Cuba: La revolución del sirope, el pan con pasta y el “cuartico está igualito”.




Definitivamente a la revolución de los Castro, y digo de los Castro porque fueron los únicos que de verdad se beneficiaron con tamaña monstruosidad social, política y económica, se le puede llamar de muchas formas, de infinitas maneras.
Por ejemplo: pudiéramos decir que es la revolución del cachumbambé la vieja Inés, de la guagüita de San Fernando, la revolución del ocho te pongo el mocho o del nueve te lo quito y te lo voto, la revolución de la chivatería, de los vigilantes vigilados, la revolución de la “jama” abstracta, de las promesas incumplidas, del vaso de leche vacio hasta el fondo, la revolución del “si tú me lo das por qué me lo quitas”, de pican pican los mosquitos con tremendo disimulo, la revolución del reverbero, de la lycra con chancleticas de mete de’o, de la chusmeria, la chabacanería, de las mentiras eternas, de la usura ideológica, del boniatillo sin coco, de la raspadura está perdida y del ¡hasta cuando coño, malditos sean estos comunistas!
Yo soy partidario de que cada cual recibe el nombre que merece por la actitud que asume ante la vida y, sobre todo, por cómo interactúa con ella y con el medio que le rodea.
Para nadie es un secreto que la revolución comunista, palanganera, retrograda y reaccionaria de los hermanos Castro constituye el mayor absurdo, entre otras muchas cosas verdaderamente terribles, que ha azotado, como plaga de las tinieblas, a nuestra querida Isla de Cuba.
He dicho todo esto, me he excedido en epítetos “gloriosos” sobre esa dictadura “revolucionaria”, o como quiera que se llame, porque pienso que cuando un “gobierno” está más preocupado por el “enriquecimiento” de sus ciudadanos, asustado ante la iniciativa no estatal de los emprendedores, temeroso de que el pueblo sea capaz de generar sus propios ingresos y reprime y reprime sin valorar los beneficios económicos y sociales que representa la propiedad privada “sobre los medios de producción” para cualquier país, entonces esta administración deja de ser un gobierno y se convierte en una dictadura de mierda.
Indiscutiblemente esa es la esencia de la llamada revolución que inventó en Cuba Fidel Castro en 1959, para mí fue más una algarabía mediática que otra cosa pues de revolución social de los humildes y para los humildes puro cuento y justificación para matar, robar y asegurarse la eternidad.
Pero bien, la coacción a las libertades creativas del pueblo para que no pueda agenciarse su propia economía no es noticia fresca. Desde la década de los 60s la persecución a la pequeña propiedad privada en Cuba fue una obsesión de los comunistas encabezados por Fidel Castro.
La metralla castrista desató un control excesivo sobre los cubanos para que estos no pudieran pensar con luz propia, no pudieran generar su propia economía, asumir una independencia diferenciada de la ofrecida por el Estado y desvincularse de la miseria, el racionamiento y el hambre ofrecidos a granel por esa pandilla de descarados.
La genialidad creadora del individuo fue sustituida por los no se puede, eso no está autorizado, hay que esperar orientaciones de arriba, eso hay que consultarlo, el jefe esta en el baño mandando una carta, aleluya la patrulla, lo vamos a analizar en el núcleo del partido, ya lo elevamos a las instancias superiores, después te llamo y te digo, eso es diversionismo ideológico, ¡niña te enteraste!, estamos en contra de la burocracia, ¿eso es sarna o sarpullidlo?, el Micocilen está perdido y así cualquier justificación entorpecedora de la prosperidad y el progreso porque en verdad a esta plaga de malhechores lo único que les interesa es mantener al pueblo en la miseria, dependiente de las migajas que les tiran para que no se mueran en vida y que además “agradezcan”, como dice el poeta, como los perros…
La dictadura castrista no quiere a cubanos solventes económicamente porque sabe, mejor que nadie, que la solvencia es sinónimo de libertad y esa palabra, en Cuba, está prohibida hasta en los centros espirituales.
Por eso atacan con saña al cuentapropismo, les hacen una guerra sin cuartel, sicológica, de extorsión, de amenazas, fiscalizaciones y cuando no les parece suficiente les envían un ejército de “inspectores” corruptos que les chupan desde las ganancias hasta el bistecito que tenían guardado pa’l niño.
La dictadura castrista aprieta y ahoga, afloja sólo cuando le conviene porque esa inseguridad en la que nos obliga a vivir forma parte del gigantesco y asqueroso chantaje que ejercen sobre los cubanos.
Ricardo Santiago.



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