Los guarapitos meapostes de Fidel Castro. (III)

meapostes

Maximiliano era un tipo “normal” hasta que se jubiló, digo normal porque no pasaba más allá de las chivaterías comunes de los comunistas que viven en cualquier cuadra cubana: que si fulanito no hace las guardias del comité, que si esperancita tiene demasiados maridos pa’ ser tan joven, que si el otro no trabaja y come caliente to’ los días, que vi a menganita el otro día con un yuma, que en casa de los García nadie hace trabajo voluntario y así, como quien no quiere las cosas, era portavoz de la vida y obra de todos cuantos vivíamos en su entorno.
En el barrio todo el mundo lo detestaba y aborrecía pero al final lo saludábamos con displicencia porque sabíamos que el Jefe de Sector, el del Partido de la zona, el de las verificaciones laborales y algún que otro tipo vestido de civil, y desconocido para todos, iban a su casa a “tomar café”.
Maximiliano no dejaba pasar la más mínima ocasión para soltar sus discursitos y sus mierdas defendiendo a la Revolución y a papá Fidel, como a él le gustaba llamar al sátrapa, cogía una tribuna espesa donde quiera que tuviera oportunidad para repetir y repetir la misma propaganda del gobierno y defender esa porquería de Revolución sin que le diera la más mínima vergüenza.
Hasta aquí esta es una historia muy común en la Cuba de los Castros. El gobierno multiplicó a estos imbéciles como parte de su sistema represivo y de propaganda a gran escala, les dio tres o cuatro diplomas y algunas medallas y los soltó en medio de la vida para utilizarlos como escuchas, como sus termómetros medidores del descontento popular y como sus informantes desinformados para, más que todo, mantener el terror y la coacción sobre el pueblo de Cuba.
Fidel Castro lo sabía y los utilizó miserablemente, hombres y mujeres de mentes cuadradas y ojeras de caballo que sólo saben respirar en una sola dirección, especialistas en no querer ver más allá de sus dos pasos bien contados y morir con la boca llena de Revolución y el estómago vacio si el dictador en jefe se los ordena.
Por desgracia para los cubanos de estos mequetrefes políticos todavía hay muchos en Cuba haciendo daño, aunque también los hay que viven fuera, que se fueron a otras tierras huyendo del hambre y la miseria y cambiaron “el verde olivo por el verde dólar” a lo descara’o y aun así siguen con sus ojeras de caballo cantando y balbuceando a favor de un gobierno que los engatusa, los utiliza y en el fondo los detesta.
A Maximiliano le dieron la tarea de hacer rondas nocturnas como vigilante “profesional” en la cuadra. Por un dictamen del gobierno todos los hombres y mujeres jubilados, militantes del partido comunista, podían formar parte de este nuevo “ejército” de revolucionarios y recibir un dinerito extra, pero sobre todo ayudar a la Revolución porque el enemigo se estaba volviendo muy fresco y muy atrevido.
Recuerdo que le dieron una camisa militar y un palo, el se busco un cinto donde engancho su arma vengativa y se pasaba la noche caminando de esquina a esquina, con los ojos botados para afuera de tanto cansancio y una cara de mierda que mas que miedo propiciaba a la burla y al choteo, pues estos guardianes de la Revolución se convirtieron en el hazme reír de todos cuanto tropezábamos con ellos ya que parecían esperpentos revolucionarios en la mitad de la noche.
Como mismo los pusieron los quitaron, parece que los del gobierno no pudieron soportar el ridículo y las bromas del pueblo que, como es bien sabido, no perdona las estupideces y convierte la mediocridad en burla y la idiotez en deshonra.
Maximiliano no hizo más su ronda nocturna aunque si siguió con sus discursitos, sus mierdas a favor de los Castros y la Revolución, la chivatería y vigilar, los ojos bien abiertos para informar todo cuanto hacíamos o dejábamos de hacer los vecinos de aquella cuadra, porque como él mismo decía: “Moriré con la lengua afuera como todo buen comunista”.




1 comentario en «Los guarapitos meapostes de Fidel Castro. (III)»

  1. ya estan viejitos, deben vacunarlos contra el tetano todos los anos, para evitar contraer tetano de los pinchazos de esas viejas estrellas y condecoraciones, son el orgullo de fidel, sus casas callendoce ,con el techo dezinc y fibrocen, y un refrigerador como un coco , blanco por dentro y lleno de agua

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