Cuba: La perpetuidad de un absurdo frente a la indiferencia del mundo.




El problema de nosotros los cubanos es la persistencia que hemos tenido en permitir que se mantenga nuestra mayor desgracia. Es como si le hubiéramos agarrado el gusto a la miseria, al atraso, al subdesarrollo, al hambre y a la tristeza. Yo digo que al final ese cartelito nos va a costar Dios y ayuda quitárnoslo de encima y que el mundo lúcido nos vuelva a mirar como personas responsables que quieren un país que funcione con coherencia, sentido común y decencia ciudadana.
De un país de arcoíris nos convertimos en una nación gris, insulsa, pedigüeña y destartalada. Nos dejamos encasquetar una “pañoleta” en 1959 y nos hemos pasado estos últimos 59 largos, larguísimos años andando por la vida como pioneritos errantes dispuestos, todo el tiempo, a: para decir el lema, uno, dos y tres…
Dice mi amiga la cínica que tal parece que le agarramos el gusto a la muela, al teque y al bla, bla, bla…, de tal manera, que nos creímos el cuento de que con consignas, peroratas superfluas y discursitos enardecimos, que no dicen nada ni van a ningún lugar, podíamos hacer crecer los boniatos en los campos, los panes en las panaderías, la leche en las vaquerías, el quimbombó que resbala pa’ la yuca seca, los peces en el mar y echar a andar las fábricas para autoabastecernos de lo necesario y no convertirnos en un pueblo que tiene que mendigar donaciones por el mundo o admitir, a estas alturas del partido, que vengan dos o tres, haciéndose los “inteligentes”, a querer enseñarnos a nosotros, fíjense bien, a nosotros, a cultivar mangos y guayabas.
Lo último que nos falta es que también nos digan qué hacer para que crezca nuestra hermosa PALMA REAL en nuestros campos, por cierto, hablando como los locos: ¿Alguien ha visto alguna vez una palma real chiquita o a Mariela Castro llevando a sus hijos a la escuela en bicicleta?
Pero bien, “guayaba” fue la que nos comimos los cubanos cuando aceptamos a estos degenerados castristas con sus cuentos de la dictadura del proletariado, la igualdad social, la abundancia en el socialismo, el quítate tú pa’ ponerme yo y el progreso del comunismo. Yo a veces me pregunto qué estábamos comiendo cuando nos dejamos engatusar, arrastrar y convencer por ese vil sujeto que pregonaba histéricamente en público que debíamos combatir a muerte al imperialismo yanquee, y a toda su “parentela”, y en la intimidad se embuchaba de Coca Cola como un trastornado disfrutando todos, “toiticos”, toiticos, los placeres del capitalismo más feroz.
Y es que hay que ser muy tonto para creer que un país puede funcionar con la rigidez mental que proporciona el castrismo. Ninguna nación y ningún pueblo de este planeta pueden prosperar si se dejan imponer una ideología tan retrógrada, absurda, disfuncional, necia, represiva y mierdera como es la ideología castrista.
Los cubanos hemos sido testigos de cómo un país puede sobrevivir a base del penúltimo suspiro y de la idiotez colectiva como principal alimento y preferimos desgastarnos en ir a desfilar a donde sea, hacer extensas colas para adquirir lo más inverosímil o tapar el sol con un dedo que sacudirnos de encima ese monstruo que ha ennegrecido a nuestra patria y que inventa cada día nuevas estrategias para no dejarse “tumbar”.
El castrismo, al final de este largo e interminable cuento, ha devenido en una ideología “mística”, mucha “espiritualidad” y muchas “aspiraciones” pero en la práctica, en la concreta, en la vida real y en el pan con “guayabidad” nos ha dejado a los cubanos petrificados en el tiempo, observando desde detrás de la barrera cómo el mundo avanza a pasos gigantes hacia la era digital, la inteligencia artificial, la globalización del conocimiento y, lo más importante, la producción de alimentos.
Desgraciadamente los cubanos decidimos seguir pedaleando hacia atrás con todos los peligros que ello implica, coreando para decir el lema y hacerle el juego a la dictadura enfrentándonos entre nosotros mismos que sacudirnos de encima a esos hijos de puta y, todos a la vez, tirar pa’lante que, estoy seguro, segurito, segurito, que vamos a llegar a un mundo mejor así, al chasquido de los dedos.
Ricardo Santiago.




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Tus Comentarios

1 comentario en “Cuba: La perpetuidad de un absurdo frente a la indiferencia del mundo.

  1. Excelente y mas claro ni el agua, yo a veces he pensado incluso, que estas personas, por orgullo y miedo, no se han marchado de cuba, porque ante tanto fracaso, con un poquito de honestidad, ya debieron hacerlo hace mas de tres decadas

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