Cuba no es el paraíso socialista, es una fosa de corrupción, destrucción y muerte.



Lo que muy pocos seres cubanos pudimos imaginar, aquel fatídico Enero de 1959, porque la “diarrea” populista nos embarró el sentido común, fue que la “famosa” revolución del picadillo, o de la limonada, no era más que una vulgar, criminal, ilegal, tramposa, cobarde y dinástica dictadura donde para lograr “sobrevivir” tendríamos que nadar en un mar profundo, muy hondo, de corrupción, de chantajes, de extorciones y de “izquierdasos” nacionales.
En todos los países del mundo existen personas corruptas, oportunistas y ladronas. Son características innatas al ser humano y cada cual las pone en práctica, o no, de acuerdo a su conciencia o a su “cuna de nacimiento”.
En Cuba se puede ser todo eso, es decir, se puede ser un imperfecto asaltador de caminos, un ladrón de tendederas, un malversador del guarapo y la “coyuntura”, un maniguiti un peo, un bandido de río frío, un saqueador del erario público nacional y, además, sin que interfiera “ética o moralmente”, ser revolucionario, comunista, fidelista por siempre, delegado del poder popular, secretario del partido y ministro o presidente, una mezcla absurda pero cierta, nauseabunda pero real.
Pero: ¿Por qué en Cuba una persona puede ser tantas cosas horribles y vivir con total impunidad?
Pues creo, sin temor a equivocarme, que la respuesta está en la esencia misma del castro-comunismo, un régimen que se creó a partir de una enorme mentira y que para lograr mantener el poder nos quitó las “galleticas” a los cubanos para darnos tremendos “galletazos”.
fidel castro, para que le apoyaran sus crímenes y desmanes, tuvo que privilegiar, durante los más de 50 años en que nos “mordió” la Patria, a un montón de delincuentes para que les taparan sus violaciones, sus disparates, su desastre y su incompetencia.
Todos esos mequetrefes y esbirros “beneficiados” con la “gracia dictatorial de un carro, una casa y una buena mujer”, le pusieron en bandeja de plata las herramientas para que deshiciera y destruyera la nación cubana con un entramado de corrupción tan grande, pero tan grande, que los seres cubanos hoy en día no sabemos si tenemos hambre o sed, si vivir en la miseria es tener los “calzoncillos” sin elásticos o si el azúcar es salada, la sal dulce o al revés.
El castrismo es el máximo responsable de la profunda corrupción social, económica, espiritual y ética que hoy tiene que soportar el pueblo cubano.
De niño me preguntaba cómo era posible que tales “aguerridos patriotas”, “desinteresados combatientes por la libertad” y “antimperialistas consumados”, pudieran vivir en las mansiones de la “apátrida burguesía”, de la misma burguesía a la que ellos, blandiendo las pancartas de la igualdad y la justicia social, confiscaron y decomisaron en nombre de un proletariado que nunca las vio pasar.
Yo digo, ahora de grande, que ahí mismo comenzó el gran relajo nacional, la debacle, la indecencia de la patria, el dale al que no te dio y el famosísimo: “a la fiesta de los caramelos no pueden ir los bombones”.
Todos en Cuba, observando que los jerarcas del partido comunista, y los “eternos enamorados” de la revolución del picadillo, roban a las dos manos y viven como verdaderos potentados del potaje con chicharrones y la cerveza de importación, les siguen los pasos y copian ese “ejemplo” aspirando a que la impunidad también se apiade de ellos.
Los escándalos por corrupción en Cuba, durante estos últimos sesenta larguísimos años, han sido muchos, de todos los tipos, formas y colores.
Yo digo que si pudiéramos rescatar los miles, de miles, de miles de millones de dólares que fueron y son desviados del “tesoro” nacional a las cuentas privadas de los castro y sus hijos, a las de los mariscales acaramelados del consejo de ministro, a las de los generales y doctores del castrismo y a las de todos los que de una forma u otra han vivido o viven de la que se “cae” del tibor del socialismo, Cuba sería hoy la nación más próspera del mundo y los cubanos nadaríamos en café con leche, tendríamos en cada esquina un puestecito de arroz con pollo calientico y un “tirito” de refresco frio pa’ los muchachos.
La corrupción, el oportunismo y el robo son males intrínsecos al socialismo porque son su esencia y su médula espinal. No existe otra sociedad con males tan descarados porque esa ideología es un invento para instrumentar, justificar y legalizar el control total de unos pocos, poquísimos, sobre una multitud enajenada que cree que el dolor de estómago que los está matando es un “virus chino” y no el hambre tan tremenda que les impone ese asqueroso socialismo.
La pudrición en Cuba, desgraciadamente, de tanto ser “revolucionaria”, terminó por contaminar, también, la espiritualidad, la humanidad y el alma de muchísimos cubanos, otra desgracia que le tenemos que “agradecer” a la dictadura castro-comunista.
Ricardo Santiago.



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