Recuerdos de Cuba No. 6. Prohibido olvidar. “Los amores en el socialismo”.



En Cuba los amantes “enamorados” pasábamos las mil y tres noches para poder consumar las calenturas del cuerpo y los tormentos del alma. Me refiero específicamente a quienes no teníamos un espacio propio para dar riendas sueltas a ese sentimiento que, dicen, es el más universal de todos y que cuando no es liberado como Dios manda nos provoca un “dolor” del carajo…
Los cubanos después de 1959 con todos esos inventos castro-comunistas de la Reforma Urbana, esta es tu casa Fidel, los Comités de Defensa de la Revolución vigilándolo todo, el hacinamiento urbano, varias generaciones conviviendo en la misma casa y la pérdida total de la intimidad “individual” que dio paso al colectivismo revolucionario, tuvimos que “agenciarnos” nuestros propios espacios para poder “amar al ser amado”.
Así dimos riendas sueltas a nuestra imaginación e inventamos los “amores” de manigua, de solares yermos, de esquinas oscuras, de portales discretos, de construcciones abandonadas, de Centros Deportivos sin guardias nocturnas, de parques sin farolas porque un día de paseo una señora con su sombrero las rompió todas, del diente de perro de las costas de la ciudad y de cuanto espacio físico, con techo o a la intemperie, estuviera, aunque fuera un tilín, protegido de las miradas indiscretas.
Pero había otros, los llamados Albergues INIT, más conocidos por el pueblo como Posadas, verdaderos centros “matapasiones”, vivo reflejo del socialismo por la decadencia, la falta de higiene, ausencia total de la necesaria discreción y de las condiciones reales para “gozar” a plenitud el amor, donde lo mismo podías contraer una enfermedad o que te “miraran hueco”.
Aun así había Posadas muy populares y concurridas como las de La Playa de Marianao, la de 11 y 24 en el Vedado o la de Vento en La Víbora. Lugares donde tenías que hacer unas colas larguísimas y donde, por mucho que trataras de ocultar a tu pareja, por aquello de “siempre hay un ojo que te ve”, irremediablemente te encontrabas con algún conocido que, al día siguiente, hacia pública tu escaramuza amorosa.
Pues en este orden recuerdo que cierta vez, estoy hablando de principio de los 80s del siglo pasado, una noche, un amigo mío del barrio, huyéndole precisamente a la indiscreción criolla, se fue con una amiga a una Posada ubicada en otro Municipio habanero bien distante de nuestra “zona de confort”.
Todo iba perfecto, la cola avanzaba lenta pero “segura”, la oscuridad del “pasillo” propiciaba la intimidad necesaria para algunos apretones, besos y abrazos “de calzoncillos”, hasta que los faros de un automóvil que entró al parqueo de aquel Albergue socialista, iluminó por completo a mi amigo, a su amiga y a la pareja que estaba delante de ellos.
Esta situación, muy normal en estos lugares, habría pasado inadvertida si mi amigo y la mujer de la otra pareja no se hubieran reconocido e hicieran visible: Mi amigo un exagerado rostro de incredulidad y la mujer una cara de terror digna de espanto hasta para el fantasma que recorre el mundo.
Pues resulta que mi amigo, por una de esas cosas del “destino”, pudo ver que la mujer de la pareja que estaba “marcada” delante de él era, nada más y nada menos, la esposa de un connotado dirigente del Partido Comunista que vivía en nuestro barrio, por lo que la vida le estaba dando el cubanísimo “placer” de ser testigo de un “delicado” tarro político.
No les puedo contar lo embarazoso de la situación, el caso es que el hombre que acompañaba a la mujer del comunista llamó aparte a mi amigo y con voz de complicidad le dijo: “Mira reconozco que esto es muy difícil pero te doy cien pesos para que guardes el secreto y no se lo digas a nadie”.
A mi amigo por varios días se le vio cabizbajo, circunspecto, como si tuviera algo muy grande atragantado entre pecho y espalda. Nos esquivaba y no acudía a nuestras acostumbradas conversaciones de esquina, se escabullía para no enfrentarnos hasta que una tarde lo vimos enfilarse para la casa del militante comunista, tocar la puerta, llamar a la esposa del tipo y decirle: “Mire compañera aquí tiene los cien pesos, se los devuelvo porque yo, de verdad, no me puedo quedar con eso por dentro…”.
Ricardo Santiago.



El narcisismo, la babosería y la retórica en los discursos castristas.



Solo los cubanos sabemos la monstruosidad, el desorden, el dolor en medio del pecho, la angustia y el desconsuelo que significan un hombre hablando sandeces, muchas horas seguidas, “encadenado” a todos los medios de comunicación de un país. Una experiencia verdaderamente devastadora, insoportable, torturante y atrofiante.
Para empezar debo decir que nunca en mi vida escuché un discurso de Fidel Castro, no pude, ni siquiera en mi etapa de “hombre nuevo-nuevecito” porque desde que tuve uso de razón entendí que ese “orador” compulsivo, carretonero, bla, bla, bla la bobería, largo por gusto, chusmo y populista no le hablaba al pueblo de Cuba sino que lo hacía para sí mismo.
Fidel Castro es el ejemplo más representativo, en toda la historia de la humanidad, del clásico fulano grandilocuente, egocéntrico y narcisista que habla para oírse, que disfruta su propia verborrea y que lo hace sin que le importe el cansancio, el desprecio, el rechazo y el asco que provoca en quienes, por una razón u otra, tienen que “disparárselo” calientico y sin azúcar.
En la vida real los discursos del “gran líder” de los mosquitos, perdón, de los Mosqueteros de Birán, eran una verdadera tortura nacional, un tormento diarreico de estupideces cargados de un profundo sadismo, atentado a la inteligencia humana, mentiras, menosprecio a sus semejantes, abuso de poder e incongruencias blasfemas dirigidas contra el pueblo cubano para sembrar el odio contra un enemigo ficticio y provocar la adoración a un hombre que, sin leer ni este papelito, era capaz de hablar horas y horas aunque repitiera una y mil veces las mismas porquerías.
¿Cuántos cubanos cayeron redonditos contra el asfalto, abrazados por un sol de Julio, al estar tantas horas de pie aplaudiendo esos discursitos?
Sí, porque esa es la otra, de las ocho horas de bla, bla, bla de cualquiera de aquellas interminables y criminales peroratas tres eran de aplausos, de “apasionados” y amaestrados aplausos con los cuales el público “demostraba” su devoción y su aprobación a los “ideales” de la revolución y al marcha que te marcha hacia un “adelante” con más de “profundo abismo” que de progreso social y económico.
Desgraciadamente de eso nos dimos cuenta cuando el daño ya estaba hecho y nos hundíamos en el fango hasta el cuello, la boca, la nariz y el pelo: ¡Ah y sin shampoo, sin jabón y sin pasta de diente!
Un discurso de Fidel Castro no es “real” sin su respectiva carga de vítores y loas. Nunca entendí en qué momento el pueblo cubano comprendió que había que aplaudir esas sandeces cuando lo único que hacíamos era alimentar el ego de un “pico fino” mentiroso y coercitivo que no escatimaba en insultos contra quienes no estaban con él, en arengas populistas para promocionar la improductividad de toda una nación y en crear un espíritu nacionalista que a la corta, a la del medio y a la larga significó nuestra propia desgracia.
Dice mi amiga la cínica que las generaciones de ahora se están educando con Internet y la tecnología inteligente pero que a los cubanos de los 60s, los 70s y los 80s nos formaron a base de discursos, arengas y la sin razón de un castrismo que nos uniformó y nos encasquetó a la fuerza la pañoleta del socialismo.
Yo siempre he dicho que ese sicario de la verborrea estaba poseído por algún extraño poder emanado de las entrañas del infierno, que solo así se entiende cómo este “misionero” de la maldad fue capaz de, con solo palabras gritadas y espantadas a los cuatro vientos, “activar” el espíritu de un pueblo y convertir a hombres y mujeres emprendedores en milicianos, guerrilleros, combatientes internacionalistas y luchadores defendiendo “ideales” sin sentido que solo sirvieron para convertirlo en uno de los hombres más ricos del mundo.
Yo digo, es más, estoy seguro, convencido y apostaría mi vida a ello, que la fascinación de los pueblos latinoamericanos por la figura de Fidel Castro se debe a que nunca tuvieron que esperar a que ese hijo de puta terminara de hablar mierdas para ver el capítulo de la novela del horario estelar, de ser así el socialismo del Siglo XXI habría sido otra cosa.
Por eso hoy los cubanos somos el único pueblo de este continente capaz de avizorar el mal que se avecina cuando vemos a cualquier comemierda de la “izquierda” subirse a una tribuna y vociferar, despotricar y gritar contra todo aquel que lo contradiga, “defender” a los pobres sin cuchara y tenedor y acusar al “imperialismo” de todas sus desgracias aunque este se encuentre a miles de kilómetros de distancia.
Ricardo Santiago.



Luis G. Domínguez: “…el amor por la justicia nos hace olvidar todo riesgo.”



Yo aseguro que hay hombres que nacen libres de cuerpo y espíritu, que luchan por la libertad y la justicia aunque otros se empeñen, sin éxito alguno, en ahogarles la vida y la esperanza.
Por Eso Me Fui De Cuba se inclina con respeto ante uno de esos hombres, ante Luis G. Domínguez, un cubano, un hermano, un patriota que nunca se doblegó ante la dictadura castrista por mucho que esta se ensañara contra él y su familia.

Por Eso Me Fui De Cuba: 1.-¿Quién es Luis G. Domínguez?

Luis G. Domínguez: Nací en Maternidad de Línea el 23 de Febrero de 1953. Me crié en la Plaza Cívica José Martí. En 1970 me negué ir al Servicio Militar Obligatorio y fui condenado a tres años de prisión. Al salir realicé estudios de técnico medio en economía del trabajo.
En 1991 comienzo a trabajar en la oposición y en el 92 soy condenado a siete años de prisión por “desacato” al Presidente del Consejo de Estados y propaganda enemiga, fui liberado a raíz de la visita del Papa Juan Pablo ll después de estar cinco años y medio encarcelado.

Por Eso Me Fui De Cuba: 2.-¿Por qué te fuiste de Cuba?

Luis G. Domínguez: Después de ser liberado, el 13 de Febrero de1998, comencé a trabajar en negocios particulares de los cuales fui suspendido por el Departamento de Seguridad del Estado con amenazas de retirarles la licencia a sus respectivos dueños.

Por Eso Me Fui De Cuba: 3.-¿Cuánto te marcó esa decisión?

Luis G. Domínguez: El destierro es algo bien difícil de superar cuando uno ama sus costumbres, es algo que está arraigado en el alma, eso pocas veces se supera.

Por Eso Me Fui De Cuba: 4.-Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Luis G. Domínguez: Cuando uno ama algo no mira las consecuencias ni el peligro, solo siente placer en su lucha, combatir la causa de la desgracia de nuestro dolor.

Por Eso Me Fui De Cuba: 5.-Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas, incluyendo a quienes defienden al castrismo: ¿Sientes algún temor?

Luis G. Domínguez: Temor siempre se siente cuando se combate contra asesinos, pero el amor por la justicia nos hace olvidar todo riesgo.

Por Eso Me Fui De Cuba: 6.-¿Extrañas a Cuba?

Luis G. Domínguez: Siempre se extraña lo que se ama. Pero también aprendemos a vivir de los recuerdos.

Por Eso Me Fui De Cuba: 7.-¿Cómo definirías el exilio cubano?

Luis G. Domínguez: El exilio cubano, como todo pueblo, es heterogéneo, pero ese exilio, del cual brota y se desborda todo el decoro humano, ese grupo de luchadores y héroes, son excepcionalmente insuperable e inmejorables.

Por Eso Me Fui De Cuba: 8.-Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esta unión es posible?

Luis G. Domínguez: Todos pedimos esa unión y es muy necesaria, pero yo realmente creo que más importante es el sacrificio donde podamos incrementar la desobediencia civil, cuando seamos muchos los que desobedezcan la unidad viene sola.


Cuando empecé a publicar mis “Por Eso Me Fui De Cuba” Luis G. Domínguez fue de los primeros cubanos en brindarme su apoyo. Hoy quiero reconocer públicamente a este amigo que me ha acompañado durante todo este tiempo y al cual le agradezco enormemente su solidaridad y su confianza.
Gracias Luis, hermano querido, que tu verdad sirva para despertar a quienes aun duermen el sueño de la mentira castrista. Mil gracias.



Nosotros los cubanos… Feliz 2018…



Nosotros los cubanos somos un pueblo noble. Nosotros los cubanos somos un pueblo alegre, unido, amistoso, solidario…
Nosotros los cubanos somos, como se dice en buen cubano, un pueblo chévere, sabroso, bacán…
Nosotros los cubanos somos un pueblo respetuoso, educado, cívico…
Nosotros los cubanos somos gente sencilla, dicharachera, campechana…, fíjense si es así que un jodedor cubano es lo más grande del mundo, es algo que no tiene comparación ni en este ni en ninguno de los mundos posibles.
Nosotros los cubanos somos un pueblo franco, honesto, juicioso…
Nosotros los cubanos somos personas emprendedoras, trabajadoras, dedicadas…
Nosotros los cubanos amamos con los brazos muy abiertos y nos reímos con carcajadas de infinitos decibeles porque nosotros los cubanos somos los tipos más desprejuiciados de la Tierra.
Nosotros los cubanos defendemos la familia, a los amigos, al vecino del barrio…
Nosotros los cubanos creemos en la justicia divina, en la de los hombres y en la de las mujeres.
Nosotros los cubanos tenemos un espíritu libre y democrático, creemos en el desarrollo, en el progreso, en la industrialización, en la tecnología…
Nosotros los cubanos somos un pueblo que queremos buenas relaciones con otras naciones, con todas, y no intervenimos en la vida de otros países. Nosotros los cubanos somos un pueblo que recibimos afectuosamente a todos aquellos que quieren vivir y compartir sus sueños con nosotros.
Nosotros los cubanos somos un pueblo de luz…
Nosotros los cubanos somos lo que somos porque tuvimos la suerte de nacer en la Isla más hermosa de este planeta, a la que amamos de corazón y a la que llevamos en el alma con sus olores y sus sabores.
Nosotros los cubanos, aunque Usted no lo crea, aunque Usted nos juzgue por estos últimos 60 años, somos un pueblo grande, somos el más grande de todos que, en este 2018, lograremos ser otra vez CUBANOS porque nosotros los cubanos somos un pueblo noble, porque nosotros los cubanos somos un pueblo alegre, unido, amistoso, solidario…
Ricardo Santiago.



Seni Cadre: “Se tiene miedo cuando se tienen dudas y yo no tengo dudas…”



Seni Cadre es un hombre que destaca sin ruidos, sin protagonismos exagerados, sin aspavientos de “luces y brillos” pero que tiene una idea muy clara, bien acertada, del daño tan tremendo que le ha causado el castrismo a la nación cubana.

Por Eso Me Fui De Cuba se “sienta” esta vez con este cubano sencillo, amigo, un vecino del barrio que nos abre su alma y nos dice, como siempre hace, esa verdad que no esconde y que es como un dardo afilado lanzado al corazón de la bestia.

1.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Quién es Seni Cadre?

Seni Cadre: Nací en Octubre de 1960 en una familia de pequeños propietarios que fueron nacionalizados por la Revolución de Fidel Castro. Como todos los cubanos de mi generación estudié obligado bajo esa ideología, pero mí aspiración siempre fue tener negocios de carbonería o tintorería, como mis abuelos. Puedes imaginarte cómo influyó en mi esa ruptura “revolucionaria” con las tradiciones de mi familia, por eso no es de sorprender cuando digo que el castrismo y yo nunca tendremos tregua, es algo más que una diferencia política. Aunque estudié Lengua y Literatura Inglesa jamás hable inglés con nadie, excepto con los norteamericanos anglos, la educación castrista nunca me interesó.

2.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Por qué te fuiste de Cuba?

Seni Cadre: No es sorpresivo, atendiendo a mis antecedentes, que en cuanto se me dio la oportunidad me marchara de Cuba sin mirar atrás.

3.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cuánto te ha marcado esta decisión?

Seni Cadre: En realidad no creo que me marcara mucho, soy exactamente la misma persona que vivía en Cuba hasta el 2000, tengo las mismas ideas que tenía allá, solo que aquí se comparten en Facebook y en Cuba se compartían en las tertulias del Café Cantante del Teatro Nacional, hasta que lo cerraron, por citarte un ejemplo.

4.- Por Eso Me Fui De Cuba: Es evidente tu posición crítica contra la dictadura de los Castro: ¿Por qué has decidido asumir esa actitud de denuncia?

Seni Cadre: ¿Por qué mi actitud anticastrista? ¿Es que existe otra opción? Cuando yo digo que no me meto en política, me refiero a que antes de 1959 mi familia no se metía en política, vivían tranquilos de su trabajo y sus negocios. ¿Quién polarizó la sociedad cubana con tanta propaganda política? Fueron los comunistas y los Castro. En Cuba, tanto como aquí, tienes que tomar partido, sería ilógico que yo fuese castrista.

5.- Por Eso Me Fui De Cuba: Indiscutiblemente tus publicaciones en las redes sociales tienen un impacto muy importante en la opinión de muchas personas, incluyendo a quienes defienden al castrismo: ¿Sientes algún temor?

Seni Cadre: Se tiene miedo cuando se tienen dudas, yo no tengo dudas, ninguna, el castrismo nunca fue una opción para Cuba, ni si quiera para los más pobres, si lo hubiera sido me callaría por respeto, pero no fue ni es así.

6.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Extrañas a Cuba?

Seni Cadre: Si, extraño mi barrio y la playa, muchos amigos han muerto y otros están aquí en Miami o en otras ciudades.

7.- Por Eso Me Fui De Cuba: ¿Cómo definirías el exilio cubano?

Seni Cadre: Exilio somos todos los compatriotas que hemos emigrado en diferentes épocas, sobre todo en estas seis últimas décadas en que ha sido masiva la salida de Cuba.

8.- Por Eso Me Fui De Cuba: 8.- Muchos pedimos a gritos la unidad de todos los cubanos como única forma de vencer al castrismo: ¿Crees que esta unión es posible?

Seni Cadre: Difícil pregunta esta… ¿Unión del exilio? Quizás yo no sea la persona más indicada para contestar esto, pero en mi opinión se necesitaría una fuerza aglutinante que uniera a todo el mundo en una idea fija, algo así como la serpiente que levantó Moisés a los israelitas en medio del desierto en tiempos bíblicos.

Por Eso Me Fui De Cuba: Gracias Seni por acceder sin condiciones a participar en este proyecto. Un gusto enorme tenerte entre mis amigos y una tranquilidad saber que en el tema de la Patria grande somos muchos los que coincidimos. Gracias hermano.



Feliz Navidad cubanos…



Feliz Navidad cubanos, que el amor a la vida nos ilumine el camino y en este 2018 gritemos unidos: ¡Cuba es libre!
Ricardo Santiago.



Recuerdos de Cuba No. 5. Prohibido olvidar. “Un Rey en mi barrio.”



Rey era el homosexual más famoso de mi barrio, y digo el más famoso fuera del closet, porque había otros que vivían con la puerta cerrada, trancada y clausurada aparentando ser muy hombrecitos, guapos y hasta comecandelas milicianos de la revolución, estoy hablando de los años 60s y los 70s.
Yo era un niño pero nunca olvidaré cómo sembraron en nosotros la homofobia, el rechazo y el desprecio hacia esos hombres de caminar “desparramado” y voz blandita, un sentimiento que debía caracterizar a todo revolucionario y mucho más si quería pertenecer a la juventud comunista.
El mensaje que nos daban en la escuela era que la revolución la hicieron hombres viriles que no admitían flojeras ni blandenguerías, de moral intachable, varones de pelo en pecho que hasta cagaban de pie porque los verdaderos revolucionarios ni se agachan ni se relajan, se empinan con el culo apretado, muy “apreta’o”, para construir una patria libre de lacras, malformaciones pequeño-burguesas y rezagos del capitalismo.
Con esos truenos, con ese suero ideológico transfundido en vena desde las más tempranas edades, al hombre nuevo-nuevecito de la revolución socialista de Fidel Castro, lo educaron en el odio, el desprecio y el rechazo a todo aquel de pensamientos, maneras o creencias diferentes a los “lineamientos” de la moral comunista y el cachumbambé de Vilma la federada.
Pero regresando al tema del Rey de mi barrio. Recuerdo que en esa época, digo los 60s y los 70s, ser homosexual “declarado” era como ser un apestado, un enfermo, un loco y un contrarrevolucionario.
A nosotros los muchachos la Presidenta del Comité (CDR) de la cuadra nos gritaba para que no jugáramos frente a la casa de ese “maldito” porque nos podíamos contagiar y luego no nos iban a dejar entrar en la escuela.
El de vigilancia del CDR le tenía la guerra declarada a Rey, lo denunciaba y le llamaba a la policía por cualquier motivo, incluso, dicen, fue quien preparó el informe para que se lo llevaran a cumplir trabajo forzado en uno de los tristemente célebres campamentos UMAP, de donde regresó más “jorobado” que “derechito como una vela” y cuando declaró públicamente su odio y su negativa a integrarse al proceso revolucionario de por vida.
Como no lo dejaban trabajar, por su condición “afeminada” y su actitud disidente, Rey teñía ropa “por la izquierda”, iniciativa por la que fue a prisión acusado de “actividad económica ilícita” y “peligrosidad social”.
La vida del Rey de mi barrio era un verdadero infierno. Otra “amenaza” a la que se enfrentaba constantemente era a que el “compañero” de vigilancia utilizaba, azuzaba, manipulaba a cierto “guapito de esquinas”, un mulato traba’o y “bronquero” que vivía frente por frente a Rey para que le diera golpes o le sacara “bronca” utilizando los más absurdos pretextos.
Rey se fajaba como un hombre, no le tenía miedo a pesar de las diferencias físicas, se enredaba a los piñazos de tú a tú con el guapetón por lo cual varias veces tuvo que ir al hospital.
Era un tremendo abuso, todo el mundo lo sabia pero nadie hacia nada, incluso cuando llegaba la policía se llevaban preso a Rey y le ponían una multa por desorden público, al otro, al que iniciaba las trifulcas, nada de nada, el de vigilancia lo defendía diciendo que era un compañero integrado que cumplía con las tareas de la revolución.
Una noche Rey no pudo más con las peleas, los golpes, las denuncias y el montón de multas que le obligaban a pagar. Le dijo al mulato guapetón que le invitaba a tomar un trago para hacer las paces y el otro, goloso como era al alcohol, aprovechó la oscuridad y que nadie estaba mirando para aceptar.
Dicen que Rey le puso algo a la bebida que el tipo se quedó profundamente dormido, le quitó la camisa, lo llenó de “chupones” por todo el cuello y el pecho y lo sentó en el portal para que amaneciera así, marcado y “sobado” a la vista de todos.
Cuando el abusador despertó ya medio “mundo” lo había visto con sus marcas de la “batalla”. El tipo vociferaba como un trueno que iba a matar al maricón, pero esa vez fue Rey quien se adelantó y llamó a la policía diciendo que su marido lo quería “asesinar”.
El mulato revolucionario, como es lógico, se desapareció del barrio. Dicen que el tipejo se fue para Camagüey donde tenía una tía, el caso es que nunca más se supo de él.
En Abril de 1980, cuando los sucesos de la Embajada del Perú en La Habana, Rey fue uno de los cubanos que logró colarse aquella misma noche. Recuerdo, como si fuera ahora, sus últimas palabras cuando salía de su casa en busca de la avenida para perderse en la multitud: “Me voy de Cuba porque Cuba me duele, me duele mucho…”.
Ricardo Santiago.



Raúl Castro: El eterno segundón “al mando”.



Raúl Castro es un tipo digno de lástima aun cuando merece todo nuestro rechazo, repulsión y asco. Raúl Castro es un personajillo hecho a la sombra de un gran fantoche, de un gran embustero y de un excelso manipulador. Es un tipejín sin personalidad propia, sin autoestima y sin el más mínimo respeto hacia sí mismo o por parte de los demás.
Y es natural. Raúl Castro creció y se formó a la sombra de un “páramo en flor”, de un ser que absorbía sin escrúpulos el alma de quienes les rodeaban y los soltaba como obedientes guiñapos humanos para que apoyaran, malas palabras en boca y puñal en mano, todas las sandeces, disparates, estupideces y mediocridades que salían de su podrido cerebro.
Yo siempre digo que Raúl Castro, de no haber tenido el hermano que tuvo, hubiera sido peluquero, modisto o poeta de una Casa de la Cultura, así de simple. Pero la parte maldita de la vida siempre nos depara algún camino torcido para tentarnos y desdibujarnos el destino.
Raúl Castro posee la clásica personalidad “amerengada” de los hombres flojos de espíritu. Bien pudo seguir a cualquiera de sus hermanas, incluso imitarlas hasta los límites de la confusión, pero, en cambio, en ese último segundo en que una decisión que tomamos nos cambia para siempre, se inclinó por “pegarse” al ser más diabólico que salió de unas entrañas de mujer.
Y lo hizo por miedo. Raúl Castro le tenía y le tiene pánico a su hermano el cambolero. Por causa de ese sentimiento fue capaz de soportar los escarnios, las faltas de respeto, los insultos, las patadas por el culo, los desafueros, las escupidas, los usos y desusos, las arbitrariedades y las manipulaciones más grandes de este mundo, infligidas en privado o en público por parte de quien se creía un señor omnipotente en la tierra y en el cielo y nunca escatimó ocasión para hacerle saber que era un segundón y un don nadie que solo subsistía porque a él le daba la gana.
Eso todo el mundo lo sabe y de ahí que nadie, conscientemente, respete a Raúl Castro.
Muchas veces el castro-mandante intentó quitárselo de encima pues sabía de la pata que cojeaba, lo apartó de su lado en la Sierra Maestra y lo envió a la región menos peligrosa del “frente de guerra” para que intentara forjarse un nombre y, sobre todo, un carácter como “militar” y “comandante”. Raúl Castro nunca entendió el verdadero mensaje y por miedo, y por esa baja autoestima que lo caracteriza, decidió fusilar, asesinar y matar a cientos de cubanos, por los más absurdos motivos, para ver si así se ganaba algún respeto, alguna consideración y algo de admiración por parte de quienes lo consideraban el eterno sumiso del Caraechichi de Birán.
Pero el tiro le salió por la culata y de mequetrefe, manso y obediente ejecutor de órdenes nunca pasó. Llegó a jefe del ejército y segundo de todas las cosas de Cuba por causa del nepotismo, del crimen, de quitarse del medio a todo aquel que le hiciera sombra y, por supuesto, porque Fidel Castro sabía que era el único ser en ese maldito entorno en quien podía medio confiar pues el anodino, el dócil, el debajo de la cama está el maja, el columpio morboso y el agáchate niña y vuélvete agachar de Raulitín nunca, pero nunca, lo traicionaría porque primero se cagaba en los pantalones.
Eso es Raúl Castro, en vida del otro solo sirvió para ejecutar sus órdenes y para levantar la mano del sátrapa y gritar viva Fidel en la Asamblea Nacional o en las caricaturas de ocasión donde valiera la pena hacerlo. Un desagradable y humillante oficio pero que este personajillo asumió con todo el estoicismo y la desvergüenza de una culebra y la insuficiencia de la que solo un enchufado puede alardear.
El pánico que Raúl Castro le profesaba al “líder” de las desgracias de Cuba trascendió la muerte del muerto y achicharra’o. Fue incapaz de enmendar en algo los desastres del desaparecido y a su vez incrementó la represión, la pobreza, el desamparo, el descaro y la humillación hacia todos los cubanos para que el mundo supiera que su sadismo e incapacidad son mucho mayores.
Pasa que el daño a Cuba y a los cubanos está hecho y nada ni nadie lo podrá cambiar, ni siquiera la historia, que solo recogerá, si alguien se acuerda de escribirlo, el paso de este segundón que pinchó y cortó porque vivía apendeja’o y porque ansiaba que alguien le mostrara un poco, un poquito de respeto.
Ricardo Santiago.



¿Es gratis la asistencia sanitaria en Cuba?



Nadie en el mundo quiere enfermarse, que le dé un dolor o que le ataque un virus.
Nadie en su sano juicio quiere estar ingresado en un hospital, asistir a cualquier entidad sanitaria por una urgencia o sencillamente hacerse análisis de sangre, pipi o caca.
Pero enfermarse en Cuba, tener que ir a un hospital en Cubita la linda, Cubita la hermosa, hacerse un simple análisis de cualquier “elemento” en un Policlínico cubano o tener que adquirir algún medicamento para los males del alma y el cuerpo, estoy seguro que mucho, pero muchísimo menos.
En Cuba cuando las personas se enferman se enferman dos veces. Una del “mal que nos aqueja” en sí y la otra del estrés que provoca ingresar en un hospital y enfrentar la medicina de “campaña” a la que ha obligado esa dictadura virulenta a todos los cubanos. Una verdadera medicina de tiempo de guerra, con hospitales destruidos, escasez de lo más elemental para el sana, sana, culito de rana y un alto por ciento de improvisación por parte de los especialistas que quieren devolverle un poquito de vida al cuerpo de los cubanos.
Aun con la gran campaña orquestada por Fidel Castro, y mantenida por la propaganda castrista, desde hace más de 50 años, de que nuestro país es una potencia médica mundial, la realidad objetiva, la concreta, la Dipirona que está en falta, es que el cubano de Cuba, el hombre y la mujer humilde de pueblo, cuando se enferman, cuando tienen la más mínima dolencia, miran al cielo y suplican porque en Cuba, en la “potencia sanitaria del comandante en jefe”, se entra a un hospital por una cosa y se puede salir con muchísimas otras.
Este es uno de los temas más sensibles sobre el que se puede escribir. Duele hacerlo. Y lo hago desde la razón y la experiencia que viví cuando mi madre enfermó y la hospitalizaron en el Hospital Clínico Quirúrgico de 26, en la capital cubana.
Historias y vivencias como la mía existen muchas, montones, cada cubano tendrá su opinión porque es muy difícil salir ileso, a nivel del alma, digo, cuando se ha tenido a un familiar, a un amigo querido o simplemente a un conocido ingresado en un hospital cubano de los que dicen ser gratis y “para el pueblo”.
Los ojos son para ver, el cerebro pa’ pensar y la vergüenza para no tener que mordernos la puñetera lengua…
La asistencia médica en Cuba es, según el castrismo, “gratuita”. Digo asistencia médica porque la salud es otra cosa y esta, en nuestro país, sale más cara que el carajo. Estar totalmente sano en Cuba es una realidad virtual.
Ahora reitero una pregunta que formulé en un artículo anterior: ¿En una ciudad como La Habana, que quintuplicó su población desde 1959 a la fecha, cuántos hospitales ha construido realmente la dictadura castrista para el pueblo? Me gustaría que alguien me ayudara a nombrarlos.
Como no soy un especialista en este tema, en realidad de muy pocos o ninguno, trataré de referirme de forma general a los que considero más importantes desde mi punto de vista: la salud física y la salud mental.
“La salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psíquico y social. Afecta la forma en cómo pensamos, sentimos y actuamos cuando lidiamos con la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con otras personas y tomamos decisiones…”
Es obvio que en Cuba, para gran parte de los cubanos, este aspecto está bien jodido, no puede existir una buena salud mental cuando se tiene que sobrevivir diariamente, en el exacto sentido de la palabra, desgastándonos en la búsqueda de lo más elemental como son los alimentos para nuestras familias y nuestros hijos.
Salvar la vida en Cuba es una tarea titánica, enfermiza y muy dolorosa. Un reto a la salud humana de la que no escapa nadie pues el cubano no ha terminado de meterse el último bocado de “algo” en la boca y ya está pensando, o tirándose a la calle, para conseguir el próximo.
No es justo, así cualquiera se enferma, y la verdad “verdadera” sobre este tema sólo la tiene el pueblo de Cuba, ese pueblo al que se niegan oír y sólo utilizan para orquestar y hacer sonar las campanas ideológicas de un socialismo “bueno” para venderle al mundo que Cuba es una potencia médica mundial a la par de Estados Unidos y Canadá, por citar solo dos ejemplos.
Solo el cubano de a pie sabe de qué estoy hablando.
Continuará…
Ricardo Santiago.



Evo, la manzana, los “Adanes” y el “paraíso” castrista.



Cada vez que veo a un representante de las minorías oprimidas, maltratadas, abusadas y olvidadas llegar al poder esgrimiendo el discurso del socialismo, la izquierda internacional, el antiimperialismo y la muela virulenta contra el capitalismo y los Estados Unidos a mí se me ponen los pelos de punta.
Y es que ese cuento lo hemos visto repetirse unas cuantas veces, es decir, los “Adanes” del castrismo gritando festinadamente “a favor” de los pobres, la histeria en contra del orden establecido, los apasionamientos proletarios, camaroncito duro sácame de este apuro, el poder del pueblo ese sí es poder y esto es socialismo y lo demás es bobería, para luego sumir a esos pueblos en la más absoluta pobreza, en una inflación que vuela por las nubes, una deuda que si te digo no me lo vas a creer, insalubridad, hambre, desesperación y a quienes la implantaron, a quienes llegaron al poder engañando y mintiendo con que lo hacían en nombre de los trabajadores y para transformar la sociedad en algo justo y sublime, convertidos ellos, sus familias y allegados, en desvergonzados multimillonarios con enormes fortunas extraídas de los erarios públicos de sus respectivos países.
En la vida real hace tiempo estoy por comentar sobre este triste personaje del panorama social-bullanguero-marxista latinoamericano, el tal Evo Morales, un masca la tuerca, perdón, masca la coca devenido en presidente por obra y gracia del castro-chavismo, sus acólitos y el petróleo venezolano. Confieso que no lo había hecho porque me dominaba una rara sensación que iba desde la lástima, la incredulidad, el desprecio hasta el asco.
Quiero dejar bien claro que yo apoyo incondicionalmente la lucha de las minorías, cualquiera que estas sean, mientras sus reclamos sean coherentes, lúcidos, inteligentes y legales.
Pero es que lo de este sujeto no tiene nombre en la historia, sus estupideces trascienden los límites de la razón y se pierden en los mares de la vergüenza ajena, así de simple.
Yo digo que se puede ser mediocre en algunos aspectos de la vida porque no siempre se tiene la inteligencia necesaria para afrontar determinadas situaciones, pero lo que si no es admisible es que la mediocridad domine totalmente nuestra capacidad para no permitirnos saber cuándo es preciso callarnos la boca para no hacer el ridículo.
El castrismo, si nos fijamos bien, lo que hizo fue promover, en su afán por expandir esa ideología de mierda por toda América Latina, a personajillos medio limitados mentalmente, monigotes fáciles de manipular y ningunear y así hacerle creer al mundo que el socialismo del Siglo XXI era una realidad existente y una elección de los pueblos que quieren un “mejor” porvenir.
El caso que nos ocupa es el clásico ejemplo de manipulación extrema para convertir a un don nadie en presidente de un país. Para nadie es un secreto que el aparato de inteligencia cubano estuvo metido de lleno en la fabricación de este “líder” indígena, un hombre con más sustancia alucinógena en su cerebro que materia gris y a quien el comandante pajarito cantor de Venezuela ridiculizaba constantemente en público provocando que, hoy por hoy, por esas y otras muchas cosas más, a este infeliz nadie lo tome en serio.
No me voy a detener en cada una de las barrabasadas de la vida y obra de este aspirante al choteo del siglo, con el pollo y los homosexuales basta, pero si me voy a referir a cómo se ha prestado para el concubinato con los Castro de Cuba idiotizado por la creencia de que el “paraíso” socialista existe y formando un eje del mal enfrentados a toda la lógica y el progreso de la humanidad.
Evo Morales ha devenido en un dictadorzuelo que solo persigue la reelección en un puesto que le queda grande. Un cargo para el que nunca estuvo preparado pero donde ha visto que puede hacer mucho más que “mascar” pues ha llenado su “barriga” con todos los manjares que detenta el poder.
Evo Morales mordió la “fruta prohibida”, se empachó “eternamente” y necesita unas cuantas cucharadas de Novatropín.
El pueblo boliviano esta hastiado de este hombrecillo. La corrupción en el país los ahoga, el famoso socialismo del Siglo XXI los ha llevado a ninguna parte y necesitan un cambio urgente, alguien con ideas nuevas que no sea tan servil, tan entreguista a los dictadores de La Habana y que entienda que la democracia se logra con la participación de todos, de absolutamente todos.
¡Hágase la luz para Bolivia y su gente!
Ricardo Santiago.