La mafia “siciliana” de La Habana.

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Con el permiso de los señores italianos pero: ¡Está bueno ya, llamemos a esa Revolución por su verdadero nombre y apellidos: mafia-militar-castro-comemoringa!
La maquinaria propagandística del régimen castrista siempre ha querido embaucar a los cubanos, y a los que no lo son, con sus muchos cuentos sobre su altruismo, su humildad, su sacrificio, dedicación y un montón de mierdas más que, cuando usted las analiza bien, es únicamente el pueblo, el pueblo humilde de Cuba, quien las ha cumplido desde el mismísimo 1 de Enero de 1959.
Los capos y su “padrino” no, esos nunca pasaron trabajo ni se sacrificaron, ni tuvieron que usar el transporte público, ni dejar de comerse el pan para dárselo a sus hijos, ni vivir hacinados en un apartamento en Alamar o un albergue para damnificados, ni hacer colas para comprar cualquier alimento o medicinas, ni atenderse en un hospital con pésimos servicios sanitarios, ni soportar la vigilancia de los comités, ni siquiera han tenido que soñar como nosotros, nada, no han tenido que hacer absolutamente nada porque se adueñaron y dispusieron de un país entero incluyendo a sus habitantes.
Fidel Castro hizo de todo para reafirmar y consolidar su poder (a la usanza siciliana) sin contemplaciones y sin que le temblara la mano: eliminó adversarios (fusilados, desaparecidos y cuantas formas existen de matar), concedió “favores” de todo tipo (carros, casas, puestos en el gobierno, etc., etc., etc.), utilizó el chantaje para comprometer opiniones (por ejemplo: nunca entendí como Ricardo Alarcón, un tipo inteligente, podía y quería hablar tanta mierda). Castro nunca perdonó a quienes se le opusieron o trataron de rectificarlo y cuando lo hizo después les cobró con creces, promovió a monigotes que sabia podía manejar a su antojo, se rodeó de sicarios siempre prestos a olerle el fondillo y apretar el gatillo y creó en torno a él un elaborado misticismo para mantener al mundo extasiado y temeroso de sus disparates.
Los Castros son una “familia”. Una auténtica familia de la Cosa Nostra pero en el Caribe, bajo el sol tropical, con sombrilla porque no les gusta estar morenos como nosotros, con una estructura de poder bien determinada y con sus sucesores en línea directa y todo, al mismísimo estilo de las familias de la lejana Italia o la cercana Nueva York.
A esa mafia-militar comemoringa nos enfrentamos los cubanos. Un duro y difícil reto. A una despiadada y embaucadora pandilla ávida de poder y de riquezas, controladora y dueña de todas las economías de la Republica, de todas las formas de represión, de los principales puestos administrativos y estratégicos en el gobierno y de cualquier toma de decisiones para tutelar o “dictar sentencias” para los cubanos.
Las nuevas relaciones con Estados Unidos les han abierto los ojos, las gargantas y los bolsillos. Están viendo los enormes beneficios que reporta la “industria de la amistad” y están presurosos en crear todo un entramado para favorecerse y aplicar la ley del embudo, por supuesto.
¿Dónde están las enormes ganancias de la industria asociada al turismo, las remesas provenientes del extranjero, la exportación de profesionales, la venta de los recursos nacionales, de la biotecnología, la industria farmacéutica, la industria de los servicios en divisas y hasta de la sangre de los cubanos? ¿Dónde?
Ahora el Ministerio de Transporte de los Estados Unidos acaba de autorizar que líneas aéreas norteamericanas vuelen a La Habana, es natural, elemental y democrático para cualquier país del mundo, pero y permítanme que insista, cada aeronave con bandera “enemiga” que aterrice en nuestra tierra traerá, entre turistas, familiares de visita, mercancías y demás, muchos dólares para estos mafiosos tropicales, peligrosos, pero de tres por cuatro…

¿Quiénes nos oponemos a los Castros somos realmente “mercenarios del imperio”?

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Para los comunistas todo el que sea crítico de sus inventos y sus fracasos es un mercenario del imperio, un agente de la CIA, un asalariado de la mafia terrorista de Miami, un gusano al servicio de la ultra no se qué, entre otros muchos adjetivos disparatados y típicos de su fétida y disminuida verborrea.
Dice mi amiga la cínica que, cuando lee u oye las respuestas que dan estos sujetos para defender su mentira, le baja el azúcar y le sube la presión: “quedo viva de milagro.”
Yo no creo que los imperiales, aun con su inmenso poderío, tengan tanto dinero y puedan pagar la creciente inconformidad de todos los cubanos, es imposible. ¿Cuánto tendrían que desembolsar los grandes magnates, los prósperos empresarios, los diestros y siniestros políticos, los “mafiosos”, la “gusanera” o simplemente el contribuyente de cualquier parte del mundo para financiar la angustia, el hambre y la desesperación de casi todo un país? No, no nos intenten engañar más y asuman de una vez y por todas que la rebeldía y el descontento de hombres y mujeres no se cobra ni se paga con nada. Es que sencilla y llanamente no aguantamos más, así de simple.
Los castristas al final están perdiendo todas sus guerras, una por una y en cualquier campo (guerras que además arman contra todo lo que se menee y no les guste). Se han quedado sin sus argumentos tradicionales y las imágenes sobre su desastre no mienten y vuelan como pólvora en redes sociales e internet.
Aun con su poderosa maquinaria de información y desinformación la “verdad comunista” se les ha vuelto una falacia y hoy por hoy resulta una vergüenza y un desprestigio a nivel mundial: “es que son demasiados años con la misma cantaleta y aburren, cansan, dan ganas de vomitar, desesperan, asquean, alucinan y ya no engañan a nadie”.
Nunca van a entender que su peor enemigo es su propia soberbia, su intolerancia, su incompetencia, su necedad y su vulgaridad, no nosotros: la Resistencia Cubana, la Oposición Cubana, el Exilio Cubano y el Pueblo Humilde dentro y fuera de Cuba.
Cada persona es libre de decidir, financiados o no, sus métodos y formas de resistir u oponerse al gobierno de los Castros, de poner en práctica sus acciones y sus ganas de protestar, de manifestarse, de revelarse o simplemente de callarse, todas son válidas, útiles y necesarias siempre y cuando evitemos, por nuestra parte, cualquier tipo de violencia pues es el argumento que los comunistas están esperando para descargar su odio, y sus tanques, contra el pueblo.
La Revolución de los Castros fue y es financiada por capital nacional y extranjero durante toda su historia, entiéndase burguesía cubana y otros (antes de 1959), los soviéticos y demás países del campo socialista después del 59, el petróleo venezolano desde los 90s, etc. ¿Entonces Fidel Castro y su pandilla son unos mercenarios?
Para medio terminar este artículo me gustaría hacerlo con otra pregunta: ¿Qué son esas personas que reprimen brutalmente las protestas pacificas de los opositores cubanos y lo hacen para no perder sus puestos de trabajo, para ganar prebendas políticas y/o para recibir una asquerosa “cajita de comida”? ¿Qué son?

Una conguita mortuoria pa’l régimen de La Habana.

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En la vida real Cuba es un gran feudo, Raúl Castro, el actual “Presidente electo”, actúa como amo y señor de todo lo que se mueve o se está quieto sobre nuestra querida tierra. Lo único que le falta es ejercer su derecho a “desvirgar” a las fieles doncellas en su primera noche de bodas. ¡Qué asco! Dirían muchas que conozco. Por lo demás es el clásico mandamás medieval ejerciendo sus designios sobre sus súbditos y promoviendo o eliminando a quien a él le dé la gana, cuando quiere y como quiere: “Damisela encantadora, Damisela por ti yo muero…”.
Lo heredó de su hermano, el otro, el diablo, el verdadero inventor del feudalismo tropical, el que no creyó en nadie y se burló de todos los cubanos, dicen las malas lenguas que lo hacía hasta del propio “Raulín”, que más de una vez lo humilló en público, lo hacía llorar y se burlaba de su aspecto lampiño y medio afeminado, “lo otro” a mí no me consta.
En Cuba no existe otro sistema económico-social. Bueno en realidad yo pienso que si, y esta es mi visión personal: en Cuba predomina el sistema del caos y el maniguiti, “mira pa’rriba, saliva…” y todo para un solo lugar. Pero por más que ellos traten de disimular su desvergüenza, autodenominándose esto o lo otro, encontraremos que ni comunismo, ni socialismo, ni capitalismo ni la madre que los parió, feudalismo patriarcal y dinástico a pulso, impuesto a la cañona, a la trompá, al si te gusta bien y si no también, y si dudan lo que digo preguntémosle entonces a los miles de cubanos fusilados, ejecutados, torturados, desaparecidos, encarcelados o desterrados por el sólo hecho de pensar diferente o querer una Cuba verdaderamente democrática.
No pretendo convencer a nadie, pero para mí resulta demasiado evidente, demasiado real, visible, palpable y demostrable. Ellos no se esconden, incluso pienso que lo hacen ex profeso, como una burla, para demostrar que son un gobierno de “mando y obedece” o “te coge el cocuyé”, de machos con pantalones sin ojales, de octogenarios “aviagrados” hasta la saciedad que le pasan por encima a cualquiera, a quien sea, incluyendo a sus propios lame botas, a quienes desguazan si tienen que hacerlo por tal de preservar la rigidez de sus castillos.
Ya los Castros están preparando a los “Castricos”, a la vista de todos los están posicionando en los puestos claves de su pirámide feudal, sin contemplaciones y sin poseer los méritos suficientes y la preparación necesaria, no importa, avizoran un futuro alentador con el nuevo “amigo” del norte y no quieren dejar ni el más mínimo cabo suelto, que se cumpla la ley del embudo y el pueblo que se joda, si total, “si han aguantado hasta aquí, que lo hagan un poco más…”.
Pero error de cálculo, una vez más se equivocan malditos feudalistas reaccionarios, los cubanos dignos no somos sus siervos, no queremos seguir con la cabeza baja esperando y esperando por: “hasta que la muerte nos separe”, ya somos muchos los que alzamos la voz y las manos contra el descaro que han implantado en nuestra tierra y queremos verlos salir de sus palacios con el rabo entre las patas y obligados a bailar al compás de:

Tú que me decías que nadie te iba a tumbar,
Tú que me decías que el pueblo aguantaba más,
Pues no, no, se les acabó el abuso,
Y sí, sí, los sacamos a pata’ por el…

Los “hijos de ciber” del Castro-comunismo.

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Nota introductoria: Un “hijo de ciber” es un miliciano-cibernético-castrista con la función de atacar, en las redes sociales o internet, a todo aquel que ellos consideren “enemigo del pueblo” o de su amado e “invencible” líder.
Los comunistas se crean, se transforman y se disimulan. Se camuflan en cualquier ciudad del mundo, en cualquier parte, “debajo de la cama está el majá”, dondequiera que puedan sembrar su odio y su eterna venganza “social”. Adoptan diferentes formas y estilos en sus histéricos y desesperados planes de confrontación contra todo aquel que piense distinto, que no les simpatice o simplemente que lo consideren más inteligente o mejor preparado que ellos.
Hoy me voy a referir al ejército de “hijos de ciber” que tiene el gobierno castrista “trabajando” en las redes sociales o en internet.
La función principal de estos nuevos milicianos va a ser intentar denigrar, atacar, lastimar y ofender a cualquiera, sobre todo a quienes “estamos felices”, pero nunca la confrontación civilizada y democrática. La otra hackear, sembrar virus, bloquear páginas, enviar e-mails con sus diatribas y cochinadas, en fin, cualquier tipo de guerra cibernética que ellos creen les puede resultar útil y ofensiva.
En mi breve tiempo como usuario de Facebook me he dado cuenta de las disímiles caras que adoptan estos “hijos de ciber”. Los más comunes son los que esperan a que usted publique algo para entonces inundar las páginas con cualquier cosa, desde fotografías hasta la repetición de noticias que a nadie le importa, con el objetivo de hacer desaparecer tu publicación.
También están los que agregan comentarios medio ambiguos sobre usted o tus publicaciones con la intención de sembrar dudas sobre la autenticidad de tus palabras y la finalidad de tu mensaje.
Quienes administran grupos públicos y se ofenden, gritan, reparten su histeria babosa y pestilente a diestra y siniestra cuando se les envía algún artículo que según ellos difiere del perfil del grupo (o les provoca picazón).
Existe un grupo importante de hijos de ciber con la “orientación revolucionaria” de promover los logros del “invencible”. Generalmente les asignan alguna publicación con cierta movida amarga para el régimen y su función principal es tratar de imponer la desagradable imagen del nonagenario, a cambio les dan unos minutos en internet y alguna que otra cajita de comida.
Están también los que añaden a tu biografía o tu curriculum historias o experiencias laborales, que incluso tú desconoces, con la intención de denigrarte (hace poco uno de estos hijos de ciber publicó que yo por irme de Cuba ahora le limpiaba los inodoros a los capitalistas con mi lengua)
En fin, nuevos empleos, más adulones, nuevas aspiraciones tapiñadas, encubiertas, morbosas y lamentables formas de atacar a los demás, de intimidar, de intentar menospreciar y silenciar la opinión ajena para seguir imponiendo un discurso que hace mucho tiempo se les cayó en el retrete.
Un hijo de ciber castristas puede llegar a ser muy peligroso, extremadamente dañino, por eso no debemos confiarnos, las redes sociales tienen gran alcance y ellos, como los tradicionales espías de las películas, actúan agazapados, disimulados o enmarañados entre los amigos de los amigos y de los otros amigos, esperando para lanzar sobre todos nosotros su endemoniada maldad, generalmente impregnada de absurdas frases sin coherencia y montones de faltas de ortografía.

Fidel Castro o el diablo que llevamos dentro.

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Este artículo me ha costado mucho tiempo digerirlo porque, sin pretender hacer un psicoanálisis sobre el nonagenario y “eterno presidente de Cuba”, trataré de demostrar mi visión sobre este personaje y por qué nos ha resultado tan difícil a nosotros los cubanos deshacernos de él.
Las personas no son ni totalmente malas ni totalmente buenas. Esta es una sentencia bastante acertada si tenemos en cuenta que más que bien todos, absolutamente todos, hemos hecho, alguna vez, alguna que otra diablura con consecuencias terribles para una o más personas, es lo normal.
Recientemente vi, en el canal en español de la televisión alemana, un reportaje sobre Fidel Castro donde un montón de sus secuaces y familiares más allegados resaltaban admirados y extasiados las bondades de este “ilustre” personaje. En general todos coincidían en que a este tipo hay que conocerlo en la intimidad, que es ahí donde se puede apreciar la verdadera humanidad del “hombre más grande que había parido Cuba”, su vocación de sacrificio, su amor por la patria y su estatura quijotesca entre un burujón de sandeces que a mí me provocaron arqueadas.
Por otra parte, para hablar de la historia reciente, he podido apreciar que el ejército de “combatientes” que tienen para intentar ripostar nuestras verdades en Facebook o internet, usan la imagen de su ídolo como escudo y para reforzar frases como: mi papá Fidel, los zapaticos me aprietan, fidelista por siempre, mi macho cabrío, patria o muerte, tu sí que eres bueno comandante y “acuérdate que hace rato se me rompió la olla reina que me diste”.
Nada de esto es nuevo, la historia de Cuba de los últimos 57 años, está repleta de gritos, loas, fotografías, películas, documentales, noticiarios y cuanta superficie pueda graficarse con la imagen y/o las palabras de este hombre. Siempre tuve la sensación de que lo hacían para meternos miedo a los cubanos, para que no nos saliéramos de la rayita porque “si lo haces viene el coco y te lleva”. Mi amiga la cínica dice que no, que es para repetir y repetir su presencia porque si lo dejan de hacer por tan sólo un minuto corren el riesgo de que a los cubanos este tipo se nos olvide para siempre.
Yo digo que cada cual tendrá su propia opinión sobre este tema y todas son válidas, acertadas y deben ser escuchadas con respeto, sobre todo de quienes de una forma u otra sufrieron y sufren los caprichos de este sujeto, incluso creo sería bueno que hiciéramos otro documental pero con la visión de esta parte de los cubanos que no tememos y queremos decirle la verdad en su propia cara.
De cualquier manera siempre ha estado ahí, sobre nosotros, acechando, lastimando y prohibiendo. Aguantando sus más de “600 atentados” y las maldiciones de miles y miles de personas que lo detestan y que se cansaron de vaticinar su final porque según ellos tiene un pacto con el diablo.
Pues bien y aquí va mi verdad sobre el asunto, después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que el sujeto ni es eterno ni tiene un pacto con el diablo, es que Fidel Castro Ruz es el diablo en persona, fíjese que si usted mira bien su nombre encontrará las 7 letras que forman la palabra LUCIFER.
Les reto a que traten de encontrarlo en el suyo o en el de alguno de sus amigos.

El “holocausto” migratorio de los cubanos después de 1959.

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No hay dudas. Los comunistas han desmembrado a la nación cubana por todas partes. No existe nada en Cuba que no haya retrocedido o involucionado con proporciones gigantescas: la producción agrícola, la producción industrial, la construcción de viviendas, la educación y la cultura cívicas, el orden y el progreso, las libertades ciudadanas y el “olor de la vida”.
Antes de 1959 Cuba era un país receptor de migrantes. Aun con Batista y “todos sus desmanes” miles de personas, de cualquier parte de este planeta, solicitaban permisos para radicarse en la isla. Venían, sobre todo, atraídos por la prosperidad y las opciones de futuro que ofrecía “la dictadura batistiana”, la bondad de los nacionales y el privilegio de su posición geográfica.
En la actualidad a muy pocos en el mundo se les ocurre tamaño disparate. Lo único que hemos logrado conservar en estos tiempos es la bondad de algunos nacionales y la posición geográfica, pero definitivamente esto no basta. No es suficiente.
Hoy Cuba “exporta a sus habitantes” por cientos de miles y por las vías más absurdas, crueles o disparatadas que uno se pueda imaginar. El cubano no quiere vivir en su propio país, está cansado, se ha hastiado de esperar por el techo seguro y el “vaso de leche”, por la vida digna y responsable y por un mañana que cada vez es más ayer y ayer y nunca. Por generaciones hemos visto que todo ha sido una burda mentira, que la patria hiede y que costará, sabe Dios cuánto tiempo, volverle a dar algún sentido de decencia.
Entonces no queda otra, muchos decidimos partir con media alma rota y los dolores y la angustia por tener que separarnos de la familia, nuestra madre, los amigos y lo material, que también muchas veces cuenta.
Los cubanos nos vamos para donde sea: “pa’ donde sea Fidel, pa’ donde sea…”, no importa, a veces mientras más enredado se hable mejor porque así es bueno para olvidar las penas, no importa si nos congelamos o los sudores nos deshidratan, si la comida es muy picante o si los sabores nos retuercen de nostalgia, la meta es salir adelante y perseverar porque en verdad de eso estamos hecho nosotros, de madera dura que no se raja y que no se deja amedrentar, ¡ah! y “pa’ tra’ ni pa’ coger impulso”.
Mis “opositores” me atacarán con el cuentecito de que este es un fenómeno que sucede a nivel mundial, el sur invadiendo al norte, que Cuba no es el único caso y: “ahí están las cifras de centroamericanos, suramericanos, del medio oriente, norafricanos y chinos y no tan chinos que se deslumbran con el sueño del capitalismo, no son únicamente los cubanos”. Pasa que sólo el gobierno cubano, en todo el mundo, ha venido prometiendo por más de 57 años prosperidad y una mejor vida para sus ciudadanos y estos ya no pueden más, se cansaron. Fíjese que solo los cubanos somos los únicos que no tenemos destinos prioritarios para emigrar, nadie vera nunca a un mexicano querer emigrar para Guatemala, por solo citar un ejemplo.
Pero las migraciones tienen sus causas, generalmente son económicas, políticas o humanitarias. En el caso de Cuba yo digo que son de todos los tipos, el cubano se va por hastió, desilusión, miedo, hambre, amor, nostalgia, vergüenza, ilusión, rencor, soberbia, teques, prosperidad, libertad, aventura, sueños, desesperación, cansancio y “cualquier cosa que sirva para no estar más aquí”.
¿Quién es el culpable?

Los niños cubanos y la “felicidad” castrista.

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¿Son felices los niños en Cuba? No. No pueden. Es imposible. El problema es que la inmensa mayoría de ellos, incluyendo a sus padres, no lo saben porque están engañados, adoctrinados, manipulados y son utilizados desde las más tempranas edades para hacer el “juego politico” de una de las más horribles dictaduras en la historia de la humanidad. Esta es la más triste y cruel de las realidades que vivimos en nuestro país, lo creamos o no.

“A la rueda rueda de pan y canela…”

La primera prueba de mi verdad es esta: “Pioneros por el comunismo seremos como el Che”.

Los niños cubanos no tienen elección, tienen que decirlo, repetirlo y creerlo como si parecerse a este sátrapa fuera sabia vital para la vida o un pasaporte para “viajar” a una “mejor” moral revolucionaria. Pero pura mierda, el sátrapa y la moral revolucionaria. Puro bla, bla, bla inefectivo pero obligatorio en un pais donde es más importante parecer que ser.

Comunismo es una palabra fuerte, muy fuerte e inintelegible. Obligar a niños a repetir algo que no entienden es un crimen, pasa que al régimen no le importa en lo más mínimo afectarles su ingenuidad y la capacidad de cómo quieren pensar o decidir a quién realmente quieren parecerse: “que son sólo niños, coño, que no ves que no entienden lo que dicen”.

“Dame un besito y vete para la escuela…”

Yo siempre le digo a mis hijos que no tenemos que parecernos a nadie, en lo absoluto, ni siquiera a nuestros padres, que somos el resultado de experiencias vividas y aprehendidas durante la vida y que es nuestra elección decidir cuál es el camino a seguir para ser mejores o peores personas, de esto se trata, lo otro es imposición, abuso, lavado de cerebro, extorsión moral, ejercicio de poder, asesinar la espontaneidad y, la más cruel de todas, limitar la capacidad de elección de los seres humanos.

La segunda prueba es la Historia que nos eneseñan desde los primeros niveles en las escuelas.

Los comunistas han convertido en estereotipos de malos y buenos, de indios y cowboys, de milicianos y mercenarios, de croqueteros y gusanos, a cuanto hombre, mujer, país, sociedad, continente o planeta hayan tenido algún impacto en el devenir de la civilización humana, antigua o moderna, no les importa, mientras más moderna mejor para así poder compararlos con nuestro “invencible” y demostrar que la Tropicola era la mejor de todas y “que nunca se equivocaba” o se le iba la “efervecencia”.

Los niños en Cuba son envenenados diariamente con las doctrinas del comunismo, del socialismo y del castrismo. Lenta y sistemáticamente. Desde que van al círculo infantil (guarderías) tienen que digerir la imagen de Fidel Castro como el sagrado corazón de la patria, como al hombre a quien los cubanos le debemos la “bondad y la buenaventura” de nuestras vidas porque él, y sólo él, nos devolvió la libertad y la justicia.

“Si no quieres ir acuéstate a dormir.”

Y en tercer lugar porque los niños son quienes más sufren el deterioro moral y físico del país.

No hay forma de explicarles por qué vivimos a oscuras en interminables apagones, por qué el agua de tomar es caliente, muy caliente, y la de bañarse fría, muy fria, decirles que los juguetes son un lujo innecesario, que las chucherías son malas para la salud, que los grandes parques de diversiones que salen en las películas son para los contrarrevolucionarios y “tomate la sopa que es lo único que hay para comer y apúrate que tienes que ir al mitin de repudio”.

No, no y no, basta de cuentos “infantiles”, mientras no cambiemos lo que es elemental para la vida, lo justo para que los cubanos podamos elegir cómo queremos ser y pensar sin tener que abandonar nuestra tierra, entonces nadie podrá ser feliz en Cuba, mucho menos los niños. Lo otro es puro espejismo y bla, bla, bla de esa dictadura y de sus croqueteros castristas.

Ricardo Santiago.




Los ancianos cubanos y la barbarie castrista.

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Ser un anciano en Cuba es, definitivamente, una actitud ante la vida. Triste pero cierto. Cruel pero real.
Tengo una amiga deliciosamente cínica que dice que ser viejo en Cuba es una maldición. Hasta cierto punto le doy la razón, pero este es un tema, para mí, de los más delicados y no puede tomarse a la ligera porque ellos, entre otras miles de cosas, son la verdadera memoria viva de la nación y de los horrores del castrismo.
La historia ha demostrado que el comunismo es enemigo de la “memoria”, la ha perseguido con saña tratando de borrarla porque según ellos el futuro es mejor y el pasado una lacra.
Los ancianos en Cuba sufren y mucho. Parte el alma verlos y sobre todo oírlos.
Cuando yo era niño los viejos de mi barrio hablaban de la época de Batista y los ojos les brillaban y el rostro se les iluminaba pero terminaban sus anécdotas con: “ahora con la Revolución es mejor…” y miraban para todas partes. En realidad nunca pude entender esta dualidad de sentimientos en una misma historia porque me parecía insólita tanta abundancia con un gobierno tan asesino, cruel y déspota como el de Fulgencio. Menos a uno que hacia jarritos de metal y le decíamos Caballo, ese era el único no se escondía para decir: ahora todo es una mierda, estos comunistas van a acabar con el país, ese Fidel Castro es un hijo de puta, etc, etc, etc, hasta que un día no lo vimos más.
Y sucedió que los jóvenes que entregaron, en los 60s, 70s y en los 80s, con tanta pasión y alegría el alma y sus vidas para “construir la patria socialista”, “el país más prospero de América Latina”, “con el nivel de vida más alto del mundo”, son ahora los viejos de este extraño e ininteligible comunismo-militar-capitalista de estado. Los jodieron, los utilizaron, los exprimieron y los abandonaron. Por eso hoy cada anciano que vive y muere en total miseria, abandono, desnutrición y enfermedades es únicamente responsabilidad del gobierno cubano.
Los ancianos en Cuba son maltratados, ofendidos y lastimados por todas partes. El gobierno les “otorga” una chequera que no alcanza para nada, un miserable retiro que más que todo es un verdadero castigo, no tienen medicinas, el sistema de salud es un farsa, las condiciones de vida, la alimentación y el merecido descanso una burla, sólo basta con mirarle el brillo de los ojos y la expresión de sus caras cuando hablan, cuando recuerdan y cuando callan.
Y yo pregunto: ¿Será que el “máximo nonagenario ilustre” de la nación vive de una exigua chequera?




¿Tenemos miedo los cubanos?

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Depende, algunos, yo, de verdad, un poco. Siempre hay un ojo que te ve. Muchas personas me preguntan cómo este hombre ha logrado mantenerse tanto tiempo en el poder. La respuesta es bien sencilla y lo explico: por la sofisticada maquinaria de terror que implantó en Cuba, y fuera de ella, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959. Yo digo, sin temor a equivocarme, que es el más perfecto sistema de represión y autocensura que ha existido en toda la historia de la humanidad, que me demuestren lo contrario.
En los 60s la inmensa mayoría, actuando bajo los efectos de la anestesia “barbuda” gritamos: paredón, nacionalizar, el carácter socialista, patria o muerte y otras histerias mas. Así nos comportamos como cómplices de un tipo que, sin poder o querer darnos cuenta, cubría a la patria con el manto de la sumisión, la obediencia, la autocensura, la ceguera, su politiquería, sus inventos y sus diabluras.
Muy pocos lo vieron venir o irse, los más iluminados fueron rápida y públicamente silenciados: fusilamientos individuales y masivos, sumariales, cárceles multiplicadas, destierro, “camas políticas y de las otras”, descrédito y hasta “nuestro insigne desaparecido nacional”.
En los 70s y los 80s la mayoría fuimos inoculados hasta el tuétano con tal desgracia y éramos, sin conciencia, portadores de la más pesada carga letal que puede sobrellevar un cristiano. Esto él lo sabía y nos utilizó como a corderos, nos movió de aquí para allá impulsándonos a gritar cuanta bazofia se le antojaba: pim pom fuera…, de que van van, el que no salte es yanqui, Angela David, que se vaya la escoria y muchas aberraciones más.
Aun en medio de tanta maquiavélica perfección para vigilar, amedrentar, someter y castigar, fuimos despertando de poquito y a borbotones. Agobiados por tan “pesada carga” hemos manifestado nuestra inconformidad y hemos cometido, y lo seguimos haciendo, los mayores actos de valentía en la historia de la humanidad al enfrentarnos, por las más disímiles vías, a tan perfecta máquina de silenciar y de matar.
Que quede claro que los cubanos no tienen miedo. Los cubanos somos buenos y nobles, somos un pueblo tranquilo, amigo de los amigos, de buenos y grandes jodedores, de personas sencillas, con históricos genitales masculinos y femeninos, de gente dispuesta y gallarda, sólo que adormecida.
Porque hay que tener valor, pero mucho valor, en medio de tan feroz represión, para hablar en voz alta, para escribir, para cantar, para pintar, para lanzarse al mar sin las más mínimas condiciones para la navegación, cruzar selvas desconocidas, separarse de la familia pidiendo asilo en cualquier parte o para tirarse a la calle a protestar, a gritar la desesperación y a inmolarse, día tras día, por ellos y otros que no lo hacemos.
No, que nadie se engañe, los cubanos ya estamos perdiendo el miedo.




¿Nos merecemos los cubanos tanta miseria y sufrimiento?

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Aquí sí hay tela por donde cortar, aunque a mí personalmente me provoca mucho dolor este tema. Hablar de la cotidianidad en Cuba, de la subsistencia y de las miserias de la vida diaria, sólo un cubano puede hacerlo, porque nadie como nosotros para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacio, atragantado en medio del calor más absurdo y mirando la clara Luna debido a la ausencia de electricidad.
El padre o la madre que haya estado en esta situación sabe a qué me refiero. Aquí ni capitalismo, ni socialismo, ni el “invencible” ni la madre que los parió, aquí solo rabia, frustración y un dolor inmenso, de ese que nos angustia el alma y nos marca para toda la vida provocando que sea muy difícil entender y perdonar.
Un gobierno está obligado, imperativamente obligado, incluso anteponiendo sus políticas, negociaciones de estado y sus otras mierdas, a solucionar estos problemas, sea por la vía que sea, pactando hasta con el mismísimo si es necesario, pero proporcionar el bienestar a su pueblo como primera y única ley a cumplir por todos y para todos, porque no hay justificación (ni bloqueo, ni crisis mundial ni los americanos son unos hijos de puta) para que un solo niño se acueste con hambre, juegue descalzo o simplemente añore algo tan básico como un juguete más o menos sofisticado.
El gobierno cubano ha tenido suficiente tiempo para solucionar estos problemas, más de 57 años, un tiempo enorme hasta para las más estúpidas administraciones, ¿por qué no lo ha hecho? es la pregunta que algún día tendrán que responder aunque sus máximos culpables no estén.
No nos valdrá entonces el cuento del enemigo de afuera, porque yo estoy seguro que la generalidad de los cubanos no quisimos ni pedimos esto, no apoyamos sus dimes y diretes gubernamentales ni sus perretas internacionales pues preferimos que nuestros hijos coman, se vistan y jueguen con decencia, con alegría y sin la Luna como único candil.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente este desgobierno, esta situación a la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo y por más de medio siglo, a la gran mayoría de los cubanos, pueblo lindo y noble que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de oportunidades. A gritos lo necesitamos.