No queremos dictadura castro-comunista, pero qué hacemos para derrotarla…



Yo siempre he dicho que otro de los grandes problemas que tenemos los seres cubanos, respecto al castrismo y a esa mierda de dictadura que no podemos quitárnosla de encima es que, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959, la revolución del picadillo, es decir, el chupón traicionero de fidel castro y de sus piratas del producto interno bruto, brutísimo, a nuestra tierra sufrida, devino en una fuente de empleo muy lucrativa, jugosa, groseramente beneficiosa y traicioneramente parásita, para un grupúsculo de pillos timadores, de ambas partes del conflicto, que utilizaron, y que utilizan, la gran desgracia nacional del pueblo cubano, las ayudas internacionales para promover la democracia en Cuba y el apoyo económico a la oposición anti-castrista, para vivir del cuento, de la gritería, del empuja-empuja, de las tonterías “disidentes” y de la poca vergüenza contestataria.
Porque es innegable que de las “dos orillas” están quienes, con total descaro, manipulaciones, mentiras, trampas y estafas, han transformado la tragedia de un país en una fuente inagotable de “divisas convertibles” para pasear por Miami en yate, ir a Bayamo en coche o, sencillamente, comprarse “un pitusa nuevo” con el cuento de que son los paladines de la libertad y los cabroncitos que, con este palo y mi moral, vamos a derrotar a ese maldito totalitarismo.
Hablando en plata, y yo sin plata, esta “batalla” contra el castro-comunismo, que tiene más de sesenta y tres larguísimos años, se ha convertido en el negocio particular de algunos “emprendedores” ideológicos que, descubriendo el agua tibia, “inventaron” monumentales empresas de abajo la dictadura para que les asignen jugosas donaciones con la payasada de que van a tumbar el comunismo en Cuba socialista, “tierra de fidel”.
Yo soy un tipo que trato de no generar conflictos personales con mis ideas pues considero, como decía mi madre, que pa’ juzgar Dios, y aquí la inmensa mayoría de quienes decimos querer el fin del castrismo y que soplen vientos republicanos en nuestra Patria, somos mayorcitos, peinamos canas y sabemos muy bien que la historia no absuelve a los hijos de puta, que más tarde o más temprano siempre desenmascara a los traidores, a los oportunistas, a los aprovechados y a los “nibelungos” de fosas sépticas que utilizan las miserias de una nación para lucrar, enriquecerse y mantener un alto nivel de vida a costa de las desgracias de los demás.
Y sé muy bien de lo que les estoy hablando. Solo basta con conocer la información de los miles de miles de millones de dólares, dinero de verdad, que se han destinado a devolver la democracia a Cuba, durante estas últimas seis décadas, y que nunca se ha podido demostrar en qué se han invertido con un sentido práctico, entender qué se ha logrado con esa salvajada de dinero en materia, por ejemplo, de educación democrática del pueblo cubano, de eliminar algún índice de pobreza física o mental dentro de los sectores más impactados por el tibor del socialismo o de hacerle una fisura al régimen, un simple huequito, que permita el desinfle de esa horrible maquinaria de producir terror y muerte.
Dice mi amiga la cínica que muchos de los cubanos que dicen enfrentarse a la dictadura castrista, que inventan inútiles proyectos “contrarrevolucionarios”, que agitan “banderitas” y conciencias ajenas para “justificar” su disidencia, más que oposición al castrismo, son una disposición para convertir la lucha contra la tiranía castro-comunista en una fuente de ingreso personal y en un modo de vida que, a esos cabroncetes luchadores por “la democracia”, no les conviene que se acabe pues se cerraría el grifo por donde les llega el champú, la mayonesa, el kétchup, la gelatina, el Iphone, los pasajes a Cuba, el papel higiénico, los durofríos de fresa, los carros y las mansiones.
Desgraciadamente, y creo que la opinión de la cínica es bastante certera, el sexagenario conflicto cubano-castrista se ha convertido en el gran negocio de “la humanidad” en estos últimos sesenta y tres años de nuestra revolucionaria existencia. Por una parte el mismo castrismo se ha servido de esa descomposición de estómago política para implementar su campaña mediática de país bloqueado, acechado, sufrido y amenazado, muy útil para pasarle el cepillo a cuanto imbécil se ha tragado ese cuento, para infiltrar y crear sus organizaciones espías dentro del corazón del exilio histórico cubano y para beber y alimentarse del flujo y reflujo de money-money que, al parecer, les llega sin mucha exigencia a quienes gritan, aunque sea bajito, abajo fidel.
Al final a dónde vamos cubanos: ¿será que hemos creado un parasitismo patriotero…?
Ricardo Santiago.



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