¿Quiénes nos oponemos a los Castros somos realmente “mercenarios del imperio”?

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Para los comunistas todo el que sea crítico de sus inventos y sus fracasos es un mercenario del imperio, un agente de la CIA, un asalariado de la mafia terrorista de Miami, un gusano al servicio de la ultra no se qué, entre otros muchos adjetivos disparatados y típicos de su fétida y disminuida verborrea.
Dice mi amiga la cínica que, cuando lee u oye las respuestas que dan estos sujetos para defender su mentira, le baja el azúcar y le sube la presión: “quedo viva de milagro.”
Yo no creo que los imperiales, aun con su inmenso poderío, tengan tanto dinero y puedan pagar la creciente inconformidad de todos los cubanos, es imposible. ¿Cuánto tendrían que desembolsar los grandes magnates, los prósperos empresarios, los diestros y siniestros políticos, los “mafiosos”, la “gusanera” o simplemente el contribuyente de cualquier parte del mundo para financiar la angustia, el hambre y la desesperación de casi todo un país? No, no nos intenten engañar más y asuman de una vez y por todas que la rebeldía y el descontento de hombres y mujeres no se cobra ni se paga con nada. Es que sencilla y llanamente no aguantamos más, así de simple.
Los castristas al final están perdiendo todas sus guerras, una por una y en cualquier campo (guerras que además arman contra todo lo que se menee y no les guste). Se han quedado sin sus argumentos tradicionales y las imágenes sobre su desastre no mienten y vuelan como pólvora en redes sociales e internet.
Aun con su poderosa maquinaria de información y desinformación la “verdad comunista” se les ha vuelto una falacia y hoy por hoy resulta una vergüenza y un desprestigio a nivel mundial: “es que son demasiados años con la misma cantaleta y aburren, cansan, dan ganas de vomitar, desesperan, asquean, alucinan y ya no engañan a nadie”.
Nunca van a entender que su peor enemigo es su propia soberbia, su intolerancia, su incompetencia, su necedad y su vulgaridad, no nosotros: la Resistencia Cubana, la Oposición Cubana, el Exilio Cubano y el Pueblo Humilde dentro y fuera de Cuba.
Cada persona es libre de decidir, financiados o no, sus métodos y formas de resistir u oponerse al gobierno de los Castros, de poner en práctica sus acciones y sus ganas de protestar, de manifestarse, de revelarse o simplemente de callarse, todas son válidas, útiles y necesarias siempre y cuando evitemos, por nuestra parte, cualquier tipo de violencia pues es el argumento que los comunistas están esperando para descargar su odio, y sus tanques, contra el pueblo.
La Revolución de los Castros fue y es financiada por capital nacional y extranjero durante toda su historia, entiéndase burguesía cubana y otros (antes de 1959), los soviéticos y demás países del campo socialista después del 59, el petróleo venezolano desde los 90s, etc. ¿Entonces Fidel Castro y su pandilla son unos mercenarios?
Para medio terminar este artículo me gustaría hacerlo con otra pregunta: ¿Qué son esas personas que reprimen brutalmente las protestas pacificas de los opositores cubanos y lo hacen para no perder sus puestos de trabajo, para ganar prebendas políticas y/o para recibir una asquerosa “cajita de comida”? ¿Qué son?

Una conguita mortuoria pa’l régimen de La Habana.

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En la vida real Cuba es un gran feudo, Raúl Castro, el actual “Presidente electo”, actúa como amo y señor de todo lo que se mueve o se está quieto sobre nuestra querida tierra. Lo único que le falta es ejercer su derecho a “desvirgar” a las fieles doncellas en su primera noche de bodas. ¡Qué asco! Dirían muchas que conozco. Por lo demás es el clásico mandamás medieval ejerciendo sus designios sobre sus súbditos y promoviendo o eliminando a quien a él le dé la gana, cuando quiere y como quiere: “Damisela encantadora, Damisela por ti yo muero…”.
Lo heredó de su hermano, el otro, el diablo, el verdadero inventor del feudalismo tropical, el que no creyó en nadie y se burló de todos los cubanos, dicen las malas lenguas que lo hacía hasta del propio “Raulín”, que más de una vez lo humilló en público, lo hacía llorar y se burlaba de su aspecto lampiño y medio afeminado, “lo otro” a mí no me consta.
En Cuba no existe otro sistema económico-social. Bueno en realidad yo pienso que si, y esta es mi visión personal: en Cuba predomina el sistema del caos y el maniguiti, “mira pa’rriba, saliva…” y todo para un solo lugar. Pero por más que ellos traten de disimular su desvergüenza, autodenominándose esto o lo otro, encontraremos que ni comunismo, ni socialismo, ni capitalismo ni la madre que los parió, feudalismo patriarcal y dinástico a pulso, impuesto a la cañona, a la trompá, al si te gusta bien y si no también, y si dudan lo que digo preguntémosle entonces a los miles de cubanos fusilados, ejecutados, torturados, desaparecidos, encarcelados o desterrados por el sólo hecho de pensar diferente o querer una Cuba verdaderamente democrática.
No pretendo convencer a nadie, pero para mí resulta demasiado evidente, demasiado real, visible, palpable y demostrable. Ellos no se esconden, incluso pienso que lo hacen ex profeso, como una burla, para demostrar que son un gobierno de “mando y obedece” o “te coge el cocuyé”, de machos con pantalones sin ojales, de octogenarios “aviagrados” hasta la saciedad que le pasan por encima a cualquiera, a quien sea, incluyendo a sus propios lame botas, a quienes desguazan si tienen que hacerlo por tal de preservar la rigidez de sus castillos.
Ya los Castros están preparando a los “Castricos”, a la vista de todos los están posicionando en los puestos claves de su pirámide feudal, sin contemplaciones y sin poseer los méritos suficientes y la preparación necesaria, no importa, avizoran un futuro alentador con el nuevo “amigo” del norte y no quieren dejar ni el más mínimo cabo suelto, que se cumpla la ley del embudo y el pueblo que se joda, si total, “si han aguantado hasta aquí, que lo hagan un poco más…”.
Pero error de cálculo, una vez más se equivocan malditos feudalistas reaccionarios, los cubanos dignos no somos sus siervos, no queremos seguir con la cabeza baja esperando y esperando por: “hasta que la muerte nos separe”, ya somos muchos los que alzamos la voz y las manos contra el descaro que han implantado en nuestra tierra y queremos verlos salir de sus palacios con el rabo entre las patas y obligados a bailar al compás de:

Tú que me decías que nadie te iba a tumbar,
Tú que me decías que el pueblo aguantaba más,
Pues no, no, se les acabó el abuso,
Y sí, sí, los sacamos a pata’ por el…

Fidel Castro o el diablo que llevamos dentro.

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Este artículo me ha costado mucho tiempo digerirlo porque, sin pretender hacer un psicoanálisis sobre el nonagenario y “eterno presidente de Cuba”, trataré de demostrar mi visión sobre este personaje y por qué nos ha resultado tan difícil a nosotros los cubanos deshacernos de él.
Las personas no son ni totalmente malas ni totalmente buenas. Esta es una sentencia bastante acertada si tenemos en cuenta que más que bien todos, absolutamente todos, hemos hecho, alguna vez, alguna que otra diablura con consecuencias terribles para una o más personas, es lo normal.
Recientemente vi, en el canal en español de la televisión alemana, un reportaje sobre Fidel Castro donde un montón de sus secuaces y familiares más allegados resaltaban admirados y extasiados las bondades de este “ilustre” personaje. En general todos coincidían en que a este tipo hay que conocerlo en la intimidad, que es ahí donde se puede apreciar la verdadera humanidad del “hombre más grande que había parido Cuba”, su vocación de sacrificio, su amor por la patria y su estatura quijotesca entre un burujón de sandeces que a mí me provocaron arqueadas.
Por otra parte, para hablar de la historia reciente, he podido apreciar que el ejército de “combatientes” que tienen para intentar ripostar nuestras verdades en Facebook o internet, usan la imagen de su ídolo como escudo y para reforzar frases como: mi papá Fidel, los zapaticos me aprietan, fidelista por siempre, mi macho cabrío, patria o muerte, tu sí que eres bueno comandante y “acuérdate que hace rato se me rompió la olla reina que me diste”.
Nada de esto es nuevo, la historia de Cuba de los últimos 57 años, está repleta de gritos, loas, fotografías, películas, documentales, noticiarios y cuanta superficie pueda graficarse con la imagen y/o las palabras de este hombre. Siempre tuve la sensación de que lo hacían para meternos miedo a los cubanos, para que no nos saliéramos de la rayita porque “si lo haces viene el coco y te lleva”. Mi amiga la cínica dice que no, que es para repetir y repetir su presencia porque si lo dejan de hacer por tan sólo un minuto corren el riesgo de que a los cubanos este tipo se nos olvide para siempre.
Yo digo que cada cual tendrá su propia opinión sobre este tema y todas son válidas, acertadas y deben ser escuchadas con respeto, sobre todo de quienes de una forma u otra sufrieron y sufren los caprichos de este sujeto, incluso creo sería bueno que hiciéramos otro documental pero con la visión de esta parte de los cubanos que no tememos y queremos decirle la verdad en su propia cara.
De cualquier manera siempre ha estado ahí, sobre nosotros, acechando, lastimando y prohibiendo. Aguantando sus más de “600 atentados” y las maldiciones de miles y miles de personas que lo detestan y que se cansaron de vaticinar su final porque según ellos tiene un pacto con el diablo.
Pues bien y aquí va mi verdad sobre el asunto, después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que el sujeto ni es eterno ni tiene un pacto con el diablo, es que Fidel Castro Ruz es el diablo en persona, fíjese que si usted mira bien su nombre encontrará las 7 letras que forman la palabra LUCIFER.
Les reto a que traten de encontrarlo en el suyo o en el de alguno de sus amigos.

El “holocausto” migratorio de los cubanos después de 1959.

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No hay dudas. Los comunistas han desmembrado a la nación cubana por todas partes. No existe nada en Cuba que no haya retrocedido o involucionado con proporciones gigantescas: la producción agrícola, la producción industrial, la construcción de viviendas, la educación y la cultura cívicas, el orden y el progreso, las libertades ciudadanas y el “olor de la vida”.
Antes de 1959 Cuba era un país receptor de migrantes. Aun con Batista y “todos sus desmanes” miles de personas, de cualquier parte de este planeta, solicitaban permisos para radicarse en la isla. Venían, sobre todo, atraídos por la prosperidad y las opciones de futuro que ofrecía “la dictadura batistiana”, la bondad de los nacionales y el privilegio de su posición geográfica.
En la actualidad a muy pocos en el mundo se les ocurre tamaño disparate. Lo único que hemos logrado conservar en estos tiempos es la bondad de algunos nacionales y la posición geográfica, pero definitivamente esto no basta. No es suficiente.
Hoy Cuba “exporta a sus habitantes” por cientos de miles y por las vías más absurdas, crueles o disparatadas que uno se pueda imaginar. El cubano no quiere vivir en su propio país, está cansado, se ha hastiado de esperar por el techo seguro y el “vaso de leche”, por la vida digna y responsable y por un mañana que cada vez es más ayer y ayer y nunca. Por generaciones hemos visto que todo ha sido una burda mentira, que la patria hiede y que costará, sabe Dios cuánto tiempo, volverle a dar algún sentido de decencia.
Entonces no queda otra, muchos decidimos partir con media alma rota y los dolores y la angustia por tener que separarnos de la familia, nuestra madre, los amigos y lo material, que también muchas veces cuenta.
Los cubanos nos vamos para donde sea: “pa’ donde sea Fidel, pa’ donde sea…”, no importa, a veces mientras más enredado se hable mejor porque así es bueno para olvidar las penas, no importa si nos congelamos o los sudores nos deshidratan, si la comida es muy picante o si los sabores nos retuercen de nostalgia, la meta es salir adelante y perseverar porque en verdad de eso estamos hecho nosotros, de madera dura que no se raja y que no se deja amedrentar, ¡ah! y “pa’ tra’ ni pa’ coger impulso”.
Mis “opositores” me atacarán con el cuentecito de que este es un fenómeno que sucede a nivel mundial, el sur invadiendo al norte, que Cuba no es el único caso y: “ahí están las cifras de centroamericanos, suramericanos, del medio oriente, norafricanos y chinos y no tan chinos que se deslumbran con el sueño del capitalismo, no son únicamente los cubanos”. Pasa que sólo el gobierno cubano, en todo el mundo, ha venido prometiendo por más de 57 años prosperidad y una mejor vida para sus ciudadanos y estos ya no pueden más, se cansaron. Fíjese que solo los cubanos somos los únicos que no tenemos destinos prioritarios para emigrar, nadie vera nunca a un mexicano querer emigrar para Guatemala, por solo citar un ejemplo.
Pero las migraciones tienen sus causas, generalmente son económicas, políticas o humanitarias. En el caso de Cuba yo digo que son de todos los tipos, el cubano se va por hastió, desilusión, miedo, hambre, amor, nostalgia, vergüenza, ilusión, rencor, soberbia, teques, prosperidad, libertad, aventura, sueños, desesperación, cansancio y “cualquier cosa que sirva para no estar más aquí”.
¿Quién es el culpable?

Los niños cubanos y la “felicidad” castrista.

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¿Son felices los niños en Cuba? No. No pueden. Es imposible. El problema es que la inmensa mayoría de ellos, incluyendo a sus padres, no lo saben porque están engañados, adoctrinados, manipulados y son utilizados desde las más tempranas edades para hacer el “juego politico” de una de las más horribles dictaduras en la historia de la humanidad. Esta es la más triste y cruel de las realidades que vivimos en nuestro país, lo creamos o no.

“A la rueda rueda de pan y canela…”

La primera prueba de mi verdad es esta: “Pioneros por el comunismo seremos como el Che”.

Los niños cubanos no tienen elección, tienen que decirlo, repetirlo y creerlo como si parecerse a este sátrapa fuera sabia vital para la vida o un pasaporte para “viajar” a una “mejor” moral revolucionaria. Pero pura mierda, el sátrapa y la moral revolucionaria. Puro bla, bla, bla inefectivo pero obligatorio en un pais donde es más importante parecer que ser.

Comunismo es una palabra fuerte, muy fuerte e inintelegible. Obligar a niños a repetir algo que no entienden es un crimen, pasa que al régimen no le importa en lo más mínimo afectarles su ingenuidad y la capacidad de cómo quieren pensar o decidir a quién realmente quieren parecerse: “que son sólo niños, coño, que no ves que no entienden lo que dicen”.

“Dame un besito y vete para la escuela…”

Yo siempre le digo a mis hijos que no tenemos que parecernos a nadie, en lo absoluto, ni siquiera a nuestros padres, que somos el resultado de experiencias vividas y aprehendidas durante la vida y que es nuestra elección decidir cuál es el camino a seguir para ser mejores o peores personas, de esto se trata, lo otro es imposición, abuso, lavado de cerebro, extorsión moral, ejercicio de poder, asesinar la espontaneidad y, la más cruel de todas, limitar la capacidad de elección de los seres humanos.

La segunda prueba es la Historia que nos eneseñan desde los primeros niveles en las escuelas.

Los comunistas han convertido en estereotipos de malos y buenos, de indios y cowboys, de milicianos y mercenarios, de croqueteros y gusanos, a cuanto hombre, mujer, país, sociedad, continente o planeta hayan tenido algún impacto en el devenir de la civilización humana, antigua o moderna, no les importa, mientras más moderna mejor para así poder compararlos con nuestro “invencible” y demostrar que la Tropicola era la mejor de todas y “que nunca se equivocaba” o se le iba la “efervecencia”.

Los niños en Cuba son envenenados diariamente con las doctrinas del comunismo, del socialismo y del castrismo. Lenta y sistemáticamente. Desde que van al círculo infantil (guarderías) tienen que digerir la imagen de Fidel Castro como el sagrado corazón de la patria, como al hombre a quien los cubanos le debemos la “bondad y la buenaventura” de nuestras vidas porque él, y sólo él, nos devolvió la libertad y la justicia.

“Si no quieres ir acuéstate a dormir.”

Y en tercer lugar porque los niños son quienes más sufren el deterioro moral y físico del país.

No hay forma de explicarles por qué vivimos a oscuras en interminables apagones, por qué el agua de tomar es caliente, muy caliente, y la de bañarse fría, muy fria, decirles que los juguetes son un lujo innecesario, que las chucherías son malas para la salud, que los grandes parques de diversiones que salen en las películas son para los contrarrevolucionarios y “tomate la sopa que es lo único que hay para comer y apúrate que tienes que ir al mitin de repudio”.

No, no y no, basta de cuentos “infantiles”, mientras no cambiemos lo que es elemental para la vida, lo justo para que los cubanos podamos elegir cómo queremos ser y pensar sin tener que abandonar nuestra tierra, entonces nadie podrá ser feliz en Cuba, mucho menos los niños. Lo otro es puro espejismo y bla, bla, bla de esa dictadura y de sus croqueteros castristas.

Ricardo Santiago.




Los ancianos cubanos y la barbarie castrista.

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Ser un anciano en Cuba es, definitivamente, una actitud ante la vida. Triste pero cierto. Cruel pero real.
Tengo una amiga deliciosamente cínica que dice que ser viejo en Cuba es una maldición. Hasta cierto punto le doy la razón, pero este es un tema, para mí, de los más delicados y no puede tomarse a la ligera porque ellos, entre otras miles de cosas, son la verdadera memoria viva de la nación y de los horrores del castrismo.
La historia ha demostrado que el comunismo es enemigo de la “memoria”, la ha perseguido con saña tratando de borrarla porque según ellos el futuro es mejor y el pasado una lacra.
Los ancianos en Cuba sufren y mucho. Parte el alma verlos y sobre todo oírlos.
Cuando yo era niño los viejos de mi barrio hablaban de la época de Batista y los ojos les brillaban y el rostro se les iluminaba pero terminaban sus anécdotas con: “ahora con la Revolución es mejor…” y miraban para todas partes. En realidad nunca pude entender esta dualidad de sentimientos en una misma historia porque me parecía insólita tanta abundancia con un gobierno tan asesino, cruel y déspota como el de Fulgencio. Menos a uno que hacia jarritos de metal y le decíamos Caballo, ese era el único no se escondía para decir: ahora todo es una mierda, estos comunistas van a acabar con el país, ese Fidel Castro es un hijo de puta, etc, etc, etc, hasta que un día no lo vimos más.
Y sucedió que los jóvenes que entregaron, en los 60s, 70s y en los 80s, con tanta pasión y alegría el alma y sus vidas para “construir la patria socialista”, “el país más prospero de América Latina”, “con el nivel de vida más alto del mundo”, son ahora los viejos de este extraño e ininteligible comunismo-militar-capitalista de estado. Los jodieron, los utilizaron, los exprimieron y los abandonaron. Por eso hoy cada anciano que vive y muere en total miseria, abandono, desnutrición y enfermedades es únicamente responsabilidad del gobierno cubano.
Los ancianos en Cuba son maltratados, ofendidos y lastimados por todas partes. El gobierno les “otorga” una chequera que no alcanza para nada, un miserable retiro que más que todo es un verdadero castigo, no tienen medicinas, el sistema de salud es un farsa, las condiciones de vida, la alimentación y el merecido descanso una burla, sólo basta con mirarle el brillo de los ojos y la expresión de sus caras cuando hablan, cuando recuerdan y cuando callan.
Y yo pregunto: ¿Será que el “máximo nonagenario ilustre” de la nación vive de una exigua chequera?




¿Tenemos miedo los cubanos?

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Depende, algunos, yo, de verdad, un poco. Siempre hay un ojo que te ve. Muchas personas me preguntan cómo este hombre ha logrado mantenerse tanto tiempo en el poder. La respuesta es bien sencilla y lo explico: por la sofisticada maquinaria de terror que implantó en Cuba, y fuera de ella, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959. Yo digo, sin temor a equivocarme, que es el más perfecto sistema de represión y autocensura que ha existido en toda la historia de la humanidad, que me demuestren lo contrario.
En los 60s la inmensa mayoría, actuando bajo los efectos de la anestesia “barbuda” gritamos: paredón, nacionalizar, el carácter socialista, patria o muerte y otras histerias mas. Así nos comportamos como cómplices de un tipo que, sin poder o querer darnos cuenta, cubría a la patria con el manto de la sumisión, la obediencia, la autocensura, la ceguera, su politiquería, sus inventos y sus diabluras.
Muy pocos lo vieron venir o irse, los más iluminados fueron rápida y públicamente silenciados: fusilamientos individuales y masivos, sumariales, cárceles multiplicadas, destierro, “camas políticas y de las otras”, descrédito y hasta “nuestro insigne desaparecido nacional”.
En los 70s y los 80s la mayoría fuimos inoculados hasta el tuétano con tal desgracia y éramos, sin conciencia, portadores de la más pesada carga letal que puede sobrellevar un cristiano. Esto él lo sabía y nos utilizó como a corderos, nos movió de aquí para allá impulsándonos a gritar cuanta bazofia se le antojaba: pim pom fuera…, de que van van, el que no salte es yanqui, Angela David, que se vaya la escoria y muchas aberraciones más.
Aun en medio de tanta maquiavélica perfección para vigilar, amedrentar, someter y castigar, fuimos despertando de poquito y a borbotones. Agobiados por tan “pesada carga” hemos manifestado nuestra inconformidad y hemos cometido, y lo seguimos haciendo, los mayores actos de valentía en la historia de la humanidad al enfrentarnos, por las más disímiles vías, a tan perfecta máquina de silenciar y de matar.
Que quede claro que los cubanos no tienen miedo. Los cubanos somos buenos y nobles, somos un pueblo tranquilo, amigo de los amigos, de buenos y grandes jodedores, de personas sencillas, con históricos genitales masculinos y femeninos, de gente dispuesta y gallarda, sólo que adormecida.
Porque hay que tener valor, pero mucho valor, en medio de tan feroz represión, para hablar en voz alta, para escribir, para cantar, para pintar, para lanzarse al mar sin las más mínimas condiciones para la navegación, cruzar selvas desconocidas, separarse de la familia pidiendo asilo en cualquier parte o para tirarse a la calle a protestar, a gritar la desesperación y a inmolarse, día tras día, por ellos y otros que no lo hacemos.
No, que nadie se engañe, los cubanos ya estamos perdiendo el miedo.




¿Nos merecemos los cubanos tanta miseria y sufrimiento?

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Aquí sí hay tela por donde cortar, aunque a mí personalmente me provoca mucho dolor este tema. Hablar de la cotidianidad en Cuba, de la subsistencia y de las miserias de la vida diaria, sólo un cubano puede hacerlo, porque nadie como nosotros para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacio, atragantado en medio del calor más absurdo y mirando la clara Luna debido a la ausencia de electricidad.
El padre o la madre que haya estado en esta situación sabe a qué me refiero. Aquí ni capitalismo, ni socialismo, ni el “invencible” ni la madre que los parió, aquí solo rabia, frustración y un dolor inmenso, de ese que nos angustia el alma y nos marca para toda la vida provocando que sea muy difícil entender y perdonar.
Un gobierno está obligado, imperativamente obligado, incluso anteponiendo sus políticas, negociaciones de estado y sus otras mierdas, a solucionar estos problemas, sea por la vía que sea, pactando hasta con el mismísimo si es necesario, pero proporcionar el bienestar a su pueblo como primera y única ley a cumplir por todos y para todos, porque no hay justificación (ni bloqueo, ni crisis mundial ni los americanos son unos hijos de puta) para que un solo niño se acueste con hambre, juegue descalzo o simplemente añore algo tan básico como un juguete más o menos sofisticado.
El gobierno cubano ha tenido suficiente tiempo para solucionar estos problemas, más de 57 años, un tiempo enorme hasta para las más estúpidas administraciones, ¿por qué no lo ha hecho? es la pregunta que algún día tendrán que responder aunque sus máximos culpables no estén.
No nos valdrá entonces el cuento del enemigo de afuera, porque yo estoy seguro que la generalidad de los cubanos no quisimos ni pedimos esto, no apoyamos sus dimes y diretes gubernamentales ni sus perretas internacionales pues preferimos que nuestros hijos coman, se vistan y jueguen con decencia, con alegría y sin la Luna como único candil.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente este desgobierno, esta situación a la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo y por más de medio siglo, a la gran mayoría de los cubanos, pueblo lindo y noble que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de oportunidades. A gritos lo necesitamos.




Un lameculos repugnante.

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La vida no deja de sorprenderme, es más cuando creo saber que no hay mas adjetivos para calificar a algunos seres humanos, pum, me demuestran que soy un total desconocedor o ignorante del idioma.
Los manipuladores y ejecutores del castrismo siempre han tenido en el exterior, desde los mismos inicios de la década de los 60s, su buen grupo de secuaces listos a repetir y defender un discurso que definitivamente les ha dado resultado porque es verdaderamente abstracto: que si la pureza y el humanismo de la Revolución, que si la valentía de nuestro pueblo, que si el invencible, que si no torturamos, que si respetamos los derechos humanos, que si somos la mejor de las democracias, que si yo amo a Fidel y a Raúl, que si me pica aquí me rasco allá…
Por lo general estos personajes se radican en la ciudad de Miami, cada cierto tiempo los van rotando, por temporadas, unos más inteligentes o mejor preparados que otros, pero todos curiosamente trabajando en medios donde puedan difundir las directrices de sus amos (radio o alguna prensa escrita), ¡qué casualidad!, nunca obreros, trabajadores o simple pueblo. Manejan la historia nacional siempre a favor de quien tú sabes, increíblemente y vergonzosamente manoseada, porque eso de decir, entre otras cosas, que Fidel Castro no aprobó el asalto al Palacio Presidencial por el grupo de José A. Echeverría por considerarlo un acto de terrorismo innecesario, es el colmo de la manipulación, Fidel Castro no estuvo de acuerdo con esto porque si los del Directorio triunfaban entonces él perdía el liderazgo y el protagonismo en la lucha contra Batista, así de sencillo.
Ya va siendo hora de que aprendamos la lección, con estos tipejos no se debate nada, no se les da credibilidad, no se les hace protagonistas de nada y mucho menos se intenta aclarar el dolor de la patria, la vergüenza de los cubanos y la realidad de una Cuba que es evidente y esencial a los ojos del mundo entero.
La Revolución no da golpes, no tortura y no reprime es verdad, claro que no lo hace porque no tiene brazos ni piernas, otros lo hacen por ella, otros que si los tienen y los vuelcan contra sus propios hermanos, contra su propia hambre y contra una libertad que nos es negada a todos, incluyéndolos a ellos, porque al final es lo único que nos ha dado ese sistema.
Insisto: hay lameculos amateurs y lameculos profesionales, lameculos con historia y sin historia, lameculos finos y vulgares, lameculos con más o menos peste, pero al final todos son fabricados por el mismo tutor y nuestra misión como cubanos buenos es ignorarlos y enterrarlos de una vez por todas, que les vayan a gritar a …




La chusmería un arma de la Revolución.

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El cubano no es un tipo vulgar, todo lo contrario, la chusmería, la bravuconería política, la gritería desenfrenada, el mal hablar y la “chancleta y los rolos callejeros” son un invento del comunismo, son el arma implantada en nuestras almas para hacernos creer mejores y diferentes. Las buenas maneras y costumbres eran uno de los atributos más importantes de la nación hasta que “llego el Comandante y mando a parar”, fíjense que la máxima de toda familia cubana era: “pobre pero honrado” o “pobre pero decente”.
Los actos masivos sucedidos a raíz del 1 de Enero de 1959 (que fueron muchos y por cualquier motivo) generaron la vocinglería popular en torno a supuestas nuevas medidas que nos beneficiarían a todos y a sospechados ataques del vecino abusador, vil y monstruoso de en frente. Las ofensas constantes contra el “enemigo del norte” y sus presidentes “eh, a eh, a eh la chambelona, Nixon no tiene madre porque lo pario una mona”, y contra todo aquel que pensara diferente a: “con la Revolución todo, contra la Revolución nada” (actos de repudio) provocó que a los cubanos nos pareciera muy normal las diatribas contra nuestros semejantes o los escándalos en medio de la calle, pues mientras más alto se grite más rápido se escalan posiciones en la jerarquía gubernamental, un solo ejemplo de la historia más o menos reciente: recuerden los 31 y pa’lante.
Con el tiempo, lógicamente, todo esto se hizo normal, los cubanos dejamos de hablarnos para gritarnos, dejamos de razonar para ofendernos y dejamos de dialogar para fajarnos. Los altos valores académicos que fuimos alcanzando, nunca fueron acompañados por verdaderos valores cívicos, por principios de cortesía y respeto, por los más excelsos hábitos de conducta de nuestros abuelos que, aunque no tuvieran una instrucción escolar avanzada, eran dignos ejemplos de sabiduría y urbanidad.
La vulgaridad de la patria provoca el llanto en quienes la sufrimos, en quienes vemos con horror cómo nuestros jóvenes de hoy, sin saberlo, son herederos de discursos y actitudes totalmente ajenos a nuestras raíces, a nuestra historia como nación y a nuestra cultura como pueblo. Las malas palabras, los gritos y la violencia no son necesarios para manifestar desacuerdos entre nosotros ni para desear que ese gobierno se vaya al carajo de una vez y por todas, ¿o sí?…