Los cubanos no necesitan arengas ni discursos, necesitan comida y ayuda.




Entonces ahora vienen las arengas del socialismo o muerte, los discursitos histéricos de la “victoria”, las consignas patrioteras de que nuestra moral es infinita, los aspavientos revolucionarios de que somos invencibles, las proclamas bullangueras de que el pueblo sabrá resistir, de que todos juntos, es decir, el partido, nuestros principales dirigentes, el pueblo y la revolución nos enfrentaremos a la adversidad y venceremos porque “comeremos” parejito, en fin, la misma muela mierdera y oportunista de siempre, la misma de hace más de 58 años que ya nadie escucha porque todo el mundo sabe que no sirve ni pa’ llenar los estómagos vacios ni pa’ reponer los techos que arrancó el huracán Irma de a cuajo con sus vientos pasados de “revoluciones” por minutos.
Yo siempre digo que la última historia de Cuba, la del 1 de Enero de 1959 hacia acá, los cubanos la hemos escrito, o mejor dicho, escuchado, a base de gritos, discursos, proclamas, mesas redondas, panfletos, carteles y letreros donde el triunfalismo, el chovinismo, la demagogia, los encandilamientos “jamoneros” y las falsas expectativas han estado a la orden del día y nos han lavado tanto el cerebro que por eso es tan fácil encontrar a tantos idiotas defendiendo a la dictadura de Raúl Castro armados con los “baja y chupa” de la revolución, el socialismo y el comunismo.
Lo terrible que sucede en nuestro país, sea lo que sea, la dictadura castrista siempre trata de resolverlo con un discurso, en realidad con el mismo discurso y la misma palabrería “combativa” que, si es cierto que funcionó a principios de los 60s del siglo pasado, ya es tan cansina, repetitiva y hedionda que ha terminado por convertirse más en ave de mal agüero que en un levantón de la moral revolucionaria.
Y digo esto porque cuando el pueblo escucha que el General o cualquier otro comemierda de la nomenclatura van a hablar, la única verdad que termina por prevalecer es que la situación se va a poner peor, que al hambre vieja se le sumarán dos o tres “sobrinas” nuevas, que ese cuento de las ayudas y de que nadie quedará desamparado es pura mentira y que, como siempre, llueve, llueve, llueve y, cuando escampa, el fanguero que queda es del carajo y la vela.
Pero esto es lo que hay y solo va a cambiar cuando desaparezca de la faz de la tierra esa oprobiosa dictadura con todos sus engendros y sus herederos de la desgracia. Nunca nadie había visto, y mucho menos experimentado a nivel sensorial, algo tan surrealista, tan fantasmagórico, tan endemoniado y tan virulilla can-can, sí, porque ya no sé cómo nombrar un fenómeno tan absurdo, de que a usted se le derrumbe su casa y venga un funcionario del partido comunista o del poder popular y le suelte, en medio de su dolor y desgracia, así como quien no quiere las cosas: “Compañero, en este momento de adversidad la revolución no lo abandona y mucho menos el espíritu de nuestro comandante en jefe que desde donde quiera que esté lo contempla orgulloso porque usted sabrá enfrentar esta tragedia con la gallardía de nuestros mambises y bla, bla, bla…”. Con la misma el fulano da media vuelta, se va y si te he visto ni me acuerdo.
Definitivamente a los cubanos, y solo a nosotros, nos corresponde cambiar esta desagradable historia. Es bueno que entendamos de una vez por todas que ese régimen, porque lo lleva en su esencia, nunca va a permitir la más mínima prosperidad del pueblo porque le tiene miedo, un miedo terrible, pánico, a que nos liberemos de sus “subvenciones y gratuidades” porque saben, y me refiero a los dictadores, que cuando los pueblos logran este derecho fundamental sus días están contados.
Cuba para los Castro y sus puti-culeros es una mina de oro que no se cansan de explotar, estrangular, exprimir y asfixiar. La ambición de estos pandilleros es tal que son capaces de rechazar las ayudas internacionales, los ofrecimientos de salvación y los aportes desinteresados de la comunidad cívica mundial con tal de hacer prevalecer una autonomía que el mundo entero sabe que no tienen, aunque hundan a los más afectados en la mayor miseria, abandono y desesperanza.
Esta no es hora de discursitos, ni arengas ni socialismo o muerte, esta es la hora de abrir el sentido común y crear mecanismos que permitan que muchas personas puedan enviar ayudas a sus familiares, amigos y compatriotas que no tienen como salvarse de tanta desgracia.
Le exijo a la dictadura de Raúl Castro que levante el bloqueo criminal que tiene impuesto a los cubanos, incluso a quienes vivimos en el exilio, y permita que nuestras donaciones lleguen de forma directa a nuestros hermanos…, es que no confiamos ni en Usted ni en sus instituciones.
Ricardo Santiago.




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