Y, lo peor, somos el pueblo más ingenuo, más tonto y más miedoso del mundo.



Cierto, muy cierto…, y es natural, llevamos más de sesenta y tres larguísimos años asustándonos, temblando por cualquier cosa, espantándonos, aterrándonos y cagándonos en los pantalones, literalmente, con el cuento de que viene el coco y nos quiere llevar, de que viene el hombre del saco que también nos quiere llevar, que viene el lobo que nos quiere comer, que hoy a las 8:00 pm hablará el comandante en jefe por la televisión y que vienen los americanos, que quieren invadirnos, pero que no nos quieren llevar porque nos hemos convertido en un pueblo amnésico, cobarde, improductivo, problemático y defensores de una ideología de porquería que te roba, te asesina y te convierte en su esclavo por toda la eternidad.
Dice mi amiga la cínica que somos el pueblo de la triste zanahoria colgando de un hilito, que estamos tan embelesados, con las promesas de un futuro mejor, que llevamos más de seis estúpidas décadas, un tiempo demasiado enorme, marchando entusiasmados tras un ideal por las guardarrayas, repletas de caca, de un socialismo de porquería, cieguitos, como topos de las profundidades, camina que te camina sin rumbo fijo e idiotizados por cientos de miles de discursos, de pancartas con mensajes disparadores de la adrenalina revolucionaria, dormidos por la palabrería de falsos periodistas con información tergiversada y estrangulados por la represión, la venenosa doctrina y el criminal lavado de cerebro, y cerebelo, léase adoctrinamiento compulsivo, al que somos sometidos los seres cubanos desde que nacemos, desde que somos chiquiticos y de mamey, por una tiranía asesina que no quiere sentarse en el banquillo de los acusados porque tiene miedo de que un pueblo, hastiado de tanta mariconá, les retuerza el pescuezo de un tirón o los elimine de la faz de la tierra a patadas por el c…
Triste pero es una verdad como un templo, los cubanos no sabemos defender lo que nos toca por ser seres humanos o por la “bodega”. Los seres cubanos nos acostumbramos a transitar por la vida con la cabecita baja, e incluso hasta fuera de Cuba nos quedamos callados por temor a que nos quiten el “pasaporte”.
Yo digo que el caso nuestro es un gran punto y aparte. Nacimos con el miedo metido en las entrañas y no hay forma de que despertemos del tan descojónate coma de gallina culeca.
Gracias a Dios tenemos algunas excepciones, tenemos a algunos cubanos que nunca se tragaron el cuento de fidelito, fidelón…, ni el de la mesa redonda con puntas ensangrentadas, y sacaron y sacan la cara por todos nosotros aunque a muchos les costó la vida, a otros un inhumano presidio y a los más un lejísimo exilio.
¿Y qué vamos a hacer nosotros los cobardes, los que nunca hemos ni siquiera dicho ni esta boca es mía? Los que tras más de seis décadas de mirar a la bestia con ojitos cómplices aun persistimos en mordernos la lengüita esperando a que otros hagan lo que solo nosotros tenemos que hacer.
Mientras nos quedemos mirando las fotografías de la Patria vencida, extorsionada y saqueada, sin hacer nada, los dictadores en sus palacetes de huesos, los cabroncetes de la cultura y los oportunistas de la muela bizca, amasan cuantiosas fortunas a expensa del dolor y el sufrimiento de un pueblo entero.
La libertad de la Patria no es un negocio ni una “tómbola” pa’ ganar dinero, para llenarnos los bolsillos a costilla del hambre, la miseria y la agonía de nuestros compatriotas, liberarnos para siempre de ese maldito tibor del socialismo es responsabilidad de quienes creemos en la vida y apostamos por ella, de quienes no queremos sufrir porque nuestros hijos tengan hambre o no tengan su cubanísima ropita dominguera, en fin, tenemos que armarnos de mucha vergüenza para dejar de sentir miedo.
Y en este punto hay que reflexionar, el problema de Cuba, la gran tragedia nuestra, es que somos un país donde todos, absolutamente todos, vivimos con miedo, los castristas, los dictadores, los lameculos, los asesinos, los ladrones y los randy alonso, porque saben que los van a matar, que los van a colgar por crímenes continuados de lesa humanidad, por eso tienen el peor de todos los miedos posibles y se esconden tras los “crecimientos” del producto interno bruto y del embargo norteamericano.
Pero nosotros, los cubanos de infantería, los que no le debemos nada a nadie, a los que nos deben la vida entera, es hora de abrir los ojos y entender que llevamos más de sesenta y tres larguísimos años con un tembleque que no tiene ningún sentido porque es el que nos está matando…
Ricardo Santiago.



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