La Castro-enteritis y la “diarrea” revolucionaria de los desfiles en Cuba.





Bueno, bueno, bueno le dijo la mula al freno y a desfilar se ha dicho, a despatarrarse, a “despetroncarse”, a desconchinflarse Paseo abajo y: “Que viva la dictadura, viva el Primero de Mayo y viva el hambre que estamos y seguiremos pasando”.
Indiscutiblemente “Marchando, vamos hacia un ideal…” es uno de los pocos “logros” de los que puede jactarse la dictadura de los hermanos Castro porque, en la vida real, de las ideas y las promesas nunca han pasado, es decir, de revolución convertida en alimentos, electricidad, agua potable, viviendas y futuro para los cubanos nada, nada de nada, puro cuentos, mentiras y ya el mundo entero sabe que los ideales ni llenan la barriga, ni alimentan y mucho menos “matan el hambre”.
Una pregunta “inofensiva”: ¿Del “millón y medio” de personas que desfilan frente a la tribuna de los Castro cuántas de ellas hacen tres comidas al día?
Otra: ¿Cuántos de ellos están ahí por convicción y no por coacción?
Por las vías que sean, es decir, la fuerza, el chantaje, la represión, el croquetismo castrista, las malas palabras, el relajito, la doble moral, la ganzúa cerebral, el odio, el ejercicio físico, el pánico, la hipocresía, los conjuros del más acá, la dialéctica pecaminosa o el camina’o de la mujer de Antonio, los castristas han sabido, a partir del torbellino de malformaciones ideológicas provocadas por Fidel Castro con su falsa e ilegal revolución, mover de aquí para allá y de allá para acá al pueblo cubano como les ha dado la gana. Algunos estudiosos le llaman el complejo “carnero” a esta actitud popular.
Los cubanos hemos asistido obedientemente a cuanta mierda nos ha convocado la dictadura en los últimos 58 años de nuestra existencia, y en un alto por ciento, sin protestar o exigir nuestro derecho siquiera a la apatía revolucionaria. Terrible pero cierto.
No sólo hemos asistido, aplaudido, apoyado y marchado, sino que también hemos gritado cuanta frase croquetera nos han exigido haciéndonos creer que luchábamos por causas justas, altruistas y buscando la prosperidad de la Patria, sin querer entender que en realidad lo que hacíamos era satisfacer el enfermizo ego del hijo de puta mas sinvergüenza que ha controlado los destinos de la nación cubana en toda nuestra historia, me refiero al Micocilen Oriental, la Mota Negra del Infortunio, el Viento Estomacal enrarecido, la Hipotenusa Maldita, el Calzoncillo Chispeado o la Tropicola de Birán.
La historia de Cuba, sobre todo la de los últimos 60 años, puede reconstruirse también por la vocinglería que hemos formado los cubanos en la Plaza Cívica de Paseo, la misma donde está ubicado el Mausoleo a nuestro Apóstol José Martí en La Habana y que la dictadura castrista ha desprestigiado con sus fascistas concentraciones, por cualquier motivo, desde el año 59 del siglo pasado.
La mala locura, las bajas pasiones, la confiancita comunista y los desaforados alaridos de paredón, paredón, paredón, nacionalizar, patria o muerte, socialismo o muerte, que se vaya la escoria, gusanos, contrarrevolucionarios, Cuba si yanquis no, si se tiran quedan, el polvo de no sé qué, abajo el imperialismo, Raulín no es cherna, Fidel, Fidel, Fidel, entre muchísimas aberraciones patrioteras más, fueron demostrando que el cubano estaba hecho más para la estúpida obediencia ideológica que para comer caliente, más para la croquetividad socialista que para la democracia representativa, más para la ceguera política que para el verdadero desarrollo económico del país, más para la obediencia partidista que para el crecimiento espiritual y material de la nación y lo que es peor, lo que se ha convertido en una verdadera enfermedad crónica en muchos de nosotros, más para la adoración a la maldad (léase Fidel Castro) que para ser feliz y obtener de la vida lo que seamos capaces de lograr con nuestro trabajo.
Los cubanos, sin querer o queriendo, nos hemos confabulado y hemos apoyado a lo más traicionero, manipulador, tendencioso, criminal, oportunista y cobarde que nos ha vendido la demagogia encarnada en la figura de un “santo líder”, fabricado por él mismo y aupado por sus secuaces como el Mecías del proletariado o el salvador de los humildes, no quisimos darnos cuenta que le servíamos en bandeja de oro un país y un pueblo enteros para que hiciera con nosotros lo que le saliera de sus podridas entrañas.
Pero bueno, una vez más se repleta la Plaza con una marcha por el día internacional de los trabajadores, otra, aunque yo me imagino que esta vez, después que muchos de nosotros hemos escrito, hablado y gritado tanto nuestras verdades sobre esa dictadura, también reclamen salarios justos, libertad de expresión, sindicatos ajenos a la tiranía, democracia, justicia y vida… Vamos a ver.
Ricardo Santiago.




La locura, la cordura y la croquetividad socialista de la dictadura de los Castro-enteritis.






Por los desfiles del 1 de Mayo.
¿Que qué tienen que ver estos tres “estados de la conciencia” en un país dominado por una dictadura? Pues nada y todo, depende de quién usted sea, cómo piense, cómo actué, cómo sea su moral, si sencilla, doble, triple o si le gusta el congrí sin sal, el café agua’o o las mariquitas zocatas.
Pues bien, a mi juicio, en Cuba, estas tres “variedades del alma” se manifiestan juntas en todos los desfiles, marchas, protestas y concentraciones políticas orquestadas por el régimen fidelista-leninista y sus seguidores croqueteros castristas para rezongar, celebrar, condenar, festejar, exigir, vitorear, extasiar o desempolvar cualquier acontecimiento que le “interese resaltar” a este engendro de dictadura castro-enteritis.
Confieso que en mi época de pre-universitario me dejé arrastrar a dos o tres de estas “orgias políticas”. La última, y es la que más recuerdo porque definió mi postura con respecto a estas aberraciones, fue la marcha de los 62 kilómetros.
Estábamos en onceno o doce grados, no logro precisar con exactitud. Esa mañana en el matutino nos formaron y, después de soltarnos tremenda arenga, nos dijeron que la participación era “voluntaria” y que a la hora de salida pasarían lista para determinar quiénes eran “los verdaderos revolucionarios, los más aguerridos estudiantes, los hijos de Fidel y los que tenían la moral más alta que el Pico Turquino”.
Recuerdo que la salida fue a las 10.00 pm desde el mismo pre-universitario. Había muchos estudiantes, muchas risas, jolgorio y un entusiasmo incalculable porque: “estábamos en el centro de la historia” y porque nuestros nombres “aparecerían en la lista de los nuevos milicianos sin fusil dispuestos a bla, bla, bla…”
Cuando salí de mi casa mi madre me dio una bolsita con un pan con “algo”, una botellita con agua y muy circunspecta me dijo: “Camina todo lo que tú quieras pero cuida los zapatos”.
Quedé puesto y convidado. Nunca pasé tanta hambre, frío, cansancio y sed en toda mi “revolucionaria” vida, y los puñeteros zapatos me apretaron tanto, pero tanto, que me los tuve que quitar porque resquebrajaron mi moral, mis principios, mi dignidad patriotera y el Turquino: ¡Que se lo metan por donde les quepa!
Con aquella alocada, desquiciada y absurda “caminadera” patriótico-militar aprendí la lección del socialismo, del fidelismo y del pan con salsita de tomate con llagas, sangre, dolor y sufrimiento. La “nacionalista” experiencia me dejó una fobia hacia los mocasines que me ha acompañado por el resto de mi vida y, sobre todo, a que me obliguen a hacer algo en lo que no creo o no estoy de acuerdo, a tal punto que, hoy por hoy, y después de más de 35 años de aquel disparate emocional patriotero, todavía me asusta el “color rojo” hasta en el “cachú”.
Nunca más, puesto y convidado, para mi nació y murió allí mismo salvar la revolución y al socialismo. No volví a participar en otra de esas bacanales ideológicas del régimen ni siquiera cuando el niño que por poco se ahoga en el mar y lo “salvaron los delfines”, hecho que se convirtió en el non plus ultra de la histeria colectiva nacional y las manifestaciones populares más desquiciantes y malévolas que uno pueda suponer.
Esta locura desenfrenada involucró a un montón de viejos y nuevos croqueteros que utilizaron el hecho para resaltar el chisme, el brete y la chusmeria nacional como rasgo predominante de “quienes quieren justicia”, apoyando este disparate con marchas y cuanta mierda sirviera para alterarse, desquiciarse, alborotarse y despeinarse en contra del imperialismo, incluyendo a los medios de comunicación que parieron, a raíz de los hechos, uno de los programas televisivos más abominables en la historia de la televisión mundial: La mesa redonda.
Es que en Cuba estamos todos locos y a la vez más cuerdos que el carajo. No inventamos la gritería política pero si le dimos connotaciones soberanas, magnificas, bayuseras, moralistas y sin sentido. La multiplicamos con o sin razón igualitico a aquellas chancletas plásticas, horribles y calurosas, que vendían por cupón, hechas a la usanza de los comunistas y que, en más de una ocasión, tuvimos que usarlas en la calle para no gastar o que se nos rompieran los “zapaticos de salir”.
¡Qué locura! ¿Verdad?
Ricardo Santiago.




¿Nos merecemos los cubanos tanta miseria y sufrimiento?





Aquí sí hay tela por donde cortar. Aquí son más grandes las interrogantes que las respuestas a las trágicas vidas “vividas” por todos nosotros sin que pudiéramos entender por qué tanta miseria, qué hicimos para merecerla o tener que soportarla, sufrirla, padecerla y dónde fue que nos equivocamos al aceptarla.
A mí este tema me provoca mucho dolor, mucha angustia y mucha tristeza porque sé, con conocimiento de causa, de lo que estoy hablando.
Contar la cotidianidad de Cuba, de los cubanos de a pie, hablar de las vicisitudes, de la escasez, de las colas, de los zapatos apretados, la ropa prestada, de la subsistencia y las penurias de la vida diaria, sólo uno de nosotros puede hacerlo y entenderlo porque, en la vida real, nadie como alguien que lo ha sufrido en carne propia para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacio, atragantado en medio del pecho, bajo un calor absurdo, asfixiante y mirando la clara Luna debido a la ausencia de electricidad o por culpa de apagones eternos, desatinados e inexplicables.
El padre o la madre que haya estado en esta situación sabe a qué me refiero exactamente.
Aquí nada tienen que ver el capitalismo, ni el socialismo, ni el “invencible”, ni los croqueteros ni la madre que los parió a todos juntos, aquí sólo cabe la rabia, la frustración y un dolor inmenso, de ese que nos aprieta el alma y nos marca para toda la vida provocando que sea muy difícil entender por qué los cubanos hemos tenido que soportar tanta injusticia.
Un gobierno está obligado, imperativamente obligado, incluso anteponiendo sus políticas presidenciales, las negociaciones de estado, los intereses partidistas, la diplomacia internacional, el mercado, las chancletas de la primera combatiente, los retratos del líder y todas las otras mierdas normales de una administración, a solucionar los problemas que aquejan a sus ciudadanos, sea por la vía que sea, pactando hasta con el mismísimo si es necesario, pero proporcionar el bienestar a su pueblo como primera y única ley a cumplir por todos y para todos, porque no hay justificación alguna, ni bloqueo o embargo económico, ni la crisis mundial, ni los americanos son unos hijos de puta, ni el cuc es más fuerte que el dólar, ni los vaivenes de la bolsa y ni el cambio climático para que un sólo niño, escúchenme bien, un sólo niño, se acueste con hambre, juegue descalzo, añore algo tan básico como un juguete, un dulce, “pasear en coche” o sólo pueda tomar leche hasta los siete años de edad.
La dictadura cubana, la nefasta tiranía totalitaria, criminal e ilegal que campea por su respeto en nuestra patria desde el 1 de Enero de 1959, ha tenido suficiente tiempo para solucionar todos estos problemas, casi 60 años, un tiempo enorme, descomunal e impensado hasta para las más estúpidas e ineptas administraciones, pero: ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Por qué mantiene la misma política ineficaz, retrograda y probadamente improductiva? ¿Por qué es tan indolente ante los horrores que vive el pueblo día tras día? ¿Por qué se empeña en mantener a los cubanos pasando tanto trabajo? ¿Cuál es el objetivo de mantener a Cuba como uno de los países más atrasados del mundo?
La manipulación del cuento de la isla “bloqueada” por parte de la potencia bla, bla, bla, le ha servido a la tiranía castrista para justificar su inoperancia, su bochornoso fracaso, su improductividad y, sobre todas las cosas, el robo, el enriquecimiento ilícito, las cuantiosas fortunas de una dinastía familiar y la de sus más fieles sirvientes y “migajeros” oportunistas.
Pero todos estos hijos de puta tienen que pagar por lo que nos han hecho, no nos valdrá entonces el cuento de que la culpa es del enemigo de afuera, yo estoy seguro que la mayor parte de los cubanos no quisimos ni pedimos esta miseria ni a esta dictadura, no apoyamos sus dimes y diretes gubernamentales ni sus perretas internacionales pues antes que todo eso preferimos que nuestros hijos coman, se vistan y jueguen con decencia, con alegría y sin la Luna como único candil.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente ver a tantos cubanos padeciendo innecesariamente esta situación a la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo, porque somos un pueblo noble, trabajador, sacrificado y emprendedor, somos, en definitiva, un pueblo lindo y grande que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de muchas oportunidades para todos.
¡Maldita dictadura castrista!
Ricardo Santiago.




¿Por qué un croquetero castrista tiene que agredir para “defenderse”?





¡Buff! Me han tirado con todo. Esta vez se han lucido de verdad. No les ha quedado ni una sola mala palabra, mención a mi progenitora, calificativos referentes a mi sexualidad, análisis de mi carácter como ser humano, cuestionamientos de mis principios morales, deseos macabros augurando mi final y todo porque, sencilla e “ingenuamente”, los llamé cubanos croqueteros castristas y les expliqué por qué.
El croquetero castrista tiene eso, es su particularidad más exagerada, para defenderse ofende aunque no conozca a su interlocutor, no le importa si todo cuanto dice es falso, calumnioso, infame o inventado, su objetivo esencial es causar el mayor daño posible aun cuando todo el mundo sepa que dicen mentiras, que lloriquean, que tienen una espinita clava ahí, que eso que me hiciste mami me dolió, que las ronchitas cambian de color y que, por sobre todas las cosas, están haciendo el ridículo, es como si Raúl Castro se presentara al desfile del Primero de Mayo con su acostumbrada pamela y con una lycra.
La actitud de estos sujetos es la consecuencia de haber sido formados en un sistema, o mejor dicho, en una dictadura que sólo ha promovido, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959, la chusmeria, la vulgaridad, la calumnia, la desfachatez, el oprobio, la jerigonza, el abracadabra, el noni, la masa cárnica, el eslabón perdido, la falta de respeto y la confiancita, sin querer entender que la mayor virtud de los hombres es el trato diáfano, respetuoso, transparente y decente aun cuando no estén de acuerdo en algo.
Pero es natural. Fidel Castro, el gran maestro croquetero de la revolución con minúsculas, desde que le agarró el gusto a hablar en público, maldita la hora, no hizo otra cosa que atacar y denigrar a todas las personas que no estaban con él o pensaran como él. Yo siempre he creído que era como una morbosa enfermedad que padecía el chamusquino pulverizado, el talco de las tinieblas, la cascarilla echada a perder, el tizne oriental o el carbón del inframundo, que sentía placer y se excitaba al ofender gratuitamente a sus semejantes.
Las diatribas de la Tropicola de Birán contra sus adversarios, disidentes, oponentes o simplemente no simpatizantes se hicieron famosas y retumbaron en todos los rincones de la patria, repetidas a su vez por sus fieles croqueteros y seguidores incondicionales, han quedado grabadas en los manuales para el estudio de la croquetividad socialista: gusanos, escorias, delincuentes, mercenarios, apátridas y un montón de estupideces más.
En la práctica de la vida Fidel Castro era un tipo que no tenía argumentos para defender su vandálica revolución y siempre terminaba, ante la mentira descubierta, agrediendo y blasfemando hasta contra la madre que lo parió.
Por eso sus seguidores son como son. Los programaron para repetir el mismo cuentecito y no han salido de las mismas letras y las mismas palabras desde hace casi 60 años. Son como los cantanticos de esos tugurios de cuarta o quinta que desafinan pero que se saben muy bien la letra de las canciones.
Para un croquetero castrista que se respete todo señalamiento, critica, comentario u opinión contra Fidel Castro, o su dictadura, es una agresión contra Cuba y los cubanos. Terrible pero cierto.
Esta crápula ideológica, defensora a ultranza de la croquetividad socialista, quiere hacer parecer ante el mundo que el discurso contestatario de quienes desenmascaramos abiertamente las falacias de esa cruel tiranía es un ataque a Cuba y al pueblo cubano, y nada más lejos de la verdad, es necesario que esta idea quede bien clara, pues los Castro, sus esbirros, sus represores, sus gendarmes y sus croqueteros no son Cuba y mucho, pero muchísimo menos, el pueblo cubano.
Quienes realmente siempre se han sentido dueños de Cuba y de los cubanos son el castrismo y sus altoparlantes, fíjense que cuando se refieren a nosotros dicen: Nuestro pueblo. Nuestro pueblo pa’quí y nuestro pueblo pa’llá.
Nada ni nadie hará entrar en razón a un cubano croquetero castrista que tiene toda su cuerda dada y que esgrime la mala palabra y la mentira como argumentos para defender lo indefendible. Yo sólo me limito a reírme porque al final del cuento ellos actúan así porque están imbuidos por el espíritu de su progenitor en jefe y por esa absurda ideología que es la croquetividad socialista.
Ricardo Santiago.




Venezuela es hoy la Patria Grande de América.





¿Dónde están los señores que imparten justicia en este mundo?
¿Dónde están los organismos internacionales que tienen la obligación de frenar el genocidio que comete un “gobierno” contra el pueblo?
¿Dónde están los “marchantes, caminantes y protestones” mundiales contra la injusticia?
¿Dónde está la democracia internacional?
¿Dónde está la vergüenza, la solidaridad, la dignidad, el decoro, el sentido de justicia y la rabia de cada uno de los habitantes de este planeta?
¿Dónde estamos tú y yo carajo?
La dictadura de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Tareck El Aissami, Tibisay Lucena, Cilia Flores, Delcy Rodríguez, Vladimir Padrino, Raúl Castro, Ramiro Valdez, y muchos, pero muchísimos oficiales de la inteligencia cubana, están asesinando, masacrando, ultimando y matando al pueblo venezolano para mantener un poder que constitucionalmente es ilegal. Esa es la única verdad y el mundo tiene que actuar cuanto antes.
Todos los nombres antes mencionados, que por supuesto faltaría incluir a más responsables de este brutal genocidio, son culpables de crímenes de lesa humanidad y deben ser juzgados, procesados y sentenciados por las instituciones internacionales competentes.
TODOS SON CULPABLES, MUY CULPABLES, Y TIENEN QUE SER CASTIGADOS.
La justicia venezolana esta secuestrada por la dictadura castro-chavista, no podemos esperar nada de estos títeres al servicio del castrismo y en función de eternizar un régimen que, a multitudinarias marchas populares vistas, el pueblo venezolano ha demostrado que no los quiere y les está pidiendo que se vayan, les está exigiendo justicia, libertad para los presos políticos y convocar a unas elecciones libres y sin fraudes.
Yo vuelvo y repito: Los personajes antes mencionados son delincuentes, criminales, asesinos y deben ser apresados de inmediato.
¿Dónde está el organismo internacional con poder legal para hacerlo?
¿Seguiremos permitiendo este brutal atropello?
¿A cuántos jóvenes más tiene que asesinar la dictadura de Maduro para que tomemos conciencia?
Es incuestionable la injerencia de la dictadura de Raúl Castro en Venezuela, las pruebas gráficas están ahí, todos lo saben, por lo tanto esto es un complot internacional para masacrar y apagar el clamor de justicia del pueblo venezolano.
El mundo tiene que unirse, el pueblo venezolano no puede continuar indefenso ante las sofisticadas armas para matar la mente y el cuerpo que esgrimen estos bandidos contra Venezuela, TENEMOS QUE FORMAR UN ESCUDO GIGANTE PARA DETENER LA IGNOMINIA, EL GENOCIDIO Y LA MUERTE QUE PROVOCAN ESTOS BARBAROS SOBBRE EL NOBLE PUEBLO VENEZOLANO.
Salvar a Venezuela de las garras del castro-chavismo es responsabilidad de todos, yo hago un llamado y grito públicamente que todos tenemos que intervenir, que mientras más voces sumemos más pronto el mundo se unirá a nuestro clamor y la justicia llegará a esa hermana y hoy sufrida tierra.
¿Dónde está el sentido común de los militares venezolanos ante tanta muerte?
¿Dónde está el sentido común del chavismo ante tantos asesinatos?
¿Dónde está el nacionalismo de los personeros que conforman el “gobierno” venezolano ante la injerencia de otro país en sus asuntos internos?
Si el castrismo, con toda la sofisticada maquinaria que tiene para hacer daño, deja de apoyar a Nicolás Maduro, el monigote de Miraflores sólo durará 48 horas en territorio venezolano.
El pueblo venezolano es hoy El Libertador de Las Américas. Como hace 200 años se enfrenta al colonialismo a pecho descubierto, sólo que esta vez a uno mucho más brutal y despiadado, al castro-comunismo, a la izquierda internacional, al socialismo del Siglo XXI, a los mediocres simpatizantes de toda esa mierda, a la indiferencia de la derecha internacional y a la apatía de millones de seres humanos en este planeta.
Pero Simón Bolívar esta en las calles de Venezuela y nuevamente nos conducirá a la victoria…
Ricardo Santiago.




¿Quién es un cubano “croquetero” castrista?





Ustedes pensarán que yo tengo un trauma muy grande con ese “artefacto comestible” inventado por la maldad, el odio, el ensañamiento, la burla y las barrigas llenas castristas para engañar los ruidosos “sonajeros” en que se convirtieron los estómagos de los cubanos por culpa de la eterna miseria a que nos obligó la estúpida, inoperante, ineficaz, troglodita, cochina e improductiva dictadura de Fidel Castro.
Y sí, tengo un trauma y bien, no me escondo para decirlo, todavía me estremezco al recordar los malos ratos que pasé tratando de despegarme la mierda aquella del cielo de la boca, con los ojos botados “para afuera”, el socio dándome trompadas en la espalda pa’ que me bajara o saliera aquel masacote de harina, el aire que me faltaba, la vida que se me iba, y aun así, en plenos estertores por la supervivencia, yo, más caga’o que estoico, aferrado a mi último cachito de pan con el bodrio croquetero porque, en la vida real, y aquí entre nosotros, el hambre era tanta que no se sabía si era peor morirse atragantado que por inanición. Estoy hablando de los años 90s fundamentalmente.
La croqueta de subproductos castrista fue creada a imagen y semejanza de la dictadura socialista-leninista de los hermanos Castro. Si algún estudioso de la sociología, la filosofía, la política y las dictaduras del proletariado quiere entender qué carajo es el castrismo que se coma una croqueta de esas que estoy seguro que, si no se embucha con el espanto, va a escribir tres o cuatro libros así, de un sólo tirón.
En esencia este “ente masticable” estaba elaborado con mucha harina, el 99,9 por ciento de su cuerpo, y un 0,1 por ciento de un famoso subproducto que, a quien se atreva a decirme con exactitud qué coño era, y a qué sabía, le voy a donar toda mi fortuna.
Seamos serios…
Yo estoy seguro que Ramiro Valdez jamás se comió una de esas croquetas.
Me acuerdo que las freían en “aceite” reciclado y te las daban metidas dentro de un papel de…, en algunos lugares las vendían dentro de un pan medio crudo y con un agüita de tomate por encima para darle algo de color…, puro folclor comunista.
Pero bueno, qué lástima, hubiera sido bueno pa’ que este hijo de puta supiera qué cosa es la famosa revolución que con sus asquerosas garras y afilados colmillos defiende a capa y espada, digo, a garrote, torturas, cárceles, violencia y represión, mucha represión contra los cubanos.
He dicho todo esto para ponernos en contexto y poder entender por qué un cubano que defiende a la dictadura de Fidel y Raúl Castro es un cubano croquetero castrista.
Cuando yo era muchacho recuerdo que si alguien era muy mentiroso decían que era un tremendo croquetero: ¡Viste eso, tremenda croqueta que metió fulano! Me imagino que el símil estaba dado porque al final la croqueta es de carne pero no es carne.
Para empezar los cubanos defensores del castrismo están apoyando, con su ciega u oportunista actitud, no importa, a una gran farsa como lo es la revolución con minúscula de Fidel Castro. Fidel Castro fue en sí mismo la mentira más grande dicha al pueblo de Cuba y que ha sido sostenida, contra viento y marea, por casi 60 años de padecimientos, sufrimientos, dolor y muerte de muchos, pero muchísimos cubanos.
Un cubano castrista es un “pegoste” en el cielo y en la tierra de la boca, es una amalgama de falsas ideas, bajos principios, actitudes traicioneras, un depredador muy oportunista, carente de sentido común, repetidor de palabras ajenas, pendejo, sumiso, imitador de muecas y aspavientos, gritón, siempre se quiere parecer o ser otro (seremos como el Che, yo soy Fidel, etc.), envidioso, escalador, pandillero, perro, sinvergüenza, “moco pega’o”, boquisucio, arrastrado, cegato del ojo, pendenciero, chivato, informante, tracatán del poderoso, sin un discurso coherente, sin libertad, ignominioso, agresivo, falta de respeto, mal educado, comunista y sin sabor, totalmente desabrido, nada más parecido a la croqueta de subproductos fidelista inventada para hacerle creer al pueblo de Cuba que: “con la revolución todo, contra la revolución, nada…”.
Por cierto tengo encarna’o ahí a un mediocre cantantico croquetero castrista que está loco porque yo le responda las porquerías que deja al pie de mis comentarios pero, por mucho que insista, que lloriquee y que suplique, se va a coger el culo con la puerta…
Ricardo Santiago.




Diferencias entre un cubano y un cubano “croquetero” castrista.





Hace unos días publiqué una idea, de la que estoy absolutamente convencido, que dice: Existe una gran diferencia entre un cubano y un cubano castrista…
Para empezar hay que reconocer, nos guste o no, que “cubanos somos todos”, que todo aquel que nació en Cuba, bajo las leyes del “carnet de identidad de la revolución”, es cubano por “derechos”, “deberes”, “obligaciones” y porque la dictadura castro-comunista no reconoce que Usted pueda o quiera rechazar la nacionalidad cubana, es decir, se nace cubano y mientras se esté en Cuba, hay que morirse como cubano.
Esta infernal medida no es más que una de las armas que tiene la dictadura de los Castro para extorsionar, estafar, controlar y vigilar a los cubanos que viven en el exterior cuando visitan Cuba. Una vez que Usted entra al territorio nacional lo hace bajo las leyes del código penal castrista-leninista-militante-cuc aunque tenga pasaporte norteamericano, español, canadiense o de la mismísima casa de las quimbambas. Dicho en buen cubano significa que: Si te haces el gracioso dentro de Cuba te aplican el socialismo con todo el peso de la ley y no hay “rubio” que te pueda defender ni aunque lo haga en inglés.
Por tanto, para redondear esta idea, cubano es todo aquel que, por suerte o por desgracia, nació en Cuba…, así de simple.
Para mí fue una suerte y…
Fidel Castro no sólo dividió, destrozó, laceró y humilló a la familia cubana con sus políticas y su ideología del odio, la prepotencia, la intolerancia, la incomprensión, el oportunismo, la chivatería y el miedo, Fidel Castro descuartizó al pueblo cubano y lo fraccionó, a la fuerza, en revolucionarios y contrarrevolucionarios, dos categorías insoportablemente inconsistentes en un país donde las personas de sólo mirarse se llamaban “amigos”.
Nosotros tuvimos mucha culpa al permitirlo…
Porque al final, y en definitiva, el cubano era eso, un tipo afable, jovial, bueno, cariñoso, amigo de los amigos, hombre a to’, dicharachero, profundo, patriota, compartidor, respetuoso, cívico y con un alto sentido de la cubanía.
La revolución “hijeputiense” que nos impuso la Tropicola de Birán acabó con todos esos sentimientos, con todas esas extraordinarias cualidades nuestras que, con mucha sabiduría y amor, fueron destacadas y fomentadas por grandes almas como el Padre Varela y José Martí, entre otros.
Pero llegó el comandante, mandó a parar y todo aquello que un día fuimos se fue al carajo a golpes de gritería, histeria revolucionaria, chusmeria, trincheras, cantimploras, botas rusas, delaciones, masividad, mea donde tú quieras si eres comunista y, con los alaridos de viva Fidel y viva la revolución, se fue apagando la cubanía, la de verdad, esa maravilla por la que tantos hombres y mujeres, cubanos muy decentes, ofrendaron sus vidas y sus sueños.
A mí me gusta y soy un fiel defensor de la cubanía. Los intelectuales, los teóricos, los inteligentes, los especialistas en la materia y los historiadores harán con mucha sabiduría y prestancia exquisitas y sofisticadas definiciones de la cubanía que todos deberíamos estudiar, entender y aprehender. Pero como he dicho otras veces, muchas, para mí la cubanía, más que un concepto científico, es el arroz blanco con unos buenos frijoles negros dormidos, la conga santiaguera, el agua tibia, un buen danzón bailado sobre un ladrillito, “pasa pa’ que tomes café”, el boniatillo con coco, el “buche” de ron, la lealtad, “si caminas como cocinas me como hasta la raspita”, el socito del barrio, la puerta de la casa abierta, el que se meta con este se mete conmigo, el sol, los aguaceros, los truenos y la risa, esa carcajada de oreja a oreja que un día tuvimos y que la maldad, el adulterio de la razón y las mentiras del castrismo nos apagaron para siempre.
Por eso para mí un cubano es todo aquel que defienda esa pureza, esa jovialidad, ese respeto, esa decencia y esa dignidad que siempre nos caracterizó por encima de la mierda castrista que tanto daño le ha causado al pueblo cubano y a la nación cubana.
Los otros, los que también nacieron en Cuba, viven en Cuba o fuera de ella, pero defienden de cualquier forma a la dictadura de Raúl Castro, esos son los cubanos croqueteros castristas y, en un próximo comentario, explicaremos por qué.
Ricardo Santiago.




Mariela Castro: Una arpía revolucionaria y comunista.





A esta tipa hay que estarla “tocando” a cada rato, zarandearla, decirle tres o cuatro cosas bien dichas, de frente, crudas, en su cara, porque, en la práctica de la vida cotidiana, del sol que sale y se esconde, del arroz con chícharo y el jabón de lavar Batey, yo nunca en mi vida había visto a un ser tan desvergonzado, oportunista, hipócrita, mediocre y vulgar como a esta “dama” castrista desquiciada por los dólares y las comodidades del rubio imperio abusador y egoísta del Norte.
Es una lástima y una vergüenza que este adefesio sea mujer. Mariela Castro no representa para nada a la mujer cubana. No es la imagen de nuestras féminas ni por como habla, ni por como viste, ni como camina, ni como piensa, ni como come, ni como nada…, es sólo la hija del General sin batallas y sin historias, convertido por obra y gracia de la consanguinidad en dictador de Cuba, y por eso ella está ahí, en primera plana, haciendo y deshaciendo a su antojo y gozando de una impunidad que la protege para hablar porquerías, sentirse representante de los cubanos, tomar agua fría con hielo y hasta para meter las manos y agarrar lo que no es suyo sin que nadie se atreva a decirle nada.
Esta hija del castrismo, literalmente hablando, se supone que sea únicamente la directora de una institución “humanista” inventada para defender a una minoría en un país donde todo, absolutamente todo, dicho por la Ley, la Constitución Socialista, por el Partido Comunista y porque a Fidel Castro le salió de sus apestosos “güevos”, tiene que ser mayoría “si no te joden y te pasan por encima”.
Mariela Castro es una de las dos únicas descendientes directas del apellido Castro, no hay más. La otra, la hermana, dicen que es una alcohólica y un ser anodino, a mi no me consta, en realidad es una persona que sale poco y no habla nunca, como si un ratoncito le hubiera comido la lengua, un cero a la izquierda, pero ojo, cómplice igual de sus parlanchines hermanos y primos porque nunca se ha negado a disfrutar de comodidades, recursos y prebendas que sabe muy bien sólo le pertenecen al pueblo cubano.
Pero regresando al tema de la Hidra castrista con cara de cortesana pompeyana. Por estos días Mariela Castro protagoniza un nuevo escándalo de los que nos tiene acostumbrados. Se ha hecho ver por usar una vez más, y ténganlo por seguro que no será la última, su lengua viperina, sucia, asquerosa, cochina, mal educada y estúpida. Ofende cuando se le pregunta lo que no quiere oír y agrede como solución a la encrucijada en que ella misma se ha metido por querer defender una ideología que el mundo entero sabe que es pura mentira y una reverendísima mierda.
Mariela Castro es el castrismo a pulso. Formada y educada en las mesas bien servidas del castro-comunismo familiar, en los roperos repletos con las modas europeas, en viajes de placer y caprichitos cumplidos de “la linda muñequita de papá”, cree que el mojón es carne, perdónenme la expresión, y se atraca, se embute, se atraganta, se harta con toda la bazofia ideológica de un sistema social que sólo ha llevado a Cuba y a su pueblo a la destrucción, la miseria, el hambre y la muerte.
Mariela Castro no puede dialogar, no puede responder con coherencia y respeto porque no tiene argumentos, no puede justificar la crisis física y espiritual de un país y un pueblo que es demasiado visible a la vista, que el mundo conoce porque ha visto las imágenes de las casas destruidas, los niños jugando descalzos, los ancianos muriendo y viviendo de tristezas, el abandono constructivo, la falta total de esperanzas, la represión policial contra opositores pacíficos y el desastre nacional mientras todos los castristas de la cúpula dictatorial viven en regias mansiones con piscinas, remodeladas y reconstruidas a su gusto, con agua calientica, jardines medio colgantes y hasta con el copón bendito.
A un castrista si le dices la verdad te muerde, no tiene otra salida, salta y mata porque en sus putrefactos cerebros predomina más la conservación de los placeres del “mundo trivial” que el sacrificio que ellos exigen para que los demás se partan el lomo trabajando y así le puedan llevar un plato de comida decente a sus hijos.
De esta tipa no se puede esperar otra cosa.
Ricardo Santiago




Los Castro han convertido a Cuba en una cueva de ratas y prófugos de la justicia.





Las arpías “revolucionarias”, los estafadores sin escrúpulos, los asesinos de la inocencia, los “guerrilleros” clandestinos de la izquierda atemorizada, fulanito “la bomba” explosiva, las vacas locas y desvergonzadas, el francotirador de los suspiros, los habladores de porquería internacionales y cuanto rastrojo humano tiene que enfrentar a la justicia en cualquier parte del mundo, entonces, como solución a sus desmanes y a su cobardía, huyen a Cuba, se esconden en La Habana, y todos, felices y muy contentos, amparados y bien recibidos por los Castro, por su pandilla de encubridores, sus meretrices de la ponzoña y sus maquilladores de delincuentes escurridizos.
La Tropicola de Birán, es decir, Fidel Castro, desde muy temprana fecha como principios de la década de los 60s del siglo pasado, inició en Cuba todo un programa de “protección de testigos” y albergó en suelo cubano a cuanta crápula necesitaba esconderse de la justicia internacional, sobre todo de la de Estados Unidos.
Su prepotencia, y su empeño por destacarse a nivel internacional en el enfrentamiento frontal y público contra la potencia más poderosa de la tierra, le hizo creer que podía convertir a nuestro país en santuario de “los más buscados por el FBI”, de etarras descontrolados y de gatillo alegre, de guerrilleros citadinos con más muertos que vivos, de revoltosos de rosca izquierda, de narcotraficantes sin vergüenza, de asaltadores de caminos y a muchos tramposos de programas de salud con disparatadas y dudosas cuentas millonarias.
Sin permiso de los cubanos los Castro hicieron de nuestra patria querida un redil de sátrapas, delincuentes, asesinos y vagabundos internacionales. Muchas notificaciones y denuncias recibieron de parte de agencias, organismos, instituciones y personas alertando o pidiendo la extradición de este o aquel peligroso y connotado bandido con cara de yo no fui, pero siempre, a modo de justificación, les daban la misma “inocente” respuesta: “Noooooo, nosotros no los hemos visto… ¿Tu los has visto Raulín?”.
La perfidia castrista no conoce límites. La ilegalidad y la impunidad con que actúan estos sujetos es extremadamente peligrosa, lo mismo esconden en el territorio nacional cubano un cohete con ojivas nucleares, que les mandan armas camufladas entre sacos de azúcar a un narra arrebatado y esquizofrénico, que le abren las puertas de su casa a un ladrón de bancos, a Superman si se vuelve comunista o le dicen a Nicolás Maduro que: “Cuando la caña se te ponga a tres trozos echa pa’cá que el cuartico esta igualito…”.
Raúl Castro es un real estate sin licencia, un acogedor ilegal de bandidos que actúa de espaldas al pueblo de Cuba. Fiel a la política de su hermano, el polvo-muerto o el muerto-polvo, como más les guste, de recibir y amparar a la “mojonera” del socialismo del Siglo XXI, allana los caminos para recibir, en breve, al monigote número uno de Las Américas, al tiranuelo Nicolás Maduro.
En la vida real no les queda otra, ellos lo inventaron y ahora se lo tienen que comer con papas.
Nicolás Maduro, el saltimbanqui venezolano, tiene, urge, amerita, le corresponde, precisa, merece enfrentar la justicia de su pueblo, debe pagar por los asesinatos cometidos por su tiranía contra los niños, jóvenes, hombres y mujeres venezolanos, por su mediocridad y su servilismo hacia sus patrones cubanos, por cada disparate, palabra pronunciada, risita burlona y pasillitos salseros que ha manifestado en público, así como responder y devolver todo lo robado y saqueado al tesoro nacional venezolano aunque, en el camino al patíbulo, tenga que escuchar el grito popular de: “Ahorquen a ese desgraciado mastodonte…”.
Los cubanos debemos cerrar filas y denunciar la injusticia, tenemos que evitar que esa pandilla de facinerosos castristas siga permitiendo que Cubita la triste sea el veraneo y el “relax” de toda esa crápula maloliente, de que asesinos, ladrones, descarados, sinvergüenzas y dictadorzuelos mal encajados se refugien en nuestro país para no enfrentar la justicia de sus pueblos o sencillamente: “Para que el médico me vea este granito que tengo aquí que me duele mucho…”.
No cubanos, no lo permitamos, de Cuba deben irse todos esos delincuentes empezando por los Castro, démosle su propia medicina con aquello de que “se vaya la escoria” y pongamos un stop a tanta desvergüenza porque, entre otras muchas, pero muchísimas cosas, “La Habana no aguanta más…”.
Ricardo Santiago.




Nicolás Maduro: La marioneta más “cara” en la historia de Venezuela.





Sí, el tipo tiene cara de energúmeno, apariencia de mastodonte desencajado, un grande por gusto, un “hablador” profesional de disparates, de incongruencias y sandeces “revolucionarias”, un títere sin cosquillas y con el buche lleno, portavoz ambidiestro de las voces del más allá y del más acá, asesino lujurioso de la esperanza, un guatacón empedernido y un personaje de aspecto baboso, repulsivo, libidinoso y, sobre todas las cosas, anti-popular.
Nicolás Maduro es todo eso, incluso muchas cosas más que escapan al manejo “decente” de mis adjetivos y a mi real conocimiento de la vida de este paria convertido en “presidente” gracias a su docilidad y sus excelentes condiciones para dejarse manejar a cambio de una “cajita con comida” y una “jabita” con útiles de aseo personal, digo, porque así es como les paga la dictadura castristas a sus hueleculos y a sus esbirros “pisabonito”.
Pero no nos engañemos, nadie llega a donde este sujeto lo ha hecho por ser tan, pero tan, pero tan bobo, tan imbécil, tan fronterizo o gañan, no, alguna neurona “útil” tiene que revolotearle por alguna parte de su espantoso cuerpo para dejarse utilizar, tan descarada y desvergonzadamente, por una dictadura extranjera y no recibir a cambio los buenos dividendos que producen el saqueo y el robo al tesoro nacional venezolano, tiene que ser así porque lo “otro” sería demasiado.
Un tonto-listo que hace cuanto le dicen sus amos isleños, sus edecanes de la maldad ideológica, el esbirro mayor Ramiro Valdéz y el pajarito cantor del Amazonas. Yo estoy seguro que hasta los disparates que vocifera en público este mequetrefe se los dictan sus asesores del socialismo porque, en la vida real, nadie puede ser tan comemierda y además engullirla por carretillas y carretones.
¿Y la mujercita que tiene? ¿Qué me dicen de ese ejemplar con cara de mala hembra to’ el rato? A mi juicio esta desagradable criatura, que no representa para nada a la mujer venezolana, es el verdadero cerebro del “matrimonio dictatorial”.
Pero bueno, Dios los cría y el diablo los junta. Volviendo al tema del títere con media cabeza que es en definitiva el centro de mi “estudio”. A mí Nicolás Maduro siempre me ha parecido uno de los personajes que aparecen en Pinocho, la obra maestra del genial Carlo Collodi.
Según este maestro de las letras los niños que no van a la escuela se convierten en burros, es decir, por no estudiar y no ser buenos con sus padres pasan de la palabra al rebuzno, de las matemáticas a la zanahoria y del abrazo paterno-filial a la soledad de los establos y a la carga pesada, pa’rriba y pa’bajo, como castigo por la ignorancia y el desamor.
La única diferencia con el personaje del cuento infantil es que Nicolás Maduro asistió, por orden expresa de su comandante, el parlanchín al que tuvieron que mandar a callar en público, a una de esas “escuelitas” inventadas por Fidel Castro para, según la Tropicola de Birán, formar y “preparar” a los cuadros de dirección del partido comunista y de donde salieron graduados unos cuantos sátrapas mundiales, algunos narco-guerrilleros de aquí cerquita, “mueleros” titulados con honores, ladrones y estafadores de los erarios públicos nacionales y aspirantes a dictadores del proletariado.
En Cuba Nicolás Maduro también se ganó un Hada Madrina con traje de General. Yo no dudo que hasta haya participado en el complot para enfermar para toda la eternidad al Aló Presidente y, a cambio de lealtad incondicional a la varita mágica verde olivo, sentarse en la silla de Miraflores y tirar sus pasillitos “salseros” con su partener desabrida pero extremadamente ambiciosa y traicionera.
Nicolás Maduro ya tiene la soga al cuello, cada minuto que pasa el heroico pueblo venezolano le da un “jaloncito” de dignidad y la lengua y los ojos se le salen pa’ fuera como a un caballo desboca’o. Ha ordenado masacrar y asesinar siguiendo las orientaciones de sus titiriteros y, aunque su Hada Madrina, ahora disfrazada de Real Estate, le ha prometido casa en La Habana, Cuba, este infeliz monigote no sabe que para el castrismo, cuando sus muñecones les dejan de ser útiles, les dan candela hasta por el culo.
Vivir pa’ ver Nicolás…
Ricardo Santiago.