Raúl Castro es la mayor falta de respeto hacia Cuba y los cubanos.




Para la mayoría del pueblo cubano Raúl Castro es un tipo “extraño”. Yo no tengo esta verdad absoluta y mucho menos algo en contra de las “extrañezas”, pero si sé que desde que soy un niño estoy oyendo esta afirmación en la boca de muchas, pero muchísimas personas.
En una entrevista que le realizaron a Huber Matos este declaró que él tampoco podía afirmar tal aseveración, pero que estaba convencido de que tal “leyenda” surgió en la Sierra Maestra y que podría estar fundamentada en el aspecto lampiño del “joven” Castro, su carita afeminada que no había forma de disimularla y en la colita de caballo que portaba y que acentuaba aun mas esta imagen para nada acorde con la “guapería” de los alzados más “bárbaros” en la historia de la Patria. Recuerden el machismo exacerbado de la tropa “rebelde”.
Dice mi amiga la cínica, y voy a citar textualmente sus palabras porque me parecen un poco fuertes, que: “Este hijo de puta es la china más famosa del mundo, incluso que las chinas de China…”. A mí no me crean.
Por todos es sabido que Fidel Castro lo maltrataba de palabras y Dios sabe si físicamente también, era el clásico hermano mayor abusador y “protector” que lo tenía a su cuidado por orden expresa de su madre para: “…a ver si me lo encaminas y lo conviertes en un hombre hecho y derecho”.
Dicen las malas lenguas que Raúl Castro es un “tarro”, es decir, el resultado de una relación adultera de su madre con un tal Chino Mirabal, un guardia rural de la zona de Birán o algo parecido. Incluso algunos “estudiosos” se han dado a la tarea de poner una foto de cada uno de ellos, una al lado de la otra, y es cierto que el parecido es enorme. ¡Ustedes saben cómo somos los cubanos!
Los más viejos siempre comentaron que Fidel Castro lo obligó a casarse con Vilma Espín, que aquello era una “relación arreglada”. Las malas lenguas dicen que para tapar un poco la bola de “ya tú sabes” que estaba alcanzando proporciones nacionales y para darle algo de respeto ante una tropa que empezaba a mirarlo con cierto relajo. Algunos historiadores citan que esta mujer, Vilma Espín, traicionó a Frank País, su anterior novio, delación que le costó la vida al maestro.
Raúl Castro es uno de los artífices de los fusilamientos masivos contra cubanos en la Sierra Maestra y en los primeros años de la década de los 60s. Este dato es importante y no debemos olvidarlo porque convirtió su pequeñez, insignificancia, poca hombría y mezquindad en una violencia descomunal y un odio infinito contra el pueblo de Cuba.
Por otra parte Raúl Castro es el tipo más stalinista del mundo, ni los rusos quieren tanto al hijo de puta ese, pero nuestro Raulín sí, adora a Stalin con un extraño fervor, abrazó sus ideas desde el principio y las puso y pone en práctica con mucho orgullo sin que le importe el daño que causa a los cubanos. Yo estoy convencido de que este General, sin batallas ni méritos extraordinarios, nunca leyó a otros “teóricos” del comunismo menos aberrantes o a “pensadores del socialismo” que le dieran una dimensión de la vida mucho menos malsana de la que tiene.
Por otra parte dicen que es un tipo hogareño, dado a la familia, que le gusta el dólar y el euro, que no esconde ni este pesito cubano debajo de su colchón, gran bebedor de whisky y de vodka, dado a su círculo de amigos, grandes degustadores de carnes finas y del “alcoholifan”, conocidos como “los monjes cerveceros tropicales”, fanático de las peleas de gallos, enemigo implacable de sus “enemigos” y padre y abuelo de una casta que, a su imagen y semejanza, le han salido como hienas leales, oportunistas, traicioneras y letales. No quiero ni nombrarlos.
En la vida real Raúl Castro es un personaje anodino, insignificante, sin historia e historias, fíjense que ni siquiera la historiografía manipulada de los castro-comunistas recoge alguna frase célebre, hazaña importante o tan siquiera pasajera de este “General de cuatro estrellas”, nada, nada por aquí y nada por allá.
Siempre me he preguntado: ¿Cómo este tipejo puede ser Presidente de Cuba? ¿Qué batalla importante dirigió y ganó? ¿Con quién se fajó este tipo y le dio o le dieron unos cuantos trompones? Si alguien sabe por favor…
Al final, y al principio, esta es otra de las tantas desgracias que tenemos los cubanos, un “Presidente” impuesto a lo descara’o, a empellones, a base de promesas, engaños, discursos, lemas, arengas cansinas y vasos de leche vacios hasta la mitad, a la imposición a la fuerza de un apellido maldito para lograr la continuidad del robo, la extorsión, los abusos, la idolatría trasnochada, las sinvergüencerías, la represión indiscriminada y brutal que ya va para casi 60 años y que se ha encarnado contra lo más noble de la nación cubana.
Ricardo Santiago.




Vergüenza contra castrismo.




Como he dicho cientos de veces la dictadura castro-comunista de La Habana actúa como un animal carroñero, un depredador cauteloso, un cazador oportunista y un devorador insaciable de todo a lo que pueda hincarle el diente.
No hay animal más parecido a estos criminales de verde olivo que las hienas, aunque me gusta salvar las distancias porque las hienas actúan por un instinto irracional y los otros, los fidelistas por siempre, actúan por oportunismo racional, envidia racional, miedo racional, obediencia racional, mezquindad asquerosa, inquina revolucionaria, soberbia socialista, ambición contagiosa y descaro místico.
Aun así yo siempre digo que un grupo de castristas es muy parecido a una manada de hienas. Fíjense que quien siempre conduce el grupo es una hembra dominante, caen en pandilla sobre sus “objetivos” con una ferocidad enfermiza, asesinan sin que se les vea venir, se “ríen” pa’ disimular el horror que infunden y cuando tienen a sus víctimas bien “mordidas” le chupan hasta los huesos dejándolas en un flequito de miseria y lástima. Preguntémosles a los hermanos venezolanos si es cierto o falso lo que estoy diciendo.
Pero en la vida real los cubanos sabemos más que cualquiera de las “mordidas” del castrismo. Estoy seguro que nadie como nosotros para hablar del dolor, las heridas, el horror, los zarpazos y las dentelladas de esas bestias sobre un pueblo que, cierta vez, y por error, por un gravísimo error, decidimos creer en el cuento que nos hicieron y apoyar hasta la insensatez a un lobo disfrazado de conejito “Play Boy”, vaya, digo yo, pa’ variar en lo del disfraz.
El castrismo empezó a “tragarse” a los cubanos desde los mismísimos primeros años de la década de los 60s del siglo pasado. Cada discurso de Fidel Castro era una dentellada macabra contra la conciencia de los cubanos, una patada en el culo a un pueblo que “admiraba” extasiado la verborrea alucinógena de un tipejo con ínfulas de profeta pero que en realidad tenia alma de caudillo tercermundista.
La revolución social que Fidel Castro tanto alardeó haber hecho en Cuba, que promocionó y gritó a voz en cuello por cuanto rincón de este planeta le fue permitido, que vendió como gallo fino con pedigree y que enarboló a los cuatro vientos como de los humildes y para los humildes, en la vida real solo duro 15 días en la Cuba que nos vio nacer. Yo les puedo asegurar que desde el 15 de Enero de 1959, para no exagerar demasiado, lo que se instaló en nuestro país fue la más cruel, absurda y criminal dictadura que “ojos humanos han visto”, en el tiempo y en el espacio, en toda la historia de la humanidad. Una verdadera maricona’ al sentido común, a la razón y a la justicia.
Fidel Castro engañó miserable y descaradamente a todo el mundo, tal es así que ni convocó a elecciones libres, ni reinstauró la Constitución de 1940, ni respetó la propiedad privada, ni respetó el pluripartidismo ni a los partidos tradicionales, ni permitió una prensa libre y mucho, pero muchísimo menos, permitió a los cubanos pensar según sus creencias, intereses, credos, filiaciones o como a cada cual le saliera de las nalgas.
Entonces se inventó un “gran” enemigo público, tendió sobre Cuba y los cubanos el fantasma de los “americanos” y con un nacionalismo más que fascista, populista, aberrante y aterrador nos hizo jurar odio eterno al “invasor”, defender la Patria, a su socialismo y tener fe ciega en una revolución que, según él, la muy hija de puta nunca nos dejaría desamparados.
A cambio mucha marcha combativa, muchas movilizaciones militares porque vienen los yanquees, muchos actos en la Plaza a dispararnos la mierda del fulano en jefe, a cavar trincheras porque nos van a tirar la bomba atómica, mucho campo de concentración pa’ los que hablan flojito, mucha gritería y que se vaya la escoria, mucho trabajo voluntario, mucha caña pa’ tumbar pa’ los “10 millones”, mucho sacrificio por la revolución y para la revolución, no importa si los hijos se separan de los padres o viceversa, no importa si nos quitan una libra de arroz de la cuota pa’ mandarla pa’ casa del carajo, si “movilizan” a nuestros padres, hermanos, familiares y amigos y los mandan a guerras extrañas en países desconocidos, y a quien diga que no quiere ir lo tachan de la lista de la Patria y le hacen la vida un yogurt, muchas donaciones de sangre a cambio de un “sirope” y un pan con “jamonada”, mucha dedicación, marchando vamos hacia un ideal, derechitos como una vela, sin agacharse y cuidadito que a los verdaderos revolucionarios no les entra ni un alpiste por…, bueno…, por atrás.
Así, sin que nos diéramos cuenta los cubanos, el castrismo, sus hienas traicioneras, sus alimañas ponzoñosas y sus líderes de la defecación nos fueron devorando la conciencia, el sentido común, la capacidad de pensar y hasta los deseos de vivir con sus dentelladas ideológicas del que no salte es yanquee, si se tiran quedan, 31 y pa’lante, esta mosca me tiene la existencia jodida, socialismo o muerte y hasta el macabro yo soy Fidel.
Continuará…
Ricardo Santiago.




La dictadura castrista y su repugnante costumbre de quererlo todo gratis.




Juro por lo más sagrado que me propuse no comentar la última barrabasada pública de la hija de Raúl Castro, la tal Mariela Castro, cuando subió a las redes sociales, y otros medios, un número de cuenta bancaria, de un Banco propiedad de la dictadura, con sede en La Habana, es bueno recalcarlo, para que todo aquel que quisiera pudiera depositar su contribución y así ayudar al maltratado pueblo de Cuba.
Les confieso que llevaba algunos días aguantándome de lo lindo, “durmiendo de pie”, tomando pastillas pa’ los nervios, mordiéndome la lengua e inventándome diferentes terapias ocupacionales para no dejarme dominar por el primitivo instinto de desbocarme ante las acciones del castrismo que atentan y agreden la inteligencia de todos los cubanos.
Mientras más “inocente” quieran los castrista hacer parecer esta calculada acción en más deplorable la convertirán pues aquí todo el mundo sabe que nada que llegue a manos de la dictadura, como concepto de donación, este enjambre de avispas asesinas se las agenciará para vendérselas al pueblo a lo descara’o y en la cara de todo el mundo.
Por cierto, si les llegase dinero en metálico: ¿Cómo lo repartirían?
Al principio degusté con pasión las miles de acertadas respuestas que le dieron las personas con sentido común a esta Primera “Dama” de la Transilvania tropical y caribeña. Muchos paisanos visiblemente enojados le dijeron desde lo más grande hasta lo más chiquito porque, a estas alturas del partido, después de que su familia ha robado a manos llenas durante más de 58 años a los cubanos, esta tipa, sin ningún pudor, con su cara muy fresca, haciéndose la chiva con tontera, la “Sirenita” que nos trajo el huracán, “el alma trémula y sola”, la Virgen de Punto Cero, la tajadita de mango bizcochuelo fuera de temporada o la diputada parlamentaria “muy preocupada” por el bienestar de su pueblo, viene a querer pasarnos su sombrero y pedirnos que “cooperemos con el artista cubano”. ¡A nosotros con ese cuento!
Después las noticias que van y vienen: que si ella cerró su cuenta de twiter porque le subió la presión de la perreta que cogió, que no le gusto las cosas que le dijeron en su propia cara, que si Facebook le clausuró su página por pedigüeña, que si Facebook se la volvió a abrir y le pidió perdón porque todo había sido un error y no, no y no, fue aquí donde a quien se le dispararon los nervios fue a mí y ya no pude contenerme y rompí mi promesa de quedarme callado ante el descaro, la “sinvergüenzura”, el adulterio “sicosomático”, la desfachatez y el reconcomio partidista de que un personaje como este cometiera tamaño descaro y además se fuera de rositas con su cuenta bancaria a otra parte.
Al final de este cuento Mariela Castro es una “rica” diabla y goza en Cuba de total impunidad para cometer atrocidades éticas como esta. Desgraciadamente a esta “compañera”, quienes le rodean en nuestra querida Isla, es decir, los medios oficialistas, los personajes y personeros públicos de la dictadura, los “boyardos” comprometidos con el régimen, los konsomoles y los talibanes de los cañaverales a quienes se les fue el tren, los funcionarios del partido, los adoradores empedernidos de “La historia me absolverá” y hasta el infeliz de Oreste López si lo entrevista la Televisión Cubana en medio de la calle, dirán que la camarada no ha hecho nada malo y que su única intención era recoger algunas donaciones para “tirarle un salve” a los cubanos porque su papá es el mejor presidente que ha tenido y tendrá Cuba en estos 58 años y dos o tres mas pa’lante también.
Lo terrible de todo esto es que la causa fundamental de la situación que viven hoy nuestros hermanos en la isla ha sido provocada por el apellido Castro. La destrucción y el deterioro que sufren las construcciones en Cuba son parte de las desacertadas políticas socialista de una dictadura más empeñada en remendar que en construir, más apertrechada en la fascista idea de guardar la imagen de la austeridad que en abrir el país al desarrollo económico, al confort de sus ciudadanos y al progreso de la nación.
Este huracán que nos acaba de golpear, los anteriores que pasaron e incluso los que puedan llegar en un futuro, no son más que la pura, burda y sucia justificación de un “gobierno” para decir que por culpa de, por causa de, como consecuencia de y si no fuera por, Cuba seria un país maravillosos cuando la realidad, la que se vive día tras día, la que se “compra” con la libreta de abastecimiento sin que tengan que pasar los vientos de la locura, es mucho más demoledora que la fuerza de cualquier huracán categoría cinco.
Mientras tanto esta Mariela Castro, u otras iguales que ella, seguirán pasando el sombrero para ver cuánto pueden pescar gratis a costa del sufrimiento de los cubanos, igualitico a su tio que empezó a hacerlo el 1 de Enero de 1959.
Ricardo Santiago.




Y al final de qué carajo nos sirvió a los cubanos el Patria o Muerte, Venceremos.




¡Venceremos! ¡Venceremos! ¡Venceremos! ¡Griten más fuerte compañeros, más fuerte que no se oye, que nuestro grito les llegue a los imperialistas y los deje sordos! (Ataque sónico)
Y yo vuelvo a preguntar: ¿De qué nos ha servido a los cubanos tantos Patria o Muerte, Venceremos, tanta gritería y tanta histeria “revolucionaria” si los únicos vencidos en este cuento hemos sido nosotros?
Así mismo, la pura verdad y la triste realidad. Nadie nunca podrá contabilizar la cantidad de veces que en nuestra querida Isla se gritó, y se grita aun, a todo pulmón, a garganta atragantada, a voz en cuello “sin planchar”, a ojos desorbitados y a frenesí “salsero” esas puñeteras arengas de los Patria o Muerte, los Socialismo o Muerte, los Comandante en Jefe Ordene, los Nacimos para vencer…, El que no salte es yanqui, A mí me gusta que baile Mariela, perdón, Marieta, El socialismo es indestructible o “Dile a Catalina que me compre un guayo que, la yuca se me está pasando…”.
Yo siempre digo que la Patria cuando es libre y verdaderamente democrática, cuando nos incluye a todos con independencia de nuestras diferencias de pensamiento y cuando es una nación de respeto, quiere a todos sus hijos vivos, “vivitos y coleando”, los quiere respirando a pulmones repletos y con un espacio para que cada uno intente encontrar la felicidad porque no existe nada más alejado del significado Patria que la muerte, esa muerte que nos ha querido imponer la dictadura de los Castro porque se creen los dueños de nuestras vidas.
Pero para el castro-comunismo, para Fidel Castro, Raúl Castro, los principales organizadores del monstruo dictatorial cubano y para sus strippers de la “moral revolucionaria”, la muerte siempre fue y ha sido una moneda de cambio que todo cubano, menos ellos, debemos llevar en nuestros bolsillos por si tenemos que pagar “un pasaje” para montarnos en el “barquito de papel, mi amigo fiel, llévame a navegar por el ancho mar…”.
Todo cuanto estos hijos de puta nos han inculcado a los cubanos es que la “revolución”, esa maldita revolución de porquería, está por encima de la vida de todos nosotros y que “cualquier cosa” que ponga en peligro su existencia debemos sacrificarnos y morir por ella que, total, ya vendrán tiempos mejores compañeros, sus familias no quedarán desamparadas, les darán doble cuota de chícharos y de picadillo de soya, pondrán sus nombres a algún CDR, Escuela Primaria o Círculo de Abuelos, estarán en la gloriosa lista de los mártires sagrados porque, en definitiva compañeros, “morir por la Patria es vivir”.
Falso, una muela bizca muy repugnante. Patria nunca será revolución castrista, nada tiene que ver una cosa con la otra, nada tiene que ver el ideario más puro de una nación con las ambiciones y las mezquindades de una dictadura.
La realidad es que ninguno de estos dictadores, o sus familiares, van a morir por la Patria y mucho menos, pero muchísimo menos, por esa revolución de postalita, de hecho ya lo demostró el “Zar de Birán” que pasó a la historia sin recibir ni una cortadita y sin inmolarse, como cualquier “buen revolucionario” con vergüenza en su cara lo hubiera hecho, ante el desastre que causó en Cuba y ante la miseria y la destrucción que provocó en los más de 50 años que anduvo y desanduvo, sobre todo esto último, y a las que arrastró a todos los cubanos.
Propongo que nos detengamos un minuto, con un solo minuto basta, y nos daremos cuenta que en estos más de 58 años de revolución con minúsculas nunca hemos vencido a nadie ni a nada, que hemos puesto muchísimos muertos en las llamadas guerras internacionalistas, en las falsas ayudas “desinteresadas” a “países hermanos”, en las disparatadas “cooperaciones” a los más necesitados y en los reales planes expansionistas de exportar un socialismo desvencijado que, incluso, le ha costado muchos muertos a otras naciones.
Preguntémosle a las madres, a los padres y a los familiares de los miles de cubanos que han perdido la vida, en otros países cumpliendo las llamadas “misiones internacionalistas” de la “revolución”, qué piensan sobre esos venceremos.
Pues sí, y la prueba más real de nuestra derrota, de nuestra falta de victorias, de que solo han sido puros gritos de “venceremos” y falsas expectativas de “venceremos” nada mas, es la incapacidad de los cientos de miles de cubanos que, ante esta última catástrofe meteorológica, se ven en la incapacidad de reponer cuanto han perdido porque durante estos últimos 58 años no han podido acumular nada, absolutamente nada y ahora, Septiembre del 2017, se encuentran a la buena de Dios, de sus familiares en el exilio, quienes los tengan, o de algún buen samaritano que quiera extenderle una mano porque esa bochornosa dictadura nunca va a hacer nada por ellos, lo único que les ha enviado son muchos militares y perros mete-miedo entrenados para matar, matar y matar.
Ricardo Santiago.




Un castrista “exiliado”: El producto exportable más “barato” del socialismo.




Desde que tuve uso de razón en Cuba, y aclaro en Cuba porque para los cubanos la “razón” en nuestro país está secuestrada por la dictadura castrista con su “pintoresca” ideología del socialismo o muerte, con sus “oye, oye, a la hurra ra, a la hurra ra, bombomchie chie, chie, bombomchie chie chá…” por cualquier mierda que se les ocurra, con sus doctrinas de mira pa’bajo, gargajo, con el cuentecito de que la revolución es un “bálsamo para tus ojos” o con el famoso “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” de tu comandante en jefe Fidel, nos han venido diciendo que los Estados Unidos, el imperialismo, el capitalismo salvaje y las sociedades de consumo son algo así como el Coco de los cuentos, el “Hombre del Saco”, la enfermedad más virulenta que existe, el enemigo número uno de la humanidad, “los versos más tristes de esta noche” o la realidad de la que todos debemos huir, apartarnos, criticar y repeler.
Este fue el discurso con el que crecí. Durante toda mi formación académica este fue el mensaje que siempre me transmitieron los maestros y profesores que tuve en los diferentes grados de enseñanza, fue algo así como la savia fundamental, única, sagrada, con la que debían alimentarse nuestras conciencias de jóvenes revolucionarios, hijos de la patria socialista, tierra de Fidel.
Terrible pero cierto. Por eso veíamos como algo muy normal que cada cierto tiempo se “difundiera” la noticia, por todos los medios oficiales del régimen, que los yanquis nos iban a “atacar” con sus “rubios” marines, que nos tirarían la bomba atómica porque estábamos jodiendo mucho y tenían que darnos un escarmiento, que la improductividad y la escasez de nuestros campos eran por culpa de la CIA y sus agentes, que los “gusanos” de Miami devoraban nuestras frutas, nuestro pescado y nuestras carnes con sus apetitos insaciables y no dejaban nada ni pa‘ti, ni pa‘mi, ni pa’ todos los que están aquí, en fin, que los enemigos de la Patria nos “bloqueaban” por todas partes y que por culpa de ellos la Gallega le echaba rojo aseptil a los durofríos y decía que eran de fresa.
Con esos truenos: ¿Cómo no odiar a los Estados Unidos, a la CIA, a Miami y a su “terrible” sociedad de consumo?
Según Fidel Castro el odio a muerte al “enemigo imperialista” debía ser el sentimiento fundamental de todo cubano, la austeridad y el sacrificio los rasgos más notables y la incondicionalidad a la revolución, y subrayo incondicionalidad, tenía que ser la primera manifestación de todo aquel que quisiera vivir en la sociedad más “perfecta” que se había inventado en este mundo, algo así como que morir por el socialismo tendría para nosotros un significado parecido al que tienen las “vírgenes” del cielo para los musulmanes.
Pero como la historia lo demostró todo ese bla, bla, bla de la sociedad perfecta, justa, igualitaria, de los humildes, de los camisitas a cuadros y pelados bajito, revolucionaria, participativa y próspera fue la mentira más burda, asquerosa y cruel del difunto en jefe con la que engatusó a casi todo el pueblo cubano, le permitió convertir a Cuba en su finca privada y a él mismo en uno de los hijoeputas más ricos del mundo. Si quieren no me crean a mí, pregúntenle a Mariela Castro.
Gracias a Dios millones de cubanos nos dimos cuenta y nos convencimos de que esa revolución, Fidel Castro, el castro-comunismo, el socialismo, el pan de gloria, el eterno sacrificio y la ciega obediencia no eran más que una gigantesca estafa con la que crecimos y con la que nos habían “estrangulado” nuestra capacidad individual, el sentido común, nuestras aspiraciones como seres humanos y nuestro derecho a pensar con independencia de las políticas “gubernamentales” y, sobre todo, de las de su máximo líder.
Ante el “grave” delito que significa en Cuba tener una opinión contraria al “ordeno y mando” de la dictadura, muchos decidimos irnos al exilio antes que seguir viviendo en un país donde todo, absolutamente todo, es un acto político o tiene connotaciones políticas.
Pero reconozco públicamente mi equivocación, no todos los cubanos emigramos por motivos políticos, no, los hay quienes lo hacen porque son miembros del ejército de espías de la “revolución”, muchos porque son agentes de influencia del régimen en el exilio y otros porque son miembros del Contingente Laboral “Los chicos del castrismo” que se van de Cuba para, según ellos, ayudar económicamente a sus familias pero que siguen amando y defendiendo la revolución y a Fidel.
Y yo pregunto: ¿No es por culpa de esa revolución y de Fidel que sus familias están como están?
Cuando tenemos que emigrar al capitalismo salvaje a buscar lo necesario para salvar a quienes viven en el “próspero” socialismo entonces algo nos dice que la ecuación que nos enseñaron en la escuela no funciona, que está muy mal.
¡Abrid los ojos cubanos!
Ricardo Santiago.




Cuba: Un país en escombros, con escombros y para los escombros.




El huracán Irma ya es historia pero a los cubanos nos quedará para toda la eternidad la destrucción que causó en nuestros pueblos, ciudades y, sobre todo, en nuestras almas.
Las ruinas de cientos de edificios a medio derrumbarse se erigirán como los nuevos “monumentos” que emularán con las culturas clásicas de la antigüedad por su permanencia en el tiempo, servirán también como albergue para los “amores de corre-corre” o como baños públicos de quienes han perdido el pudor, la decencia, o no se quieren morir, de una tripa reventada, en medio de las desgracias que tienen que soportar en esta perra vida que les ha tocado vivir.
Quedarán también millones de metros cúbicos de escombros, toneladas de desperdicio regadas por cualquier parte y que al final se convertirán en vertederos públicos de los “buenos vecinos” y en criaderos de cuanta alimaña portadora de enfermedades exista en nuestra “querida” e infecciosa fauna tropical.
El pueblo humilde una vez más convivirá con la basura, tendrá que resignarse a ser testigo de la fusión de los viejos ladrillos destrozados, las vigas carcomidas y el repello de cal y canto con las cáscaras de huevo y la basura orgánica que se irá acumulando como si la ciudad entera fuera una cloaca, un sumidero de desagradables olores, una fosa pestilente o un agujero con las aguas sulfurosas del infierno.
Y es que a esa dictadura no le interesa la salud del pueblo. El General ha hecho hincapié en que hay que recuperar las zonas turísticas primero, que los pocos recursos con que cuentan serán destinados a echar a andar la “industria sin humo” en el menor tiempo posible porque la revolución lo necesita: ¡Será descara’o este tipo!
¿Y el pueblo qué, mi odiado General?
Porque al final la mayoría de los cubanos ni siquiera han visto el Lobby de esos hoteles, ni siquiera pueden imaginarse qué es hospedarse una noche en una de sus habitaciones o “papiar” de lo rico en sus mesas buffet hasta que los corazones se les revienten de felicidad. No, General, el cubano de a pie quiere solución a sus problemas, necesita reponer lo que ha perdido y necesita saber que no está desamparado, que “alguien” estará a su lado y hará hasta lo imposible para que pueda restaurar cuanto ha perdido, lo que con tanto esfuerzo logró acumular durante todos estos años y que unos vientos de mierda se lo arrancaron y se lo tragaron sin pedir permiso.
General Raúl Castro deje de ser tan hijo de puta e imbécil y escúcheme, el pueblo primero, los cubanos primero, los “revolucionarios” primero, como Usted quiera pero alivie las necesidades de los cientos de miles de ancianos, hombres, mujeres y niños que lo han perdido todo, o casi todo, deje la repugnante retórica y el cuento de que la revolución no dejará a nadie desamparado pues todo el mundo sabe que eso es mentira. Aun quedan destrozos visibles en algunas partes del oriente de Cuba del ciclón Flora y este pasó en Octubre de 1963, así como otros que se sucedieron después que han quedado como memoria y demostración de la ineficacia, la despreocupación, el desinterés y el real abandono del sistema socialista por “salvaguardar las conquistas del pueblo”.
General, el socialismo es una falta de respeto a la dignidad de los seres humanos y para lo único que sirve es para “escombrear” los países por donde pasa. Es una ideología que provoca más destrucción que los huracanes que nos tocan porque es como un torbellino de malas decisiones, un vendaval de disparates, un rabo de nube de perversión, como torrenciales aguaceros de incompetencias y como vientos resoplados de imposiciones y de represión a las libertades de los hombres.
Lo peor de todo esto General es que las desgracias que provoca el socialismo, como el peor huracán que ha azotado a los cubanos, suceden cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada año y todo el tiempo de nuestra existencia y el de su ilegal y monstruosa dictadura.
Mientras el castrismo usurpe la democracia, el civismo, el sentido común, la decencia, el pluripartidismo, la libertad en todos los sentidos, el níquel pa’ coger la guagua, el respeto, la libre elección, la disciplina social, la buena educación, el desarrollo tecnológico, el verdadero goce espiritual, la espontaneidad y las buenas palabras en Cuba, los cubanos estaremos viviendo constantemente bajo los efectos del peor de los huracanes, y sin derecho a protestar.
A los escombros históricos de la nación cubana se suman ahora los escombros dejados por el huracán Irma, una triste realidad con la que tendrán que convivir los cientos de miles de cubanos que conforman esa parte del pueblo que, para la dictadura de los Castro and Son S.A., son mucho menos importantes que el “turismo de la revolución”.
Vivir pa’ ver…
Ricardo Santiago.