¿Por qué en Miami imperan el miedo comunista y el terror anti-comunista?

Yo no quiero en una Cuba futura a ejemplares tan extremistas como esos, no quiero para el futuro de mis nietos un país donde el jacobinismo reaccionario radicalice la libertad por la que tantos, pero tantos cubanos han muerto, han sufrido horrible presidio o han tenido que marcharse al destierro dejando atrás, con un inmenso dolor, al amor de sus amores.

¿Los castro-comunista no sienten vergüenza de ese país tan destruido?

Y volvemos al punto de la destrucción, del abandono, de las miserias públicas y escondidas, de los agujeros en la vida de vivir que tiene que soportar cada ser cubano en esa isla detenida en el tiempo, en ese país sin esperanzas y en ese pedazo de tierra infeliz que nos han dejado para que sucumbamos uno a uno, de a poquito, sentenciados a una esclavitud eterna, a una supervivencia inhumana y a una muerte adelantada.

Los cubanos, los excesos, el chovinismo, la altisonancia y el culto a la estupidez.

Nosotros los seres cubanos, como he dicho anteriormente, muchas veces, somos algo muy serio, somos una “raza” digna de someternos a un estudio coherente y lúcido pues eso de ser revolucionarios, eso de ser marxistas-leninistas, de creernos más comunistas que nadie y de ser los abanderados en el mundo en la creación del hombre nuevo-nuevecito, yo digo que nos ha trastornado, yo afirmo que nos ha idiotizado y yo aseguro, con todo el rubor que provoca pues soy uno de ellos, que nos ha convertido en la burla del planeta pues no se puede pretender creer que somos los más inteligentes, que somos los más lindos, que somos los más aventajados y que somos los más valientes, cuando nuestra realidad, nuestra simple y mediocre existencia, nuestro producto interno bruto y la vida que nos rodea, desmienten cada palabra y cada grandilocuencia nuestra.

Yo soy libre, pienso, hablo, escribo y publico lo que me da mi real gana.

Pasa que los seres cubanos nos hemos convertido en charlatanes laborales, en embelequeros profesionales y en censores de nosotros mismos, nos hemos especializado en ir por la vida repitiendo, como papagayos amaestrados, consignas, lemas, para decir el lema, uno dos y tres, discursos amañados, consejos y perversidades de quienes, con un alto sentido del oportunismo maquiavélico, se llenan los bolsillos descaradamente con el sudor de nuestra frente, con nuestra tardía y perenne ingenuidad y exprimiéndonos el pedacito de alma que aun nos queda.

Cuba es hoy un fantasma a medio camino entre el espanto y la agonía.

Mi vergüenza cubana es infinita, una parte de mi tiempo en esta única vida que Dios me dio fui cómplice de esa mierda, hice absoluto silencio ante la degradación sostenida de mi país, ante el envilecimiento de un pueblo que, obligado a sobrevivir cotidianamente, se fue corrompiendo ante mis ojos y llevando la lucha de clases, la famosa lucha de clases, a niveles de traición, de chivatería anónima y pública, a sálvese quien pueda, a inmortalizar la deslealtad y a asesinar, si es necesario, por alcanzar alguna migaja, algún hueso carcomido y fétido, que nos tira esa maldita dictadura castro-comunista para que nos mantengamos como esclavos felices.

¿Por qué los cubanos tenemos que tener un Presidente como Donald Trump?

No, no y no, la transformación de nuestro país, salvar a Cuba, recomponer tamaño desastre físico y espiritual originado por el castrismo, es responsabilidad de cada ser cubano, es menester de cada uno de nosotros si, de verdad, queremos otra vez una Patria orgullosa, queremos una nación radiante, queremos un pueblo culto, instruido y educado, queremos progreso y queremos que el jugo de guayaba nos llegue por tuberías hasta nuestras casas y encontremos un puestecito de sanguisis de jamón y queso en cada esquina de mi barrio: ¿Así de simple…?

Seres humanos y cubanos, un poquito de sentido común, por favor…

Yo digo que nosotros, los seres cubanos, tenemos que luchar de frente contra el monstruo castrista, esa execración ideológica que ha convertido a nuestro país y a nosotros mismos en una pestilencia muy desagradable pero, también, tenemos que librar una batalla encarnizada contra la vulgaridad, la insensatez y la superficialidad que tanto, pero que tanto daño nos está causando como nación, como raza y como pueblo.

Mamá yo quiero saber de dónde somos los “cubanos”…

En el exilio la cosa se complica, mantienen la misma falta de cerebro, la misma incapacidad para detectar al verdadero enemigo que los subyuga y los mantiene en el cepo y la tortura, pero ahora arreciado por el factor dinero, por la competencia de tener más que nosotros mismos y por aparentar un estatus que nada tiene que ver con la prosperidad y sí mucho con la precaria capacidad de nosotros, como raza, para entender que la verdadera vida de vivir se afinca en los designios de Dios, en la simplicidad, en ayudar al prójimo y en auto-liberarnos para siempre de ese pérfido castrista que llevamos dentro.

El mal hábito de algunos “líderes opositores” de hablar por todos los cubanos.

Yo defiendo el derecho universal de que cada cual sea como quiere, piense lo que le dé la gana y hable por quien le otorgue ese sagrado derecho. A lo que me niego, rotundamente, es a que personas encaramadas en historias sin demostrar se roben mi «patria potestad» y aparezcan por ahí, por donde ellos logren colarse, a decir que vienen en nombre mío y que lo que ellos digan va a ser aceptado por mi, para eso y Por Eso Me Fui De Cuba, así de simple…

Los presos políticos en Cuba, el negocio del siglo pa’ las dos orillas.

Yo digo que el cubano, el ser cubano, está tan necesitado de esperanza que cree en cualquier cosa que le digan y es criminal, abusivo, que los utilicemos para saciar nuestros perversos apetitos enviándolos a una muerte segura, pensemos en eso…

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