Los únicos cubanos que pueden “tumbar” la dictadura castrista…

Dice mi amiga la cínica, y quiero empezar esta vez con su idea, que lo que realmente va a destruir a la dictadura castro-comunista en Cuba son los microbios, los virus, las bacterias y la enorme cantidad de enfermedades que se han desatado, y que han invadido nuestro territorio nacional, debido a la exorbitante proliferación de basureros ambulantes, de desechos tóxicos y de los otros, de desidia y de abandono, en cada esquina de esa maldita revolución de las carencias, que a la corta terminarán contaminando por completo al país provocando que desaparezcan todos los seres vivos que lo habitan.

Dice también la cínica que ellos, es decir, los asesinos del pueblo cubano, lo tienen todo pensado, que la política dictatorial es dejar que Cuba se caiga a pedazos para después ellos aparecer, tomar posesión de lo que sea, “reconstruirlo, reacondicionarlo, ajustarlo a las nuevas necesidades del país”, para luego hacerlo aparecer como propiedad privada, como un negocio regenteado por otros, por fulanito o por menganito, pero que en la vida real no son más que testaferros, perros guardianes, tracatanes, custodios de los intereses de una cúpula que lleva más de sesenta y cinco larguísimos años robando, extorsionando, corrompiendo y desfalcando, nuestro erario público nacional, nuestras riquezas naturales, nuestros ojos ciegos y nuestra dignidad como seres cubanos.

En realidad esta idea de mi amiga tiene cierta lógica, puede funcionar, pero este proceso destructivo sería un apocalipsis muy lento, una hecatombe muy a bañito de María, y no creo que una nación, un pueblo y millones de seres humanos y cubanos, estén dispuestos a soportar por más tiempo y a extender su triste agonía, su profundo calvario, su enfermizo martirologio, por más tiempo del que hemos vivido pues tanta desgracia y tanta oscuridad no hay cuerpo que las resistan.

Tengo otro amigo, un señor muy viejo, sin alas, pero con un corazón enorme, que dice que a la tiranía castro-comunista la tumban la oscuridad, las tinieblas, sus propios apagones y la falta de fluido eléctrico pues los cubanos, por no poder ver más allá de dos pasos, por no poder apreciar con claridad lo que es muy evidente a sus ojos, se van a tropezar, se van a ir de bruces, se van a romper la boca, arrasando, barriendo y sepultando todo cuanto se encuentren por delante incluyendo las dependencias, las estructuras, los horcones carcomidos que apuntalan, aun, a ese monstruo antediluviano que se hace llamar revolución de los humildes o socialismo de alcantarillas.

Yo digo que en Cuba, a estas alturas del partido comunista, todo puede suceder, todo, absolutamente todo. La isla se asienta sobre una olla de presión sin válvula de escape que, en el momento menos pensado, va a explotar como un siquitraque, a implotar como una latica de leche condensada sometida a mucha lujuria estomacal, da igual como suceda, y ya veremos a los castro, a los canel, a los esbirros de mi pueblo, salir volando y yendo a parar a casa del carajo con todo cuanto nos han robado…, vivir pa’ ver…

Pero mi punto es otro, como dije en comentarios anteriores, y es mi criterio, la única forma que tenemos los cubanos de erradicar de nuestra tierra, para siempre, ese tremendo cáncer espiritual y físico que ha hecho metástasis en Cuba, por más de seis décadas, es por una toma de conciencia de los mandos medios del ejército castrista, que no tienen hasta ahora las manos manchadas de sangre, que no tienen acceso a la gran cogioca nacional liderada por los “poderosos” generales y doctores dueños del tibol de la revolución, pero que en realidad tienen el control de las armas, de las tropas y que, tanto ellos como sus familias, mal viven, sobreviven, casi mueren, cotidianamente, a las penurias que les impone ese régimen oscuro, perverso y maldito.

Por eso digo que nuestra función, nuestra acción fundamental, debe estar encaminada a que estos oficiales, cuadros, sargentos y soldados, despierten, tomen conciencia, se organicen, se levanten en nombre de ellos, de sus familias, de todo el pueblo cubano, y se hagan con el control de sus unidades militares, detengan a los altos oficiales que no son más que unos parásitos, unos ladrones y unos asesinos, y los obliguen a ponerse de rodillas, para ser juzgados por tribunales independientes y verdaderamente cubanos, regresándole a nuestra Patria la necesaria luz, la necesaria salud y la tan ansiada libertad por las que muchos han muerto y otros permanecen en lúgubres mazmorras condenados al ostracismo.

Continuará…

Ricardo Santiago.

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