La violencia del castrismo es miedo, un miedo infinito a la verdad y a la libertad.




El castro-comunismo, sus lacayos, sus imitadores y defensores compulsivos nunca van a aceptar la libertad como un derecho sagrado con el que nacen los seres humanos. Peor aún es que estos mamarrachos de la “jurisprudencia” piensan que existe una ley, un documento “solemne”, una “asamblea constituyente”, muchos guardianes de las puertas del infierno, miles de revoluciones sociales o un puñado de caudillos de ají “guaguao” que la pueden prohibir, mancillar o encarcelar.
La intolerancia de estos personajes los obliga a repudiar violentamente cada idea, persona o grupo que no encaje en su patrón de “razonamiento”, entre por el aro de su “socialismo”, asuma obedientemente su ideología, sus pachangas políticas o la excelsa habilidad que tienen para destruir cuanto les cae en las manos.
Para estos sujetos el “enfrentamiento al enemigo” se traduce en agresiones físicas o verbales donde predomina la histeria, el absurdo injurioso, la mentira, el odio, la difamación, las vulgaridades y la chusmeria a las que han convertido en “el arma principal” de su revolución. No existe un solo sala’o de estos que cuando abre la boca no le salga un poderoso torrente de pestilencias y excreciones de: ¡Vaya Usted a saber…!
El mejor ejemplo de esta actitud fue el mismísimo Fidel Castro. Este tipo siempre mandó, dispuso, dictó, ordenó y obligó, jamás sugirió, consultó, discutió o propuso. Fidel Castro se le impuso a Cuba y a los cubanos en la primera persona del singular y nos obligó a vivir bajo la siniestra sombra de sus caprichos, disparates y estupideces. El hermano, Raúl Castro, no entra en esa ecuación porque es un heredero de a dedo, un “mandamás” con sillón regalado, un General sin moral “combativa” y un hazmerreir victima eterna de “secreticos, secreticos son mala educación”.
El disco para los cubanos se nos ralló en “venceremos” y fuimos incapaces de dar un paso hacia adelante y mucho menos preguntarnos a quién carajo vencimos en realidad.
El castrismo es una porquería que no le conviene a nadie. Quien quiera suicidar su economía, su libertad y sus derechos que adopte esa ideología y esa forma de “gobierno”, en unos pocos meses verá a presidentes muy ricos, tracatanes, edecanes y sumisos más ricos y al hambre, a la miseria y a la destrucción doblando las esquinas de sus países y a la esperanza de vida metida en los cubos de la basura… así de fácil, rápido y sencillo.
Una sociedad violenta no necesita de “gaznatones y pescozones” públicos para que todos la señalen. Un país es violento, aunque este en aparente calma, solo por el hecho de que sus habitantes no puedan ejercer sus libertades y derechos como están previstos en la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¡No nos engañemos ni tapemos el sol con un dedo!
En un país comunista ninguna persona puede vivir “a su aire”. El control absoluto, la vigilancia, la censura, la autocensura y los dogmatismos de un “gobierno” violento y abusador cortan la respiración y la vida de sus habitantes y los programan para decir y repetir las sandeces más grandes que se pueda uno imaginar: “Sí, sí, todo está bien mi Comandante”, “Al imperialismo no le tenemos ningún miedo”, “La cebolla pica y hace llorar”, “Socialismo o muerte” o “Quítate de la línea Perico que ahí viene el tren…”.
Todos los seres humanos conocemos las malas palabras y a muchos nos gusta usarlas de vez en cuando, la verdad. Pero no todos sabemos ser decentes y saber que cada cosa tiene su momento, su espacio y que el respeto a la idea ajena es imprescindible aunque no estemos de acuerdo y, si no sabemos responder con elegancia, es mejor callarnos, hacer silencio y meternos la lengua en el…
Pero a los comunistas no les enseñan esto, todo lo contrario, los “ideólogos” de esa malformación espiritual inoculan en sus súbditos el castro-discurso y las acciones violentas, provocadoras, las respuestas ofensivas y los escándalos mas desagradables porque los argumentos para el debate se los tragaron diluidos en sopas aguadas y frías en trincheras de “ideas” con total ausencia de sentido común.
La conversación inteligente, el debate respetuoso, la palabra elegante, la idea sólida y bien argumentada y la actitud serena y calmada son asignaturas a impartir a estos elementos y recaderos que pululan por todas partes. Esta será también otra forma de combatir la contaminación ambiental y de luchar contra las consecuencias del “cambio climático”.
El mundo debe ser un espacio de paz, reflexión y de futuro bueno para nuestros hijos. Un lugar donde no todos tenemos que estar de acuerdo pero sí que seamos capaces de extender nuestras manos y: ¿Darle un gaznatón a la violencia?
Ricardo Santiago.




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