¿En qué hemos convertido a Cuba, en qué nos hemos convertido los cubanos?



Los cubanos llevamos más de sesenta y tres larguísimos años, los más largos del mundo, empujando una “chivichana” con la que hemos pretendido construir el famoso socialismo.
Aun después de tanto tiempo persistimos en la estúpida idea de que “empujar y empujar”, esa ineficiente chivichana de la propiedad social sobre los medios de producción, nos llevará hacia algún lugar y nos permitirá lograr que nuestro país prospere, brille, se desarrolle, crezca y se convierta, como un día fue, “en la envidia de cuanto mentecato vive en este mundo”.
Pero, la cruda realidad, la verdad irrefutable, las colas pa’ comprar el pollo imperialista, es que a los seres cubanos nos engañaron miserablemente con que teníamos que construir un nuevo sistema social al vaivén de cánticos patrioteros, de consignas efervescentes pa’ exaltar la adrenalina revolucionaria, de moloteras ideológicas pa’ reafirmar nuestro “nacionalismo” y de destruir los avances que habíamos logrado como nación porque, supuestamente, edificaríamos un nuevo país, un nuevo régimen, un nuevo pueblo y un nuevo hombre mucho más eficiente, más capacitado, más inteligente y más “iluminado”, del que teníamos antes de 1959.
Yo siempre he dicho que el socialismo tiene esas cosas, que ataca a los pueblos desde bien abajo, bajito, les hace creer que son una masa oprimida, explotada y humillada por oligarcas, burgueses, el bodeguero y el copón bendito, para exacerbar y enajenar los sentimientos nacionales y convencernos de que el país necesita un sistema económico donde el proletariado sea el dueño de…, bla, bla, bla…
Después los forman como manadas, grupos, bloques, ejércitos de imbéciles y los ponen a gritarle babosadas al enemigo imperialista, a destruir los “símbolos” del capitalismo por ser demasiado confortables, a linchar a todo el que no esté con nosotros en nombre de la “justicia” social y a ponerse en una larga fila para recoger, mediante una libreta de racionamiento, la “chivichana” con la que, compañeros, vamos a construir una nueva patria, “nuestra” revolución y “nuestro” socialismo.
Los seres cubanos sabemos bastante de esto, a nosotros no hay quien nos haga un cuento de “empujar y empujar” esas malditas chivichanas pues tenemos callos y ampollas hasta en el alma de darle varias vueltas a nuestra isla querida tratando de encontrar algo “crecido” en medio del marabú, entre tanto estercolero, entre tantas ruinas, entre tanto sufrimiento, entre tanta tristeza y entre tanta pudrición.
Porque, si algo es cierto, es que en Cuba, las chivichanas que nos entregó esa porquería de revolución y ese maldito socialismo de alcantarillas, es que las muy puñeteras siempre estuvieron descojonadas, estériles, ponchadas y destartaladas porque un país, que se respete, no puede progresar a base de empujones, de empellones, de absurdos, de prohibiciones, de limitaciones y de restricciones.
Pero, aun así, como muestra de nuestra anormalidad, yo digo que a los cubanos se nos quedó el vicio de empujarlo todo en medio del desastre, en medio de ser los principales testigos de la destrucción física y espiritual de nuestra nación y, aun así, persistimos en tamaño “esfuerzo” infecundo aunque sabemos que nunca llegaremos a ningún lado pues el problema de Cuba, el que nos tiene como nos tiene, no es la chivichana y mucho menos nuestros “empujones”.
Ahora la dictadura castro-comunista nos quiere “entregar” a los cubanos, “baratica” y a un módico precio, al alcance del bolsillo de los trabajadores, una nueva “chivichana”, mucho más modernizada, según ellos, de producción nacional, que se llama continuidad, nuevo código de la familia o reordenamiento.
A mí, en lo personal, todo lo que produce la dictadura me huele mal, me desagrada y me asquea. En la práctica de la vida el castrismo no entrega una sola chivichana que favorezca al pueblo, todo lo contrario, solo se esmera en hacer más restrictivo el socialismo que inventó fidel castro, en reforzar las herramientas dictatoriales con más sadismo, en convertir a los seres cubanos en más obedientes de papá estado, en garantizar la cogioca castrista por los siglos venideros, en legalizar el cachumbambé de la miseria, en liquidar todo intento de que el cubano sea libre y, lo más peligroso, en mantenernos como un pueblo energúmeno, sin pensamiento propio, sin ideales de libertad y que, además, empuje la chivichana sin decir ni ji.
Por eso insisto en que no se trata de empujar esto o aquello, de seguir tus huellas pa’ no embarrarme los pies, el castro-comunismo tiene mucha experiencia, muchísima, en manipular y trastocar la realidad a su conveniencia, de convencernos a los cubanos de cavar cientos de miles de baches profundos donde, más tarde o más temprano, nos despetroncaremos todos, irremediablemente, con nuestras desvencijadas chivichanas…
Ricardo Santiago.



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