A nosotros los cubanos, como pueblo, en estos últimos tiempos de revolucionaria existencia, se nos distingue, se nos reconoce más, por la chusmería que nos caracteriza, por la vulgaridad que siempre tenemos en la puntica de la lengua, por el verbo violento en nuestras mentes y en nuestras manos, por la superficialidad de nuestros análisis y por ser unos mediocres consumados, que por nuestra buena educación, por ser tolerantes, por ser una nación culta, por ser bien hablados y por ser respetuosos ante la idea ajena aun cuando no coincidamos con ella.
Y sí, ya sé que con los comunistas no puede existir ningún tipo de entendimiento, que con esos bárbaros ni media palabra y mucho menos, pero muchísimo menos, algún tipo de diálogo pues con esa plaga, con esa quinta generación de los diablos del infierno, solo lo necesario para enviarlos al cadalso o a pudrirse en oscuras y remotas fosas sépticas reventadas por todo lo que nos han hecho sufrir a los seres cubanos.
Aquí de lo que se trata es de la involución en la que hemos caído cuando, por ejemplo, con la tranquilidad más pasmosa del mundo, así como si nada, con la cara más fresca que una lechuga y con la conciencia más tranquila que la Virgen en su Altar, en cualquier conversación que tengamos, con quien sea, no importa ni edad, ni rango, ni prestigio del interlocutor, nos es imposible sostener un encuentro, una simple conversación, si no soltamos unas buenas malas palabras, como si las groserías marcaran un territorio libre de “analfabetismo”, como si izáramos con “orgullo” la bandera de la cubanía o como si la vulgaridad, la chabacanería y el desorden lingüístico de estos tiempos, fueran lo más significativo para decir Cuba, qué linda es Cuba.
Yo digo que hasta el mismísimo Álvarez Guedes, ese cubanazo monumental, debe estar sufriendo en su paraíso eterno ante tantos desprestigios a nuestra “raza”, ante tantas, pero tantas, agruras dichas sin sentido y ante tanta, pero tanta, mediocridad en una Patria que vivía orgullosa de nuestros buenos modales, de nuestra excelsa educación, de nuestro maravilloso civismo, de nuestro respeto por el prójimo y de nuestra decencia y buen comportamiento en sociedad.
Es que los tiempos cambian, dirán los más mediocres, los más vulgares, los más revolucionarios y los más castro-comunistas. Es que el cubano de ahora tiene otra forma de transmitir “ideas” y utiliza otro lenguaje para expresar lo aprendido durante más de sesenta y seis larguísimos años de instrucción socialista. Ahora los niños, los jóvenes, los tembas y hasta algunos viejos de mierda, se tratan entre ellos con un discurso insustancial, insulso, porque lo importante no es la comunicación, ahora lo importante es demostrar quién es más marginal, más chusma, más solariego y más revolucionario.
Antes no era así, antes el cubano daba gusto por su buen comportamiento, sus buenas conversaciones y su decencia. Yo recuerdo que de muchacho, una cosa que me encantaba, era departir con los viejos de mi barrio por las historias que nos hacían, por lo que aprendíamos sobre lo que significaba el ser cubano y jamás les escuché, ni de casualidad, decir una mala palabra a ninguno de ellos.
Pero llegó el 1 de Enero de 1959 y junto con la propiedad privada, junto con el progreso y junto con nuestras mejores tradiciones, se fue al carajo nuestra esencia, voló la decencia hacia el campo socialista y se nos fue para siempre la luz de tus ojos con las botas rusas, con las trincheras repletas de peste a grajo, con las marchas hacia un ideal, con los mítines de repudio, con el que no salte es yanqui y con la guapería barata de si se tiran quedan.
La revolución castro-comunista transformó nuestra cubanía para mal y a nosotros los cubanos nos adoctrinó hasta la médula con los patria o muerte, nos largó como el hombre nuevo nuevecito que hoy deambula como alma en pena por los barrios de Cuba y quienes logran escapar de ese maldito infierno, en una inmensa mayoría, infectan, contaminan y pudren las calles de Miami con violencia, con tiros y puñaladas, con vulgaridad, con odio, con envidia y con cubaneo, mucho cubaneo.
Yo digo que la luz en Cuba solo llegará el día en que todos nosotros comprendamos que la libertad que tanto ansiamos solo la tendremos si aprendemos a ser inteligentes, si rescatamos y mejoramos lo que fuimos antes de 1959 y si entendemos que avance, esperanza y desarrollo solo “pegan” con decencia, buena virtud y sentido común, así de simple…
Ricardo Santiago.