El delirio de los Castro por ser los dueños de Cuba.





Yo siempre he pensado que cuando Fidel Castro se lanzó a su aventura manigüera de “liberar a Cuba” tenía más en mente descubrir y apoderarse de la ciudad “El Dorado” que desarrollar una gesta independentista en sí misma, porque quienes tengamos algo de sentido común sabremos que nunca habrá independencia sin democracia ni libertad con dictadura.
Y aseguro esto porque lo único que hizo este mercader de la “libertad” fue armar todo tipo de patrañas para “morder y no soltar” un poder que, constitucionalmente, democráticamente, jurídicamente y moralmente, no le tocaba porque sencilla y llanamente este tipejo nunca fue elegido por el pueblo cubano.
Fidel Castro dio un golpe de estado en Cuba en Enero de 1959 con la anuencia de muchos cubanos “adormecidos”, de las instituciones cívicas del país, del apoyo de varios gobiernos y la “vista gorda” de organizaciones internacionales encargadas de “impartir” justicia y condenar las actitudes antidemocráticas en la región y en el mundo. Así de simple.
El General Batista, el 10 de Marzo de 1952, había hecho lo mismo con la intención, según él, de evitar que ideas demasiado “sociales” llegaran a la presidencia de la República. Golpe de estado contra las instituciones constitucionales que, como cuentan algunos conocedores del tema, también le fue sugerido por el propio Fidel Castro…, a mí no me crean.
Batista nos impuso a los cubanos una dictadura en la que suspendió todas las garantías democráticas pero impulsó la economía nacional, el desarrollo y la vida a niveles estratosféricos, y sí es cierto que desató una feroz represión contra quienes, utilizando métodos terroristas, intentaban subvertir el orden y la tranquilidad ciudadana. Los métodos que aplicó la policía de Batista son absolutamente censurables pues el país se convirtió en un campo de terror en el que tuvieron responsabilidad los batistianos y quienes se les enfrentaban, la culpa de quienes la tengan.
Según cuenta la historia que nos enseñaron en la escuela Batista fue un asesino, un ladrón, un corrupto y un dictador, cierto o no le perdonó la vida a Fidel Castro y a muchos de sus apandillados seguidores cuando, en el acto terrorista más siniestro que conoce la historiografía cubana, estos atacaron los cuarteles Moncada, Bayamo y el hospital Saturnino Lora, provocando un montón de muertos y heridos que aun hoy claman por una justicia verdadera. Algo que nunca hizo Fidel Castro con cuanto ser humano se le enfrentó, lo contradijo o sencillamente le demostró que todo lo que decía o pensaba eran pura mierda demagógica y puras pajas mentales irrealizables.
Yo siempre he asegurado que Fidel Castro se creía un Diego Velázquez o un Hernán Cortez. Las acciones de este déspota dictadorzuelo a lo largo de su alevosa vida me lo han confirmado, todo su accionar siempre tuvo un carácter más de aventurero que de Libertador y más de rapíñero conquistador que de un independentista consecuente con la Patria y con el pueblo como sí lo fueron Simón Bolívar o el propio José Martí.
¿En la vida real qué hizo Fidel Castro con Cuba y los cubanos?
Una vez que, imitando a su antecesor, se adueñó del poder en Cuba urdió un extraño, estrambótico, enredado, incomprensible, inaceptable e ilegal entramado de leyes, organismos, instituciones y sistema de “gobierno” que le otorgaron el poder absoluto de la nación así como la máxima autoridad, indiscutible, para hacer y deshacer, sin que nada ni nadie le ofreciera resistencia, en un país que había “conquistado” por la fuerza y embaucado a su pueblo con muchos engaños y mentiras.
Un partido único, el comunista, una constitución única, la socialista, un presidente único, un Castro, la croqueta de subproductos, el alimento insignia de la revolución, un parlamento único, el elegido entre los comunistas, un poder jurídico, subscrito al partido comunista, la casita en la playa, para los vanguardias del socialismo, la canasta básica subsidiada, para los obedientes, los ministros, presidentes y directores de empresas, organismos e instituciones bien sumisos para que la revolución les meta el dedo y ni protesten y mucho ron a granel y cerveza de pipa para el proletariado para que sientan la benevolencia de nuestro gran líder y que cuando este habla de justicia social no nos dice ni esta mentirita.
Creíblemente amigos estas son algunas de las patrañas que permiten a los Castro sentirse y actuar como los dueños de Cuba y los cubanos.
Continuará…
Ricardo Santiago.




DICTADURA se escribe con mayúsculas y revolución con minúsculas.





Hoy quiero hablar en un tono serio, es decir, en un tono más serio de lo habitual. Muchos se habrán dado cuenta que cuando me refiero a la revolución de los Castro siempre lo hago en minúscula, que nunca le pongo el adjetivo de cubana porque si de algo carece esa rebelión de pandilleros, asesinos, ladrones y corruptos es justamente de cubanía y que cuando me refiero directamente a sus cabecillas, o máximos responsables, siempre lo hago utilizando epítetos, nombretes, sobrenombres o cualquier cosa que se me ocurra y que sirva para burlarme abiertamente de, quienes considero yo, son los sujetos que más daño le han causado a Cuba y a los cubanos en toda nuestra historia.
Y quiero aclarar que no es una falta de respeto, no se puede sentir el más mínimo respeto por quienes han irrespetado, con ensañamiento y alevosía, a un país y a su pueblo sin importarles el dolor, el sufrimiento y la angustia que han causado en millones de seres humanos.
Mi percepción real sobre Raúl Castro es que este sujeto se acostumbró tanto a estar a la sombra del “Tizón irredento”, a servir por tanto tiempo de eterno segundón de la Tropicola “irredenta”, a “cachumbambear” pa’rriba y pa’bajo como serpentina carnavalera “irredenta”, a oír y callar como el ratoncito Pérez “irredento” que se cayó en la olla y a obedecer los caprichos y estupideces de su déspota hermano que, con el paso del tiempo, este tipejín abusado y reprimido se ha convertido en una hiena muy peligrosa que libera, guiándose por los consejos de alguna mente aun más retorcida, toda la rabia y la mierda que acumuló en su interior por más de 50 años.
Tampoco me refiero al grupúsculo afincado en el poder en Cuba como gobierno, me parece una barrabasada descomunal denominar a esa junta de militares sin honor y a sus concubinas civiles por esa categoría cuando a todas luces es evidente, demasiado evidente, que son una DICTADURA, una de las más o la más represiva que ha existido en toda la historia de la humanidad.
A los cubanos nos ha tocado jodernos con estos tipos. A veces me pregunto cómo este grupo de analfabetos, semianalfabetos, maleantes, oportunistas, vividores y amorales ha logrado armar una maquinaria tan perfecta para matar, pero tan perfecta que los cubanos hemos terminado autorreprimiéndonos y autocensurándonos como la forma más cruel, ilógica e inhumana de no querer defender, tan siquiera, el sagrado derecho que tienen todos los mortales pa’ protestar en voz alta. Triste pero es muy, pero muy cierto: “¡Habla bajito coño que te van a oír!”
De los métodos que utilizan estos usureros de la libertad para lograr sus objetivos ya me he referido en otras ocasiones, incluso de la complicidad con órganos de inteligencia extranjeros como la KGB y la STASI para cambiarnos las “toronjas por limones” y el “aguacate maduro, peo seguro” y terminar convirtiéndolos en consignas revolucionarias gritadas desaforadamente en todos los desfiles patrioteros por “la dignidad” del socialismo, del comunismo, del marxismo- leninismo, del Cold Cream y la media de mujer pa’ estirarnos el pelo y ver si nos parecíamos un poco a Serguei, a Stiopa, a Mashenka o a Katiuska, los konsomoles aguerridos de la sociedad más “perfecta” creada por el hombre por allá por casa ‘el carajo.
Fue otra época terrible, a veces me pregunto cómo los cubanos no nos quedamos calvos de brilla la Luna brilla el Sol o las ilusiones nos salieron por el culo de tanto apretarnos la cabeza pa’ poder lucir el pelo lacio…
Pero bien, para no perderme, lo que definitivamente implantó Fidel Castro en Cuba fue una dictadura-militar-monárquica y no un gobierno democrático, mucho menos, pero muchísimo menos una revolución social con los humildes y para los humildes. Para lograr su maquiavélica “sonrisa” se sirvió de la mentira y el engaño, para consolidar su nefasto poder dio un golpe de estado a través de acciones terroristas tipificadas y sancionadas por las convenciones internacionales y, sin importarles la decencia en lo más mínimo a esta pandilla de ilegales dictadorzuelos, han permanecido inamovibles, por más de medio siglo, desangrando la democracia y la vida en un país al que tienen anémico, moribundo, agonizante y sin siquiera fuerzas pa’ que el pueblo salga a las calles a gritar Raúl Castro queremos libertad.
Ricardo Santiago.




A los Castro los desquician los dólares del “imperialismo abusador”.





Pues sí y tiene que ser verdad, a estos hijos de puta les gusta el dólar, vivir bien, darse los lujos que nadie puede imaginarse, vivir en grandes mansiones con piscinas y con jacuzzi, rodearse de todas las comodidades del “capitalismo feroz” y del imperialismo abusador, dar sus viajecitos al exterior pa’ comprar la buena “pacotilla”, tomar Coca-Cola porque la Tropicola puede estar adulterada, comer como sultanes y, además, con la boca llena, en sus opíparas cenas familiares, burlarse del hambre, del sufrimiento y de la paciencia de todos los cubanos.
¿Cómo demostrar que los Castro son una familia muy, pero muy, pero muy rica?
Pues muy fácil, no hay que demostrar nada, no hay que elucubrar sobre esto o aquello, sólo creerlo y punto porque estos tipos llevan más de 58 años viviendo del erario público nacional, disponiendo a manos llenas de todo cuanto hay en Cuba, gozando la papeleta sin que se la piquen a la entrada del cine y tomando chocolate sin pagar ni un sólo centavo, a lo descara’o.
¿Alguien cree que Raúl, Mariela y Alejandro Castro pagan sus facturas con un salario como lo hacen el resto de los cubanos?
Cuando Fidel Castro llegó a La Habana el 8 de Enero de 1959 no tenía casa, carro ni posesiones materiales de ningún tipo. Llegó pela’o con una mano atrás y la otra delante, dicen que lo único que traía era un fusil carabina M-1, un montón de papeles ininteligibles y una peste a grajo de Padre Nuestro y mi Dios bendito que la gente no sabía si estaba vivo o era un cadáver putrefacto.
Pues bien, ni corto ni perezoso, se fue a vivir al hotel Habana-Hilton donde fijó su residencia y sus oficinas a modo “provisional” mientras organizaba el tremendo enredo que él mismo había formado con que: “si Presidente este, o este otro que es mejor o aquel que hace todo lo que yo le digo o mejor yo que ahora soy el Primer Ministro y al final para eso inventé la revolución y de elecciones libres y democráticas na, na, ni, na jabón Candado”.
La pandilla de “guerrilleros” que lo seguía jadeante, y que de la noche a la mañana se habían transformado, muchos de ellos, de cuatreros, analfabetos, delincuentes y marginales a comandantes y capitanes de un ejército no constitucional, rápidamente se adueñaron de las lujosas y modernas mansiones de la zona de Miramar, Nuevo Vedado, Reparto Kolly, Atabey, Cubanancán y de todo cuanto oliera a confort y comodidades, largando de un tirón sus barbas y sus piojosas cabelleras y preparándose para implantar en Cuba el necesario comunismo de partido único y: ¡Qué viva Fidel que la cogioca está garantizada!
¿En qué país decente del mundo se ha visto esto? ¿Cuántos presidentes en el mundo llegan al poder sin propiedades y de la nada son dueños de lujosas mansiones? ¿En qué democracia del mundo se ha visto que un Presidente regale casas y carros?
Descaro, puro descaro y burla a todos los cubanos. Fíjense si este tipo era calculador e hijo de puta que una de sus primeras medidas fue renunciar a su salario como Primer Ministro porque, según él, de sus necesidades y las de su familia se ocuparía el Consejo de Estado. Imagínense, con esos truenos, la mujercita que se había traído de Trinidad y a quien puso como la primera concubina de la revolución dijo: “a parir que aquí no se va a acabar la fiesta…”
Así fueron y van las cosas con la familia Castro. Crearon un imperio que gira alrededor de ellos y que los provee de cuanto necesitan para gastar o malgastar sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin tener que responder ante un parlamento o un tribunal supremo porque se creen los dueños absolutos de Cuba y de los cubanos.
¿Alguien alguna vez enjuició a Fidel Castro por el despilfarro o el derroche de los “recursos del pueblo” en sus estúpidos disparates?
¿Alguna entidad jurídica en Cuba le ha exigido a los Castro justificar los excesivos gastos de ellos y sus familias? Por ejemplo cómo y con qué derecho han adquirido las propiedades donde viven.
¿Alguien puede decir cuánto ganan los Castro?
Pues eso es ser un hombre muy rico. Eso es ser el hombre más rico del mundo, disponer de un país a tu antojo sin que nadie se atreva a cuestionar tus gastos, tu modo de vida, el valor de tus propiedades, tus locuras, tus bajas pasiones y tus desatinos, definitivamente te convierten en el número uno de toda la creación infernal, digo, universal, lo otro, los papelitos en los bancos, son puro cuento de caminos.
¡Si lo sabremos los cubanos…!
Ricardo Santiago.




Los cubanos no tenemos ni día de la independencia ni BBQ.





Si Fidel Castro no hubiera sido un tipo tan sinvergüenza, manipulador, oportunista y un dictadorzuelo disfrazado “que vibra en la montaña” habría respetado el 20 de Mayo como el Día de la Independencia de Cuba y de todos los cubanos.
Pero digo más, si este mequetrefe egocéntrico, autosuficiente, mitómano, cleptómano e inmoral hubiera cumplido sus promesas de, una vez derrocada la tiranía de Batista, convocar a elecciones libres, restituir la Constitución de 1940 y reinstaurar la democracia en nuestro país estoy seguro, absolutamente convencido, de que los cubanos fuéramos hoy un pueblo libre, independiente y también tendríamos nuestros buenos BBQ.
La manipulación del castrismo con las fechas históricas, los triunfos, las conmemoraciones, las celebraciones y las derrotas han sido tantas, tan desaforadas, “místicas”, chancleteras y oportunistas que, hoy por hoy, muy pocos cubanos conocemos qué vitoreamos o evocamos en Enero, en Julio, en Septiembre, en Agosto, en Octubre y hasta qué mes tiene 28 días.
Gracias a Dios los historiadores nos sacarán de dudas.
Los castristas, encabezados por Fidel y su banda de maleantes, siempre fueron en realidad una partida de aves de rapiña, depredadores carroñeros y una manada de asesinos de la historia, de la cultura y de la vida de todos los cubanos que, disfrazados de guerrilleros de la libertad, cayeron sobre la nación cubana como una plaga de jodidos bichos insaciables y arrasaron con todo, con absolutamente todo lo que no “oliera” a ellos o supiera como ellos.
No perdonaron tradiciones ni costumbres arraigadas en la población porque sabían que, para lograr imponer su asquerosa ideología, tenían que cambiarlo todo con la justificación de acabar con los rezagos del capitalismo, el diversionismo ideológico y la gusanera de Miami, di tú, incluso hasta se atrevieron a cambiar a nuestro Apóstol por una especie de Héroe Nacional que más que un gran hombre de ideas lucidas y fina palabra lo hacían parecer como un machetero vanguardia del socialismo gritando a todas horas patria o muerte, venceremos.
Fidel Castro fue un inescrupuloso manipulador en todos los sentidos. Raúl Castro un pobre diablo, sin voz ni voto, que sólo supo asesinar para ver si se ganaba un poco de respeto y que al final, después de esperar y soportar el peso del abominable hombre de la “Sierra Maestra”, yo prefiero decir de los potreros de Birán, heredó una sangrienta monarquía que le queda grande y que lo tiene enfermo del cuerpo, al borde de un ataque de nervios y con un pie más en el infierno que en el Comité Central.
Raúl Castro no ha hecho más que mantener el desastre económico, político y moral impuesto por su maldito hermano desde el 1 de Enero de 1959, es por eso que se está muriendo, aunque quiera hacer parecer que, con sus estúpidas “mejoras al socialismo”, es un dictadorcillo más benevolente, humano y democrático.
¡Habrase visto gente tan sinvergüenza y descara’!
Pero bien, volviendo al tema que nos ocupa, los cubanos, al final, con estos hijos de puta, nos quedamos sin día de la independencia y sin BBQ.
Sí, lo digo porque ese invento del 26 de Julio como día de la rebeldía nacional, fecha en la que murieron tantos cubanos asesinados por el vil, cruel y traicionero ataque al Cuartel Moncada, al Cuartel de Bayamo y al Hospital Saturnino Lora, y digo muertos de ambos bandos, menos Fidel Castro, por supuesto, que huyó como una rata de cloaca abandonando y traicionando a todos sus compañeros…, un punto y aparte, yo siempre he pensado que si Fidel Castro hubiera sido un líder de verdad habría muerto en combate en aquel ataque, en la primera línea de fuego, o al menos habría sido capturado muy mal herido, por eso siempre he dicho que esa fecha es de luto, de tristeza, de vergüenza, de dolor, de arrepentimiento y de silencio, no para que sirva como otra de las “actividades” de pan y circo que ofrece la dictadura de los hermanos Castro al pueblo de Cuba.
Los cubanos continuamos cayendo en la trampa y seguimos dejándonos manipular, dice mi amiga la cínica que han sido tantos los panes con pasta, la cerveza de pipa, la vulgaridad de la mala música carnavalesca y los baños públicos en la esquinas hediendo a trocha y mocha como la verdadera esencia del socialismo que al cubano lo mismo le da 26, que 28, que primero que 24: “El problema es darnos unos buches pa’ olvidar las penas”.
Triste, muy triste pero cierto…
Ricardo Santiago.




El chivato castrista: “Cuidado, hay perro y muerde”.





La chivatería en Cuba es un mal generalizado y bien arraigado a la dictadura castro-comunista. Un engendro tan represivo como la revolución de Fidel Castro no habría podido subsistir, durante tantos años, sin el apoyo condicional o incondicional de un buen ejército de adulones, tracatanes, delatores, informantes, lenguilargos, flojos de piernas y chivatones.
A los cubanos nadie tiene que explicarnos qué es un chivato, es decir, ofrecernos una disertación científica del término porque todos, absolutamente todos, sufrimos o padecimos, en algún momento de nuestras vidas, la terrorífica acción de estos hijos de puta mal nacidos melcocheros del imperialismo castro-comunista.
En Cuba este mal es tan deleznable que hasta los chivatos son delatados por otros chivatos y estos a su vez por otros y así sucesivamente hasta provocar el efecto “lenguino” más dañino y repugnante que puede sufrir un país o una sociedad que pretenda ser coherente, decente y civilizada.
Dice mi amiga la cínica que la dictadura los cría en cochiqueras espirituales y cuando están bien cebados ideológicamente, saturados con la imagen del asesino en jefe, entrenados en todas sus doctrinas de mierda y las tienen bien metidas en sus minúsculos cerebros los reparten a razón de uno por cada tres o cuatro cubanos para que muerdan, agredan y vigilen en nombre de su ídolo y el de las porquerizas del socialismo. Para mi ella exagera un poco pero: “Cada loco con su tema”.
Los chivatos en Cuba ofrecen sus mezquinos servicios para obtener beneficios o prebendas de la “patria agradecida”. Cambian dignidad y decoro por jabón de baño o pasta de dientes porque es la única forma que tienen, estos pobres infelices, de lavarse las nalgas por lo menos un día sí y un día no. Incluso a muchos les basta con una simple palmadita en el hombro o alguna que otra medallita simbólica para que les cuelguen del pecho, a modo de genitales masculinos, y sentir algo de hombría porque, en la vida real, lo único que les cuelga a estos sujetos es la lengua embarrada de cerelac, para no decir algo muy asqueroso.
Algunos son públicos, notorios, conocidos y actúan con impunidad porque reciben la protección de la dictadura, de los órganos represivos del G-2 y del G-3.
Otros, los más peligrosos, hacen su labor desde las sombras informando a sus amos sobre la vida y obra de quienes le rodean, de sus compañeros de trabajo, sus vecinos, conocidos, amigos, familia y si fuera necesario hasta de la madre que los parió.
Los chivatones públicos que actúan a lo descara’o son asquerosos, nauseabundos, despreciables y repugnantes. No sienten vergüenza de la repulsa que causan en el resto de las personas y se pasean muy orondos exhibiendo su condición de intocables y de ser incluso más revolucionarios que el chivatón en jefe: “combatividad compañeros, combatividad”.
Fidel Castro fusiló a los chivatos que sirvieron a la tiranía de Batista, muchos de ellos lo hicieron por miedo, pero Castro no perdonó a ninguno, los mató a todos. Criticó y castigó con rudeza esta vil acción porque según él le costó la vida a más de uno de sus “valiosos compañeros”. En realidad se sabe que con este pretexto eliminó a muchas personas que les resultaban incómodas y así preparó al país para la gran patraña que estaba tramando.
Y yo pregunto: ¿Entonces los chivatos de ahora, los formados por la dictadura castro-comunista, son “fusilables” también? Esos que tanto daño han causado a los cubanos enviando a muchos hombres y mujeres a cárceles injustas, a la muerte, al escarnio público, a ser expulsados de sus puestos de trabajo, a recibir fascistas mítines de repudio y muchas otras formas represivas del amplio arsenal del castrismo.
El chivato revolucionario cubano es un oportunista consumado, esconde sus fechorías tras la delación a otros porque se aprovecha de que en Cuba los que vigilan nunca son vigilados. Roba a las dos manos donde quiera que puede y en el interior de su guarida se burla de los Castro y de su comunismo, pero cumple su función, le es útil a la tiranía porque, entre otras muchas cosas, sirve de instrumento de coacción contra el pueblo, de intimidación y de: “Cuidado, hay perro y muerde el muy hijoeputa”.
La chivatería no es una enfermedad, no es siquiera una actitud decente o responsable, humana o lógica, la chivatería es un arma alcahuetera utilizada por las dictaduras totalitarias, y valga la redundancia, para perpetuarse en el poder y reprimir las libertades de los seres humanos al sentirse vigilados constantemente. Es la muerte de la decencia y la transparencia entre las personas, un mal que daña de raíz a los pueblos, a las naciones y a la vida en sí misma.
¡Ay Fidel cuánto daño, pero cuánto daño le causaste a los cubanos!
Ricardo Santiago.




¿Quién es el último? ¿Quién es el último pa’ gritar abajo Raúl Castro?





En Cuba hay que hacer colas para cualquier cosa. El cubano vive y muere pidiendo el último y preguntando: ¿Qué sacaron? ¿Qué van a vender? Por eso la dictadura castro-comunista es también sinónimo de tumulto, aglomeración, filas, gaznatones, malas palabras, sudores, desesperación, hastió, aburrimiento, empujones, obscenidades y: “Caballeros despejen, calabaza, calabaza que esto se acabó”.
Las colas cubanas son las más largas en la historia de la humanidad, largas en dimensión y en el tiempo, son la prueba más contundente de la ineficacia política, económica y social de esa absurda abominación que Fidel Castro llamó revolución socialista.
Resulta increíble cómo un pueblo ha podido sostenerse en pie por tantos años, más de 58, si para obtener lo imprescindible, lo elemental, lo necesario y hasta lo más pedestre para enfrentar la vida, tiene que perder horas y horas esperando a que le toque su turno.
Las colas en Cuba tienen vida propia, son el reflejo de la miseria y la necesidad que sufren los cubanos, de la ineficacia administrativa de una dictadura absurda, mezquina, egoísta y parásita, de las imposiciones políticas de un régimen que no tiene nada de humanista y de un sistema de mercado que no se rige por la oferta y la demanda y sí por la mediocridad de sus ministros, funcionarios y dirigentes del llamado socialismo, de los caprichos estúpidos de los Castro y de la inexistencia de un mercado real, competitivo, autónomo, “feroz”, libre y sin tanta “controladera” por los funcionarios del Estado comunista.
Yo nunca entendí cómo a Fidel Castro no le daba vergüenza pararse a hablar tanta mierda de los “logros” de su revolución si la prueba más contundente de su fracaso y de su estupidez son las colas que tenemos que hacer los cubanos hasta “pa’ mear o pa’ cagar”, y les suplico perdonen esta expresión, pero creo es la que mejor ilustra la desesperación que sentimos todos ante la idea de tener que salir en Cuba a resolver algún problema, comprar cualquier alimento o un simple artículo de primera necesidad.
Los comunistas son cínicos e hijos de puta, no me cabe la menor duda, para donde quiera que usted mire en nuestro país encontrará a un grupo de cubanos de uno, de dos en fondo o en molotera esperando para comprar cualquier cosa. ¿Qué mayor prueba necesita esa dictadura? ¿Qué esperan para reconocer públicamente que son unos mierdas y unos inoperantes? ¿Hasta cuándo tenemos que esperar los cubanos?
Y no me vengan con el cuento del embargo y que por culpa de esa política del gobierno de Estados Unidos los cubanos estamos como estamos, no me jodan, ¡ya está bueno de tanto abuso y de las mismas justificaciones!, no, no y no.
Con respecto a este tema del embargo económico (o como ellos le dicen bloqueo) voy a reafirmar una idea que planteé en un comentario anterior: Fidel Castro se autoerigió como salvador del pueblo cubano, prometió villas y castillas para que le creyéramos que era el portador de la verdad, la justicia, la abundancia y la buenaventura, que entregaría su vida para que los cubanos fuéramos felices y gozáramos de la mayor prosperidad con la que un pueblo podría soñar en toda la historia de la humanidad y bla, bla, bla, bla, bla…
Pero nada de eso fue cierto, todo pura mentira, una vulgar y asquerosa mentira de este tipejo ególatra y mitómano empedernido que lo único que trajo para Cuba fue una miseria tan profunda que nos desbarató, nos ulceró y nos descojonó los estómagos, los cuerpos, la mente y la conciencia a todos nosotros: ¿Quién es el último?
La realidad es que a ninguno de los Castro el pueblo los erigió como presidentes, quiero decir en consulta popular, en votaciones libres y democráticas. Fidel Castro armó una “camancola” mafiosa y se adueñó como un dictador feudal de Cuba y de todos los cubanos, amañó un sistema electoral que no entiende ni la madre que lo parió y no nos permitió ni la más mínima opción de voz y voto para removerlo o simplemente demostrarle que su dictadura es ineficiente, criminal, inhumana y la más cruel y sanguinaria que ha sufrido un pueblo en toda la historia de la humanidad.
En la vida real los Castro son la cola cubana en sí misma, son sus máximos gestores, organizadores y responsables, pero son los únicos a quienes nunca veremos estar dos o tres horas al resistero del sol, en una cola interminable, para comprar el mísero pan de la cuota que le venden a los cubanos.
Ricardo Santiago.




El castrismo siempre tiene un “As” debajo de la manga.






La única industria que funciona correctamente en el socialismo pornochacumbelero de los Castro and Sons S.A. es la de crear esperpentos ideológicos al tutti play, en serie, amoldados en corchos flotantes, torneados en plástico “pinochesco”, modelados a manos sucias y “eyaculados” precozmente para usarlos con rapidez como si la batalla de ideas que han armado, ellos solitos contra el mundo, se la fueran a desprestigiar con verdades sobre la realidad de un país que, por todos los medios existentes, los castristas tratan de silenciar y ocultarle a los cubanos.
Voy a utilizar para mi comentario a este ridículo personajillo de la imagen pero no me voy a referir directamente a él. No lo haré, primero, porque no vale la pena y segundo porque este tipejín sin fin a la marañín tiene un no sé qué medio raro y no quiero que las personas se confundan y me tomen por un tipo burlón, sarcástico y fuera de tono. Para nada es mi intención, Dios me perdone.
Pero, por favor, ironías a parte, esta “chuletita” políticamente correcta del comunismo, este dominguín acuartelado en las trincheras de la patria agredida, este muñecón carnavalesco del socialismo, esta marioneta de ventrílocuo dictatorial está para comérselo a choteo “vivo”, a pescozones de burla y a risotadas limpias e infinitas porque es que la sensatez, bajo esa dictadura, es como si hubiera pasado de moda o nunca hubiera existido.
En la vida real ni siquiera conozco el nombre real de este bocacín de la “alegría” castrista, si usa seudónimo o lo sacaron al ruedo político con un nombre “artístico”, no sé, pero de lo que si estoy cien por ciento seguro es que es un producto de la eficiente y muy productiva fábrica de cuadros y “triángulos” perfectamente adoctrinados para repetir, fumigar, esparcir, diseminar y propagar el mismo mensaje fidelista que, con casi 60 años de creado, la dictadura de los Castro se empecina en mantener aun cuando una buena parte del mundo ya los mira con asco e indiferencia.
El discurso es viejo pero los parlanchines son reciclados. Usan sin remordimientos la misma retórica nauseabunda del patriarca carbonizado de que si el imperialismo es nuestro principal enemigo, los mercenarios son muy malos, la gusanera de Miami nos quiere gobernar, los mambises del Siglo XXI se están yendo pa’ fuera en lo que sea, la revolución es invencible, el país se derrumba pero es por culpa del bloqueo americano, somos un pueblo invicto así que aguantaremos lo que sea y socialismo o muerte entre muchas monumentales estupideces más.
Las “Cuquitas” parlantes del castrismo no funcionan por fricción, cuerdas o baterías como los tradicionales juguetes por todos conocidos, no, se activan, arrancan, se mueven y realizan sus “travesuras” cuando por detrás le introducen sus respectivas jabitas de aseo personal, un puñado de cuc para comprar el paquete de “perritos” en la “chopi”, un ratico en internet censurado y monitoreado, un diploma de destacado de la emulación “chivatiente”, unos cuantos aplausos frente al proletariado que los mira incrédulos o simplemente unas cuantas palmaditas en la espalda y un “vamos bien compañero, con hombres como usted la revolución es inmortal”.
La ferocidad de las “crías” del castrismo contra el mundo critico, responsable y anti-dictatorial que los enfrenta es extremadamente enfermiza, vulgar, patriotera y absurda, no escatiman en vulgaridades, ofensas y agresiones porque están programadas para repetir las sandeces más aberrantes e inverosímiles que se pueden escuchar, por un lado ellos diciendo que el país marcha acertadamente por la senda del socialismo victorioso y la guía de, bueno, de cualquiera de esos asesinos, y por otro lado el país cayéndose a pedazos, el pueblo desesperado porque una estrella les caiga del cielo, los cubanos muriendo intentado escapar del largo infierno de arbitrariedades, prohibiciones y represión demostradas todas con imágenes que son demasiado visibles para la razón, la decencia, el sentido común y el herido orgullo de nuestra querida patria.
Indiscutiblemente la producción de estos muñequitos rusos, perdón, cubanos, nunca va a detenerse porque cada uno de ellos tiene un ciclo de vida, es decir, los crean, los tiran pa’ la calle a envenenar y cuando se empiezan a volver repugnantes los desaparecen o los envían a desempeñar otras funciones de importancia “vital” para el “estado cubano”.
Por cierto el 99,99 por ciento de ellos “por delante de la dictadura” son unos come candelas rodilla en tierra pero por detrás, en la vida real, sin exageraciones, lo que de verdad tienen oculto en sus “corazones” es un Black Friday del capitalismo y mucha pacotilla quincallera pa’ lucirlas en las “fiestas domingueras”.
Ricardo Santiago.




El odio entre cubanos, el divide y vencerás de la dictadura castrista.





Para la dictadura castro-comunista, sus practicantes confesos, los solapados, los croqueteros, sus aduladores quincalleros, sus defensores de ocasión y para sus “amantes” seducidos y abandonados, quienes vivimos en el exilio o nos enfrentamos abiertamente al régimen dictatorial y despótico que tiene esa pandilla de mal nacidos en nuestra isla querida, nosotros, los anticastristas de al duro y sin guante, somos unos tipos que estamos llenos de odio y rabia contra Cuba y los cubanos, somos una especie de bestia feroz que se retuerce de “envidia” en tierras lejanas y sólo quiere atacar y engullir al noble pueblo de Cuba.
Pero eso es una mentira tan grande como decir que Fidel Castro fue un humanista, un revolucionario, un hombre humilde, altruista y un ejemplo de vida para todos los cubanos.
El problema, el terrible problema, es que han convertido ese ridículo discurso en una bandera que han enarbolado por más de 58 años y, de tanto ir de aquí para allá y de allá para acá, muchos infelices e “ingenuos defensores de la justicia social”, dentro y fuera de nuestra patria, han terminado por abrazarla, izarla, cacarearla y adorarla.
Pero pongamos los puntos sobre las íes: No fuimos nosotros quienes inventamos ese odio, ni siquiera creo que ese sea el sentimiento, fue el propio Fidel Castro quien, con su asqueroso discurso de estas conmigo o contra mí, obligó a odiar a los cubanos y creó la división más grande y duradera a la que ha sido sometida un pueblo, por pensar políticamente diferente, en toda la historia de la humanidad, o eres revolucionario o eres un gusano, así de simple, cruel, fascista y disparatado.
La revolución castro-comunista de 1959 en su afán por demostrar su “superioridad moral” sobre cualquier otro sistema económico-social y sus dones de “benefactora de los humildes” impuso a los cubanos odiar a sus “enemigos de clase”, es decir, a todos los que no pensaran como ellos o fueran como ellos. El cubano, de la noche a la mañana, se vio rechazando a muerte (y pobre de quien no lo hiciera) a la burguesía, al imperialismo, al capitalismo, a sus vecinos, amigos, familiares, hermanos, padres, madres, a todos sin excepción, no importaba quien fuera: “Delata y desprecia a tu propia madre que la revolución nunca te va a abandonar… soy comunista, toda la vida, o bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao…”
Odiar se convirtió en Cuba en la palabra de orden: “te odio mujer ingrata…”. Parece que el uniforme de miliciano y las “ppchas” también armaban a los individuos de cierta moral superior que les permitía indiscriminadamente juzgar con rabia revolucionaria a quienes sencillamente no querían ser como ellos, acatar las ideas del comunismo o simplemente vivir en Cuba con tantos aspavientos guerrilleros, consignas coquito prieto, desquicios ideológicos, barrabasadas económicas, pisar mierda de noche en guardias interminables e histéricas concentraciones revolucionarias del que no salte es yanqui.
Los comunistas odian, esa es su principal característica, basta con oír sus discursos, arengas, manifiestos, tribunas, homenajes, actos de reafirmación o mesas redondas, no importa quién o quiénes protagonicen los chillidos, sea quien sea el orador de turno siempre escucharemos las mismas idioteces y pendejadas: No nos vencerán, no les tenemos miedo, el huevo no tiene sal, el pueblo unido jamás…, son unos traidores, vende patrias, la mota negra, gusanos y eso que me hiciste mami me dolió, me dolió…
¡Cuánto nos obligaron estos hijos de puta a odiar y a maldecir! ¡Cuánto odio sembraron en generaciones enteras de cubanos! ¡Cuánta rabia repartieron entre un pueblo que siempre fue uno de los más amistosos del mundo y que por el capricho y la mala intención de este hombre transformó sus brazos abiertos de buen amigo en puños de golpear y de matar!
El rencor revolucionario es una patología funesta, es contagioso, maligno, tenebroso y lascivo. No permite la vida porque la esencia de ese tormento ideológico es la propia incapacidad que tiene el comunismo para lograr paz, amor y armonía entre los seres humanos.
El comunismo genera mucha envidia, traición, oportunismo, doble moral, egoísmo, arribismo e inmoralidad en las personas.
No, yo no odio a Cuba y mucho menos a los cubanos, estoy vacunado contra la rabia del cuerpo y del alma, y lo que sí emana de mis escritos, y a borbotones, es un dolor inmenso por no ver el final de esta maldita tiranía que nos ha causado un daño y un dolor irreparables a todos los cubanos, mucho dolor…
Ricardo Santiago.




¿Por qué te fuiste de Cuba si Cuba es una maravilla?





Un amigo nuevo, honesto, sensible, curioso y cándido me pregunta con mucho respeto: ¿Por qué te fuiste de Cuba?
Normalmente yo siempre respondo a esta pregunta con un discursito que me he aprendido con los años y que es el resultado de las muchas rabias e impotencias acumuladas por no soportar la vida en un país donde la vida misma la han convertido en insoportable.
Pero en mi interior, en mi maldita agonía, siempre me he hecho la misma pregunta: ¿Los cubanos nos vamos o nos largamos de Cuba?
Discursito y dudas a parte ahora me doy cuenta que la respuesta a esta pregunta es bien compleja, muy complicada, difícil, y me imagino que lo será también para muchos cubanos que como yo un día decidimos dejarlo todo y embarcarnos en la mayor, mas desgarradora y a la vez valiente aventura de nuestras vidas: el exilio.
No voy a entrar en causas, consecuencias y motivaciones del por qué las personas emigran en el mundo, esto se lo dejo a los científicos con sus computadoras, sus tablas, el seno, los cosenos y el sabor de los chupa-chupa, yo sólo me limitaré a responder la pregunta de mi nuevo amigo querido con la mayor honestidad que permite mi memoria y mi decencia.
Sólo un dato que siempre me ha gustado: El hombre primitivo “emigraba” en busca de mejores condiciones climatológicas, mejores zonas de caza, pesca y en general mejores ambientes para tener una vida buena, tranquila y sin prohibiciones. Lo hacía sin pedirle permiso a nadie, sin tener que pagar un ojo de la cara para renovar un pasaporte, actualizar permisos de entradas, de residencia, de trabajo y “permisos de salida”, hum: “¡Candela, se quema mi familia!”
Los cubanos somos patriotas en el más grande de todos sus significados, no hay un cubano que yo conozca que no me diga que ama a Cuba, que la añora, que la extraña, que la sueña, que la llora y que la sufre: “Tengo unas ganas de caminar por el barrio del carajo, pero mientras estén esos hijos de putas allí…”.
Porque es que la cubanía es un sentimiento que está por encima de ideologías, pataletas políticas, dictaduras eternas y caducadas, dictámenes judiciales, leyes mal nacidas, imposiciones mezquinas, constituciones oportunistas y hasta de un General azotándose la mocita con la mano en la cabecita.
Yo siempre he dicho que hasta que los cubanos no entendamos esto Cuba no será libre de cualquier dictadura. Así de simple.
La cubanía es un pan con guayaba y queso blanco, un guaguancó, una buena rumba, un guarapo bien frio, un café colado con la tetera de la abuela, una mulata, un negro, un blanco, un chino, un sol que raja las piedras, agua pa’ Mayeya, el mar, un trago de aguardiente con su poquito en una esquinita, el camina’o de la mujer de Antonio, el Malecón con todo lo que se menea, el parque del pueblo, el aguacero, los vientos de Mayo, un bolero, los Industriales de amor y de odio, la novia y el novio, los vecinos, sentarse en el portal de la casa o en la calle a conversar, los tamales, jugar cuatro esquinas, el ciclón del 26, el choteo, el doble nueve, un puerquito asado, el barrio con los amigos de toda la vida, la cerveza fría, los durofríos de la Gallega a 0.20 centavos (en mi época), la poesía, la Iglesia, el santero y la espiritista, la hora que mataron a Lola, los rolos y las chancletas, el primer amor, el arroz con leche me quiero casar, el pudin de mi madre y todo lo que Usted quiera agregar y que le traiga los mejores recuerdos.
Con todos estos argumentos Usted entenderá cuán difícil resulta para un cubano abandonar la Patria, desprenderse de todo, cerrar los ojos y sentir que va a perder la vida que vivió y que amó así, de un tirón. Es una verdadera y muy dolorosa tragedia.
Ahora en el tiempo me doy cuenta que uno vive en Cuba de a poquito, de hora en hora, que el futuro no existe y que la gota a gota de esos instantes mal vividos son los que te llevan a querer emigrar, a querer cerrar la puerta tras de ti y tirar la llave lo más lejos posible porque todo lo que respiras es mentira, es falso y es sólo una promesa que, lo sabes bien, nunca la van a cumplir porque si no se llamarían de otra manera y no DICTADURA.
Pues sí mi amigo querido, por eso me fui de Cuba, y aunque me duele en el alma reconocerlo sigue siendo por ahogo, tristeza y un poco de cobardía…
Ricardo Santiago.




Los cubanos “mondongos” del castro-comunismo.





Había un dicho muy popular en Cuba que decía que cuando algo no te interesaba o te dejaba de ser útil lo tirabas a mondongo.
La dictadura castro-cuc-dólar-euro, y cualquier copón divino que le llene sus bolsillos, durante estos 60 años de fatídica, nauseabunda y repugnante existencia, ha utilizado, según su conveniencia e interés, a las personas para propagar, regar, dispersar y despatarrar su criminal y fascista ideología en Cuba y en muchas partes del mundo.
Son más que sobrados los ejemplos de países donde los ideólogos del socialismo-capitalista de Estado de los hermanos Castro han sembrado sus conceptos de dolor y muerte provocando, entre muchos males, guerras civiles interminables, miserias, oportunismo político, populismo del más barato, destrucción de las economías nacionales, reelecciones eternas a lo quita y pon camarón y hambre, mucha, pero muchísima hambre.
Decía mi santa madre que quien se acuesta con asesinos siempre amanece embarrado de sangre, no le queda otra.
En Cuba el castrismo se ha dado banquete utilizando, manipulando, mangoneando y ninguneando a cuanto desgraciado se le ha puesto a tiro de escopeta para que le sirva en sus propósitos propagandísticos y como mercenarios ideológicos para cacarear a los cuatro vientos que la revolución es buena, el “bloqueo” es ilegal, Raúl Castro es hombre a to’, nos quieren tirar la bomba atómica, tengo una picazón que me está matando, las trincheras de ideas se inundaron de…, este mes no hay leche en polvo, socialismo o muerte, yo soy como el aguacate, la piedra está vacía y los marcianos llegaron, nos vieron y se fueron echando un pie.
Pero no se confunda, la real existencia de la dictadura castro-comunista se debe principalmente a la impecable labor de propaganda y adoctrinamiento puesta en marcha desde el mismísimo 1 de Enero de 1959 inspirada en lo peor de los mecanismos represivos de la KGB soviética y de la STASI alemana. Métodos probadamente efectivos que transformaron al cubano en un robot “blandito mentalmente” a tal punto que convirtieron al país en un inmenso cementerio de tronados, defenestrados, “apijamados” y desechados “bocacines”, otrora insignes militantes comunistas que una vez que les dejaron de ser útiles los tiraron al latón de la vergüenza y del escarnio popular para que el pueblo se burlara de ellos y los convirtiera en el hazmerreir de todos y en los culpables de nuestras desgracias. Salvo los muy comprometidos con el régimen a quienes desaparecieron y desaparecen, en vida o en muerte, “por una penosa enfermedad”.
Esta es la esencia fundamental de esa dictadura que nos oprime: utilizar al hombre, presionarlo, exprimirlo, estrujarlo y desecharlo.
La lista de estos personajes es bien extensa y va desde Camilo Cienfuegos, el Che Guevara, Arnaldo Ochoa y José Abrantes hasta los Robaina, los Lage, el asesino de Lola, el que no salte es yanqui, Bartolo el del platanal, María moñitos y Tía Tata cuenta cuentos.
Nadie en Cuba bajo ese régimen dictatorial escapa a la manipulación ideológica, a ser objeto de la gula política de un sistema que subsiste a base de mentiras y de hacer creer a toda costa, a la fuerza y al descaro, que la revolución es endemoniadamente productiva, que el socialismo es lo mejor que se ha inventado, que Fidel Castro era invencible y que la leche y los bisteces están al alcance de: a cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo, que el que coma moringa en Cuba es porque le da la gana porque los mercados están repletos de alimentos para el disfrute del pueblo… ¿Eran los mercados o el campismo popular?
Cuba es un país que sólo funciona en la propaganda panfletaria que esparce el régimen dictatorial de los Castro por el mundo, en la mentira repetida y manipulada hasta el infinito y para la que utilizó y utiliza indiscriminadamente a figuras de la talla de García Márquez por sólo citar un ejemplo.
Los métodos de convencimiento para lograr sus objetivos pueden ir desde el engaño, la manipulación, el oportunismo, el chantaje o las amenazas, de todo como en botica.
Por eso amigos míos cada vez que veamos a uno de estos tontos útiles, oportunistas, mondongos, castristas sanitarios, revolucionarios desechables, ciber-guerrilleros de última generación o palomitas mensajeras sin rumbo fijo, mirémosles despacio y démosle tiempo al tiempo, el castrismo no quiere y no le gustan los lacayos eternos, y en lo que menos nos lo imaginemos estos perversos papagayos del mal explotarán como siquitraqui y no duden que uno o más pedazos caigan en la ciudad de Miami.
Este será otro tema.
Ricardo Santiago.