El castro-comunismo: Un monumento perpetuo a la mediocridad humana.




La malevolencia, la perversidad y el ensañamiento de los comunistas para permanecer en el poder no tienen límites, cuando muerden una “presidencia” no la sueltan y hay que darles candela como al maca’o para que salgan de su “santa cuevita” o de los Palacios de Gobierno en los que se anclan y a los que convierten en sus guaridas, bunkers, monasterios del terror o “casitas de caramelo”.
Al final del cuento que ni ellos mismos se creen los comunistas son los tipos que más envidian la democracia, por eso le tienen tanto odio, miedo y tratan de silenciarla aunque tengan que masacrar por cualquier vía, es decir, racionamientos, hambre, prohibiciones, limitaciones, represión, “crimen y castigo” a todo un pueblo.
A estos pandilleros de “la igualdad social” no les van ni las consultas populares, ni los plebiscitos y muchos menos las elecciones libres con más de un candidato. En la práctica se niegan al escrutinio popular porque saben que siempre pierden, la historia lo ha demostrado porque por donde quiera que pasen dejan una estela de destrucción, miseria, hambre y opresión.
Los gobiernos comunistas arrasan con las economías, la vida, las calles, los edificios, la salud, los estómagos y con los países completos si les dan la oportunidad, de ahí que tarde o temprano los pueblos se harten de ellos y terminen por cogerles asco. Ruski, ruski, parraski, parraski…
El comunismo es una ideología siniestra, si es que se le puede llamar ideología a esa mierda, es la más nefasta, intransigente, aterradora, fantasmagórica y cruel de todas las ideologías porque sencillamente no existe, es etérea, divaga en el ambiente como los olores nauseabundos, es un invento, un cuento “chino”, es una mala interpretación de una conversación de cafetín del Siglo XIX, hecha a conveniencia para que algunos gobernantes “pícaros”, con algo de inteligencia y mucho de maldad, permanezcan en el poder por los siglos de los siglos, haciendo lo que les de la gana, enriqueciéndose en un dos por tres y permitiendo la fiesta del roba-roba, las cogiocas universales, la eternidad de las vacas flacas y el saqueo a los erarios públicos nacionales.
El comunismo fue la indecencia mental de dos burgueses medio oportunistas, u oportunistas y medio, que quisieron llamar la atención con teorías de plusvalías bochornosas y proletarios del mundo uníos para no tener que trabajar, sudar la gota gorda o mojar la camisa como es menester de los hombres honestos, de ahí que sea una ideología que promueva la improductividad, el atraso y la involución de las “especies”.
La “propiedad social sobre los medios de producción”, la más cacareada de todas las leyes marxistas y que al final es la mayor mentira de los comunistas, no existe, porque en la vida real la “propiedad” es propiedad única y exclusiva del gobierno, quien además la mal administra y la batuquea como le da la gana, despilfarrando los recursos nacionales y generando una improductividad ilógica que no hace más que repartir entre la mayoría del pueblo un hambre, una sed y una necesidad del carajo, así de simple.
El pueblo cubano nunca fue ni comulgó con las ideas del Partido Comunista antes de 1959. Para los cubanos “comunismo” era como la defecación de la alegría y todo lo contrario de cuanto necesitábamos como nación. Por eso no pasaban de ser un piquete de desafectos y facinerosos. Esta organización estaba integrada por dos o tres sindicalistas protestones y unos cuantos agitadores compulsivos que no eran bien vistos ni seguidos por el resto de la población. Al menos esto fue lo que siempre me contaron los viejos de mi barrio.
Yo soy un anticomunista a ultranza, es evidente por las cosas que digo y porque no me escondo, aunque ser anticomunista, oponerse a la dictadura castro-comunista y denunciar las barbaridades de ese régimen, es mucho más difícil y agotador, porque en la práctica, para ser lo otro, es decir, ñangara, adulón, lamebotas, cómplice o chivatón del régimen de La Habana, sólo hay que gritar donde te oigan “Yo soy Fidel” y no decir, denunciar o hacer nada que perjudique, ni con la puntica de un papel sanitario usado, a la dictadura de los Castro and Son S.A.
Ricardo Santiago.