Los “misioneros” del castrismo y su ridículo papel en esta historia.




En Cuba es muy común escuchar que fulanito o menganita están cumpliendo “misión” y que con su “actitud” ponen muy en alto el nombre de la revolución y del internacionalismo proletario.
Lo que nadie dice es que, número uno, lo de la “revolución” no tiene nombre y, número dos, que todos esos “misioneros” salen desesperados en busca de los “dividendos económicos” que reporta esa bufonada castrista de “ayuda a los más necesitados” cuando ellos, y el mundo entero, somos conscientes del tratamiento de esclavos que reciben, del “chequeo” constante a que son sometidos, de los contratos de trabajo leoninos que tienen que firmar, de las condiciones infrahumanas en que viven y trabajan, del enorme sacrificio que tienen que hacer para ahorrar unos centavitos, de los peligros que enfrentan pues son enviados a las zonas más “oscuras”, de los mítines políticos que no se acaban nunca, de los pases de lista para ver quién es el “escurridizo” y de las “tareas” extra laborales que tienen que realizar para mantener muy clarita su posición como revolucionarios de la Patria socialista, tierra de Fidel.
¡Coño por poco me atraganto con el discursito!
Otros, los honestos, los más inteligentes, los hastiados, los de vergüenza, los que ya no pueden más y están cansados de ser utilizados por la mafia de La Habana que gana miles de millones de dólares mientras les paga una mierda, aprovechan las misiones para “romper las cadenas” y salir en busca de respeto, dignidad y decoro.
Algunos que también desean escapar no pueden hacerlo porque la dictadura les ha secuestrado a sus familias en Cuba y las utiliza como moneda de cambio: ¡Qué clase de hijoeputas son estos comunistas!
He leído muchos testimonios de la “fuga” de estos cubanos de las misiones y son una verdadera odisea, un verdadero suplicio y una experiencia tan escalofriante que sólo las personas que viven o han vivido el socialismo pueden entender de qué estoy hablando.
Y hablando como los locos: Yo nunca he escuchado a, por ejemplo, un médico canadiense o español decir que ha “desertado” de Médicos sin Frontera en busca de libertad. Exijo que los comunistas piensen en esto.
Pero en realidad no es a estos misioneros de la revolución de los cuatro centavos a los que quiero referirme, cada cual sabe lo que hace y a qué se expone para alimentar a sus hijos, eso no lo debe ni lo puede juzgar nadie, a quienes quiero referirme es a los misioneros ideológicos del castrismo que, con independencia de su función primaria en la vida, se dedican a propagar la babosería de la “revolución de los humildes” por el mundo y a inundar los espacios de opinión con la misma retórica de hace 60 años para hacerle juego a los dinosaurios dictatoriales habaneros y al pantaloncito color caca de niño chiquito que llevan puesto.
Es triste pero es cierto. Es impresionante la cantidad de barbaridades “antediluvianas” que aun mantienen estos individuos para defender a ese régimen de porquería. Ninguno de ellos es capaz de documentar sus peroratas con argumentos sólidos convincentes de que criticar a la dictadura castrista, con las verdades sufridas por el pueblo cubano en los últimos 58 años, es un error porque esa “dulce” revolución lo único que ha hecho es “propiciarle” prosperidad a Cuba y a los cubanos.
Los misioneros del castrismo han inundado las redes sociales con “pancartas y letreros” que van desde “palabras muy medidas” hasta las vulgaridades más extremas, pero siempre cargadas de ataques personales contra todo aquel que tenga una idea, una experiencia o una visión diferente de la Cuba que le tocó vivir. A estos misioneros no me voy a referir por decencia y, permítanme el gustazo, por vanidad.
Pero sí quiero ejemplificar lo que digo con un sujeto, uno de los tantos “misión cumplida comandante”, que se está convirtiendo en “habitual” de mi Blog, y que intenta castigarme con unos comentarios que, si usted los analiza bien, para mí son la nueva manera de hacer contrarrevolución porque, como se dice en buen cubano, en vez de salvar hunden, pues lo que transmiten es incoherencia, brutalidad, seso hueco y una imagen muy denigrante de esa revolución que tanto dicen amar, querer y mi fotingo de alquiler, cito textualmente:

“Rey Carlos Agosto 22, 2017 a las 12:30 pm
Sabes analizando estos comentarios tu hablarias en la Seguridad de estado hasta de lo que no sabes porque eres de esos tipos bajos y cobardes que hablas hasta de lo que no sabes no haria nada que sea contigo ni loco a mi los tipos chismosos y breteros me huelen a flojitos tu debes ser asi me lo imagino y no tepongas bravo pero cada cual es como es y tu eres asi flojon pero eso es lo de menos te la pasas baboseando y chupandole el rabo a los poderosos para mamar un poco de dinerito eso es feo loca”

Les confieso que a mí me encanta leer, pero juro que nunca leería un articulo, comentario, crónica o “reflexión” escrito por un misionero castrista que celebre, exalte o “maximice” estúpidamente a esa revolución, al socialismo y a los Castro.
Sin embargo estos canallas del pa’ lo que sea Fidel se “disparan” los míos completicos y todos los días.
Uff se van a indigestar…
Ricardo Santiago.




La “revolución cubana”: La mayor mentira del Siglo XX.




Como he dicho infinitas veces la revolución que inventó Fidel Castro en Cuba, y que según los estudiosos comprometidos con la historia revolucionaria “triunfó” el 1 de Enero de 1959, es una reverendísima mentira, un embuste social, baños de asiento con agua de manzanilla para quitar los oxiuros, una estafa piramidal ideológica y una porquería existencial que ha destrozado la infraestructura de todo un país y la vida de la mayor parte de sus habitantes.
La destrucción provocada por el castrismo en Cuba empezó por la mente de los cubanos, un lavado de cerebro a to’ meter, a la trompá’ y terminó por las construcciones, la producción agropecuaria, las noches buenas, los hasta luego, las industrias, la limonada con hielo, las exportaciones e importaciones, los créditos bancarios, el turrón de Jijona, el desarrollo económico del país, la prosperidad y una matica de plátanos que tenía sembrada en el patio de mi casa.
Definitivamente nadie puede ni podrá explicar nunca cómo ha sido esto posible, cómo un pequeño grupo de hombres, guiados por un solo “cerebro”, han podido causar tal destrucción, hacer tanto daño, ahogar a tantas personas y a la vez ponerlas a cantar a capela en dúos, tríos, coros y coros gigantes: “Soy comunista, toda la vida,
oh bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao,
soy comunista toda la vida y comunista he de morir…”, sin que muchos ni se supieran siquiera la letra y la mayoría lo hiciéramos totalmente desafinados.
Bueno, dice mi amiga la cínica que este sí es uno de los “tantos logros” de la dictadura y que tanto cacarean los revolucionarios castristas, convirtieron la belleza en “trincheras de ideas” con tremenda peste a mierda y nos metieron la muela del imperialismo y los americanos tan adentro que muchos salimos a comprobar, con nuestros propios ojos, si el león de verdad es tan fiero como lo pinta el socialismo. A mí no me crean.
Pasa que el único “león” esta en Cuba y es ese maldito, miserable, destructivo, insolvente, ruinoso y croquetero sistema socialista que en más de medio siglo, por ejemplo, no ha podido poner un bistec de res con cebollitas, sus papitas fritas y su arrocito “desgrana’o”, como la cosa más normal del mundo, sobre la mesa de los cubanos.
Yo invito a los castristas, no a almorzar, los invito a que me desmientan públicamente y digan si todo cuanto digo es mentira, si la pobreza que había en Cuba antes de 1959 esa horda de facinerosos no la ha multiplicado y generalizado y ha convertido el hambre, el racionamiento, la bolsa negra, las ilusiones, el optimismo y a mi matica de plátanos en una manera de controlar y subyugar a los cubanos, y a los bisteces en una fantasía tan difícil de alcanzar que Walt Disney, si resucita, se queda medio trastornado ante tanto “derroche” de imaginación.
Por cierto quiero decir y denunciar públicamente que, aunque parezca un disparate y algo trivial, existen muchos niños cubanos que ni siquiera conocen el sabor de la carne de res. Esto se lo dejo a los comunistas de estudio individual para la casa.
Y en definitiva esa fue la revolución que inventó Fidel Castro y que al principio de los 60s aplaudimos muchos cubanos, promesas y mas promesas de todo tipo y a llenarnos la barriga con imaginación, con mucha imaginación. Recuerdo a mi madre inventando en la cocina o sentada frente a una máquina de coser para que la vida se me pareciera un poquito a los muñequitos de Disney o a esas películas donde el personaje principal anda vestido cuqui y cuando lo invitan a almorzar dice: “No gracias, acabo de comer como un cerdo…”. La pobre, mi madre, quiero decir.
Yo siempre digo que al principio los cubanos seguimos a Fidel Castro por embullo, después por miedo y al final porque estábamos más ocupados en sobrevivir que en pelear contra el demonio. Pero en la medida en que pasaron los años y las locuras, la mediocridad, el egocentrismo y la maldad de este hombre se fueron haciendo visibles muchos, la mayoría, dejamos de apoyar al Bucanero del Socialismo y fuimos, de una forma u otra, abandonando la bandera del infortunio y partimos en busca de nuevos horizontes, fundamentalmente al capitalismo salvaje y brutal.
Estoy seguro que hasta el hermano heredero, el que está ahora usurpando la democracia en Cuba, víctima número uno del desprecio, del despotismo y los abusos de “Castro el Grande”, hace mucho tiempo también dejó de ser castrista pero mantiene el nombrecito porque no le queda más remedio…
Ricardo Santiago.




Cuba: Una dictadura terrorista que actúa con total impunidad.




En Cuba yo tuve miedo protestar. Lo reconozco. En cierto sentido me avergüenzo, pero también fui y soy consciente de que mi silencio me protegía, a mí y a mi familia, de la más feroz represión ejercida desde el poder por una dictadura como la que sufrimos los cubanos.
En Cuba la represión a las ideas, el control y el autocontrol del pensamiento, la manipulación de las libertades civiles y el acoso a quienes se oponen a la línea del castrismo, implantada y sostenida por más de 58 años, constituyen el principal acto, manifestación y ejercicio de terror ejercido por un “gobierno” contra sus ciudadanos.
Obligar al pueblo a vivir entre los escombros, los basureros públicos y la suciedad es otra forma de terrorismo.
Yo “respeto” a quienes desde una posición de libertad “emocional” apoyaron y apoyan las ideas de Fidel Castro de “revolución de los humildes y para los humildes”, pasa que después de 58 años de obcecación partidista, de perfeccionamientos y más perfeccionamientos del socialismo, de a este pan no hay quién le meta el diente, de rectificar errores y más errores, de ahora sí vamos a construir el socialismo y, en la concreta, ver el desastre, la destrucción, la ruina y la miseria que sufre nuestro país, es muy difícil respetar a quienes defienden un “proyecto social” que sólo le provoca a los cubanos angustias, zozobras, abandono, desesperación, hambre y una visible y brutal represión a cualquier sentimiento que conlleve libertad de pensamiento, de expresión y la defensa de los más elementales derechos humanos.
Pero el terror como forma de control tiene su origen en la mismísima Sierra Maestra cuando Fidel Castro y su pandilla se alzaron con escopetas. Son muchos los testimonios que existen sobre los fusilamientos, golpizas y torturas a quienes se opusieron desde el inicio a “las ideas del comandante en jefe”.
Por esa y otras razones los cubanos empezamos, desde el mismo 1 de Enero de 1959, a temerle a Fidel Castro. Ese temor caló bien hondo en la sociedad cubana al punto de generar una doble, triple y hasta cuarta moral como única forma de subsistir en un país donde hasta las sombras vigilan, reprimen, “muerden” y la máxima a cumplir es “con la revolución todo, contra la revolución nada”.
La mal sanidad de las ideas castristas nos fue impuesta a los cubanos por coacción, chantaje, encarcelamientos, golpes, perversión, adulterio y un terrorismo feroz ejercido desde “papá estado”. Nunca, en ningún país, ni en ningún momento de la historia, se había visto tamaña manipulación de las libertades individuales ni de la censura y la auto-censura como forma de acallar las inconformidades, los sueños y el hambre de un pueblo.
Los comunistas son y actúan como las tribus bárbaras, odian a muerte, atacan sin pudor y arrasan con todo. Los castristas exceden cualquier lógica del comportamiento cuando “defienden” con métodos violentos protestas pacificas, reclamos soberanos y principios de justicia democráticos exigidos por quienes no están de acuerdo con ellos.
Fidel Castro en una de sus tantas aberraciones jurídicas suprimió del código penal cubano las causas por delitos políticos. El sabía, porque en su tiempo fue un preso político, que las personas encarceladas bajo esa figura legal merecen y llevan un trato diferenciado del resto de la población penal.
Hacer creer a los cubanos y al mundo de que en Cuba no hay presos políticos es la mayor burla a la inteligencia humana porque sencillamente un “gobierno” como el de los Castro, inamovible por más de medio siglo, máximo responsable de la improductividad del país y causante directo de la mayor emigración de personas hacia cualquier parte del mundo genera tal inconformidad entre sus ciudadanos que cualquier manifestación es un acto de rebeldía política.
Si Usted lo analiza bien la mayoría de los presos en Cuba son presos políticos porque esa dictadura ha convertido la vida en un hecho político.
No existe nada más escandaloso que el silencio, y el silencio cómplice ni hablar.
Fidel Castro fue un terrorista con carnet. El hermano con cartera. Fue el creador de un Estado que ejerce el terror contra sus ciudadanos desde el absoluto control de todas las Instituciones del país, los poderes, la Constitución, el sistema de gobierno y las leyes de impartir “justicia”.
Son muchas las formas y maneras mediante las cuales la dictadura ejerce sus políticas de terror contra los cubanos: Los ilegales, fascistas y criminales mítines de repudio, el encarcelamiento por causas manipuladas para acallar a quienes protestan contra el régimen, golpizas, fusilamientos sumarios para dar escarmientos, el uso de la fuerza contra personas indefensas, separación de puestos de trabajo por pensar diferente a “la línea del partido” y muchas, muchísimas más.
Una maquinaria tan perfecta para matar como la creada por el castrismo no sólo asesina quitando la vida. La peor de todas las muertes la sufrimos los cubanos día tras día al aceptar que estas hienas nos devoren hasta el alma y nos conviertan en víctimas eternas de una “familia” que no va soltar el poder como no suelta el perro peleón a su presa.
Ricardo Santiago.




El dolor del pueblo cubano es el dolor más grande del mundo.




En Cuba muchas cosas provocan dolor. Muchas. No hay peor ciego que quien no quiere ver, mirar, sentir y, sobre todo, decir la verdad.
El problema está en que todavía quedan muchos comemierdas sueltos por ahí, y me perdonan la expresión, con los cuentecitos de la revolución buena pa’qui o Fidelito “el multiplicado” pa’llá, como si una maquinaria tan perfecta de matar y provocar desastres fuera un divertimento social, un chiste o un alivio para tu conciencia.
La ceguera política ha sido otra de las armas del castrismo para subyugar al pueblo de Cuba.
La lista de los dolores causados por el castrismo a los cubanos es enorme y muy triste: La familia dividida y enemistada, la desigualdad social, la falta de libertades cívicas, las prohibiciones de todo tipo, el mismo apellido en la presidencia del país por los siglos de los siglos, las flores que crecen marchitas, la negación a un cambio, el yogurt de soya que es una mierda y la sabandija del diablo acabando con la quinta y con los mangos.
El dolor es una de esas palabras de las que nadie quiere saber, comprender o simplemente entender su significado. Al menos nadie que esté en su sano juicio. El dolor es comparable a tener que ponerte unos zapatos que te queden chiquitos y caminar muchas cuadras para asistir a una “actividad”… Muchos cubanos saben de qué estoy hablando.
Cada ser humano piensa y siente que su dolor es el más grande del mundo. Y con razón. El dolor que se siente es indescriptible e inenarrable aunque la intensidad a veces se puede calcular por los gritos de quien sufre, padece o simplemente “calla y otorga”.
El dolor lleva marcas y deja marcas, marcas que la mayor parte del tiempo son invisibles para los ojos de ver.
Aun así los seres humanos nos hemos especializado en causar dolor, en hacer sufrir, en maltratar y lastimar a los demás aunque casi siempre nos ensañamos y somos más crueles con quienes nos quieren o están más cerca de nosotros.
Un hombre que no ama daña porque el desamor es una de las principales fuentes de donde brota el maltrato, la violencia, la angustia, los abusos, la prepotencia y la intolerancia.
Los dolores del cuerpo se curan pero los del alma jamás.
Una mujer que infringe dolor se deshumaniza, desaprovecha la capacidad de crear la vida buena y se pierde en los laberintos de la infecundidad y la locura.
Un líder sabio, honesto, inteligente, humano y bueno no causa dolor a su pueblo o a sus seguidores, no descansa mientras uno sólo de sus integrantes este insatisfecho con su gestión, mientras exista inconformidad, tristeza o uno, o algunos, o muchos, no importa cuántos, tengan que irse a dormir con hambre, con los sueños sin realizar o con la creencia de que para ser felices tienen que emigrar.
En fin, un líder responsable, con vergüenza y dignidad nunca admitirá disparidad entre su mesa bien servida y la de sus ciudadanos, no permitirá diferencias abismales entre el modo de vida de su familia y la vida del resto de los habitantes de su pueblo o, sencillamente, no podrá irse a dormir tranquilo cuando ha visto en la precariedad en que viven muchos de sus coterráneos y en las terribles condiciones en que crecen los hijos de estos.
El dolor que se siente y no le encontramos explicación es el peor de todos.
Un porciento significativo del pueblo de Cuba sufre y agoniza. El pueblo de Cuba lleva con el mismo sufrimiento más de 58 años. El dolor causado por la dictadura de los Castro a los cubanos no tiene alivio y no tiene cura porque lograron dañarnos desde la raíz y nos cambiaron desde el gusto por el arroz con frijoles hasta la ilusión por una vida sencilla, sin tanta politiquería, marchas combativas, intolerancia entre hermanos y una esperanza de vida que tiene que ver más con la libertad que con la edad.
El castro-comunismo es una maquinaria destructiva que ha infringido todas las leyes de la decencia humana, es el monstruo que ha devorado la salud física y mental de los cubanos sin compasión, que ha cambiado la historia nacional y hasta ha manipulando, sin ningún pudor, la memoria de nuestros próceres.
Esa dictadura, ese invento de socialismo, sus seguidores, defensores conscientes e inconscientes, sus adulones de conveniencia y sus meretrices tapiñadas son los máximos responsables del dolor de los cubanos y este sólo podrá ser erradicado cuando decidamos unirnos y convertirnos en el gran analgésico de la patria.
Acetaminofen humanista contra politiquería y demagogia castrista. Sugiero, para empezar.
Ricardo Santiago.




¿Se puede “disfrutar” de alguna forma la revolución de los Castro?




Recientemente, por el cumpleaños de Fidel Castro, la televisión cubana salió a las calles a “recoger” las impresiones de los transeúntes y, entre muchos que no se midieron en alabar al difunto, como era de esperar, me llamó poderosamente la atención las palabras de una Doctora que dijo algo que me sonó a un chiste de muñequitos rusos, a frase sacada del libro “Los poetas clásicos del Partido”, a muela bizca de comisarios políticos defenestrados o a perorata instigadora para iniciar el “trabajo voluntario” un domingo por la mañana, cito textualmente: “Gracias a Fidel, nuestro comandante, los cubanos podemos disfrutar la revolución que hoy tenemos.
Yo debo ser extremadamente contrarrevolucionario, anticastrista, antifidelista y antinarcóticos pero esto a mi me suena a disparate de los más sonados, a acupuntura con tornillos, a blasfemia del más acá, a la naranja está muy ácida o a aquí estamos todos locos, locos de remate.
Para empezar “disfrutar” es una palabra muy grande que le está vedada a la mayoría del pueblo cubano, porque, y que alguien se atreva a enumerar sin caer en la mentira, la doble moral, el oportunismo, la medallita de bronce y la falta de respeto: ¿Qué podemos disfrutar realmente de esa “revolución” los cubanos?
¿Esa tergiversación de la vida, de la sociedad y del alma de los seres humanos tiene algo de disfrutable, gozable, chistoso, útil, comible o masticable?
Dice mi amiga la cínica que a esa pobre infeliz no le quedó más remedio que decir eso porque de no ser así la botan del trabajo o no la dejan salir a cumplir misión y se le acaba la “búsqueda” de los CUC.
Yo digo que los seres humanos siempre tenemos otras opciones antes de hablar sandeces o hacer el ridículo.
Es increíble cómo vivir bajo esa dictadura, bajo su ideología, su racionamiento físico y mental, bajo la represión a las ideas, el adoctrinamiento partidista, el café con chicharos y los para decir el lema, uno, dos y tres, ha limitado tanto, pero tanto, la capacidad de razonar a los cubanos que salimos por el mundo a hablar boberías, frases preconcebidas, oraciones sin sentido y una sarta de estupideces sólo para mantener un status que se acerca más a la esclavitud que a los derechos de las personas libres.
Y es que la dictadura de los hermanos Castro and Son S.A. ha provocado que el cubano, en su inmensa mayoría, hable más con miedo que con libertad para expresar sus opiniones, más calculando las palabras para no comprometerse que para aliviarse emocionalmente de las realidades que le molestan, más cuidándose de ser “malinterpretado” que interpretado como debe ser porque sencillamente los sentimientos, las verdades y las opiniones de los demás deben ser escuchados y respetados con decencia aunque no coincidan con los nuestros.
Sólo así un país puede ser disfrutado por quienes lo habitan, con el gobierno que tenga, sea cual sea y con el sistema económico que elijan sus pueblos, porque cuando las personas son libres para expresar lo que sienten, piensan, quieren y necesitan, sin temor a ser reprimidos, hostigados, encarcelados, desaparecidos o fusilados, entonces la espiritualidad de los individuos “vuela” y la vida, aunque esté amarga, muy amarga, se traga mucho mejor.
Pero regresando a la concreta dictatorial castrista, no creo que exista nada en Cuba, nada absolutamente, engendrado por esa revolución, que pueda ser “disfrutado”.
Muchos de mis contrincantes del 26 de Julio, de yo soy Fidel, del márcame en la cola del picadillo, de la ilegal banda de ciber-guerrilleros del castrismo y de los adulones de corazones pintones de la dictadura que viven en el exilio me acusan de ser un antifidelista radical. Y les doy toda la razón, e insisto, un país no se puede disfrutar cuando usted no tiene libertad para elegir su filiación política, su sistema educacional, su capacidad de movimiento, su Congreso, su Presidente y su forma de vida.
Un país no puede ser disfrutado cuando prima la escasez, el abandono, la miseria, el racionamiento infinito, los derrumbes, el adulterio, la violencia, el odio, la división, la envidia, las delaciones oportunistas, cuando hay que escoger el arroz, la miseria, las condiciones de vida infrahumanas, las guaguas que no paran, el diluvio universal politiquero, las papas podridas, los baños tupidos y al chiforrober de María Eugenia se le salieron los clavos.
Para terminar quiero dejar bien clara mi idea, un país que vive oprimido por una dictadura no se disfruta, todo lo contrario, se sufre, se padece y se nos atraganta…
Ricardo Santiago.




Los adulones de la revolución de los adulones.




Quiero empezar diciendo que si alguna persona se siente identificada con algo de lo que aquí expreso es porque es así, porque es un tracatán pendenciero del castrismo, un chicharrón duro como un “palo”, una culebra torcida, un huele nalga del comité, un adulón fidelista con carnet y un esbirro de la decencia, la honestidad y la “hombría”, no tienen remedio, si les pica que se rasquen hasta que les salgan las ronchas de los oportunistas, las sabandijas y los lamebotas de la revolución castro-suvenir que vende pulovitos y llaveritos pa’ “salvar” el socialismo.
Si algo “produce” bien la revolución del picadillo que montó Fidel Castro en Cuba el 1 de Enero de 1959, aparte de chivatos e informantes, que son su principal rubro exportable, son los adulones y guatacones de a tres por peso, a costo minorista, que tienen invadidos a Cuba y el mundo con sus caras muy duras, sus lenguas de lamer lo que sea y sus nalgas expuestas para que sus jefes, o sus amores de la revolución, les den sus buenas pataditas de vez en cuando.
Es que no existe nada mas repulsivo en esta vida, y en cualquier otra, que un adulón, y si el fulanoide lo es de una tiranía sangrienta mucho peor. Porque hay que ver la babosería que se gastan estos esperpentos o imitaciones de humanos cuando sueltan sus peroratas a favor del castrismo, de los Castro, de la brutal represión de la dictadura a los cubanos, de la miseria que ha logrado imponer el socialismo, de las “gratuidades” más caras del mundo, del sedentarismo sin obesidad, del racionamiento por encima de todo y de una Cuba que de princesa se ha convertido en la Cenicienta y en la vergüenza de América.
Y yo me pregunto: ¿Cómo hacerle entender a un “chupabolas” del castrismo que su actitud le hace mucho daño al pueblo de Cuba?
Y yo me respondo: Es imposible, no hay forma de convencer a estos ejemplares de mensajes “blanditos” que con sus lengüetazos sólo ayudan a mantener la existencia de los peores criminales que hemos tenido que soportar los cubanos en más de medio siglo, que incluso son ellos sus principales víctimas, víctimas porque los utilizan, porque al final los desprecian y porque los tienen de comemierdas haciendo el ridículo y contando unos cuentos que ya no cree ni la madre que los parió.
Pero no existe en la historia universal un personaje de estos, de los dictadores totalitarios quiero decir, a quienes no les gustara o les guste que le “ponme la mano aquí Macorina”. Es como una adicción convoyada al poder, como un supositorio de aplausos, aclamaciones y vítores necesarios para irse a dormir “tranquilos” cuando suene la primera Calabacita, o la segunda. Depende.
Fidel Castro, por supuesto, no escapó a esta condición del tirano “alabado seas señor” y tuvo a su alcance, cada vez que le salía del culo, en la figura del Randy Alonso ese, a uno de los adulones más profesionales, obedientes, entrenados y repugnantes que han podido inventar, un tipejo echo a la medida de las circunstancias y que puso muy en alto el asco y el rechazo que se puede sentir hacia alguien que asiente todo el tiempo con su “cabecita” de perro fiel y sus babosadas de: Si me jefecito, lo que usted diga mi jefecito y…
Hablando como los locos, yo siempre he pensado que el tal Randy Alonso fue un experimento de fecundación in vitro que salió mal y que a alguien le dio lástima botarlo y lo conservó, no me hagan caso.
Porque al final la revolución piltrafera de los “castrománticos” entre chivatos, oportunistas, esbirros, vividores, lacayos, parásitos y guatacones generó una estirpe de inmundos personajes muy distante a nuestra herencia mambisa y a las enseñanzas del Apóstol.
Los adulones del castrismo existen de todos los tipos, formas y colores. Los hay que son tan miserables que chupetean a su revolución desde la comodidad del exilio intentando defender “conquistas” que sólo existen en las pancartas, los panfletos y los letreros del Comité Central, conquistas y “logros” que no se reflejan en la mesa, en las casas y en la vida de la inmensa mayoría del pueblo cubano.
Dentro de Cuba ni hablar, los ciber-guerrilleros son la última producción de esa asquerosa industria que tiene la dictadura para producir aduladores en serie, los tipos entre “descarga” y descarga pasan sus mensajitos a la prima del exilio pa’ que les recargue el celular y así “sobresalir” en el país donde quien tiene unos minutos de saldo es “rey”.
Por cierto conozco un adulón-corazón-pintón del castrismo que vive en Lafayette y desde allí, puff…
Ricardo Santiago.




La chivatería: El alma perversa de la maldita revolución de los Castro.




¿Quién no ha sido víctima de la chivatería castrista?
En Cuba chivatear es un oficio, un arte, una profesión, un “comprometimiento” con la dictadura y un gigantesco descaro de la partía de chivatones, sinvergüenzas y oportunistas que tienen los Castro para hostigar al pueblo de Cuba y sostener esa maldita revolución a base de “lengüetazos”, “echadas pa’lante” y delaciones.
La chivatería es la expresión más dañina de la sumisión a los tiranuelos, de la adoración al mentecato en jefe, del miedo al “coco” o del oportunismo nauseabundo que muestran quienes se dedican a esa labor para congraciarse con un poder que los cultiva, los mantiene y cuando no los necesita los mata, mejor dicho, los caga, o al revés, da igual.
Porque eso tienen los chivatos, empiezan a hablar y hay que darles duro por la boca para que se callen, dan tremendo asco.
A algunos esta malformación espiritual les brota del alma porque son unos hijos de puta de nacimiento, lo llevan en los genes, lo heredaron y lo van traspasando de generación en generación como si eso fuera una gracia o algo muy necesario para salvaguardar las conquistas del socialismo.
Otros se convierten en “vampiros oportunistas” como consecuencia de vivir en una sociedad que propicia la delación como forma y medio de vida y los mas imbéciles, los “gratuitos”, quienes lo hacen por amor al arte, porque aun se creen el cuento de que la “revolución es muy buena” aunque no tengan qué comer y se estén muriendo de hambre ellos y sus hijos.
La naturaleza de estos tipejos es extraordinariamente frágil, generalmente fluctúa con los poderes de turno sin importarles la ideología, las causas que defienden o “el bien o el mal”, sólo les interesa sobrevivir a costa de sus “informes” aunque tengan que calumniar a sus vecinos, compañeros de trabajo, de estudio, amigos o hasta su propia madre.
En Cuba todo el mundo sabe que sólo se llega a ocupar altos cargos en el partido, en el “gobierno”, en la dirección de instituciones, en determinados puestos de trabajo y en grandes en empresas si antes no se ha cumplido, con indecencia superlativa, una importante cuota de chivatería y de delaciones.
Los chivatos son gentuza sin salario ni comisión, lengüilargos de medio peso que actúan gratis pero causando daños enormes.
El chivato cubano o chivato revolucionario es una especie única en el mundo. Su hábitat natural son las ventanas, las hendijas de las puertas, las colas de la bodega o cualquier “tumulto” donde se manifieste el desencanto popular, las conversaciones de vecinos o amigos, los apagones, los gritos de Fidel me cago en tu madre, las redes sociales, la tristeza, el cansancio del pueblo y del exilio cubanos.
Ojo, si eres chivato en el exilio fuiste chivatón en Cuba.
El chivato cubano no tiene vergüenza, es consciente del daño que causa y aun así se esmera en sobre cumplir la producción porque le encanta las palmaditas en la espalda y: “Siga así compañero que con personas como usted la revolución dura 100 años más.”
En Cuba esta actividad es fomentada por la dictadura. La realidad es que Fidel Castro siempre supo que una de las formas de mantenerse en el poder era soportando un ejército de “escuchas” a lo largo de todo el país y allende los mares también. Se creó entonces en Cuba una epidemia de traiciones y un dale al que no te dio tan grande que los delatores se sirven de sus lenguas hasta para solucionar problemas personales.
La chivatería en Cuba también es directamente proporcional a la envidia que sienten algunos por el prójimo.
Pero cuidado, este es un tema muy serio, el daño causado por esta lacra ha sido y es incalculable, miles de cubanos fuimos y somos víctimas de estos sujetos, nos han tronchado planes importantes, nos han comprometido en situaciones desagradables y hasta, en muchas ocasiones, les ha costado la libertad y la vida a un montón de compatriotas.
La chivatería es el alma de la dictadura castro-comunista, es parte indisoluble de su materia orgánica, de su raíz y de su esencia, tan dañina como ella misma y tan perversa como quienes la auspician y la ejecutan.
Dice mi amiga la cínica: “Se puede ser feo, eso no es ningún problema, pero feo, cederista, chivato, miliciano e hijo ‘e puta sólo si te cagó el diablo de Birán”. A mí no me crean.
Ricardo Santiago.




¡Asesina, encarcela, tortura, reprime sin miedo que Raúl Castro te apoya!




Así mismo, ese hijo de puta sin ningún pudor hace público su lado más oscuro, estalinista, asesino de masas, criminal y estúpido al respaldar a cuanto dictador necesite un reconocimiento oficial porque la avalancha de críticas, rechazos, ataques y verdades del mundo democrático les niegan apoyo y el reconocimiento que necesitan para oficializar la represión, la opresión y la muerte en sus respectivos países.
Como cubano siento vergüenza ajena, indignación, impotencia y rabia, mucha rabia porque este tipejo habla en nombre de Cuba y de todos nosotros. Se cree con el derecho para hacerlo sin consultarlo o pedir permiso a los cubanos. Lo hace porque se siente el dueño de nuestro país, su único representante, la voz y la única autoridad para opinar, manifestar y apoyar regímenes abusivos, causas del mal y “gobiernos” antidemocráticos porque él, en sí mismo, es la vergüenza de la vida, la personificación de la muerte y uno de los criminales sin juzgar más connotados de los últimos dos siglos en la historia universal.
Quiero dejar bien claro, clarísimo, que esa no es la Cuba que a mí me representa, es más, ese no es el país con el que quiero que se me identifique porque yo nunca apoyaría a dictadores, asesinos y energúmenos que reprimen a los pueblos en nombre de ideologías palanganeras, socialismos errantes, políticas diarreicas de las dictaduras del proletariado o la doctrina del maniguiti a niveles presidenciales.
Este tipo, Raúl Castro, con su asquerosa menudencia racional pone el nombre de Cuba, y el de los cubanos, en la peor posición ante el mundo por su adicción a la estupidez, a la mediocridad, al terror y a la represión al apoyar sin miramientos a tiranos confesos como los de Siria, Corea del Norte y Venezuela.
Pero esta noticia no es nueva, es la vieja táctica de los partidos comunistas en el poder, e implementada en Cuba por Fidel la tropicola Castro desde el 1 de Enero de 1959, de involucrar a toda la nación, sin previa consulta popular, en sus “decisiones” y obligar a todos a ser partícipes de sus disparatadas políticas para sembrar el comprometimiento revolucionario, la unanimidad de las masas, la solidaridad partidista, la culpabilidad socialista y el “tú también pínchalo, cabrón, pínchalo” entre quienes asienten con sus cabezas, con su sumisa actitud o con su cobarde silencio.
Y es que Cuba en los últimos 58 años de su existencia siempre ha estado del lado contrario a las democracias. No entiendo cómo el mundo no se ha dado cuenta de esto. No existe causa, sanción, rechazo, crítica o bloqueo contra gobiernos dictatoriales de este planeta a los que el régimen de los Castro no se oponga y salten sus obedientes “diplomáticos” a decir que si mariquita uno, mariquita dos, el que no esté escondido se quedó y a vociferar, con la histeria característica de los comunistas, sus rígidos panfletos de la bobería social, el imperialismo yanqui me quiere gobernar, el huevo estaba culeco y la picazón que tengo me tienen medio trastorna’o.
Raúl Castro apoya los crímenes de otros porque él es un asesino confeso. Probada y documentada la cantidad de cubanos que fusiló sin motivo alguno, o con alguna causa que no merecía la pena de muerte, más otras “acciones” sucedidas en estos años de revolución dictatorial como el derribo de las avionetas de hermanos al rescate, el fusilamiento de tres jóvenes por el intento de secuestro de una embarcación, el hundimiento del remolcador 13 de marzo, por sólo citar algunos ejemplos, demuestran que para este tipejo el siniestro ejercicio de matar representa sólo un divertimento macabro y una prueba de “hombría” ante sus seguidores y lacayos del terror.
Siempre he sido del criterio que la insignificancia de Raúl Castro, su falta de historia, la ausencia total de “hazañas heroicas” en su vida y, como dice mi amiga la cínica, el carácter dudoso de su virilidad, llevaron a este hombre a matar para ganarse un “respeto” en esa mierda de revolución y, sobre todo, convencer a su diabólico hermano de que él también era hombre a to’ y que podía estar a su misma altura.
Quiero insistir en que la Cuba que utilizan Raúl Castro y sus seguidores para apoyar las dictaduras de este mundo, y otras porquerías, no es la Cuba que yo defiendo, que amo, que llevo clavada en mi alma y de la que me siento muy orgulloso por…
Ricardo Santiago.



Cuba: “La vida sigue igual” o peor, mucho peor.





Recuerdo cuando era muchacho y “pasaron” esa película en el cine del barrio que entre todos competíamos para ver quién la veía más veces. Si la memoria no me falla creo que la vi como ocho veces, una exageración pero hay que reconocer que la historia del muchacho pobre que triunfa como cantante, más la rubia bonita aquella de la playa que decía que sí pero no, fue todo un “taquillazo” por la Cuba de los 70s. Hubo quienes sobrepasaron mis audiciones por mucho, en mi caso tuve que parar porque mi madre se me plantó en siete y media por: “Me tienes loca con los cuarenta kilos, qué tú te piensas que yo soy un banco.” El cine costaba cuarenta centavos por esa época. ¡Qué tiempos aquellos!
El problema es que los cubanos siempre hemos sido muy peliculeros…, y noveleros ni hablar, pero la verdad es que siempre nos cautivaron las historias de triunfadores, vencedores, chicos listos, pobres pero honrados, humildes pero decentes que con tesón, dignidad y mucha paciencia logran salir de la pobreza y casarse con el muchacho o la muchacha bonita de la película.
Y es que al final a los cubanos nos vendieron una historia el 1 de Enero de 1959 muy parecida a la de las películas romanticonas donde el sacrificio, el estoicismo y las penurias siempre terminan en campanas repicando, fuegos artificiales, música sonando a to’ meter y unas cuantas lagrimitas pero de felicidad.
Pasa que en la vida real para nosotros los cubanos la revolución de Fidel Castro fue una película muy mal hecha, mal editada, pesimamente dirigida y absurdamente actuada que se convirtió en falsas promesas, una chapucera mentira, un panfleto mierdero que nos dejó a todos los cubanos en esa, quemaditos como los panes olvidados en el horno, zurcidos y remendados esperando que sacaran los cortes de telas para fabricarnos nuestra propia ropa y de fuegos artificiales, campanazos y música sonando nada, muchas alarmas de combate, fuego, “candela se quema mi familia” e himnos revolucionarios gritados a voz en cuello porque “marchando vamos hacia un ideal sabiendo que tenemos que triunfar”.
El problema es que nunca triunfamos en nada y la vida en Cuba se convirtió en una pesadilla. El sacrificio entregado por los cubanos de los 60s para que nuestro país se convirtiera en el paraíso que Fidel Castro nos dibujó frente al mundo, es decir, un país autosuficiente económicamente, con respeto a la democracia, sin dictaduras, donde regiría la Constitución de 1940 y con la inclusión de todos con igualdad de derechos, se convirtió en una gran estafa y cuando se vinieran a dar cuenta, o nos dimos cuenta todos, el país estaba tomado por las armas del castrismo y la verdadera y única premisa funcional era callar, asentir o morir.
Porque al final eso es el socialismo, una dictadura totalitaria ejercida por un hombre, o grupo de ellos, que impone sus leyes, sus ordenanzas, su “orden” político, económico y social mediante el engaño, la traición, la melcochera ideológica, el chovinismo patriotero y el terror, una metida de miedo a los pueblos tan grande que cuando oímos la palabra imperialismo nos imaginamos el acabose del mundo, la destrucción de la vida y las papitas fritas zocatas.
Ya a principios de los 70s Cuba no era ni la sombra de lo que fue. La llamada revolución “triunfante” de los Castro y compañía se había encargado, en apenas diez años, de destruir a un país que era uno de los primeros en el mundo y que por obra y gracia de “los planes quinquenales” de la planificación socialista se transformó, o mejor dicho, involucionó hasta la degradación total de su economía, de sus producciones, de su nivel de vida y de sus aspiraciones.
El cubano bajo la dictadura castrista se ha convertido en un miliciano a tiempo completo guardián de un imperio dinástico-dictatorial, custodio de un sistema político totalmente destructivo y soldado de una revolución que lo único que produce es politiquería barriotera, patriotismo barato y degradación silenciosa del cuerpo y el espíritu de quienes la defienden.
La realidad es que los castristas llevan más de 58 años pasando la misma película día tras día, mes tras mes, año tras año y esa historia ya es muy cansina, aburrida, horrible, incongruente y produce un hambre del carajo, una desesperación incontrolable y unos deseos inmensos porque llegue la añorada palabra FIN.
Pase lo que pase en Cuba, hagan lo que hagan, digan lo que digan, mientras esté ahí el apellido Castro con todas sus variantes, ese régimen socialista improvisado, el partido comunista que ni partido ni comunista y el montón de imbéciles que sustentan esa perfidia revolucionaria, en Cuba todo seguirá igual, igual, igual y peor, peor, peor.
Ricardo Santiago.
Ricardo Santiago.



Diego Armando Maradona: De la mano de Dios a la lengua del Diablo.





Debo empezar diciendo y reconociendo que hubo un tiempo en mi vida en que este tipo fue mi ídolo, de verdad, lo admiraba tanto que hasta un hijo mío lleva su nombre.
Yo en realidad nunca fui muy amigo de profesar fanatismos, entrecerrar los ojos, “cortarme las venas” o chillar de desesperación o placer por ningún artista, deportista, estrella del mundo del espectáculo, carniceros revendedores de bisteces por la izquierda, actrices con labios morbosos y miradas arrebatadoras, héroes sagrados de la Patria, próceres titánicos, superhéroes de postalitas, bandidos decentes que reparten sus botines o políticos “sinceros” que, y valga la redundancia, siempre dicen la verdad.
La historia del muchacho pobre que con su dedicación, esfuerzo y sacrificio logra salir de la miseria y se coloca en los primeros planos y en la atención de todos, aparte de ser muy usada en la industria cinematográfica, siempre cautiva porque no existe nada más motivador y esperanzador que el triunfo del talento y la sencillez por encima de todas las ambiciones humanas, mucho más si esto ocurre en la vida real.
A Maradona lo vimos los cubanos la primera vez que la dictadura castrista transmitió un mundial de futbol por televisión, el de México 1986. Por aquella época muy pocos sabíamos del tema porque este no era un deporte que halaba fanaticada en Cuba, pero recuerdo que a muchos nos apasionó la espectacularidad del juego de ese muchacho que a golpes de coraje, gallardía, genialidad y “cojones” se encaramó el equipo argentino al hombro y se convirtió en el alma de toda una nación, de todo un continente y en el nuevo Rey de un deporte que ya era el más practicado y famoso del mundo.
Yo no voy a cuestionar aquí la transformación de Diego Maradona de símbolo mundial a hombre perdido por “las mieles del poder”, no me interesa, dice mi amiga la cínica que a este infeliz lo echó a perder el salto tan violento de una vida a otra y entre la falta de orientación, buen asesoramiento y ausencia total de sentido común al genio del futbol se le fue la olla y ablandó demasiado los garbanzos hasta convertirlos en “polvo”, a mi no me crean.
De cualquier modo no es mi intención juzgar los manes y desmanes, los aciertos y desaciertos y las meteduras de pata de los seres humanos porque aquí nadie está exento de cometer errores, y además porque cada cual hace de su c… un tambor como mejor le plazca.
El problema real de Maradona no tiene nada que ver con la falta de orientación, de asesoramiento o de sentido común, el problema de Maradona tiene que ver con su necesidad de estar todo el tiempo dando la noticia porque este personaje, devenido en una especie de fanfarrón consentido, necesita ser el centro de atención aunque convierta su vida en un infierno, un escusado o sencillamente un inmundo basurero de actitudes.
Por eso Maradona se hizo amigo de Fidel Castro, un hombre que no creía ni en la madre que lo parió y que traicionaba hasta su propia sombra, pero esta era la noticia “revolucionaria”, era la nota que lo ponía en el piquito de la piragua porque nadie podía explicarse tanta “afinidad” entre dos hombres que supuestamente representaban polos opuestos.
Aquí fue donde empezó la jodedera para el pibe y donde una cosa llevó a la otra. El gran Diego abrazó la causa de las dictaduras y se codeó con lo peor de la corriente del llamado socialismo del Siglo XXI, convirtiéndose en el mejor instrumento de propaganda para la causa de “por los humildes y para los humildes”. Algunos dicen que detrás de todo esto tuvo y tiene que correr mucho dinero porque este tipo no puede ser tan comemierda.
Los vicios mundanos se convierten en enfermedad y deben ser tratados con respeto porque el paciente muchas veces no tiene conciencia de sus actos, pero los vicios políticos, es decir, apoyar regímenes dictatoriales que a ojos vista subyugan, empobrecen, lastiman, reprimen y pisotean a los pueblos no es enfermedad y sí descaro, mucho descaro y una falta total de ética y compromiso ante la verdad, mucho más cuando se es una figura pública.
El ídolo de nuestros años “mejores” se convirtió en un ridículo “dominguín” que quiere armarse hasta los dientes y defender a un monigote empoderado a la fuerza en Venezuela sobre la muerte de muchos jóvenes venezolanos: ¿Quien lo habrá enviado a tan gallarda misión?
El pibe de oro es ahora un pibe de cartón que todo cuanto hizo magistralmente con los pies lo desbarató estúpidamente con la cabeza.
Ricardo Santiago.