Vergüenza contra castrismo.




Como he dicho cientos de veces la dictadura castro-comunista de La Habana actúa como un animal carroñero, un depredador cauteloso, un cazador oportunista y un devorador insaciable de todo a lo que pueda hincarle el diente.
No hay animal más parecido a estos criminales de verde olivo que las hienas, aunque me gusta salvar las distancias porque las hienas actúan por un instinto irracional y los otros, los fidelistas por siempre, actúan por oportunismo racional, envidia racional, miedo racional, obediencia racional, mezquindad asquerosa, inquina revolucionaria, soberbia socialista, ambición contagiosa y descaro místico.
Aun así yo siempre digo que un grupo de castristas es muy parecido a una manada de hienas. Fíjense que quien siempre conduce el grupo es una hembra dominante, caen en pandilla sobre sus “objetivos” con una ferocidad enfermiza, asesinan sin que se les vea venir, se “ríen” pa’ disimular el horror que infunden y cuando tienen a sus víctimas bien “mordidas” le chupan hasta los huesos dejándolas en un flequito de miseria y lástima. Preguntémosles a los hermanos venezolanos si es cierto o falso lo que estoy diciendo.
Pero en la vida real los cubanos sabemos más que cualquiera de las “mordidas” del castrismo. Estoy seguro que nadie como nosotros para hablar del dolor, las heridas, el horror, los zarpazos y las dentelladas de esas bestias sobre un pueblo que, cierta vez, y por error, por un gravísimo error, decidimos creer en el cuento que nos hicieron y apoyar hasta la insensatez a un lobo disfrazado de conejito “Play Boy”, vaya, digo yo, pa’ variar en lo del disfraz.
El castrismo empezó a “tragarse” a los cubanos desde los mismísimos primeros años de la década de los 60s del siglo pasado. Cada discurso de Fidel Castro era una dentellada macabra contra la conciencia de los cubanos, una patada en el culo a un pueblo que “admiraba” extasiado la verborrea alucinógena de un tipejo con ínfulas de profeta pero que en realidad tenia alma de caudillo tercermundista.
La revolución social que Fidel Castro tanto alardeó haber hecho en Cuba, que promocionó y gritó a voz en cuello por cuanto rincón de este planeta le fue permitido, que vendió como gallo fino con pedigree y que enarboló a los cuatro vientos como de los humildes y para los humildes, en la vida real solo duro 15 días en la Cuba que nos vio nacer. Yo les puedo asegurar que desde el 15 de Enero de 1959, para no exagerar demasiado, lo que se instaló en nuestro país fue la más cruel, absurda y criminal dictadura que “ojos humanos han visto”, en el tiempo y en el espacio, en toda la historia de la humanidad. Una verdadera maricona’ al sentido común, a la razón y a la justicia.
Fidel Castro engañó miserable y descaradamente a todo el mundo, tal es así que ni convocó a elecciones libres, ni reinstauró la Constitución de 1940, ni respetó la propiedad privada, ni respetó el pluripartidismo ni a los partidos tradicionales, ni permitió una prensa libre y mucho, pero muchísimo menos, permitió a los cubanos pensar según sus creencias, intereses, credos, filiaciones o como a cada cual le saliera de las nalgas.
Entonces se inventó un “gran” enemigo público, tendió sobre Cuba y los cubanos el fantasma de los “americanos” y con un nacionalismo más que fascista, populista, aberrante y aterrador nos hizo jurar odio eterno al “invasor”, defender la Patria, a su socialismo y tener fe ciega en una revolución que, según él, la muy hija de puta nunca nos dejaría desamparados.
A cambio mucha marcha combativa, muchas movilizaciones militares porque vienen los yanquees, muchos actos en la Plaza a dispararnos la mierda del fulano en jefe, a cavar trincheras porque nos van a tirar la bomba atómica, mucho campo de concentración pa’ los que hablan flojito, mucha gritería y que se vaya la escoria, mucho trabajo voluntario, mucha caña pa’ tumbar pa’ los “10 millones”, mucho sacrificio por la revolución y para la revolución, no importa si los hijos se separan de los padres o viceversa, no importa si nos quitan una libra de arroz de la cuota pa’ mandarla pa’ casa del carajo, si “movilizan” a nuestros padres, hermanos, familiares y amigos y los mandan a guerras extrañas en países desconocidos, y a quien diga que no quiere ir lo tachan de la lista de la Patria y le hacen la vida un yogurt, muchas donaciones de sangre a cambio de un “sirope” y un pan con “jamonada”, mucha dedicación, marchando vamos hacia un ideal, derechitos como una vela, sin agacharse y cuidadito que a los verdaderos revolucionarios no les entra ni un alpiste por…, bueno…, por atrás.
Así, sin que nos diéramos cuenta los cubanos, el castrismo, sus hienas traicioneras, sus alimañas ponzoñosas y sus líderes de la defecación nos fueron devorando la conciencia, el sentido común, la capacidad de pensar y hasta los deseos de vivir con sus dentelladas ideológicas del que no salte es yanquee, si se tiran quedan, 31 y pa’lante, esta mosca me tiene la existencia jodida, socialismo o muerte y hasta el macabro yo soy Fidel.
Continuará…
Ricardo Santiago.




La dictadura castrista y su repugnante costumbre de quererlo todo gratis.




Juro por lo más sagrado que me propuse no comentar la última barrabasada pública de la hija de Raúl Castro, la tal Mariela Castro, cuando subió a las redes sociales, y otros medios, un número de cuenta bancaria, de un Banco propiedad de la dictadura, con sede en La Habana, es bueno recalcarlo, para que todo aquel que quisiera pudiera depositar su contribución y así ayudar al maltratado pueblo de Cuba.
Les confieso que llevaba algunos días aguantándome de lo lindo, “durmiendo de pie”, tomando pastillas pa’ los nervios, mordiéndome la lengua e inventándome diferentes terapias ocupacionales para no dejarme dominar por el primitivo instinto de desbocarme ante las acciones del castrismo que atentan y agreden la inteligencia de todos los cubanos.
Mientras más “inocente” quieran los castrista hacer parecer esta calculada acción en más deplorable la convertirán pues aquí todo el mundo sabe que nada que llegue a manos de la dictadura, como concepto de donación, este enjambre de avispas asesinas se las agenciará para vendérselas al pueblo a lo descara’o y en la cara de todo el mundo.
Por cierto, si les llegase dinero en metálico: ¿Cómo lo repartirían?
Al principio degusté con pasión las miles de acertadas respuestas que le dieron las personas con sentido común a esta Primera “Dama” de la Transilvania tropical y caribeña. Muchos paisanos visiblemente enojados le dijeron desde lo más grande hasta lo más chiquito porque, a estas alturas del partido, después de que su familia ha robado a manos llenas durante más de 58 años a los cubanos, esta tipa, sin ningún pudor, con su cara muy fresca, haciéndose la chiva con tontera, la “Sirenita” que nos trajo el huracán, “el alma trémula y sola”, la Virgen de Punto Cero, la tajadita de mango bizcochuelo fuera de temporada o la diputada parlamentaria “muy preocupada” por el bienestar de su pueblo, viene a querer pasarnos su sombrero y pedirnos que “cooperemos con el artista cubano”. ¡A nosotros con ese cuento!
Después las noticias que van y vienen: que si ella cerró su cuenta de twiter porque le subió la presión de la perreta que cogió, que no le gusto las cosas que le dijeron en su propia cara, que si Facebook le clausuró su página por pedigüeña, que si Facebook se la volvió a abrir y le pidió perdón porque todo había sido un error y no, no y no, fue aquí donde a quien se le dispararon los nervios fue a mí y ya no pude contenerme y rompí mi promesa de quedarme callado ante el descaro, la “sinvergüenzura”, el adulterio “sicosomático”, la desfachatez y el reconcomio partidista de que un personaje como este cometiera tamaño descaro y además se fuera de rositas con su cuenta bancaria a otra parte.
Al final de este cuento Mariela Castro es una “rica” diabla y goza en Cuba de total impunidad para cometer atrocidades éticas como esta. Desgraciadamente a esta “compañera”, quienes le rodean en nuestra querida Isla, es decir, los medios oficialistas, los personajes y personeros públicos de la dictadura, los “boyardos” comprometidos con el régimen, los konsomoles y los talibanes de los cañaverales a quienes se les fue el tren, los funcionarios del partido, los adoradores empedernidos de “La historia me absolverá” y hasta el infeliz de Oreste López si lo entrevista la Televisión Cubana en medio de la calle, dirán que la camarada no ha hecho nada malo y que su única intención era recoger algunas donaciones para “tirarle un salve” a los cubanos porque su papá es el mejor presidente que ha tenido y tendrá Cuba en estos 58 años y dos o tres mas pa’lante también.
Lo terrible de todo esto es que la causa fundamental de la situación que viven hoy nuestros hermanos en la isla ha sido provocada por el apellido Castro. La destrucción y el deterioro que sufren las construcciones en Cuba son parte de las desacertadas políticas socialista de una dictadura más empeñada en remendar que en construir, más apertrechada en la fascista idea de guardar la imagen de la austeridad que en abrir el país al desarrollo económico, al confort de sus ciudadanos y al progreso de la nación.
Este huracán que nos acaba de golpear, los anteriores que pasaron e incluso los que puedan llegar en un futuro, no son más que la pura, burda y sucia justificación de un “gobierno” para decir que por culpa de, por causa de, como consecuencia de y si no fuera por, Cuba seria un país maravillosos cuando la realidad, la que se vive día tras día, la que se “compra” con la libreta de abastecimiento sin que tengan que pasar los vientos de la locura, es mucho más demoledora que la fuerza de cualquier huracán categoría cinco.
Mientras tanto esta Mariela Castro, u otras iguales que ella, seguirán pasando el sombrero para ver cuánto pueden pescar gratis a costa del sufrimiento de los cubanos, igualitico a su tio que empezó a hacerlo el 1 de Enero de 1959.
Ricardo Santiago.




Y al final de qué carajo nos sirvió a los cubanos el Patria o Muerte, Venceremos.




¡Venceremos! ¡Venceremos! ¡Venceremos! ¡Griten más fuerte compañeros, más fuerte que no se oye, que nuestro grito les llegue a los imperialistas y los deje sordos! (Ataque sónico)
Y yo vuelvo a preguntar: ¿De qué nos ha servido a los cubanos tantos Patria o Muerte, Venceremos, tanta gritería y tanta histeria “revolucionaria” si los únicos vencidos en este cuento hemos sido nosotros?
Así mismo, la pura verdad y la triste realidad. Nadie nunca podrá contabilizar la cantidad de veces que en nuestra querida Isla se gritó, y se grita aun, a todo pulmón, a garganta atragantada, a voz en cuello “sin planchar”, a ojos desorbitados y a frenesí “salsero” esas puñeteras arengas de los Patria o Muerte, los Socialismo o Muerte, los Comandante en Jefe Ordene, los Nacimos para vencer…, El que no salte es yanqui, A mí me gusta que baile Mariela, perdón, Marieta, El socialismo es indestructible o “Dile a Catalina que me compre un guayo que, la yuca se me está pasando…”.
Yo siempre digo que la Patria cuando es libre y verdaderamente democrática, cuando nos incluye a todos con independencia de nuestras diferencias de pensamiento y cuando es una nación de respeto, quiere a todos sus hijos vivos, “vivitos y coleando”, los quiere respirando a pulmones repletos y con un espacio para que cada uno intente encontrar la felicidad porque no existe nada más alejado del significado Patria que la muerte, esa muerte que nos ha querido imponer la dictadura de los Castro porque se creen los dueños de nuestras vidas.
Pero para el castro-comunismo, para Fidel Castro, Raúl Castro, los principales organizadores del monstruo dictatorial cubano y para sus strippers de la “moral revolucionaria”, la muerte siempre fue y ha sido una moneda de cambio que todo cubano, menos ellos, debemos llevar en nuestros bolsillos por si tenemos que pagar “un pasaje” para montarnos en el “barquito de papel, mi amigo fiel, llévame a navegar por el ancho mar…”.
Todo cuanto estos hijos de puta nos han inculcado a los cubanos es que la “revolución”, esa maldita revolución de porquería, está por encima de la vida de todos nosotros y que “cualquier cosa” que ponga en peligro su existencia debemos sacrificarnos y morir por ella que, total, ya vendrán tiempos mejores compañeros, sus familias no quedarán desamparadas, les darán doble cuota de chícharos y de picadillo de soya, pondrán sus nombres a algún CDR, Escuela Primaria o Círculo de Abuelos, estarán en la gloriosa lista de los mártires sagrados porque, en definitiva compañeros, “morir por la Patria es vivir”.
Falso, una muela bizca muy repugnante. Patria nunca será revolución castrista, nada tiene que ver una cosa con la otra, nada tiene que ver el ideario más puro de una nación con las ambiciones y las mezquindades de una dictadura.
La realidad es que ninguno de estos dictadores, o sus familiares, van a morir por la Patria y mucho menos, pero muchísimo menos, por esa revolución de postalita, de hecho ya lo demostró el “Zar de Birán” que pasó a la historia sin recibir ni una cortadita y sin inmolarse, como cualquier “buen revolucionario” con vergüenza en su cara lo hubiera hecho, ante el desastre que causó en Cuba y ante la miseria y la destrucción que provocó en los más de 50 años que anduvo y desanduvo, sobre todo esto último, y a las que arrastró a todos los cubanos.
Propongo que nos detengamos un minuto, con un solo minuto basta, y nos daremos cuenta que en estos más de 58 años de revolución con minúsculas nunca hemos vencido a nadie ni a nada, que hemos puesto muchísimos muertos en las llamadas guerras internacionalistas, en las falsas ayudas “desinteresadas” a “países hermanos”, en las disparatadas “cooperaciones” a los más necesitados y en los reales planes expansionistas de exportar un socialismo desvencijado que, incluso, le ha costado muchos muertos a otras naciones.
Preguntémosle a las madres, a los padres y a los familiares de los miles de cubanos que han perdido la vida, en otros países cumpliendo las llamadas “misiones internacionalistas” de la “revolución”, qué piensan sobre esos venceremos.
Pues sí, y la prueba más real de nuestra derrota, de nuestra falta de victorias, de que solo han sido puros gritos de “venceremos” y falsas expectativas de “venceremos” nada mas, es la incapacidad de los cientos de miles de cubanos que, ante esta última catástrofe meteorológica, se ven en la incapacidad de reponer cuanto han perdido porque durante estos últimos 58 años no han podido acumular nada, absolutamente nada y ahora, Septiembre del 2017, se encuentran a la buena de Dios, de sus familiares en el exilio, quienes los tengan, o de algún buen samaritano que quiera extenderle una mano porque esa bochornosa dictadura nunca va a hacer nada por ellos, lo único que les ha enviado son muchos militares y perros mete-miedo entrenados para matar, matar y matar.
Ricardo Santiago.




Un castrista “exiliado”: El producto exportable más “barato” del socialismo.




Desde que tuve uso de razón en Cuba, y aclaro en Cuba porque para los cubanos la “razón” en nuestro país está secuestrada por la dictadura castrista con su “pintoresca” ideología del socialismo o muerte, con sus “oye, oye, a la hurra ra, a la hurra ra, bombomchie chie, chie, bombomchie chie chá…” por cualquier mierda que se les ocurra, con sus doctrinas de mira pa’bajo, gargajo, con el cuentecito de que la revolución es un “bálsamo para tus ojos” o con el famoso “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” de tu comandante en jefe Fidel, nos han venido diciendo que los Estados Unidos, el imperialismo, el capitalismo salvaje y las sociedades de consumo son algo así como el Coco de los cuentos, el “Hombre del Saco”, la enfermedad más virulenta que existe, el enemigo número uno de la humanidad, “los versos más tristes de esta noche” o la realidad de la que todos debemos huir, apartarnos, criticar y repeler.
Este fue el discurso con el que crecí. Durante toda mi formación académica este fue el mensaje que siempre me transmitieron los maestros y profesores que tuve en los diferentes grados de enseñanza, fue algo así como la savia fundamental, única, sagrada, con la que debían alimentarse nuestras conciencias de jóvenes revolucionarios, hijos de la patria socialista, tierra de Fidel.
Terrible pero cierto. Por eso veíamos como algo muy normal que cada cierto tiempo se “difundiera” la noticia, por todos los medios oficiales del régimen, que los yanquis nos iban a “atacar” con sus “rubios” marines, que nos tirarían la bomba atómica porque estábamos jodiendo mucho y tenían que darnos un escarmiento, que la improductividad y la escasez de nuestros campos eran por culpa de la CIA y sus agentes, que los “gusanos” de Miami devoraban nuestras frutas, nuestro pescado y nuestras carnes con sus apetitos insaciables y no dejaban nada ni pa‘ti, ni pa‘mi, ni pa’ todos los que están aquí, en fin, que los enemigos de la Patria nos “bloqueaban” por todas partes y que por culpa de ellos la Gallega le echaba rojo aseptil a los durofríos y decía que eran de fresa.
Con esos truenos: ¿Cómo no odiar a los Estados Unidos, a la CIA, a Miami y a su “terrible” sociedad de consumo?
Según Fidel Castro el odio a muerte al “enemigo imperialista” debía ser el sentimiento fundamental de todo cubano, la austeridad y el sacrificio los rasgos más notables y la incondicionalidad a la revolución, y subrayo incondicionalidad, tenía que ser la primera manifestación de todo aquel que quisiera vivir en la sociedad más “perfecta” que se había inventado en este mundo, algo así como que morir por el socialismo tendría para nosotros un significado parecido al que tienen las “vírgenes” del cielo para los musulmanes.
Pero como la historia lo demostró todo ese bla, bla, bla de la sociedad perfecta, justa, igualitaria, de los humildes, de los camisitas a cuadros y pelados bajito, revolucionaria, participativa y próspera fue la mentira más burda, asquerosa y cruel del difunto en jefe con la que engatusó a casi todo el pueblo cubano, le permitió convertir a Cuba en su finca privada y a él mismo en uno de los hijoeputas más ricos del mundo. Si quieren no me crean a mí, pregúntenle a Mariela Castro.
Gracias a Dios millones de cubanos nos dimos cuenta y nos convencimos de que esa revolución, Fidel Castro, el castro-comunismo, el socialismo, el pan de gloria, el eterno sacrificio y la ciega obediencia no eran más que una gigantesca estafa con la que crecimos y con la que nos habían “estrangulado” nuestra capacidad individual, el sentido común, nuestras aspiraciones como seres humanos y nuestro derecho a pensar con independencia de las políticas “gubernamentales” y, sobre todo, de las de su máximo líder.
Ante el “grave” delito que significa en Cuba tener una opinión contraria al “ordeno y mando” de la dictadura, muchos decidimos irnos al exilio antes que seguir viviendo en un país donde todo, absolutamente todo, es un acto político o tiene connotaciones políticas.
Pero reconozco públicamente mi equivocación, no todos los cubanos emigramos por motivos políticos, no, los hay quienes lo hacen porque son miembros del ejército de espías de la “revolución”, muchos porque son agentes de influencia del régimen en el exilio y otros porque son miembros del Contingente Laboral “Los chicos del castrismo” que se van de Cuba para, según ellos, ayudar económicamente a sus familias pero que siguen amando y defendiendo la revolución y a Fidel.
Y yo pregunto: ¿No es por culpa de esa revolución y de Fidel que sus familias están como están?
Cuando tenemos que emigrar al capitalismo salvaje a buscar lo necesario para salvar a quienes viven en el “próspero” socialismo entonces algo nos dice que la ecuación que nos enseñaron en la escuela no funciona, que está muy mal.
¡Abrid los ojos cubanos!
Ricardo Santiago.




Cuba: Un país en escombros, con escombros y para los escombros.




El huracán Irma ya es historia pero a los cubanos nos quedará para toda la eternidad la destrucción que causó en nuestros pueblos, ciudades y, sobre todo, en nuestras almas.
Las ruinas de cientos de edificios a medio derrumbarse se erigirán como los nuevos “monumentos” que emularán con las culturas clásicas de la antigüedad por su permanencia en el tiempo, servirán también como albergue para los “amores de corre-corre” o como baños públicos de quienes han perdido el pudor, la decencia, o no se quieren morir, de una tripa reventada, en medio de las desgracias que tienen que soportar en esta perra vida que les ha tocado vivir.
Quedarán también millones de metros cúbicos de escombros, toneladas de desperdicio regadas por cualquier parte y que al final se convertirán en vertederos públicos de los “buenos vecinos” y en criaderos de cuanta alimaña portadora de enfermedades exista en nuestra “querida” e infecciosa fauna tropical.
El pueblo humilde una vez más convivirá con la basura, tendrá que resignarse a ser testigo de la fusión de los viejos ladrillos destrozados, las vigas carcomidas y el repello de cal y canto con las cáscaras de huevo y la basura orgánica que se irá acumulando como si la ciudad entera fuera una cloaca, un sumidero de desagradables olores, una fosa pestilente o un agujero con las aguas sulfurosas del infierno.
Y es que a esa dictadura no le interesa la salud del pueblo. El General ha hecho hincapié en que hay que recuperar las zonas turísticas primero, que los pocos recursos con que cuentan serán destinados a echar a andar la “industria sin humo” en el menor tiempo posible porque la revolución lo necesita: ¡Será descara’o este tipo!
¿Y el pueblo qué, mi odiado General?
Porque al final la mayoría de los cubanos ni siquiera han visto el Lobby de esos hoteles, ni siquiera pueden imaginarse qué es hospedarse una noche en una de sus habitaciones o “papiar” de lo rico en sus mesas buffet hasta que los corazones se les revienten de felicidad. No, General, el cubano de a pie quiere solución a sus problemas, necesita reponer lo que ha perdido y necesita saber que no está desamparado, que “alguien” estará a su lado y hará hasta lo imposible para que pueda restaurar cuanto ha perdido, lo que con tanto esfuerzo logró acumular durante todos estos años y que unos vientos de mierda se lo arrancaron y se lo tragaron sin pedir permiso.
General Raúl Castro deje de ser tan hijo de puta e imbécil y escúcheme, el pueblo primero, los cubanos primero, los “revolucionarios” primero, como Usted quiera pero alivie las necesidades de los cientos de miles de ancianos, hombres, mujeres y niños que lo han perdido todo, o casi todo, deje la repugnante retórica y el cuento de que la revolución no dejará a nadie desamparado pues todo el mundo sabe que eso es mentira. Aun quedan destrozos visibles en algunas partes del oriente de Cuba del ciclón Flora y este pasó en Octubre de 1963, así como otros que se sucedieron después que han quedado como memoria y demostración de la ineficacia, la despreocupación, el desinterés y el real abandono del sistema socialista por “salvaguardar las conquistas del pueblo”.
General, el socialismo es una falta de respeto a la dignidad de los seres humanos y para lo único que sirve es para “escombrear” los países por donde pasa. Es una ideología que provoca más destrucción que los huracanes que nos tocan porque es como un torbellino de malas decisiones, un vendaval de disparates, un rabo de nube de perversión, como torrenciales aguaceros de incompetencias y como vientos resoplados de imposiciones y de represión a las libertades de los hombres.
Lo peor de todo esto General es que las desgracias que provoca el socialismo, como el peor huracán que ha azotado a los cubanos, suceden cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada año y todo el tiempo de nuestra existencia y el de su ilegal y monstruosa dictadura.
Mientras el castrismo usurpe la democracia, el civismo, el sentido común, la decencia, el pluripartidismo, la libertad en todos los sentidos, el níquel pa’ coger la guagua, el respeto, la libre elección, la disciplina social, la buena educación, el desarrollo tecnológico, el verdadero goce espiritual, la espontaneidad y las buenas palabras en Cuba, los cubanos estaremos viviendo constantemente bajo los efectos del peor de los huracanes, y sin derecho a protestar.
A los escombros históricos de la nación cubana se suman ahora los escombros dejados por el huracán Irma, una triste realidad con la que tendrán que convivir los cientos de miles de cubanos que conforman esa parte del pueblo que, para la dictadura de los Castro and Son S.A., son mucho menos importantes que el “turismo de la revolución”.
Vivir pa’ ver…
Ricardo Santiago.




Raúl Castro es el “punto débil” de la dictadura militar castrista.




Yo quiero ser optimista y no dejarme vencer por la terrible idea de que el cubano, o los cubanos, no tenemos remedio, somos esclavos felices, nos gusta la raspadura, digo, la dictadura, tenemos miedo, estamos bien con el agua o la soga al cuello, nos encanta gritar ¡Viva Fidel! aunque el tipo este muerto y achicharra’o, degustamos la claria y la moringa como exquisiteces primaverales, nos desenvolvemos mejor con los apagones porque así “vemos mejor” y que nos merecemos las desgracias que tenemos porque somos un pueblo de obedientes carneros y de graciosas cotorritas.
No, no y no, me niego a creer que esos epítetos son ciertos, que el mundo entero nos mira con lástima y desprecio porque no somos capaces de enfrentarnos, de una vez por todas, a la más cruel dictadura, al régimen más oprobioso, a la tiranía más criminal y al aura tiñosa ponte en cruz más espeluznante que ojos humanos han visto y cuerpos humanos han padecido.
En realidad hay que haber vivido allí, en Cuba, aunque sea por un corto espacio de tiempo, y cuando digo vivir me refiero a hacerlo en un barrio de verdad, de los de “tierra adentro”, con un presidente del Comité de Defensa de la Revolución bien hijo de puta y bien chivato, con unos padres obreros que sueltan la gandinga día tras día por un mísero salario, con una abuela enferma y cansada por los años de los años que se consume de tristeza y uno sin poder hacer nada, con un calor insoportable a todas horas, comiendo solo las subvenciones dictatoriales de la libreta de abastecimiento, viviendo en una casa que tu padre heredó de su padre y este de su padre y así hasta que el árbol genealógico se estremeció junto con las puertas y ventanas porque no han recibido ni esta pinturita desde los tiempos de ñaña seré, con un chorrito de agua que llega un día sí y otro no y hay que recogerla hasta en los vasitos desechables pa’ que alcance, con las ollas vacías, haciendo colas por cualquier cosa, con la humedad que castiga las articulaciones de mi madre y me grita desesperada para que vaya a la farmacia a ver si llegó la medicina que está en “falta”, sin merienda para la escuela y sin merienda pa’ merendar, trasladándonos a cualquier parte en el transporte público, asistiendo a las concentraciones de la Plaza porque de no hacerlo te expulsan del trabajo o no te dejan seguir estudiando y, lo peor, lo más fascista y denigrante de este mundo, tener que decir que eres revolucionario por temor a las represalias del “socialismo” aunque se te forme un masacote ideológico en la garganta que no deja que el aire te fluya ni pa’lante ni pa’tra.
Pues sí, como decía, hay que haber vivido en Cuba, soportando de esa manera la asquerosa mentira de la revolución de los humildes y el socialismo o muerte para entender por qué la mayoría de los cubanos, en pleno siglo XXI, no tienen ni la más puta idea de qué son los derechos fundamentales del hombre, la democracia, la libertad, el civismo, los derechos humanos, los “barbiquius” y las tarjetas de crédito.
Porque es que al final de este cuento que nos quisimos creer el 1 de Enero de 1959, los cubanos hemos vivido todo este tiempo sumidos en una lucha constante por la subsistencia, por una supervivencia que ha estado más marcada por conseguir el poquito de arroz con el huevito frito que por exigir derechos, libertades, respetos y conquistas que, como decía un vecino mío, viviendo bajo una dictadura esas “aspiraciones” te matan primero que el hambre.
Y ese es el punto fuerte de esa jodida dictadura. Es por eso que han logrado sostenerse por estos 58 años y seguirán mientras mantengan esa horrible forma de control sobre la vida de los cubanos. Indiscutiblemente el exterminio de las “aspiraciones” les ha funcionado para mantener “a raya” cualquier intento de “exigencia popular” pues convirtieron el alma de la nación cubana en una “escuela al campo” de proporciones gigantescas en el espacio y en el tiempo.
El punto débil de estos dictadores, y es más débil de lo que nos podemos imaginar, es la falta de liderazgo que tienen. El General sin batallas y sin historias, Raúl Castro, está en el poder porque el hermano se lo regaló, le “puso el dedito encima” y el muy rata defenestró a cuanto “fidelista” se le cruzó en el camino por temor a que le pudieran hacer la “vida un yogurt”. Puso entonces a sus “hombres de confianza” en los puestos claves de la dirección del país, incluyendo a sus hijos y nietos, para que nadie le pudiera decir ni ji e ir “tirando” hasta que la “pelona” de los hijoeputas lo venga a buscar y se lo lleve a…
Continuará… RicardoSantiago.




La “revolución” de Fidel Castro es una historia muy mal contada.




He visto la entrevista realizada a una importante actriz cubana y hay algunos puntos que ella analiza, desde una visión muy personal, con los cuales yo difiero profundamente.
Realmente lo maravilloso, rico, lúcido y bello de la vida son las diferencias, es decir, las distintas “interpretaciones” que podemos tener las personas de un mismo tema y que somos capaces de defender desde la pasión, la inteligencia, el dolor o la tristeza. En el caso de Cuba mucho más cuando de revolución, gobierno o dictadura se trata porque cada cubano tiene su propia definición en dependencia de la cantidad de “latigazos” que haya sentido sobre su espalda o los “intereses” que intente “cuidar” o salvaguardar.
En ese sentido dice mi amiga la cínica que “revolución”, dictadura o lo que sea, nunca tendrán el mismo significado para, por ejemplo, Mariela Castro y los hijos de los dirigentes comunistas que para los cubanos de a pie o sencillamente para quienes como ella se lanzaron a cruzar el Estrecho de La Florida, entre tiburones y olas gigantescas, desafiando a la otra muerte e intentando encontrar un aire “diferente” para llenar los pulmones y otros órganos vitales.
Y es verdad, la visión que se tenga de la llamada “revolución cubana” pasa necesariamente por cómo se vivió, por cómo se estudió, se sintió, se comió, se tomó, se caminó, se vistió, se durmió, se trabajó, se gozó o se sufrió. Así de simple, lo otro es puro cuento.
Para empezar yo no creo que Fidel Castro alguna vez se propuso realizar un proyecto social en Cuba que beneficiara a “los humildes” ni a nadie en particular. El tiempo y la manipulación de la historia nos han “parido” una idea un tanto romántica de este tema y muchos caen en la trampa diciendo que “la buena voluntad” de este sujeto se torció por un exceso de idealismo y no sé cuantas otras cosas más.
La “tragedia castrista” se inicia en Cuba el 26 de Julio de 1956 con uno de los actos terroristas más grandes de la historia de este continente, el asalto a un cuartel militar donde, como todo el mundo sabe, hubo numerosos muertos y heridos. El movimiento “revolucionario” derivado de esta acción “militar” utilizó tácticas terroristas en su enfrentamiento a la dictadura de Batista provocando mucha destrucción tanto en infraestructuras civiles como en vidas humanas. La sublevación en armas en la Sierra Maestra y la creación del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro, la expansión de la guerra a todo el país hasta la huida del General el 1 de Enero de 1959 demuestran que, entre otros muchos factores, la “insurgencia” de Castro fue cualquier cosa menos un movimiento democrático.
Existe una vieja teoría de que a las dictaduras solo se les puede “tumbar” mediante la fuerza, es decir, con balas y cañones. Yo no estoy absolutamente convencido de este concepto, pero desagraciadamente tampoco tengo bien definida cuál es la mejor manera de enfrentarse al flagelo del totalitarismo o a los regímenes oprobiosos que destruyen a pueblos enteros mediante represión, doctrinas de ordeno y mando, esclavitud de las ideas y el secuestro de la razón y el sentido común.
Pero bien, continuando con el tema, para mi Fidel Castro no fue otra cosa que un “político” formado en la Cuba de finales de los 40s y principios de los 50s del siglo pasado con todos sus componentes, “condimentos” e intereses. Un hombre ambicioso de poder que al propio Eduardo Chivas le causaba “cierto” asquito y a quien no quería en las filas del Partido Ortodoxo.
Indiscutiblemente Castro fue un discursante de “pico fino”, un orador “convencido” que encandilaba con su palabrería y sus promesas, las muchas promesas de esto y aquello que, sin lugar a dudas, arrastró a miles, a millones de cubanos que, durante un tiempo largo lo apoyaron y lo siguieron sumidos en un letargo socialista y “dormidos” por sus macabros, estúpidos, mentirosos, irrealizables y demagogos planes de convertir a Cuba en uno de los países más desarrollados del mundo.
Mi visión personal es que la llamada revolución de Fidel Castro, porque no me gusta decir cubana, fue un acto anticonstitucional, antidemocrático y populista que se adueñó del poder en Cuba en Enero de 1959 y que no lo ha soltado durante más de 58 años, demostrando que no es más que una vulgar dictadura.
Para mí todo cuanto hizo Fidel Castro en Cuba, y aquí incluyo “lo bueno que hizo lo hizo mal y lo malo lo hizo bien…”, estuvo siempre encaminado a solidificar su poder, a satisfacer su ego enfermizo, a liberar su lado oscuro de “domador” de voluntades, de hombre fuerte y de dictador insensible que destruyó a un país entero y sumió a su pueblo en la miseria más absurda e irracional.
Ricardo Santiago.




Los cubanos no necesitan arengas ni discursos, necesitan comida y ayuda.




Entonces ahora vienen las arengas del socialismo o muerte, los discursitos histéricos de la “victoria”, las consignas patrioteras de que nuestra moral es infinita, los aspavientos revolucionarios de que somos invencibles, las proclamas bullangueras de que el pueblo sabrá resistir, de que todos juntos, es decir, el partido, nuestros principales dirigentes, el pueblo y la revolución nos enfrentaremos a la adversidad y venceremos porque “comeremos” parejito, en fin, la misma muela mierdera y oportunista de siempre, la misma de hace más de 58 años que ya nadie escucha porque todo el mundo sabe que no sirve ni pa’ llenar los estómagos vacios ni pa’ reponer los techos que arrancó el huracán Irma de a cuajo con sus vientos pasados de “revoluciones” por minutos.
Yo siempre digo que la última historia de Cuba, la del 1 de Enero de 1959 hacia acá, los cubanos la hemos escrito, o mejor dicho, escuchado, a base de gritos, discursos, proclamas, mesas redondas, panfletos, carteles y letreros donde el triunfalismo, el chovinismo, la demagogia, los encandilamientos “jamoneros” y las falsas expectativas han estado a la orden del día y nos han lavado tanto el cerebro que por eso es tan fácil encontrar a tantos idiotas defendiendo a la dictadura de Raúl Castro armados con los “baja y chupa” de la revolución, el socialismo y el comunismo.
Lo terrible que sucede en nuestro país, sea lo que sea, la dictadura castrista siempre trata de resolverlo con un discurso, en realidad con el mismo discurso y la misma palabrería “combativa” que, si es cierto que funcionó a principios de los 60s del siglo pasado, ya es tan cansina, repetitiva y hedionda que ha terminado por convertirse más en ave de mal agüero que en un levantón de la moral revolucionaria.
Y digo esto porque cuando el pueblo escucha que el General o cualquier otro comemierda de la nomenclatura van a hablar, la única verdad que termina por prevalecer es que la situación se va a poner peor, que al hambre vieja se le sumarán dos o tres “sobrinas” nuevas, que ese cuento de las ayudas y de que nadie quedará desamparado es pura mentira y que, como siempre, llueve, llueve, llueve y, cuando escampa, el fanguero que queda es del carajo y la vela.
Pero esto es lo que hay y solo va a cambiar cuando desaparezca de la faz de la tierra esa oprobiosa dictadura con todos sus engendros y sus herederos de la desgracia. Nunca nadie había visto, y mucho menos experimentado a nivel sensorial, algo tan surrealista, tan fantasmagórico, tan endemoniado y tan virulilla can-can, sí, porque ya no sé cómo nombrar un fenómeno tan absurdo, de que a usted se le derrumbe su casa y venga un funcionario del partido comunista o del poder popular y le suelte, en medio de su dolor y desgracia, así como quien no quiere las cosas: “Compañero, en este momento de adversidad la revolución no lo abandona y mucho menos el espíritu de nuestro comandante en jefe que desde donde quiera que esté lo contempla orgulloso porque usted sabrá enfrentar esta tragedia con la gallardía de nuestros mambises y bla, bla, bla…”. Con la misma el fulano da media vuelta, se va y si te he visto ni me acuerdo.
Definitivamente a los cubanos, y solo a nosotros, nos corresponde cambiar esta desagradable historia. Es bueno que entendamos de una vez por todas que ese régimen, porque lo lleva en su esencia, nunca va a permitir la más mínima prosperidad del pueblo porque le tiene miedo, un miedo terrible, pánico, a que nos liberemos de sus “subvenciones y gratuidades” porque saben, y me refiero a los dictadores, que cuando los pueblos logran este derecho fundamental sus días están contados.
Cuba para los Castro y sus puti-culeros es una mina de oro que no se cansan de explotar, estrangular, exprimir y asfixiar. La ambición de estos pandilleros es tal que son capaces de rechazar las ayudas internacionales, los ofrecimientos de salvación y los aportes desinteresados de la comunidad cívica mundial con tal de hacer prevalecer una autonomía que el mundo entero sabe que no tienen, aunque hundan a los más afectados en la mayor miseria, abandono y desesperanza.
Esta no es hora de discursitos, ni arengas ni socialismo o muerte, esta es la hora de abrir el sentido común y crear mecanismos que permitan que muchas personas puedan enviar ayudas a sus familiares, amigos y compatriotas que no tienen como salvarse de tanta desgracia.
Le exijo a la dictadura de Raúl Castro que levante el bloqueo criminal que tiene impuesto a los cubanos, incluso a quienes vivimos en el exilio, y permita que nuestras donaciones lleguen de forma directa a nuestros hermanos…, es que no confiamos ni en Usted ni en sus instituciones.
Ricardo Santiago.




La tragedia de los cubanos se multiplica con los desastres naturales.




Terribles, espantosas, inconsolables, tristes, humillantes y dolorosas, muy dolorosas las imágenes que nos llegan de las zonas destruidas en Cuba al paso del poderoso huracán Irma.
No quiero ser pesimista, es más, quisiera equivocarme totalmente y que me acusen de mentiroso o de cuanto quieran, pero estoy convencido de que los cientos de miles de cubanos que lo han perdido todo, o casi todo, al paso de este destructivo fenómeno atmosférico, no se van a recuperar jamás de esta horrible desgracia.
Y es que la indefensión y el espanto les llegan por todas partes. A los fuertes vientos y las intensas lluvias que han tenido que soportar se les suman ahora la falta de esperanza, la impotencia, la desesperación y la angustia por intentar recuperar una “normalidad” que todos sabemos no va a regresar porque en Cuba, lo que se pierde por cualquier “motivo”, nunca vuelve pues el ciudadano común, el cubano que depende única y exclusivamente de su mal llamado salario, no tiene cómo reponerse de cualquier desastre que lo aceche.
Y la historia lo ha demostrado, no mi aversión al régimen castrista, no son mis palabras que están cargadas de “odio” contra el pueblo cubano como les gusta decir a los Castro-parlantes, es la experiencia de eventos anteriores la que ha demostrado, en estos últimos 58 años, que la imposibilidad del pueblo para recuperarse de los desastres es superlativa porque las “soluciones” que brinda esa inoperante dictadura son insuficientes y en la mayoría de los casos, en la vida real y en la que hay que vivir de verdad, inexistentes.
Para la dictadura castrista, como lo fue para Fidel Castro en sus “buenos” tiempos, todo es demagogia, propaganda socialista y un asqueroso mercantilismo ideológico que redunda en la idea de que la revolución es buena, el socialismo también, que los dirigentes están haciendo su máximo esfuerzo, que nadie quedará desamparado ante la miseria, que esta es otra de las acciones del imperialismo para doblegar a Cuba, que apriétense aun más los cinturones, quienes lo tengan, y que con el espíritu de Fidel saldremos “adelante” porque él nos guía hacia la victoria con su “rubí, cinco franjas y una estrella”.
Pura mierda, pura muela, bazofia panfletera, arengas cagalitrosas, palabras vacías, oraciones de alcahueteras, discursitos maniqueos, baba comunistoide, calzoncillos sin elásticos y una retórica cansina que nunca ha ayudado realmente a nadie, en todo este largo período de dictadura huracanada, a reconstruir lo destruido y a recuperar una decencia de vida que se perdió en Cuba el 1 de Enero de 1959.
¿Cuántos cubanos viven hacinados en albergues desde hace más de treinta, cuarenta e infinitos años, por diferentes causas, y nunca han recibido solución a sus problemas?
Yo siempre digo que la dictadura castrista ha jugado y ha apostado, durante todo este tiempo, a la mala memoria de los cubanos, a la excesiva manipulación con la que ha logrado someter las expectativas de todo un pueblo y a la brutal represión con la que ha controlado hasta la esperanza de vida de todos nosotros. Y es verdad, a eso apuestan. Apuestan a que en dos meses se les “olvide” todo a los “damnificados” pues al final llevan casi 60 años “adaptándose” al dos pasitos hacia adelante y diez hacia atrás en que ese cruel régimen dictatorial ha convertido la vida en Cuba.
¡Pero no se engañen odiados dictadores, a malvivir no se acostumbra nadie, solo resignación, una inercia incontrolable y un miedo atroz ante la brutal represión, en cualquiera de sus formas, que ustedes ejercen desde el poder sin ningún pudor contra los cubanos!
Recientemente hemos visto que Raúl Castro ha ofrecido una ayuda de diez millones de dólares a los Estados Unidos por los desastres naturales allí ocurridos. La “bondad” de este “gesto” está sujeta a muchas interpretaciones pues: ¿Cuántas familias en Cuba, y les puedo asegurar que son muchísimas, están necesitadas primero de esos dólares?
Independientemente de la solidaridad, que es necesaria, considero que Cuba y los cubanos ante todo, mi odiado General.
Estoy convencido de que muchos cubanos que vivimos fuera, e incluso en la Isla, queremos ayudar a nuestros hermanos que hoy sufren por esta tragedia natural e incluso por las anteriores. Solo que no queremos que nuestro aporte pase por las garras de la dictadura y sí a través de organizaciones internacionales de carácter humanitario que nada tengan que ver con el régimen de La Habana, que nuestra contribución llegue directamente a las víctimas y no se pierda en los vericuetos de la burocracia socialista y terminen en destinos irreconocibles, “centros de ventas” o recuperación de qué carajo sabe Dios qué…
Pero la dictadura lo quiere controlar todo, necesita hacerlo porque de eso depende y ha dependido su oprobiosa existencia durante todo este sufrido tiempo. Ha pretendido ejercer siempre un control absoluto sobre el destino de cuanto sucede en nuestra Patria porque temen que la espontaneidad, la solidaridad cívica natural de los cubanos, la capacidad humanista de los hombres y mujeres dignos de este mundo y la decencia de los sentimientos democráticos por encima de los dictatoriales, echen por tierra el cartelito de “la revolución buena” y demuestren que en realidad son una banda de incompetentes y una pandilla de ladrones, oportunistas y explotadores.
Ricardo Santiago.




El destructivo huracán castrista y sus vientos de la eterna desgracia.




Creo que de lo que se impone hablar hoy es del terrible huracán que amenaza a nuestros hermanos y orar mucho para que la devastación que pueda causar en nuestra querida Cuba no sea peor a la que ha provocado la dictadura de los Castro en estos 58 años de amarga, maldita, miserable y devastadora existencia.
Cuando anuncian un fenómeno meteorológico de este tipo yo siempre pienso en los cientos de miles de cubanos que pierden todas sus pertenencias a causa de las condiciones tan deplorables en que viven y en la horrible indefensión que tienen para enfrentar un monstruo de tal magnitud.
El gastado cuento de los miles de evacuados que usa la dictadura para “cacarear” ante el mundo que a la revolución no se le muere ni un solo “tio”, todos sabemos que es pura y burda propaganda para engañar a los tres o cuatro imbéciles que aun creen que el socialismo es lo mas “bárbaro” que se ha inventado, que es el único sistema social que se preocupa por salvar a los humildes, a los necesitados, a los desfavorecidos y a los “pobres” poniéndolos a “buen recaudo” de los vientos huracanados y el agua pa’ Mayeya.
Pasa que quien hizo la ley hizo la trampa y mientras más “evacuados” exhiba la dictadura más reconoce las condiciones de precariedad en que vive gran parte del pueblo de Cuba.
¡Hay que ver cómo viven muchos cubanos en las provincias por donde siempre pasan los ciclones!
La inmensa mayoría aun no se ha repuesto de las catástrofes anteriores y, como un ciclo terrible de la vida que les ha tocado vivir, no salen de una desgracia para entrar en otra.
Yo puedo asegurar, jurar y acuñar que la mayoría de las edificaciones en Cuba, sobre todo las que no son de interés para el régimen, están en condiciones de derrumbe y no soportan lluvias de tres días como las que se mandan en el Trópico y con sus respectivos vientos de cualquier lugar.
Y es que la miseria provocada en Cuba por esa pandilla de rufianes y descarados ha traspasado los límites de la decencia humana y ha convertido a nuestra hermosa Patria en un país remendado, zurcido y apuntalado por sus cuatro costados. La ilusión que un día tuvimos la soportan hoy viejos horcones y carcomidas vigas de madera puestas de por vida para que no se nos caigan los techos encima y nos aplasten la poca mierda que nos queda.
Así viven muchos cubanos, muchísimos. Y me refiero a los que no pueden arreglar sus viviendas porque no tienen “ni un fula” y las instituciones dictatoriales los pelotean de aquí pa’lla y de allá pa’ca con el cuento del “bloqueo compañeros” y la falta de recursos cuando hay que ver la casa donde vive, por ejemplo, Mariela Castro y las comodidades que se gasta: ¡Hasta agua calientica seguro que tiene la muy cabrona!
Pero el pueblo humilde, el de las goteras en los techos, el de las ventanas y puertas desvencijadas, el de las paredes derruidas, las instalaciones sanitarias atascadas y, el que si tiene mucha suerte le llega agua fría, muy fría, de vez en cuando y de cuando en vez, ese es el pueblo que de verdad se enfrenta a los huracanes y los sufre, con estoicismo y resignación, desde que anuncian su formación por allá por casa del carajo.
Yo me imagino que ahora saldrán los castro-discursantes de las redes sociales y de mi Blog a decir que la revolución no abandona a nadie y que yo soy esto o lo otro, pero démosle un espacio en Internet a los verdaderos damnificados de los huracanes en Cuba para que expresen su verdad sobre la ayuda que han recibido de la dictadura y si en realidad han logrado recomponerse de estas desgracias. Los reto. No tienen que complicarse, solo salir a las calles y preguntar, sin coacción, la última vez que los llamaron para que fueran a recibir la ayuda prometida.
Aquí todo el mundo sabe que esa mierda de “gobierno” es especialista en manipular los promedios, los porcientos, las cantidades, los números y hasta las palabras. Para nadie es un secreto, fíjense las cifras del “sobrecumplimiento al cuatrocientos por ciento de la recogida de la papa en la pasada cosecha” y en los mercados cubanos no se ve ni un puñetero tubérculo de esos “cuatrocientos”.
La dictadura o la revolución o el socialismo o como a ustedes les resulte mejor llamar a esos malditos es una maquinaria de destrucción masiva mucho peor que cualquier fenómeno meteorológico. Al cubano de a pie solo le queda esperar y rezar porque los vientos de la desgracia no les arrasen lo poco que les queda porque lo otro, es decir, la libertad, la esperanza, las ilusiones, los derechos y los sueños, los Castro hace mucho que se los arrebataron sin tener que “soplar” ni un poquito.
Ricardo Santiago.