Por eso me fui de Cuba.

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Un amigo nuevo, no cubano, honesto, sensible y cándido me pregunta con mucho respeto: ¿Por qué te fuiste de Cuba?
Normalmente yo siempre respondo a esta pregunta con un discursito que me he aprendido con los años y que es el resultado de las muchas rabias e impotencias acumuladas por no soportar la vida en un país donde la vida misma es insoportable.
Discursito a parte ahora me doy cuenta que la respuesta a esta pregunta es bien compleja, muy complicada y difícil, y me imagino que lo será también para muchos cubanos que como yo un día decidimos dejarlo todo y embarcarnos en la gran aventura de nuestras vidas: el exilio.
No voy a entrar en causas, consecuencias y motivaciones del por qué las personas emigran en el mundo, esto lo dejo a los científicos, yo sólo me limitaré a responder la pregunta de mi nuevo amigo querido con la mayor honestidad que permite mi memoria y mi decencia.
Sólo un dato que siempre me ha gustado: El hombre primitivo “emigraba” en busca de mejores condiciones climatológicas, mejores zonas de caza, pesca y en general mejores condiciones para la vida, con la suerte de no necesitar pasaporte, permisos de entrada, de residencia, permisos de trabajo y “permisos de salida”.
Los cubanos somos patriotas en el más grande de todos sus significados, no hay un cubano que yo conozca que no me diga que ama a Cuba, que la añora, que la extraña, que la sueña, que la llora y que la sufre.
La cubanía es un sentimiento que está por encima de ideologías, pataletas políticas, gobiernos eternos y caducados, dictámenes judiciales, leyes mal nacidas, imposiciones mezquinas o constituciones oportunistas.
La cubanía es un pan con guayaba y queso blanco, un guaguancó, una buena rumba, un guarapo bien frio, un café colado con tetera, una mulata, un negro, un blanco, un chino, un sol que raja las piedras, agua pa’ Mayeya, el mar, un trago de aguardiente, la mujer de Antonio, el Malecón, el parque del pueblo, el aguacero y los vientos de Mayo, un bolero, los Industriales, la novia y el novio, los vecinos, sentarse en el portal de la casa o en la calle a conversar, los tamales, jugar cuatro esquinas, el ciclón del 26, el choteo, el doble nueve, un puerquito asado, el barrio, la cerveza fría, los durofríos de la Gallega a 0.20 centavos (en mi época), la poesía, la Iglesia, el santero y la espiritista, la hora que mataron a Lola, los rolos y las chancletas, el primer amor, el arroz con leche me quiero casar, el pudin de mi madre y todo lo que Usted quiera agregar y que le traiga los mejores recuerdos.
Con todos estos argumentos Usted entenderá cuán difícil resulta para un cubano abandonar la Patria, desprenderse de todo, cerrar los ojos y sentir que va a perder la vida que vivió y que amó así, de un tirón. En mi caso fue una decisión largamente manejada con mi esposa, debíamos hacerlo para sacar a nuestros hijos que, en la vida real, era la causa fundamental de nuestra “locura”.
Ahora en el tiempo me doy cuenta que uno vive en Cuba de a poquito, de hora en hora, que el futuro no existe y que la gota a gota de esos instantes mal vividos son los que te llevan a querer emigrar, a querer cerrar la puerta tras de ti y tirar la llave lo más lejos posible porque todo lo que respiras es mentira, es falso y es sólo una promesa que, lo sabes bien, nunca la van a cumplir.
Pues si mi amigo muy querido, por eso me fui de Cuba, y aunque me duele en el alma reconocerlo sigue siendo por ahogo, tristeza y un poco de cobardía…




Nunca responderé a tus agresiones.

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Tengo por ley, disciplina, hábito, auto imposición y porque me da la gana no responder nunca a los ataques, amenazas, agresiones e intentos de humillación de mis opositores en los grupos de facebook donde publico mis artículos y en mi blog Por Eso Me Fui De Cuba.
Con mi edad, voy a cumplir 54 años, gracias a Dios, muy pocas cosas humanas me son ajenas, parafraseando con humildad al más grande de todos los cubanos, he visto mucho, aprendido algo, escuchado demasiado y sentido bastante en este pedazo de vida que me ha tocado vivir.
En varias ocasiones lo he dicho y reafirmado porque considero que es mi mejor manera y mi mayor arma contra la insensatez, el oportunismo castro-comunista, la mediocridad, la falta de coherencia, de argumentos sólidos, de la verdad, de la realidad, de los valores morales, del exceso de estupidez y la mal sanidad de las huestes castristas y sus lameculos.
Yo soy incapaz de agredir o amenazar a nadie tenga la opinión política que tenga, aun cuando yo esté en total desacuerdo. Considero la libertad de la mente y el espíritu como la conquista personal más grande del hombre a través de la historia y nadie tiene derecho a menospreciarla y mucho menos prohibirla.
Mis artículos son personales, son mis vivencias, mis aprehensiones, mis sustos, mis dolores, mis risas, mis olores, mis frustraciones y sobre todo la vida que he tenido que vivir en Cuba y fuera de ella, todas emociones que cuento a mi manera, con mis escasos conocimientos de gramática castellana, de datos históricos exactos, de la “verdad” del poder, de la vida, obra y milagros de los Castros y la cúpula que lo rodea y que son los artífices de toda esta desgracia que tuvimos y tenemos que vivir los cubanos.
Mis impresiones sobre este gobierno y los hechos y realidades que cuento o trato de ilustrar llegaron a mí como llegan las noticias al cubano de pie en un país donde la prensa y la información son manejadas y manipuladas por los comunistas. Así que a mí no me culpen si digo que Fidel Castro es esto o Raúl Castro aquello y levanta algún tipo de roncha entre su tropa de “fieles seguidores y amorosos huele peos”.
Un tema si quiero dejar bien claro y lo voy a escribir con mayúsculas para que se entienda bien: NO CRITICO, ODIO, DESPRECIO O ABANDONO AL PUEBLO HUMILDE DE CUBA, todo lo contrario, mi razón fundamental es denunciar desde mi perspectiva los males que considero lastiman y laceran sistemática, innecesaria e inmerecidamente a ese pueblo.
Mi lucha personal es contra los opresores del pueblo cubano y quienes les mantienen en el poder a toda costa con sus falsos discursitos, sus loas, sus temores a tener que rendir cuentas ante el pueblo por sus atropellos, sus guataconerias desproporcionadas y sus actitudes de majases arrastrándose en estiércol ajeno, estén donde estén y vivan donde vivan. A todos los considero CONTRACUBANOS por su servilismo a favor de la maldad y la opresión castro-comunista.
Contra estos tipejos no me mido ni tengo reparos, aunque también son cubanos y me duela reconocerlo (desgraciadamente cubanos somos todos) nunca dirigiré mis opiniones a título personal o publicaré en sus páginas a menos que sean los sátrapas en jefes y sus secuaces históricos.
Para los CONTRACUBANOS todo el que no piense como ellos deja de ser cubano, triste pero cierto.
Yo me autodefino como un castrófobo empedernido a ultranza y un cubano natural por amor y porque quiero.
Para terminar insisto en esta idea: Si en Cuba no estuvieran gobernando los Castros y el país funcionara con normalidad y democracia, porque tenemos potencialidad para lograrlo, yo nunca hubiera abandonado mi Patria, mi barrio, mis amigos, mi sol, mi mar y, definitivamente, mis historias de amor y otras que no lo fueron tantas.




El castro-comunismo es el peor de los huracanes para Cuba.

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Cuba es tierra de desastres naturales: ciclones, huracanes, sismos, largos períodos de sequía, inundaciones, plagas y otras tantas locuras de la naturaleza. El problema es que a los cubanos nos cuesta mucha trabajo recuperarnos de ellos y, en el mayor de los casos, no logramos hacerlo nunca.
Ante la amenaza de cualquiera de estos fenómenos la población tiembla, llora, sufre, se altera, alucina y enloquece porque sabe lo que le espera y el estado de indefensión en que va a quedar una vez termine el paso de la destrucción.
El gobierno castro-comunista de La Habana se “preocupa” porque no halla pérdidas de vidas humanas o de animales de ganado mayor. Esto es pura propaganda para exhibir las estadísticas de “salvados” como uno de los logros de la Revolución y poder gritarlo a los cuatro vientos y compararnos con el resto de países del mundo. No, lo que si nunca publican es el después, cómo los cubanos se pasan años para poder sobrevivir a los desastres, derrumbes, pérdida total o parcial de sus viviendas y pertenencias y muchos mueren de desesperación y tristeza por la falta de atención y recursos para reparar sus casas, sus vidas y sus almas. Estas muertes debían anunciarlas también como consecuencia directa de las catástrofes y dejar a un lado tanta politiquería barata y que si la Revolución es esto o es aquello.
Los animales de ganado mayor en Cuba son muy fáciles de proteger porque casi no hay, la industria pecuaria cubana ha sufrido sistemáticamente la peor de todas las inclemencias del “tiempo”: un gobierno ineficiente, disparatado, incompetente y anti-popular. Si quieren entenderlo mejor, con argumentos más sólidos, pregúntenles a las madres cubanas qué pasa cuando sus hijos arriban a la edad de siete años y el “famoso” vaso de leche.
Los comunistas cayeron sobre Cuba, después de 1959, peor que una plaga de dimensiones bíblicas. Lo contaminaron y lo arrasaron todo. Destruyeron la infraestructura nacional y los avances de progreso logrados por la Republica y la dictadura anterior sin miramientos y sin remordimientos. Cambiaron la historia nacional e intentaron transformar la mente y el espíritu de los cubanos a su favor, generando el mayor desastre socio-cultural que ha sufrido un pueblo a lo largo de la historia pasada, presente y futura.
Fidel Castro es el máximo responsable de tanta destrucción y muerte física y espiritual de los cubanos. A mi juicio es un genocida solapado que supo ocultarse muy bien tras “una labor humanista” y una Revolución “por y para los humildes”.
El gobierno castro-comunista de La Habana ha tenido más de 57 años para componer el país y brindarle calidad de vida a los cubanos, pero no lo hace, no muestra el mayor interés porque el pueblo salga de la miseria, la desesperación, la lucha cotidiana por la subsistencia y la desesperanza. Les muestro un sólo ejemplo y lo hago a través de una pregunta: ¿En una ciudad que quintuplicó su población en todos estos años, como Ciudad de la Habana, cuántos hospitales ha construido realmente el gobierno de los Castros para el pueblo?
Para terminar quiero dirigirme directamente a los Señores que ponen nombre a los ciclones y huracanes que pasan o se forman en el mar Caribe: No sientan vergüenza o tengan miedo de nombrar a uno de estos meteoros devastadores con el nombre de Fidel, los cubanos lo entenderíamos perfectamente y conoceríamos sus consecuencias demoledoras.




Los nombretes del General.

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Para la mayoría del pueblo cubano Raúl Castro es “cherna”. Yo no tengo esta verdad absoluta y mucho menos algo en contra de la homosexualidad, pero si se que desde que soy un niño estoy oyendo esta afirmación en la boca de muchísima gente.
En una entrevista que le realizaron a ese gran cubano llamado Huber Matos, este declaró que él tampoco podía afirmar tal aseveración pero que estaba convencido de que este criterio surgió en la Sierra Maestra y que estaba fundado en el aspecto lampiño de este personaje, su carita afeminada, en la colita de caballo que portaba y que cuando iba a su comandancia siempre estaba rodeado de jovenazos y “muchos juegos de manos” entre ellos.
A mí no me crean.
Por todos es sabido que Fidel Castro lo maltrataba de palabras y Dios sabe si físicamente también, era el clásico hermano mayor abusador y “protector” que lo tenía a su cuidado por orden expresa de su madre para: “ver si me lo encaminas y lo conviertes en un hombre hecho y derecho”.
Dicen las malas lenguas que Raúl Castro es un tarro, es decir, el resultado de una relación adultera de su madre con nada más y nada menos que con Fulgencio Batista. Yo creo que esta historia surgió de una fotografía que anda por ahí donde el pequeñuelo reposa en el regazo del otro dictador. ¡Ustedes saben cómo somos los cubanos!
Los más viejos siempre comentaron que Fidel Castro lo obligó a casarse con Vilma Espín. Las malas lenguas dicen que para tapar un poco la bola de “ya tú sabes” que estaba alcanzando proporciones nacionales y para darle algo de respeto ante la tropa. Algunos historiadores citan que esta mujer traicionó a Frank País, su anterior novio, traición que le costó la vida al maestro.
Raúl Castro es uno de los artífices de los fusilamientos masivos contra cubanos en la Sierra Maestra y en los primeros años de la década de los 60s. Este dato es importante y no debemos olvidarlo porque convirtió su pequeñez y mezquindad en violencia y odio contra el pueblo de Cuba.
Raúl Castro es el tipo más stalinista del mundo, ni los rusos quieren tanto al hijo de puta ese, pero nuestro Raulín si, adora a Stalin con un extraño fervor, abrazó sus ideas desde el principio y las puso y pone en práctica con mucho orgullo en cada uno de sus actos sin que le importe el daño que le hace al pueblo de Cuba. Yo estoy seguro que nunca leyó a otros teóricos del comunismo menos aberrantes o a pensadores que le dieran otra dimensión de la vida menos malsana.
Por otra parte dicen que es un tipo hogareño, dado a la familia, que le gusta el dólar, gran bebedor de whiskey o vodka, ¡vaya usted a saber!, dado a su círculo de amigos, grandes degustadores de carnes finas y del “alcoholifan” (los monjes cerveceros tropicales), fanático a las peleas de gallos, enemigo implacable de sus “enemigos” y padre y abuelo de una casta que, a su imagen y semejanza, le han salido como hienas leales, oportunistas, traicioneras y letales. No quiero ni nombrarlos.
En la vida real Raúl Castro es un personaje anodino, insignificante, sin historia e historias, fíjense que ni siquiera la historiografía manipulada de los castro-comunistas recoge alguna frase célebre o hazaña importante o pasajera de este “General de cuatro estrellas”, nada, nada por aquí y nada por allá. Siempre me he preguntado: ¿Cómo este tipo puede ser Presidente de Cuba? ¿Qué batalla importante dirigió y ganó? ¿Con quién se fajó y le dieron unos cuantos trompones? Si alguien sabe por favor…
Al final, y al principio, esta es otra de las tantas desgracias que tenemos los cubanos, un “Presidente” impuesto a lo descara’o, a golpes de promesas y vasos de leche, a la imposición a la fuerza de un apellido maldito para lograr la continuidad del robo, la extorsión, los abusos, la idolatría trasnochada, las sinvergüencerías y la represión indiscriminada y brutal a lo más noble del pueblo cubano.




Los cubanos necesitamos una “brujería gigante”.

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Los cubanos necesitamos una brujería gigante o algo parecido a “una carga para matar bribones”.
Los cubanos en realidad hemos tenido demasiada paciencia con estos degenerados y sus lameculos, con todos, nos hemos resignado tanto y les hemos permitido tantos abusos que hoy por hoy son los dueños absolutos de nuestra Patria.
Engaños y mentiras aparte, Fidel Castro fue muy hábil en cautivar a la gente más humilde de Cuba. Recuerdo que de pronto el país se inundaba con las imágenes del sátrapa subido a un tanque de guerra, en un cañaveral haciendo el paripé de que estaba cortando caña, en el puerto descargando un barco con “alimentos para el pueblo”, rodeado de personas aclamándolo en Cuba y en otros países, con la vaquita lechera, cuando el Maleconazo poniéndole el pecho al “enemigo” en medio de una multitud de segurosos y más recientemente dando instrucciones para que los cubanos no coman carne y coman moringa.
Por otra parte hizo públicas algunas medidas referentes a su persona que dejaron boquiabiertos a más de uno y levantó la suspicacia en otros tantos: Renunció a su salario de primer ministro, dictaminó que siempre vestiría el “glorioso uniforme verde olivo”, que llevaría la barba como “símbolo de los guerrilleros” (y mandó a afeitar a los demás), que no tendría una “casa fija” porque el enemigo quería matarlo y que por ley se debía por entero a los humildes y para los humildes.
También mantuvo en el más absoluto misterio todo lo referente a su vida privada, su familia, sus vacaciones, sus enfermedades, sus gustos, cuando iba a la bodega a hacer los mandados, de dónde sacaba dinero para mantener a sus hijos, sus fantasías y sus aberraciones.
Los medios de comunicación, todos a su servicio, se encargaron de gritar y alborotar con que el tipo era un bárbaro, que trabajaba hasta las no sé cuantas de la madrugada, que casi no dormía, que era el hombre más desinteresado de la tierra, que no tenia defectos, que regalaba casas y carros a quienes le obedecían ciegamente, que comía lo mismo que todos los cubanos, que los imperialistas le querían hacer más de seiscientos atentados y que de todos se iba a salvar y que renunciaba al cargo de Presidente pero que, sin elecciones populares, dejaba al hermano como su sustituto.
Todas estas barrabasadas y muchas más, que en realidad me asquean repetir, conformaron el mito de “invencibilidad” del tirano, lo elevaron de tal manera, lo dispararon tan alto que muchos cayeron en la trampa de creer que el tipo es realmente inmortal, que no le entran ni las brujerías.
Aunque dice mi amiga la cínica que: “si todos agarramos un papel con el nombre del mierda este y lo metemos en el congelador, todos al mismo tiempo, yo te aseguro que en tres días nos lo llevamos pa’l carajo, lo difícil es ponernos todos los cubanos de acuerdo…”.
Hace unos días alguien reprodujo en facebook una entrevista a un señor mayor, un cubano humilde de pueblo, al que se le está cayendo la casa, está viviendo en condiciones de extrema pobreza, en una situación realmente lastimosa pero que no se cansa de decir muy convencido: “soy revolucionario y lo soy por ser negro…” y no sé cuantas barbaridades mas.
Este es el mayor daño causado por este criminal a los cubanos, nos quitó la capacidad de pensar, de entender, de protestar y sobre todo de mandarlo pa’l carajo. El adoctrinamiento con las ideas del castrismo ha sido tan sistemático, calculado, sanguinario y tan cruel que la gente se muere, con el estómago vacío y bajo los escombros de su casa, abrazando la fotografía del apóstata y gritando viva Fidel. Es una cosa de locos.




Ni por el comunismo y mucho menos como el Che.

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¿A quién se le habrá ocurrido que los niños cubanos debían ir por el comunismo y ser como el Che? ¿Quién fue el sádico? ¿Quién?
Solo una mente enferma o un hijo de puta calculador pudo parir y desear semejante slogan para los niños cubanos.
Para empezar este hombre más que cualquier cosa era un aventurero. Un filibustero emocional con un toque de “humanismo” calculado y algunos tintes quijotescos luchando por ganarse un lugar en un mundo repleto de caudillos y próceres con y sin fundamento.
Hace rato estoy por escribir sobre este personaje y les confieso que me atraganto con las letras y las ideas porque todo lo que se me ocurre es negativo. No quiero prejuiciarme, ya me acusaron de venenoso y de que mis escritos están llenos de odio pero es que no es fácil, es imposible loar a un gobierno y a hombres que trajeron mucha hambre, miseria y muerte al pueblo de Cuba: “I’m sorry but I dont love them”.
En realidad Fidel Castro detestaba a este tipo. A él y a Camilo Cienfuegos. Odiaba la popularidad que ambos alcanzaron entre la tropa y cómo fueron aclamados por el pueblo incluso por encima del hermano y de otros que venían con él desde el disparate del Moncada.
Su primer intento por tratar de deshacerse de ellos fue enviarlos a la más suicida de todas las misiones en la Sierra Maestra, la guerra de Oriente a Occidente, con el cuento de reivindicar la gesta mambisa y la gloriosa invasión de Gómez y Maceo. Fíjense que no fue él mismo o mandó al hermano o a sus otros secuaces moncadistas.
Pero le salió mal y estos dos se hicieron grandes ante la soldadesca rebelde y el pueblo que los aclamó como héroes y los reconoció como los verdaderos artífices en la derrota de Batista.
De Camilo se deshizo rápido, aprovechó su desacuerdo con las ideas del comunismo, le tendió una trampa, lo asesinó y nos hizo creer a los cubanos, por mucho tiempo, que este se había perdido en el mar, así como al descuido. “No coments”.
Con el argentino le costó más trabajo pero al final lo logró. Le alimentó su vocación de libertador moderno y, después de varias escaramuzas por el continente africano, lo impulsó a viajar a Bolivia para hacer otra revolución comunista. Disparate y traición que le costó la vida al carnicero de La Cabaña y, aunque lo convirtió en un símbolo mundial para algunos creídos que ven al socialismo como el mejor sistema de vida, ya no tendría que chocar con él por los pasillos del palacio de gobierno.
Pues bien la conversión casi mística de este hombre, me refiero a Guevara el Che, en “San Ernesto de los Revolucionarios del Mundo” es también una labor de propaganda y manipulación de las hordas castristas. Han utilizado la imagen del siniestro “guerrillero” para engrandecer el proyecto de revolución y gobierno que inventaron, lo revistieron de humanidad y filantropía e intentaron con esto barnizar el sistema social cubano como uno de los más perfectos de la historia.
Na na ni na, a otros con ese cuento, que le pregunten a los familiares de los tantos hombres que fusiló en La Cabaña y que no lo merecían, en las injusticias que cometió contra sus propios compañeros y en los miles de errores que tuvo al frente de los ministerios en los cuales estuvo como ministro y que sembraron la base de la debacle económica del país.
Dicen que cuando lo iban a matar suplicaba llorando que le perdonaran la vida.
Los cubanos sabemos que la imagen de este hombre es también una industria que produce millones de dólares hoy en poder de su viuda e hijos y que es manejada por estos a modo de exclusividad.
Me niego. Los niños cubanos deben ser como ellos quieran y no parecerse a nadie, mucho menos a un personaje inventado, magnificado y que tiene la carga a cuesta del dolor de miles y miles de cubanos.




Los CDR y los guarapitos meapostes de Fidel Castro. (II)

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Al barrio lo dejaron destruirse, que se desconchinflara y se convirtiera en un amasijo de rejas y colores dispares para ahuyentar a los mirones, a los ladrones, a los malos pensamientos y “a quien tú sabes…”.
“Total, si el país entero se viene abajo que importa un simple barrio, unas cuantas cuadras puestas ahí desde sabe Dios cuando, y los cines, los edificios públicos, las escuelas, los hospitales y todo, no importa, que se derrumben, echémosle la culpa al imperialismo, ese siempre nos salva de nuestra incompetencia, es que tenemos mucho trabajo con esto de vigilar a los opositores y a los que quieren que nos vayamos de aquí…”.
Fidel Castro inventó los CDR, digo inventó pero en realidad el tipo agarró las ideas de Fouché, La Dottrina del Fascismo de Benito Mussolini, el modus operandi de la Gestapo de Hitler, lo más retorcido de las aberraciones de Stalin, la Stasi alemana, el Mossad israelí, la CIA y cuanto servicio secreto de vigilar y recontra vigilar existiera, los metió en una licuadora, y nos empotró, a modo de “ingenua y benévola organización de masas”, el engendro más monstruoso y malvado en toda la historia de la humanidad.
Los Comités de Defensa de La Revolución son una industria millonaria, “en cada cuadra un comité”: para empezar cada cubano, cuando arriba a los 14 años de edad, ingresa automáticamente a la organización sintiéndose obligado a cumplir todas las tareas de los buenos revolucionarios y cederistas: guardias nocturnas, reuniones para todo y todos, donaciones de sangre, pago de cuota en metálico, trabajos voluntarios y vigilar, informar a “quien te pregunte” quiénes son los elementos desafectos a la Revolución, a la Patria y a Fidel.
En realidad el tipo se pasó de listo, con el cuento de los planes de la calle para los niños, la fiesta del 26 o el 28 (ya ni me acuerdo), la caldosa y las griterías, nos metió cola’o el veneno de sus verdaderas intenciones: el cuerpo represivo más grande, mejor estructurado, formado y eficiente del mundo y que además le salía gratis.
Por primera vez en nuestra historia, de la manera más absurda y traicionera que existe, nos enfrentamos cubanos contra cubanos, vecinos contra vecinos y hermanos contra hermanos. Sin distinciones. La palabra de orden entonces era vigilar e informar, decir quiénes hablaban mal del fulano, quiénes se querían ir del país, quiénes no trabajaban o estudiaban, quiénes eran desafectos de la Revolución o simplemente llevaban a sus casas alguna “jabita” sospechosa con algo dentro.
No amigos míos, así no hay quien viva, nunca hubo una verdad más grande en este mundo que: siempre hay un ojo que te ve. Cada cubano perdió su “virginidad” a la vista de todos, en público, no hubo forma de guardar un secreto con decencia porque la Revolución se había convertido en “todo oídos” y sabia todo de nosotros, incluso hasta a qué hora nos gustaba ir al baño.
Los Castros no inventaron el odio y la mezquindad como rasgo fundamental de la sociedad socialista o comunista (a los efectos es la misma mierda), pero si la llevaron a su máxima expresión, los globalizaron y los distribuyeron por carretones a todo lo largo y ancho del archipiélago nacional, en panfletos, proclamas y hasta cancioncitas con gritería y mas gritería alertando a los cubanos de que, entre otras muchas cosas: “se acabó la diversión, llego el Comandante y mando a parar…”




“Escucharé a los Beatles aunque me cueste la vida”.

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Los comunistas lo censuran y lo prohíben todo. Tienen que hacerlo porque es su naturaleza y su razón de ser.
En el comunismo todo está racionado. Hasta la vida misma es un slice, una porción, un pedazo de suerte que el gobierno te otorga a su antojo si correspondes con obediencia a sus desmanes, designios, doctrinas, barbaridades, hijeputadas o disparates.
La censura comunista es la peor de todas, la más cruel, la más sectaria, segregacionista, inmoral, inhumana e ilegal de cuantas han existido a lo largo de la historia. Ni los fascistas en la Alemania nazi se ensañaron tanto con la música, el olor, los sabores el arte, la cultura y la vida como lo hicieron las hordas escudriñadoras de Fidel Castro después de 1959 con todo lo que consumían los cubanos.
Por eso el cubano aprendió a esconderse, tuvo que hacerlo, necesitó camuflarlo todo para que pasara inadvertido y poder tener un algo de la música o la literatura que se estaba haciendo “afuera”. Recuerdo ahora cómo forrábamos con carátulas socialistas los libros de Vargas Llosa o los discos de Los Beatles por solo citar dos ejemplos.
Los cubanos tuvimos que empujarnos a pulso lo que el gobierno castro-comunista consideraba políticamente correcto, las librerías cubanas se vieron invadidas por títulos rimbombantes como “La Carretera de Volokolamsk”, “A solas con el enemigo”, “Los amaneceres son tranquilos” y un sinfín de libros similares que evocaban en su mayoría la valentía del soldado soviético o la hermosura y la fidelidad de la joven “konsomola”.
La televisión ni se diga, muñequitos, programas infantiles, seriales, documentales y películas soviéticas y de factura socialista a trocha y mocha: “Deja que te coja”, “El payaso Ferdinando”, “Cuatro tanquista y un perro” y “Diecisiete instantes de una primavera” por solo citar algunos de los más “famosos”.
La pantalla grande se jactó con “Liberación” y todas sus partes, eran tantas que yo no sé cómo los cubanos no nos hastiamos y nos empalagamos con tantos tiros y tantos cañonazos y el valor de los soldados y la muerte, mucha muerte, la infinita muerte por todas partes como mensaje siniestro y subliminar de lo que podía pasarnos si no obedecíamos ciegamente al bribonzuelo de Fidel Castro.
Hubo muchas otras aberraciones del realismo socialista impuestas por “ordeno y mando” en nuestra dulce, alegre y “americana” isla del Caribe. Los comunistas se esmeraron en hacer desaparecer de la memoria todo lo que oliera o recordara al enemigo del norte y abrieron fuego contra el pelo largo de los varones, las sayas cortas de las muchachas o los pantalones “tubitos” que, por aquella época, eran la preferencia de la juventud.
Hasta los chicles prohibieron los censores de Castro, los inofensivos chicles que según ellos era “una costumbre de los americanos” y los revolucionarios no necesitábamos tener esa mierda metida en la boca.
Mi vecino Reynaldo, el que vivía frente a mi casa, le gustaba la música americana y era un apasionado enfermizo de Los Beatles. Estoy hablando de los años 70s. Yo era un niño. Recuerdo que tuvo muchos problemas con la gente del Comité (CDR) por oír la música de su elección y a su grupo preferido, muchos, incluso más de uno terminó en violencia con el de vigilancia hasta que se lo llevaron preso y le inventaron un juicio y lo metieron a la cárcel por “peligrosidad” o algo parecido.
Un día sentimos a la madre de Reynaldo dar gritos de desesperación porque le habían comunicado que su hijo había muerto en prisión “por causas desconocidas”.
Yo no sé para ustedes, pero para mí Los Beatles, aparte de toda su genialidad, cada vez que los escucho, siento que son el símbolo de rebeldía de toda una generación de cubanos y siento también que son la voz de mi vecino Reynaldo que, estoy seguro, hoy está junto a John Lennon cantando “Imagine”.




Con mi timbiriche voy a “timbirichear” pa’ Cuba…

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Me asusta la complacencia de muchos cubanos, y de otros que no lo son, con el régimen de los Castros, porque tienen la intención o sueñan con abrir negocios de cualquier tipo en Cuba ahora que se formó el relajo empresarial en la isla. Es como una desesperación, una moda y un frenesí de timbiriches porque: “apúrate que allá no hay nada y cualquier cosa puede dar mucho dinero”.
Las opiniones y criterios en torno a este tema son bien diversos, así como las áreas más o menos rentables para invertir, crear empresas y desarrollar alguna que otra actividad económica “legal”.
Es cierto que en Cuba no hay nada, es más, nada de nada, es como si un torbellino degenerado nos destronara las iniciativas a los cubanos, las ganas de vivir y el sentido de prosperidad que una vez tuvimos. Es una cosa de locos, increíble, se necesita ver para creer y vivir para entender.
La industria cubana se fue a bolina con la administración de estos incapaces. No es noticia que muchas de las marcas importantes de Estados Unidos se fabricaban en Cuba y por tanto era aquí donde primero se consumían, portando al cubano de un importante nivel de ofertas comparable al de muchos países de primera línea en el mundo.
El socialismo es mísero, asfixiante e improductivo. La Revolución de los Castros se ensañó con la producción de bienes materiales con el cuento de que el consumo era un “pensamiento pequeño burgués” y que los proletarios y los revolucionarios no necesitan más que lo necesario para vivir. Por eso mandaron “al carajo el pan de gloria y la mantequilla”, menos para ellos, claro está.
La destrucción física, intelectual y espiritual de Cuba es consecuencia directa del sistema comunista y de nadie más, no busquemos otras justificaciones u otros culpables. La mala planificación, el nulo sentido empresarial, el temor a imponer iniciativas por parte de administrativos, el escaso conocimiento de las técnicas del mercado, la falta de competitividad, la industria nacional únicamente en poder del Estado, la ausencia de propiedad privada, la improductividad a todos los niveles, la escasez de información y la total dependencia de las decisiones y los disparates económicos de Fidel Castro llevaron a nuestro país a la ruina, a la mendicidad y a la indigencia.
Yo estoy a favor del desarrollo económico, intelectual y espiritual de la sociedad cubana, de la iniciativa privada, de apoyar e impulsar esa genialidad que tienen los cubanos para abrirse paso donde sea, donde menos usted lo imagina, pero a lo que si me niego es a que se coquetee con el régimen con tal de que te permitan abrir en La Habana cualquier tipo de empresa particular, por ejemplo la tintorería “La bola de churre” ¿se acuerdan?
Desgraciadamente esto está pasando, y mucho, estamos vendiendo el alma al diablo y bien barata, estamos cambiando “permisos y autorizos” por permitir a estos criminales seguir haciendo de las suyas en Cuba, por perpetuarse descaradamente en el poder con los hijos y los nietos y los nietos de los hijos, sin que nada ni nadie los pueda detener.
No es un secreto que estos mequetrefes están viviendo hoy de la enorme industria que representan el exilio, las remesas y sus “inversiones”. Descarada y cínicamente los comunistas se han convertido en parásitos de las mariposas.
Con los Castros no se pacta en nada, sólo en que se vayan pa’l carajo de Cuba y nos dejen construir un país de paz y prosperidad como merecemos y sabemos hacer los cubanos.




Mi respeto a los cubanos, ¡a todos!

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Hago esto porque siento que es mi obligación. Lo hago por los tantos cubanos que viven dentro y fuera de la isla y sufren por ver a nuestra Cuba marchita y en el mayor estado de miseria física y espiritual que puede tener un país sin haber pasado por una guerra desbastadora o un terremoto de proporciones bíblicas.
Lo hago por José Martí, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Camilo Cienfuegos, Huber Matos, los fusilados en La Cabaña, por los pilotos derribados de las avionetas Hermanos al Rescate, los fusilados en todo el país en juicios injustos o sin ellos, por los hombres mujeres y niños ahogados en el estrecho de La Florida huyendo en embarcaciones precarias, por los tres jóvenes negros fusilados por intentar escapar hacia la libertad, por los muertos en el hundimiento al remolcador “13 de Marzo”, por los que mueren cruzando selvas malditas en Centroamérica, por las personas que agonizan de hambre y tristeza dentro de Cuba y por los que se suicidan de desesperación, de angustia y por falta de futuro en un país que pudo ser uno de los mejores del mundo para vivir.
Por Oswaldo Payá, Harold Cepero, Pedro Luis Boitel, Laura Pollán, Orlando Zapata, la lista sería interminable aunque necesaria, asesinados de una forma u otra por la tiranía comunista.
También por Guillermo Álvarez Guedes, Cundo Bermúdez, Bebo Valdez, Celia Cruz, Vicentico Valdez, Rolando Laserie, Orlando Contreras, Olga Guillot, Reynaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Jesús Díaz y muchos otros que murieron en el exilio sin poder regresar a su patria porque los Castros le negaron ese derecho, el sagrado derecho de visitar su país aun siendo cubanos.
Por Paquito D’Rivera, Willy Chirino, Arturo Sandoval, Gloria Estefan, Andy García, Zoe Valdez y otros miles que sufren por la patria ocupada.
Por los cientos de deportistas cubanos que decidieron probar suerte en el profesionalismo y fueron injustamente borrados hasta de la memoria nacional.
Por los miles de profesionales que abandonan las “misiones internacionalistas”, cansados de ser explotados y manipulados, y les mantienen a sus hijos y familias como rehenes de ese sistema desalmado, déspota e ilegal.
Por los cubanos que decidieron partir al exilio en busca de una vida decente.
Y por mi madre y por mi padre…
Es mi deber mostrar respeto, admiración, silencio, humildad, reconocimiento, dolor y angustia hacia todos y por todos ellos, mi sagrado homenaje porque sólo se sabe de dolor cuando se ha experimentado en carne propia la traición y se ha vivido en rebeldía por las imposiciones de un gobierno cruel e inhumano.
Los cubanos sufrimos el látigo del comunismo en todos los aspectos de la vida, incluso estando fuera muchas veces nos alcanza la fusta maldita y nos marca con sus endiabladas hebras, nos lacera y nos ciega sin darnos siquiera la oportunidad de entender que aquí somos realmente libres al menos para gritarles hijos de puta.
Mi madre soñaba con viajar, con conocer algún pedazo de mundo que le mostrara otro espectro de luz, otro aire que se respirara distinto o sencillamente otro horizonte donde los ojos se le perdieran en el infinito y regresaran cansados de tanto mirar. Nunca pudo lograrlo porque en su época estaba prohibida toda posibilidad de salir y regresar para los cubanos.
Los cubanos hemos sufrido, con este gobierno comunista de mierda, la más cruel segregación humana, política, económica, social y legal de la historia, somos humillados constantemente por políticas y decisiones absolutamente policiales como si fuéramos delincuentes o bandidos que necesitan ser constantemente enjuiciados y encarcelados, sin distinciones, unos por callar y los otros por protestar, justos por pecadores.
A todos mi admiración y mi humilde respeto.