¿Quiénes nos oponemos a los Castros somos realmente “mercenarios del imperio”?

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Para los comunistas todo el que sea crítico de sus inventos y sus fracasos es un mercenario del imperio, un agente de la CIA, un asalariado de la mafia terrorista de Miami, un gusano al servicio de la ultra no se qué, entre otros muchos adjetivos disparatados y típicos de su fétida y disminuida verborrea.
Dice mi amiga la cínica que, cuando lee u oye las respuestas que dan estos sujetos para defender su mentira, le baja el azúcar y le sube la presión: “quedo viva de milagro.”
Yo no creo que los imperiales, aun con su inmenso poderío, tengan tanto dinero y puedan pagar la creciente inconformidad de todos los cubanos, es imposible. ¿Cuánto tendrían que desembolsar los grandes magnates, los prósperos empresarios, los diestros y siniestros políticos, los “mafiosos”, la “gusanera” o simplemente el contribuyente de cualquier parte del mundo para financiar la angustia, el hambre y la desesperación de casi todo un país? No, no nos intenten engañar más y asuman de una vez y por todas que la rebeldía y el descontento de hombres y mujeres no se cobra ni se paga con nada. Es que sencilla y llanamente no aguantamos más, así de simple.
Los castristas al final están perdiendo todas sus guerras, una por una y en cualquier campo (guerras que además arman contra todo lo que se menee y no les guste). Se han quedado sin sus argumentos tradicionales y las imágenes sobre su desastre no mienten y vuelan como pólvora en redes sociales e internet.
Aun con su poderosa maquinaria de información y desinformación la “verdad comunista” se les ha vuelto una falacia y hoy por hoy resulta una vergüenza y un desprestigio a nivel mundial: “es que son demasiados años con la misma cantaleta y aburren, cansan, dan ganas de vomitar, desesperan, asquean, alucinan y ya no engañan a nadie”.
Nunca van a entender que su peor enemigo es su propia soberbia, su intolerancia, su incompetencia, su necedad y su vulgaridad, no nosotros: la Resistencia Cubana, la Oposición Cubana, el Exilio Cubano y el Pueblo Humilde dentro y fuera de Cuba.
Cada persona es libre de decidir, financiados o no, sus métodos y formas de resistir u oponerse al gobierno de los Castros, de poner en práctica sus acciones y sus ganas de protestar, de manifestarse, de revelarse o simplemente de callarse, todas son válidas, útiles y necesarias siempre y cuando evitemos, por nuestra parte, cualquier tipo de violencia pues es el argumento que los comunistas están esperando para descargar su odio, y sus tanques, contra el pueblo.
La Revolución de los Castros fue y es financiada por capital nacional y extranjero durante toda su historia, entiéndase burguesía cubana y otros (antes de 1959), los soviéticos y demás países del campo socialista después del 59, el petróleo venezolano desde los 90s, etc. ¿Entonces Fidel Castro y su pandilla son unos mercenarios?
Para medio terminar este artículo me gustaría hacerlo con otra pregunta: ¿Qué son esas personas que reprimen brutalmente las protestas pacificas de los opositores cubanos y lo hacen para no perder sus puestos de trabajo, para ganar prebendas políticas y/o para recibir una asquerosa “cajita de comida”? ¿Qué son?

Una conguita mortuoria pa’l régimen de La Habana.

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En la vida real Cuba es un gran feudo, Raúl Castro, el actual “Presidente electo”, actúa como amo y señor de todo lo que se mueve o se está quieto sobre nuestra querida tierra. Lo único que le falta es ejercer su derecho a “desvirgar” a las fieles doncellas en su primera noche de bodas. ¡Qué asco! Dirían muchas que conozco. Por lo demás es el clásico mandamás medieval ejerciendo sus designios sobre sus súbditos y promoviendo o eliminando a quien a él le dé la gana, cuando quiere y como quiere: “Damisela encantadora, Damisela por ti yo muero…”.
Lo heredó de su hermano, el otro, el diablo, el verdadero inventor del feudalismo tropical, el que no creyó en nadie y se burló de todos los cubanos, dicen las malas lenguas que lo hacía hasta del propio “Raulín”, que más de una vez lo humilló en público, lo hacía llorar y se burlaba de su aspecto lampiño y medio afeminado, “lo otro” a mí no me consta.
En Cuba no existe otro sistema económico-social. Bueno en realidad yo pienso que si, y esta es mi visión personal: en Cuba predomina el sistema del caos y el maniguiti, “mira pa’rriba, saliva…” y todo para un solo lugar. Pero por más que ellos traten de disimular su desvergüenza, autodenominándose esto o lo otro, encontraremos que ni comunismo, ni socialismo, ni capitalismo ni la madre que los parió, feudalismo patriarcal y dinástico a pulso, impuesto a la cañona, a la trompá, al si te gusta bien y si no también, y si dudan lo que digo preguntémosle entonces a los miles de cubanos fusilados, ejecutados, torturados, desaparecidos, encarcelados o desterrados por el sólo hecho de pensar diferente o querer una Cuba verdaderamente democrática.
No pretendo convencer a nadie, pero para mí resulta demasiado evidente, demasiado real, visible, palpable y demostrable. Ellos no se esconden, incluso pienso que lo hacen ex profeso, como una burla, para demostrar que son un gobierno de “mando y obedece” o “te coge el cocuyé”, de machos con pantalones sin ojales, de octogenarios “aviagrados” hasta la saciedad que le pasan por encima a cualquiera, a quien sea, incluyendo a sus propios lame botas, a quienes desguazan si tienen que hacerlo por tal de preservar la rigidez de sus castillos.
Ya los Castros están preparando a los “Castricos”, a la vista de todos los están posicionando en los puestos claves de su pirámide feudal, sin contemplaciones y sin poseer los méritos suficientes y la preparación necesaria, no importa, avizoran un futuro alentador con el nuevo “amigo” del norte y no quieren dejar ni el más mínimo cabo suelto, que se cumpla la ley del embudo y el pueblo que se joda, si total, “si han aguantado hasta aquí, que lo hagan un poco más…”.
Pero error de cálculo, una vez más se equivocan malditos feudalistas reaccionarios, los cubanos dignos no somos sus siervos, no queremos seguir con la cabeza baja esperando y esperando por: “hasta que la muerte nos separe”, ya somos muchos los que alzamos la voz y las manos contra el descaro que han implantado en nuestra tierra y queremos verlos salir de sus palacios con el rabo entre las patas y obligados a bailar al compás de:

Tú que me decías que nadie te iba a tumbar,
Tú que me decías que el pueblo aguantaba más,
Pues no, no, se les acabó el abuso,
Y sí, sí, los sacamos a pata’ por el…

Los “hijos de ciber” del Castro-comunismo.

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Nota introductoria: Un “hijo de ciber” es un miliciano-cibernético-castrista con la función de atacar, en las redes sociales o internet, a todo aquel que ellos consideren “enemigo del pueblo” o de su amado e “invencible” líder.
Los comunistas se crean, se transforman y se disimulan. Se camuflan en cualquier ciudad del mundo, en cualquier parte, “debajo de la cama está el majá”, dondequiera que puedan sembrar su odio y su eterna venganza “social”. Adoptan diferentes formas y estilos en sus histéricos y desesperados planes de confrontación contra todo aquel que piense distinto, que no les simpatice o simplemente que lo consideren más inteligente o mejor preparado que ellos.
Hoy me voy a referir al ejército de “hijos de ciber” que tiene el gobierno castrista “trabajando” en las redes sociales o en internet.
La función principal de estos nuevos milicianos va a ser intentar denigrar, atacar, lastimar y ofender a cualquiera, sobre todo a quienes “estamos felices”, pero nunca la confrontación civilizada y democrática. La otra hackear, sembrar virus, bloquear páginas, enviar e-mails con sus diatribas y cochinadas, en fin, cualquier tipo de guerra cibernética que ellos creen les puede resultar útil y ofensiva.
En mi breve tiempo como usuario de Facebook me he dado cuenta de las disímiles caras que adoptan estos “hijos de ciber”. Los más comunes son los que esperan a que usted publique algo para entonces inundar las páginas con cualquier cosa, desde fotografías hasta la repetición de noticias que a nadie le importa, con el objetivo de hacer desaparecer tu publicación.
También están los que agregan comentarios medio ambiguos sobre usted o tus publicaciones con la intención de sembrar dudas sobre la autenticidad de tus palabras y la finalidad de tu mensaje.
Quienes administran grupos públicos y se ofenden, gritan, reparten su histeria babosa y pestilente a diestra y siniestra cuando se les envía algún artículo que según ellos difiere del perfil del grupo (o les provoca picazón).
Existe un grupo importante de hijos de ciber con la “orientación revolucionaria” de promover los logros del “invencible”. Generalmente les asignan alguna publicación con cierta movida amarga para el régimen y su función principal es tratar de imponer la desagradable imagen del nonagenario, a cambio les dan unos minutos en internet y alguna que otra cajita de comida.
Están también los que añaden a tu biografía o tu curriculum historias o experiencias laborales, que incluso tú desconoces, con la intención de denigrarte (hace poco uno de estos hijos de ciber publicó que yo por irme de Cuba ahora le limpiaba los inodoros a los capitalistas con mi lengua)
En fin, nuevos empleos, más adulones, nuevas aspiraciones tapiñadas, encubiertas, morbosas y lamentables formas de atacar a los demás, de intimidar, de intentar menospreciar y silenciar la opinión ajena para seguir imponiendo un discurso que hace mucho tiempo se les cayó en el retrete.
Un hijo de ciber castristas puede llegar a ser muy peligroso, extremadamente dañino, por eso no debemos confiarnos, las redes sociales tienen gran alcance y ellos, como los tradicionales espías de las películas, actúan agazapados, disimulados o enmarañados entre los amigos de los amigos y de los otros amigos, esperando para lanzar sobre todos nosotros su endemoniada maldad, generalmente impregnada de absurdas frases sin coherencia y montones de faltas de ortografía.

Fidel Castro o el diablo que llevamos dentro.

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Este artículo me ha costado mucho tiempo digerirlo porque, sin pretender hacer un psicoanálisis sobre el nonagenario y “eterno presidente de Cuba”, trataré de demostrar mi visión sobre este personaje y por qué nos ha resultado tan difícil a nosotros los cubanos deshacernos de él.
Las personas no son ni totalmente malas ni totalmente buenas. Esta es una sentencia bastante acertada si tenemos en cuenta que más que bien todos, absolutamente todos, hemos hecho, alguna vez, alguna que otra diablura con consecuencias terribles para una o más personas, es lo normal.
Recientemente vi, en el canal en español de la televisión alemana, un reportaje sobre Fidel Castro donde un montón de sus secuaces y familiares más allegados resaltaban admirados y extasiados las bondades de este “ilustre” personaje. En general todos coincidían en que a este tipo hay que conocerlo en la intimidad, que es ahí donde se puede apreciar la verdadera humanidad del “hombre más grande que había parido Cuba”, su vocación de sacrificio, su amor por la patria y su estatura quijotesca entre un burujón de sandeces que a mí me provocaron arqueadas.
Por otra parte, para hablar de la historia reciente, he podido apreciar que el ejército de “combatientes” que tienen para intentar ripostar nuestras verdades en Facebook o internet, usan la imagen de su ídolo como escudo y para reforzar frases como: mi papá Fidel, los zapaticos me aprietan, fidelista por siempre, mi macho cabrío, patria o muerte, tu sí que eres bueno comandante y “acuérdate que hace rato se me rompió la olla reina que me diste”.
Nada de esto es nuevo, la historia de Cuba de los últimos 57 años, está repleta de gritos, loas, fotografías, películas, documentales, noticiarios y cuanta superficie pueda graficarse con la imagen y/o las palabras de este hombre. Siempre tuve la sensación de que lo hacían para meternos miedo a los cubanos, para que no nos saliéramos de la rayita porque “si lo haces viene el coco y te lleva”. Mi amiga la cínica dice que no, que es para repetir y repetir su presencia porque si lo dejan de hacer por tan sólo un minuto corren el riesgo de que a los cubanos este tipo se nos olvide para siempre.
Yo digo que cada cual tendrá su propia opinión sobre este tema y todas son válidas, acertadas y deben ser escuchadas con respeto, sobre todo de quienes de una forma u otra sufrieron y sufren los caprichos de este sujeto, incluso creo sería bueno que hiciéramos otro documental pero con la visión de esta parte de los cubanos que no tememos y queremos decirle la verdad en su propia cara.
De cualquier manera siempre ha estado ahí, sobre nosotros, acechando, lastimando y prohibiendo. Aguantando sus más de “600 atentados” y las maldiciones de miles y miles de personas que lo detestan y que se cansaron de vaticinar su final porque según ellos tiene un pacto con el diablo.
Pues bien y aquí va mi verdad sobre el asunto, después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que el sujeto ni es eterno ni tiene un pacto con el diablo, es que Fidel Castro Ruz es el diablo en persona, fíjese que si usted mira bien su nombre encontrará las 7 letras que forman la palabra LUCIFER.
Les reto a que traten de encontrarlo en el suyo o en el de alguno de sus amigos.

El “holocausto” migratorio de los cubanos después de 1959.

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No hay dudas. Los comunistas han desmembrado a la nación cubana por todas partes. No existe nada en Cuba que no haya retrocedido o involucionado con proporciones gigantescas: la producción agrícola, la producción industrial, la construcción de viviendas, la educación y la cultura cívicas, el orden y el progreso, las libertades ciudadanas y el “olor de la vida”.
Antes de 1959 Cuba era un país receptor de migrantes. Aun con Batista y “todos sus desmanes” miles de personas, de cualquier parte de este planeta, solicitaban permisos para radicarse en la isla. Venían, sobre todo, atraídos por la prosperidad y las opciones de futuro que ofrecía “la dictadura batistiana”, la bondad de los nacionales y el privilegio de su posición geográfica.
En la actualidad a muy pocos en el mundo se les ocurre tamaño disparate. Lo único que hemos logrado conservar en estos tiempos es la bondad de algunos nacionales y la posición geográfica, pero definitivamente esto no basta. No es suficiente.
Hoy Cuba “exporta a sus habitantes” por cientos de miles y por las vías más absurdas, crueles o disparatadas que uno se pueda imaginar. El cubano no quiere vivir en su propio país, está cansado, se ha hastiado de esperar por el techo seguro y el “vaso de leche”, por la vida digna y responsable y por un mañana que cada vez es más ayer y ayer y nunca. Por generaciones hemos visto que todo ha sido una burda mentira, que la patria hiede y que costará, sabe Dios cuánto tiempo, volverle a dar algún sentido de decencia.
Entonces no queda otra, muchos decidimos partir con media alma rota y los dolores y la angustia por tener que separarnos de la familia, nuestra madre, los amigos y lo material, que también muchas veces cuenta.
Los cubanos nos vamos para donde sea: “pa’ donde sea Fidel, pa’ donde sea…”, no importa, a veces mientras más enredado se hable mejor porque así es bueno para olvidar las penas, no importa si nos congelamos o los sudores nos deshidratan, si la comida es muy picante o si los sabores nos retuercen de nostalgia, la meta es salir adelante y perseverar porque en verdad de eso estamos hecho nosotros, de madera dura que no se raja y que no se deja amedrentar, ¡ah! y “pa’ tra’ ni pa’ coger impulso”.
Mis “opositores” me atacarán con el cuentecito de que este es un fenómeno que sucede a nivel mundial, el sur invadiendo al norte, que Cuba no es el único caso y: “ahí están las cifras de centroamericanos, suramericanos, del medio oriente, norafricanos y chinos y no tan chinos que se deslumbran con el sueño del capitalismo, no son únicamente los cubanos”. Pasa que sólo el gobierno cubano, en todo el mundo, ha venido prometiendo por más de 57 años prosperidad y una mejor vida para sus ciudadanos y estos ya no pueden más, se cansaron. Fíjese que solo los cubanos somos los únicos que no tenemos destinos prioritarios para emigrar, nadie vera nunca a un mexicano querer emigrar para Guatemala, por solo citar un ejemplo.
Pero las migraciones tienen sus causas, generalmente son económicas, políticas o humanitarias. En el caso de Cuba yo digo que son de todos los tipos, el cubano se va por hastió, desilusión, miedo, hambre, amor, nostalgia, vergüenza, ilusión, rencor, soberbia, teques, prosperidad, libertad, aventura, sueños, desesperación, cansancio y “cualquier cosa que sirva para no estar más aquí”.
¿Quién es el culpable?

La reaccionaria Revolución de los castro-comunistas.

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El comunismo en Cuba nunca existió, eso fue un invento y un oportunismo de Fidel Castro.
El socialismo, el comunismo, el nacionalismo, los gobiernos de izquierda y todo lo que se les parezca son doctrinas y movimientos condenados al fracaso, pura utopía, absolutamente probados a lo largo de la historia en muchos países, continentes y el estómago de miles de millones de sus habitantes.
El partido único, el líder eterno e “invencible”, los enemigos externos y abusadores, los “mercenarios internos”, el adoctrinamiento, la efectividad de la policía secreta, los órganos de vigilancia a todos los niveles, la propaganda nacional e internacional asquerosamente manipulada, el férreo control de los medios de información masiva y el lavado de cerebro entre otros muchas aplicaciones son muestras de que, en el fondo, es solo una doctrina que pretende el control de la sociedad y la permanencia eterna en el poder, generalmente dinástica.
En el mismísimo 1959 Fidel Castro debió convocar elecciones libres y reivindicar la Constitución de 1940 tal como había prometido (por cierto una de las más adelantadas de su época). Permitir que los cubanos, a través de las urnas, decidieran el futuro del país y salvaguardar la tranquilidad ciudadana porque tenía el control del ejército.
Una de sus primeras maniobras políticas fue la nacionalización de las propiedades de compañías y ciudadanos norteamericanos en la Isla, provocando que el gobierno de Estados Unidos decretara la Ley del Embargo Económico, acción que le vino como anillo al dedo pues se inventó la excusa que necesitaba para desbordar la histeria de las masas y convertir a los cubanos en fieles repetidores y seguidores de sus disparates.
Los soviéticos ni cortos ni perezosos le ofrecieron “ayuda preferencial”, si me pides el pesca’o te lo doy, dándole cierto poder para desarrollar su guapería antinorteamericana que le sirvió además para ganarse cierto reconocimiento internacional y de paso poner al mundo al borde de un desastre nuclear. En esos convulsos días nací yo, me contaba mi madre que yo queriendo salir y ella pujando pa’ dentro porque así pensaba me protegería mejor: “el hijo de puta de Kennedy con sus discursitos y yo pariendo, ¿tú has visto que locura más grande esa?”
Entonces ser comunista era la solución perfecta para los intereses de gobernabilidad perpetua de este pandillero universitario y guerrillero sin heridas. Los recursos de los soviets y la aprobación de una parte de la opinión pública internacional le dieron las razones perfectas para usurpar el poder en Cuba, magistralmente solapadas, es a mi juicio el golpe de estado mas “fino” y efectivo en toda la historia de la humanidad.
Así se adueñó de Cuba. Mientras recibía el incuestionable, incontable y “amistoso” subsidio del campo socialista que le permitía, de alguna manera, sostener el país, ponía en práctica sus más disparatados e inefectivos “planes de desarrollo” que definitivamente llevaron a la ruina al país y a los cubanos.
El pueblo poco a poco fue despertando de tanta barbarie, incoherencia e inmovilidad, pero ya era tarde, nos había calado hasta el alma y con nuestra complicidad. Los órganos de impartir el terror estaban sobre nosotros, el poder jurídico, la administración total del país, todo, absolutamente todo, respondía a sus intereses y entonces nos dimos cuenta que de socialismo y comunismo nada, que tenemos sobre nosotros el gobierno más reaccionario, déspota y maldito que ha tenido Cuba durante toda su historia.

El barrio cubano, los CDR y los “guarapitos meapostes” de Fidel Castro. (I)

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Para nosotros los cubanos el barrio es fundamental. Nadie puede amar a la patria sin antes sentir y sufrir por ese pedazo de “tierra” que es el lugar donde nacimos y pasamos nuestras vidas o parte importante de ella.
No importa si es en la ciudad o en el campo, el barrio para los cubanos es la primera noción de vida, pertenencia, ilusiones, sueños y país. Lo hicimos nuestro desde el mismísimo día en que nuestros padres nos dieron permiso para salir a jugar a la calle: “sal pero no te salgas de las esquinas”, marcándonos un área geográfica que, a partir de esos instantes, amamos incondicionalmente para toda la vida. Fíjese que cuando usted piensa en Cuba lo que le viene realmente a la mente es el barrio donde creció.
En la cuadra encontramos a nuestros primeros amigos, algunos después fueron los de siempre, otros fueron y vinieron dependiendo del camión de mudanzas de Roberto “el cojo”, también nos dimos los primeros puñetazos (si te dan les das pero aquí no me vengas llorando, yo parí un hombre…) y saboreamos los duro fríos de fresa inventada de la Gallega, les “robamos” los mangos a Eusebio y le gritamos insultos, y después nos mandábamos a correr, al chivato de Pedrito muerdelengua.
Pero los juegos eran deliciosos: a los escondi’os, al pega’o, al burrito 21, a policías y ladrones, al quimbe y cuarta, a la una mi mula, el papalote, al trompo, a la chapa, al taco y al cuatro esquina, sublime creación popular desencadenante de las más altas pasiones.
Recuerdo que en los apagones de mi infancia nos sentábamos en el portal, por el fresco nocturno, y armábamos historias para sobrellevar la oscuridad hasta que éramos sorprendidos por los gritos: ¡ataja rascabuchador, ataja…! Y se formaba el corre corre mas delicioso que uno, a esa edad, podía desear. Los hombres agarraban sus palos de linchar, las mujeres sus gritos y nosotros la inocencia, pero todos corríamos desaforadamente como si viviéramos los tormentos de un carnaval lúdico, era algo indescriptible. Por suerte nunca agarraron a ninguno de estos tipos porque el espectáculo hubiera sido horrible.
En todo barrio cubano que se respete hay un cine, digo, había, y era lo más lindo y fresco que alguien pudiera imaginar. En el cine de mi barrio vi por primera vez unos senos y unas nalgas de mujer sin ropas, cuántos sueños agitados en la soledad de mi adolescencia y en la oscuridad de mis rincones. Incontables e innombrables hasta que llegó el primer amor, el de verdad, el que se podía tocar con las manos, con los pies y hasta con el alma.
Y como siempre, para despertar, tan, taratan, tan, tan: “en cada barrio Revolución”.
Con el cuento de los mercenarios, los sabotajes, las bombas y los marcianos Fidel Castro inventó los Comités de Defensa de la Revolución. La organización más mortífera, divisoria de los cubanos, de doble moral, nido de ratas, informantes, instrumento represivo, odiosa, inútil, explotadora y maligna que alguien pueda imaginarse.
Continuará…

Los niños cubanos y la “felicidad” castrista.

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¿Son felices los niños en Cuba? No. No pueden. Es imposible. El problema es que la inmensa mayoría de ellos, incluyendo a sus padres, no lo saben porque están engañados, adoctrinados, manipulados y son utilizados desde las más tempranas edades para hacer el “juego politico” de una de las más horribles dictaduras en la historia de la humanidad. Esta es la más triste y cruel de las realidades que vivimos en nuestro país, lo creamos o no.

“A la rueda rueda de pan y canela…”

La primera prueba de mi verdad es esta: “Pioneros por el comunismo seremos como el Che”.

Los niños cubanos no tienen elección, tienen que decirlo, repetirlo y creerlo como si parecerse a este sátrapa fuera sabia vital para la vida o un pasaporte para “viajar” a una “mejor” moral revolucionaria. Pero pura mierda, el sátrapa y la moral revolucionaria. Puro bla, bla, bla inefectivo pero obligatorio en un pais donde es más importante parecer que ser.

Comunismo es una palabra fuerte, muy fuerte e inintelegible. Obligar a niños a repetir algo que no entienden es un crimen, pasa que al régimen no le importa en lo más mínimo afectarles su ingenuidad y la capacidad de cómo quieren pensar o decidir a quién realmente quieren parecerse: “que son sólo niños, coño, que no ves que no entienden lo que dicen”.

“Dame un besito y vete para la escuela…”

Yo siempre le digo a mis hijos que no tenemos que parecernos a nadie, en lo absoluto, ni siquiera a nuestros padres, que somos el resultado de experiencias vividas y aprehendidas durante la vida y que es nuestra elección decidir cuál es el camino a seguir para ser mejores o peores personas, de esto se trata, lo otro es imposición, abuso, lavado de cerebro, extorsión moral, ejercicio de poder, asesinar la espontaneidad y, la más cruel de todas, limitar la capacidad de elección de los seres humanos.

La segunda prueba es la Historia que nos eneseñan desde los primeros niveles en las escuelas.

Los comunistas han convertido en estereotipos de malos y buenos, de indios y cowboys, de milicianos y mercenarios, de croqueteros y gusanos, a cuanto hombre, mujer, país, sociedad, continente o planeta hayan tenido algún impacto en el devenir de la civilización humana, antigua o moderna, no les importa, mientras más moderna mejor para así poder compararlos con nuestro “invencible” y demostrar que la Tropicola era la mejor de todas y “que nunca se equivocaba” o se le iba la “efervecencia”.

Los niños en Cuba son envenenados diariamente con las doctrinas del comunismo, del socialismo y del castrismo. Lenta y sistemáticamente. Desde que van al círculo infantil (guarderías) tienen que digerir la imagen de Fidel Castro como el sagrado corazón de la patria, como al hombre a quien los cubanos le debemos la “bondad y la buenaventura” de nuestras vidas porque él, y sólo él, nos devolvió la libertad y la justicia.

“Si no quieres ir acuéstate a dormir.”

Y en tercer lugar porque los niños son quienes más sufren el deterioro moral y físico del país.

No hay forma de explicarles por qué vivimos a oscuras en interminables apagones, por qué el agua de tomar es caliente, muy caliente, y la de bañarse fría, muy fria, decirles que los juguetes son un lujo innecesario, que las chucherías son malas para la salud, que los grandes parques de diversiones que salen en las películas son para los contrarrevolucionarios y “tomate la sopa que es lo único que hay para comer y apúrate que tienes que ir al mitin de repudio”.

No, no y no, basta de cuentos “infantiles”, mientras no cambiemos lo que es elemental para la vida, lo justo para que los cubanos podamos elegir cómo queremos ser y pensar sin tener que abandonar nuestra tierra, entonces nadie podrá ser feliz en Cuba, mucho menos los niños. Lo otro es puro espejismo y bla, bla, bla de esa dictadura y de sus croqueteros castristas.

Ricardo Santiago.




Gracias al “bloqueo” que me ha dado tanto…

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Yo me imagino que así parafraseaban Fidel Castro y su pandilla la hermosa canción, por los pasillos del Comité Central, en la soledad de las madrugadas, mientras contabilizaban y amasaban sus incalculables fortunas.
Pero el cubano tiene sabiduría natural, no se le puede engañar todo el tiempo.
En Octubre de 1960 el gobierno de Estados Unidos impuso un embargo económico y comercial a Cuba “como respuesta a las expropiaciones por parte del nuevo gobierno revolucionario de propiedades de ciudadanos y compañías estadounidenses en la isla tras la Revolución de 1959. “
Más claro ni el agua. Como dice un amigo: “los americanos actuaron en defensa propia”. “Si me das te doy”.
No voy a cuestionar ahora la legalidad o no de las nacionalizaciones ni de las leyes impositivas por parte de los gobiernos, eso es un asunto jurídico, pero lo que si voy a aprobar, porque es de elemental sentido común, es que si usted expropia entonces indemnice. Es lo más natural y lo más decente del mundo, al margen de patriotismos exorbitados y nacionalismos izquierdistas incontenibles.
Fidel Castro es un tipo agresivo, es su naturaleza. Maquiavélicamente le dio vuelta al término embargo, lo convirtió en bloqueo y no los empujó como purgante revolucionario, repetido y repetido hasta la saciedad, donde sea, “que lo digan los nacidos y los que están por nacer”, los cancilleres, los altos funcionarios, los babosos oficialistas y los lameculos de pacotilla, todos, absolutamente todos “hasta que terminemos convirtiéndolo en el vocablo más importante y venerado de la Revolución”. Yo digo que sólo faltó incrustarlo en la bandera de la patria para que a nadie le quedaran dudas de: “nosotros las victimas ellos los hijos de puta”.
El embargo existe, es real, es férreo y no perdona.
¿Nos lo merecemos los cubanos? Los de pueblo pregunto. Los que nos hemos reventado el alma para dar luz a nuestras familias, los que andamos y desandamos las calles en busca de un pedazo de pan y de vida para nuestros hijos, los que miramos y miramos y no vemos el horizonte o los que luchamos contra viento y marea para no terminar como mi amigo Arnaldo. ¿Lo merecemos? Repito.
La culpa del embargo norteamericano contra Cuba la tienen los comunistas, pero claro, les vino como anillo al dedo. Fue la justificación perfecta para esconder y tapiñar toda su chapucería revolucionaria, la falta de gestión económica, la poca cultura al trabajo, la mediocre iniciativa gubernamental, la politización de la sociedad, el desinterés, la apatía productiva y mientras tanto el país cayéndose a pedazos y consumido por la más profunda miseria.
No, basta ya de tantos cuentos, si nos “bloquearon” entonces debiste buscar soluciones, desbloquear tu odio y tus rabietas, debiste hacer lo que fuera necesario para que CUBA no padeciera por tus caprichos y tu soberbia, para que el cubano no sufriera tanto dolor mientras tú y tus secuaces se enriquecen a trocha y mocha amparados en el “sagrado” escudo del “bloqueo económico”.
Y si importa, y algún día la historia o Forbes los desenmascararan.




Los ancianos cubanos y la barbarie castrista.

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Ser un anciano en Cuba es, definitivamente, una actitud ante la vida. Triste pero cierto. Cruel pero real.
Tengo una amiga deliciosamente cínica que dice que ser viejo en Cuba es una maldición. Hasta cierto punto le doy la razón, pero este es un tema, para mí, de los más delicados y no puede tomarse a la ligera porque ellos, entre otras miles de cosas, son la verdadera memoria viva de la nación y de los horrores del castrismo.
La historia ha demostrado que el comunismo es enemigo de la “memoria”, la ha perseguido con saña tratando de borrarla porque según ellos el futuro es mejor y el pasado una lacra.
Los ancianos en Cuba sufren y mucho. Parte el alma verlos y sobre todo oírlos.
Cuando yo era niño los viejos de mi barrio hablaban de la época de Batista y los ojos les brillaban y el rostro se les iluminaba pero terminaban sus anécdotas con: “ahora con la Revolución es mejor…” y miraban para todas partes. En realidad nunca pude entender esta dualidad de sentimientos en una misma historia porque me parecía insólita tanta abundancia con un gobierno tan asesino, cruel y déspota como el de Fulgencio. Menos a uno que hacia jarritos de metal y le decíamos Caballo, ese era el único no se escondía para decir: ahora todo es una mierda, estos comunistas van a acabar con el país, ese Fidel Castro es un hijo de puta, etc, etc, etc, hasta que un día no lo vimos más.
Y sucedió que los jóvenes que entregaron, en los 60s, 70s y en los 80s, con tanta pasión y alegría el alma y sus vidas para “construir la patria socialista”, “el país más prospero de América Latina”, “con el nivel de vida más alto del mundo”, son ahora los viejos de este extraño e ininteligible comunismo-militar-capitalista de estado. Los jodieron, los utilizaron, los exprimieron y los abandonaron. Por eso hoy cada anciano que vive y muere en total miseria, abandono, desnutrición y enfermedades es únicamente responsabilidad del gobierno cubano.
Los ancianos en Cuba son maltratados, ofendidos y lastimados por todas partes. El gobierno les “otorga” una chequera que no alcanza para nada, un miserable retiro que más que todo es un verdadero castigo, no tienen medicinas, el sistema de salud es un farsa, las condiciones de vida, la alimentación y el merecido descanso una burla, sólo basta con mirarle el brillo de los ojos y la expresión de sus caras cuando hablan, cuando recuerdan y cuando callan.
Y yo pregunto: ¿Será que el “máximo nonagenario ilustre” de la nación vive de una exigua chequera?