La ideología de la dictadura castrista es sarnosa, asquerosa y repugnante.





La realidad es que la ideología de esa mafia-militar-familiar, que se ha apoderado de Cuba desde hace mas de 58 años, no es ni comunismo, ni socialismo, ni capitalismo ni ninguno de los ismos conocidos y aceptados por la filosofía contemporánea, lo de estos sinvergüenzas, ladrones, represores, dictadores y delincuentes es castrismo, un castrismo sarnoso que se pega en el alma de los hombres débiles, de los ahuecados moralmente, de los flojos de conciencia y de quienes padecen ceguera de honestidad o son propensos a revolcarse en el estiércol ajeno.
A estos maniatados de lengua suelta, edecanes del bochorno y el ridículo, esta doctrina sin sentido les envuelve las entendederas “despacito” y apreta’o, les corroe el alma desde dentro y los suelta como carroñeros ideológicos a justificar todos los desmanes, la incompetencia, las arbitrariedades y el holocausto de cualquier cosa que generan sus “progenitores” en jefes, no importa a quién, lo importante para esta manada de leguleyos recién zurcidos es gritar, amedrentar, golpear, reprimir, despotricar y arrebatarse: Por la revolución todo, mis uñas, mis cuerdas vocales, mi histeria, mi decencia y hasta mis principios si fuera necesario.
La ideología castrista es tan endeble, incoherente, falsa, infundada e injusta como aterradora, represiva, intolerante y asesina.
La doctrina castrista, y la llamo castrista porque en definitiva fue Fidel Castro quien la inventó, la puso en práctica y la difundió por el mundo como una telenovela barata pero de mucho presupuesto, no tiene un basamento científico, teórico, práctico y ni siquiera lógico. Esta melcocha política es el resultado del bate-bate mi chocolate de lo peor de todas las ideologías represivas del mundo más la pizquita, o la “pizcota”, del toque maléfico del descerebrado de Birán, un hombre que ante todas las cosas fue un degenerado y un furibundo apasionado de la mentira de “engañar”.
Y digo de la mentira de engañar porque hay mentiras que nadie las cree y pasan de largo sin fu ni fa, como si te he visto ni me acuerdo, pero las mentiras de Fidel Castro, las guayabas del Mariscal de Punto Cero, las croquetas del Rey del estercolero socialista, las turcas de Juan sin nada y Juan con todo, las engañifas del comandante tizón o las “tuercas” del piruli de la Sierra Maestra, demolieron la credulidad de toda una nación, embadurnaron a los cubanos con falsas expectativas y convirtieron a todo un pueblo en esclavo de una esperanza de vida que nunca llegó y ni les va a llegar.
Triste pero real. Los cubanos aun esperamos por la cesta de la abundancia que nos prometió Fidel Castro, el 1 de Enero de 1959, y que continúo su ridículo hermano Raúl con su versión patrañera del vaso de leche nacional.
La dictadura castrista es una versión “pinochesca” de la incredulidad pero que en vez de crecerles la nariz les engordan las nalgas de tanto robar, usurar, corromper y apropiarse de cuanto no les pertenece.
Por eso el castrismo no es una ideología de respeto. El castrismo carece de seriedad porque todo cuanto promulga es para la consolidación del totalitarismo como forma suprema de ejercer el control, de consolidar los poderes en una sola persona y cuando esto sucede los gobiernos se convierten en dictaduras y todo lo que generan es puro atraso, desgobierno, pobreza, involución, atascamiento y “mentira, quién te lo va a creer…”.
Al principio muchos caen en la trampa de la mantequilla, el vaso de leche nacional, el café Caturra, los plátanos micro jet, el azúcar pa’ endulzar la amargura, el arroz con leche me quiero casar, hormiguita retozona, la olla de la presión alta, los refrigeradores chinos que nunca se rompen, el agua calientica pa’ bañarse, el bistec con cebollitas, el yogurt de leche de búfala, los quesos mentales, la libertad y la vida, pero sólo basta con un golpe de viento para que las promesas se desbaraten y develen entonces un país en ruinas, una represión salvaje, una emigración desesperada y un hambre que le traquetea los coj…
El castrismo es tan insulso y tan mediocre que exporta su “riqueza” lenguicochina hacia todas partes, no tienen límites, la falta justamente de una coherencia, y de un basamento serio, les permite hacer el ridículo sin darse cuenta que, la fosa ideológica en que han convertido una parte de Cuba, no es menester de otros espacios porque el mundo civilizado y moderno los contempla con repugnancia y asco, mucho asco.
Ricardo Santiago.




El castrismo envenenó a los cubanos con su maldad, su odio y su envidia.





Yo quisiera hablar todo el tiempo de cosas bonitas, de la vida buena y de los amores que no se olvidan, de la amistad a prueba de fuego, de las risas tempraneras empapadas de rocío, de los buenos días ofrecidos con respeto, del exquisito aroma de una buena taza de café, de los cuentos de relajo y de la brisa del mar con olor a mujer recién bañada porque la belleza, la gracia y la alegría son fundamentales para vivir y para respirar.
Pero el castrismo envenenó una parte de mi existencia con su ideología, su maldad, su ferocidad y su intolerancia. Me obligó a vivir la miseria humana de un sistema pródigo en inmoralidad, en traición, en delación, odio, envidias y en el escarnio como si estos “atributos” socialistas fueran condición indispensable para subir un escalón moral en la sociedad.
Fidel Castro fue enemigo de la belleza, de la creatividad, de la pureza y pretendió siempre que los cubanos le siguiéramos fielmente en sus porquerías y en su chabacanería.
Para los castristas el mundo se simplifica en “la batalla de ideas”, la confrontación con el imperialismo, “salvar” la revolución comunista de cualquier mierda, que el hombre se entregue ciegamente al sacrificio, que viva con total austeridad, que no piense mas allá de cinco huevos o seis libras de arroz una vez al mes, que odie y destruya, que sea obediente al líder y que apoye y cumpla las órdenes de la “revolución” aunque sean ridículas o estén totalmente disparatadas.
El castrismo sobrepuso su gula ideológica y su politiquería barata a algo tan sencillo, elemental y básico como son la belleza de las cosas simples de la vida y la capacidad individual de cada cubano para elegir el gusto por la vida.
Para Fidel Castro, con su mentalidad de comunista “sacrificado”, el revolucionario debía ser un tipo austero, simple, defensor de la estética socialista, divorciado de la “fanfarrea capitalista”, de la publicidad comercial, de las buenas presentaciones o los llamativos envases pues “pa’ tomarse la sopa en una trinchera no hacen falta ni anuncios publicitarios ni carteles bonitos”.
Entonces acabaron con todo y las buenas presentaciones dieron paso a la “mercancía a granel” y a la bolsita de plástico en los bolsillos y en las carteras de los cubanos.
Fidel Castro dijo: “La publicidad, la diversidad de ofertas y la capacidad de elegir el producto que nos gusta son un rezago del capitalismo y son enemigos de la revolución socialista”.
Con esas ideas la dictadura castrista condenó a los cubanos al mono-producto, a la no elección, a la no oferta y al consumo de los alimentos como mismos eran sacados de los barcos, es decir, a granel y sin ningún tipo de condición higiénico sanitaria o estética.
¿Cuánto dinero se ahorró esa usurera revolución en dejar de ofrecer a los cubanos los alimentos bien envasados y protegidos del contagio de enfermedades?
El veneno comunista también alcanzó la buena educación de los cubanos. La actitud cívica, el respeto ciudadano, las buenas relaciones humanas y el “pasa para que tomes un buchito de café”.
Los cubanos, contagiados por la gritería, la arrogancia y la falta de respeto castrista, perdimos la costumbre de hablar con respeto, de escuchar a nuestro interlocutor, de aceptar la opinión ajena y sobre todo de la tolerancia. Nuestra educación se fue al garete al ritmo de aquella conga que decía: “Nixon no tiene madre porque lo parió una mona…”.
Cuba, después de 1959, cambió la decencia, la elegancia y el decoro por la mala palabra, la chusmería y la chabacanería.
Es una vergüenza. Es doloroso. Es sufrible. Pero es una verdad del tamaño de un templo.
La dictadura de los Castro ha convertido la vida de los cubanos en una manifestación política. Absolutamente todo en nuestro país pasa por ser un hecho político, hasta tomarte un poco de agua es un acto político porque dependiendo de la temperatura de esta puede ser “revolución” o “diversionismo ideológico”.
El castrismo es lo peor que le ha pasado a Cuba y a los cubanos, es el buche más amargo que hemos tragado en toda nuestra historia y la arqueada más prolongada, eterna y constante que ha marcado nuestras vidas.
Definitivamente quieren envenenarnos a todos: ¡No lo permitamos!
Ricardo Santiago.




En Cuba “la lista no juega con el billete”, ese juego huele a trampa.





La “realidad” más real es que en Cuba la dictadura juega con muy pocas listas y muchos billetes o muchas listas y muy pocos billetes, siempre dependiendo quién sea el “ganador”.
Digo esto porque desgraciadamente en nuestro país una cosa es lo que dicen la prensa oficial, los medios de comunicación al servicio del régimen, los ciber-guerrilleros de lengua estofada que “combaten” en las redes sociales, la nomenclatura cómplice de la castro-enteritis y hasta el propio Raúl Castro, y otra, muy diferente, es la que se palpa y se siente en el ánimo, la ilusión, el espíritu y el apoyo real del pueblo cubano hacia esa aberración represiva llamada revolución socialista de los hermanos Castro.
Según la dictadura castrista y sus acólitos la mayoría del pueblo cubano apoya al régimen castro-comunista.
A mí personalmente esta lista no me juega con el billete.
Aun así yo no voy a discutir esta aseveración “triunfalista” porque esto nadie lo puede cuantificar con certeza, quiero decir, con números exactos. En mi criterio este concepto queda, como todas las “verdades” que enarbola el castrismo, en un limbo y dentro del cubo de las dudas porque la única forma de saber, a ciencia cierta, es realizando elecciones libres, democráticas y con varios proyectos políticos compitiendo entre sí.
¿Cuántos de nosotros, los que vivimos en Cuba o fuera de ella, discrepamos, nos oponemos, nos avergonzamos o rechazamos a ese régimen y su sistema político?
Pues bien, esto también es muy difícil de considerar, necesitaríamos las mismas elecciones para demostrarlo porque, como dice el dicho, el hábito siempre hace al monje.
Según el último censo de población viven en Cuba alrededor de doce millones de cubanos, ya deben ser menos porque se han ido unos cuantos, la migración en Cuba sucede en un sólo sentido y la natalidad en la isla es proporcional al crecimiento económico, es decir, decrece.
Por otra parte algunos estudiosos cuantifican la diáspora cubana en unos tres millones de exiliados repartidos hasta en los más impensables rincones del planeta. Esta “ecuación poblacional” determina que cubanos somos alrededor de quince millones en este mundo “cruel” que nos ha tocado vivir.
La cubanía es un sentimiento con el que se nace, usted lo perfecciona durante toda su vida y lo arrastra hacia dondequiera que va, porque cubana es la bandera, el pan con guayaba, la coladita de café compartida con el vecino, el trabajo duro, las discusiones acaloradas, el saber de todo, la gritería en medio de la calle, el calor insoportable, el bonche, el macho asado, la chancleta, la valentía, la cerveza fría, el trago de ron, la mulata con curvas perversas, el negro fornido con atributos de fuego, la melancolía, el bolero, el son montuno y la risa, si, la risa, esa que se tiraba de oreja a oreja y se sonorizaba sin vergüenza porque era la mejor prueba de la alegría que sentíamos.
Después usted agregará a la lista cuanto quiera, el Escudo Nacional, el Himno, la Historia patria, los mártires, en fin, lo que desee, y créanme que todos, absolutamente todos, son bien respetables porque CUBA, así con mayúsculas, tiene que estar por encima de cualquier símbolo, ideología, imagen o definición política. Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese…
Entonces, en esta parte muy importante de la ecuación, estamos quienes nos oponemos, disentimos, rechazamos y denunciamos a la dictadura castro-comunista y a su tropa de alcahuetes del infortunio.
Nosotros los que nos fuimos, quienes se quedaron por decisión o porque no les quedó más remedio, quienes queremos una Cuba plural que incluya a todos los cubanos, los que nos cansamos de tanta politización barata de la vida, quienes nos aburrimos de “conquistas” y más conquistas de un socialismo que es hambre pa’ hoy y más hambre pa’ mañana, quienes nos hastiamos de oír promesas de superproducciones y sobrecumplientos que abarrotarían nuestras mesas, nuestros estómagos y nos provocarían cagaleras de tanto comer, quienes sufrimos por un enemigo que nos ataca pero que nunca llega y que al final ni enemigo ni na’, pregunto: ¿Cuántos somos, un 40%, un 20%, un 10% un 1%, ¿Cuántos somos?
Estadísticas: 40% = 6 000 000 de cubanos en contra de la dictadura.
20% = 3 000 000 de cubanos en contra de la dictadura.
10% = 1.5 000 000 de cubanos en contra de la dictadura.
Pues bien, no importa, aunque sólo exista un cubano, esté donde quiera que esté, y no comulgue con el sistema “comunista” que mal gobierna nuestra patria, entonces tiene que ser escuchado, respetado y considerada su opinión y su voto.
NO IMPORTA CUANTOS SEAMOS, DE CUALQUIER MANERA SOMOS MUCHOS, DEMASIADOS…
Ricardo Santiago.




Cuba: Un país viviendo bajo los escombros del comunismo.





Pues como les digo, literalmente hablando, Cuba es un país sepultado por las ruinas de la ineficiencia, la chapucería, el abandono, el desinterés y las justificaciones mientras su pueblo es aplastado día tras día por la miseria, la insalubridad, las enfermedades, las ambiciones de poder, el egoísmo y la mal sanidad de una ideología tan nefasta como el comunismo de compota impuesto a los cubanos por la dictadura de los hermanos Castro.
Por cierto, hablando como los locos, a mi eso de los hermanos Castro me suena a conjunto musical de la década de los 50s del siglo pasado, pasa que este par de sinvergüenzas ni ritmo, ni melodía, ni armonía y ni unas simples maraquitas, lo de esta pandilla de usureros de la moral ha sido mucha tribuna “antiimperialista”, muchos micrófonos y un cable tan largo que nos hemos tenido que comer los cubanos que llevamos más de 58 años tratando de digerirlo y de evacuarlo, sobre todo de evacuarlo.
A los comunistas hay que hacerlos rabiar, hay que darles de su propia medicina para que se revuelquen en su asquerosa bilis ideológica, hay que mostrarles diariamente las imágenes de la destrucción que han provocado para que entiendan que el estercolero en que han convertido a la nación cubana es únicamente responsabilidad de la improductividad de un sistema que avanza un paso, retrocede cien y no de “agentes” externos que quieren destruir: ¿A quién?
¿Alguien puede mencionar una sola obra construida por esa revolución de chambones mentales que merezca ser rescatada para la posteridad?
Sin relajos, hablemos en serio.
Cuba es un país que se derrumba física y espiritualmente por antigüedad y por la negligencia de una “administración” que tiene muy poco de organización y sí mucho de totalitarismo recalcitrante y goloso.
La revolución castrista, a los efectos de la práctica de la vida, es como esa señora que un día de paseo con su sombrero rompió una farola, y la muy desconsiderada siguió destrozándolo todo y acabó con los bancos de los parques, las flores, los árboles, el agua fría pa’ tomar, la iniciativa privada, las aceras, los edificios, los comercios, las calles, el papel higiénico, la alegría, la sazón del arroz con pollo, el manantial de la cordura, las matinée de los cines de barrios, el azúcar blanca, una buena taza de café, el ojo de la aguja, la natilla, la buena educación, la alegría y la risa de los cubanos, esa que salía del alma y que usted podía escucharla a tres leguas de distancia.
Hoy Cuba es un derrumbe colosal, insisto, los escombros se acumulan como trofeos a la negligencia y al desinterés de un régimen que no quiere admitir su ineptitud, su desidia, su desobediencia al sentido común y su incapacidad para devolverle la belleza a un país que, en sus buenos tiempos, fue uno de los más hermosos del mundo.
La ideología comunista no puede construir nada porque es una filosofía autodestructiva en su esencia. Erradica los motores que impulsan el desarrollo económico de una sociedad e implanta un absurdo de propiedad social sobre los medios de producción que sólo conducen al atraso, la involución, el empobrecimiento de la sociedad, las cafeteras sin asas y las ollas de presión sin juntas.
Son tristes las imágenes, las miles de miles de imágenes que circulan en las redes sociales mostrando la destrucción que hoy viven Cuba y los cubanos, el dolor y la vergüenza que provocan mientras estos marsupiales del oportunismo se desgañitan mostrando los hoteles para el turismo internacional, algunos hospitales remozados para las fotos domingueras y dos o tres edificios con coloretes y maquillajes de bajo presupuesto pa’ tapar las “ronchas”.
Cuba ha perdido su valor arquitectónico, otrora de los más significativos del mundo, para dar paso al perenne susto del desmorone.
El cubano, el cubano simple que no es funcionario de la dictadura ni esta apadrinado por los patriarcas del régimen, ni está vinculado por consanguinidad o por huele trasero a los Castro, ve cómo día tras día se desconcha el techo de su vivienda mientras sólo puede rezar, suplicar y maldecir para que no se venga abajo, un día de estos, y los aplasten a él y a sus hijos.
Hoy Cuba se derrumba y la dictadura “cantando”…
Ricardo Santiago.




La desigualdad social que provoca el socialismo es la peor de todas.





Mucho cacarean los Castro-consumidores y sus defensores arrastra panzas sobre la igualdad social que ha “logrado” la revolución con minúscula de los hermanos Castro.
Yo a veces me pregunto si estos tipos son realmente humanos o si cayeron de otro planeta y en el rebote contra el suelo se quedaron sin materia gris, sin ojos y sin lenguas pa’ ver y pa’ decir la verdad.
Porque en la vida real le traquetea la moringa que todavía a estas alturas del partido estos “revolucionarios” sin revolución mantengan “viva” la leyenda socialista de que tú eres igual que yo, yo soy igual que aquel y Mariela Castro es igual al hijo de un campesino de los campos de Mayabeque.
¡Hay que tener vergüenza en la cara y dignidad en el corazón!
El socialismo cubano, ese invento mefistofélico de cinco pa’ mí y uno pa’ ti que ni los estudiosos de la filosofía marxista han podido descifrar, elevó la división en clases sociales de la sociedad cubana a niveles del último la peste y el primero se la traga. Nunca antes en nuestro país se había sentido tan marcada diferencia entre los cubanos porque, con el cuento de la justicia social, la igualdad de derechos para todos y el casimir que no da calor pero sí, Fidel Castro nos hizo creer que todos éramos iguales, comíamos lo mismo, nos vestíamos igual, olíamos a lo mismo, los zapaticos nos aprietan a todos por igual y hasta el besito que me diste lo debíamos repartir como buenos proletarios de todos los países uníos.
No me canso de decir que nunca en mi vida había visto unos tipos tan descara’os, tan farsantes, tan demagogos y tan cínicos como estos castristas.
En una cosa Fidel Castro si tuvo razón, la igualdad más marcada en Cuba la vivimos los cubanos de a pie, es decir, los obreros, los trabajadores y sus familias, pues recuerdo por la década de los 70s y los 80s como todos nos vestíamos iguales con aquellas horribles y fuera de moda ropas cupón que nos vendían una vez al año, los zapatos modelo “bocaditos” punta cuadrada, los pantalones elaborados por nuestras madres y abuelas con tela de corduroy que vendían por la casilla, las camisas confeccionadas por “mi mamá me ama” con aquellas “escalofriantes” telas estampadas que, desmiéntanme si estoy exagerando, uno llegaba a una fiesta y se encontraba a tres o cuatro socios con igual “decorado” o, en el mejor de los casos, la casa donde se celebraba el motivito tenia las cortinas con las mismas rayas de tu camisa y el olor de tu pantalón…
La revolución de los Castro-embudo generó en Cuba una clase social que, como todo “socialismo” que se respete, la lleva intrínsecamente ligada pues sólo bajo esta doctrina del todo por uno, quienes la implementan, es decir, los dirigentes, se convierten en los nuevos ricos porque, según ellos, tienen la misión de “preservar y distribuir” los bienes del pueblo y del Estado.
La dictadura castrista creó una nueva elite en Cuba. Increíblemente quienes más gritan sacrificio, voluntad, estoicismo, igualdad y entrega a la revolución menos, pero mucho menos, participan de la gran miseria que se ha apoderando de la sociedad cubana a todos los niveles.
Los nuevos ricos del castrismo, entiéndase los Castro, la pandilla de manigüeros tira tiros que los siguieron en sus fechorías históricas y los nuevos huele culos que se les han adicionando, se adueñaron y viven en las casas de la otrora burguesía nacional, construyeron escuelas diferentes a las del pueblo para que sus hijos estudiaran y se agenciaron de clínicas y hospitales con todos los “hierros” para ser tratados y cuidados como Dios manda.
¿Quién alguna vez vio a un hijo de los Castro ingresado en el Hospital Calixto García, La Covadonga o el Pediátrico del Cerro?
Las diferencias entre esta crápula socialista y el sufrido pueblo de Cuba son bien marcadas. La vida que viven y que se dan estos proxenetas de la ideología marxista nada tiene que ver con la que sobrelleva el resto de los cubanos. Yo estoy seguro que la casa donde vive Aleida Guevara, la hija del argentino Che comandante, Che guerrillero todos los niños seremos pioneros, nada tiene que ver con la de cualquier obrero que viva en un pueblecito de las provincias orientales, ni lo que comen ella y su familia se parece al plato de espanto de cualquier cubano que viva en la periferia de La Habana y las medicinas que toma esta “hija pródiga en cuerpo y alma de la revolución” no tienen el mismo amargo de la vida con que esos cubanos tienen que “aliviarse” los retorcijones provocados por un estómago vacio porque, aunque usted no lo crea, el hambre duele, duele cantidad…
Ricardo Santiago.




Al socialismo se le están cayendo las letras, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…





Me muero por verle la cara a los Castro, a los Maduro, a los Cabellos y a toda la comparsita de un meneíto pa’quí y un meneíto pa’llá, que los siguen con ánimos de lucro, al sentir la contundente respuesta del pueblo venezolano que, en un hecho sin precedentes, ofreciendo una muestra de sabiduría y sentido común, manifestó, en aplastante acto de civismo, que ya no quiere más dictaduras, más castrismo, más chavismo y mucho menos, pero muchísimo menos, ese invento de socialismo que no es ni del Siglo XXI ni de ningún otro lugar.
Yo digo que si estos fulanos no fueran tan descara’os, tan sinvergüenzas, tan inmorales, tan detestables y tan, pero tan asquerosos, ellos mismos se montaban en un avión, de uno en fondo, y se presentaban en La Corte Internacional de La Haya para que los pueblos, como acto de necesaria justicia, les dieran un poco de patadas por las nalgas.
En la vida real harían falta unos cuantos aviones, de los más grandes, para llenarlos de tipejos de estos pues, en honor a la verdad, tanta culpa tiene quien mata la vaca como…
Hablando como los locos ahora me doy cuenta que los castristas mataron todas las vacas que había en Cuba ¡Vaya pa’l carajo! Un país que contaba con una masa ganadera que abastecía al mercado nacional y que además se daba el lujo de exportar derivados de esa industria.
¡No si cuando yo lo digo! Y todavía tienen la cara de pararse a decir que Cuba marcha por la senda victoriosa construyendo el socialismo. ¿Socialismo de qué parti’a de sinvergüenzas, si hasta Pomarrosa, la vaquita de María Silvia, la novia de Elpidio Valdés, se la almorzaron en una de esas orgias ideológicas para conmemorar una de esas mierdas que a ustedes tanto les gustan?
Dice mi amiga la cínica que no deje de mencionar a Pijirigua, la vaquita a quien no le gustaba la inseminación artificial, que segurito corrió igual suerte en una de las bacanales represivas de los castristas y si te he visto ni me acuerdo.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, perdón, pero es que cuando pienso en el desastre que le han causado a nuestra Patria estos hijos de puta, me da por soltar la lengua, desgañitarme y pierdo el sentido de lo que estoy hablando.
Pues bien, el pueblo de Venezuela le ha dado el tiro de gracia al “famoso” socialismo del Siglo XXI, lo ha desprestigiado de tal manera ante el mundo que yo me imagino que en estos momentos la cúpula castrista y sus ideólogos del pan con bistec, estén de corre-corre porque no hay cómo justificar la vergonzosa derrota moral que les han dado los venezolanos, demostrando en las urnas que ese régimen tan improductivo es una reverendísima porquería y que tienen que pagar por los muertos que han causado.
Al final de la historia el socialismo es sólo un arma para matar el cuerpo, el alma y las economías de los pueblos. Lo otro son tres o cuatro vividores que lo implementan y se apoyan en mensajes populistas, muy populistas, para robar, saquear y perpetuarse en el poder obligando, mediante medidas represivas, muy represivas, a que las personas griten: Santificado sea tu nombre, mi comandante.
¡Váyanse a la mierda todos!
Hoy el mundo democrático tiene una prueba más de que la crápula que está devorando a este continente es repudiada, rechazada, despreciada y vomitada por quienes sufren el día a día de la miseria y la destrucción que significa esa plaga que se ha apoderado de nuestros países.
Empezó hoy por Venezuela igualito a como hace más de doscientos años la iniciara ese gran hombre que fue el Libertador Simón Bolívar, multiplicado ahora en cada voto popular que le dijo NO a la Asamblea Nacional del Poder Popular, perdón, a la Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro, un invento leguleyo para tener licencia para masacrar, asesinar, destrozar y exterminar la decencia y la valentía del noble, valiente, corajudo y muy respetado pueblo venezolano.
Una vez más Nicolás Maduro y el castrismo dieron muestras de imbecilidad congénita. Todos sabíamos el resultado de la votación. Sólo esta pandilla de inmorales, en su ambición desmedida y desproporcionada, sigue creyendo que la caca es carne y se dan opíparos atracones como lo hicieron una vez con Pomarrosa y Pijirigua.
Ricardo Santiago.




¡Apártese General! ¿No se da cuenta que es Usted un estorbo?





Cada vez que el dictador Raúl Castro habla en la Asamblea Constituyente Cubana, o mejor dicho, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, hay que tomarse un Meprobamato, un par de Aspirinas y un buen buche de Novatropín por aquello de tengo los nervios de punta, un dolor de cabeza que se me quiere partir y una acidez y unos retorcijones de estómago que voy por la línea del ferrocarril y siento que la….
Este General sin historias, sin leyendas y sin curriculum, se ha convertido en todo un especialista en discursar sobre una cantidad de mierdas que les recomiendo a sus eunucos y edecanes que vayan pensando en retirarlo porque más que un dictador se está pareciendo a un papagayo acatarrado con el síndrome de la mollera estúpida.
Ahora resulta que “nuestro” General Electric sin voltaje y sin amperaje quiere prohibir que los cubanos se enriquezcan porque, según él, la riqueza nada tiene que ver con el modelo socialista, el vaso de leche que hace mucho, pero mucho tiempo nos prometió y el pollo por pescado una vez al mes regulado por la libreta de abastecimiento o productos normados.
Yo digo que esa dictadura es experta en producir descara’os, fantoches, filibusteros del occipucio, maquinitas de afeitar sin filo, arrebatados por las secuelas del oxiuro, oportunistas y dictadores inmorales, sinvergüenzas y caras de tablas.
Hay que ser exageradamente cínico para pararse frente a un pueblo a hablar de acumulación de riquezas cuando en Cuba todo el mundo sabe que allí los únicos que pueden ser ricos, muy ricos, son los Castro and Son S.A. y algunos muy escogidos esbirros de la cúpula que, de una forma u otra, regentan la economía, la política y la vida de nuestro país.
Y yo pregunto: ¿Se puede ser realmente rico en Cuba?
¿Se puede ser rico económicamente en un país donde no hay libertad política, de pensamiento y respeto a la propiedad individual?
¿Se puede ser un hombre rico en un régimen donde las leyes no amparan al ciudadano común y se someten a los intereses de la dictadura?
Pero digo más, en Cuba, según el invento de Constitución socialista que estos degenerados han oficializado a pepe, todo, absolutamente todo, pertenece al Estado Socialista.
Según ese engendro constitucional por cualquier motivo la “revolución” te puede confiscar desde tu casa, tu carro y todas tus propiedades so pretexto de ilegalidades e irregularidades que en cualquier país son las cosas más normales del mundo.
El tema es que el cubano nace con un lazo invisible alrededor del cerebro y otro que le quema la cintura mediante los cuales esa maldita pandilla de delincuentes nos contrala con un aprieta y afloja que no nos da oportunidad ni para movernos ni para pensar.
Son muchos los ejemplos a lo largo de estos casi 60 años de férreo control dictatorial en que hemos visto con sobresalto la ejecución, por parte de los órganos represivos del estado cubano, de diferentes Planes Macetas con su consecuente cantidad de decomisos y personas encarceladas por “delitos económicos”.
Por cierto: ¿Alguien podría decir qué hace la dictadura con esas casas, carros y demás propiedades confiscados en esas “famosas” limpiezas del “exceso” de dinero circulante?
El otro problema, tu querido General, es que en Cuba, aunque usted tenga mucho dinero, es más, aunque tenga todo el dinero del mundo, la miseria lo persigue, se le pega a la espalda como una sombra porque la calidad de vida que esa revolución obsoleta y vil le ofrece a los cubanos es sencillamente mala, muy mala.
Piense General en el sistema eléctrico del país, en el sistema de acueductos, la calidad del agua, el sistema vial, las comunicaciones y la conexión a Internet, el desabastecimiento, las ciudades en ruinas, los servicios, la calidad de los alimentos y el aire, piense sólo un minuto en el “aire” que tenemos que respirar los cubanos.
¡Diga la verdad Raúl Castro y déjese de cuentos!: Usted y su familia solo quieren mantener a ultranza el control del manejo de la llave que regula el flujo de billetes en nuestro país como ha estado desde el 1 de Enero de 1959 cuando el muerto al hoyo implantó su falsa revolución y se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Tal parece que su preciado hermano no le daba oportunidad, ni a usted ni a sus hijos, de meter las manos y ahora andan de gandios pa’l maniguiti un peo.
Por último déjeme decirle que no joda tanto y permita a los cubanos, los de afuera y los de adentro, generar sus propias iniciativas económicas e impulsar a Cuba como Dios manda, cosa que ni usted ni su estúpida revolución han podido hacer en más de 58 años.
¡Apártese General! ¿No se da cuenta que es usted un estorbo? A usted sólo le queda esperar por la justicia divina o por la de los hombres!
Ricardo Santiago.




Esteban Lazo: El “genio” lamparero de la revolución con minúsculas.





Ahora se baja este “consorte” con la muela de que los cubanos tienen que pagar más impuestos. ¿Habrase visto un ser tan sinvergüenza, tan cínico, tan descara’o, tan oportunista y tan mediocre como este “pitusín” de doble costura?
Sería bueno que este paria de la decencia declare públicamente con cuánto contribuye él al erario público cubano mediante el pago de impuestos, si es que lo hace, y sobre todo a qué se dedican dichas contribuciones en Cuba.
Definitivamente la revolución con minúscula de los Castro los caga, los apila, los esparce y los “huele” para que le sirvan de ridículos esperpentos del disparate mientras ellos juegan a los escondidos o al burrito 21, todo el tiempo, en la cara oculta de la Luna.
Con “genios” como este Esteban Lazo ninguna dictadura necesita más. Obediente como un culo, depositando siempre a la hora acomodada el mensaje “sagrado” de sus intestinales jefes, este “ébano” de la hipocresía socialista fue la segunda carta de presentación que utilizó Fidel Castro para hacerle creer al mundo que ni él, ni su revolución de porquería, eran racistas. ¡Que los compren quienes no los conozcan!
Por cierto, peor que el racismo en Cuba, que existe y no se puede negar, es la polarización de la sociedad cubana que esa dictadura sin escrúpulos ha elevado a niveles estratosféricos, segmentando a los cubanos en revolucionarios, contrarrevolucionarios y apáticos, una segregación “mental” que va más allá de la decencia humana y de la convivencia natural en cualquier sociedad civilizada, porque el hombre es dueño de su pensamiento y todo “gobierno” debe respetarlo como la posesión sagrada de cada individuo, a eso me refiero cuando digo que el castrismo inventó lo de blanco y negro, división social que nada tiene que ver con el color de la piel.
Pero bien, continuemos con el tema, temita tema. Esta “masita” de pan tosta’o, que hoy por hoy es al “flamante” presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, una especie de Asamblea Constituyente como la que quieren implantar los pupilos del castrismo en Venezuela, donde quienes participan lo aprueban todo por unanimidad en total complicidad con la dictadura y para no herir los sentimientos de los Castro, dice ahora que los cubanos tienen que pagar más impuestos.
Bueno, bueno, bueno, bueno, pero es que este mequetrefe cómplice número uno de los crímenes del castrismo no sabe que la vida de los cubanos es un “impuesto” en sí misma, que desde que nacemos todo cuanto comemos o sencillamente respiramos es una “imposición”, que desde los cinco años en las escuelas, o mucho antes en el círculo infantil, esa proselitista dictadura nos “impone” su “chacalista” doctrina como un dogma y como si fuera la única verdad que existe sobre la faz de la tierra, que para vivir en Cuba, como el marxismo manda, es mandatorio ser revolucionario, delator, combatiente, medio comunista u obediente, muy obediente, y que hay que ser como el Che.
¿Pero en qué país vive este fulanejo?
El mayor, más desproporcional, injusto, abusivo e indecoroso impuesto que tienen los cubanos es a través del salario oficial que les paga la dictadura de los Castro por el trabajo realizado. En Cuba la ecuación trabajo-salario-costo de la vida es como uno de esos problemas de la física cuántica o de la matemática aplicada que nada más que entienden dos o tres sesudos o siete u ocho sinvergüenzas, que la solución a la ecuación cubana es de muy difícil comprensión porque nadie puede explicar cómo, en pleno siglo XXI, y frente a la complacencia de la comunidad “científica” internacional, los cubanos sean la fuerza de trabajo esclava más disfuncional del universo, con los salarios más ridículos del mundo, con una doble moneda que no tiene ninguna justificación razonable y que literalmente vivan colgados por los “cojones” intentando que el dinero les alcance para llegar a fin de mes.
Yo digo que si esa revolución de apéame uno que tanto vocinglera su superioridad moral, la justicia social, la igualdad y el chiqui-chiqui es tan “bárbara” como sus defensores quieren hacernos creer, por qué el salario de los trabajadores cubanos no es igual o superior al salario mínimo promedio de un obrero, un simple obrero norteamericano, canadiense, sueco, costarricense, sudcoreano, sudafricano, vietnamita, mexicano, colombiano, peruano, chileno o argentino, por sólo citar algunos ejemplos.
La realidad es que la dictadura castrista no escatima centímetros, metros ni kilómetros para exprimir al trabajador cubano y mucho, pero muchísimos menos a sus “querubines” ideológicos para que hagan el papel de comemierdas pregonando el absurdo que significa ese socialismo que es un “impositivo” por los cuatro costados.
Ricardo Santiago.




La guerra contra la dictadura castrista es sin cuartel y sin descanso.





Cuando leo los comentarios que hacen los defensores de la dictadura de los Castro and Son S.A a mis publicaciones en las redes sociales o en el Blog Por Eso Me Fui De Cuba, aparte de mucha risa, asco, repugnancia, mareo y rechazo, lo que también siento por estos sujetos es una profunda lástima.
Y digo lástima porque los castristas piensan que la maldad es eterna, que traspasará las barreras del tiempo con la misma impunidad con que lo ha hecho por los últimos 58 años en nuestra sufrida Cuba y que pernoctará, por los siglos de los siglos, sin el certero juicio de los hombres, de la decencia y de la vida misma.
No, revolucionarios de todos los países uníos, esa abominación engendrada por el desequilibrio, el egoísmo, la manipulación, la mentira, el oportunismo, el miedo y la mediocridad llegará a su fin y todos los que la han gestado, aupado, sostenido o apoyado tendrán que pagar por los crímenes cometidos, sean tanto de acción como de palabra, la justicia a veces tarda pero siempre llega y cuando lo hace es implacable porque carga con ella el dolor y el sufrimiento de miles o millones de personas, cuanto más demore más dolor tendrá y más implacable será.
Ahí cargó por estos días al tal Lula de Brasil, tomen nota y lleven carta para que después no supliquen clemencia o lloriqueen por los rincones gritando que no lo sabían, que los obligaron o que los embarcaron.
Los crímenes contra la inocencia no tienen perdón, justificación y mucho menos admiten complicidad, quienes lo hagan tienen que ser consientes de que participan de la ignominia con la misma responsabilidad que quienes la organizan y la ejecutan.
La dictadura castrista ha desarrollado una especial maestría para captar, cautivar, atraer, seducir y abandonar a cientos de gendarmes ideológicos para que la defiendan y apoyen. Se valen de todo para lograr que estos mequetrefes de ideas postizas los sigan con increíble desparpajo moral, repugnante complacencia oportunista y estúpida utilidad usable y desechable.
Pero al final las ratas se comen a los guayabitos y los Castro a esa manada de “revolucionarios” sin revolución que utilizan para que les apoyen sus fechorías. Los tienen embarcados en el oprobioso carretón de la muerte que echaron a andar en Cuba el 1 de Enero de 1959 y en el que cargan los cientos de miles de víctimas de los tantos crímenes que han cometido.
Los cubanos que han muerto por culpa de estos insensatos rascabuchadores de la vida se cuentan por cientos de miles. La masacre empezó en la década de los 50s desde que Fidel Castro se creyó un capuchino cruzado y organizó uno de los movimientos terroristas más sanguinarios en la historia de este continente. En la misma Sierra Maestra fusiló a hombres por cualquier motivo y permitió que la hiena de su hermano, el actual dictador de Cuba, un triste y ridículo hombrecillo que necesitaba ganarse el respeto de la “tropa”, convirtiera la muerte en un divertimento macabro en nombre de esa falsa revolución.
Cuando usurpó los poderes en Cuba, mediante el traicionero golpe de estado de 1959, continuó matando a los cubanos para limpiarse el camino al totalitarismo y para sembrar el terror y la obediencia entre los que quedaban vivos, por eso siempre digo que esa revolución se gestó sobre la vida y la muerte del pueblo cubano.
Muchos han sido los episodios de dolor y donde cientos de miles de madres, padres, hermanos, tíos, primos y amigos han derramado muchísimas lágrimas para sufrir a sus muertos, desde los de paredón, paredón, paredón, hasta los que un día como hoy, hace 23 años, fueron asesinados en el hundimiento del remolcador 13 de Marzo por la insensatez y la soberbia del propio Fidel Castro.
Es por este triste pasaje y por la interminable lista de muertos, encarcelados, silenciados, enfermados, contaminados, desterrados y silenciados que nuestra lucha contra la dictadura, sus lacayos y sus cómplices del adulterio a la vergüenza tiene que ser de todos los días, de todos los que creemos en la justicia y de todos los que soñamos con una Cuba para todos los cubanos y abiertamente democrática.
Por último es hora de que reaccionen y enfrenten la verdad estos tontos desechables de la tiranía de los Castro, cuando ese carretón de la muerte se despetronque sin salvación por las calles de nuestra destruida Habana, es bueno que sepan que sus amos, los que hoy les dan palmaditas en la espalda y jabitas llenas de mierda, los dejarán abandonados a la buena del pueblo mientras ellos huyen a ciertos paraísos fiscales de la indecencia.
Vivir pa’ ver infelices.
Ricardo Santiago.




Los “boteros” ideológicos de la dictadura son peores que sus amos.





Ayer me quedé con dos o tres ideas sin desarrollar que me parecen vitales para entender hasta dónde las mentiras que enarbola la dictadura castrista, para hacerle creer al mundo que ellos son un grupo de inofensivos ancianitos merecedores de la cruz, el amparo humano, divino, el doble blanco, el uno blanco, todos los exorcismo que se hayan inventado y hasta un poquito de luz brillante pa’ no seguir cocinando con leña, son la desvergüenza mas detestable que debemos denunciar, con todo cuanto esté a nuestro alcance, para que los crímenes de estos monstruos no queden impunes y sigan creyendo que para subir al cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita.
Lo único bueno que a mi juicio tienen los castristas es que les podemos poner todos los epítetos, motes, sobrenombres, apodos, marranadas, nombretes y calificativos despectivos que se nos ocurran porque la propia inmoralidad, el descaro, el oportunismo y el servilismo de estos sujetos soportan las palabras más denigrantes por el triste papel que han decidido jugar defendiendo a la dictadura más cruel que ha existido en la historia de la humanidad, vaya, es como decir que el que nace pa’ inodoro del cielo le cae la…
La dictadura de los Castro ha creado diferentes tipos de “defensores” a lo largo de su exagerada y cruel existencia. Los tienen de todas las formas y colores, desde los que matan, dan golpizas y torturan en nombre de la “moral” revolucionaria hasta los que actúan como vulgares lleva y trae del mensaje político-ideológico y que han devenido en los pedestres “boteros” del castrismo. Aclaro que estos sujetos nada tienen que ver con quienes trabajan en Cuba transportado a personas y que se ganan la vida honradamente.
Pues es muy recurrente en estos “almendrones” de lengua viperina y mente acuartelada decir que quienes denunciamos y azotamos a la dictadura de los Castro tenemos un odio visceral y enfermizo contra Cuba y los cubanos.
En muchas ocasiones he demostrado que esta es otra de las mentiras y manipulaciones de estos esperpentos del dime que te diré porque la dictadura es un régimen aborrecible y Cuba, y los cubanos que la sufren, son sagrados y nada tienen que ver. Mientras los dictadores y su parentela viven como los virreyes del picadillo los cubanos de a pie, los de verdad, los auténticos, soportan el peso de la ineficacia, la improductividad y la inoperancia de un régimen que es totalitario, inmoral y corrupto, muy corrupto.
Repito: Dictadura castrista es una cosa y Cuba y el pueblo cubano son otra, así de simple, triste y verdadero.
¡Hay que ver cómo viven muchos cubanos dentro de Cuba por culpa de esa maldita revolución!
Cuando digo esto me refiero a nuestros paisanos que viven en los barrios marginales de las principales urbes o en las pequeñas ciudades, pueblos y caseríos del interior del país. Son cientos de miles o millones. Ninguno “trabaja” para el gobierno por lo que no reciben prebendas, muchos no tienen familia en el extranjero, no son dueños de “paladares” ni de pequeños negocios, sus hijos juegan descalzos en las calles de piedras para cuidar el único par de zapatos y la mayoría de las veces se van a dormir con una sola comida medio tibia y sin siquiera imaginar que los Iphone ya van por la versión 7. ¿Tendrá algún castrista la desvergüenza de decir que esto que digo es mentira?
Hay que ser muy hijo de puta para seguir manteniendo la mentira de que la revolución es buena.
Por otra parte se desgañitan acusándonos de que sólo señalamos lo malo del castrismo, las manchitas del sol o las de los calzoncillos de Raúl Castro y pregunto: ¿Es que la dictadura castrista tiene algo positivo? ¿Se combate a alguien oliéndole las nalgas?
No, la dictadura castrista es lo peor que le ha sucedido a Cuba y a los cubanos, es la pandemia ideológica más cruel y calamitosa que ha azotado a un país y a su gente, devoró la esencia de la nación cubana y la cagó en forma de letreros, discursos, marchas combatientes, griterías, histerias y muchas, pero muchas mentiras que ya no pueden sostener porque las imágenes que inundan Internet sobre la verdad cubana los desmienten y los hacen caer en el ridículo.
La única cosa buena que todavía conserva Cuba es el poquito de alegría y esperanza que ha logrado mantener ese cubano que, aun en medio de la miseria y las vicisitudes a las que lo ha condenado ese régimen de porquería, a veces deja escapar una pequeña sonrisa. Lo otro es pura manipulación…
Ricardo Santiago.