La mediocridad de Fidel Castro fue la desgracia de los cubanos.




La dictadura castro-comunista promueve la mediocridad para poder controlar al pueblo con mayor facilidad. Es un sistema fascista de dominación mental y una herramienta muy efectiva para lograr la sumisión de las masas. Un tonto ideológico, un energúmeno social, un miliciano sin escopeta y un animal con ropas son entes muy fáciles de manipular.
La mediocridad es un cáncer que corroe a los seres humanos y contagia a las sociedades hasta convertirlas en una masa amorfa, estúpida y violenta. Es un mal virulento porque utiliza la masividad para propagarse y la brutalidad para manifestarse.
La mediocridad es la verdadera causa de la muerte de la nación cubana y sus valores más notables.
Las personas mediocres no razonan, son incapaces de generar por sí mismas una idea y están sujetas a ser dirigidas y programadas cual columna de ovejas camino a ser esquirladas o al matadero.
Una de la “cualidades” más notorias de Fidel Castro fue su habilidad para manipular. Con una tranquilidad pasmosa transformaba una acción disparatada en una “victoria” y convertía a un don nadie, fronterizo y orillero en ministro de cualquier cosa. Así, a golpes de emperador todopoderoso, gobernó a Cuba y humilló a cientos de miles de cubanos por más de 50 años. Un comunista para escalar puestos no necesita ser inteligente, sólo saber oler bien las nalgas adecuadas.
En Cuba los “méritos revolucionarios”, y la actitud políticamente correcta, prevalecen por encima de la capacidad intelectual de las personas. ¿Alguien se atreve a cuestionarlo?
Si analizamos bien este fenómeno podemos darnos cuenta, con mucha facilidad, que la revolución con minúscula del “team” Castro no es más que un invento de “proyecto social” muy mediocre, repleto de disparates y exhibicionista de una incompetencia total.
El 1 de Enero de 1959 Cuba era un país muy próspero no sólo económicamente. A unos elevados índices de desarrollo industrial, para una pequeña isla del Caribe, nuestro país contaba con un sistema de instrucción pública de los más competentes del mundo así como centros de enseñanzas con prestigio a nivel internacional. La diversidad de la enseñanza en Cuba, desde escuelas públicas, privadas, religiosas, militares e Institutos extranjeros, propiciaba que el cubano accediera a una de las instrucciones más avanzadas de toda la América Latina.
Pero a mi juicio lo más excelso de la instrucción en Cuba, antes de la llegada del comunismo, era la capacidad y la calidad de sus profesores y maestros. Son muchas las anécdotas y los ejemplos sobre distinguidos pedagogos que pasaron por las aulas y la conciencia de los cubanos, nombrarlos a todos sería interminable.
Por muchas razones los buenos maestros fueron desapareciendo y las aulas cubanas se llenaron de brigadistas, destacamento pedagógico, repetidores improvisados y por último, y para poner la tapa al pomo, maestros emergentes formados de corre-corre y deslumbrados con un montón de promesas inservibles.
¿Puede un país aspirar a la excelencia y a la decencia sin un buen programa de formación de maestros?
El magisterio es una vocación, yo diría más, un buen maestro nos abraza con palabras de amor mientras nos provoca una curiosidad incontrolable por querer saber más de lo necesario.
Fidel Castro propagó gratuitamente la mediocridad entre los cubanos. Este es el verdadero sentido de la enseñanza gratuita en Cuba. A conveniencia se convirtió en ejemplo de chusmeria, falta de respeto e intolerancia y creó las bases para que siguiéramos su ejemplo y le dijéramos “gusano” a quien pensara diferente a nosotros u ofendiéramos sin misericordia al vecino porque la “mariconeria no es de revolucionarios, es una enfermedad y una manifestación pequeño burguesa”.
A los cubanos estos sujetos, los castro-comunistas, nos jodieron por todas partes. Unos nos convertimos en mediocres por conveniencia y otros por sumisión. Gracias a Dios otros se salvaron. La mediocridad asumida provoca que las personas hablen y digan idioteces, la mediocridad inducida y asimilada que las personas las repitan como pregoneros de imbecilidades oportunas y útiles para el gobierno.
Empecé con una idea y terminé escribiendo sobre otra: ¿Qué es eso?
Continuará…




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