Los niños nacen para ser felices y el castrismo… para prohibirlo.





A raíz de mi publicación “Yo no quiero un país así para mis hijos” he visto, leído u oído algunas declaraciones de personas del tipo si pero no o no pero si, esos sujetos que uno nunca sabe si son castristas o sus detractores, comparando la felicidad de los niños en Cuba con la de los infantes en otros países, fundamentalmente en los Estados Unidos, exponiendo con mucha fuerza y defendiendo el concepto de que la niñez en Cuba es la más feliz del mundo porque, entre algunas “facilidades” que otorga ese sistema, pueden jugar en las calles sin supervisión de los padres hasta altas horas de la noche, reciben educación gratuita, vacunación de igual forma y otros “gracias Fidel” más.
A mi particularmente estas idioteces más que nada me asustan, me sonrojan, me hacen sentir vergüenza ajena, me lastiman, me encabronan y me retuercen la gandinga, por lo que considero necesario una pequeña réplica para que algunos de los conceptos que estos individuos defienden no se conviertan en las “verdades castrista” por culpa de las cuales han muerto cientos de miles de cubanos en diferentes circunstancias.
La niñez en Cuba es a mi juicio el segmento generacional más afectado por el castrismo. No existen argumentos, de ningún tipo, para defender, salvar, valorar u apoyar, ni de refilón, a una dictadura que lastima la infancia a diario con sus políticas absurdas, su nefasta planificación económica, su desastre nacional y la imposición a la fuerza de un apellido “in saecula saeculorum”, es decir, dicho en buen cubano, a pepe, a la cañona, por mis c… y sin derecho a protestar.
Hay que ser muy imbécil para creer que un niño puede ser feliz en un país donde se le prohíbe tomar leche después de los siete años, al que se le obliga a abrazar una ideología sin saber exactamente qué coño significa, al que sólo le dieron la oportunidad de tres juguetes al año (o ninguna), al que privaron de estar junto a sus padres porque estos fueron a cumplir misión, movilizados por el ejército o para trabajos voluntarios, al que vive en una ciudad sucia, destruida y maloliente, al que le bombardeen constantemente el cerebro con consignas patrioteras, al que reciba una programación de televisión totalmente politizada, al que sufra por escasez de medicamentos, por no tener una dieta alimentaria bien balanceada, por sufrir enormes apagones, falta de agua potable, escasas opciones para disfrutar la inocencia, vivir rodeado de excesiva violencia provocada por el Estado, cantar a la rueda, rueda sin temor a ser enjuiciados, vivir hacinado con varias generaciones de sus familiares en una misma casa, jugar con muñecas sin tener que esconderse, no poder comer las golosinas que le gustan y, sobre todo, no soñar despierto sin que lo acusen de estar loco.
El concepto castrista de que jugar en la calle, y hasta altas horas de la noche, es sinónimo de felicidad es una de las violaciones más grandes a los derechos de la infancia. Un niño que juega en las calles no sólo está sujeto a raptos o a pederastas consumados, también puede ser víctima de accidentes de tránsito, todo tipo de agresiones físicas y verbales, desarrollar un falso concepto de la libertad, aspirar “toxinas” callejeras, caer en un “bache monumental” y desaparecer, sufrir de insomnio, no descansar las horas suficientes, alterar su sistema nervioso central y violentar las “edades tempranas”.
Por otra parte el cacareado, manoseado y baboso criterio, lanzado al mundo por el castrismo, como una de las conquistas del socialismo, de que en Cuba los niños reciben la educación y las vacunas gratis, es una de las más grandes falacias de esa inmunda dictadura y se puede destrozar con miles de argumentos. Para empezar en la mayor parte de los países decentes del mundo la educación escolar, hasta el nivel pre-universitario o high school, es gratuita, con independencia de que exista la educación privada, las principales vacunas para prevenir enfermedades ancestrales, de estación y virales se aplican de forma gratuita y programada, así que ese cuento de “los logros de la revolución” ya se los pueden ir metiendo en el c…
¿La educación escolar y cívica en Cuba para nuestros niños tiene realmente calidad?
¿Los servicios asistenciales y los programas de salud pública para los niños en Cuba tienen calidad?
Ricardo Santiago.




Las doce pruebas del cubano Hércules (de la mitología tropical caribeña).




En el Olimpo tropical dieron un golpe de estado y ahora manda, gime y llora un medio barbú que habla mucho, repite los mismos disparates una y otra vez y no se cansa de decir yo, yo, yo y: “Por un Olimpo socialista ganaremos la emulación celestial”.
Aun así el resto de los dioses y semidioses lo contemplan extasiados, asienten con sus cabecitas de inmortales “para siempre” cada una de las estrofas del nuevo himno pornochacumbelero, aceptan obedientes las exiguas migajas “divinas” que les ofrecen y, contagiados por el fervor Olimpo-revolucionario del todopoderoso Castreus, en franco frenesí cochambroso, gritan al unísono: Paredón, paredón, paredón…, provocando que se estremezcan los espurios cimientos del suntuoso palacio, con vistas a la tierra, construido sobre las nubes de un mes de Enero.
El Dios Castreus lo decide todo, lo controla todo y reparte los bienes de la eternidad a razón de “diez pa’ mi y uno pa’ ti”. Dice él que todo en el cielo forma parte de su reserva estratégica y que como Dios supremo de las galaxias acomodadas sólo él puede decidir a quién le toca y quién, si no le obedece ciegamente, sufrirá o morirá de cualquier patatús o condenado a ser encadenado al diente de perro costero para que “el cangrejito que salió del mar” le devore el hígado.
Castreus “convenció” a todos de que había que dar un golpe de estado en el Olimpo para acabar con el relajito celestial, la promiscuidad ideológica entre dioses y semidioses y la desobediencia civil entre los hombres de la tierra que ya estaba pasando, según su criterio, de castaño muy oscuro.
A las deidades espirituales “mas consagradas” les dijo: “Si no están conmigo están contra mí y los fusilo aquí mismo pa’l carajo…”. Obviamente la mayoría de ellos asintieron en silencio, cerraron los ojos, se metieron la lengua en el c…y se prestaron a obedecer disciplinadamente los portentosos disparates que comenzaron a salir de aquella “sacrosanta” boca.
Pero los hombres no, los hombres como siempre mostraron inconformidad por tener que cambiar sus cantos, sus rezos y formaron tal despelote en las calles, barrios y ciudades que el Dios Castreus tomó la decisión de someterlos a una prueba olímpica para que supieran de su furia incontrolable. Entonces haciendo uso de sus facultades como dictador, perdón, como deidad suprema, decidió someter a un cubano, que de casualidad pasaba por allí, a las doce pruebas sagradas para ver si era capaz de superarlas y así ofrecer a los hombres los perdones divinos.
La primera prueba que el Dios Castreus le puso a Hércules el cubano fue prohibirle la libertad de pensamiento. Lo condenó a vivir únicamente bajo su ideología sin darle otra opción, otra elección para decidir su futuro, el de sus hijos y no permitir que la confrontación de ideas provocara el verdadero desarrollo de los hombres: “O eres castreista o te mueres…”.
La segunda prueba fue tener que proveer a sus hijos con los alimentos básicos racionados, bajo control celestial y anotados en una libretica divina y eterna a razón de cinco libras de arroz por cabeza, tres de azúcar, leche hasta los siete años, ocho onzas de frijoles, papas cuando hay y pollo por pescado, todos una vez al mes y lo demás, lo otro, lo importante de verdad, a sobreprecio en los santos mercados agropecuarios, en las sagradas “tiendas recaudadoras de divisas” o, si te he visto, ni me acuerdo.
La tercera prueba fue el salario. El Dios Castreus le pagó a Hércules el cubano en un tipo de moneda, una especie de bonos “olímpicos” inmortalizados con los rostros de próceres sacros, pero le vendía lo necesario para vivir en otros bonos, también acuñados con patriotas, pero a colores, más bonitos, que para poder adquirirlos se los canjeaba a razón de veinticinco por uno, simplificando el salario del mortal a diez bonos a colores por mes, una conversión ininteligible y extraña que convirtió el salario de Hércules en el más bajo, ridículo y explotador del Olimpo entero.
La cuarta prueba fue una de las más difíciles, Castreus le racionó el agua potable y la electricidad al cubano Hércules obligándolo a vivir en condiciones infrahumanas por la escasez casi total de estos servicios. Quiso probar la paciencia del mortal condenándolo a subsistir sin el líquido sagrado y sin la energía de sus rayos poderosos para intentar doblegarlo, resumirlo, dominarlo, vencerlo y que acudiera a él suplicando por los perdones divinos.
Continuará…
Ricardo Santiago.




Randy Alonso Falcón: De la camisita Yumury al traje de la Mesa Redonda.




Hay tipos que sin tener que obligarlos mucho se suben al árbol, trepan y trepan y trepan cuanto pueden y sólo esperan un guiño de ojo “del jefe” pa’ dejarse caer, ellos solitos, sin que les importen las consecuencias ni a cuantas personas van a aplastar con su caída.
Este triste y feo personaje es uno de ellos, o mejor dicho, el presidente del grupo nacional de adulones de jefes en Cuba, especialista principal en la industria cubana de guatacones y distinguido exponente de quienes todo el tiempo dicen: “sí, que sí, que sí que sí, que yo lo vi, con estos ojos que tengo aquí, si, si, si, si mi comandante o mi General o mi Ministro o Chacumbele o Bartolo el del platanal…”.
Para sujetos como estos, que se prestan para duplicar, triplicar y popularizar gratuitamente las mentiras de la dictadura que campea sin los respetos en Cuba desde hace ya casi 60 años, no queda otra que manifestarles públicamente nuestro asco y nuestro desprecio.
A mí siempre me dio la impresión de que a este panfletero castrista el traje le queda grande, lo hace sentir incómodo y no lo deja pensar antes de decir las repugnantes mentiras que repite, una y otra vez, de que la revolución castro-comunista es perfecta y el capitalismo malísimo, malo, malo cantidad.
Fidel Castro vivió toda su vida “comunista” de hacerle creer el cuento a los cubanos, y al mundo, de que él era la persona más sacrificada, altruista y luchadora por los derechos humanos que existía, que nunca llevó una vida de lujos y “despilfarros” como esos imperialistas abusadores decían, que él y su familia comían de la “cuota revolucionaria” igual que los demás cubanos, que hacia la cola del pan bajo el sol de Agosto sin sombrilla y sin sombrero, que sus hijos se bañaban con jabón Nácar y la mujer le lavaba sus apestosos uniformes con jabón Batey, que una vez probó los durofríos de fresa de la Gallega y estuvo más de dos meses pa’ quitarse el tinte colora’o de la boca pues lo único que tenia era pasta de dientes Perla, que era alérgico al picadillo de soya y tenía “dieta medica”, que su mujer era plan jaba porque un socio en la Oficoda le resolvió el cuñito en la libreta de abastecimientos, que vivía en una casita muy modesta y que su vida y su fortuna eran un libro abierto y no tenia secretos que esconder.
Para “irradiar” y hacer creíbles esa cantidad de falsedades, menos la del durofrío de fresa de la Gallega, Fidel Castro se sirvió de mequetrefes ideológicos, adscritos al primer comité de base de la Patria, como este Randy Alonso Falcón. Con una trayectoria “destacada” como dirigente estudiantil (en Cuba todo el mundo sabe lo que eso significa) una vez terminado los estudios en la Facultad de Periodismo de la Universidad de la Habana, pasó a ocupar diferentes cargos en el Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, organización que es la antesala del Partido Comunista de Cuba, y de donde el propio Fidel Castro “abultaba” las filas de su llamado Grupo de Apoyo al Comandante con jóvenes que, a su juicio, despuntaban como sus fieles seguidores, quienes nunca le iban a decir que no a ninguno de sus disparates y a los que podía encomendar las más absurdas tareas y, si salían mal, culparlos por “ineptos”, desprestigiarlos públicamente y desecharlos pues para él esta banda de infelices tracatanes eran todos prescindibles.
Así llegó este repugnante rostro a la televisión estatal cubana a presidir la llamada, o mal llamada, Mesa Redonda, un programa supuestamente de debates, confrontación de ideas, sana discusión e información sobre los sucesos más importantes ocurridos en Cuba y el mundo.
Sólo un sujeto despiadadamente servil, asquerosamente adulador y cómplice hasta por gusto como este Randy Alonso puede prestarse para tamaña manipulación de la verdad sobre la realidad cubana. Comprometido hasta el tuétano con el castrismo es un mercenario a favor de difundir las mentiras sobre esa dictadura asesina sin reconocer, acusar y denunciar que ellos son los únicos responsables del sufrimiento del pueblo cubano.
Personajillos como este, que abundan mucho en Cuba, son, a mi juicio, también culpables de crímenes de lesa humanidad.
¿Alguien cree que Mariela Castro, cuando se forme la debacle comunista, va a montar en su avión a este Randy Alonso para ayudarlo a escapar de Cuba?
Ricardo Santiago.




Tenemos que desprestigiar a Raúl Castro y a su pandilla de chupameaos.




¡Qué va, de estos tipos tenemos que burlarnos, reírnos, deshonrarlos, mancillarlos, “pitibandearlos” y desbaratarlos!
Las carcajadas de los cubanos tienen que oírse bien altas en el mundo entero aunque el horror causado a la Patria por estos faranduleros del terror dé muchas ganas de llorar.
Debemos convertir esta actitud en un arma, un misil de improperios para lanzárselo al castrismo, a sus acólitos, a sus seguidores y tracatanes para desprestigiarlos, sacarlos de quicio y provocar que cuando estén ante personas decentes, en cualquier parte del mundo, estas sientan asco o les de risa mirarles a la cara porque recuerdan las cosas que hemos dicho sobre ellos.
A la llamada revolución de los Castro tenemos que oponernos también con la “revolución” del choteo, el relajo y el desprestigio.
Por ejemplo: Imaginemos a Raúl Castro en una de esas Cumbres de la muela y el bla, bla, bla (porque nunca resuelven nada en la concreta) disertando sobre la “virilidad” de los cubanos: “Porque somos la mezcla del negro cimarrón con el blanco cascarrabias y un toquecito de chinito manila, que soy yo…” Y al Presidente de… con uno sonrisita socarrona en los labios, y al Presidente de…: “Ya está este puerco con lo mismo de siempre, ¿es que no tiene otro tema de conversación el muy hijo de puta?…”.
Los cubanos tenemos que ejercer nuestro derecho al choteo y cagarnos en todos estos asesinos, no podemos tener contemplaciones ni miramientos ni remordimientos y “con la moral más alta que el Turquino” maldecirlos pues entre toda la barbarie castrista, en toda la “obra de la revolución castro-comunista” y hasta en cada uno de los discursos de Fidel Castro, hay una gran dosis de infame burla hacia el pueblo cubano.
Fidel Castro siempre se burló de todos nosotros, nos “cogió pa’ sus cosas” a lo descara’o e impunemente desde el mismo principio del año 59, nos prohibió, entre millones de derechos cívicos que eran muy nuestros, y so pena de muerte, hasta el derecho a pensar, a quejarnos y a protestar. Yo recuerdo que hasta los cuentos del genial Álvarez Guedes había que contarlos bajitico, bajitico pero bajitico cantidad.
Pero bien, ya que no podemos sentarlos en el banquillo de los acusados, juzgarlos y meterles por la cabeza la sentencia que se merecen, al menos tenemos que cogerlos para el bonche, sacarles lascas, que echen chispas, que patinen en seco, que rabien, que les de un infarto, darles cuero, mucho cuero y desprestigiarlos ante el mundo porque en definitiva no son más que una pandilla de bribones, ladronzuelos, vulgares estafadores, asesinos morcilleros y delincuentes vestidos de militares, con trajes y guayaberas de lenguilargos sinvergüenzas o “pulovitos de la shoping” de a tres por uno.
Los castristas usan calzoncillos sin elásticos, de ahí su odio visceral hacia la vida, la lógica y la razón.
Los castristas son al final una manada de acomplejados rufianes con el poder para asesinar y silenciar multitudes. Un rasgo tristemente interesante de estos tipejos es cómo sobrevaloran el “concepto hombría” cuando hacen pública la violencia que ejercen sobre mujeres que marchan en silencio, con una flor en la mano, y que los miran de frente sin el más mínimo temor en sus ojos. ¡Ahí sí son hombres a to’!
Los cubanos tenemos que defenestrar a Raúl Castro y a todos sus “novios”. Nos toca sólo a nosotros. Todos los métodos de lucha contra la dictadura del hermanastro muerto-vivo son válidos, nunca la violencia porque esos esbirros sienten tanto miedo, están tan acojona’os y tan apendeja’os que su reacción, igual que las ratas acorraladas, será masacrar y matar para intentar salvarse, desgraciadamente ellos tienen las armas y las herramientas de “destrucción masiva”.
Dice mi amiga la cínica que Raúl Castro sabe, porque en más de una ocasión el propio Fidel Castro se lo dijo, que el pueblo cubano conoce su secreto personal, es decir, que es pato…, a mi no me crean, pero lo que si siempre noté es que cuando el tipo sale a hablar en público pone la voz ronca, engolada, fingida, como tratando de aparentar algo que en realidad no es…
Continuará…
Ricardo Santiago.




¿Internacionalismo proletario o imperialismo castrista de izquierda “izquié”?




Fidel Castro fue un imperialista de “izquierda” camuflado tras el invento comunista del internacionalismo proletario.
A las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin tantos rodeos y melindres quisquillosos, porque no hacerlo es caer en el baboseo, las trampas del destino, dormirse en el Metro, pasarse con fichas y “tragarte” el doble nueve o dejarse embaucar con el cuento de que las “Operaciones Milagros” son realmente “milagreras”.
A los cubanos el famoso internacionalismo proletario de Fidel Castro, que al final la mayoría de nosotros no sabemos qué significa porque nunca vimos los beneficios a tantos sacrificios, nos salió más caro que el carajo.
Este sujeto, es decir, las cenizas más sagradas de la revolución en brasas o a las brasas, como a usted más le guste o le disguste fue, a decir verdad, un visionario del todo por uno, un futurólogo del más acá, un comunista postizo con media unidad o tres cuartos, el pensador de la repugnancia, un prestidigitador del reciclaje, un analista del futuro en ciernes, un profeta de la chusmería y un alucinado empedernido con su propia imagen que era capaz de ver ganancias sin calcular, o importarle, el desastre que causaría a otros, no me cabe la menor duda.
Fidel Castro supo, desde el principio de su indecente carrera “revolucionaria”, que para hacerse famoso y salir en la televisión tenía que exportar su revolución pa’ donde fuera, a como diera lugar y vendérsela a cuanto mentecato quisiera comprarla, de otro modo pasaría sin penas ni gloria o como un dictadorzuelo más de los que abundan por montones en esta parte del mundo.
No sé si se han fijado qué fácil se fabrica un tirano en América Latina, pero basta con que se digan en voz alta las palabras revolución, proletarios, antiamericanismo, imperialismo o explotación para que salgan tres o cuatro imbéciles dispuestos a degollarse por el puesto y cientos de miles de energúmenos desquiciados a apoyarlos como si las dictaduras de izquierda izquié fueran un juego de niños chiquitos, algo para tomarse a la ligera o la gracia del pajarito que habla hasta por los codos.
Los cubanos sí sabemos qué significa una dictadura de estas y hasta podemos ofrecer clases sobre el tema. Quien quiera saber que pregunte siempre que esté dispuesto a escuchar por horas y horas verdades sobre represión, castigos, coacción, chantajes ideológicos, tiranía, encarcelamientos por pensar diferente, desnutrición del alma y castrismo, una innecesaria palabra metida a la fuerza en el léxico y la vida de las personas decentes de este mundo.
Sería ingenuo y un craso error pensar que el altruismo financiero, material y humano de Fidel Castro ayudando a varios, muchos, países de América Latina, África y Asia eran gratuitos o tenían la sola finalidad de “ayudar” a la liberación de los pueblos oprimidos del hambre, la miseria e insalubridad a que los habían condenado las grandes potencias coloniales.
El desmesurado y enfermizo ego de Fidel Castro le trastornó la razón y quiso vestir a muchos Santos desvistiendo, encuerando, al suyo propio, poniéndolo en constante penitencia, ayuno y autoflagelación por pensamientos según él “pecaminosos”.
En realidad a este desgracia’o Cuba le quedaba chiquita. Su ambición sin límites por ser el emperador del socialismo a nivel mundial, por ser vitoreado y aclamado por las multitudes y por caminar todo el tiempo sobre alfombras rojas nos llevó a los cubanos a la más profunda de las miserias físicas y espirituales que ha padecido pueblo alguno.
¿Cuántas veces los cubanos vimos con desesperación y tristeza cómo se nos iban la librita de arroz, de café o nuestro querido médico de familia para sabe Dios dónde?
¿Alguna vez alguien los vio regresar?
El imperio castrista se infló, se infló y se infló a pasos agigantados de izquierda “izquié” sin entender que los pueblos, y nosotros mismos, los cubanos, también queremos derecha “dré” o al centro “cé”…
Ricardo Santiago.




El castrismo nos enseñó y nos obligó a fingir la alegría…




Los cubanos hoy somos un pueblo triste, muy triste.
Cuando yo era muchacho, una de las cosas que más me gustaban en la vida era oír las historias del “tiempo de antes” (se referían a antes de 1959) de los “viejos” de mi barrio. Éramos un piquete de chamacones que nos reuníamos en la esquina a conversar y nos deleitábamos con las historias del Cuchi, de Miky, de Barroso, de Paco, del Pintor y de Clemente.
Con ellos aprendimos de la Cuba que no conocimos porque nacimos como los “hombres nuevos” de Fidel y, obviamente, teníamos que limpiar nuestras almas del más mínimo rezago “del tiempo de antes”, o del capitalismo, como decía la maestra Asela.
Pero gracias a Dios con el “tercio táctico de la esquina” conocimos historias que no nos enseñaban en la escuela porque eran como si se las hubieran tragado la tierra o estuvieran tocadas por “la mano del Diablo”. Con ellos supimos de artistas extranjeros que nos visitaron con sus talentos y excentricidades, de que el peso cubano valía lo mismo que el dólar americano y que muchas veces en el sobre del pago semanal venían “todos mezclados”, que las noches se iluminaban con tantas luces y carteles que hasta se confundían con el sol. de que los cubanos no querían ser comunistas porque estos eran unos oportunistas muertos de hambre, del “delicioso” costo de la vida, de las “completas” en la fonda del chino con el arroz frito incluido, del barrio Colón y el de Pajarito, de poder ir a la bodega y pedir diez centavos de cualquier cosa para comer y llenarte la barriga, de la vida nocturna habanera comparable a las mejores del mundo, de los programas de televisión de CMQ, de que muy pocas personas querían irse al exilio porque aquí había de todo, que en Cuba se imprimía el New York Times y se fabricaba la Coca Cola, de que había de todo dependiendo del poder adquisitivo de cada cual, de que teníamos algunos problemas pero nada comparable a la excelente bonanza nacional y: “Ahora no, después que llegó quien tú sabes y se adueñó del poder, aquí todo está hecho una mierda…”.
Especialmente Barroso me decía que lo que más extrañaba “del tiempo de antes” era la alegría general del cubano, la manera de vivir puertas afueras, el don único que teníamos en el mundo para compartir el buchito de café mañanero y: “Si quieres entender bien lo que yo te digo mira la risa de Bola de Nieve que no hay nada en esta vida que lo ilustre mejor…”.
Yo escuchaba extasiado todas aquellas anécdotas y me parecían algo tan lejano y exagerado que muchas veces dudaba hasta que fueran ciertas. A mí la verdad se me enredaban las ideas porque “el tiempo de antes”, ese que la maestra de historia decía que no podía regresar a la Patria de Martí. Maceo, Fidel, Camilo y el Che, me parecía mucho mejor a la vida que estábamos viviendo.
Con los años aprendí que el socialismo, la vida y la revolución de Fidel Castro no eran más que sacrificios tras sacrificios, miserias tras ahogos, el salario que no alcanza para nada, ¡corre ve a marcar que llegaron los huevos!, penurias y calamidades a repartir por montones en un país donde si no eres “hijo de papá” no comes carne ni una vez al mes.
Después la concreta, la de verdad, el comunismo a pulso o izquierda “izquié”, las becas, las escuelas al campo, el Servicio Militar Obligatorio y comprobar que durante todos esos enormes y largos años la miseria era la misma o se multiplicaba.
La alegría natural del cubano se fue perdiendo entre marchas milicianas, guardias combativas, zafras voluntarias, no he pegado un ojo en toda la noche, reafirmaciones revolucionarias, procesos de rectificación de errores, el mes que viene consolidamos el socialismo y el muy, pero muy concepto comunista quítate tú pa’ ponerme yo.
La desvergüenza del castrismo no conoce límites…
Ricardo Santiago.




Las facturas médicas “gratuitas”, otro asqueroso chantaje de la dictadura castrista.




Esta es la nueva moda, o la nueva mala, o la nueva vieja, o la nueva estúpida, o la nueva loca, ¡vaya Usted a saber!, de la dictadura castrista y su banda de rascabuchadores de la decencia y la lógica humana: Entregar a cada cubano una supuesta factura médica, con los costos por los servicios sanitarios prestados, para que el pueblo entienda, aprecie, valore y agradezca, sobre todo esto último, lo que esa “noble revolución” se gasta en servicios asistenciales y que, “por su gran corazón”, le ofrece al pueblo cubano de forma gratuita.
¡Ayúdame Dios mío!
Esta es otra burda maricona’ de esta mugrienta dictadura, y perdónenme la expresión pero es que aquí no cabe otra palabra, estos hijos de puta, y vuélvanme a perdonar, no salen de una para entrar en otra: ¿Pero es que estos tipejos de porquería no se cansarán nunca de faltarle el respeto a los cubanos?
¿SE IMAGINAN QUE CADA UNO DE NOSOTROS LE ENTREGUE A LA DICTADURA CHUPAMEAO DE RAUL CASTRO UNA FACTURA CON TODO LO QUE NOS HAN DEJADO DE PAGAR, NOS HAN ROBADO, NOS HAN COBRADO DE MAS O NOS HAN EXTORSIONADO EN ESTOS CASI 60 AñOS?
Sería una muy buena respuesta, la mejor de las réplicas, cuando alguno de los representantes del castrismo, ya sea un médico, una enfermera, un profesor, un diputado del poder popular o la presidenta del comité nos vengan con el invento de mostrarnos una factura para “demostrarnos” lo mal agradecidos que somos los cubanos al no ser capaces de valorar cuán grandes son la revolución y las cenizas del comandante en jefe.
¿Sera posible? No salgo de mi asombro. ¿Hasta cuándo tanta insolencia, desvergüenza y “se me cae la trusa” de estos degenerados?
Yo me imagino, de hecho hace mucho tiempo que lo hago, que la dictadura de los Castro tiene un equipo de personas, de eruditos del “nunca jamás”, de sesudos del agua tibia, de pensadores de la “vida loca”, de genios de la concupiscencia y la mandolina, cuya única función es generar ideas y formas para joder, maltratar, ahogar, desquiciar y burlarse del pueblo de Cuba, no existe otra explicación posible.
Puedo citar muchísimos ejemplos de la labor de estos especialistas de la candonga y el “rabo encendido”, pero es que esto de las facturitas médicas, a esta altura del partido, cuando ya el cuento de las gratuidades de la revolución está más desprestigiado que el carajo, después que se han cansado de chantajear, coaccionar y ultrajar a los cubanos con facturas reales de todo tipo y por cualquier cosa, es realmente demasiado.
Dice mi amiga la cínica, que fue quien me llamó para darme la noticia, que esto debe ser porque Raúl Castro y su Partido están en campaña electoral con vista a las elecciones “presidenciales” del 2018 en Cuba y que están haciendo de todo porque no quieren perder…
Yo insisto, porque les juro que no me repongo de este nuevo choteo castro-comunista, que los cubanos deberíamos preparar y enviarles nuestros “bills” donde aparezca todo lo que nos ha robado la dictadura durante más de 58 años, desde el irrisorio salario que nos pagan, la gratuidad revolucionaria que es lo más caro del mundo, la imposición de una doctrina ideológica sin darnos la libertad para escoger la que nos gusta, la mala calidad de vida, la falta de agua y electricidad que son históricas, el deplorable servicio de transporte para la movilidad ciudadana, la falta de libertades cívicas, los excesivos “trabajos voluntarios”, las cotizaciones al CDR, FMC, MTT, el Sindicato y cuanta organización política o de masas inventaron, el trabajo gratuito de los estudiantes en las escuelas al campo, las prohibiciones de todo tipo para que el cubano no tuviera un pensamiento “pequeño burgués”, la cerveza de pipa, la cantidad de tiempo que se pierde haciendo colas para adquirir cualquier producto, la brutal represión física y sicológica a que estamos sometidos diariamente los cubanos y a tener el mismo apellido durante décadas y décadas imponiéndonos una tiranía sin fin, por sólo citar unos pocos ejemplos: ¿Cuánto sumaría todo eso?
¿HASTA CUANDO…?
Ricardo Santiago.




En Cuba sí hay muchos comunistas, muchísimos…




El extraordinario escritor peruano Mario Vargas Llosa declaró recientemente en una entrevista refiriéndose al comunismo en Cuba: >“Dudo mucho que haya comunistas en Cuba, probablemente ni siquiera la nomenclatura que disfruta todavía del sistema cree seriamente que esa forma de Gobierno, de organización de la sociedad, puede traer modernidad, justicia social.”
En cierto modo el genial Premio Nobel de literatura lleva mucha razón en sus palabras, incluso esta afirmación es compartida por innumerables personas que creen que el comunismo de Fidel Castro nunca fue tal cosa y que este ñángara postizo, disimulado y pandillero utilizó esa pérfida ideología para definir su posición beligerante contra los Estados Unidos, congraciarse con la Unión Soviética y de paso hacerse el bárbaro ante el mundo, “luchar” las cámaras de televisión y que la izquierda internacional le rindiera pleitesía por fomentar una ideología totalmente antagónica al establishment norteamericano a sólo 90 millas de sus costas.
¿Quién en este mundo podría dudar de la temeridad de este “guerrillero” sin heridas por tan disparatada locura?
Así mismo, Fidel Castro, después de muchos que no, que no, “YO NO SOY COMUNISTA”, se viró con cartas y, traicionando incluso a muchos de sus compañeros de armas, dijo: “Aquí se cagó la perra, en Cuba el comunismo es la ideología que manda y gústele a quien le guste y pésele a quien le pese…”.
Entonces los cubanos amanecimos un buen día, sin comerla ni beberla, cantando La Internacional, tratando de entender de quién carajo era el fantasma que recorría el mundo, repitiendo como papagayos entrenados las hazañas del joven soldado en la Gran Guerra Patria, leyendo los libros y revistas de la Editorial Sputnik, usando cuellos de tortuga búlgaros, haciendo perras colas para almorzar en el Restaurant Moscú, comiendo carne rusa de lata, manejando inmensos camiones KP3, disparándonos como material de estudio las cinco partes de la película Liberación, Lolek y Bolek, el tio Stiopa, Deja que te coja, El Payaso Ferdinando, construyendo una termonuclear disparatada y sin fin, estudiando el idioma ruso en las escuelas, prohibido decirles “bolos” a los compañeros soviéticos y hasta nombrando a nuestros hijos Iván, Katiuska, Vladimir, Irina, Lenin y Antón, igualitico que los jóvenes konsomoles de la fría y lejana estepa rusa.
Fidel Castro, con un chasquido de sus dedos, nos convirtió a los cubanos en comunistas o con ganas de serlo. Las prebendas que obtenían los afiliados al Partido Comunista de Cuba, único con autoridad y carácter legal en la isla, eran cuantiosas, desde mejores puestos de trabajo, cargos de dirección, viajes al extranjeros, etc., etc., etc., hasta ser las personas de “confianza de la revolución” con la connotación que esto significaba en un país donde todo, absolutamente todo, estaba, y está, altamente politizado.
Cuba es un estado de terror, la dictadura castrista ha campeado por su respeto haciendo y deshaciendo a su antojo, imponiendo sus políticas monstruosas, decidiendo a pepe qué piensan, qué comen y qué respiran los cubanos, transformando la infraestructura del país hacia la desgracia con el cuento de los planes quinquenales y la planificación de la economía, rectificando el socialismo cada dos o tres meses a lo descara’o y a la vista de todos sin que nadie los detenga por sinvergüenzas e incapaces y, para colmo de los colmos, cambiando la Constitución de 1940 e imponiéndonos la Constitución Socialista de Fidel Castro donde, entre muchas, pero muchísimas aberraciones jurídicas, dice que el socialismo nunca podrá cambiarse como sistema político en nuestra Patria y que el Partido Comunista de Cuba es el órgano supremo de dirección por encima de las instituciones del Estado.
Entonces en Cuba sí hay muchos comunistas, muchísimos, yo diría que más de los que necesitamos, existen sólo uno o dos por convicción y cientos y cientos de miles por oportunismo, para comer caliente, para robar con impunidad al erario público porque son unos descarados y unos vividores, unos cobardes, cómplices de la dictadura de Raúl Castro y porque, a mi modo de ver las cosas, desde un punto de vista muy personal, esa perversidad ideológica transformó la esencia del cubano, nuestra historia, nuestra cultura, y nos cambió como nación, como país y como seres humanos causándonos un daño “casi” irreversible.
Desgraciadamente, nos guste o no, en Cuba hay muchos comunistas, ah, y en Miami también…
Ricardo Santiago.




Las “brujas” de Raúl Castro y el conjuro maldito de la “revolución”.




Raúl Castro ha posicionado a todos sus jerarcas militares, sus “ambias” de travesuras y “maldades” revolucionarias, en los puestos más estratégicos de la dirección económica del país.
Este segundón octogenario, heredero por consanguinidad, por nepotismo y por desgracia del “vellocino de oro” que para ellos representa nuestra Cuba, quiere garantizar a toda costa su “money”, el de su denigrada estirpe, y tratar por todos los medios de que lo poco que produce la infraestructura nacional no se le vaya por el corrupto desagüe en que el polvo podrido de los infiernos, el tal llamado Fidel Castro, convirtió a la “Patria anegada en llanto”, al pueblo cubano y hasta al “perro con pulgas del hortelano”.
Para nadie es un secreto que la producción de bienes y riquezas, de cualquier cosa, en Cubita la maltratada, son una calamidad, un desastre, una vergüenza y hasta una venganza de esta tropa de corruptos incapaces contra la inteligencia y la lógica humana.
Estos condes, duques y marqueses vestidos de verde olivo han destrozado la otrora flamante industria azucarera cubana, la industria de la minería, la producción pesquera, la agricultura, la ganadería, la industria de derivados, los durofríos de fresa de la Gallega y hasta el pan con guayaba y queso blanco tan representativo de las meriendas cubanas.
El país entero es un desastre y Raulitin (como Rasputin pero peor) sabe que no puede darse el lujo de dejar escapar los pocos kilitos (o muchos, ¡vaya Usted a saber!) que llegan a las arcas del Comité Central del Partido Comunista, para ello se reúnen diariamente, en secreto, en algún siniestro local ubicado en los túneles bajo tierra de la estratégica “vía de escape para pinchos muy comprometidos”, a recitar el conjuro mágico que creen los salvarán de la justicia popular: “Juro, juro, que si de esta nos salvamos, a Raúl le partiremos el c…”.
Recientemente hemos visto el nombramiento de algunos hijos de estos altos militares en puestos claves de la economía, una muestra de que cuando al General se le acaban las estrellas pone barras porque cree le darán los mismos resultados, aunque dice mi amiga la cínica que es al revés, que al General: “le gusta que le den barra para poder ver las estrellas”. A mí no me crean…
Pero: ¿Quién asegura que estos nombramientos avalados por la consanguinidad imperial, comprometida y deudora le va a funcionar? O, como dice mi amiga la cínica, no le robarán sus buenos pesitos si al final todos ellos son una gran jauría de hienas “risueñas” devorándose las unas a las otras…, no por gusto les pega, como a nadie, el excelente epíteto de “Alí Baba y los 40 ladrones”.
Fidel Castro fue un demonio malévolo que utilizó ungüentos ponzoñosos para destruir a la nación cubana. Este “ser” de la oscuridad “cloaquera” interpretó como nadie el concepto de la ideología comunista donde dice que hay que promover a las personas más por su adicción a la “causa del proletariado” que por su talento y capacidad intelectual para desempeñar funciones importantes. Obviamente a Castro el muerto esta política le convenía porque: por una parte lograba que estos “dirigentes” le mostraran sumisión eterna y por la otra nunca le discutieran sus “ideas” en un país donde él era el único que tenía el derecho y el poder para pensar y decidir.
Esta ha sido una de las principales causas del desastre económico cubano, la promoción de las brujas del castrismo a puestos claves en la dirección del país, nombradas más por el “contenido” de sus brebajes y que por el efecto que provocan.
En la gran cazuela de la alquimia castro-comunista se cuecen las mayores desgracias de la nación cubana.
Hoy Raúl Castro es continuador de las satánicas “brujerías” del hermano. Al legado oscurantista de su antecesor, al maligno brebaje que significan esa revolución, esa dictadura y esa tiranía, adiciona un favoritismo y un sociolismo desvergonzados, se siente inmune y todopoderoso para hacer y deshacer a la vista de todos porque sabe, como nadie, que uno de los más grandes temores de los cubanos es que le “amanezca”, así como quien no quiere las cosas, un racimito de plátanos bien maduros, atados con una cinta roja, en la puerta de su casa.
Siá cara’…
Ricardo Santiago.




Amaury Pérez Vidal: Un “caramelito” rompequija’…




Hago este comentario después de ver un post que un amigo colgó en facebook con un fragmento del programa de televisión que tiene Amaury Pérez Vidal en Cuba, donde entrevista al humorista Ulises Toirac y ambos disertan sobre el manoseado “intercambio cultural” entre Cuba y los Estados Unidos, desparramando entre los dos un montón de sandeces y muchos “si pero no” que terminan por confundir y no por aclarar ideas y conceptos.
Yo nunca en mi vida he visto a un ser humano tan baboso, guatacón, servil, oportunista y lamebotas como este Amaury Pérez Vidal. A mí me recuerda siempre a esos desodorantes que huelen riquísimo pero que dan tremenda peste cuando te agarra el sol de las 12 del día, nunca he entendido por qué.
Hubo un tiempo que seguí sus canciones, preferiblemente cantadas por otros, porque tenían un interesante vuelo poético, algunas, no todas, pero no voy a cuestionar que eran realmente hermosas: Encuentros, Ese hombre, Vuela pena, Acuérdate de Abril, Murmullos, etc.
La trayectoria de este cantautor cubano es bien compleja. Siempre se debatió entre el trovador a “guitarra limpia” y el cabaretero de las luces, las estrellitas y la parafernalia escénica. Nunca encontró un concepto definido y terminó por no encajar en uno u otro bando, era como un disonante dominguín entre Joan Manuel Serrat y Emmanuel.
Al final Amaury Pérez Vidal fue un músico interesante sin pasar de ahí, sin mucha trascendencia a nivel nacional y mucho menos internacional. Por un tiempo vivió en México e intentó lanzar su carrera pero sin lograrlo, tuvo que recoger sus cheles y: “Calabaza, calabaza, cada uno pa’ su casa…”, en el aeropuerto de Rancho Boyeros aterrizó un buen día con sus matules y un contenedor con muebles y hasta lamparitas de mesa para iluminarse en un país donde había apagones de16 horas diarias.
Pero bueno, cada quien sabe sus cosas…
Hijo de dos grandes personajes de la historia de la televisión cubana dicen que pasó casi toda su infancia entre los “misterios” de la pequeña pantalla y fue allí donde adquirió habilidades para producir los grandes espectáculos artísticos de carácter patriotero que hace, sustentados siempre por la dictadura de La Habana, y conducir el programa de entrevistas que lleva en la televisión estatal de la isla.
Las cualidades serviles, aduladoras y “mi socio” de este cantor de otros tiempos florecen en cada entrega televisiva, para Amaury Pérez Vidal “to’ el mundo e’ gueno”, los entrevistados parece que son sus cúmbilas y crean entre ellos una melcocha empalagosa que uno no sabe si en realidad son “amigos” o: “Yo tengo un amor difícil contigo…”.
En ninguno de estos programas hay controversias, contradicciones, opiniones encontradas, se oye decir por uno de los dos participantes que el culpable real del tema tratado es la cruel dictadura de los Castro, que el sólo hecho de que en Cuba todo, absolutamente todo, sea propiedad de la tiranía es la causa para que el país esté como está, que la vida no es tan bella como la pintan y: “si quieren hablar mierda váyanse pa’l parque…”.
Yo me pregunto si Amaury Pérez Vidal tiene conciencia real del país donde vive, si la gran mayoría de los entrevistados, ninguno un cubano de a pie, saben qué pasa una madre cubana para alimentar, vestir o calzar a sus hijos, la cola que hay que hacer para comprar un mísero pan o el desastre económico, social y espiritual en que vive la mayor parte del pueblo cubano.
Dios, entiéndanlo de una vez por todas: si nos paramos frente al público, si nos atrevemos a expresar nuestras opiniones por alguno de los medios de difusión que existen (radio, televisión, redes sociales, prensa, etc., etc., etc.) y no somos capaces de decir la verdad, de denunciar la causa real de los problemas y quién los provoca, entonces es mejor hacer silencio y meternos la lengua en el c…
Resumiendo, como dice mi amiga la cínica, Amaury Pérez Vidal fue un trovador “pepillo”, porque ahora ni canta, ni compone y se come todas las frutas que puede para sobrevivir.
Ricardo Santiago.