La mujer cubana. ¡¡¡Carajo la mujer cubana!!!

12356

A mi madre…

Todo mi respeto y lo digo, lo grito, con lágrimas en los ojos.
Nadie ha sufrido más en Cuba las barbaridades del comunismo, ni con mayor abnegación, ni en el más cruel de los silencios que una mujer o una madre cubana. Desgraciadamente siempre fueron y serán sus mayores y más vulnerables víctimas, porque solo ellas están en la primera línea del combate diario por la vida.
Para empezar una madre cubana, cuando usted le pregunta, siempre dice que ya comió, o que lo hará después, o lo que más le gusta del pollo son las alas y el pescuezo, y del arroz la raspita, o “comételo tú que eso a mí no me gusta”.
Nadie como la mujer cubana para “inventar” los buenos sabores, para hacer masticable y tragable algo tan insípido como es la escasez, para evitar que sus hijos se revuelquen de asco o, simplemente, para no sufrir amargamente por no poder satisfacerlos con un buen postre casero porque: “todavía no ha llegado el azúcar a la bodega”.
La mujer cubana es fuerte, construyó el país y lo pobló de punta a punta, lo defendió con sus uñas porque, más que todo, lo hacía por sus hijos, para que fueran felices, para que se sintieran orgullosos de su trabajo y sacrificio y pudieran mirar con tranquilidad al futuro. Pero sus hijos poco a poco fueron “desapareciendo” en el aire, en el mar y hasta en la tierra, entonces de futuro nada y ella se hizo gigante y sus gritos inundaron las calles, los templos, los palacios y hasta las arrugas de sus opresores, porque a una madre cubana quien le toque un hijo: “lo mato coño, lo mato ”.
Las madres cubanas tragaron y tragan a pulso la miseria “necesaria y equitativa” del gobierno, contemplan calladas y horrorizadas a sus hijos soñar despiertos y dibujar en el aire aspiraciones que ellas saben que en Cuba son imposible de lograr.
La mujer y la madre cubana no necesitan ni quieren monumentos porque ellas en sí mismas son el más perfecto bolero, la mujer cubana y la madre cubana no necesitan ni discursitos ni organizaciones disfuncionales, la mujer cubana y la madre cubana no necesitan promesas, la mujer cubana y la madre cubana solo quieren vida, vida buena y tranquila y yo pregunto: ¿No es tiempo ya de que seamos recíprocos con ellas? ¿No merecen descansar para siempre de tanta miseria y sufrimiento?
Basta, basta, basta, basta, basta, basta, basta, basta…
Cerremos los ojos, abramos los brazos y deseémoslo todos a la vez…

¿Nos merecemos los cubanos tanta miseria y sufrimiento?

5252

Aquí sí hay tela por donde cortar, aunque a mí personalmente me provoca mucho dolor este tema. Hablar de la cotidianidad en Cuba, de la subsistencia y de las miserias de la vida diaria, sólo un cubano puede hacerlo, porque nadie como nosotros para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacio, atragantado en medio del calor más absurdo y mirando la clara Luna debido a la ausencia de electricidad.
El padre o la madre que haya estado en esta situación sabe a qué me refiero. Aquí ni capitalismo, ni socialismo, ni el “invencible” ni la madre que los parió, aquí solo rabia, frustración y un dolor inmenso, de ese que nos angustia el alma y nos marca para toda la vida provocando que sea muy difícil entender y perdonar.
Un gobierno está obligado, imperativamente obligado, incluso anteponiendo sus políticas, negociaciones de estado y sus otras mierdas, a solucionar estos problemas, sea por la vía que sea, pactando hasta con el mismísimo si es necesario, pero proporcionar el bienestar a su pueblo como primera y única ley a cumplir por todos y para todos, porque no hay justificación (ni bloqueo, ni crisis mundial ni los americanos son unos hijos de puta) para que un solo niño se acueste con hambre, juegue descalzo o simplemente añore algo tan básico como un juguete más o menos sofisticado.
El gobierno cubano ha tenido suficiente tiempo para solucionar estos problemas, más de 57 años, un tiempo enorme hasta para las más estúpidas administraciones, ¿por qué no lo ha hecho? es la pregunta que algún día tendrán que responder aunque sus máximos culpables no estén.
No nos valdrá entonces el cuento del enemigo de afuera, porque yo estoy seguro que la generalidad de los cubanos no quisimos ni pedimos esto, no apoyamos sus dimes y diretes gubernamentales ni sus perretas internacionales pues preferimos que nuestros hijos coman, se vistan y jueguen con decencia, con alegría y sin la Luna como único candil.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente este desgobierno, esta situación a la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo y por más de medio siglo, a la gran mayoría de los cubanos, pueblo lindo y noble que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de oportunidades. A gritos lo necesitamos.




El comunismo cubano: “La gran estafa”.

Miseria 166

Yo tengo un problema bien serio con la “verdad” de los comunistas. En realidad aun hoy en el destierro, y después de muchos años, me sigue hartando. Me altera, me desquicia, me enerva y me trastorna. Se me atraganta y me forma una pelotera que no hay manera de que la pueda bajar, digerir y excretar.
En Cuba la “verdad” revolucionaria fue y es fabricada, desde el mismo 1 de Enero de 1959, en los laboratorios del pensamiento ubicados en algún edificio del Vedado. La fueron mezclando, edulcorando, magnificando, tergiversando y menospreciando, según les convenía, un montón de “investigadores” vestidos con batas verde olivo y siguiendo las ordenanzas de su cabecilla prepotente, disparatado y manipulador.
La “verdad” comunista duele, lastima, insulta, nos vuelve impotentes, nos ahoga y nos ofende. No hay que ser muy inteligente, solo basta tener algo de sensibilidad, percepción y amor por la vida y los seres humanos para que nos llene de urticaria.
Los laboratorios verde olivo inventaron y nos vendieron (por la libreta por supuesto) “un país libre de pecados, inmenso en su prosperidad, paraíso perfecto para la raza humana, una sociedad de justicia e igualdad y una patria bienaventurada donde hasta los perros comerían jamón y tomarían café con leche”.
Pero pasaron los años, uno tras otro, cada uno con su cuota mayor de sacrificio y austeridad, porque el 61 fue igual al 71 y este igual al 81 hasta el 91 que fue peor, y el 92, 93 y 94 ni se digan, lo único que aumentó fue la imposición de más abnegación para la Revolución, la moral más alta que el Turquino, que no se diga que ahora nos van a derrotar, que el jugo de toronja no mata, ni el bistec de frazada de piso, ni los chicharos con col, ni la carne de perro o gato, ni caminar o montar bicicleta como unos trastornados, no, que no, que no que María Cristina me quiere gobernar…
Malditos estos “científicos” que inventaron los “logros de la Revolución”, manigüeros y alborotadores, ají guaguao a pulso en desayuno, almuerzo y comida.
Ideas y más ideas, proyectos a corto, mediano y largo plazo que sólo inundaron el éter, incluso más allá de nuestras fronteras, cuando lo único que había que hacer era concentrarnos en trabajar y producir, sin fajarnos con nadie y comerciando con todos, porque siempre fuimos eso, una nación abierta, con perspectiva y sin necesidad de tanto invento, prepotencia y algarabía.
Nos timaron, nos estafaron, nos mutilaron y nos cegaron el espíritu, malditos sean…

Revolución Cubana, Pan y Circo.

pan 2

Al pueblo hay que contentarlo con cualquier cosa, mientras más enajenante mejor, no importa la calidad de las ofertas, mientras más baratas (en calidad y precio) mayor masividad y “al final eso es lo que queremos, que las personas no piensen y se entreguen al desenfreno, al desgaste y al relajo nacional”.
Pan y circo proviene del latín Panem et circenses, que significa literalmente: locución latina peyorativa de uso actual que describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas. Cualquier semejanza es pura coincidencia.
Los emperadores romanos vieron y magnificaron el concepto en sangrientos e inhumanos espectáculos de horror y muerte. Hitler lo aplicó y convirtió a los alemanes en multitudes desvergonzadas “bracitos en alto” gritando consignas: “Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad…” y en profundo éxtasis nacionalista, pero los emperadores castristas, los reyezuelos tropicales, se excedieron en la aplicación del concepto, lo han aplicado a diestra y siniestra, desde la algarabía política y bullanguera (desfiles 1 de Mayo, protestas Oficina de Intereses, concentraciones de todo y por cualquier cosa, etc., etc., etc.) hasta el onomástico del supremo, festividades de carácter nacional o cualquier pretexto que sirva para calmar “las calenturas del pueblo”.
El pan y circo cubano es a granel, en pipas o “al descuido”, no está sujeto a la calidad, mucho menos al orden y a la cordura, se aplica en grotescos y vulgares “carnavales populares” que casi siempre terminan en espectáculos de horror y muerte, útiles para desviar la atención de los verdaderos males nacionales y abofar las mentes con líquidos y sólidos de dudosa fabricación.
Por estos días Cuba es una enorme comparsa, sus calles huelen a fritanga y a orine trasnochado, la vida, atomizada por transmisiones “gratuitas” y maratónicas de los juegos olímpicos, son exhibidas por el gobierno y sus secuaces como otro de los logros gigantes de la Revolución, apostando a que les den un tiempo más, otro suspiro para seguir con sus fechorías y doblegar o embrutecer a un pueblo que ya no soporta más.
Hitler sentenció: “Mañana muchos maldecirán mi nombre”. Yo pregunto: ¿Sólo a él?

Empezar de cero (que no es lo mismo que “punto cero”).

empezar de cero

A nosotros los cubanos no hay quien nos haga un cuento de “venir de abajo”, es más yo digo que para la mayoría de nosotros ha sido como una ley de vida.
En los 60s, 70s y 80s, cuando éramos simples trabajadores y estudiantes que creímos en el sacrificio a ultranza porque este nos iba a reportar una vida llena de esperanzas, luces y sabe Dios cuántas cosas más, nos entregamos a la reconstrucción de la patria con la ilusión de que “todo futuro tiene que ser mejor”, de que el hambre, la sed, el calor y los bichos en los cañaverales, en las escuelas al campo y en el campo, en la construcción de obras sociales, en las labores industriales y en la vida misma eran necesarios porque el país lo requería y porque todos, o la gran mayoría, empezábamos desde cero.
Ilusión mental. Pura ilusión de pacotilla. Después de rompernos el lomo, roto y bien despedazado, durante más de 30 largos años, las esperanzas se fueron al carajo y las luces se volvieron apagones eternos y desconsolados, los años 90s nos saludaron con una cruel e inmerecida crisis económica que muchos, la inmensa mayoría, no entendimos porqué, ¿qué hicimos para merecer esto?, ¿dónde nos equivocamos?, ¿hasta cuando Dios mío? ¡Sana Papucio, Cristóbal Colón!.
Pero nada que hacer, la realidad estaba ahí, de frente, mordiéndonos cada día, despedazando a la familia cubana desde la raíz, una vez más dividiéndonos y atormentándonos, sólo que en esta ocasión por culpa de un muro que tumbaron en vaya usted a saber qué parte del mundo y muchos de sus pedazos saltaron y destrozaron nuestra “sólida economía”.
Yo digo que este fue el momento en que la emigración cubana se hizo realmente pública, masiva y se manifestó como las verdaderas ansias de libertad de los cubanos. Entonces nos dimos cuenta del tiempo perdido, de la vida entregada por nada y de los sueños convertidos en un mísero pan por persona al día. Contemplamos con horror como la patria menguaba y menstruaba a sus hijos y que estos por escapar hasta arriesgaban la vida en verdaderos actos de desesperación.
Una vez más el cero, pero ahora en el destierro, en tierras diferentes y con lenguas distintas y difíciles, ajenos a lo normal y común y presos del asombro de nuestros nuevos vecinos, los rubios, porque lo primero era convencerlos de que Cuba no es Fidel, mulatas y mojitos, que somos gente trabajadora y sacrificada y que vinimos aquí a integrarnos y a respetar las leyes, a hacernos de una vida porque al final eso fue lo que cada cubano siempre soñó, un plato de comida caliente para sus hijos y libertad, aire puro para respirar y volar.

Análisis sobre la verborrea fétida de los comunistas.

manias

Un comunista es una “cosa” bien seria, por eso no podemos ni debemos tomarlo a la ligera. Para empezar los comunistas defienden un sistema que en realidad ni ellos mismos saben qué es, qué significa o qué representa.

Porque al capitalismo: (Sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado) todo el mundo lo ha visto o alguien se lo ha contado. Pero el comunismo: (Doctrina económica, política y social que defiende una organización social en la que no existe la propiedad privada ni la diferencia de clases, y en la que los medios de producción estarían en manos del Estado, que distribuiría los bienes de manera equitativa y según las necesidades), quién ha visto esto, alguien me puede decir cuando y donde, tan siquiera en qué película (incluyendo el cine soviético del siglo pasado), o una tía o un tío que hayan venido de algún lugar, díganme.

No existe. La repartición equitativa es una farsa y las necesidades las multiplicaron por todo. De ahí el discurso agresivo y la chusmería de estos personajes, tienen que ofender y blasfemar porque no tienen argumentos, no pueden sostener un diálogo coherente porque, al ser cuestionados sobre una realidad a ojos vista, sueltan una sarta de mentiras que solo ellos medio creen: que si la salud es gratis, la educación también, el deporte derecho del pueblo, nuestro pueblo, nuestro pueblo, nuestro pueblo y pan y circo.

La mala palabra, la mala educación, puñetazos sobre la mesa, gesticulaciones obscenas (si te pican los huevos lávatelos), agresiones físicas, guapería grupal, palabras necias y oídos sordos, simplicidad en los análisis, repetición de consignas, frases estereotipadas y disparatadas, ceguera del espíritu y odio, mucho odio en esas almas de café sin leche, los convierte en seres terriblemente peligrosos.

Quiero terminar, o empezar, porque esto realmente no tiene fin, proponiendo la similitud que para mí existe entre un comunista y Manía, las divinidades misteriosas de la mitología griega:

“En la mitología griega, Manía era la personificación de la locura. Era equivalente a las Erinias y otros genios infernales, como Ate, o el Error, mitad dioses, mitad abstracciones. La Manía era enviada a quienes no observaban los ritos, para volverles locos o precipitarlos en las catástrofes.”

¡Cuba si, Yanquis no!… ¿Cómo era…?

cuba si

Los cubanos hemos pagado un alto precio por esta frasecita histórica, incluso la convertimos en emblema de la patria socialista y en bandera mucho más portentosa que la de la estrella solitaria.
Si de algo estoy seguro es que el pueblo cubano no la inventó, nosotros toda la vida fuimos respetuosos con los de afuera, recibimos a quienes venían y de donde vinieran con una sonrisa y los brazos bien abiertos, eso sí era verdadera solidaridad, la llevábamos en los genes como parte de nuestra nacionalidad y sin temor de que nos acusaran de flaquezas ideológicas.
Pero 1959 nos cambió de raíz, trastocamos el concepto de solidaridad por el de “ayuda a los pueblos hermanos” y con este perdimos nuestras buenas libritas de arroz, de café y otras que nunca se han podido ni se podrán contabilizar.
Lo de los americanos es distinto, lo de los americanos fue siempre la obsesión del líder, la tuvo constantemente en su mente y en su alma amasándola, fecundándola y fermentándola, nos hizo participes de su rabia personal y nos convenció de que si, de que eran nuestros enemigos y a quienes le teníamos que declarar la guerra a muerte, fueran militares, científicos, deportistas o turistas, sobre todo a estos últimos que vienen a restregarnos sus dólares y su borrachera.
Cuba si, Yanquis no, más que una simple frase significa el atraso y la destrucción de la nación cubana. Si Fidel Castro hubiera sido fiel a sus palabras, a sus largas peroratas y a sus bla, bla, bla desde la misma Sierra Maestra y en los primeros años de los 60s, y realmente hubiera estado preocupado por la prosperidad de Cuba, habría entregado el poder, convocado a elecciones libres y salvado la democracia y a la Constitución del 40, que es lo mismo que decir una Cuba prospera y sin tiranos.
Pero no, nos metió a todos y a todas en sus bolsillos y nos lanzo a una guerrita eterna, por décadas amanecimos fusil en mano, medio durmiendo en trincheras o en campamentos inmundos que “fortalecían la moral de los revolucionarios”, privados de compartir con nuestras familias y con los ojos bien abiertos esperando la llegada de aviones, barcos y la furrumalla yanqui, imperialista y abusadora que nos acecha: “si se tiran quedan”.
Nunca se tiraron y mucho menos quedaron, tuvimos que tragarnos las bravuconerías y tanto odio sembrado desde la oscuridad, tuvimos que digerir un tiempo enorme dedicado a los cañones en vez de haberlo empleado en producir, producir y recontra producir, porque a decir verdad lo que si nos llego un día del tenebroso Norte, de la negra y maligna geografía, fue un oscuro Presidente diciéndole un montón de verdades, en sus caras, a una perpleja y pálida cúpula desvergonzada.

¿Es corrupta la Revolución Cubana?

corr

Según mi criterio la Revolución Cubana dejó de existir en 1970 con el rotundo, estridente y vergonzoso fracaso de la Zafra de los 10 millones. Digo esto porque creo fue la primera vez que muchas personas, desde importantes dirigentes hasta gran parte del pueblo, se dieron cuenta de las locuras desenfrenadas de Fidel Castro.
Cada proyecto de este hombre, que implicaban la parálisis total de la economía, las fuerzas de trabajo y la infraestructura total del país, nos fueron sumiendo en una terrible crisis, solo nos salvaban, o lo salvaba, la ayuda “desinteresada” de los países socialistas y la Unión Soviética, demostrando que al final nuestro máximo líder no era un tipo serio, todo lo contrario, jugaba y experimentaba a sus antojos con el cuento de que iba a erradicar el hambre de Cuba y, si le daban un chance, la del planeta entero también, picadillo enriquecido, filete de claria, masa cárnica, pan con pasta, guachipupa, croqueta de subproducto, cerelac, moringa y cuanta mierda usted no es capaz de imaginarse.
Locuras, sandeces, mediocridad, desparpajo, tenemos a un gran estadista como líder, nuestro Comandante es un genio, pa’ lo que sea Fidel, Fidel seguro a los yanquis dale duro, y con cada Comandante en Jefe Ordene empezó y se multiplicó el relajo nacional, la robadera, la malversación y la corrupción porque total: esto no es de nadie.
En todas las sociedades del mundo ha existido, existe y existirá la corrupción, en unas más que en otras y en otras con mas descaro que en ninguna, pasa que según los generales y doctores que gobiernan nuestro país, el socialismo cubano es puro y sin manchas, libre de pecados y lo otro: la realidad objetiva y tajante, los cubanos durmiendo en las calles, con hambre, pidiendo limosnas, los niños sin zapatos, los hombres sin trabajar, los ancianos sin protección y las madres desesperadas son un cuento del imperio abusador.
La corrupción es un mal social, reconocible y detectable, se hizo hábito en la vida de los cubanos por necesidad o por lujuria, por deseo o por aspiración, por solución o como única salida para tener algo “decente” en que pensar. Lo creo así.

Un lameculos repugnante.

papel12

La vida no deja de sorprenderme, es más cuando creo saber que no hay mas adjetivos para calificar a algunos seres humanos, pum, me demuestran que soy un total desconocedor o ignorante del idioma.
Los manipuladores y ejecutores del castrismo siempre han tenido en el exterior, desde los mismos inicios de la década de los 60s, su buen grupo de secuaces listos a repetir y defender un discurso que definitivamente les ha dado resultado porque es verdaderamente abstracto: que si la pureza y el humanismo de la Revolución, que si la valentía de nuestro pueblo, que si el invencible, que si no torturamos, que si respetamos los derechos humanos, que si somos la mejor de las democracias, que si yo amo a Fidel y a Raúl, que si me pica aquí me rasco allá…
Por lo general estos personajes se radican en la ciudad de Miami, cada cierto tiempo los van rotando, por temporadas, unos más inteligentes o mejor preparados que otros, pero todos curiosamente trabajando en medios donde puedan difundir las directrices de sus amos (radio o alguna prensa escrita), ¡qué casualidad!, nunca obreros, trabajadores o simple pueblo. Manejan la historia nacional siempre a favor de quien tú sabes, increíblemente y vergonzosamente manoseada, porque eso de decir, entre otras cosas, que Fidel Castro no aprobó el asalto al Palacio Presidencial por el grupo de José A. Echeverría por considerarlo un acto de terrorismo innecesario, es el colmo de la manipulación, Fidel Castro no estuvo de acuerdo con esto porque si los del Directorio triunfaban entonces él perdía el liderazgo y el protagonismo en la lucha contra Batista, así de sencillo.
Ya va siendo hora de que aprendamos la lección, con estos tipejos no se debate nada, no se les da credibilidad, no se les hace protagonistas de nada y mucho menos se intenta aclarar el dolor de la patria, la vergüenza de los cubanos y la realidad de una Cuba que es evidente y esencial a los ojos del mundo entero.
La Revolución no da golpes, no tortura y no reprime es verdad, claro que no lo hace porque no tiene brazos ni piernas, otros lo hacen por ella, otros que si los tienen y los vuelcan contra sus propios hermanos, contra su propia hambre y contra una libertad que nos es negada a todos, incluyéndolos a ellos, porque al final es lo único que nos ha dado ese sistema.
Insisto: hay lameculos amateurs y lameculos profesionales, lameculos con historia y sin historia, lameculos finos y vulgares, lameculos con más o menos peste, pero al final todos son fabricados por el mismo tutor y nuestra misión como cubanos buenos es ignorarlos y enterrarlos de una vez por todas, que les vayan a gritar a …




¿Y en Cuba por quién votamos los cubanos?

votaciones

El que inventó el sistema electoral cubano se quedó medio trastornado. Yo digo que de tanto pensar y tanto calcular cómo mantener eternamente a este hombre en el poder, a nuestro genio de “las votaciones” se le tiene que haber salido medio cerebro por los ojos o por otro lugar.
Pero al final le dio resultado, es incuestionable la magnificencia de esta burla a la democracia y a la inteligencia de los pueblos, esto nadie puede ponerlo en duda porque la prueba está ahí, rígida y palpable como una palma real, pues el quítate tú para ponerme yo de otras regiones del mundo aquí fue acallado por un rotundo me quito yo y te pongo a ti, sin derecho a protestar, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.
Desde la base este proceso nace torcido porque usted solo tiene la opción de elegir a elementos comunes con el régimen, nunca una voz discordante y mucho menos crítica, solo gente bien pelada, afeitada y cuando más un bigotico, si usan camisa a cuadro mejor, esos que son portadores de las verdades de la Revolución y quienes único podrán solucionar los problemas de las masas por su estirpe, bla, bla, bla….
Después estos elegidos son los encargados de promover a “los mejores” para el siguiente nivel, “los mejores” de “los mejores” a su vez son lanzados hacia la grandeza donde sólo queda cernir entre tanta pulcritud para ver si es posible escoger al grupo de ángeles que nos representará en el gran parlamento celestial.
¿Complicado verdad? Pues así mismo es, nos timaron con este invento y esta payasada de democracia socialista, nos engatusaron con el cuento de que en cada barrio habría un diputado presto a resolver nuestros problemas y en el Palacio un grupo de excelsos revolucionarios siempre dispuestos con la mano en alto, unánimemente, a aprobar cada designio y cada genialidad de nuestro flamante presidente “electo democráticamente”.
Por eso hoy observo complacido a mis paisanos del destierro polemizar como buenos cubanos sobre este o aquel candidato a la presidencia de otro país, algunos con más razón que otros y otros con más fervor que ninguno, porque, eso sí, estamos tan necesitados por escoger una idea diferente, por probar otras soluciones que la simple posibilidad de opinar ya nos parece maravillosa. Solo una observación: gritemos bajito y sin ofendernos, por favor.