¿Quieren pruebas? Esta es la mejor prueba del robo grosero de los Grant.

Amigos, la mejor prueba de que se han robado y malversado el dinero de los Grant es que la tiranía castrista permanece ahí, con sus crímenes y sus orgías bananeras pero ahí, los presos políticos y sus familiares ahí, desamparados como siempre, la democracia en Cuba brilla por su ausencia y la libertad, ay Fefita por Dios…, nunca llega y cada vez está más lejos.

¿Dónde está el sentido común de nosotros los cubanos?

Yo digo que nuestra excesiva pérdida del sentido común es la que nos ha llevado al negro abismo o al abismo negro donde nos encontramos. Los seres cubanos hemos rechazado, al cien por ciento, la capacidad de discernir entre el bien y el mal, hemos involucionado más allá del hombre primitivo dando garrotazos para enamorar y hemos sucumbido ante el diluvio de malas palabras, de gesticulaciones grotescas y de actitudes traicioneras que, por más de sesenta y seis larguísimos años, nos cayeron encima.

La “anunciación” de Rosa María Payá y el oportunismo miamero…

Tengo, una vez más, que tomar cautela y ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Las investigaciones sobre la corrupción y el mal manejo de los fondos está en proceso y, Dios mediante, caerán y pagarán cada uno de estos delincuentes por el delito mayor de traicionar, por un puña’o de dólares, al pueblo cubano, que así sea…

Una “diosa” en el Olimpo de la ridiculez y el mal gusto.

Al final este personaje no despierta otra cosa que una profunda lástima, una mujer atrapada en su propio laberinto arrabalero que por más que lo intente, por más que se esfuerce en parecer fina y educada, el monte siempre la persigue y le recuerda que, con padrino o sin padrino, perderá la emulación.

El singular triángulo amoroso, perdón, “ideológico”, entre Ferrer, Otaola y la Payá.

A mi me parte el alma ver en qué se ha convertido esto de luchar contra la dictadura castro-comunista, mientras unos en nombre de la “libertad” se han convertido en la nueva oligarquía de los seremos como el che otros, un pueblo entero, muere de hambre y enfermedades por también un día querer ser como el che…

El “extraño” caso del opositor anti-castrista José Daniel Ferrer…

Yo no voy a cuestionar las razones de José Daniel Ferrer para tan, repito, extraño cambio de actitud y de verticalidad hacia con quienes lo “torturaron” a él y hacia con quienes someten a millones de seres cubanos a tormentos, a martirios y a suplicios, todos los días de nuestra revolucionaria existencia, por el solo hecho de vivir en esa condenada y castro-comunista isla.

¿Y ahora cómo vamos a “luchar” por la libertad de Cuba sin los Grants?

Mucho dinero, demasiados recursos económicos entregados a estas organizaciones e individuos sin que ninguno, absolutamente nadie, le propiciara ni una heridita al hijo de puta de fidel castro ni a su maldita revolución de los apagones.

Cuba, los cubanos, los “opositores” con Grants y la libertad que no llega.

Yo digo que nosotros los seres cubanos tenemos muchas desgracias encima, muchas, y una de ellas es este otro parásito intestinal que se nos ha alojado en el alma Patria y que, con carita de yo no fui, lleva la friolera de sesenta y seis larguísimos años chupándonos nuestra savia vital…, pero contra ellos también vamos…

Cuba y los cubanos somos la nueva Atlántida en la mitología del socialismo.

Porque justo somos eso, un país y un pueblo al que los dioses de la decencia, del honor y del patriotismo, nos enviaron una andanada de calamidades físicas y espirituales, cientos de miles de maremotos de odio y de violencia, millones de terremotos de la desgracia y un huracán, uno solo con apellido castro, tan intenso, de tal magnitud, que el reino utópico de la Atlántida, ese que se hundió profundamente en el océano para jamás ser encontrado, parece un niño de teta al lado nuestro.

El fenómeno “Otaola” y la flacidez mental de nosotros los cubanos.

Y ese es el peligro real de Alexander Otaola, los “veinte mil” conectados que tiene, según él, todas las noches, almas en pena que se encargan de apoyarlo, de arroparlo y de adularlo, de sobre alimentar su ego de “pastor” desquiciado, sin que nos demos cuenta, sin que queramos comprender, el peligro de que, entre todos, hemos engendrado otro monstruo.

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