que les impusieran la ideología del odio, la envidia y el desastre.
Por Eso Me Fui De Cuba dialoga esta vez con Richard Schirrmann, un cubano de verdad, desde la primera R hasta la última N, un amigo querido y un hombre que a pesar de todo lo que ha vivido no desiste en creer que la libertad de Cuba es posible y lucha por ella.

1.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Quién es Richard Schirrmann?

Richard Schirrmann: Richard Schirrmann es un ciudadano cubano que nació y se crió en una familia humilde. Mi padre fue un anticomunista nato y estuvo preso en varias prisiones de Cuba, a la edad de 7 años ya yo conocía desde la Cabaña hasta el Combinado del Este. Mi padre fue torturado físicamente en las prisiones que estuvo. Siempre iba con mi difunta madre a visitarlo y quizás eso me marcó mucho en la vida.
Recuerdo cuando era muy pequeño cómo asustaban a mi madre: Corrían sobre el techo de nuestra humilde casa en Arroyo Arenas y nos tiraban piedras.
En el año 1980 obligaron a mi padre a abandonar Cuba por El Mariel o tendría que cumplir 30 años de prisión, nunca más volví a ver a mi papá.
Recuerdo, en esa misma fecha, cómo mi madre preparó condiciones para irnos a un viaje largo, era la fuga por la Embajada del Perú. Aunque no se llegó a concretar nuestra salida fuimos tachados en el barrio de contrarrevolucionarios, varias veces intentaron desmoralizar a mi madre y hasta nos tiraron huevos y piedras, fue la época donde nos daban mítines de repudio.

2.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Por qué te fuiste de Cuba?

Richard Schirrmann: Me fui de Cuba en busca de libertad, a la edad de 24 años ya estaba cansado de tanto abuso y frustración, dejé el Técnico Medio en Soldadura en mi tercer año en la escuela “Amistad Cubano-Soviética” de Buenavista, puesto que no me dejaron estudiar Medicina Veterinaria que era lo que yo quería. Trabajé en Campismos, Cultura y turismo, fui Modelo y muy discriminado por la Policía Política cubana.

3.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cuánto te ha marcado esta decisión?

Richard Schirrmann: Mi decisión de escapar de esa dictadura y dejar lo más querido no fue nada fácil, pero es una decisión que cuando la tomas no hay marcha atrás, hay que ser valiente creo yo para dejar a tu familia y amigos para empezar una vida en un país diferente siendo tan joven, pero aun así no me arrepiento, si hoy viviera en Cuba estuviera preso o muerto.

4.- Por Eso Me Fui De Cuba: Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Richard Schirrmann: Mi posición crítica contra ese sistema totalitario se debe a dos cosas: La falta de libertad y las injusticias. Estas son dos cosas que no soporto, nadie debe ser golpeado, encarcelado y mucho menos asesinado por su posición política o religiosa. A la edad de 9 años fui bautizado clandestinamente como católico, escondidos de las autoridades que perseguían a quienes practicaban la religión, esas cosas no se olvidan jamás, por eso y muchas injusticias más me he dado a la tarea de denunciar al régimen, al menos yo me quité los grilletes.

5.- Por Eso Me Fui De Cuba: Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas, incluyendo a quienes defienden al castrismo: ¿Sientes algún temor?

Richard Schirrmann: Mis publicaciones en las redes sociales reflejan los deseos de un pueblo de ser libre, denunciar las injusticias se ha convertido en mi trabajo en mi tiempo libre, me satisface denunciar lo mal hecho y las barbaridades que se cometen contra nuestro pueblo, aunque a veces te juro que hay que tener la piel de cocodrilo para que no te afecte emocionalmente.
Sé que por mi opinión muchos se deslindan, por miedo, y evitan mi amistad. No quieren asumir la verdad por temor a represalias contra sus familias, el terror es un arma que ha utilizado la dictadura contra la familia cubana, la intimidación en las dictaduras es el pan nuestro de cada día, pero con miedo no podemos seguir, tenemos que romper ese muro para dejarles un mejor país a las nuevas generaciones.

6.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Extrañas a Cuba?

Richard Schirrmann: ¿Qué si extraño a Cuba? Creo que si no extrañara a Cuba no podría hacer las cosas que hago. Siempre que me hacen esa pregunta recuerdo a nuestro Apóstol José Martí: “El amor madre a la patria
no es el amor ridículo a la tierra,
ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca”.

7.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cómo definirías el exilio cubano?

Richard Schirrmann: Yo defino el exilio Cubano en una sola palabra: ¡Valientes! Personas como tú y yo que han renunciado a todo por la libertad, gente humilde, muchos valerosos cubanos que han perdido hasta sus vidas en esta noble causa que es luchar por la libertad de nuestro país. Siento mucho respeto por todos los Presos Políticos, las Damas de Blanco que día a día son golpeadas y maltratadas por el mero hecho de querer libertad para sus seres queridos, muchos han tenido que exiliarse y a pesar del duro exilio siguen luchando desde afuera y no olvidan lo que dejaron atrás.

8.- Por Eso Me Fui De Cuba: Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esta unión es posible?

Richard Schirrmann: Creo en la voluntad de los hombres y mujeres que desean una Cuba libre, la unión de la oposición es un pilar muy importante para combatir regímenes totalitarios. En la antigua Polonia, con Solidaridad y Lech Walesa, se logró cuando todos se unieron en la lucha por la democracia. En la ex-RDA, en Checoslovaquia y Hungría, solo por mencionar ejemplos trascendentales, también pudieron reinstaurar la democracia.
Los cubanos deberíamos tomar como ejemplo esos hechos para de una buena vez recuperar la tan anhelada libertad que nos fue arrebatada por el castrismo.

Por Eso Me Fui De Cuba: Gracias hermano por participar en este sencillo proyecto. Cada palabra dicha por ti es un acto de valentía, de honor y de vergüenza. Historias tan conmovedoras como la tuya marcaron nuestras vidas y hoy nos impulsan a mantener en alto la lucha de miles de cubanos que nos precedieron.
Gracias de verdad.




La censura del castrismo y los “bloqueos” de Facebook.




Es terrible pero es cierto. Los individuos que asumen la “filosofía” castrista como “proyecto de vida” llevan implícita en su conducta, entre otras muchas actitudes, la asquerosa “responsabilidad” de denunciar, informar, elevar a sus superiores, rendir partes sobre otros, pasar notas sobre segundos y terceros, chivatear a cualquiera, soplar tubos o lo que sea, lengüetear con habilidad mezquina y “trompetear” con un sonido mucho más chillón que el de una trompetica china.
Según los mamotretos oficialistas del castrismo no se concibe a un verdadero revolucionario, a un excelso militante, a un aguerrido soldado de la patria socialista, a un bolchevique trasplantado, a un fidelista por siempre o a un comunista de las “comunas” del matorral, que no tenga en su haber al menos una víctima por un chivatazo propio, por una confesión a puertas cerradas, por una cartica “inocente” y anónima o por una terrible delación hasta con peligro para la vida del denunciado.
El castrismo sabe que ha perdido la batalla en todos los frentes. Agoniza. El creciente descontento popular en Cuba solo es “controlado” por una represión que no tiene límites, que no se mide ni mide las consecuencias porque sabe que, increíblemente, aun goza de cierta aprobación, nadie entiende los motivos, de una parte de la opinión pública internacional.
De ahí que sigan “gozando la papeleta”, son tan prepotentes, tan “castigadores”, tan engreídos y tan hinchados de… que no quieren entender que el final les ha llegado porque esa mentira, ese desastre o esa miseria ya no hay forma humana de sostenerla.
El castrismo usa la censura como un cañón y a sus ejecutores como proyectiles. Disparan a mansalva contra todo lo que sea diferente, contra lo distinto y contra cualquier idea que intente siquiera sugerir, dejar caer, susurrar o insinuar que la mezcla entre el rojo y el negro (26 de Julio) siempre ha sido el color de la mierda.
Triste oficio el de estos captores de lo ajeno que, borrador en mano, andan por la vida taponeando una realidad que ya no puede esconder ni la madre que los parió, que se les ha escapado porque está a la vista de todos y solo no la “quieren” ver aquellos que, por temor, oportunismo o conveniencia, persisten en disfrazar esa vergüenza de socialismo, de revolución y de yo soy Fidel.
Facebook es otra víctima de la impotencia, de la terquedad, de la incongruencia, de la ceguera, de la insensatez y de la fetidez del castrismo.
Facebook usa algoritmos para protegerse de ciertas “publicaciones” que son indecentes o perjudiciales y se vale de los propios usuarios que denuncian estas desagradables y ofensivas imágenes o comentarios para bloquearlos.
Mucho tardó el castrismo en descubrir este recurso con el cual “censurar” en las redes sociales. Armado de un “poderoso” ejército que les ha dado por llamar los ciber-guerrilleros del pan con tomate, y es incuestionable porque mantenerlo no les cuesta un centavo, se dedican a perseguir, fustigar, denunciar y bloquear a cuanto mensajero de la libertad les espeta las verdades en la cara. Podemos asegurar que las redes sociales están hoy atravesando un “quinquenio gris” de la mano de los “denunciantes” del castrismo.
Es cierto, es muy difícil, la composición de esta ciber-guerrilla “mecánica” es enorme, está integrada por todos los “revolucionarios” en Cuba con acceso a Internet, más los “internacionalistas” en cada uno de los países donde trabajan y hasta por los “exiliados tristes” que, desde sus vidas en el capitalismo, mueren de melancolía porque la verdad sobre Cuba, que vuela libremente en los países donde residen, se sienten trastornados porque solo entienden como válidas las porquerías que “su revolución” les inoculó en el cerebro.
Entonces la fórmula es simple. Cualquier idea nuestra, comentario, artículo, crónica o imagen que publiquemos se enfrentará, así de simple, a cientos de miles de denuncias provenientes de una muy bien engrasada maquinaria que tiene como objetivo, como cobarde objetivo, como confesa y única misión, tapar el sol con un de’o.
Aun así no nos ganan.
Ricardo Santiago.




El castrismo es un virus que ataca el cerebro y “desecha en menudos pedazos”.




La tragedia más terrible, espeluznante, horrorosa y espantosa que sufrimos los cubanos es que el castrismo no es una enfermedad que se cura tomando una medicina y ya, no, el castrismo es una maldición que se ha apoderado de nuestra Patria, que se nos ha metido hasta el tuétano y que no nos quiere soltar aun cuando es muy evidente, demasiado gráfica, vista hace fe, la destrucción que ha provocado y que continua infringiendo en la vida de los cubanos, en Cuba y en buena parte del mundo también.
El castrismo es un mal tan desagradable y persistente que en estos 58 años de agonía no hemos podido, de ninguna manera, quitárnoslo de encima.
El castrismo ha devenido en la mayor catástrofe, incluyendo las naturales, que ha sufrido el pueblo cubano, y Cuba como nación, desde 1492, cuando el Almirante Cristóbal puso sus intrépidos pies en una de nuestras hermosas playas, de arena fina, hasta el sol de hoy en que la pandilla de los “comandantes” de Birán tienen el poder secuestrado, ultrajado, mordido y masticado con el cuento de que “tumbaron a Batista” para restablecer la democracia en Cuba.
Y la verdad histórica es que a Batista lo tumbaron los americanos cuando le retiraron el apoyo “incondicional”, o alguien aun se cree la “fabula guerrillera” de los barbudos alzados, o alzados barbudos, da igual, los piojos se los estaban comiendo vivos, “rompiendo montes y ciudades y cambiando el curso de los ríos”.
En toda la historia de la humanidad ningún grupo de insurgentes mal armados, mal comidos, mal hablados, mal pensados y mal bañados ha podido derrotar a un Ejército Constitucional si es que este último no lo permite.
¡A otros con ese cuento!
El tema es que esta ha sido la mayor mentira inventada y sostenida por la historiografía oficialista castrista para inculcar en el pueblo cubano la imagen grandilocuente de la invencibilidad de Fidel Castro y de su revolución de rotundos disparates.
Lo que nunca estos mercaderes de la vida pasada se atreverán a decir es la cantidad de traiciones, mentiras, estafas, malversaciones y tergiversaciones de la realidad que han tenido que “documentar” para crear y mantener el mito del “rubí, las cinco palmas y una estrella”.
Y es que el sufrimiento de estos 58 años de castrismo supera con creces todo lo vivido en los más de 450 años que antecedieron la llegada al poder en Cuba de estos pichones de ñángaras con collares, crucifijos y con ideología trastocada.
Los cubanos, como una película repetida, también hemos visto, después del 1 de Enero de 1959, el exterminio de la raza casi igual al que provocó la conquista española, los azotes, el cepo, los barracones y la esclavitud, de la época colonial, cuando decidimos en masa seguir y apoyar las mentiras de Castro, las tiranías y los tiranos de nuestro corto período republicano pero encarnados en un solo apellido y, todo eso, sin que el país gozara, aunque fuera solo un año, de alguna prosperidad o solvencia económica igualitico a, por ejemplo, 1957.
¿Cuántas generaciones de cubanos han vivido racionadas, controladas y desabastecidas comiendo las porquerías más indecentes que ojos humanos han visto?
No quiero mencionar ni criticar los “manjares” de la revolución por decencia, respeto a los hermanos que siguen allí, vergüenza y un asco que todavía hoy me retuerce las tripas de solo pensarlo.
El castrismo llegó a Cuba como una pandemia secreta, como un gas toxico, muy toxico, como una fiebre contagiosa que fue pasando de cuerpo en cuerpo sin que nadie pudiera notarlo, advertirlo, como un brote diarreico que la mayoría achacaba a un alimento mal elaborado y como una plaga invisible que lo fue engullendo todo, absolutamente todo, primero a dentelladas cortas, buches amargos, mordiscos desesperados y tragos interminables hasta succionar las ideas de los hombres, devorar el aire que respiro, apagar la luz “que me ilumina”, desvencijar la naturaleza del verde retoño y devorar la vida de los cubanos completica, completica.
Continuará…
Ricardo Santiago.




¿Quién cree el cuento de la revolución buena y el imperialismo malo?




¿Quién quiere visitar la tierra donde nació?
¿Quién quiere caminar de grande las calles que “subió” y “bajó” de chiquito?
¿Quién quiere reencontrarse con el barrio de toda la vida?
¿Quién quiere abrazar a los vecinos y amigos queridos?
¿Quién quiere sentir ese sol que raja las piedras?
¿A quién no le gustaría empaparse con un buen aguacero de Mayo?
¿Quién quiere volver a respirar el olor a mar que tanto refrescó nuestras noches a “oscuras”?
¿Quién quiere tomarse una cerveza bien fría hecha en Cuba?
¿A quién no le gustaría comerse un “machito” asa’o en púa en el patio con la familia?
¿Quién quiere visitar la Iglesia donde hicimos nuestras primeras promesas?
¿Quién quiere volver a ver pasar la mujer de Antonio?
¿Quién quiere “rumiar” por un segundo la vida vivida?
¿Quién quiere gritar?
¿Quién quiere abrazar, besar y estrechar manos casi que con desesperación?
¿Quién ha visto a mi amiga la cínica?
¿Quién quiere visitar la madrina o el padrino de nuestras “desesperaciones” cubanas?
¿Quién quiere comerse un durofrío de la Gallega?
¿Quién quiere pararse frente a la escuela donde estudió?
¿Quién quiere “embarrarse” comiéndose unos buenos mangos?
¿Quiénes quisieran volver a comer los tamalitos de Olga?
¿Quién quiere encontrarse con el primer amor pa’ ver si esta mejor que uno?
¿Quién quiere tomarse un “buche” con los socios del barrio en la esquina?
¿Quién quiere estar a solas unos minutos recordando la vida que vivimos?
¿Quién quiere llorar?
¿Quién sabe cuál es el mejor remedio pa’ matar los piojos?
¿Quién bailaría hasta el cansancio con el Órgano Oriental?
¿Quién quiere ponerle flores y el alma a sus muertos?
¿Quién quiere ayudar a los amigos queridos?
¿Quién se muere de nostalgia?
¿Quién se comería un tentempié y seguiría “echando”?
¿Quién ama hasta la locura el pedazo de Cuba que lleva dentro?
¿Quién quiere ver a todos los cubanos felices?
¿Quién quiere ir y encontrarse un país próspero, lleno de oportunidades y de soluciones?
¿Quién quiere una verdadera democracia en Cuba?
¿Quién quiere poder entrar y salir de su propio país sin tantos permisos y autorizaciones?
¿Quién quiere una sociedad donde no exista la vigilancia pa’ “vigilar?
¿Quién quiere un país donde no se reprima o se discrimine a las personas por tener ideas diferentes?
¿Quién quiere un país solo con pañoletas?
¿Quién quiere probar algo diferente para nuestra Cuba?
¿Quién quiere un país donde el trabajador reciba un salario justo?
¿Quién quiere que los niños cubanos solo tomen leche hasta los siete años?
¿Quién quiere ir a desfilar, ni participar en mítines de repudio ni ser comunista?
¿Quién realmente quiere ser como el Che?
¿Quién cree en el socialismo?
¿Quién sigue creyendo el cuento de la revolución buena y el imperialismo malo?
¿Quién quiere una libreta de abastecimiento?
¿Quién sabe lo que es la cobardía política?
¿Quiénes son Fidel?
¿Quién cree en la dictadura de los Castro?
¿Quién va a levantar la mano por unanimidad?
¿Quién quiere a Cuba libre de esa maldita tiranía?
Ricardo Santiago.



El castrismo es un cadáver putrefacto que hiede, infecta y mata.




Es cierto, la revolución castrista, la que inventaron los Castro en Cuba, la que vistieron de socialismo para camuflar sus malas intenciones, la que dijeron que era para los humildes y así disimular sus propósitos dictatoriales, la que nos vendieron como del pueblo cuando no es más que una vulgar y descarada tiranía, esa, esa porquería de proyecto social, esa misma, esa que tanto defienden algunos incautos en pleno Siglo XXI, agoniza, se hunde, se desfleca, se “desmerenga” y se pudre.
De nada les vale que se jalen los pelos esa partí’a de tambucheros ideológicos, que griten histéricamente, que se arañen, que se rasguen las ropas, que se quiten los zapatos, fú, fú qué peste, que jimiqueen, que mami qué dolor, qué dolor qué pena, lo cierto es que el castrismo tiene sus días contados, uno, dos, tres…, zas, zas, zas…, sanseacabó.
Y es que estamos asistiendo al pataleteo continuado de una dictadura que quiere, a toda costa, “sobrevivir” a la destrucción que ellos mismos han creado, sí, así, como quien no quiere las cosas, como si ellos fueran las víctimas de este cuento interminable o como si no fueran los únicos causantes de la destrucción que sufren Cuba y los cubanos.
Los Castro, máximos responsables de la debacle de toda una nación, aunque no los únicos, se prostituyen desesperadamente al mejor postor para intentar sostener un poder que no tienen y que solo mantienen mediante la represión, la más feroz represión que puede aplicársele a las ideas, a los reclamos, a la justicia y a los hombres.
Cuba es un país fantasma, con un pueblo muy adoctrinado que aun en medio de la más absurda pobreza bajamos la cabeza, cerramos los ojos, nos tapamos los oídos y nos tragamos el llanto, la desilusión y la tristeza. Los cubanos no queremos admitir que nuestro país, ese que tanto decimos que amamos, necesita urgentemente un cambio total, radical y que enderecemos la lógica del funcionamiento sin los Castro, sin el castrismo, sin dictadores y sin sus segundones sopla tubos de copiosa cabellera o de tetas postizas.
La revolución castro-mierdera está desesperada, sus manipuladores altoparlantes están en estado de coma, sus defensores repiten la misma cantaleta pero sin la pasión de antes, se les está acabando la cuerda, es evidente que ya nadie cree en el 26 de Julio pero mantienen la gritería porque no les queda más remedio, han mentido tanto, han ofendido tanto, han calumniado tanto y han agredido tanto que ahora tienen que meterse el rabo entre las patas a sabiendas que sus amos los van a dejar embarcados como a Chacumbele, en el piquito de la piragua.
En Cuba, en las calles, dan golpes, abusan del poder que tienen, encarcelan a un cubano de pueblo porque reclama libertad y en las redes sociales denuncian todo lo que se mueve para que, quienes expresamos ideas diametralmente opuestas a las de ellos, seamos bloqueados y silenciados.
Yo digo que eso es agonía, agonía y de la mala, de la que mata, es la desesperación y la frustración de un régimen que le teme al dialogo, a la confrontación, a la verdad, a la justicia, a que le miren de frente, a que les llamemos a las cosas por su nombre y a las sombras, por eso los castristas siempre caminan por la acera del bobo.
Nunca olvidemos que la revolución castrista nació de una traición, de un espaldarazo a todo un pueblo, de una vil mentira y de un gran absurdo que destruyó la vida de millones de seres humanos que lo único que querían era un país donde reinara la justicia, la paz, la libertad y la democracia.
Ricardo Santiago.