La “libreta de abastecimiento” castrista solo sirve para “marcar” el hambre de los cubanos.




Tengo un amigo que es el clásico jodedor cubano. Hace unos días me llamó y me dijo que si yo quería que él me comprara el pollo que le alcanzara la libreta que estaba marcado en la cola del mercado.
Les juro que en ese mismo momento yo estaba medio entretenido y por unas milésimas de segundos me puse a pensar dónde podía estar la puñetera libreta. Fue una breve divagación atemporal, una trampa de mi consciente adormecido, un lapsus “libretus” de los buenos, un pasaje turbulento de mi historial alimentario y un descuido de mi subconsciente reacio a dejar atrás una vida marcada por el racionamiento, la escasez, las colas tumultuarias y el último la peste y el primero…
Puede parecer, a simple vista, una tontería o una mala pasada de la memoria, pero lo cierto es que por mucho que algunos nos hemos alejado de las desgracias del socialismo aun nos quedan esos terribles fantasmas del castrismo aferrados a nuestra existencia.
Porque no hay nada peor para la vida de vivir, y esto se los puedo asegurar, que cuando todo lo que gira a tu alrededor está marcado por un numerito, una letra, un núcleo y un jefe de núcleo, una casilla para apuntar, que ya llevaste el arroz de este mes, que el aceite no ha llegado, esa jaba tiene un huequito, los huevos están muy apestosos o tienes la libreta hecha un asco.
Y es que solo un cubano puede entender el verdadero significado de esta monstruosidad. A primera vista pudiera parecer intrascendente, inofensiva y medio vulgar, hasta se dice que cabe en el bolsillo trasero del pantalón, que está hecha justo a la medida y la llevamos a todas partes como un pedazo indisoluble de nuestro cuerpo, portadora de nuestra inocencia y de nuestra fe en el futuro porque, en un principio, creímos en ella pues total: “es provisional, es solo por un corto tiempo, solo hasta que la revolución se enderece”.
El problema es que la libreta, oigan bien, CONTROL DE VENTAS PARA PRODUCTOS ALIMENTICIOS, ha estado pegada al alma del cubano por casi 60 años, ha sido como un miembro más de la familia por varias generaciones a quien hay que cuidar, “cuidadito no se te pierda”, a quien hay que salvar y proteger, incluso hasta le pusimos un forrito plástico y todo para que se mantuviera bella y esbelta porque sí, no hay nada más asqueroso y despreciable que una libreta mal cuidada, rota y churrosa porque, como dice mi amiga la cínica, la vida de los cubanos nace ahí, se desarrolla ahí y no muere ahí porque esos hijos de putas no la van a quitar nunca.
Pero no, no nos dejemos engañar, “la libreta” es el engendro mas diabólico impuesto por un régimen horriblemente calculador y malandrín. Aunque a usted le parezca inofensiva ha sido la mejor de las armas (e incluyo atómicas, químicas, de mediano o largo alcance, en fin, todas) para controlar a todo un pueblo, para doblegar a “las masas”, para acallar cualquier grito de rebeldía porque nos “organizaron” y administraron el hambre por casillas, nos obligaron a comer lo mismo mes tras mes, año tras año y vida tras vida, nos amenazaron con prohibirnos de su usufructo si no teníamos una actitud políticamente correcta, dispusieron de nuestro tiempo, esfuerzo y nos obligaron a hacer largas, enormes, descomunales colas y a sobrevivir en la constante vigilia porque: “si se acaba el pollo tienes que esperar al segundo envió” y tú mirando al carnicero y preguntándole: ¿ Y qué le doy hoy de comer a mis hijos? Y el respondiendo: Tengo unas cuantas libritas ahí, por la izquierda…
Nada, nada de nada, al final de este cuento tajada de aire pa’ comer porque el salario en Cuba no alcanza para estar saltando de izquierdas en izquierdas, y si no te gusta a protestar a la Oficoda, palabra que no existe en nuestra rica y hermosa lengua pero sí de sobra en la Isla que nos vio nacer: “Es la oficina de control para controlar el control de los alimentos controlados a los cubanos”.
Un engendro diabólico que no entienden ni los castristas, ni los turistas, ni, por cierto: ¿Mariela Castro tendrá libreta de abastecimiento?
Así que perdónenme pero de inocente nada, detrás de cada libreta de la revolución está el sufrimiento, el abandono, el hambre, el asco, la desnutrición, el miedo, las arcadas, el abandono y el control a cada cubano, porque si usted las mira bien, de cerquita, con los ojos del sentido común, vera que son muy parecidas a las marcas que llevaban sobre la piel, y en el alma, los hombres, mujeres y niños en los campos de concentración de la Alemania hitleriana.
Ricardo Santiago.




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