La tragedia de los cubanos se multiplica con los desastres naturales.




Terribles, espantosas, inconsolables, tristes, humillantes y dolorosas, muy dolorosas las imágenes que nos llegan de las zonas destruidas en Cuba al paso del poderoso huracán Irma.
No quiero ser pesimista, es más, quisiera equivocarme totalmente y que me acusen de mentiroso o de cuanto quieran, pero estoy convencido de que los cientos de miles de cubanos que lo han perdido todo, o casi todo, al paso de este destructivo fenómeno atmosférico, no se van a recuperar jamás de esta horrible desgracia.
Y es que la indefensión y el espanto les llegan por todas partes. A los fuertes vientos y las intensas lluvias que han tenido que soportar se les suman ahora la falta de esperanza, la impotencia, la desesperación y la angustia por intentar recuperar una “normalidad” que todos sabemos no va a regresar porque en Cuba, lo que se pierde por cualquier “motivo”, nunca vuelve pues el ciudadano común, el cubano que depende única y exclusivamente de su mal llamado salario, no tiene cómo reponerse de cualquier desastre que lo aceche.
Y la historia lo ha demostrado, no mi aversión al régimen castrista, no son mis palabras que están cargadas de “odio” contra el pueblo cubano como les gusta decir a los Castro-parlantes, es la experiencia de eventos anteriores la que ha demostrado, en estos últimos 58 años, que la imposibilidad del pueblo para recuperarse de los desastres es superlativa porque las “soluciones” que brinda esa inoperante dictadura son insuficientes y en la mayoría de los casos, en la vida real y en la que hay que vivir de verdad, inexistentes.
Para la dictadura castrista, como lo fue para Fidel Castro en sus “buenos” tiempos, todo es demagogia, propaganda socialista y un asqueroso mercantilismo ideológico que redunda en la idea de que la revolución es buena, el socialismo también, que los dirigentes están haciendo su máximo esfuerzo, que nadie quedará desamparado ante la miseria, que esta es otra de las acciones del imperialismo para doblegar a Cuba, que apriétense aun más los cinturones, quienes lo tengan, y que con el espíritu de Fidel saldremos “adelante” porque él nos guía hacia la victoria con su “rubí, cinco franjas y una estrella”.
Pura mierda, pura muela, bazofia panfletera, arengas cagalitrosas, palabras vacías, oraciones de alcahueteras, discursitos maniqueos, baba comunistoide, calzoncillos sin elásticos y una retórica cansina que nunca ha ayudado realmente a nadie, en todo este largo período de dictadura huracanada, a reconstruir lo destruido y a recuperar una decencia de vida que se perdió en Cuba el 1 de Enero de 1959.
¿Cuántos cubanos viven hacinados en albergues desde hace más de treinta, cuarenta e infinitos años, por diferentes causas, y nunca han recibido solución a sus problemas?
Yo siempre digo que la dictadura castrista ha jugado y ha apostado, durante todo este tiempo, a la mala memoria de los cubanos, a la excesiva manipulación con la que ha logrado someter las expectativas de todo un pueblo y a la brutal represión con la que ha controlado hasta la esperanza de vida de todos nosotros. Y es verdad, a eso apuestan. Apuestan a que en dos meses se les “olvide” todo a los “damnificados” pues al final llevan casi 60 años “adaptándose” al dos pasitos hacia adelante y diez hacia atrás en que ese cruel régimen dictatorial ha convertido la vida en Cuba.
¡Pero no se engañen odiados dictadores, a malvivir no se acostumbra nadie, solo resignación, una inercia incontrolable y un miedo atroz ante la brutal represión, en cualquiera de sus formas, que ustedes ejercen desde el poder sin ningún pudor contra los cubanos!
Recientemente hemos visto que Raúl Castro ha ofrecido una ayuda de diez millones de dólares a los Estados Unidos por los desastres naturales allí ocurridos. La “bondad” de este “gesto” está sujeta a muchas interpretaciones pues: ¿Cuántas familias en Cuba, y les puedo asegurar que son muchísimas, están necesitadas primero de esos dólares?
Independientemente de la solidaridad, que es necesaria, considero que Cuba y los cubanos ante todo, mi odiado General.
Estoy convencido de que muchos cubanos que vivimos fuera, e incluso en la Isla, queremos ayudar a nuestros hermanos que hoy sufren por esta tragedia natural e incluso por las anteriores. Solo que no queremos que nuestro aporte pase por las garras de la dictadura y sí a través de organizaciones internacionales de carácter humanitario que nada tengan que ver con el régimen de La Habana, que nuestra contribución llegue directamente a las víctimas y no se pierda en los vericuetos de la burocracia socialista y terminen en destinos irreconocibles, “centros de ventas” o recuperación de qué carajo sabe Dios qué…
Pero la dictadura lo quiere controlar todo, necesita hacerlo porque de eso depende y ha dependido su oprobiosa existencia durante todo este sufrido tiempo. Ha pretendido ejercer siempre un control absoluto sobre el destino de cuanto sucede en nuestra Patria porque temen que la espontaneidad, la solidaridad cívica natural de los cubanos, la capacidad humanista de los hombres y mujeres dignos de este mundo y la decencia de los sentimientos democráticos por encima de los dictatoriales, echen por tierra el cartelito de “la revolución buena” y demuestren que en realidad son una banda de incompetentes y una pandilla de ladrones, oportunistas y explotadores.
Ricardo Santiago.




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