¿De qué nos sirvió a los cubanos gritar tantos patria o muerte si nunca vencimos a nadie?



Si usted se pone a pensar, y a calcular, sobre todo a calcular, cuántos gritos de patria o muerte hemos lanzado los cubanos, en estos más de sesenta y tres larguísimos años de revolución del picadillo, ni todas las cazuelas, los cubos, las cantimploras y los tubitos de desodorante vacíos, bastarían para contener el tamaño bochinche patriotero de un pueblo apoyando una consigna reaccionaria que no significa otra cosa que negar la Patria, que negar la vida y que hacerle creer al universo que nos tomamos la sopa de pie, en un jarrito y con tenedor.
Y yo pregunto: ¿A qué y a quiénes vencimos en estos años de ser unos revolucionarios involutivos?
Así mismo, la pura verdad y la “real” realidad. Porque al capitalismo ni por asomo, hoy alrededor de 4 millones de seres cubanos nos sumamos a esa “salvajada” de sistema económico y vivimos muy felices y contentos, al ejército americano tampoco porque nunca nos enfrentamos a ellos a no ser en Granada que… Al socialismo, que según el castro-comunismo nos colocaría en el pináculo del mundo desarrollado, ni hablar, un chiste de muy mal gusto, al hambre embutida, ni esta salchichita, a la guerra de los cambolos, hum…, en el beisbol, cualquier tiempo pasado…, y así sucesivamente en todas las campañas en que nos metió el castrismo, con la falsa ilusión de que nacimos para vencer y no para ser vencidos, porque tenemos un fidel, un socialismo de tempestades y tremendo perro hueco en el techo de mi casa…, “eso habría que verlo, compay”.
Yo siempre digo que un país, cuando es libre y verdaderamente soberano, cuando incluye, y no excluye, a todos sus ciudadanos por igual, cuando es una nación de respeto, entonces solo así es Patria libre que quiere vida, nada de muerte, quiere a sus hijos respirando a pulmones repletos y con un espacio propio para que encuentren su felicidad sin trabas, sin represiones y sin decretos.
Porque no existe nada más alejado del significado Patria que la muerte, esa muerte que nos ha querido imponer la dictadura de los castro porque se creen los dueños de Cuba y disponen, nos regulan y nos racionan hasta el agua, la luz, los tormentos y las ilusiones.
Todo cuanto esos hijos de puta nos han inculcado a los cubanos es que la “revolución”, esa maldita revolución de porquería, está por encima de la vida de todos nosotros y que debemos, sin pensarlo, sacrificarnos y morir por ella a cambio de un mísero cuartico de pollo “imperialista”.
Pero, falso, un patriotismo muy repugnante, porque Patria nunca será revolución castrista, nada tiene que ver una cosa con la otra, nada tiene que ver el ideario más puro de una nación con las ambiciones y las mezquindades de un régimen todo el tiempo agazapado para saltar y matar.
Dice mi amiga la cínica que el mejor ejemplo de antipatriotismo es el mismísimo fidel castro, un sujeto que jamás se inmoló por ninguna causa, que nunca recibió ni una heridita “en combate” y que se fue del parque sin siquiera reconocer la miseria que causó en Cuba y a la que arrastró sin remedio a todo un pueblo.
Propongo que nos detengamos un minuto, con un solo minuto basta, y nos daremos cuenta que en estas más de seis décadas de una maldita revolución con minúsculas nunca hemos vencido a nadie ni a nada, que hemos puesto, eso sí, muchísimos muertos en las llamadas guerras internacionalistas, en las falsas ayudas “desinteresadas” a “países hermanos”, en las disparatadas “cooperaciones” y en los reales planes expansionistas para exportar un socialismo de alcantarilla que destruye todo cuanto toca.
Pregúntenles a las madres, a los padres y a los familiares de los miles de cubanos que han perdido la vida en otros países, cumpliendo las llamadas “misiones”, qué piensan sobre esos venceremos.
El castrismo supo manejar, mejor que cualquier otra dictadura del mismo corte sanguinario, la consigna patriotera como motor “impulsor” del ánimo de un pueblo que, “marchando constantemente hacia un ideal”, siempre retrocede y retrocede a un fondo donde nos revolcamos con la mediocridad, con la chusmería, con el desinterés, con la inflación, con el abre que voy, con los miedos y la nostalgia.
Por favor cubanos, dejemos de creer que vencimos o venceremos, en realidad el exilio sabe a derrota porque es salvación y no elección, porque la dictadura castrista, mientras exista, es la mayor prueba de que no hemos ganado nada y porque en esta vida, por lo menos en esta que todos queremos, no se trata de muerte, ni de consignas y ni de calenturas ideológicas, se trata de: “Patria es humanidad…”, así de grande.
Ricardo Santiago.



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