El destructivo huracán castrista y sus vientos de la eterna desgracia.




Creo que de lo que se impone hablar hoy es del terrible huracán que amenaza a nuestros hermanos y orar mucho para que la devastación que pueda causar en nuestra querida Cuba no sea peor a la que ha provocado la dictadura de los Castro en estos 58 años de amarga, maldita, miserable y devastadora existencia.
Cuando anuncian un fenómeno meteorológico de este tipo yo siempre pienso en los cientos de miles de cubanos que pierden todas sus pertenencias a causa de las condiciones tan deplorables en que viven y en la horrible indefensión que tienen para enfrentar un monstruo de tal magnitud.
El gastado cuento de los miles de evacuados que usa la dictadura para “cacarear” ante el mundo que a la revolución no se le muere ni un solo “tio”, todos sabemos que es pura y burda propaganda para engañar a los tres o cuatro imbéciles que aun creen que el socialismo es lo mas “bárbaro” que se ha inventado, que es el único sistema social que se preocupa por salvar a los humildes, a los necesitados, a los desfavorecidos y a los “pobres” poniéndolos a “buen recaudo” de los vientos huracanados y el agua pa’ Mayeya.
Pasa que quien hizo la ley hizo la trampa y mientras más “evacuados” exhiba la dictadura más reconoce las condiciones de precariedad en que vive gran parte del pueblo de Cuba.
¡Hay que ver cómo viven muchos cubanos en las provincias por donde siempre pasan los ciclones!
La inmensa mayoría aun no se ha repuesto de las catástrofes anteriores y, como un ciclo terrible de la vida que les ha tocado vivir, no salen de una desgracia para entrar en otra.
Yo puedo asegurar, jurar y acuñar que la mayoría de las edificaciones en Cuba, sobre todo las que no son de interés para el régimen, están en condiciones de derrumbe y no soportan lluvias de tres días como las que se mandan en el Trópico y con sus respectivos vientos de cualquier lugar.
Y es que la miseria provocada en Cuba por esa pandilla de rufianes y descarados ha traspasado los límites de la decencia humana y ha convertido a nuestra hermosa Patria en un país remendado, zurcido y apuntalado por sus cuatro costados. La ilusión que un día tuvimos la soportan hoy viejos horcones y carcomidas vigas de madera puestas de por vida para que no se nos caigan los techos encima y nos aplasten la poca mierda que nos queda.
Así viven muchos cubanos, muchísimos. Y me refiero a los que no pueden arreglar sus viviendas porque no tienen “ni un fula” y las instituciones dictatoriales los pelotean de aquí pa’lla y de allá pa’ca con el cuento del “bloqueo compañeros” y la falta de recursos cuando hay que ver la casa donde vive, por ejemplo, Mariela Castro y las comodidades que se gasta: ¡Hasta agua calientica seguro que tiene la muy cabrona!
Pero el pueblo humilde, el de las goteras en los techos, el de las ventanas y puertas desvencijadas, el de las paredes derruidas, las instalaciones sanitarias atascadas y, el que si tiene mucha suerte le llega agua fría, muy fría, de vez en cuando y de cuando en vez, ese es el pueblo que de verdad se enfrenta a los huracanes y los sufre, con estoicismo y resignación, desde que anuncian su formación por allá por casa del carajo.
Yo me imagino que ahora saldrán los castro-discursantes de las redes sociales y de mi Blog a decir que la revolución no abandona a nadie y que yo soy esto o lo otro, pero démosle un espacio en Internet a los verdaderos damnificados de los huracanes en Cuba para que expresen su verdad sobre la ayuda que han recibido de la dictadura y si en realidad han logrado recomponerse de estas desgracias. Los reto. No tienen que complicarse, solo salir a las calles y preguntar, sin coacción, la última vez que los llamaron para que fueran a recibir la ayuda prometida.
Aquí todo el mundo sabe que esa mierda de “gobierno” es especialista en manipular los promedios, los porcientos, las cantidades, los números y hasta las palabras. Para nadie es un secreto, fíjense las cifras del “sobrecumplimiento al cuatrocientos por ciento de la recogida de la papa en la pasada cosecha” y en los mercados cubanos no se ve ni un puñetero tubérculo de esos “cuatrocientos”.
La dictadura o la revolución o el socialismo o como a ustedes les resulte mejor llamar a esos malditos es una maquinaria de destrucción masiva mucho peor que cualquier fenómeno meteorológico. Al cubano de a pie solo le queda esperar y rezar porque los vientos de la desgracia no les arrasen lo poco que les queda porque lo otro, es decir, la libertad, la esperanza, las ilusiones, los derechos y los sueños, los Castro hace mucho que se los arrebataron sin tener que “soplar” ni un poquito.
Ricardo Santiago.




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