Cuba un estado fallido, una revolución fallida y un “presidente” más que fallido.



En la vida real la hiena perversa y pervertida de raúl castro no pudo elegir un mejor “sucesor” para su “famosa” porquería de “continuidad”, para mantener la aberración castro-comunista en Cuba o para extender la miseria y la agonía de los seres cubanos, que a este mediocre, inflable, desechable, tonto, bueno para nada, saltimbanqui, manipulable y aguanta golpes de díaz canel.
Algunos cubanos se ilusionaron con la “bonita” idea de que el desgraciado haría cambios significativos en un país ahogado, empobrecido y reprimido hasta las trancas pues un hombre que se respete, digo yo, impone su criterio aun cuando, sin ser elegido por el voto y el favor de la mayoría, decide aceptar la presidencia de un país, el cargo más importante de una nación, sin permitir tan mansamente que una partía de viejos cagalitrosos, autodenominados los dueños de una maldita “revolución”, lo ninguneen, lo avasallen, lo manejen, lo tengan a paso de conga, a buchitos de agua, lo ridiculicen y lo lleven a pata’ por c… sin derecho a protestar.
Porque, al final de cuentas, ese es el verdadero papel del monigote canel como “presidente” de Cuba, como supuesta máxima autoridad de un país, como un funcionario obligado a propiciar el bienestar de sus ciudadanos, el desarrollo económico, la creación de infraestructuras para la producción de valores y la armonía necesaria para que la vida fluya en paz, en armonía y con prosperidad.
Pero, desgraciadamente, nada de eso está sucediendo en nuestro escuálido, raquítico y miserable archipiélago. La vida de vivir en Cubita “la bella”, para los seres cubanos, se diluye “esquivando” los manotazos dictatoriales con los que el régimen intenta mantener a raya las inconformidades ciudadanas, entre los corre que te corre zapateando y “pugilateando” algo con que alimentar a nuestros hijos, cargando agua de cualquier parte para tomar y para bañarnos, buscando, hasta debajo de las piedras, los medicamentos para curar el cuerpo, el alma y “la locura”, inventando la “luz brillante” y las estrellas fugaces para iluminarnos, pidiendo el último en todas partes, esquivando la mediocridad, la violencia, la inseguridad social, escondiéndonos de los “cinco espías”, de un amor desesperadamente adúltero y alucinando con las mentiras, las estupideces, las porquerías y las ridiculeces de un “presidente” que, con la mayor desfachatez, con su mejor cara de yo no fui, le dice a todos los cubanos, y al mundo entero: compañeros, tenemos logros muy buenos, logros pa’ comer y pa’ llevar…
Yo siempre digo que a la tragedia física que sufrimos Cuba y los seres cubanos, quiero decir, al hedor a país podrido que se respira en cualquier rincón de nuestra isla por culpa del vandalismo estatal, de la miseria revolucionaria que se ha convertido en endémica, de la desesperante corrupción que domina toda la sociedad, de la más brutal represión que cualquier ser cubano puede soportar y de la ausencia total de una decorosa expectativa de vida, los cubanos tenemos que sumarle la falta total de respeto que muestra ese régimen hacia nosotros, la burla sostenida, macabra y “televisada” en cada propaganda oficialista, la subvaloración constante a nuestra inteligencia nacional, la peste el último y el primero se la traga, la “magnificación” de un país ficticio con “logros y conquistas” que no se creen ni la madre que los parió y a ese imbécil, nombrado a de’o, que quiere tomarnos el pelo, con esa sonrisita servil de todo va bien mi comandante, haciéndonos creer que la revolución de los aoagones es más fuerte que nunca y que aunque nos la “soplen”, los “gusanos” de Miami, compañeros, no se irá volando pa’ casa’elcarajo.
Dice mi amiga la cínica que hay que ser un tipo muy “mierdero”, muy anodino, muy rastrero y muy descara’o, pa’ hacer tanto papelazo, para ser tan corrupto, ser tan cómplice y responsable de los crímenes de sus antecesores y, además, ser tan hijo de fidel como para no importarle el estado de humillación, de depauperación, de degradación y de agonía que vive un país a cambio de él tener: “…una mesa repleta para poder aplaudir…”.
Pero, lo cierto, me atrevo a asegurar, que este desagradable personajillo, inflado desde la barriga hasta el cerebro por la mezquindad de una casta oportunista y diabólica, no duerme, ni lo hará jamás, con la tranquilidad con la que usted y yo lo hacemos que sí deseamos con todo el corazón lo mejor para nuestra Patria, pues el muy miserable es consciente, también me atrevo a asegurarlo, que cuando llegue la hora el pueblo de Cuba lo colgará del “rabo” del papalote para ver, de verdad, cómo baila el monigote…
Ricardo Santiago.



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