El “mercado negro”: otro logro de la Revolución Socialista.

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Al principio, en los primeros años de repartir la escasez, todo era más fácil: “suave por fuerte”, “azúcar por arroz”, “café por cigarros”, “tabacos por azúcar” y todo el mundo tranquilo y contento. El trueque revolucionario funcionaba en el comunismo porque lo poco que había se repartía “equitativamente” como productos normados: despacito… de uno en fondo y sin moloteras que alcanza para todos.
Pero la crisis en Cuba se hizo eterna, y lo que debió ser por unos pocos años, es decir, la libreta de abastecimiento y la miseria colectiva, se han convertido en parte integral de la familia cubana por los siglos de los siglos… Cada discurso, por cualquier ocasión y hasta sin motivos, trae siempre más de lo mismo: los americanos, el campo socialista, el bloqueo, el precio del petróleo, la mafia de Miami, los mercenarios del imperio, Alí Baba y los 40 ladrones y mas sacrificio, resignación y fe en la Revolución y en la victoria, pero nunca la ineficacia del gobierno, lo incompetente de sus dirigentes y el retroceso de un país que realmente “avanza” como cangrejito que salió del mar.
Nada, mucha resignación, poquita fe y escasez al tutti play fueron los elementos necesarios para el origen y desarrollo del mercado negro cubano. Cuba es una isla con un férreo control fronterizo y aduanal, entonces: ¿Cómo es posible que usted pueda encontrar cualquier producto fuera de la “oferta estatal”?
Definitivamente a Cuba entran, por cualquiera de sus puertos, todo tipo de mercancías imprescindibles para la vida, aunque no necesariamente todas para el consumo de la población. Pasa que el sistema de “control estatal” facilita el desvío y malversación de estos productos, originando que se disuelvan en el entramado oscuro del informalismo y generando un abastecimiento paralelo que, nos guste o no, ha salvado la vida de la mayoría de los cubanos por más de medio siglo.
No había necesidad pero se hizo indispensable, los comunistas con sus “inventos” generaron la crisis más larga y continuada en la historia de un pueblo, la falta de cualquier cosa: necesarias, útiles, apetecidas o soñadas han obligado a los cubanos a sumergirse activa o pasivamente en un sistema de mercadeo informal con una interrelación extraña y desigual entre productos-precios-salarios-subsistencia-vida que a casi todos nos indigna, nos desgasta pero nos obliga.
En todos los países del mundo existe el mercado “paralelo” como otra alternativa para la satisfacción material o espiritual de la personas, no es un secreto, pero para los cubanos, los más honrados y los menos, los necesitados y los especuladores, los del medio y nosotros, los que pueden y los que no, todos, hemos visto como la patria se ha convertido en un negro y terrible mercado para la “vida”.

Los ancianos cubanos y la barbarie castrista.

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Ser un anciano en Cuba es, definitivamente, una actitud ante la vida. Triste pero cierto. Cruel pero real.
Tengo una amiga deliciosamente cínica que dice que ser viejo en Cuba es una maldición. Hasta cierto punto le doy la razón, pero este es un tema, para mí, de los más delicados y no puede tomarse a la ligera porque ellos, entre otras miles de cosas, son la verdadera memoria viva de la nación y de los horrores del castrismo.
La historia ha demostrado que el comunismo es enemigo de la “memoria”, la ha perseguido con saña tratando de borrarla porque según ellos el futuro es mejor y el pasado una lacra.
Los ancianos en Cuba sufren y mucho. Parte el alma verlos y sobre todo oírlos.
Cuando yo era niño los viejos de mi barrio hablaban de la época de Batista y los ojos les brillaban y el rostro se les iluminaba pero terminaban sus anécdotas con: “ahora con la Revolución es mejor…” y miraban para todas partes. En realidad nunca pude entender esta dualidad de sentimientos en una misma historia porque me parecía insólita tanta abundancia con un gobierno tan asesino, cruel y déspota como el de Fulgencio. Menos a uno que hacia jarritos de metal y le decíamos Caballo, ese era el único no se escondía para decir: ahora todo es una mierda, estos comunistas van a acabar con el país, ese Fidel Castro es un hijo de puta, etc, etc, etc, hasta que un día no lo vimos más.
Y sucedió que los jóvenes que entregaron, en los 60s, 70s y en los 80s, con tanta pasión y alegría el alma y sus vidas para “construir la patria socialista”, “el país más prospero de América Latina”, “con el nivel de vida más alto del mundo”, son ahora los viejos de este extraño e ininteligible comunismo-militar-capitalista de estado. Los jodieron, los utilizaron, los exprimieron y los abandonaron. Por eso hoy cada anciano que vive y muere en total miseria, abandono, desnutrición y enfermedades es únicamente responsabilidad del gobierno cubano.
Los ancianos en Cuba son maltratados, ofendidos y lastimados por todas partes. El gobierno les “otorga” una chequera que no alcanza para nada, un miserable retiro que más que todo es un verdadero castigo, no tienen medicinas, el sistema de salud es un farsa, las condiciones de vida, la alimentación y el merecido descanso una burla, sólo basta con mirarle el brillo de los ojos y la expresión de sus caras cuando hablan, cuando recuerdan y cuando callan.
Y yo pregunto: ¿Será que el “máximo nonagenario ilustre” de la nación vive de una exigua chequera?




Oportunistas, corruptos, ladrones pero revolucionarios.

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Bueno, bueno, bueno, al que le sirva el sayo que se lo ponga y que se aguante, que se joda, que grite y patalee pero basta de jugar con la inteligencia de los cubanos.
La Revolución Cubana terminó siendo un mazacote político, una burla social y una burda y muy mala interpretación de un buen proyecto humanista, democrático y decente (el que nos vendió a principio de los 60s).
En todos los países del mundo existen personas corruptas, oportunistas y ladronas, estas son características innatas al ser humano y este las pondrá más o menos en práctica de acuerdo a su conciencia y a su catadura moral. En Cuba se puede ser todo eso a la vez y además ser revolucionario y comunista, una mezcla absurda pero cierta, nauseabunda pero real.
¿Por qué? Pregunto por qué una persona puede ser un “batido tan letal” y creo, sin temor a equivocarme, que la respuesta está en el mismo gobierno y sus principales dirigentes o la nomenclatura como les guasta a ellos autodenominarse. Fidel Castro tuvo que privilegiar a los “históricos” con cierto poder y prebendas para justificar sus planes de eternidad. Todos crearon sus mini-imperios y han sobrevivido, sin salirse del guion, por más de medio siglo a la sombra del “páramo en flor”.
De niño siempre me pregunté que cómo era posible que estos “humildes barbudos”, “aguerridos patriotas”, “desinteresados combatientes” y “antimperialistas consumados” pudieran ir a vivir a las mansiones de la “apátrida burguesía” recién destronada.
Yo digo, ahora de grande, que ahí mismo comenzó el gran relajo nacional, el dale al que no te dio y “a la fiesta de los caramelos no pueden ir los bombones”. Los de abajo, los medios históricos, también se pusieron a inventar y a ponerse en plan gatica de María Ramos malversando y desfalcando a trocha y mocha creyendo gozar de la misma impunidad hasta que: “ju, ju, ju, te pico el sijú”, protagonizando los más grandes escándalos de corrupción en la historia de nuestra querida patria.
Por suerte para ellos, por ser revolucionarios probados y recontra probados, “pasaron a ocupar otras funciones en la dirección del gobierno o el partido”, desapareciendo de la escena nacional y quedando sólo en el recuerdo de la picaresca popular.
Los de más abajo si van a prisión, de esos se pueden contar por montones, por miles, no los salva nada ni nadie, ni siquiera “el padrino que bautiza” porque sencillamente son solo números en la geografía política del sistema y porque son perfectamente sustituibles.
La corrupción, el oportunismo y el robo son males, definitivamente, intrínsecos al socialismo, es su esencia, no puede existir otra sociedad con tantos males tan descarados porque es un invento para instrumentar y ejercer el totalitarismo, única y exclusivamente.
En el socialismo el concepto de propiedad social sobre los medios de producción genera que “TODO es de TODOS”, pero la verdad es que TODO es de nadie porque desde el principio TODO siempre fue, es y será de una sola persona.
Continuará….




¿Tenemos miedo los cubanos?

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Depende, algunos, yo, de verdad, un poco. Siempre hay un ojo que te ve. Muchas personas me preguntan cómo este hombre ha logrado mantenerse tanto tiempo en el poder. La respuesta es bien sencilla y lo explico: por la sofisticada maquinaria de terror que implantó en Cuba, y fuera de ella, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959. Yo digo, sin temor a equivocarme, que es el más perfecto sistema de represión y autocensura que ha existido en toda la historia de la humanidad, que me demuestren lo contrario.
En los 60s la inmensa mayoría, actuando bajo los efectos de la anestesia “barbuda” gritamos: paredón, nacionalizar, el carácter socialista, patria o muerte y otras histerias mas. Así nos comportamos como cómplices de un tipo que, sin poder o querer darnos cuenta, cubría a la patria con el manto de la sumisión, la obediencia, la autocensura, la ceguera, su politiquería, sus inventos y sus diabluras.
Muy pocos lo vieron venir o irse, los más iluminados fueron rápida y públicamente silenciados: fusilamientos individuales y masivos, sumariales, cárceles multiplicadas, destierro, “camas políticas y de las otras”, descrédito y hasta “nuestro insigne desaparecido nacional”.
En los 70s y los 80s la mayoría fuimos inoculados hasta el tuétano con tal desgracia y éramos, sin conciencia, portadores de la más pesada carga letal que puede sobrellevar un cristiano. Esto él lo sabía y nos utilizó como a corderos, nos movió de aquí para allá impulsándonos a gritar cuanta bazofia se le antojaba: pim pom fuera…, de que van van, el que no salte es yanqui, Angela David, que se vaya la escoria y muchas aberraciones más.
Aun en medio de tanta maquiavélica perfección para vigilar, amedrentar, someter y castigar, fuimos despertando de poquito y a borbotones. Agobiados por tan “pesada carga” hemos manifestado nuestra inconformidad y hemos cometido, y lo seguimos haciendo, los mayores actos de valentía en la historia de la humanidad al enfrentarnos, por las más disímiles vías, a tan perfecta máquina de silenciar y de matar.
Que quede claro que los cubanos no tienen miedo. Los cubanos somos buenos y nobles, somos un pueblo tranquilo, amigo de los amigos, de buenos y grandes jodedores, de personas sencillas, con históricos genitales masculinos y femeninos, de gente dispuesta y gallarda, sólo que adormecida.
Porque hay que tener valor, pero mucho valor, en medio de tan feroz represión, para hablar en voz alta, para escribir, para cantar, para pintar, para lanzarse al mar sin las más mínimas condiciones para la navegación, cruzar selvas desconocidas, separarse de la familia pidiendo asilo en cualquier parte o para tirarse a la calle a protestar, a gritar la desesperación y a inmolarse, día tras día, por ellos y otros que no lo hacemos.
No, que nadie se engañe, los cubanos ya estamos perdiendo el miedo.




La mujer cubana. ¡¡¡Carajo la mujer cubana!!!

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A mi madre…

Todo mi respeto y lo digo, lo grito, con lágrimas en los ojos.
Nadie ha sufrido más en Cuba las barbaridades del comunismo, ni con mayor abnegación, ni en el más cruel de los silencios que una mujer o una madre cubana. Desgraciadamente siempre fueron y serán sus mayores y más vulnerables víctimas, porque solo ellas están en la primera línea del combate diario por la vida.
Para empezar una madre cubana, cuando usted le pregunta, siempre dice que ya comió, o que lo hará después, o lo que más le gusta del pollo son las alas y el pescuezo, y del arroz la raspita, o “comételo tú que eso a mí no me gusta”.
Nadie como la mujer cubana para “inventar” los buenos sabores, para hacer masticable y tragable algo tan insípido como es la escasez, para evitar que sus hijos se revuelquen de asco o, simplemente, para no sufrir amargamente por no poder satisfacerlos con un buen postre casero porque: “todavía no ha llegado el azúcar a la bodega”.
La mujer cubana es fuerte, construyó el país y lo pobló de punta a punta, lo defendió con sus uñas porque, más que todo, lo hacía por sus hijos, para que fueran felices, para que se sintieran orgullosos de su trabajo y sacrificio y pudieran mirar con tranquilidad al futuro. Pero sus hijos poco a poco fueron “desapareciendo” en el aire, en el mar y hasta en la tierra, entonces de futuro nada y ella se hizo gigante y sus gritos inundaron las calles, los templos, los palacios y hasta las arrugas de sus opresores, porque a una madre cubana quien le toque un hijo: “lo mato coño, lo mato ”.
Las madres cubanas tragaron y tragan a pulso la miseria “necesaria y equitativa” del gobierno, contemplan calladas y horrorizadas a sus hijos soñar despiertos y dibujar en el aire aspiraciones que ellas saben que en Cuba son imposible de lograr.
La mujer y la madre cubana no necesitan ni quieren monumentos porque ellas en sí mismas son el más perfecto bolero, la mujer cubana y la madre cubana no necesitan ni discursitos ni organizaciones disfuncionales, la mujer cubana y la madre cubana no necesitan promesas, la mujer cubana y la madre cubana solo quieren vida, vida buena y tranquila y yo pregunto: ¿No es tiempo ya de que seamos recíprocos con ellas? ¿No merecen descansar para siempre de tanta miseria y sufrimiento?
Basta, basta, basta, basta, basta, basta, basta, basta…
Cerremos los ojos, abramos los brazos y deseémoslo todos a la vez…

¿Nos merecemos los cubanos tanta miseria y sufrimiento?

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Aquí sí hay tela por donde cortar, aunque a mí personalmente me provoca mucho dolor este tema. Hablar de la cotidianidad en Cuba, de la subsistencia y de las miserias de la vida diaria, sólo un cubano puede hacerlo, porque nadie como nosotros para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacio, atragantado en medio del calor más absurdo y mirando la clara Luna debido a la ausencia de electricidad.
El padre o la madre que haya estado en esta situación sabe a qué me refiero. Aquí ni capitalismo, ni socialismo, ni el “invencible” ni la madre que los parió, aquí solo rabia, frustración y un dolor inmenso, de ese que nos angustia el alma y nos marca para toda la vida provocando que sea muy difícil entender y perdonar.
Un gobierno está obligado, imperativamente obligado, incluso anteponiendo sus políticas, negociaciones de estado y sus otras mierdas, a solucionar estos problemas, sea por la vía que sea, pactando hasta con el mismísimo si es necesario, pero proporcionar el bienestar a su pueblo como primera y única ley a cumplir por todos y para todos, porque no hay justificación (ni bloqueo, ni crisis mundial ni los americanos son unos hijos de puta) para que un solo niño se acueste con hambre, juegue descalzo o simplemente añore algo tan básico como un juguete más o menos sofisticado.
El gobierno cubano ha tenido suficiente tiempo para solucionar estos problemas, más de 57 años, un tiempo enorme hasta para las más estúpidas administraciones, ¿por qué no lo ha hecho? es la pregunta que algún día tendrán que responder aunque sus máximos culpables no estén.
No nos valdrá entonces el cuento del enemigo de afuera, porque yo estoy seguro que la generalidad de los cubanos no quisimos ni pedimos esto, no apoyamos sus dimes y diretes gubernamentales ni sus perretas internacionales pues preferimos que nuestros hijos coman, se vistan y jueguen con decencia, con alegría y sin la Luna como único candil.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente este desgobierno, esta situación a la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo y por más de medio siglo, a la gran mayoría de los cubanos, pueblo lindo y noble que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de oportunidades. A gritos lo necesitamos.




El comunismo cubano: “La gran estafa”.

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Yo tengo un problema bien serio con la “verdad” de los comunistas. En realidad aun hoy en el destierro, y después de muchos años, me sigue hartando. Me altera, me desquicia, me enerva y me trastorna. Se me atraganta y me forma una pelotera que no hay manera de que la pueda bajar, digerir y excretar.
En Cuba la “verdad” revolucionaria fue y es fabricada, desde el mismo 1 de Enero de 1959, en los laboratorios del pensamiento ubicados en algún edificio del Vedado. La fueron mezclando, edulcorando, magnificando, tergiversando y menospreciando, según les convenía, un montón de “investigadores” vestidos con batas verde olivo y siguiendo las ordenanzas de su cabecilla prepotente, disparatado y manipulador.
La “verdad” comunista duele, lastima, insulta, nos vuelve impotentes, nos ahoga y nos ofende. No hay que ser muy inteligente, solo basta tener algo de sensibilidad, percepción y amor por la vida y los seres humanos para que nos llene de urticaria.
Los laboratorios verde olivo inventaron y nos vendieron (por la libreta por supuesto) “un país libre de pecados, inmenso en su prosperidad, paraíso perfecto para la raza humana, una sociedad de justicia e igualdad y una patria bienaventurada donde hasta los perros comerían jamón y tomarían café con leche”.
Pero pasaron los años, uno tras otro, cada uno con su cuota mayor de sacrificio y austeridad, porque el 61 fue igual al 71 y este igual al 81 hasta el 91 que fue peor, y el 92, 93 y 94 ni se digan, lo único que aumentó fue la imposición de más abnegación para la Revolución, la moral más alta que el Turquino, que no se diga que ahora nos van a derrotar, que el jugo de toronja no mata, ni el bistec de frazada de piso, ni los chicharos con col, ni la carne de perro o gato, ni caminar o montar bicicleta como unos trastornados, no, que no, que no que María Cristina me quiere gobernar…
Malditos estos “científicos” que inventaron los “logros de la Revolución”, manigüeros y alborotadores, ají guaguao a pulso en desayuno, almuerzo y comida.
Ideas y más ideas, proyectos a corto, mediano y largo plazo que sólo inundaron el éter, incluso más allá de nuestras fronteras, cuando lo único que había que hacer era concentrarnos en trabajar y producir, sin fajarnos con nadie y comerciando con todos, porque siempre fuimos eso, una nación abierta, con perspectiva y sin necesidad de tanto invento, prepotencia y algarabía.
Nos timaron, nos estafaron, nos mutilaron y nos cegaron el espíritu, malditos sean…

Revolución Cubana, Pan y Circo.

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Al pueblo hay que contentarlo con cualquier cosa, mientras más enajenante mejor, no importa la calidad de las ofertas, mientras más baratas (en calidad y precio) mayor masividad y “al final eso es lo que queremos, que las personas no piensen y se entreguen al desenfreno, al desgaste y al relajo nacional”.
Pan y circo proviene del latín Panem et circenses, que significa literalmente: locución latina peyorativa de uso actual que describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas. Cualquier semejanza es pura coincidencia.
Los emperadores romanos vieron y magnificaron el concepto en sangrientos e inhumanos espectáculos de horror y muerte. Hitler lo aplicó y convirtió a los alemanes en multitudes desvergonzadas “bracitos en alto” gritando consignas: “Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad…” y en profundo éxtasis nacionalista, pero los emperadores castristas, los reyezuelos tropicales, se excedieron en la aplicación del concepto, lo han aplicado a diestra y siniestra, desde la algarabía política y bullanguera (desfiles 1 de Mayo, protestas Oficina de Intereses, concentraciones de todo y por cualquier cosa, etc., etc., etc.) hasta el onomástico del supremo, festividades de carácter nacional o cualquier pretexto que sirva para calmar “las calenturas del pueblo”.
El pan y circo cubano es a granel, en pipas o “al descuido”, no está sujeto a la calidad, mucho menos al orden y a la cordura, se aplica en grotescos y vulgares “carnavales populares” que casi siempre terminan en espectáculos de horror y muerte, útiles para desviar la atención de los verdaderos males nacionales y abofar las mentes con líquidos y sólidos de dudosa fabricación.
Por estos días Cuba es una enorme comparsa, sus calles huelen a fritanga y a orine trasnochado, la vida, atomizada por transmisiones “gratuitas” y maratónicas de los juegos olímpicos, son exhibidas por el gobierno y sus secuaces como otro de los logros gigantes de la Revolución, apostando a que les den un tiempo más, otro suspiro para seguir con sus fechorías y doblegar o embrutecer a un pueblo que ya no soporta más.
Hitler sentenció: “Mañana muchos maldecirán mi nombre”. Yo pregunto: ¿Sólo a él?

Empezar de cero (que no es lo mismo que “punto cero”).

empezar de cero

A nosotros los cubanos no hay quien nos haga un cuento de “venir de abajo”, es más yo digo que para la mayoría de nosotros ha sido como una ley de vida.
En los 60s, 70s y 80s, cuando éramos simples trabajadores y estudiantes que creímos en el sacrificio a ultranza porque este nos iba a reportar una vida llena de esperanzas, luces y sabe Dios cuántas cosas más, nos entregamos a la reconstrucción de la patria con la ilusión de que “todo futuro tiene que ser mejor”, de que el hambre, la sed, el calor y los bichos en los cañaverales, en las escuelas al campo y en el campo, en la construcción de obras sociales, en las labores industriales y en la vida misma eran necesarios porque el país lo requería y porque todos, o la gran mayoría, empezábamos desde cero.
Ilusión mental. Pura ilusión de pacotilla. Después de rompernos el lomo, roto y bien despedazado, durante más de 30 largos años, las esperanzas se fueron al carajo y las luces se volvieron apagones eternos y desconsolados, los años 90s nos saludaron con una cruel e inmerecida crisis económica que muchos, la inmensa mayoría, no entendimos porqué, ¿qué hicimos para merecer esto?, ¿dónde nos equivocamos?, ¿hasta cuando Dios mío? ¡Sana Papucio, Cristóbal Colón!.
Pero nada que hacer, la realidad estaba ahí, de frente, mordiéndonos cada día, despedazando a la familia cubana desde la raíz, una vez más dividiéndonos y atormentándonos, sólo que en esta ocasión por culpa de un muro que tumbaron en vaya usted a saber qué parte del mundo y muchos de sus pedazos saltaron y destrozaron nuestra “sólida economía”.
Yo digo que este fue el momento en que la emigración cubana se hizo realmente pública, masiva y se manifestó como las verdaderas ansias de libertad de los cubanos. Entonces nos dimos cuenta del tiempo perdido, de la vida entregada por nada y de los sueños convertidos en un mísero pan por persona al día. Contemplamos con horror como la patria menguaba y menstruaba a sus hijos y que estos por escapar hasta arriesgaban la vida en verdaderos actos de desesperación.
Una vez más el cero, pero ahora en el destierro, en tierras diferentes y con lenguas distintas y difíciles, ajenos a lo normal y común y presos del asombro de nuestros nuevos vecinos, los rubios, porque lo primero era convencerlos de que Cuba no es Fidel, mulatas y mojitos, que somos gente trabajadora y sacrificada y que vinimos aquí a integrarnos y a respetar las leyes, a hacernos de una vida porque al final eso fue lo que cada cubano siempre soñó, un plato de comida caliente para sus hijos y libertad, aire puro para respirar y volar.

Análisis sobre la verborrea fétida de los comunistas.

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Un comunista es una “cosa” bien seria, por eso no podemos ni debemos tomarlo a la ligera. Para empezar los comunistas defienden un sistema que en realidad ni ellos mismos saben qué es, qué significa o qué representa.

Porque al capitalismo: (Sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado) todo el mundo lo ha visto o alguien se lo ha contado. Pero el comunismo: (Doctrina económica, política y social que defiende una organización social en la que no existe la propiedad privada ni la diferencia de clases, y en la que los medios de producción estarían en manos del Estado, que distribuiría los bienes de manera equitativa y según las necesidades), quién ha visto esto, alguien me puede decir cuando y donde, tan siquiera en qué película (incluyendo el cine soviético del siglo pasado), o una tía o un tío que hayan venido de algún lugar, díganme.

No existe. La repartición equitativa es una farsa y las necesidades las multiplicaron por todo. De ahí el discurso agresivo y la chusmería de estos personajes, tienen que ofender y blasfemar porque no tienen argumentos, no pueden sostener un diálogo coherente porque, al ser cuestionados sobre una realidad a ojos vista, sueltan una sarta de mentiras que solo ellos medio creen: que si la salud es gratis, la educación también, el deporte derecho del pueblo, nuestro pueblo, nuestro pueblo, nuestro pueblo y pan y circo.

La mala palabra, la mala educación, puñetazos sobre la mesa, gesticulaciones obscenas (si te pican los huevos lávatelos), agresiones físicas, guapería grupal, palabras necias y oídos sordos, simplicidad en los análisis, repetición de consignas, frases estereotipadas y disparatadas, ceguera del espíritu y odio, mucho odio en esas almas de café sin leche, los convierte en seres terriblemente peligrosos.

Quiero terminar, o empezar, porque esto realmente no tiene fin, proponiendo la similitud que para mí existe entre un comunista y Manía, las divinidades misteriosas de la mitología griega:

“En la mitología griega, Manía era la personificación de la locura. Era equivalente a las Erinias y otros genios infernales, como Ate, o el Error, mitad dioses, mitad abstracciones. La Manía era enviada a quienes no observaban los ritos, para volverles locos o precipitarlos en las catástrofes.”