La Revolución prostituta o esta “puta” Revolución.

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La prostitución existe en Cuba desde la época de ñaña Seré. El comercio del cuerpo femenino y masculino para placeres sexuales es condición innata de todas las sociedades, de todas, incluso hasta de las más cerradas, puritanas y prohibitivas.
Nada ni nadie puede ignorar esta forma de “economía”, que por demás es una industria que mueve millones alrededor de todo el mundo. Las causas por las que una persona suele vender su cuerpo son diversas y van desde el puro placer por el sexo mismo hasta ser esclavos de algo o de alguien. Pero la generalidad es la miseria, la falta de opciones profesionales, el desamparo y las pocas perspectivas de futuro, por lo que se ha convertido en la única opción para muchas personas en muchas partes del mundo.
¿Es la prostitución un oficio? Respuesta difícil. ¿Debe ser legal? ¿Es una actividad honrada? Más difícil aun de responder. Yo no tengo respuestas para esto aunque si mi opinión.
Dice mi amiga la cínica que la mayor prostituta que hay en Cuba es el gobierno de los hermanos Castros, una prostituta desvergonzada, ambiciosa, avariciosa y “vieja”. Y lo justifica. Dice que los Castros siempre se han vendido al mejor postor, al más baratero, al que más mierda oferte sin protestar, a quien le puedan sacar la mayor cantidad de regalías sin importarles la calidad ni la estética porque: “total, todo eso es para vendérselo al pueblo”.
El gobierno comunista de La Habana siempre quiso “vivir sin trabajar” y nunca tuvo reales intenciones de producir valores para el pueblo, por eso pactó hasta con el mismísimo demonio, a cambio entregó, indistintamente, la soberanía nacional a los soviéticos, los chinos, los ex países socialistas, a empresarios españoles, italianos, canadienses y ahora, pero por debajo de la mesa, “para que nadie se dé cuenta y no tener que tragarnos toda la mierda que hemos hablado”, a las compañías norteamericanas.
Esto se llama prostitución de Estado y de gobierno. Mientras tanto el pueblo humilde sufriendo y padeciendo los excesos de los “amores desenfrenados” de las “concubinas del petróleo venezolano”. El pueblo de Cuba ha visto pasar uno a uno, a lo largo de estos casi sesenta años, a los amantes adinerados de esta maldita Revolución, desfilar en los actos de protocolo y las alfombras mientras se consume en la esperanza de un día mejor, de una promesa que no llega y de un futuro que, a decir verdad, sólo existe si somos capaces de cambiarlo nosotros mismos.
A mi particularmente el término “puta” no me gusta, es muy ofensivo. Hoy en Cuba, sobre todo muchos jóvenes cubanos, practican esta profesión como medio de vida, se han visto obligados por la falta de opciones y otras que escapan a mi comprensión, a la lógica de un país que se suponía iba a ser distinto, diferente y mejor. El barrio Pajarito y Yarini deambulan hoy por La Habana como fantasmas en vida, vendiendo y conquistando almas para un comercio que, por desgracia, involucra hasta menores de edad.
Pues sí, aunque no me guste el término no puedo decir otra cosa: esta es una puta Revolución de mierda la que nos tocó a los cubanos, un martirio maldito por más de cinco décadas anunciado a bombo y platillo pero que al final no pasó de ser otro farolito rojo mas encendido en la vergüenza de los cubanos.




La dialéctica, el “pan con guayabidad” y yo el castrófobo.

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Los seres humanos de niños podemos ser una cosa, en la adolescencia y juventud otra y después, cuando los años empiezan a pesar, ser cualquier otra cosa. Todo depende de las fobias que acumulemos o nos libremos en el transcurso de la vida. Esa es la evolución, la dialéctica y la caradura o carablanda de alguno de nosotros los mortales.
En un grupo de cubanos, para que sea verdaderamente auténtico, tiene que haber de todo: dos inteligentes, dos despistados, dos gusanos, dos defensores del castrismo, cinco oportunistas, seis pacotilleros, un cabrón, un especulador, dos emprendedores y tres o cuatro imbéciles. Es así. Por eso nos cuesta tanto trabajo coexistir, dialogar y comunicarnos, y porque, además, los cubanos no sabemos respetar la opinión o las decisiones ajenas.
El otro día presencie (sin querer queriendo) una conversación entre un grupo de cubanos que hacía años no coincidían y que viven todos en el exterior. Todo iba de lo más bien, muy bonito, incluso interesante hasta que alguien preguntó: “¿eh y fulano?”.
A simple vista la pregunta podía ser inocente, pero la respuesta, sin el menor sentido común y el más mínimo conocimiento de causa, mató la lógica humana y el más elemental sentido de la comunicación: “ahora es anti-castrista”.
Les confieso que mi primera impresión fue de asombro, aunque no tuve tiempo de reponerme porque alguien soltó un segundo comentario: “no quiero caer en su lengua, son de lo peor”.
Nada, eso fue la catarsis, aquí tuve que retirarme pues la lástima que sentí por estas personas confirmaron en mi la tesis del pan con guayabidad, es decir, el cubaneo más vulgar y simplista elevado a las siete potencias ancestrales.
Cuando una persona llama anti-castrista a otra es porque en esencia él es un castrista.
Mi opinión personal es que usted puede ser lo que a usted le dé la gana y nadie tiene derecho a cuestionarlo, eso se llama respeto. Lo otro, lo de “caer en su lengua” es una imbecilidad mayúscula, de las que dan asco, de las que debemos avergonzarnos todos con independencia de la orquesta con la que nos guste bailar y porque, además, es de las que denigra a nuestra especie y nos pone chiquiticos así…
Yo retomo una idea: ¿Cómo se puede vivir en el extranjero y defender al castrismo? Pero lo que es peor: ¿Cómo se pudo sufrir en Cuba la homofobia, la miseria, el hambre y la maldad del castrismo y aun así defenderlo?
Alguien habló del “El Sindrome de la Habana” y creo tiene toda la razón, pero esto es demasiado inteligente, yo prefiero hablar de descaro, imbecilidad, oportunismo, simplismo, mediocridad y “adulterio”, lo otro, lo de decir y repetir idioteces no es más que el pan con guayabidad del que hablaba anteriormente, insisto.
Ser anti-castrista es una decisión personal y una actitud ante la vida que nos toca vivir, algunos dentro de Cuba, los más valientes, otros fuera de ella, pero no menos valientes. Es no querer guardar silencio ante lo que está a simple vista, ante los miles de cubanos que no tienen qué comer o cómo vestir y calzar a sus hijos, un techo digno, decir una opinión que cambie o mejore el sistema y la vida que ellos ni nadie quiere para sí.
No amigos míos, ser anti-castrista es un derecho, lo otro, atacarnos a quienes lo somos, a quienes dedicamos una parte de nuestra vida y nuestro tiempo a denunciar los horrores de un sistema que está acabando con la Patria, se llama complicidad con el régimen, y todo con el objetivo de que los Castros les den permiso de entrar y salir de Cuba, no, ese permiso, al menos yo, no lo quiero.
De todas formas, para que no se desgasten con sus ataques y sus imbecilidades, les voy a ahorrar los calificativos porque ya descubrí que soy en realidad: UN CASTROFOBO EMPEDERNIDO.




Los crímenes de Fidel Castro contra la cultura cubana.

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Mi madre murió sin poder ver y escuchar a Olga Guillot. Olga Guillot murió sin poder cantarle a los cubanos en Cuba. Los cubanos de las últimas generaciones no saben quién es Olga Guillot.
Este es sólo un ejemplo. Hay muchos más. Cientos. Miles.
Junio de 1961. Biblioteca Nacional de Cuba. Fidel Castro pronuncia el más fascista de sus discursos contra el arte y la cultura nacionales: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada…”, y así empezaba su genocidio cultural.
La Revolución es un ente abstracto, sólo un concepto, la Revolución como cuerpo físico no existe, entonces: ¡basta ya de cuentos! La Revolución Cubana es Fidel Castro y nadie más, y nadie más porque, entre otras muchas cosas, él mismo nunca se lo permitió a nadie.
Todos los intelectuales y artistas que aplaudieron aquella tarde al sátrapa son igualmente responsables del genocidio comunista contra la cultura cubana, contra sus artistas, independientemente de que puedan tener algún valor, no importa, nunca se le hizo mayor daño a un país y a sus valores en toda la historia de la humanidad, nunca se encadenaron con tanta fuerza las sensibilidades humanas que aquel triste día en que un solo hombre decidió, a su antojo, como debían sentir, expresarse y soñar los cubanos.
Uno a uno fueron desapareciendo del escenario público músicos, cantantes, actores, arquitectos, cineastas, bailarines, escultores, escritores, pintores, poetas e intelectuales importantes que prestigiaron a nuestro país con su talento. Fueron acusados de cualquier cosa y obligados a marcharse del país, amenazados con penas de cárcel y silenciados de los medios de comunicación masiva, de los anales de la cultura nacional y sobre todo de la mente del pueblo cubano.
¿Cuánto daño hiciste y haces Fidel Castro? ¿Cuánto?
Reinaldo Arenas pudo ser un hombre muy feliz, tenia vida y un gran talento, el mejor de los dones, la mayor de las sensibilidades, pero murió triste.
Celia Cruz, La Doña de Cuba, alcanzó con su arte la cima del mundo, pero murió triste porque Fidel Castro le prohibió visitar su patria.
El gran Lezama fue condenado al olvido en su propio país, también murió triste.
Y la lista de artistas e intelectuales cubanos muertos y vivos de tristeza es muy larga, más larga de lo que la lógica, las leyes, las instituciones internacionales de derechos humanos, los parlamentos, los gobiernos o simplemente los hombres y mujeres de este mundo pudieran creer.
Los comunistas con el cuento de “contra la Revolución, nada…” institucionalizaron la cultura nacional, la llenaron de ministerios, oficinas y funcionarios, papeles y papelitos, censores y cuanta mierda les permitiera vigilar que nada se saliera de la férrea línea socialista, matando el sentido de espontaneidad, libertad creativa y de pensamiento que debe tener todo arte auténtico y verdaderamente trascendente. ¿Se imaginan a Cundo Bermúdez como miembro de una Casa de la Cultura o al Benny Moré haciendo cola para evaluarse como cantante profesional?
Nada, disparate tras disparate y la diáspora de pensadores y creadores creciendo, engordando y el pueblo cubano padeciendo constantemente al grito de: “¿Te enteraste? Se fue fulanito”.
Fidel Castro y su “orquesta” de comunistas asesinaron a la nación cubana, a su arte y su cultura más auténticas, a los ídolos del pueblo, al pueblo cubano mismo.
Otros “artistas” claudicaron por el camino y decidieron apoyar la barbarie, el exterminio, apuntalaron la gran hoguera del socialismo donde ardieron todos los que no cantaron al compas de la musiquita del tirano, pero de ellos nos ocuparemos en un próximo artículo.




El “espía” que los cubanos llevamos dentro.

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Los cubanos tenemos psicosis de vigiladera, desconfianza, duda, suspicacia, recelo y todo esto es natural. Los comunistas nos sembraron en el alma este sentimiento, nos obligaron a vivir con estos estigmas y, a decir verdad, en ese sentido, nos ganaron la batalla y muy bien ganada.
Para un cubano todo el que se nos acerca y no conocemos, habla mucho o poco y nos mira medio raro, puede ser un agente del G-2, del G-3 y del G-4 y también es natural. ¿Cómo demostrar lo contrario? Yo digo que han sido tantos años de cargar con este reconcomio que ya forma parte de nuestra idiosincrasia y nuestra actitud a la hora de relacionarnos entre nosotros. “Fulanito es chiva”. “Menganito es meta”.
Y lo terrible es que no es mentira, el aparato represivo de los Castros ha utilizado el sistema de espionaje más eficaz que se ha inventado sobre la faz de la tierra: el individuo vigilado por sí mismo. Autocensurado. Autorreprimido. Receloso a la hora de aceptar a otros porque: “cualquiera puede ser del aparato y echarme pa’lante”.
La realidad es que en Cuba la mayoría de las personas están en desacuerdo o descontentas con el régimen, esta es una gran verdad, pasa que la misma inercia política, la desinformación, la falta de medios de comunicación, el terror a un régimen despótico y abusador y los recelos entre cubanos impiden el desarrollo de una necesaria y justa “primavera tropical”.
La Inteligencia Cubana es oportunista, sanguinariamente oportunista y no escatima esfuerzos para mantener esta miserable pasividad entre los cubanos con el fin de sostener a Fidel Castro y sus secuaces en el poder, porque esa historia de más de medio siglo de que los enemigos del exterior quieren destruir la Revolución, señores, ese cuento se acabó. “Se dice, se escucha te robaste el pitusa”.
Pero en el exilio es otra cosa. Es execrable. No importa en qué país estemos ni cuántos de nosotros seamos, la paranoia por los espías y el espionaje es superlativa, abusiva, sofocante, no digo que la diáspora cubana no esté minada por estos “oji-prendidos”, agentes de todo tipo con las funciones menos y más mal pensadas, capaces de todo, con un odio mucho mayor hacia nosotros aun cuando comen bistec de res y duermen en aire acondicionado, no, en realidad es verdad que estamos rodeados, es un hecho y tenemos que vivir con ello. Ahora mismo sabe Dios cuántos sátrapas de estos hay acechando desde mi lista de amigos o sus alrededores.
Pasa que hay un punto en la vida en que te tomas el agua fría o caliente, tú decides. Los chivatos y los metas del gobierno cubano en el extranjero saben que en nuestros países funcionan las leyes, hay un orden jurídico y se respeta, que no es el relajito que hay en Cuba de los tribunales obedientes al tirano y a sus doctrinas, lacayos al servicio de la rabia reaccionaria de los come-moringas, no, aquí si son descubiertos van a prisión, solo salvables si hacen un buen trato con las autoridades federales o porque un presidente medio confundido los intercambie disparatadamente por cualquier cosa. Aquí se joden.
Yo decidí inventarme mi propio escudo contra estos tránsfugas lengüilargos. Me niego a seguir viviendo a oscuras. En silencio. Cuando decidí armar este blog, Por Eso Me Fui De Cuba, acudí a mi abogado con todos los pormenores y la información bien detallada de las ideas que expreso, de mis comentarios, de mi manera muy personal y responsable de contar lo que viví y padecí en Cuba, mis opiniones sobre el gobierno y sus actos, todo, absolutamente todo consta en un documento en su poder donde además digo que si me pasa algo extraño a mí, a mi familia o a alguna de mis propiedades, de difícil comprensión para las autoridades canadienses o de cualquier país, acuso directamente a estos mal nacidos, esbirros y a sus sanguinarios jefes.
¿Es paranoia?




Por Eso Me Fui De Cuba. El exilio.

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Los cubanos cuando logramos irnos de aquel infierno nos hacemos ciudadanos de cualquier sitio. No importa. Es nuestro primer objetivo. Nuestra primera meta. La segunda apropiarnos de los acentos, matices y del idioma del lugar donde lleguemos. La tercera trabajar y hacernos de una vida con aspiraciones, sueños y algún que otro gustazo por los horrores vividos y la miseria acumulada hasta en las entrañas.
Me encanta oír a cubanos utilizar modismos o hablar con acento argentino, español, colombiano, mexicano o simplemente confundir palabras sencillas del idioma castellano con otras del italiano, inglés, francés, chino-manila-fo, rumano o sueco, no importa si llevan un mes en ese país o toda una vida: ¡increíble!
Hoy voy a hablar de mi exilio, aunque yo prefiero llamarlo destierro porque si en Cuba hubieran existido otras condiciones económicas y políticas, semejante a las de un país con un gobierno democrático y decente, yo no me hubiera ido para ningún lugar.
Por eso me fui de Cuba. Básicamente por eso. Por mis hijos y por mí. Fue una decisión difícil pero cuando pusimos las buenas y las malas en una balanza, ni hablar, “atrás ni pa’ coger impulso”.
Nos vinimos a Canadá, un país extremadamente frío en invierno y bochornosamente caluroso en verano, gracias a Dios tenemos otras dos estaciones que “refrescan y calientan un poquito el ambiente”, pa’ compensar. Recuerdo que salimos de La Habana con 32 grados centígrados de temperatura y Toronto nos recibió con -2. Un adelanto de las enormes diferencias que nos aguardaban.
La nieve es tremenda. Blanca y fría, por supuesto. Triste cuando es copiosa y maldita cuando hay mucho viento. Pero muy hermosa cuando hay sólo luz, cuando lo cubre todo y cuando nos recuerda que bien al norte la vida también existe y de qué manera.
Mi primera experiencia terrible fue en el Banco. La señora que me atendió por poco explota de rabia cuando le pregunté, con esa inocencia que tenemos los cubanos al llegar, cómo se usaba la tarjeta de crédito. La pobre no entendía que yo jamás en mi vida había visto una, de hecho pensaba que me estaba burlando de ella, que en Cuba “eso” no existía y que los cubanos hacíamos nuestras transacciones más importantes a golpes de papel con números y caras de próceres de la Patria.
Anécdotas como esa muchas, siempre la vergüenza de por medio, los papelazos iban y venían ante las cosas más simples y normales del mundo, ante el choque con una realidad que estaba, y lo sentíamos, a miles de años luz de la nuestra, más desarrollada, más limpia, más olorosa y sobre todo mucho más cómoda.
Siempre me digo que si Fidel Castro hubiera ofrecido semejante confort a los cubanos, semejante prosperidad al pueblo, tamañas condiciones de vida, semejante desarrollo económico al país, muchos nos hubiéramos hecho de la vista gorda ante su obsesión por la eternidad.
Después el trabajo, la pega, el curralo, como usted quiera llamarlo. Aquí si hay que trabajar y no se puede estar inventando, las leyes funcionan y hay un orden establecido, hay que hacerlo porque todo hay que pagarlo, la casa, la comida, los carros y las aspiraciones, todo, es cierto que nos volvemos algo esclavos de nuestros compromisos pero también es cierto que, según las capacidades y dedicación que mostremos, lograremos ascender en nuestras condiciones de vida y esperanzas.
Lo material también da felicidad, no nos dejemos engañar más.
El capitalismo es salvaje, pero la miseria en Cuba también, pudiera argumentar con miles de ejemplos las ventajas de este sistema sobre el infierno cubano, incluso con imágenes, pero baste decir que por esta tranquilidad que hoy siento y por la alegría que hoy tienen mis hijos, lo volvería a hacer una y mil veces. Por Eso Me Fui De Cuba.




¿Es Fidel Castro un asesino?

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Este es un tema muy serio y mi respuesta es SI. Y la marco con una X. Y si porque hay muchas formas de matar. Muchas. Y todas, y cada una de ellas, aunque tú no lo quieras, te convierten en un asesino, un criminal y un genocida.
La Historia no absuelve a nadie, ni a Dios. La Historia analiza, enuncia y propone, quienes juzgan, condenan o absuelven son los pueblos, los hombres y mujeres a quienes no les es permitido olvidar y tienen fijos en la memoria los sufrimientos y padecimientos que han tenido que soportar en un lapso o periodo de tiempo.
Fidel Castro tiene sólo un atenuante, que no es el único, otros junto a él también están comprometidos, embarrados y ligados al asesinato, fusilamientos, desapariciones, golpizas, torturas de todo tipo, vejaciones, atropellos, escarnios, amenazas y a la muerte de cientos de miles de cubanos, son responsables directos o indirectos pero todos endemoniadamente culpables.
Desde la Sierra Maestra este hombre, que ya en su pasado gansteril era de gatillo alegre, fusiló a varios por causas inimaginables, argumentando escarmientos y ejemplos salvadores de la “moral revolucionaria”, pero que en verdad su única finalidad era sembrar el terror y la obediencia ciega hacia su persona en los tres o cuatro mentecatos que lo seguían sin chistar en tan horrendo disparate. Algún día se podrá demostrar la ilegalidad jurídica de esos “tribunales militares”. Revolución con fantasmas.
Los primeros años después del 1 de Enero de 1959 están tintos en sangre. He leído sobre los truenos de La Cabaña, he oído contar experiencias desgarradoras de madres, padres, hermanos, hijos y amigos sobre la indiferencia y la burla de estos hijos de puta regodeándose en sus hazañas y en su ejercicio del poder sin importarles el dolor causado a familias enteras de cubanos.
Los fusilamientos masivos en Santiago de Cuba, muchos realizados solo por “sospechas” o delaciones, las ejecuciones sumarias de “batistianos” y sus colaboradores en cualquier parte del país como “fiebre revolucionaria” y manifestación del nuevo orden y progreso que “merecía” la Patria.
Muerte y más muerte, miedo tras el terror y el pueblo enajenado gritando ¡paredón!, ¡paredón!, ¡paredón!, las madres llorando y suplicando y el primer apóstata nacional jactándose orgulloso de su obra y sembrando la doctrina que, según él, lo llevaría a la eternidad por los siglos de los siglos y dejaría por sentado que la vida de los cubanos, la vida de vivir y respirar, podía disponer de ella a sus caprichos y antojos.
En Cuba hay muchas maneras de morir o de que te maten. Muchas. La peor de todas, a mi juicio, es la muerte en vida, y de esa los cubanos estamos sobrados, casi que la cargamos desde que nacemos y la llevamos a cuesta con todas las prohibiciones, ilegalidades y los “no se puede” o “eso no está permitido” que nos impone ese gobierno como forma de “vida”.
Los miles de cubanos que murieron y mueren de la mano de este gobierno en paredones, huelgas de hambre, golpizas, encarcelados, de tristeza, traicionados, ahogados en el mar, desesperados, humillados, en fronteras extrañas o abandonados en selvas interminables son también nuestra responsabilidad si nos mantenemos en silencio, si no somos capaces de denunciarlos y exigirles basta, quien asesina de cualquier forma a su pueblo no es más que un tirano y un genocida.
Yo los acuso públicamente.
Fidel Castro, a mi juicio, traspasó los límites de la decencia humana con su egoísmo y sus ansias de poder, desmembró la nacionalidad, la cubanía, la familia y a cuanto ser vivo se le opusiera o simplemente se le enfrentara, lo cual, sin abusar de mis conocimientos jurídicos, por todo lo que le hizo, le hace y le hará a los cubanos, lo convierte en un vulgar asesino en serie.




¿Cuántos panes hay en el horno?

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En realidad la pregunta acertada es: ¿Cuántos panes quedan en el horno? Respuesta correcta: Cuatro y uno quema’o.
¿Quién lo quemó? Respuesta genial: El pueblo valiente de Venezuela.
Se jodió el chavismo, one, two, three cojan puerta malditos sinvergüenzas, huele pedos de los Castros, oportunistas, ladrones, títeres de pacotilla y…
Fidel Castro si es un tipo “internacionalista” de verdad. No tengo la menor duda. Desde el principio le dio picazón cuando entendió que Cuba era demasiado chiquita para la “grandeza de sus ideales”, que “estos cubanos son fáciles de adoctrinar” y que en realidad él merecía algo mejor que esta “simple isla de mulatas medio picosas y negros dispuestos siempre para la buena rumba”.
No, porque él es demasiado para un sólo corazón. No se conformó con destruir a Cuba, quiso hacerlo también con África, donde realizó varios intentos en unos cuantos países sin ningún resultado obvio, hasta que encontró el perfecto caldo de cultivo en algunos líderes oportunistas latinoamericanos y: “a correr que llegó la leche en polvo”.
Los Castros vendieron internacionalmente una imagen bien diseñada de altruismo y patriotismo, campañas propagandísticas que pagamos nosotros los cubanos con nuestro esfuerzo, sacrificio, padecimientos e incluso con nuestras vidas, aun cuando no estuviéramos de acuerdo o ni siquiera nos diéramos cuenta.
A los de acá, a los populistas del continente, no les importaba un carajo “que si socialismo que si comunismo”, en realidad lo que buscaban era afianzarse en el poder y “vengan dólares pa’ mi bolsillo, que si a Castro le funcionó a nosotros también”.
Entonces vinieron los pactos, las alianzas, las protestas contra Estados Unidos, la “unidad” y el petróleo venezolano corriendo como río sobre el continente, perdón, sobre los “obedientes” del continente, desangrando la economía de ese querido pueblo.
Uno primero y otro después (me refiero al baboso difunto y al energúmeno que esta ahora), cual de los dos más dependiente del “padrino cubano”, más sumiso y más entreguista a la barbarie y a la ambición de la “pandilla cubana”, han armado la desagradable en esta parte del mundo y han robado, incluyendo a sus familias, a las dos manos en nombre de un no sé qué del Siglo XXI que no lo cree ni la madre que los parió.
El problema es que el horno se está recalentando, mejor dicho, esta al rojo vivo, yo aconsejo no meter más pan porque se achicharra, los pueblos han comprendido que todo es un invento y artimañas para la perpetuidad en el poder, para tener licencia para robar y para enriquecerse como potentados de la tierra, el aire y el mar. Los pueblos nunca entenderemos cómo es posible que lleguen pobres y se vuelvan ricos, gordos y caras de tabla, que además nos pidan constantemente y eternamente que los apoyemos y consintamos cuando lo único que han ofrecido a nuestros países es miseria, frustración, exilio, degradación moral y tristeza, mucha tristeza a nuestra alma latinoamericana.
La vida es un ciclo, también el hambre y la desilusión, tienen que serlo porque si no el ser humano pierde toda su capacidad de vivir y se vuelve salvaje, animal y oscuro.
Los Castro y sus imitadores del Sur hoy están temblando, la caña se les está poniendo a tres trozos, los pueblos están reaccionando a tanta humillación y están diciendo basta, si quieren seguir con sus desmanes váyanse para Cuba con sus abuelitos sanguinarios, pero cuidado, ojo, atención, que los cubanos también vamos a despertar y entonces, en el corre-corre que van a armar, cuando todos quiera salir por el mismo lugar, saz, se cogerán el culo con la puerta, será el destino de estos tiranuelos y sus cabecillas.




A los Castros les gusta el “Money”.

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Pues si y tiene que ser verdad, a estos hijos de puta les gusta el “Money”, vivir bien, darse los lujos que nadie puede imaginarse, comer como sultanes, vivir en grandes mansiones (otrora de la burguesía criolla) y además, con la boca llena, burlarse de la paciencia de todos los cubanos.
¿Cómo demostrar que Fidel Castro es un hombre muy, muy, extremadamente rico?
Pues muy fácil, no hay que hacerlo, sólo creerlo y punto.
Cuando Fidel Castro llegó a La Habana el 8 de Enero de 1959 no tenia casa, ni carro, ni posesiones materiales de ningún tipo, nada, llego pela’o, con una mano atrás y la otra adelante, dicen que lo único que traía era un fusil carabina M-1 y una peste a grajo de Padre Nuestro y mi Dios bendito. Pues bien ni corto ni perezoso se fue a vivir al hotel Habana-Hilton donde fijó su residencia y sus oficinas a modo provisional mientras se organizaba el tremendo enredo que había formado con: “si Presidente este, o este otro que es mejor o aquel o mejor yo que ahora soy el Primer Ministro y nadie me va a quitar el puesto”.
La banda de “guerreros” que lo seguía jadeante y ciegamente, y que de la noche a la mañana eran comandantes y capitanes de un ejército no constitucional, rápidamente tomaron posesión de las lujosas y modernas mansiones de la zona de Miramar, Nuevo Vedado, Reparto Kolly, Atabey, Cubanancan y de todo cuanto oliera a confort y comodidades, largando de un tirón sus barbas y sus piojosas cabelleras y preparándose para implantar en Cuba el necesario socialismo de partido único y: ¡Que viva Fidel! La cogioca esta garantizada.
¿En qué país decente del mundo se ha visto esto? ¿Cuántos presidentes en el mundo llegan al poder sin propiedades y de la nada son dueños de lujosas mansiones? ¿En qué democracia del mundo se ha visto que un Presidente regale casas y carros?
Descaro, puro descaro y burla a todos los cubanos. Fíjense si este tipo es calculador e hijo de puta que una de sus primeras medidas fue renunciar a su salario como Primer Ministro porque, según él, de sus necesidades y las de su familia se ocuparía el Consejo de Estado. Imagínense con esos truenos la mujercita que había traído de Trinidad o de algún lugar de esos dijo: “a parir que aquí no se va a acabar la fiesta…”
Así fueron y van las cosas, una persona acumula riquezas cuando dispone a su antojo de su vida y de la de quienes le rodean, cuando ni él ni su familia sufren necesidades y cuando es capaz de soñar con “algo” y que al otro día este bien cocinado y servido sobre su mesa, por solo citar un ejemplo.
Eso es ser un hombre muy rico. Lo otro, los “papelitos” en los bancos, son puro cuento, aunque de esos tampoco carecen mucho estos ladrones, inmorales, fariseos, crápulas y saqueadores del tesoro público nacional.
Ahora tenemos que seguir de cerca la fortuna del hermano, otro que llegó “pidiendo permiso pa’ hablar” y que, hecho a la sombra del siniestro, se ha ido posesionando, él y su familia, sigilosos como serpientes, de las grandes fuentes de ingreso, en dinero de verdad, y de la economía en general de nuestro país.
¡Cuidado cubanos! Vivir pa’ ver…




El diversionismo ideológico: la “espada de Castro” sobre los cubanos.

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Yo recuerdo que en mi época de estudiante, en la secundaria, pre-universitario e incluso en la universidad que te acusaran de diversionismo ideológico era peor a que te mentaran la madre o te gritaran “tarrú”, era como la espada de Damocles que pendía, amenazante, sobre todos los cubanos.
Diversionismo: Palabra transferida por el castrismo del léxico militar al ideológico, como diversionismo ideológico se define cualquier acción, concepto, idea, conversación o publicación considerada por el gobierno capaz de ‘confundir’ a la población y desviar la atención de las ‘masas’ (Ver) de las tareas e intereses de la revolución (Ver) y, por lo tanto, servir a los intereses del ‘enemigo’ (Ver), por lo que debe ser reprimido y castigado ejemplarmente. (Tomado del Diccionario del Castrismo Cotidiano).
Para un cubano la madre es sagrada y los tarros la más grave ofensa, pero ambos siempre lo resolvimos con tres o cuatro trompadas y “a quitarse la picazón”. Así de simple o un poco más complejo en dependencia del amor que sintamos por nuestra progenitora o la gravedad o las circunstancias del adulterio en cuestión.
Pero el diversionismo ideológico era la sentencia más grave que podía colgar sobre cualquier mortal en nuestra amada tierra, el peor estigma, la más terrible calificación y el más “poderoso argumento” de los come-moringas para apartarte o silenciarte de la vida pública o de cualquiera de tus válidas y legítimas aspiraciones ciudadanas.
La lista de rasgos, actitudes, aptitudes, preferencias y formas de pensar o actuar por la que te podían acusar de “diversionismo” era enorme, por sólo citar algunos ejemplos diré: querer abandonar el país, mantener contacto con familiares que se habían ido al exterior, leer libros prohibidos por el gobierno (cualquier cantidad), tener un familiar “contrarrevolucionario”, escuchar a los Beatles o la “música del enemigo”, mascar chicle, usar ropa extranjera, tener el pelo largo los varones, apoyar a los “atletas o el deporte de los enemigos”, ser homosexual, decirle “bolos” a los rusos, etc., etc., etc., tengo que parar para no hacer la lista demasiado larga y ridícula.
Los come-moringas eran los únicos que podían hacer todo eso, ellos no eran acusados de nada porque “estaban probados” y demostrado su “amor y sacrificio por la Revolución”, y aun cuando les gustaba el whisky y se tragaban los jamones pata negra, eran los que se paraban frente al pueblo a gritar consignas y a “defendernos de los hijos de puta del norte”. ¡Vaya sacrificio!
¿Cuántos de nosotros crecimos temerosos de ser acusados de esta mierda? ¿Cuántos rabiamos por dentro por ver tamaña injusticia? ¿Cuántos de nosotros vimos a los ”hijos de papá” campear por su respeto y ser intocables? ¿Cuántos? ¿Cuántos? ¿Cuántos?
Recuerdo que estudiando en el Pre-universitario, en una escuela al campo, quisieron expulsar a un estudiante porque manifestó su preferencia sexual, es decir, salió del closet, “y los revolucionarios no podemos soportar semejante blandenguería y rezagos del capitalismo”, “a ver qué tiene que ver el culo con la partitura…” como diría mi amiga la cínica. Fue algo terrible, recuerdo la humillación pública a la que fue sometido y lo más horrible el silencio y la complicidad de todos nosotros, nos mantuvimos callados y no tuvimos cojones para enfrentar la injustica, para defenderlo y apoyarlo, para estar junto a él y no condenarlo por el simple hecho de que le gustasen los varones. Se fue de la escuela y nunca volvimos a verlo. Hoy me arrepiento de haber sido tan cobarde y tan mierda.
Este invento del comunismo de Fidel Castro impuso males terribles a Cuba, a nuestras generaciones, a la nación cubana, nos marcó el alma y la existencia con daños irreversibles e irreparables que aun hoy, después de mucho tiempo, nos siguen persiguiendo a donde quiera que vamos, la lista de los perjuicios sería larga, negra y grotesca, por esto debemos combatirlo, negarlo y desprestigiarlo con todas nuestras fuerzas y hasta las últimas consecuencias, a los Castros y su invento de Revolución, digo.
Nota: Perdónenme por el uso de algunas malas palabras…

Los cubanos, la carne de res y las “vacas locas”.

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Yo digo que al cubano, por naturaleza y tradición, siempre le gustó comer carne, de cualquier tipo pero carne, preferiblemente un buen bistec con viandas (fritas o sancochadas) acompañados de su arroz, su potaje y su rebanada de pan para empujar y al terminar “comerse la salsita”.
Mi respeto a los vegetarianos y veganos de Cuba y del mundo, nadie duda de que es una opción saludable de alimentación, pero desgraciada o afortunadamente en nuestro país siempre fue así, la cultura culinaria cubana se hizo a golpe de lechón asado y todo cuanto pudiera freírse o sancocharse, conformando también nuestros rasgos como nación y apoyando nuestra definición de cubanía: “es que el olor del puerco asado de Cuba no lo encuentras en ninguna parte del mundo, ja, ja, ja…”.
Las crisis sucesivas y los eternos “períodos especiales” después de 1959 se ensañaron agresivamente con la mesa del cubano, la desarticularon, la desvencijaron y la convirtieron en mesa de “tres o dos patas”, sin “derecho a protestar” o: “te quito la ayuda de papá Estado”.
Cuando yo era muchacho recuerdo que mi madre me mandaba a la carnicería y me decía: “trae 3 personas de bistec, una de falda y la otra de picadillo” (éramos 5 en el núcleo). Para algunos esto parecerá algo de otra galaxia o un galimatías medio “canibalesco” pero no, la venta de los productos cárnicos al pueblo de Cuba era normada, es decir, por la libreta de abastecimiento, quincenalmente y alcanzaba sólo para tres veces en ese lapso de tiempo. Mi madre se hizo experta en estirar los “bisteces”, el picadillo y a la falda le “bajaba el dobladillo” hasta tres y cuatro veces.
Después, por allá por los 70s, nos becamos en ese otro engendro comunista que fueron las secundarias y los pre-universitarios en el campo (este es un tema para otro artículo), y la Revolución nos quitó media cuota de carne porque se suponía nos la daría en nuestras “nuevas escuelas”, gratuitas, cumplidoras de los ideales del Apóstol y formadora del verdadero hombre nuevo y requetenuevo.
Sin darnos cuenta se fueron esparciendo las entregas de carne de res, por parte del gobierno, a las carnicerías, y aquellas disecciones familiares de: dos de bistec, dos de picadillo y una de hígado fueron desapareciendo y dieron paso al pollo por pescado, a la masa cárnica, al fricandel y al tristemente célebre picadillo de soya o picadillo “enriquecido”, que por cierto: a mí me daba un dolor de estómago tremendo…
Más nunca vimos el bistec de res, voló como Matías Pérez. No logro precisar exactamente la fecha pero si se que esta fórmula de pollo por pescado una vez al mes viene afectando terriblemente a los cubanos desde hace mucho tiempo, demasiado tiempo.
Las justificaciones gubernamentales fueron de todo tipo, por supuesto el principal culpable era el imperialismo yanqui y su “bloqueo” que habían elaborado un siniestro plan para “asesinar y secuestrar” nuestro ganado vacuno, después los cubanos sin vergüenzas que estaban: “sacrificio y hurto de ganado mayor” y después las lluvias: “es que no cae ni este poquitico de agua del cielo y la yerba se nos está secando”. Todo pura justificación y descaro.
Las vacas cubanas se volvieron locas y se fueron al Comité Central para contagiar, con el color rojo de su carne y su enfermedad, a los dirigentes y funcionarios del Partido y hacerlos cada vez “más comunistas” y mas rosados, y de paso provocarles que olvidaran que al cubano de pueblo, al humilde trabajador y al obrero les gusta, de vez en cuando, comerse un buen bistec.