La pérfida obsesión del castrismo por intentar silenciar la verdad sobre Cuba.



Yo digo, afirmo, reitero, aseguro y confirmo que lo de la revolución del picadillo, y sus abominables defensores, más que sinvergüencería, descaro, mitomanía y conveniente ceguera en los ojos de mirar, lo que tienen es una patología de “género” incurable, un oportunismo gravísimo, letal y absurdo que no les permite reconocer que el desastre que les ha ocasionado a Cuba, y a los cubanos, ese régimen malísimamente-económico, mal llamado socialismo, es de proporciones bíblicas, de dimensiones apocalípticas y más grande que las mentiras de fidel castro, que es mucho decir.
Lamento decirles que las imágenes de la hecatombe castrista están en Internet, le dan la vuelta al mundo tres veces y regresan para convertirse en el mejor documento de denuncia contra el aburrido discursito de que la revolución es buena, somos continuidad, los derrumbes en la Habana Vieja son obra de la CIA y un montón de sandeces más con las cuales quieren provocar lástima en la comunidad internacional para que les “pasen la mano”, les laven la carita y continuar viviendo del cuento como lo llevan haciendo por más de sesenta larguísimos años.
Dice mi amiga la cínica, ahora que me acuerdo, que si usted pone los baches de las calles de Cuba, unos sobre otros, el hueco sería tan profundo que los cubanos nos pudiéramos tirar y por gravedad caeríamos en China, bueno, en China no que tiene el Coronavirus, mejor en Australia que es bien grande y, a lo mejor, cabríamos todos allí sin tantas moloteras, colas y empujones.
Pero, bien, quiero recordarles, a los “revolucionarios” del martirologio socialista que me “salen al paso”, acusándome de no sé cuantas barbaridades, y que por tratar de desacreditarme me insultan con los mismos adjetivos con que han atacado a todos aquellos que se opusieron a los castro desde 1959, que no fui yo quien agarró uno o muchos micrófonos y se puso a alardear y a vociferar que iba a transformar a Cuba en el país más próspero del mundo, que Cuba tendría más mantequilla que Holanda, mas café que Brasil, más carne que Argentina, que todos los niños tendrían zapatos, que los seres cubanos seríamos todos iguales, que la revolución bla, bla, bla y no sé cuántas miles de estupideces más, perdonen, pero ese no fui yo.
Sólo una mente enferma de grandilocuencia y egocentrismo pudo prometer algo que ningún mortal jamás podrá cumplir porque, sencillamente, la lámpara de Aladino se perdió en la cueva de “alí castrá” y los cuarenta militantes.
La realidad es que aun, mas de 60 años después, los cubanos seguimos esperando por los ríos de mantequilla, por un bistec de res que muchos ni se acuerdan a qué sabe, por una buena taza de café como Dios manda y no mezclado exageradamente con chícharos u otros “inventos” y, para ser más exactos, por un presidente que de verdad resuelva los problemas del país y no que nos engañe con discursitos multitudinarios para hacernos creer que la mierda es carne.
Insisto, los cubanos nos quedamos quemados esperando por ese “paraíso” que nos prometieron en 1959, y no me jodan mis aguerridas ciber-clarias con la cancioncita del bloqueo que, por cierto, es embargo, y es embargo económico por la desfachatez que tuvo fidel castro de “nacionalizar” las compañías y las propiedades de ciudadanos norteamericanos negándose a indemnizarlos como la ley y la decencia lo dictaminan.
No, la revolución del picadillo que ustedes tanto defienden debió ser honrada, entonces el tal “bloqueo” jamás habría existido, pasa que a los ideólogos del castrismo les convienen las “sanciones económicas” para justificar la escasez, la miseria y las desgracias que ellos generan pues la vida a demostrado que un país no progresa cuando es secuestrado por una “dictadura del proletariado”.
A mí me pueden decir lo que quieran, me pueden ofender, acusarme de esto o aquello, darme un “homenaje” diario en mi Blog Por Eso Me Fui De Cuba o en las redes sociales, intentar desacreditar mis comentarios con la cantaleta de que si desconozco la historia de Cuba, que si el imperialismo me paga, que soy agente de la CIA, un gusano retorcido mal bañado o que tengo una bolita que me sube y que me baja, pueden decirme lo que les salga del “mús-culo” que yo, este que está aquí, decidió no creer ni un cuento más de esa dictadura criminal y de sus “aspirantes al hacha del verdugo” que no pasan de ser unos rastrojos humanos.
¡Vayan a que los zurzan…!
Ricardo Santiago.



2 comentarios en «La pérfida obsesión del castrismo por intentar silenciar la verdad sobre Cuba.»

  1. Relajo el esfinter anal y libro de forma voluntaria mis desechos procesados a travez de la digestion de mis alimentos ingeridos para que sean depositados en la estercolera Castro comunista.

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