Hasta por los hijos decimos: Por Eso Me Fui De Cuba…




Son muchas, pero muchas, las razones que tiene un cubano para emigrar. La lista, según cada cual, puede ser larga, más larga o inmensa, depende, todo pasa por las vivencias, los sufrimientos, los buches amargos, las traiciones, las desilusiones, “el dulce abismo”, las heridas, los atropellos, las injusticias, el desodorante pica’o, las malas hierbas, los abusos, las reuniones, las guardias, las “levantaderas” de mano, de brazos y las meteduras de pie, la hipocresía, las delaciones, los inodoros tupidos, la chispae’tren pa’ olvidar las penas, los empujones, la carita de “ángel”, los tormentos, los trabajos “voluntarios”, las palabras que no dicen nada, se me perdió la libreta de abastecimiento, de mis cinco huevos dos estaban culecos, ¿y ahora qué carajo como?, la doble moral, el facilismo, el sociolismo o el socialismo que tuvimos que soportar.
Yo siempre pienso que cuando un cubano se sienta en la mañana solo, con una taza de café en las manos, y tiene la mirada perdida en el horizonte, a saber cuántas angustias, penurias, buches amargos, tristezas, malos recuerdos, nostalgias y palpitaciones le inundan el alma añorando una Cuba que sabe lejana en la justicia y cerquita, cerquitica, de la desilusión.
Estas son las cosas que parten el alma y que un castrista nunca va a entender porque para ellos la vida en Cuba, el exilio, el destierro y la “salida”, son un divertimento ideológico o una tarea partidista que tienen que cumplir para tener los méritos necesarios y congraciarse con la dictadura más criminal “del infinito y más allá”.
En mi caso también estaban mis hijos. Al principio no entendía bien qué me molestaba, algo se me atoraba en la garganta que ni siquiera me dejaba respirar, ya no digo tragar porque por aquella época tenía muy poco para hacerlo, pero sí era una sensación terrible, de angustia, los miraba crecer sin hablar del futuro y, les juro, se me helaba el alma ante tanto vacío.
Yo de niño sí hice muchos planes. En mi época la creencia en un “futuro mejor” todavía era “creíble”, aun la mentira no había sido descubierta y marchábamos pa’llá y pa’cá con tres varas de hambre, una sonrisa en la cara y una peste a grajo que aquello, ahora mirándolo bien en el tiempo, más que una revolución de los humildes éramos en realidad una turba de descerebrados malolientes.
Dice mi amiga la cínica que el socialismo no es más que peste, hediondez y mucha falta de higiene corporal.
Recuerdo que en mi inocencia revolucionaria hasta una vez me dio por querer ser cosmonauta, y yo que si el cohetico pa’quí y que si el cohetico pa’llá hasta que mi madre me quitó la idea con un fuerte grito porque decía que: “A los cosmonautas les es muy fácil irse pero muy difícil regresar”, por supuesto que no entendí el doble sentido, aun así ella, la pobre, en aquella época, echaba rodilla en tierra por ese futuro prometido en “la tierra del nunca jamás”.
Muchos echaron sus rodillas, brazos, piernas y hasta el alma por esa maldita revolución. Se vestían de milicianos, o de lo que fuera, para cantar y vociferar aquello de: “…marchando vamos hacia un ideal, sabiendo que hemos de triunfar…”, porque creyeron, como mi pobre madre, que sus hijos tendrían un futuro mejor, lleno de oportunidades, un país sin carencias, empleos dignos, salarios decorosos, infraestructura de viviendas y hasta un vaso de leche, ¡qué digo un vaso!, con medio vaso nos habría bastado.
Cuando tuve a mis hijos, los vi crecer, los llevé a la escuela, los vi saludar la bandera, la pañoleta y aquellos uniformes que pasaban de generación en generación, me di cuenta que la mierda revolucionaria era la misma, pero con treinta años de añejo, y que nunca cambiaría porque el cacareado “futuro mejor” se convirtió en dictadura y las ilusiones y los sueños en “querer trabajar en el turismo”.
Y llegó el final, la toma de conciencia, el despertar, el abrir los ojos y decir basta…, y esos sentimientos me llegaron de súbito el día en que acompañé a otro de mis hijos a la escuela porque se iniciaba como “pionero moncadista”.
Observando a todos esos niños, uno detrás de otro, en fila comunista, con sus caritas angelicales e inocentes repetir lo que decían los maestros y aquello de “seremos como el Che”, entendí que eso no era lo que quería para ninguno de mis hijos, que yo tenía la obligación de brindarles otras opciones porque el mundo es de pluralidad, diversidad y que la ideología, el pensamiento, los parecimientos y las doctrinas son elecciones personales y no pueden, bajo ningún concepto, ser dictaminadas por “gobiernos”, partidos, CDR, movimientos, comparsas y dictaduras.
Ricardo Santiago.




A los castristas: Cuando se pierde el honor se pierde todo.




Como todos saben jamás, pero “jamás de los jamases”, dirijo mis “análisis” a personas, que no sean personajes públicos, por muy desagradables, repugnantes, odiosas, antipáticas o castristas que resulten.
El problema, mi “padecimiento”, radica en que no me gusta el bate, que bate, mi chocolate que se forma entre el aludido, sus “gangarreas” colgantes, es decir, sus seguidores “incondicionales”, y quien hace la crítica, el señalamiento, el comentario, el pellizco o el “pomito” con el análisis y valga la redundancia.
La vida me ha enseñado, mejor dicho, Facebook me ha enseñado que la mayoría de los seres humanos convertimos los desacuerdos en ofensas, malas palabras, insultos, vejaciones y agresiones que, desgraciadamente, y muchas veces, incluyen a terceros, fundamentalmente a progenitores e hijos.
En la vida real cada vez que veo actos de este tipo en las redes sociales, u otros espacios, siento vergüenza ajena, una pena que me sube y que me baja, un dolor en medio del pecho y una pelotera en la garganta porque nunca voy a entender cómo los cubanos, del sabroso y muy criollo choteo, hemos caído en la burla burda, la falta de respeto, los adjetivos denigrantes, la acusación sin fundamentos, la sexualidad ajena en primer plano, la tortilla de medio huevo, el chantaje emocional, la brujería sin “maldad” y las defecaciones festinadas en las madres ajenas.
Increíble pero cierto.
Recién leí un post, que reprodujo una buena amiga, donde se denuncia que las hijas de uno de sus amigos fueron víctimas de manipulación fotográfica y ultraje a su santidad y sanidad mental porque, y es lo más doloroso del caso, ambas criaturas son menores de edad.
Y todo porque el criminal en cuestión, es decir, el agresor, el “Máster” en fotoshop, el “alcahuetero” de los hombres, el marabú indolente o el “gallito” de Cancún, no estuvo de acuerdo con un comentario y dio riendas suelta a su…, no sé ni cómo carajo decir, pero bien, imaginación, cloaca letrinera, alpargata fidelista, materia roja con carnet, conciencia adoctrinada, heces mentales, la medallita de la lengua, en fin, lo de este tipejo indigna, no tiene nombre, se pasa de castaño oscuro y debemos ponerle freno, con urgencia, 911, a la impunidad con que cree vivir y repartir los panfletos que heredó de su revolución pederasta.
Fidel Castro creó a sus “revolucionarios”, a sus fieles difuntos, perdón, seguidores, y a sus incondicionales milicianos del proletariado, a su imagen y semejanza. Yo, para serles sincero, creo que entre Cuba y parte del exilio deben quedar todavía millón y pico de estos ejemplares que, si los analizamos bien, los rasgos más importantes que les afloran desesperadamente por los poros son la impunidad que creen tener, la pérdida total del honor, de la gallardía y del sentido común.
Cuando un ser humano, y fíjense que no importa si es hombre, mujer, homosexual, un santo penitente o un espíritu burlón, pierde el honor y la dignidad se convierte en “eso” que vemos reflejado en el sujeto a quien estoy haciendo referencia, un fleco castrista repartiendo la “salsita” de su revolución a diestra y siniestra, sin entender que la del pollo no se le puede poner al pescado y viceversa porque al final ambos saben a rayo.
Hace un tiempo publiqué sendos comentarios sobre un hermano, un personaje público, que este “cascabelito” sin melodía tiene. Yo nunca en mi vida había visto a un hombre reaccionar con tanta histeria, tantos gritos “achancletados”, tanta guapería “mar por medio” y tantas bravuconadas lastimosas como las que profirió, en torno a mi persona y a mi santa madre, este “gavilán” cederista.
El fulano, por las cosas que me decía, estaba loco porque yo le contestara, pero no, se quedó con las ganas, seducido y abandonado, vestido y alborotado, cantando La Internacional al pie del cambolo de Birán y, les confieso, no lo hice porque a mí, en la vida real, este tipo me da tremendo asco.
Al final este es un ejemplo vivo, o medio vivo, del mayor logro de la revolución castrista, por eso tenemos que prestarle atención en su justa medida.
Solo me queda decir, a quienes están preparando la denuncia policial contra este mensajero del castrismo…, por cierto, hablando como los locos, fíjense como se arrebata en defensa del hermano y el otro jamás lo menciona, para nada, como si no existiera…, que si necesitan más pruebas conservo cada una de las agresiones y amenazas que este infeliz, medio trastorna’o, profirió contra mí un “buen” día…
Ricardo Santiago.




Michael Marichal: “Si no hay unión se nos irá la vida en esto…”.




De las virtudes que más engrandecen a este gran poeta de la vida real, y me permito llamarlo de esa manera, las que más me impresionan son su gran humildad, su descomunal talento y un amor por su Patria, nuestra Cuba, que nada tiene que ver con doctrinas panfletarias ni con discursitos aprendidos de corre-corre para hacer canciones.
Para Michael Marichal la verdad de la vida es la que se ve con los ojos de mirar y la que se dice cuando se tiene el valor para gritarla.
Por Eso Me Fui De Cuba se inclina ante este hombre que, con sus letras y su música, nos ha puesto a pensar a todos los cubanos sobre la realidad que vivimos tanto en Cuba como en el exilio.

1.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Quién es Michael Marichal?

Michael Marichal: Michael Marichal es un cubano nacido en Caibarién, provincia de Villa Clara, un hombre honesto, trabajador, que ama la libertad, una persona sencilla, humilde, un cubano más.

2.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Por qué te fuiste de Cuba?

Michael Marichal: Hubo un tiempo en que yo visitaba la casa de uno de los 75 y eso hizo que la Seguridad del Estado volcara sus ojos sobre mí, eso de inmediato me hizo víctima de la censura por parte de las instituciones culturales y me decepcioné del sistema, adopté una postura contestataria, haciendo canciones protestas que se radiaron en emisoras anticastristas y se escuchaban en la calle, en ellas hablaba de las damas de blanco y los presos políticos, exigiendo libertad para todos ellos, enseguida fui detenido varías veces, amenazado con ir a prisión porque en esos tiempos según ellos “cantar contra el proceso revolucionario es lo mismo que poner un cartel” sentí temor de que cumplieran con lo que me decían y decidí abandonar Cuba.

3.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cuánto te ha marcado esa decisión?

Michael Marichal: Mucho, demasiado, porque a pesar de que hoy soy un hombre libre me duele haber dejado a mi familia entera detrás, a mis amigos, a mi barrio que me quería tanto y que desde hace 10 años no he vuelto a ver.

4.-Por Eso Me Fui De Cuba: Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Michael Marichal: Cuando estaba en Cuba ya sentía decepción por el sistema por lo que a mí me pasó, pero había muchísimas otras cosas que yo desconocía debido a la falta de información que tienen los cubanos, cuando empecé a ver la historia real, la que nos tergiversan en la escuela desde niños, las mentiras constantes en la tv cubana, la corrupción de la élite castrista, la vida de lujos que se dan los dirigentes, que con un simple clic lo encuentras en internet, me transporté al pasado, a las colas por un pedacito de pan, al agua con azúcar, a los apagones, a los discursos de 8 horas de Fidel contando cosas que ni el mismo se creía, y me sentí más decepcionado aún.
Sentí mucha rabia de cómo los cubanos hemos caído en tan vil trampa, entonces decidí desahogarme de la manera que lo sé hacer, mediante el hip hop, contándole a mis hermanos lo que debimos saber desde hace mucho tiempo. Antes no teníamos quién nos despertara, pero ahora que yo lo estoy, me siento con el deber moral de despertar a los que aún siguen dormidos, y eso tiene al castrismo nervioso porque el mensaje llega más rápido si va con música de fondo y si lo que se dice es verdad.

5.-Por Eso Me Fui De Cuba: Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales y tu música tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas, incluyendo a quienes defienden al castrismo: ¿Sientes algún temor?

Michael Marichal: Las canciones que publico en las redes sociales contienen un mensaje fácil de verificar, si yo menciono las UMAP y buscas en Internet encuentras la historia completa contada por sus propias víctimas, si yo hablo de la traición a Frank País y José Antonio Echeverría, en Internet también encuentras testimonios de sus propios hermanos corroborando la verdad que digo en mi canción, si hablo del remolcador 13 de Marzo, igual encuentras testimonios de sobrevivientes que coinciden con lo que yo digo. Eso hace que la gente, incluso los castristas, vean cuán real es mi mensaje. Por otra parte en mis canciones menciono todos los problemas que sufre el cubano de a pie, apagones, falta de transporte, de alimentos, de medicamentos, los salarios míseros, la ineficiencia del estado en las necesidades básicas del pueblo, todos saben que eso es un problema real por lo tanto la gente se identifica con mis letras y las hacen suyas.
Temor no siento aunque si tomo precaución, pero si algo me pasara todos saben quién puede estar detrás de eso porque yo no tengo problemas con nadie.

6.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Extrañas a Cuba?

Michael Marichal: Todos los días de mi vida, no hay un solo día que yo deje de pensar en los míos, en caminar mi barrio, yo estoy aquí pero mi corazón se quedó allá.

7.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cómo definirías al exilio cubano?

Michael Marichal: Yo siento mucho respeto por el exilio, principalmente por los primeros que llegaron aquí, he leído las historias y se por todo lo que han pasado, son personas con mucho dolor, cada uno tiene su historia de sufrimiento que hay que entenderla por todo lo que pasaron antes de salir de Cuba, si yo que llevo 10 años sin pisar mi tierra me duele: ¿Cómo se sentirán ellos? Yo los admiro y los defino como gente con mucha esperanza, mucha fuerza y perseverancia, gente con decoro.
Los otros, por la parte de mi generación y más jóvenes también, los hay muy valiosos, inteligentes, audaces y valientes, ya de ahí para allá los hay que son “exiliados” de estómago, esos no aportan nada ni les interesa la libertad de Cuba.

8.-Por Eso Me Fui De Cuba: Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esta unión es posible?

Michael Marichal: Yo soy uno de los que pide a gritos la unión de todos, lo he dicho en mis canciones, al final el enemigo es el mismo, pero para la unidad se necesita dejar a un lado los protagonismos, el orgullo, cada cual piensa que su lucha solamente es la correcta y eso no es cierto, yo no pertenezco a ningún grupo y desde afuera veo que todos tienen herramientas de lucha muy buenas, es como cuando bruce lee adoptó tácticas de combate de diferentes estilos y no había quien lo tocara, así de fuerte seríamos si todos a la vez le caemos en pandilla al castrismo, con organización y disciplina, pero al no suceder esto muchos no quieren sumarse, y precisamente necesitamos que la gente vea que somos un ejército, hemos visto el ejemplo en Venezuela, todos querían lo mismo: tumbar al régimen, por eso todos los grupos lucharon juntos, y los que no eran nada también se sumaron, y el mundo le prestó atención, pero si no hay unión se nos irá la vida en esto, y el castrismo seguirá ahí. Por eso digo que Si hacemos un ejército entre todos la dictadura se verá en aprietos.

Por Eso Me Fui De Cuba: Gracias Michael por concedernos esta hermosa entrevista. Te confieso que gracias a ti, o por tu “culpa”, creer en los sueños se convierte en una realidad perceptible, muy perceptible.
Muchas gracias hermano.




Carta abierta, o cerrada, o medio abierta, a los fundadores de FACEBOOK.




Estimados Señores fundadores Zuckerberg, Saverin, Hughes y MosKovitz:
Mi nombre es Ricardo Santiago y soy cubano, un cubano nacido después del 1 de Enero de 1959 que no es lo mismo ni se escribe igual.
Ustedes se preguntarán: ¿Bueno, y a nosotros qué carajo nos importa eso?
Y yo les respondo: Tranquilos, no se desesperen que ya verán.
En el 2011 acepté vuestra “invitación” y me uní a Facebook. En un principio, les confieso, no me entusiasmó mucho la idea del “bate, bate, mi chocolate”, hasta que en el 2016 publiqué mi Blog, Por Eso Me Fui De Cuba, y me di cuenta cuán importante es esta herramienta social para difundir una idea.
Mi Blog Por Eso Me Fui De Cuba fue la manera que encontré para contar, desde mis experiencias, la vida que viví en mi país, las cosas que vi, que sentí, que escuché y que me marcaron y llevo conmigo para no olvidar a los míos y no perder el camino porque algún día, si Dios quiere, quiero regresar a casa.
Pero bien, mi intención aquí hoy no es quejarme por los repetidos “bloqueos”, a la función “compartir” en los grupos, de que soy objeto desde hace más de un mes. Si bien son molestas e injustas las acepto con disciplina porque en la vida real Facebook es su casa y no la mía, yo no paso de ser un simple “invitado” más que, por urbanidad y decencia, debe respetar las “reglas” del anfitrión y no empujar la comida con el de’o, hacerle muecas a papá Mark o decir que el bistec tiene un pellejito.
El caso es que estoy “bloquea’o”, no puedo compartir en los grupos y les juro que no entiendo la causa, o las causas, de tan repetida prohibición, se me parecen mucho, pero mucho, al caquita no se toca, saca la mano de ahí, eso no se dice, cállate la boca, ahora no se puede, déjame consultarlo, esa orden viene de arriba, el catarro se pega o habla cuando yo te lo ordeno, de otra “administración” de cuyo nombre no quiero acordarme.
Pero como les dije anteriormente soy cubano, y como cubano sé mucho de “bloqueos”. A nosotros no hay quien nos haga un cuento de prohibiciones, de limitaciones, de se puede y no se puede, de si me pides el pesca’o te lo doy y, sobre todo, de tener que atragantarnos con nuestras verdades porque en Cuba, número uno el que no salte es yanquee y número dos a quien hable “con la boca llena” y diga lo que no está permitido le “bloquean” las manos, los pies, el corazón y la vida.
Si no me creen los invito a que vivan tres meses en Cuba, qué digo tres meses, un mes, pero como los cubanos del pueblo, con libreta de abastecimiento y en algún solar de Centro Habana, El Cerro o Buenavista. Entonces van a ver y sentir lo que es bloquear de verdad.
Por Eso Me Fui De Cuba mis queridos fundadores, salí buscando la palabra libre y democrática, la que sirve para denunciar los horrores que vive un pueblo avasallado por la más feroz dictadura de la historia de la humanidad, para gritar a favor de millones de niños a quienes les está prohibido beber leche después de los siete años, de millones de ancianos a quienes los mata un retiro que no les alcanza ni pa’ preparar su funeral, de hospitales deshechos y sin medicinas ni recursos, del hambre a todas horas, de un régimen que vende las donaciones a quienes lo han perdido todo, de millones y millones de personas sin esperanza, sin futuro y que viven muertos en vida.
Eso es vivir de verdad “bloqueado”, mis queridos inventores de la red social más popular del planeta, que yo no pueda compartir mis comentarios en los grupos eso es mierda, una idiotez, una molestia tonta, pasajera, ridícula y malcriada, aquí de lo que se trata es de entender que quienes nos expresamos en Facebook, y otros espacios similares, con nuestras verdades sobre la dictadura castrista de La Habana, lo hacemos en defensa de un pueblo y un país que no merecen seguir “bloqueados” ni un segundo más.
Les propongo un simple trueque: Les ofrezco mi cuenta de Facebook a cambio de que ustedes revisan y eliminan los “bloqueos” a quienes como yo nos enfrentamos con la palabra a la dictadura de los Castro.
Muchas gracias.
Ricardo Santiago.




La vulgaridad es la imagen viva de la revolución castrista.




En la práctica de la vida vulgaridad y chusmeria son dos primas hermanas que van muy bien sujetas de la mano de su “mamá” la revolución castro-comunista.
A mi comentario de hace unos días, dedicado a la chusmería como uno de los legados más terribles de esa fatídica dictadura, una cubana, que según ella no es gusana ni comunista, me dedica todo un discurso, un poco enredado a mi entender, de que la culpa de ese mal en los cubanos era de mamá y papá y no de la revolución, incluso hasta ponía ejemplos de “amargas” experiencias que tuvo en una visita que hizo a Miami donde varias personas, en franco acto de chusmeria, vuelvo y repito, según ella, le tocaban las nalgas acompañadas de frases soeces.
En la vida real yo no puedo dar fe de esas “lujuriosas” anécdotas del manoseo porque ni conozco a la víctima ni puedo creer que en Miami, una ciudad donde funcionan las leyes, las personas se atrevan a expresarse con actitudes tan, pero tan morbosas, cuando todo el mundo sabe que esas “simples” palmadas en los glúteos, a una persona que no lo acepte, constituyen un delito grave, muy grave.
Pero bien, a quien no quiere caldo le dan tres tazas, de lo que sí puedo dar fe es de que esta “compañera” sin militancia no entendió muy bien nada de lo que escribí cuando dije, y lo repito bien clarito, que esa revolución de malas palabras fomentó, popularizó, nacionalizó y exacerbó la chusmeria en Cuba a niveles incalculables pues el cubano, antes de 1959, gozaba, a nivel general, de una muy buena educación, civismo, urbanidad y sentido común, mucho sentido común.
El principal ejemplo de civismo y sentido común de los cubanos fue el casi total rechazo popular a la dictadura de Batista y que hoy, por haber perdido esos importantes rasgos de nuestra idiosincrasia, aceptamos con total complacencia a la dictadura de los Castro aun cuando está probado, con muchísimos, pero muchísimos ejemplos, documentos y testimonios, que esos “hijos ilustres” de Birán son mucho más asesinos, ladrones, dictadores y explotadores que su antecesor el hombre del 10 de Marzo.
Ahora bien, quiero dejar bien claro que yo no juzgo al cubano ni de aquí, ni de allá ni de con cola ni con colina ni con la saya de tu madrina, no es mi intención y mucho menos mi interés pues creo en las malas palabras tanto como en las buenas, solo que soy consciente de que cada una tiene su tiempo y su espacio muy bien delimitado.
De lo que sí hablo es de que la revolución castrista, y lo digo con todo conocimiento de causa, porque me formé, crecí y estudié bajo las doctrinas del socialismo, vulgarizó la sociedad cubana hasta niveles estratosféricos, porque entre los planes de estudios becados, la politización de la sociedad, el colectivismo materialista dialéctico, los mítines de repudio al “enemigo”, las colas interminables para adquirir cualquier cosa, el quesito crema que está perdido, se me cortó la leche de la niña, el deporte derecho del pueblo, los discursos del líder, la canción protesta, yo no sé qué tiempo hace que no me como un pedacito de turrón, el hambre, la miseria y la desesperación, el cubano dejó de expresarse correctamente para “vocinglear” pues en definitiva esa actitud era mejor vista, por la nueva autoridad del país, que hablar bajito, expresarse correctamente y ser una persona decente.
Que a nadie le queden dudas de que la revolución castrista promovió con creces el cuatrerismo ideológico, la prosopopeya del verbo fatídico, la gritería del proletariado, la chivatería oportunista y malsana, la ofensa al prójimo como muestra de poseer genitales de ocho libras, la cosquillita de los vanguardias y la bronca socialista para diferenciar al “hombre nuevo” de cualquier otro con rasgos de “pequeño burgués”.
Por cierto, hablando como los locos, nunca he entendido muy bien el concepto de “pequeño burgués”, para mi modesto entender se es algo totalmente, a no ser que también exista la categoría de “pequeños comunistas”, entonces sí.
Para aclarar ideas y definir posiciones, yo soy del criterio de que no hay nada más vulgar en esta vida que el hambre, la miseria, la escasez, el racionamiento, las moloteras, el hacinamiento, la leche de dieta, los derrumbes, el plan tareco, los trabajos voluntarios, el mitin de repudio, la traición, el sol sin sombras, el picadillo de soya, cinco huevos por persona al mes, el adoctrinamiento, la pañoleta, el culto a la personalidad y el olvido, todos ellos son incluso más vulgares que una mala palabra, un grito y hasta que una “fiesta e’ perchero”.
Ricardo Santiago.




Virginia María Piñeiro: “Me encanta vivir sin temor…”.




Conocer a esta cubana, portadora de los mejores adjetivos para definir la belleza, la amistad y el amor, es un privilegio que se goza a to’ meter.
Por Eso Me Fui De Cuba tiene el placer de entrevistar a Virginia María Piñeiro, una mujer que, digo yo, huele como el café colado con tetera, que contagia por su optimismo, por un amor a Cuba que le sale a borbotones y por querer una Patria libre más allá de ideologías trasnochadas, de rencores enquistados, de intereses oportunistas y de “empecinamientos” del alma.

1.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Quién es Virginia María Piñeiro?

Virginia María Piñeiro: Virginia María Piñeiro es una cubana más que tiene una familia y amigos fabulosos. Que la vida la ha hecho transitar entre espinas y rosas, entre la oscuridad y la luz, entre amores y desamores y que hoy se encuentra donde siempre quiso estar.
Agradecida a Dios por todo lo que existe sobre la faz de la Tierra y con deseos de matizar los años que me restan con sueños y esperanzas, en compartir y en entregar.

2.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Por qué te fuiste de Cuba?

Virginia María Piñeiro: Me fui de Cuba porque me gusta tocar la libertad con mi respirar, con mi pensamiento, con mi cada día. Porque Dios me dio la posibilidad de no convertirme en cómplice de una dictadura totalitaria, nefasta y por demás injerencista.
Vivir asfixiada no fue una opción permanente para mí, sólo circunstancial.

3.-Por Eso Me Fui De Cuba: Por tus experiencias: ¿Te consideras exilio, destierro o emigración?

Virginia María Piñeiro: Me considero una exiliada y vivo segura de que escogí el camino adecuado.
Ello nunca significará una separación de mi país, de mis ancestros y de mis raíces.
Como a muchos me tocó tomar la decisión de abandonar Cuba ante la imposibilidad de continuar viviendo bajo el régimen impuesto en la Isla.
Somos víctimas de ese holocausto migratorio ante el cual tendrá que responder algún día la dictadura de los Castro.
La verdad siempre estuvo rondando mi quehacer diario… y sentía que se alejaba cada segundo… Quise alcanzarla desde otras dimensiones y aquí estoy, caminando de la mano de esa realidad cubana que desean OCULTAR, y desechando a quienes se visten de traidores contra el pueblo y en defensa de la dinastía Castro.

4.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cómo definirías al exilio cubano?

Virginia María Piñeiro: El exilio nos dio la posibilidad de sentir cuánto representa nuestra Patria…. de todo lo que anhelamos y somos capaces de entregar. No todo ha sido gratificante, se han unido lágrimas y suspiros, alegrías e intercambios, pero hemos aprendido a conocernos y a valorar esos países y personas que nos abrigan. Desde lejos, allá en la Isla, al principio, pudo significar sólo tristeza, separación… Pero la vida nos permitió darle una lección a la dictadura, y hoy y siempre los exiliados les demostramos al mundo que somos LIBRES y seguimos siendo CUBANOS.

5.- Por Eso Me Fui De Cuba: Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Virginia María Piñeiro: Todo cubano que sienta por su Patria, que viva el martirio de la opresión debe erigirse bandera de denuncia. No nos corresponde esperar por otros y mucho menos dejar el tiempo transcurrir entre la manipulación y la impotencia; entre el desastre y la ignominia.

6.-Por Eso Me Fui De Cuba: Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas incluyendo a quienes defienden el castrismo: ¿Sientes algún temor?

Virginia María Piñeiro: Disfruto cuando opinan acerca de lo que escribo para bien o para mal… Me satisface expresar lo que siento y entregarme con pasión y desenfado a lo que hago con total desnudez y franqueza.
Lo que realmente me duele es no saber transmitir con la belleza y el color que hacen otros, con la fragancia y la espontaneidad que les caracteriza.
El temor o el miedo es inherente a los humanos en determinados instantes, obviarlo o aprender a sobrevivir con él puede resultar una opción.
En mi caso, muchos años sentí miedo y llegué a pensar que era parte de mi cuerpo… Ya NO, me encanta vivir sin temor.
Frente a los castristas de la Isla percibo que jamás los acompañará la VERDAD, renunciaron a ella cuando se aliaron a la tiranía.
Los comunistas que viven del Capitalismo resultan muy despreciables. Debían retornar a la Isla para en aquel cementerio de calamidades acomoden sus pesadillas.

7.- Por Eso Me Fui De Cuba: Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esa unión es posible?

Virginia María Piñeiro: Muchos factores pueden atentar contra la posibilidad de una unión entre los cubanos: y la fundamental es acogerse a la idea de que NO es posible. Cuando partimos de esa tesis todo puede obstruir el camino, el miedo, los protagónicos, las diferencias en cuanto a las formas, y la peor abandonarnos a la receta de que no hay perspectivas. Recordar a aquellos que han dejado su sangre en los patíbulos, en las cárceles, en el mar, puede inspirarnos a cerrar filas por la UNIDAD. Hombres como Varela, Martí… nos dan las pautas. Seguir sus enseñanzas nos abre el camino de la UNIDAD, nos conduce al sueño más hermoso que podemos abrazar: LA LIBERTAD DE CUBA…

8.-Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Extrañas a Cuba?

Virginia María Piñeiro: Extraño a mi familia, a los que estuvieron junto a mi muchos años, a mi Huesi…Y si con esta experiencia que tengo ahora volviera a nacer, antes y desde el vientre de mi Madre, reclamaría este espacio que tengo hoy…

Por Eso Me Fui De Cuba: Muchas gracias Virginia María Piñeiro, un verdadero gustazo tenerte como amiga, como cómplice, como guía y como mi mayor crítico, por eso nunca me canso de preguntarte: ¿Estás ahí?




En Cuba es más importante aparentar que ser, “aunque te duela el alma”.




Verdaderamente yo alucino. Al cubano le puede faltar cualquier cosa, puede carecer de lo más elemental, padecer hambre, sed, frio, calor o dolor de barriga pero nunca, fíjense bien, nunca, le puede faltar la imagen de la “Resurrección” de Birán colgada en la pared. Es como una condición de “vida o muerte, venceremos” para ganar la emulación de las apariencias, porque si algo nos ha enseñado esa maldita revolución es que en el socialismo es mejor aparentar que ser, fingir que demostrar y mentir para “sobrevivir”.
Y es que la lección nos quedó muy clara, clarísima, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959: “Quien no crea o apoye a la revolución se muere…”. Y muchos, la mayoría, decidimos ‘vivir” gritando y bachateando al compás de los tambores del socialismo, sin querer entender que nosotros mismos nos poníamos la soga al cuello y empujábamos el banquito lanzándonos hacia la muerte más lenta que “ojos humanos han visto”.
Lo primero fue lo primero: La Ley de Reforma Agraria, y la revolución confiscó, nacionalizó, “repartió”, fragmentó y partió la tierra cubana en tantos pedazos que, como bien dice el refrán “quien reparte y reparte se queda con la mejor parte” hasta que los revolucionarios latifundistas dispusieron de más del ochenta y cinco por ciento de las aéreas cultivables de Cuba y provocaron la involución total de la producción agrícola y ganadera hasta llevarlas a los niveles del marabú, marabú, ni el carbón de marabú… La Patria, con sus nuevos dueños, se convirtió en la finca más improductiva del mundo.
Así fue con todo, los cubanos, más por temor que por convicción, cambiamos la imagen del Sagrado Corazón por la de los “santos” tira tiros que irrumpieron en nuestras vidas, “poseídos” de total ausencia de divinidad y sí cargados con mucho de prepotencia, de ferocidad, de malnutrición mental, de terrorismo y como falsos profetas de los humildes.
Lo segundo fue lo segundo: “Esta es tu casa Fidel”, y el tipo se lo creyó tanto que tiró una Ley de Reforma Urbana que parecía socialista, que beneficiaría a los humildes, pero que en realidad le daba la potestad al “Estado revolucionario” para ser amo, dueño y señor de las propiedades en Cuba, otorgando poderes extraordinario a la crápula, perdón, a la cúpula dictatorial para regalar casas, ofrecerlas como pago por “servicios” prestados, “arrebatárselas” a quienes ellos consideran enemigos del pueblo, extorsionando a quienes se iban al exilio y obligándolos a entregarlas a cambio del “permiso de salida”, declarándolas patrimonio u “objetivo” de interés estatal, congelando zonas de la ciudad al más puro estilo apartheid, en fin, acaparando y destrozando el fondo habitacional cubano y justificando el deterioro urbanístico con el cuento de que el bloqueo americano no nos quiere dar ni este ladrillito, ni este cementico y ni esta “cabillita”.
Con esa nueva efervescencia ideológica las imprentas cubanas dejaron de imprimir las imágenes rococó de las doncellas con sus galanes y las del “bello cisne” en actitud idílica para reproducir a cuanto sátrapa le tirara “un tiro a los americanos”, las “victorias” de la patria socialista o a la mujer de Antonio que camina así, camina así…
Lo tercero fue lo tercero: La nacionalización de todo, la nacionalización hasta de lo nacional porque aquí el verdadero dueño de las industrias, las fábricas, los almacenes y todo cuanto produzca algo pa’ comer y pa’ llevar es el pueblo. Los cubanos gritábamos a todo pulmón nacionalizar, nacionalizar, nacionalizar como si estuviéramos en un carnaval de la alegría, nunca quisimos entender la aberración jurídica, ética y racional que apoyábamos con nuestros gritos otorgándole a la crápula, perdón otra vez, no entiendo qué me pasa hoy, a la cúpula dictatorial, el poder para adueñarse de la propiedad privada, convertirla en propiedad “del Estado”, del pueblo de eso nada, de los humildes muchísimo menos, y hundiendo la producción de valores en Cuba hasta el último “fanguito” con la administración socialista, los planes quinquenales, la economía política del comunismo, el chocolate sin leche, la miel sin las abejas y muchas, pero muchísimas, mierdas mas.
La historia de los disparates en nuestro país es “extraordinaria”. No quiero mencionar nombres porque en la vida real son muchos y van desde aquel imbécil que una vez compró barredoras de nieve para “limpiar” las calles de La Habana hasta la del que circunnavegó la Tierra creyendo que podía tocar la Luna. Son muchas y algunas parecen más sacadas de los cuentos de Pepito que de nuestra real historia nacional de los últimos 58 años.
Pero el absurdo más irracional, más aterrador, más desconsolador, más humillante y más increíble es observar hoy a las nuevas generaciones de cubanos perpetuando la oscuridad de la Patria con los gritos de yo soy Fidel o fidelista por siempre.
Ricardo Santiago.




La dictadura nos impuso el hambre como una estrategia de Estado.




Yo digo, sin temor a equivocarme, que al cubano, por naturaleza y tradición, siempre le gustó comer bien, darse sus buenos gustos y saborear las buenas recetas de una cocina que es la mezcla de muchas partes del mundo. La carne es fundamental en la dieta nacional, y me refiero a cualquier tipo de carne, preferiblemente un buen bistec con viandas acompañados de su arroz, su potaje y su rebanada de pan para empujar y al terminar “comerme la salsita que es la parte que más me gusta…”.
Mi respeto a los vegetarianos y veganos de Cuba y del mundo, nadie duda de que es una opción muy saludable de alimentación, pero desgraciada o afortunadamente en nuestro país siempre fue así, la cultura culinaria cubana se construyó a vueltas y vueltas del lechón asado y de todo aquello que pudiera freírse o sancocharse, siendo esto parte importante de nuestros rasgos como nación y apoyado por ese maravilloso sentimiento de cubanía cuando decimos con mucho orgullo: “Es que el olor del puerco asa’o de Cuba no lo encuentras en ninguna otra parte del mundo, ja, ja, ja…”.
Los “viejos” de mi barrio me contaban que en el “tiempo de antes” había para todos los gustos, que resulta increíble que la misma tierra, los mismos surcos y los mismos campesinos producían grandes cantidades de cualquier cosa y que: “Ahora con esta revolución, los planes quinquenales y los tractores rusos pa’ comerse un mango cuesta más trabajo que el cara’…”.
Dicen que una de las cosas que más gusto daba eran los olores que desprendía La Habana, a cualquier hora y en dependencia de la zona por donde usted caminara. Que era una ciudad muy limpia y que, por ejemplo, los refrescos nacionales no tenían nada que envidiarle a las marcas mundiales. Esto sin contar que en Cuba lo mismo se podía degustar desde la exquisita pastelería francesa hasta una popular “completa” en el barrio chino “que aquello levantaba a un muerto”.
Pero, pero, pero, pero, llegó quien tú sabes, aquel fatídico primero de Enero, y nos transformó los buenos olores en una peste que hoy, y lo digo con una profunda tristeza, lo que provoca es un asco tremendo caminar por muchas zonas de La Habana.
Las crisis “mundiales” sucesivas y los eternos “períodos especiales” después de 1959 se ensañaron agresivamente con la mesa del cubano, la desarticularon, la desvencijaron y la convirtieron en mesa de “una o dos patas”, sin “derecho a protestar” o: “Te quito la ayuda de papá Estado…”.
Tan hijos de puta como son…
Después, por allá por los 70s, nos becamos en ese otro engendro comunista que fueron las secundarias y los pre-universitarios en el campo. Con el cuento de que en la escuela nos daban la comida “gratis” la revolución del huevo frito nos quitó media cuota de carne porque según los ideólogos del socialismo, el verdadero hombre nuevo, el requetenuevo, no debe tener la barriga llena para que agudice los instintos y pueda determinar quiénes son los desafectos, los apátridas y los contrarrevolucionarios que nos quieren desgraciar el futuro.
El hambre que se pasaba en esas becas era del tamaño de una mala, pero muy, muy mala palabra, solo nuestros estómagos lo saben, muchas personas que conozco sufren aun de una gastritis que, como yo digo, son uno de los rasgos más distintivos de ese invento de socialismo, las úlceras revolucionarias.
La dictadura castrista secuestró, desapareció, ajustició y sentenció los alimentos en Cuba. La tierra y los campesinos dejaron de producir desmotivados totalmente por las ideas “avanzadas” del “primer agricultor” de la Patria: El Yunta de Birán.
Entre los “chorros” de leche de la vaquita Ubre Blanca, el café Caturra del Cordón de La Habana, los durofríos de fresa de la Gallega, la mantequilla pa’ comer y resbalar, el yogurt de leche de búfala, las tableticas de maní a peso, el camarón y la langosta los cubanos nos ilusionamos tanto que, después de haber sacrificado toda una vida para que esas promesas se hicieran realidad, terminamos comiendo moringa, mucha moringa que ni huele a puerco ni sabe a frijoles negros…
Pasa que toda esa mierda de la escasez y de que ahora sí pero no, esto no era lo que yo pensaba pero esto de ahora sí, la carne entra por aquí y sale la croqueta por allá y tengan confianza compañeros en la revolución y en Fidel, no fueron más que un plan bien elaborado para mantener al cubano en jaque, sin pensar en las otras opciones de la vida y mucho, pero muchísimo menos, en el deseo de ser feliz.
El hambre que pasan los pueblos bajo el socialismo es una estrategia de Estado, calculada para doblegar conciencias y esgrimida para acallar voluntades. Así de simple…
Ricardo Santiago.




La chusmería: El arma más mortífera de la revolución socialista.




El cubano como nación no es un tipo vulgar, todo lo contrario. El cubano toda la vida fue una persona educada, respetuosa, cívica, de buenos modales y de una inteligencia natural que siempre fue la admiración de cuantas personas nos visitaban.
Yo recuerdo a “los viejos” de mi barrio, que se habían educado e instruido en “el tiempo de antes”, que hablaban bajito, se expresaban correctamente, casi no decían malas palabras y no utilizaban chabacanerías para referirse a algo e incluso hasta para decir que Fidel Castro era un hijo de puta.
Aquello daba un gusto tremendo, aunque nadie me crea esa es una de las cosas que más extraño de mi niñez.
Pero bien, llegó la revolución con su comandante y se formó la jodedera. De un pueblo cívico nos convertimos en una “masa” de revolucionarios “victoriosos” y a gritar y a gozar que aquí el que no salte es yanquee. La palabra educada se transformó en discurso belicoso y la idea inteligente en ofensa desmedida contra todo aquel que no se sumara o no estuviera de acuerdo con el tin, marín de dos pingüe del “Profeta” de Birán.
La chusmería, la bravuconería política, el me quiero fajar, la gritería desenfrenada, el mal hablar, las mentadas de madre, la vulgaridad ideológica, la genitalidad excesiva, la leche condensada convertida en “fanguito”, estoy medio loco, aquí no se rinde nadie y “las camisitas a cuadros” son un invento del castro-comunismo, fueron las “nuevas ideas” que nos trajo esa revolución de revoluciones y que nos implantaron, sembraron e inocularon en nuestras conciencias para hacernos creer mejores, superiores y diferentes a los enemigos de clase del proletariado.
Las buenas maneras y costumbres eran uno de los atributos más importantes de la nación cubana hasta que “llegó el comandante y mandó a parar”, fíjense que la máxima de toda familia cubana era: “pobre, sí, pero decente, muy decente”.
Los actos masivos sucedidos a raíz del 1 de Enero de 1959 (que fueron muchos, muchísimos, y por cualquier motivo) dieron pie a que el cubano convirtiera la vocinglería, el grito, la neurastenia, el “viva” y el “abajo” en la forma más común de comunicación de la “nueva etapa que vamos a vivir”, chu, chu aaaa, chu, chu aaaa…
Las ofensas constantes contra el “enemigo del norte” y sus presidentes: “eh, a eh, a eh la chambelona, Nixon no tiene madre porque lo parió una mona…”, y contra todo aquel que pensara diferente a: “con la revolución todo, contra la revolución nada”, provocó que a los cubanos nos pareciera muy normal cualquier diatriba contra nuestros semejantes, los escándalos en medio de la calle y la falta de respeto pues mientras más alto se grite en el socialismo, más se ofenda y más ¡ay… me da…!, más rápido se escalan posiciones en la jerarquía dictatorial. Un solo ejemplo de la historia más o menos reciente: recuerden los 31 y pa’lante y al tipo de la corbatica pintada que de la noche a la mañana se convirtió en Canciller.
Con el tiempo, lógicamente, todo esto se hizo normal, los cubanos dejamos de hablarnos para gritarnos, dejamos de razonar para ofendernos y dejamos de dialogar para fajarnos. Los altos niveles académicos que fuimos alcanzando nunca fueron acompañados por verdaderos valores cívicos, por principios de cortesía y respeto, por los más excelsos hábitos de conducta de nuestros abuelos que, aunque no tuvieran una instrucción escolar avanzada, eran dignos ejemplos de sabiduría y urbanidad.
La vulgaridad de la Patria provoca el llanto en quienes la sufrimos, en quienes vemos con horror cómo nuestros jóvenes de hoy, sin saberlo, son herederos de discursos y actitudes totalmente ajenos a nuestras raíces, a nuestra historia como nación y a nuestra cultura como pueblo. Las malas palabras, los gritos y la violencia no son necesarios para manifestar desacuerdos entre nosotros ni para desear que esa dictadura de mierda se vaya al carajo de una vez y por todas de nuestra querida Patria, ¿sí o no?…
Ricardo Santiago.




El “holocausto” migratorio cubano: El mayor logro de la revolución socialista.




No hay dudas, de eso sí pueden jactarse estos sinvergüenzas de la “quinta columna”, del castrismo en llamas, de eso sí pueden sentirse muy orgullosos, eufóricos, tan descara’os como son, pavonearse y rascarse el c… con toda la tranquilidad del mundo porque si algo han hecho bien estos hijos de puta es empujar a los cubanos fuera de su Patria y obligarlos a vivir un exilio sin retorno.
Estoy más que convencido de que este ha sido el único y el mayor aporte del castrismo a la historia de Cuba.
El castro-comunismo desmembró a la nación cubana por todas partes. No existe nada en Cuba que no haya retrocedido o involucionado con proporciones gigantescas después del 1 de Enero de 1959, la producción agrícola, la producción industrial, la construcción de viviendas, la educación y la cultura cívicas, el orden y el progreso, las libertades ciudadanas y fundamentalmente el “olor de la vida”, ese que todo ser humano tiene en la memoria y lleva consigo a todas partes para no perder el camino de regreso a “casa”.
Pero el castrismo se especializó en rupturas, se hizo máster en descuartizar la cubanía, en desprestigiar los valores más auténticos de un pueblo que tenia a la familia como pedestal y en empujar y empujar a sus integrantes a un cruel destierro que ya hoy suma casi 60 años.
Antes de 1959 Cuba era un país receptor de migrantes. Aun con todo lo que dicen del General Batista y “todos sus desmanes”, miles de personas, de muchos lugares de este planeta, solicitaban permisos para radicarse en la Isla. Venían, sobre todo, atraídos por la prosperidad y las opciones de futuro que ofrecía “la dictadura batistiana”, la bondad de los cubanos y el privilegio de tener una posición geográfica envidiable.
En la actualidad a muy pocos en el mundo se les ocurre tamaño disparate salvo que sean prófugos de la justicia.
Lo único que hemos logrado conservar en estos tiempos es una parte de esa bondad y la posición geográfica, lo otro, lo esencial, lo visible a los ojos, se fue al garete con este viento de la desgracia llamado castro-comunismo.
Hoy Cuba “exporta” a sus habitantes por cientos de miles y por las vías más absurdas, crueles o disparatadas. El cubano no quiere vivir en su propio país, está cansado, se ha hastiado de esperar por el techo seguro y el “vaso de leche”, por la vida digna y responsable y por un mañana que cada vez es más ayer y más ayer y nunca. Por generaciones hemos visto que todo ha sido una burda mentira, que la Patria hiede y que costará, sabe Dios cuánto tiempo, volverle a dar algún sentido de decencia.
Entonces no queda otra, muchos decidimos partir con media alma rota y los dolores y la angustia por tener que separarnos de la familia, nuestra madre, los amigos y lo material, que también cuenta.
Los cubanos nos vamos para donde sea: “pa’ donde sea Fidel, pa’ donde sea…”, no importa, a veces mientras más enredado se hable mejor porque así nos sirve para olvidar las penas, no importa si nos congelamos o los sudores nos deshidratan, si la comida es muy picante o si los sabores nos retuercen de nostalgia, la meta es salir adelante y perseverar porque en verdad de eso estamos hecho nosotros, de madera dura que no se raja y que no se deja amedrentar, ¡ah! y “pa’ tra’ ni pa’ coger impulso”.
Mis “opositores” me atacarán con el cuentecito de que este es un fenómeno que sucede a nivel mundial, el sur invadiendo al norte, que Cuba no es el único caso y: “Ahí están las cifras de centroamericanos, suramericanos, del medio oriente, norafricanos y chinos y no tan chinos que se deslumbran con el sueño del capitalismo, no son únicamente los cubanos”.
Pasa que sólo la dictadura cubana, único caso en todo el mundo, ha venido prometiendo al pueblo, por más de 58 años seguidos, mucha prosperidad y una mejor vida para sus ciudadanos y, como toda mentira que se infla y se infla y se recontrainfla, los cubanos ya no pueden más, se cansaron del engaño y ojos que te vieron ir…
Fíjense que nosotros somos los únicos que no tenemos destinos prioritarios para emigrar, nos da lo mismo, es triste pero es una realidad, la fuerza de la desilusión provocada por la miseria y el hambre empujan más que los “valores del socialismo” que un día nos “introdujeron” como supositorios ideológicos.
Pero las migraciones tienen sus causas, generalmente son económicas, políticas o humanitarias. En el caso de Cuba yo digo que son de todos los tipos, el cubano se va por hastío, desilusión, miedo, hambre, amor, nostalgia, vergüenza, ilusión, rencor, soberbia, teques, prosperidad, libertad, aventura, sueños, desesperación, cansancio y “cualquier cosa que sirva para no estar más aquí”.
La dictadura de los Castro es responsable de uno de los holocaustos más terribles en toda la historia de la humanidad: El exterminio de la familia cubana, del cubano en sí mismo y en provocar que más de tres millones de compatriotas estén viviendo desperdigados por el mundo y en países con nombres muy difícil de pronunciar…
Ricardo Santiago.