El odio entre cubanos no lo inventamos nosotros…

articolo




Un señor, de “inteligente palabra” y “cervantino estilo”, me ha dejado un comentario muy inquietante en mi blog al pie de uno de mis artículos. Exactamente dice:
“Huelo dolor y rabia contra aquello que no es de su agrado.., lástima que tenga que rabiar por tanto odio acumulado…, tal vez tengas razón pero su precio pagas por tenerla todo tiene valor a pagar.., opositar incluido.., espías malos todos cierto es.., vengan del bando que sean..!!”
En realidad su crítica es un poco confusa pero me ha dado pie para escribir sobre algo que tenía en mente desde hace unos días.
Obviamente no voy a contestar las diatribas de esta persona, sólo voy a limitarme a reflexionar sobre algo que es muy complejo y de lo cual se tiende a echar mano cuando de agredir o atacar a otros se trata.
Para el castro-comunismo, sus practicantes confesos o solapados, quienes vivimos en el exilio o se enfrentan a sus doctrinas, estamos llenos de odio y rabia contra Cuba y los cubanos, somos una especie de bestia feroz que se retuerce en tierras lejanas y sólo ansia atacar y engullir al noble pueblo de Cuba (ERROR TOTAL).
El problema, el terrible problema, es que han hecho de este discurso una bandera que han enarbolado por más de 57 años y, de tanto ir de aquí para allá y de allá para acá, muchos infelices e “ingenuos defensores de la justicia social”, dentro y fuera de nuestra patria, han terminado por creerla, repetirla y adorarla.
Pero pongamos los puntos sobre las íes: No fuimos nosotros, Fidel Castro fue quien obligó a odiar a los cubanos, así de simple.
La Revolución castro-comunista de 1959 en su afán por demostrar su “superioridad moral” sobre cualquier otro sistema económico-social y sus dones de “benefactora de los humildes” obligó a los cubanos a odiar a sus “enemigos de clase”, es decir, a todos los que no pensaran como ellos o fueran como ellos. El cubano de la noche a la mañana se vio odiando (y pobre del que no lo hiciera) a “la burguesía”, al imperialismo, al capitalismo, a sus vecinos, amigos, familiares, hermanos, padres y madres, a todos sin excepción: “soy comunista, toda la vida, o bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao…”
Odiar se convirtió en la palabra de orden: “te odio mujer ingrata…”, parece que el uniforme de miliciano y las “ppchas” también armaban a los individuos de cierta moral superior que les permitía indiscriminadamente juzgar con rabia a quienes sencillamente no querían ser como ellos, abrazar las ideas del comunismo o simplemente vivir en Cuba sin tantos aspavientos y griterías.
Los comunistas odian, vasta con oír sus discursos o arengas, no importa quién protagonice los chillidos, sea quien sea el orador de turno siempre escucharemos las mismas idioteces y pendejadas: no nos vencerán, no les tenemos miedo, el pueblo unido jamás…, son unos traidores, vende patrias, gusanos y eso que me hiciste me dolió, me dolió…
¡Cuánto nos obligaron estos hijos de puta a odiar y a maldecir! ¡Cuánto odio sembraron en generaciones enteras de cubanos! ¡Cuánta rabia repartieron entre un pueblo que siempre fue uno de los más amistosos del mundo y que por el capricho y la mala intención de este hombre transformó sus brazos abiertos de buen amigo en puños de golpear y de matar!
El rencor revolucionario es una patología funesta, es contagioso, maligno, tenebroso y lascivo. No permite la vida porque la esencia de ese tormento ideológico es la propia incapacidad que tiene el comunismo para lograr paz, amor y armonía.
No, yo no odio a Cuba y mucho menos a los cubanos, estoy vacunado contra la rabia del cuerpo y del alma, y lo que sí emana de mis escritos, y a borbotones, es un dolor inmenso por no ver el final de esta maldita tiranía que nos ha causado un daño y un dolor irreparables a todos los cubanos, mucho dolor…




2 comentarios en «El odio entre cubanos no lo inventamos nosotros…»

  1. Según un amigo mío erudito me dijo que en las obras completas de Marx ni una vez aparece la palabra Amor.
    Mientras que en José Martí si aparece en muchas ocasiones, una vez ligado el amor con el odio en el poema Abdala: Madre, el amor a la patria no es el amor ridículo al suelo que pisan nuestras plantas. Es el odio invencible a quien la oprime.. . Mira que interesante, el hombre de la Rosa Blanca no entiende con aquel que oprime a la patria

    Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »